jueves, 27 de junio de 2013

La almohada

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ella siempre fue muy celosa. No tenía razones para ser celosa de él, pero aun así era celosa.

No de otras mujeres. Sus celos eran con algunas cosas, objetos, que a su marido le gustaba usar.

Cuando se ponía un pantalón marrón dos o tres veces seguidas le decía: -¡Pero qué te pasa que usas siempre el mismo pantalón! ¿Te gusta tanto? Y lo mismo con camisas y zapatos.

Él tuvo una vez un problema de columna, por lo que el médico le aconsejó dormir siempre de costado, con una almohada entre las piernas.

Lo que ella empezó a no soportar.

Tenés que estar siempre con ella, eh….!?. ¿Querés que hagamos cama redonda con la almohada, eh…!?

Hasta que una vez le dijo: -¡O ella o yo!

Obviamente él le respondió: Vos, claro. Como si fuese obvio que con ella

Y empezaron adormir y coger sin esa almohada. Las únicas eran para dormir.

Pero a él le volvió el dolor de columna.

Entonces usó una táctica. Esperaba que ella se durmiera y después, despacito, iba a buscar la almohada que estaba encima del sofá. Como él casi siempre despertaba antes que ella no había problema. Cuando se despertaba llevaba rápidamente hasta el sofá y ahí la dejaba en la posición que estaba antes.

Hasta que una vez no fue así. Ella despertó antes que él y lo descubrió con la almohada.

…!!!Otra vez…!!!, le dijo con rabia. –Entonces nos vamos a separar….!!! Quedate con ella…!!!...Dormí con ella….!!! Cogé con ella…!!!

Pero no…fue una excepción…una sola vez…le mintió él.

Y así fue que dejó de buscar la almohada a la noche.

Pero entonces se dio cuenta que sentía un extraño afecto por esa almohada.

Reconoció que le gustaba su suavidad, tocarla despacito, acariciarla. Y su blandura cuando la apretaba un poco.

Pensó entonces en que sentiría cogiendo con ella Pero también cómo hacer para eso. ¿Hacerle un agujero? Imposible. Se sentiría culpado.

Entonces cuando en su casa estaba solo con ella a veces le hacía mimitos, la acariciaba como si fuese una nenita adolescente. Le daba besitos.

Esa almohada. Su gran amor.

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