miércoles, 3 de julio de 2013

Milagro y pecado de los valles de Ica

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los campesinos que durante siglos hicieron de los valles de Ica una sólida fuente de alimentos para todos sus pobladores, ahora, con el retorno del latifundio para la gran agro exportación, se pone en riesgo las cosechas del oro verde.



La historia del Perú nos deja lecciones. La Achirana del Inca, es una tradición sobre el amor entre el soberano Pachacutec y la princesa local que condiciona su compromiso a la construcción de una fuente de agua para su comunidad. El milagro se concreta, y plantea, al mismo tiempo, racionalidad del consumo como garantía para mantener la armonía entre el hombre y el medio ambiente.

Ica, fundada el 17 de junio de 1569, con el nombre de Villa de Valverde por encargo del Virrey del Perú, se convirtió en terreno apto para los parrales a tal punto que no había suficientes envases para recibir el mosto y elaborar vino.



En lo que va del siglo XXI, especialistas de las universidades de Massachusets, Cornell y Luis Gonzaga de Ica reiteran que la sobreexplotación del agua subterránea para abastecer a las tierras cultivables del Valle Viejo y Villacurí y de la Región en general, está provocando un colapso sin precedentes, que se agudiza con el deshielo de las cordilleras y el menor caudal de los ríos.

Ica vive actualmente el boom agrícola, como ocurrió en décadas pasadas en otras regiones con la pesca, el caucho o el oro negro. El campesinado al vender su parcela se ha convertido en obrero asalariado en los sembríos de espárrago, alcachofas, uva quebranta y algodón, cultivos de alto consumo de agua.



El alcalde provincial de Ica, Gustavo Martínez, al presentar la acuciosa investigación de Julio Rojas y Julio Kuroiwa, titulada El Oro de la Aldea, sobre desarrollo local sostenible como un reto para los municipios, señala que la agroexportación no ha encontrado aún respuestas para superar los estragos del terremoto del 2007. Los salarios para el campesino son muy bajos y por eso más de cinco mil niños siguen aún viviendo en casas de esteras, sin agua y sin luz, en condiciones precarias.

El alcalde Ismael Carpio, del distrito de Santiago, muestra que su distrito ha logrado, especialmente en el sector de Sacta, un modelo de desarrollo local con centenas de desplazados de la provincia ayacuchana de Víctor Fajardo, que huyeron de la violencia de Sendero Luminoso y la represión militar.

Este proyecto involucró a una empresa agro-exportadora que donó parte de los terrenos necesarios, la Municipalidad Distrital de Santiago que facilitó el saneamiento físico-legal y la habilitación urbana. La ONG Comisión de Derechos Humanos de ICA que asumió la ejecución del proyecto y la cooperación española (Solidaridad Internacional – Andalucía financiada por la AACID), que donó los fondos.



A Solidaridad Internacional se le conoce en el mundo por haber promovido alrededor de 600 proyectos de cooperación al desarrollo en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Senegal, Angola, Líbano, Palestina y campamentos de refugiados saharauis.

El proyecto de Sacta abarcó tres actividades prioritarias: Acceso a vivienda provisional, seguridad alimentaria, a través de comedores autoabastecidos por granjas de animales y cultivos de hortalizas. Atención primaria en salud, en coordinación con redes existentes y el Ministerio de Salud y una agricultura

La comunidad de Sacta logró beneficiarse con un lote saneado legalmente, que posibilitaba el acceso a otros programas del Estado - fondo MIVIVIENDA, Techo Propio, Banco de Materiales, banca privada, a los servicios de agua, desagüe y electricidad, parques, áreas de servicios comunes y local comunal.



La interacción voluntaria de los socios involucrados en la reconstrucción del Sacta fue eficiente y respetuosa entre todas las instituciones participantes. En el camino se encontraron algunos obstáculos administrativos, que al ser superados han logrado la reconstrucción participativa, basada en criterios técnicos y sociales y alejarse del latifundio agro exportador.

En suma, el desarrollo local va más allá de la conversión del agua del mar o la derivación al Pacifico de uno de los ríos de los andes ayacuchanos que desemboca en el Atlántico, propuestas que tampoco aparecen entre la gran empresa.

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