martes, 6 de agosto de 2013

Crítica literaria: “Álbum blanco”, de Francisco Silvera

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Francisco Silvera
Álbum blanco
Editorial Point de lunettes

“Un despacho de nubes, una historia / de pechinas y sábanas tendidas: / de nubes sobe Moguer, J.R.J. / verde y azul, los únicos colores / en trotacalles marinería”

Pere Gimferrer

No es alarde petulante sino estilo para el ejercicio de la palabra escrita, ejemplo que en esta especie de novela corta de prosa diáfana expone limpia y exigente el compromiso firme del propio autor. Su trama, exige al virtual lector una lectura exigente, de aquí avisar, advertir, a este posible aventurero, que toda distracción puede sacarlo del sendero que en volandas le puede llevar hacia la palabra, pues sería como dejar de prestar oído y atención al tema de los Beatles para escuchar a cambio, por ejemplo, un pregón de la Semana santa Hispalense envuelto en el mariano fervor de la estupidez oficial con olor a pescaito frito con grasa catalana. Y es que la escritura y el léxico que se emplea para la narración es todo un ejercicio del arte de escribir una rara y sorprendente historia con partitura y música de Yesterday protagonista de ayer y siempre.

Acudamos a Cortázar como ayuda: Nota importantísima de Morelli: Intentar el “román comuniqué” “en el sentido en que un texto alcance a insinuar otros valores y colaboren así en esa antropofanía que seguimos creyendo posible. Parecería que la novela usual malogra la búsqueda al limitar al lector a su ámbito más definido cuanto mejor sea el novelista” (Rayuela) La obligación del lector a participar, invitación no imposición, abrirle el sendero de la posibilidad de unirse a la aventura de encontrar de forma espontánea lo lúdico. Conseguir esa comunidad comunicativa que ofrecen los Beatles y siglos vividos Bach, porque esta historia corta sin música no tendría sentido, sería un desperdicio de la palabra bien tallada.

Conseguir este logro por parte del leedor, entonces, resulta adentrarse en un sendero limpio y normal del personaje Remigio “siempre avergonzado por su nombre” deseoso de llegar y terminar pronto el sentido de su viaje al mar secano del campo, una herencia, olvidada, de quien había abandonado su pasado, despreciador del mundo rural, del pueblo. que se “desvive entre el amor a la tierra y el desconcierto por la intención del viaje” Pero allí, en ese campo abierto algo surge como una diosa, ella, Teresa provocadora de una conmoción en su persona creando un estado de inquietud y reflexión, el recuento de “sus últimos quince años no hubieran existido, tornaba a sopesar la terrible hipocresía de la impunidad de una guerra” La transición, “agradecimiento hacia ésos que arrancaron los yugos por las flechas políticas de los partidos” Sutil definición que muestra el desencanto que tiene a la sociedad sumida en el fatalismo.

Drama, parecido, escapado de una tragedia griega, golpea a nuestro desasosegado personaje, cuando “vio entreabierta la puerta de la cocina y se acercó; sobre el suelo antiguo, serenamente muerta, yacía Teresa sobre la púrpura derramada de la vida” Es la desventura de un deseo que provoca la pérdida de razón, la necesidad imperiosa de abandonarlo todo, regresar a la otra casa. Meditación sobre el infortunio, sombras que rodean una mente agitada. La narración adquiere sus máximos valores, se eleva hacia el final que vuelve a encontrarse con el principio de la historia, de la palabra poseída de estilo y forma. Al escritor le “molesta la prosa simple y sin cuidados de los narradores, cuando leo quiero algo más que una historia interesante, paladeo el cómo me lo cuenten porque en la forma viaja el acierto o no del fondo” Retorna la música compañera de las reflexiones del protagonista. Los Beatles como una educación sentimental. En las alturas la mirada bondadosa de Bach los contempla satisfecha. Herencia merecida.
Cae el telón.

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