jueves, 18 de julio de 2013

Voluntarios por una nueva ONU

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde el recinto de la desaparecida Cámara de Senadores del Parlamento Peruano, miembros del voluntariado juvenil y universitario de la ONU plantean una mayor atención a las estrategias de lucha contra la pobreza y apoyo al desarrollo local.

Esta exhortación, expresada durante la celebración del Día Internacional del Voluntariado, incluye una reforma de las Naciones Unidas, no solo desde su sede en Nueva York sino una mayor inclusión de voluntarios en las decisiones de la organización, entre otros puntos de los desafíos del Milenio.



La demanda surge del balance de un proyecto realizado por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables MIMP 2010 - 2013 con el apoyo del PNUD y su Programa de Voluntarios - UNV en materia de descentralización.

El apoyo internacional a esa iniciativa empezó en Ica, región azotada por el terremoto de agosto del 2007, con voluntarios de Dinamarca y España, quienes instalaron una oficina para promover la formalización de la propiedad urbana y facilitar la reconstrucción de las ciudades afectadas. Más de diez voluntarios internacionales acompañaron a las comunidades víctimas del desastre, capacitando en sus asuntos legales de propiedad de viviendas y construcción antisísmica.

El voluntariado juvenil ha contribuido también en el diseño de este movimiento como un Sistema Nacional, el fortalecimiento de la dirección de Beneficencias Públicas y Voluntarios, una propuesta de un Plan Nacional, actualmente en proceso de validación, y asistencia técnica a gobiernos regionales y locales. A largo de dos años se han generado espacios técnicos de diálogo y el fortalecimiento de la Red Perú.

Trabajando juntos varios gobiernos regionales han logrado alianzas estratégicas, ordenanzas municipales, proyectos o servicios de carácter social, asignación de personal responsable en gerencias de desarrollo, movilización masiva de voluntarios.

Tales avances y otros indican que el Voluntariado como organización formal fortalece sus propuestas para una gran reforma de las Naciones Unidas. Así lo reconocen en su reciente libro El Oro de la Aldea, el sociólogo y educador Julio Rojas Julca, primer viceministro de Poblaciones Vulnerables y el ingeniero Julio Kuroiwa, expertos que plantean el desarrollo local como el primer eslabón del proceso de globalización.

El Informe de Desarrollo Humano de la ONU, 1995, señaló que pese a las restricciones informativas la estimación del trabajo no remunerado, ascendía a un 70% de PBI. De ese valor el 80% correspondía al de las mujeres. En el Perú, se puede cuantificar el aporte económico del voluntariado en 1% del PBI nacional.

Tales cifras revelan el alto valor económico y social del trabajo voluntario, porque se basa en la solidaridad y el apoyo mutuo de la exclusión a la inclusión. El voluntariado forma líderes juveniles y los convierte en agentes de cambio.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo - AECID reconoce los avances del voluntariado y acaba de renovar con el Perú el Protocolo de Cooperación por otros cinco años más, no obstante la profunda crisis que sufre España y casi todos los países de la Unión Europea.

Lo importante es que este voluntariado sea más abierto, profundamente democrático para dar oportunidad a los mejores estudiantes universitarios de las provincias y distritos a incorporarse a la función pública o privada, porque es estos jóvenes están más vinculados a su realidad y requieren, por cierto, de un ingreso económico permanente.

Varios países de América Latina no tienen Ley de Voluntariado o una entidad estatal que se ocupe de este tema. El respaldo jurídico garantiza que el Voluntariado facilita el acceso al mercado del trabajo y convierte a sus integrantes en sujetos de cambio de sus comunidades. Lo dicho constituye una plataforma para que la ONU se democratice más y sea el fiel reflejo del sentir de los pobladores de la Región que aún superviven en condiciones precarias.

En el mundo hay diferentes movimientos que respaldan la globalización en la idea de que para combatir la pobreza y la desigualdad las actuaciones debían ser globales y muy diferentes a las dominantes durante la década de los 90. Las propuestas más conocidas como la condonación de la deuda externa, supresión del FMI y el Banco Mundial, libre circulación de personas… nunca han llegado a implantarse. Sí estimularon el establecimiento de la «agenda social» de la globalización o los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio: Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Lograr la enseñanza primaria universal. Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer. Reducir la mortalidad infantil. Mejorar la salud materna. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades. Garantizar el sustento del medio ambiente. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Cercanos al 2015, fecha en la que deberían haberse cumplido diferentes compromisos en base a unos indicadores establecidos por las Naciones Unidas, a la luz de loa resultados se puede decir que existen avances muy sustanciales en algunos países. Sin embargo, sigue habiendo una falta de financiación muy importante, cuestión que se agrava con la crisis económica actual.

La pobreza extrema y la indigencia se han reducido considerablemente en los últimos años, disminución atribuible en gran medida al empeño de China. Pero el número total de pobres se mantiene estable y las desigualdades han aumentado. En América Latina se observan nuevos modelos políticos que se caracterizan por una refundación profunda del orden democrático que permite una mayor participación de los sectores populares en la toma de decisiones. Este es el fondo de la propuesta que esgrimen los voluntarios locales respecto a una nueva ONU.

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