miércoles, 29 de mayo de 2013

La cruzada contra la verdadera justicia

Alex Jano González (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Pensemos de forma breve en México, uno de los lugares en donde los contrastes entre la opulencia desmedida y la pobreza brutal pintan un paisaje surrealista que supera cualquier puesta en escena del teatro del absurdo.

En esta tierra bendita, para unos cuantos, se ha decidido nombrarle folclórico a lo marginado y de ese modo se va normalizando de a poco la costumbre de la injusticia. Es a base de dicha costumbre a la desposesión, que un programa que pretende acabar con el hambre de la nación puede camuflarse como un acto salvador del actual gobierno federal. Tengamos cuidado, no se trata aquí de una única postura política que critique lo que se hace en la actualidad, programas como el mencionado han tenido sus versiones en todos los gobiernos anteriores-solidaridad, oportunidades y todo tipo de nombres atractivos que disfrazan el asistencialismo imperante en las estrategias gubernamentales- todos ellos llevando detrás la pantalla de que los gobernantes están interesados en sacar al pueblo de su precariedad eterna.



En realidad esta actitud de falsa caridad hacia la gente se sustenta en el hecho de que en México no se respetan las leyes básicas como el derecho al empleo digno y la alimentación. De ahí que sea posible anunciar como un acto bondadoso de quienes llevan las riendas de los dineros que aporta la ciudadanía, el garantizar algo que no tendría porque ser siquiera motivo de cualquier anuncio, a saber, el derecho a alimentarse.

Considero que los gobiernos, todos en la historia de este país, salvo aquel que yo desconozca u olvide de momento, han tenido y tienen una idea muy equivocada de la justicia que les ha resultado muy conveniente. El derecho romano dice que lo justo es darle a cada quien lo que le corresponde, de modo que al pobre siempre le corresponderá un plato de sopa y frijoles pues según su condición esa una retribución correspondiente, si le damos eso para comer, entonces somos buenos y justos. Es claro que estoy exagerando para probar mi punto.

Tomemos la licencia literaria de exagerar en sentido contrario e imaginemos que la concepción de justicia va en el sentido absolutamente opuesto, posmoderno tal vez, y que los funcionarios de gobierno consideran como justo darle al otro aquello que ni siquiera sabemos que le debemos. De esta manera no habría forma de considerar un plato de comida como un paso en el sentido de una justicia legitima, siempre recordarían que están en el puesto que ocupan gracias a alguien a quien nunca podrán terminar de pagar la deuda contraída y se verían en la necesidad y obligación de colocar a los demás en una situación de mayor dignidad en lugar de conformarse con garantizar el menor sufrimiento como un acto providencial.

Les propongo este ejercicio de imaginación, porque tal vez sea a través de imaginar la manera en la que logremos ir cambiando la realidad, aunque sea un proceso lento.

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