viernes, 30 de agosto de 2013

La función del orgasmo

Vita Elba Alvarado Solís

A la memoria de Wilhelm Reich

Creo que no habrá paz permanente en nuestra tierra y que todos los intentos de socializar a los sereshumanos serán estériles mientras tanto los políticos como los dictadores de una clase u otra, que notienen la menor noción de las realidades del proceso vital, continúen dirigiendo masas de individuosque se encuentran endémicamente neuróticos y sexualmente enfermos. La función natural de lasocialización del hombre es garantizar el trabajo y la realización natural del amor. Esas dos actividadesbiológicas del hombre siempre han dependido de la investigación y del pensamiento científico. Elconocimiento, el trabajo y el amor natural son las fuentes de la vida. Deberían también ser lasfuerzas que la gobiernan, y su responsabilidad total recae sobre todos los que producen mediante su trabajo.



Si se nos preguntara si estamos a favor o en contra de la democracia, nuestra contestación sería:

Queremos una democracia, inequívoca y sin concesiones. Pero queremos una democracia auténtica enla vida real, no simplemente en el papel. Apoyamos una realización total de todos los idealesdemocráticos, se trate del "gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo", o de "libertad, igualdad, fraternidad". Pero añadimos un punto esencial: "¡Hagan desaparecer todos los obstáculos que se encuentran en el camino de su realización! ¡Hagan de la democracia unacosa viva! ¡No simulen una democracia! ¡De otro modo el fascismo ganará en todas partes!"

La higiene mental en gran escala requiere oponer el poder del conocimiento a la fuerza de laignorancia; la fuerza del trabajo vital a toda clase de parasitismo, sea económico, intelectual ofilosófico. Sólo la ciencia, si se considera seriamente a sí misma, puede luchar contra las fuerzas queintentan destruir la vida, dondequiera que ello suceda y cualquiera sea el agente que las desata. Esobvio que ningún hombre solo puede adquirir el conocimiento necesario para preservar la funciónnatural de la vida. Un punto de vista científico, racional de la vida, excluye las dictaduras yrequiere la democracia del trabajo.

El poder social ejercido por el pueblo y para el pueblo, basado en un sentimiento natural por la vida yel respeto por la realización mediante el trabajo, sería invencible. Pero este poder no semanifestará ni será efectivo hasta que las masas trabajadoras y productivas no se vuelvanpsicológicamente independientes, capaces de asumir la responsabilidad plena de suexistencia social y determinar sus vidas racionalmente. Lo que les impide hacerlo es la neurosiscolectiva, tal como se ha materializado en las dictaduras de toda índole y en galimatías políticos. Paraeliminar la neurosis de las masas y el irracionalismo de la vida social; en otras palabras, para cumpliruna auténtica obra de higiene mental, necesitamos un marco social que permita, antes que nada, eliminar las necesidades materiales y garantizar un desarrollo sin obstáculos de las fuerzas vitales decada individuo. Tal marco social no puede ser otro que una auténtica democracia.

Pero esa democracia auténtica no es algo estático, no es un estado de "libertad" que pueda serotorgado, dispensado o garantizado a un grupo de personas mediante organismos gubernamentalesque ellos han elegido o que les han sido impuestos. Por el contrario, la verdadera democracia es unproceso difícil, lento, en el cual las masas del pueblo protegidas por la sociedad y las leyes, gozan —deningún modo "toman"— de todas las posibilidades para educarse en la administración de la vidaindividual y social, es decir, viviente, y de progresar hacia mejores formas de existencia. Por lo tanto, la verdadera democracia no es un estado perfecto de goce, igual a un hombre viejo, glorioso guerrerodel pasado; antes bien, es un proceso de constante lucha contra los problemas presentados por eldesarrollo lógico de pensamientos nuevos, descubrimientos nuevos y nuevas formas de vida. Eldesarrollo hacia el futuro es coherente e ininterrumpido cada vez que los elementos antiguos ycaducos, después de haber cumplido su función en una etapa anterior de la evolución democrática, tengan la sabiduría suficiente para ceder el paso a lo joven y nuevo: la sabiduría suficiente para noasfixiarlo en nombre de su prestigio y autoridad formales.

La tradición es importante. Es democrática siempre y cuando cumpla la función natural de proporcionar a la nueva generación experiencias buenas y malas del pasado, permitiéndole asíaprender de los antiguos errores y no recaer en los mismos. Por otra parte, la tradición destruye lademocracia si no deja a las generaciones venideras ninguna posibilidad de efectuar su propia elección, y si intenta dictaminar —una vez que han cambiado las condiciones de vida— qué es lo que debeconsiderarse "bueno" o "malo". La tradición tiene la costumbre de olvidar que ha perdido la capacidadde juzgar aquello que no es tradición. El adelanto del microscopio, por ejemplo, no se logródestruyendo el primer modelo, sino preservándolo y desarrollándolo con arreglo a niveles superioresdel conocimiento humano. Un microscopio del tiempo de Pasteur no nos permite ver lo que hoy buscael investigador de virus. ¡Pero es inconcebible imaginar el microscopio de Pasteur con autoridad yambición suficientes como para prohibir la existencia del microscopio electrónico!

