martes, 4 de junio de 2013

Etapas

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Con el tempo Enrique se dio cuenta de que su vida estaba siendo un continuo entrar en etapas.



Secuencias, áreas diferentes en que, a veces, no sabía si lo que hacía era porque lo quería hacer o porque lo tenía que hacer porque era propio de esa etapa. Si era porque le gustaba o porque cumplía un deber.

Una etapa en que, entrando en la adolescencia, trataba de coger con muchas mujeres (menos las feas y su mamá y sus tías, obviamente).

Y después, la de cogerse una sola, su minita con la que después se casó.

Y después, la etapa de ser padre. Cuatro hijos a los que trató de educar correctamente. Como él, que antes cumplió con la etapa de recibirse en la Facultad de abogado. Educarlos para que también estudien y tengan una profesión. Abogados, médicos, ingenieros. Profesionales.

Cuando él estaba en la Facultad, algunos de sus compañeros eran marxistas y concordaban con la teoría del foco de Regis Debray. Como ellos estaba seguro de que la lucha armada, a partir de un foco que inevitablemente se extendería, sería la condición de la revolución de la que vendría un Hombre Nuevo. Que obviamente sería un hombre bueno. Certeza que, en esa época, era una fe, una convicción religiosa.

Pero después, cuando se dio cuenta que la clase obrera, el pueblo, estaba en otra cosa, que lo único que querían era Perón, salió de esa etapa religiosa.

Y entró en la etapa en que lo único que quería era ser un abogado eficiente. Y lo fue.

Y el tiempo fue pasando. Hasta que una vez, cuando se miró al espejo, vio que le empezaban a aparecer pelos blancos.

Se dio cuenta entonces que estaba entrando en la etapa de ser viejito.

Y ahí se empezó a preguntar cómo sería, ¿que sería la etapa posterior a la de ser viejito?

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