miércoles, 31 de julio de 2013

De la espiritualidad y la política: Facundo, el gran impostor

Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Si Cabral tan sólo hubiera improvisado, “Me gusta estar tirado siempre en la arena, o en bicicleta perseguir a Manuela, o todo el tiempo para ver las estrellas con la María en el trigal”, ya se hubiera ganado un espacio prestigioso en el riquísimo caudal poético del cancionero popular nuestroamericano. La mitología rioplatense de fines de los 60, cuenta que la canción nace de una improvisación de Cabral frente a un grupo de amigos, entre los que se encontraba Jorge Cafrune, en un bodegón de Montevideo o Buenos Aires, dos orillas con una sola poética, dos ciudades con narrativas gemelas.

Los rápidos reflejos de Cafrune para escribir lo que improvisaba Cabral, hicieron que la canción original, que luego se acercaría a las 700 grabaciones, decenas de versiones, e interpretada en casi 30 idiomas; no se evaporara junto a las barrocas figuras azules del humo de los tabacos.

Mucha historia, de la grande, y también de la pequeña, de su mundo más íntimo, le había pasado a Cabral desde esos años, hasta el 9 de Julio del 2011.

Para Cabral fue un día borgiano, no sólo por lo trágico de su desenlace, sino también porque lo amarró irónicamente a una fecha patria y a un histórico acontecimiento socio-político, de los cuales él quería huir tan vehementemente. El 9 de Julio del 2011 se celebró en Argentina el 195 aniversario de la declaración de su independencia como estado soberano. Y no fue una celebración más, vaciada de contenido, ya hacían varios 9 de Julio que Argentina venía ganando espacios de soberanía en lo político, cultural, social, económico, y por supuesto, también en lo espiritual, que no es otra cosa que alcanzar mayores cuotas de felicidad para ese sujeto histórico, político, socio-cultural y espiritual que llamamos pueblo.

Cabral estaba lleno de frases ocurrentes, las que fue elaborando en el transcurso de tantos años, arriba de centenares y centenares de aviones, o pisando tierra firme, en parajes exóticos, (aunque él afirmara que le eran tan familiares como los del Tandil de su niñez). Tenía cubiertos todos los ángulos, a posibles preguntas envenenadas o tan siquiera suspicaces; como el arquero soviético Lev Yashin (la Araña Negra) a esos balones pateados con efecto banana, desde un tiro libre de corta distancia; o mejor, se sabía todos los dos billones de variantes posibles con las 32 piezas, sobre los 64 cuadros, como Bobby, que le contestaba a su adversario de memoria.

Claro, que lo de Facundo no era un deporte-espectáculo, ni un juego-ciencia, lo de Cabral era hablar de la libertad, de la pobreza, del que él llamaba su Maestro, de la posesión de bienes materiales, del destino final del hombre, de las causas ontológicas del ser, y por supuesto de la espiritualidad.

Hizo de su impostura un arte, -o mejor dicho, una artesanía de biyuterí-, al hablar sobre esos temas con un lenguaje abstracto, en un espacio abstracto, y en la abstracción del tiempo histórico. Enarboló el mismo discurso en el centro mundial de las finanzas, Wall St., como en el barrio más humilde de Calcuta, o de Puerto Príncipe o de Bangkok, y lo hacía afirmando lo acertadamente ético de su proceder, para confusión de algunos e incertidumbre de otros.

Admiró a figuras como la Madre Teresa, Jiddu Krishnamurti, y Golda Meir, entre otras grandes (según él), piedras fundacionales de la espiritualidad del siglo XX, en el caso de las dos primeras, y estadistas en el caso de la sionista Meir.

Al mismo tiempo que publicitaba a tamañas figuras, como un verdadero Edward Bernays de la “espiritualidad”, nunca se lo escuchó nombrar en ninguna entrevista, de las cientos que le hicieron, a gente de una profunda (¿a quién le cabe alguna duda?) espiritualidad, como el Padre Mártir Carlos Mujica y su trabajo en la Villa de Retiro (en Buenos Aires), o a Enrique Angelelli, Obispo Mártir por su trabajo entre los pobres más pobres del NOA, o al otro Obispo Mártir argentino Carlos Ponce de León, o al Obispo Miguel de Hesayne, o a los Palotinos Mártires por la Justicia, o sobre el Obispo Jorge Novak y su trabajo profundamente espiritual en su tan castigada Diócesis de Quilmes, o una palabrita por la decena de curitas y los miles de laicos comprometidos que desaparecieron en la larga noche argentina del terror, por ser fieles a la palabra y en la acción con Aquel, al que Cabral llamaba su Maestro.

Parece que a Cabral nuestra religiosidad y nuestra espiritualidad “situacionales”, como no pueden ser de otra manera, sino quieren convertirse en religiosidades y espiritualidades alienantes, no le interesaron mucho. Se fue a buscar espiritualidades para un ser humano globalizado, abstraído de su realidad socio-política, siguiendo consignas tan vagas y abstractas como ésta perteneciente a la Madre Teresa, “la vida es un juego y la mejor manera de jugar es amar”.

Menospreció el acerbo de nuestra espiritualidad nuestroamericana, tan rica en originalidad y atrevimiento, que no sólo aportó elementos fundamentales para entender nuestro entorno socio-espiritual, cultural y político-económico, sino que dio inicio en otros continentes a aportes fundacionales en la creación de otras espiritualidades liberadoras, así como espiritualidades de género, y espiritualidades de la naturaleza.

¿Qué extraño, no? Nunca se lo escuchó decir una palabra de ese gigante de nuestra Fe que es Oscar Arnulfo Romero, pero tenía frasesitas que sonaban muy profundas sobre sus experiencias en la India y sobre el legado de paz de Gandhi, no así con tanta vehemencia, de su legado político independentista.

