miércoles, 31 de julio de 2013

Crítica literaria: “Carver Country”, de Raymond Carver

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Raymond Carver
Carver Country
Traducción de Jesús Zalaika
Anagrama

“La narrativa que más me interesa posee que la refieren al mundo de lo real. Ninguna de mis historias aconteció realmente, por supuesto. Pero siempre hay algo, algún elemento, algo que me han contado o que he presenciado que acaba constituyendo el punto de arranque”

Raymond Carver

No debería provocar alboroto si pidiera un aplauso para la editorial Anagrama por la edición de este Country íntimo dedicado a la memoria del admirado, así como productor de añoranzas el escritor Raymond Carver. Máxime si recordamos que fue esta editorial la que allá en los ochentas publicó sus cuentos. Han transcurrido los años y su obra desde su fallecimiento continúa consolidándose, calidad y riqueza la amparan, sólida base para elevarla al lugar exacto en la escala de valores literarios. Los once libros de relatos y poemas gozan en la actualidad de justo reconocimiento unido a un especial aprecio, cariño y respeto a su personalidad humana. Algo que lo ha situado en valoración casi mítica a la que se suma la penosa realidad y fabulación del malvivir como víctima del alcohol.

El texto de este libro ha sido tomado de sus relatos y cartas inéditas y de sus extraordinarios poemas. Conjunto de letra viva en prosa y verso que acompañan las imágenes del mundo de Carver que, a partir de 1984 el fotógrafo Bod Adelman dedica a unificar verdad y ficción. Partiendo de que una imagen puede valer más que mil palabras, no obstante, que en este caso se debe contemplar la valoración de lo que transmiten las palabras que la adornan.

Por lo que podemos considerar que en este libro ellas forman el marco dorado de espléndidas, palpitante expresivas, descripciones tanto del protagonista como de familiares y allegados que pasaban por allí. Aquellos que el autor eligió para darle perennidad por medio de la literatura. Gesto que de igual manera se produce en el paisaje. Para ser justos, se puede afirmar que son expresiones de lo real, imágenes de textos literarios y sentidos. “Llega el crepúsculo. Antes ha llovido / un poco. Abres el cajón y dentro encuentras / la fotografía del hombre, y ya sabes que sólo / le quedan dos años de vida. Él no lo sabe / por supuesto, por eso puede posar para la cámara. / ¿Cómo va a saber lo que está enraizando en su cabeza / en ese momento? Si se mira hacia la derecha / a través de las ramas y los troncos, se verán / retazos de carmesí del arrebol”

Conmueve a la vez que emociona pasear de la mano del texto posando la vista por esos paisajes de su infancia, la conjunción entre el arroyo que fluye junto al canto de poeta: “Me fascinan los arroyos y la música que crean. / Y las corrientes, entre prados y cañas, antes / de tener oportunidad de convertirse en arroyos. / Me fascinan sobre todo por su sigilo ¡Casi olvidaba / decir algo de las fuentes!” es el retorno al tiempo vivido. Se palpa en esa prosa que acaricia igual al verso el agradecimiento a esos espacios abiertos respirando libertad y olores naturales. Un Carver entrañable amando el paisaje, cantándolo y describiendo con ferviente solidaridad por el tiempo en el lo ha vivido.

El alcoholismo fue gran culpable de la sangrante tragedia, una tragedia frente a la belleza creativa volcada sobre esos personajes perdedores desalentados de la vida vagando por los espacios sociales a quienes. Endulza y humaniza la escritura que los va describiendo con un sigiloso tacto de bondad. En él se han quedado grabadas las variadas vidas, niñez e infancia, casamiento a los diecinueve años, la derrota física y el triunfo de su capacidad literaria. Tess Gallagher, su compañera, cuenta que “Para Ray era importante conferir una dignidad plena a sus personajes, con independencia de lo paupérrimo de sus circunstancias, y a mi juicio ése es uno del atractivo que ejercen esos relatos en los lectores de todo el mundo” Nuestro escritor tuvo muy en cuanta los criterios de su admirado maestro Antón Chéjov “que estas labores no eran en absoluta románticas” El maestro ruso tenía muy en presente esta actitud:”la lucha prosaica por la existencia, que despoja a la vida de alegría y lo arrastra a uno a la apatía.

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