jueves, 15 de agosto de 2013

Fotografías

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde la adolescencia siempre tuvo una relación muy fuerte con las fotografías. Tal vez porque el padre era director de cine.

A veces quería fotografiar todo lo que veía. Otras veces buscaba ser fotografiado por un amigo. Ser fotografiado para quedar siempre igual, aunque más tarde sea viejito. O después, para otros.



Estaba seguro de una cosa: quería inmovilizar un instante del tiempo.

Inmovilizar recuerdos, aunque sean mínimos. Un gesto. Una posición. Un pajarito. Una flor. Todo ahí, en la foto. Para siempre.

Por eso, con el tiempo se fue dando cuenta de la diferencia entre recordar y revivir.

Recordar era ver lo recordado desde afuera. Como se ve una fotografía.

Revivir era no solo eso. Era también volver a estar en ese momento. Sentir lo que entonces sintió.

Por eso a veces cuando veía por la Internet o en algunas fotografías nenitos palestinos descuartizados por bombas israelíes, pensaba que, por suerte, no estaba ahí. Veía eso desde afuera. Como a veces lo recordaba.

Pero revivir era distinto. Era más que solamente ver una foto. Era entrar en ella. Volver a sentir lo que en ese momento sintió.

Como una vez que le tocaron el timbre por el interfone que estaba en la pared, junto a su cama, a las dos de la mañana donde, excepcionalmente solo, dormía profundamente.

Así que de pronto se encontró de pié, el corazón latiendo fuerte, la boca seca, transpirando. No sabía si atender o no. ¿Lo vendrían a buscar?

Atendió y preguntaron por otro nombre, no el de él: -“Ah, disculpe, le respondieron. Apreté errado.”

Es que años atrás había formado parte de un grupo de izquierda del que en la dictadura mataron a todos (después de previa tortura) pero él se salvó porque en el diario de ese grupo publicaban artículos suyos con un pseudónimo. Nunca con su nombre. Pero aun así vivía con miedo.

Así fue que aquel momento intenso, más que recordarlo, verlo desde afuera como si fuese una fotografía, a veces lo revivía. Volvía a sentir el miedo intenso que en aquel momento sintió.

Momento síntesis, que representaba en un segundo todo lo que era para él vivir en esa época.

Lo que también le hizo descubrir que, también otras veces, eso pasaba en su vida. Vivir momentos, a veces situaciones mínimas, que representaban toda una época. Saludos, encuentros, despedidas.

Etapas de su vida que podían ser fotografiadas.

Pero que, a veces, también eran revividas.

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