Del Cristo del Padre James “Guadalupe” Carney, hubiera dicho que no era su Cristo, y todos estaríamos de acuerdo, el Cristo de los Mártires no puede ser el mismo de los que no lo somos.

Nunca le escuché una mención, sobre el trabajo con, desde y junto a los más pobres del Brasil, que llevaron adelante los Obispos Don Hélder Cámara y Pedro Casaldáliga, o el profético trabajo del Obispo Leonidas Proaño, (Taita Proaño), el Obispo de los Indios del Ecuador, o sobre Sergio Méndez Arceo, o sobre el Obispo de Chiapas Samuel Ruiz.

Hablaba de sus visitas a varias culturas y comunidades originarias nuestroamericanas y también de la America del Norte, hablaba de sus vivencias con los Taraumaras de México, metía una frasecita ocurrente, amenizaba una anécdota con pretensiones de profunda humanidad, demostrando una vez más la simpleza de la verdad en la vida dócil, pacífica y de resignación de nuestros pueblos originarios.

Nunca lo escuché hablar de las gestas de Hatuey, Anacaona o Enriquillo, nunca se lo escuchó reivindicar los derechos de los descendientes de aquellos tres, a su propia espiritualidad, que incluye el derecho a la tierra, al agua y al aire, sus derechos económicos, políticos, sociales y culturales.

Renegaba de la política, y no sólo de los políticos, lo que lo situaba en el “canon bretchiano”, como a un ignorante importante, que desconoce el origen de los males y los pecados de cualquier sociedad humana. Dijo en más de una ocasión, durante entrevistas a medios, que “la política no sirve” y “no creo que sea bueno que todos tengamos los mismos derechos”. Blandía un anarquismo individualista, selvático, donde lo único verdadero estaba encerrado en uno mismo.

Fue entrevistado cientos de veces. En una de tantas, cayó al programa de Jaime Bayly, en Miami. Toda la entrevista fue una secuencia de preguntas acomodadas para respuestas que demostraran lo acertado que están, los que piensan así (como Cabral). Cuando Bayly entró en el terreno de las definiciones políticas, que siempre son eso, definiciones, aunque del entrevistado la juegue de ofidio gelatinoso -y por lo tanto resbaladizo- , como Cabral, el programa se tornó pura y simple propaganda contrarrevolucionaria. Cuando el “cantor de las cosas –llamémoslas- profundas” habló en forma peyorativa de los “que llevan una estrella en la frente” en clara alusión al Comandante Ernesto “Che” Guevara, se ganó el título de despreciable.

Años después lo entrevistó otra estrella de los “medios latinos” (esos que quieren ser tan veraces como la CNN). Jorge Ramos, periodista de Univisión, le preguntó por su opinión acerca de los Estados Unidos, Hugo Chávez, Cuba, y la Dictadura argentina.

Sobre los Estados Unidos, Cabral le contestó a Ramos que como todo sudamericano de la época pensaba que el país del Norte era “la casa de Satanás” y con un no muy elaborado cliché “que si uno se engripa la culpa es de los gringos”, originalísimo.

Claro, que en el transcurso de los sucesivos viajes al país del Norte – y por lo tanto de una progresiva acumulación de sabiduría- Cabral se dio cuenta y se lo confesó a Ramos…”Estados Unidos es la capital del mundo”(?).

A la pregunta de si era una persona de izquierdas (ideológicamente hablando), Cabral contestó: “No para nada, ni de derecha. Yo no creo en las ideologías. Las ideologías son una maldición”.

Ramos en la entrevista, asegura recordarle a Cabral, “que él (Cabral) tuvo una posición muy firme en contra de las dictaduras militares en Argentina”. “Ellos estaban contra mi, no al revés”, contestó Cabral, ocurrentísimo.

Quien conozca la historia reciente de la violencia contrarrevolucionaria en Argentina -desde 1974- mediante los Escuadrones de la Muerte, liderados por la “Triple A” (Alianza Anticomunista Argentina), el “Comando Libertadores de América”, y el “Comando de Organización”, para nombrar sólo a tres con clarísimos vínculos de apoyo táctico y operacional de las Fuerzas Armadas y policiales; y desde 1976 hasta 1983 liderado el accionar represivo por éstas dos últimas, sabe que no era necesaria ninguna “posición muy firme”, la que Cabral por otro lado no tuvo, para haber sido ejecutado en un atentado o secuestrado y pasar a engrosar la lista de los detenidos – desaparecidos.

Con el descubrimiento de los llamados “Archivos del Terror”, que revelaron la trama internacional – Operación Cóndor - de la represión en Sudamérica y sus tentáculos extendidos a Centroamérica en los 80’s y 90’s, descubrimos –una vez más- quien estaba detrás de nuestras gripes.

Ramos le recordó que hablaba mucho de Jesús, como el presidente Chávez. Cabral contestó para regocijo de Ramos: “Entonces hay dos Jesús en esta vida; a lo mejor hay dos”. “El de él no tiene mucho que ver con el mío. ¿Cómo puede ser que un solo hombre decida en un país? Ni siquiera por elecciones. Mi madre diría que hay gente que para ir escapando del aburrimiento de su familia y de su vida llega a la presidencia de su país. Me parece una frase perfecta en este caso”.

“¿Por qué no has ido a Cuba?, le pregunta Ramos.

“¿A qué voy a ir (a Cuba)?” respondió Cabral con otra pregunta “¿A qué? Duraría cinco minutos en Cuba. No, yo soy casi anarquista, el gobierno de uno mismo”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.