miércoles, 31 de julio de 2013

La humanidad y el planeta

Rodolfo Bassarsky (Desde Arenys de Mar, Barcelona, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La entidad

La entidad planeta/humanidad es una unidad muy compleja y permanentemente cambiante. Con incalculables relaciones entre sus elementos.



Parece evidente que un primer vistazo a la humanidad nos permite establecer que está organizada en grupos, generalmente con características sociales. Sociedades que son muy diversas tanto en sus aspectos cuantitativos como cualitativos, en las características de su evolución y en sus relaciones internas y externas, tanto con otras sociedades o individuos como con elementos que pertenecen a muy diversas categorías. De tal manera que una conclusión que casi no precisa demostrarse, consiste en afirmar que cualquier aproximación a la naturaleza de los fenómenos que se producen en el seno de la humanidad y cualquier análisis de sus interrelaciones, ha de ser difícil, extremadamente complejo y probablemente nunca completamente cierto y definitivo.

Si miramos al planeta, el panorama es muy similar en cuanto al grado de enorme complejidad, aunque aún mucho más diverso ya que se trata de un sustrato mineral muy complejo que soporta una variedad diversa compuesta por todos los seres vivos, también de extrema complejidad.

TIPOS A

Casi nada es absolutamente blanco y casi nada es absolutamente negro. Ni siquiera lo blanco o lo negro. Ni entre los hombres ni en el mundo. Este pensamiento se convierte en una sensación permanente en las personas que tienen un talante reflexivo, que reservan su pasión para ocasiones excepcionales y que responden a cada estímulo de su razón o de su emoción evitando contundencias y verdades incondicionales. Son personas prudentes, generalmente conciliadoras, predispuestas a la negociación y al acuerdo. Saben pactar y saben renunciar.

Estas características, cuando se exageran, convierten al individuo en inconvenientemente conservador, conformista, pasivo, desapasionado, generalmente mediocre y anodino.

TIPOS B

Otra clase de personas son impulsivas, proclives al enfrentamiento, luchadoras, apasionadas, militantes de la vida, generalmente precipitadas y frecuentemente ansiosas. Suelen tener amigos incondicionales y furibundos enemigos. Son personas activas, expeditivas, con frecuencia se consideran a sí mismas adalides de la justicia y de una organización igualitaria de la sociedad.

Estas características, cuando se exageran, convierten al individuo en un combatiente permanente. El combate lo libran en variopintos campos de batalla, en las tribunas y en los medios de comunicación, en casa, en el lugar de trabajo, en las instituciones o en los escenarios bélicos donde pueden jugarse la vida y en donde suelen cercenar vidas ajenas, sus enemigos. Difícilmente reconocen la categoría de adversario. No conocen la rivalidad. El rival es un enemigo al que es necesario aniquilar o por lo menos neutralizar por el bien de la humanidad. Tienen una sensación épica de su paso por este mundo y están siempre listos para la acción heroica. Pretenden imponer lo mejor y nada más que lo mejor, según una idea preconcebida.

PROPUESTA

Los dos tipos descritos exigen definir límites, tanto entre uno y otro como en sus respectivas exageraciones. Implican, también, aceptar la existencia de formas impuras, mixtas, que dificultan la identificación en casos particulares.

Este marco de referencia, es útil para plantear una propuesta que tienda a lograr sociedades más justas e igualitarias, que promueva unas relaciones fecundas de los hombres entre sí y con el planeta que habitan. Que priorice el cultivo y el desarrollo de las cualidades materiales e inmateriales de la especie humana. Sus habilidades tangibles, es decir las capacidades básicas y sutiles de sus condiciones físicas y también sus talentos intangibles, la inteligencia, el pensamiento, la avidez de conocimiento.

La premisa elemental de esta propuesta es que tanto los del tipo A como los del B, enfrenten a las exageraciones y procuren sumar a sus filas individuos no exagerados. Que unos reconozcan a los otros, los admitan como congéneres respetables y que todos busquen cruces de convivencia y acercamiento.

Dicho de otro modo, que todos trabajemos para la prevalencia del respeto, el reconocimiento y aceptación de la diversidad y del pluralismo que se originan en las intrincadas complejidades de la humanidad y del planeta. Que en la gran mesa de negociación del hombre con los otros hombres y con el planeta, se plantee permanentemente la búsqueda de los límites y de las líneas rojas que separan lo justo de lo injusto, lo equitativo de lo inequitativo, la construcción de la vida del hombre en este mundo de la destrucción de su supervivencia. Que se establezca que la violación de las líneas rojas constituye un hecho retardatario y que todo retroceso implica la pérdida de una oportunidad que afecta directamente a las generaciones presentes.

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