miércoles, 31 de julio de 2013

El peligro de no vivir en este mundo

Lina Bassarsky (Desde Nueva York, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Como un día cualquiera, hoy fui a comprarme comida para almorzar y esta vez le tocó a uno de los varios “delis” regentado por chinos del barrio. Pero en vez de traerme la comida a la oficina, me quedé a comer allí. Un lugar que no calificaría ni para un tenedor, una costumbre neoyorkina. Concentrada en mis champiñones asados, de repente la única otra persona comiendo en ese comedor -una china sentada a un par de mesas de distancia- salta de la silla pegando un grito de terror. No un grito agudo y preformado, sino un grito estomacal y grave. Un grito de terror, en eco con el brusco ruido de la silla empujada. Me paro nerviosa y miro a su alrededor: ya estoy pensando que una cucaracha gigante (o una rata gigante, en su defecto) avanza asustada por el piso irregular. Hacia mí, claro. Miro a la china y le pregunto si está bien. Aún tiene la boca abierta y los hombros encogidos. Yes, yes, me dice. Supongo que percibiendo mi expresión de susto y mis ojos saltando de un lugar al otro de la habitación, me señala su gran teléfono celular inteligente y sonríe. Lo señala varias veces, pero sigue su cuerpo inmóvil y tieso. ¿Habrá visto una foto de una cucaracha gigante? Yo trato de hacerme a la idea de que todo fue producto de su no vivir en este mundo, sino en el ciberespacio y de que en este -el mundo real cuyo espacio compartíamos- estábamos fuera de peligro. Le repito: Are you OK? Yes, yes. Scary movie, scary movie!, me dice y se ríe.



Las fantasías de otros empiezan a ser tangibles peligros para los inocentes circundantes. Es injusto, porque a mí el resto de la comida me cayó pesada y no pude dejar de pensar en lo sucio que parecía el lugar.

Notas

Los "delis", apócope de delicatessen, son lugares de "fast food".

Scary quiere decir escalofriante.

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