jueves, 15 de agosto de 2013

Dos cuentos cortos

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

1. Cuento de Hadas: “La araña peluda, una bicha bien buena”

Érase una vez un muchachito pescador, un poquito maleducado pero a él le gustaba mucho trabajar y, aunque muy flacuchento, era osado y embustero llegado el caso que se justificara.



A la sazón entonces en su remota infancia él se puso a jugar encima del tren y bajo la borda del bote, con una arañita peluda bien buena, a la que había embaucado y llevado ahí, hasta que ella lo picó sin remedio; mas, ¿para qué remedio si era un veneno inocuo?

Él siempre esperaba lo oscurito para ir a jugar al escondido con la arañita tan bonita, en el lugar secreto, hasta que una bruja chismosa de esas que merecen cortarle el pescuezo y después enseñárselo, dio el pitazo y, más vale que no, se levantó un zafarrancho de mil diablos rayos y truenos hasta que la arañita desapareció por siempre, ya que su irresponsable y malvada familia la envió a otro planeta, donde según supe, que de todas todas le fue muy bien y para siempre.

El otrora muchachito -ahora anciano y medio atarantado- no lloraba nunca (en público) pero de vez en cuando jipeaba cuando el recuerdo lo asaltaba y para disipar, él iba a la rokola de Bejarano a poner discos de Pedro Infante hasta que entendió que un clavo sacaba otro clavo; desde entonces mucha agua ha pasado bajo el puente del río del tiempo y todo florece para unos y para otros, en sana alegría y felicidad.

A ese carajito le dieron una buena paliza entre varios alacranes, gusanos y demás alimañas del bosque pero con el tiempo ellos se hicieron panadería y hasta se reían del asunto.

Bueno, antes de decir ¡colorín colorao!, es de advertir que más vale una araña con pelo pero hay excepciones de la historia, y es que el Generalísimo Francisco de Miranda, gustaba de jugar con arañas peludas y hasta les ponía nombres, pero, a cada una les quitaba un pelito y lo guardaba en un cofre donde según las malas lenguas tuvo una enorme colección; a muchas les puso el nombre de catalina e inclusive grande o pequeña, a una que era grandota le quitó un crespo bien bueno y lo perfumó antes de guardarlo.

¡Colorín colorao, este cuento se ha acabao!

Bueno, ahora al grano:

A propósito de la invasión de las arañas, “más vale araña en mano que cien volando” (porque de que vuelan, vuelan, vuelan como una mariposa y pican como una avispa; aunque inocuas, son poderosas).
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2. Ricky Martin, no digas que me amas siendo embuste, pero sí eso es verdad, viceversa, ya que amor con amor se paga

Hubo un deliberado impase comunicacional más -para variar- orquestado y tuireado (de tuirear, aunque argunos mar ablados dicen tuitear -[ twitter]-) por la recontra ultramontana camarilla de sinvergüenzas escuálidos, tal que trascendió allende fronteras y engañó a muchos, entre ellos al famoso actor del canto Ricky Martín, de Puerto Rico.

Éste al parecer confundido dijo algunas necedades que, al saberlas, Maduro retrucó, valga que le leyó la cartilla al destacado artista y cuya respuesta no se hizo esperar, de manera favorable: Subsanado el impase.

“Te amo, Venezuela” -dijo al parecer, y tanto pudo ser así que Maduro, al unísono, le correspondió con que “Te amo, Puerto Rico”-; y, puesto que yo también soy parte de Venezuela, algo me corresponde decir tanto a quien ofenda a mi patria como al que le tribute una sencilla expresión de cariño porque soy corresponsable, por dictamen constitucional, de la defensa patria.

Bueno, pero al grano:

Ese muchacho, el tal Ricky Martin es a mi modo de ver, valiente, lo que no es Capriles, que aquí nació; mientras Ricky Martín dice al menos de palabra, amar a Venezuela, Capriles la odia de hecho, lo que es contrastable.

Comparando a Ricky Capriles con Ricky Martín, respecto al caso que ocupa, tú puedes ver de anteojitos, al menos, un valor sobresaliente característico de las personas muy inteligentes: capacidad y determinación de rectificar, algo que no se compra en la botica, en ese muchacho puertorriqueño.

Ignoro si el Martin es escuálido o patriota puertorriqueño, eso no viene al caso, lo importante es que es capaz de rectificar una percepción errónea y eso basta para admirarlo; en cambio, Capriles, tamaño irresponsable, no es capaz de hacerlo y ni siquiera es capaz de salir a la esquina sin careta, ¡bah!

Ricky Martin, ¡ok!, no digas que me quieres siendo embuste, pero si eso es verdad, yo también te quiero, porque amor con amor se paga.

Sí dices que amas a Venezuela me amas a mí también, y como Venezuela ama a Puerto Rico, tiene que amarte a ti.

[Ojalá Ricky -el bueno- saque una cancioncita bien chévere dedicada a la integración latinoamericana, como hacen los muchachos de “Calle Doce (más uno)”].

Otan: Ah, soy malhablado pero no malpensado.

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