miércoles, 29 de mayo de 2013

“Todo lo que era sólido”, de Antonio Muñoz Molina

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Antonio Muñoz Molina
Todo lo que era sólido
Seix Barral

“El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras
suenen a verdades y que sea respetable el crimen”
George Orwell

Para quienes han olvidado sus propias circunstancias y tienen la espalda vuelta a nuestro reciente pasado, este ensayo envuelto de amenidad literaria. Analiza con orden reflexivo desafiador el panorama de una España en declive, mostrando una proyección del tiempo vivido que le hará reaccionar ante el presente donde tantos mantienen una dura briega por su subsistencia y lamentándose con no menos angustia ante la situación actual que conmueve al país. Seguro que la generación de mayor edad, que se va extinguiendo debido a los años y el tiempo sufrido, observará la tragicomedia coincidiendo la lectura de Todo lo que era sólido mostrando confirmación por experiencia propia y desconfianza hacia la parodia de la “riqueza” y falta de altura de miras de aquellos que cayeron en la trampa de tan esperpéntica burbuja, que los viejos roqueros indignados denunciaban durante todo su proceso destructivo y especulador de esta última década. Corrupción y desmemoria, desde una óptica diferente a como la ven las nuevas generaciones, que por fortuna, no sufrieron tan luctuoso principio de posguerra de la cruel dictadura del nacionalcatolicismo.

Aquí pues el toque crítico, la llamada de atención que hace Muñoz Molina: “Me gustaría que este libro pudiera ser una herramienta útil en el debate imprescindible que tenemos por delante como ciudadanos, No podemos eludir la responsabilidad de reflexionar críticamente y de actuar cada uno en el ámbito preciso de su vida civil” No más ayer, un aire de democracia llamó a la puerta para dar paso a una Transición con demasiados errores para la que no faltaron advertencias ante la “fuerza que se concedió a los aparatos políticos de los partidos y a la primacía de esos partidos políticos sobre la Administración” Con ello el clientelismo llegó en bandadas. La derecha heredera del franquismo atado y bien atado, se encasquetó la máscara de la democracia manteniendo sus ideas ligeramente suavizadas, mientras la socialdemocracia diluida del PSOE iniciaba su camino hacia la desmemoria y la mediocridad, aceptando un clientelismo cada día más alejado de una Administración digna al servicio de loa ciudadanía, optando por la degeneración como alimento prospero de sus propios intereses. Olvidando los versos del poeta sevillano Luis Cernuda: “Recuérdalo tú y recuérdalo a los otros". Versos con los que Muñoz Molina asevera: “Los partidos políticos nunca han querido una administración fuerte”

No debe ser esto una condena total de los partidos políticos por quienes descalificamos con razón la sociedad española, debiendo tener en cuenta, que tanto en la derecha como en la desmemoriada izquierda hay políticos de valía, de altura, pero que han sido postergados a un segundo puesto cuando no a la marginación total, para ocupar la primera fila como protagonistas los mediocres de escasa intelectualidad y cultura social, para regenerar a un país que ellos mismo han conducido a la degeneración social y cultural, eliminando el espíritu crítico, implantando el silencio como respuesta a la realidad que se sufre, porque “el espíritu crítico se ejerce muy en privado o del todo en silencio. Uno de los rasgos más sorprendente de la innumerable clase política española es la conformidad. Los dirigentes de cada partido son reelegidos una y otra vez con unanimidades norcoreanas” por los acólitos con carnet que sestean en los cementerios de las administraciones con nóminas bondadosas.

“Había un país real, más bien austero habitado por gente dedicada a trabajar lo mejor que podía” trascurriendo su vivir en una atmósfera limpia y el deseo de recuperar el derecho a reír y ser críticos que durante cuarenta años había estado condenado. Así iniciamos el camino elegido con ilusión. Pero trascurridos unos años, no demasiados, el desencanto empezó a llamar en nuestras conciencias. “pero por encima de ese otro país y mucho más visible estuvo desde muy pronto el otro país de los simulacros y los espejismos, el de las candidaturas olímpicas y la exposiciones universales, el de las obras ingentes destinadas a ningún uso real, sino el exhibicionismo de los políticos que las inauguraban” Y con tan sombrío como menesteroso llegó el estallido de la burbuja de la construcción desmedida, de la corrupción protegida, déspota y devastadora amparada por el propio sistema.

Porque “En treinta y tantos años de democracia y después de casi cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática” Este es el presente, el desafío al que tenemos que enfrentarnos quienes ya lo hicimos, observando a las generaciones que nos vienen sucediendo especialmente la más joven a la queda un duro camino en la lucha por supervivencia. Y si ganas no le faltan combatir para construir una democracia limpia con la que poder realizar su propia realidad y necesidades. Porque “Ahora despertamos a la fuerza, y descubrimos algo que se nos había olvidado. Somos pobres. Vamos a serlo más todavía y durante mucho tiempo. Éramos nuevos ricos y ahora resulta que somos pobres” Esta es la emocional y severa crítica que expone Todo lo que era sólido, un espejo en el que debemos mirarnos todos sin importar la ideología de cada cual. Mirando con realismo práctico el desolador basurero donde nos han arrojado los falsificadores de la democracia. Lograr eliminar todo este desafuero es tarea de decencia, voluntad y coraje sin populismo y radicalismos. Somos blancos como la hija de sus majestades, un pueblo viejo por el que han pasado muchas civilizaciones que se han quedado con nosotros. Pero seguimos siendo una colonia. Olvidarlo sería una traición a nosotros mismos.

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