miércoles, 3 de julio de 2013

A las “locas” Madres de Mayo

Rafael Plaza (Desde Madrid, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Queridas madres, a las que durante estos últimos 35 años muchos os siguen llamando Madres "locas" de Mayo.



Un recuerdo para vuestra lúcida locura, recordar el horror y la desaparición de vuestros hijos a manos de los militares que acabaron un día con la paz y la libertad en Argentina, manteniendo durante años el horror, el miedo y la muerte en ese hermoso país.

Sois ya las madres de todo el mundo, porque todo el mundo era Argentina, todo el mundo se levantaba cada día con el temor y la amenaza latentes de un golpe, militar o no, por supuesto.

Carlos Menem dijo (¡vaya descubrimiento!) que el golpe que inició la dictadura argentina aquel 24 de marzo de 1976 fue «torpe, cruel y sin justificativo». (¿Es que se puede justificar alguna vez el terror como sistema de gobierno?) Pero añadió que «ese día del horror hay que olvidarlo», reivindicando de esta ladina forma el indulto que concedió a los militares asesinos y a los jefes máximos del Ejército que participaron, como algunos de ellos lo llegaron a reconocer públicamente, en aquellas matanzas, en aquella tiranía del terror cuyo resultado más tremendo fue la desaparición de unas 30.000 personas.

«20 años no es nada», decía el tango. «No habrá más penas ni olvido», se dice ahora. No, no puede haber olvido para aquellas matanzas del Cono Sur: Paraguay, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia y Argentina, ni para las de toda Centroamérica, especialmente Guatemala y El Salvador, Nicaragua y Honduras, cuyas dictaduras militares se saldaron en las décadas de los 60 y 70 con tantos miles de muertos y desaparecidos debido a sistemas de gobierno cuya norma diaria eran la tortura, el horror y la muerte.

Hay quien quiere pasar página, pero vosotras, “locas” Madres de la Plaza bonaerense de Mayo, no. Gracias al indulto de aquellos asesinos, decretado en 1989 y 1990 por Carlos Menen, un número determinado de hombres sin alma viven aún hoy en mansiones de lujo escondidas en el interior de la empobrecida Argentina, y algunos de ellos tuvieron incluso el cuajo infame de presentarse a las elecciones.

Pronto, en España, aparecerán también otras locas madres de mayo cuando los milicos a la argentina de esta parte del Atlántico hayan conseguido el indulto, el pase de página, el perdón y el olvido institucional porque «así lo exigen los altos intereses del Estado y de la nación».

Algunos de ellos –me refiero a quienes auspiciaron, financiaron, u ocultaron las infames crímenes del GAL– viven un lujoso exilio interior, y otros incluso hacen estentóreas campañas electorales, se presentan como diputados, y hasta consiguen escaño en el Congreso. Y están los que no solo no quieren saber nada de nuestra “memoria histórica”, sino que además eliminan a los jueces que quieren desenterrar los cadáveres de una no tan lejana guerra “incivil”.

Hemos vivido en nuestro país, unos días especiales de la Historia Universal de nuestra particular Infamia, cuya crónica no hubiera dudado un instante en escribir el argentino Jorge Luis Borges.

Tenemos en España nuestros cerditos valientes, nuestros bravucones a lo Mel Gibson, que defienden la guerra y el genocidio de Irak o de Afganistán, y, por qué no, de Israel, y luego van por la vida exhibiendo un “pacifismo” incongruente. Tenemos nuestros particulares defensores de la pena de muerte, eso sí, sólo «en casos excepcionales», que son siempre los que excepcional, pero permanentemente, salen del instinto vengativo del alma humana.

Queridas Madres de Mayo. No estáis locas, nunca lo habéis sido. Sólo que os queda la esperanza de encontrar lo que alguien, algunos, con nombres y apellidos, gobernantes en nombre de la tiranía, una vez, una época, un tiempo, hicieron desaparecer.

No estáis locas. Lleváis grabado en el alma el nombre de la primavera.

Rafael Plaza Veiga. Escritor y Periodista.

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