Existiría el mayor respeto por todo lo que se va transmitiendo, no habría ningún odio, si la juventudpudiera decir libremente y sin peligro: "Esto lo tomamos de vosotros porque es sólido, honesto, porquetodavía es válido para nuestra época y susceptible de ser desarrollado más aún. Pero esto otro lorechazamos. Fue verdadero y útil en vuestra época. Pero para nosotros se ha vuelto inútil."

Naturalmente, esa juventud deberá prepararse a aceptar más tarde la misma actitud de parte de sus hijos.

La evolución de la democracia de preguerra en una democracia del trabajo total y verdadera, significaque todos los individuos adquieran la capacidad para una determinación auténtica de la propiaexistencia, en cambio de la actual determinación formal, parcial e incompleta. Significa sustituir lastendencias políticas irracionales de las masas por un dominio racional del proceso social. Esto requiereuna constante autoeducación del pueblo en el ejercicio de la libertad responsable, reemplazando la espera infantil de una libertad ofrecida en bandeja de plata o garantizada por otra persona. Si lademocracia ha de desarraigar la tendencia humana a la dictadura, tendrá que demostrarse capaz deeliminar la pobreza y procurar una independencia racional del pueblo. Esto y únicamente esto, mereceel nombre de desarrollo social orgánico. En mi opinión, las democracias europeas perdieron su batalla contra las dictaduras porque existíandemasiados elementos formales en sus sistemas y eran escasos los auténtica y prácticamentedemocráticos. El miedo a todo lo que está vivo caracterizaba la educación en todos sus aspectos. Lademocracia fue tratada como un estado de libertad garantizada y no como un proceso para eldesarrollo de la responsabilidad colectiva. Además, los individuos de las democracias fueron y sonaún educados para someterse a la autoridad. Eso es lo que los acontecimientos catastróficos denuestros tiempos nos han enseñado: educados para volverse mecánicamente obedientes, los hombresroban su propia libertad; matan a quien se la otorga, y se fugan con el dictador.

No soy político y nada conozco de política, pero soy un científico socialmente consciente. Como tal, tengo el derecho de manifestar la verdad que he descubierto. Si mis aseveraciones son de tal índoleque puedan promover un mejor orden de las condiciones humanas, sentiré entonces que mi trabajo halogrado su propósito. Después del colapso de las dictaduras, la sociedad humana tendrá necesidad deverdades, y en particular de verdades impopulares. Tales verdades, que tocan las razones noreconocidas del caos social actual, prevalecerán tarde o temprano, lo quiera o no la gente. Una deestas verdades es que la dictadura arraiga en el miedo irracional a la vida por parte del pueblo engeneral. Quien represente esas verdades se encuentra en gran peligro, pero puede esperar. Nonecesita luchar por el poder para imponer la verdad. Su fuerza consiste en conocer hechos quegeneralmente son valederos para toda la humanidad. No importa cuan impopulares puedan ser esoshechos: en tiempos de necesidad extrema la voluntad de vivir de la sociedad forzará sureconocimiento, a pesar de todo.

El científico tiene el deber de preservar su derecho de expresar su opinión libremente en cualquiercircunstancia, y de no abandonar ese privilegio a los abogados de la supresión de la vida. Mucho sehabla del deber del soldado de dar su vida por la patria. Pero poco se menciona el deber del científicode defender, en todo momento y a cualquier precio, lo que reconoce como verdad.

El médico o el maestro sólo tienen una obligación: practicar su profesión firmemente, sin transigir con los poderes que intentan suprimir la vida, y considerar únicamente el bienestar de quienes están a su cuidado. No pueden representar ideologías que se hallen en conflicto con la verdadera tarea del médico o maestro.

Quien dispute ese derecho al científico, al médico, al maestro, al técnico o al escritor y se llame a símismo demócrata, es un hipócrita o por lo menos una víctima de la plaga del irracionalismo. La luchacontra la peste de la dictadura es desesperada sin un verdadero empeño y un interés profundo por losproblemas del proceso vital, ya que la dictadura vive —y sólo puede vivir— en la oscuridad de losproblemas no resueltos del proceso vital. El hombre está desvalido cuando carece de conocimiento; esta impotencia nacida de la ignorancia es terreno fértil para la dictadura. Un orden social no puedeser llamado democracia si tiene miedo de plantear cuestiones decisivas, o de encontrar respuestasinesperadas, o de enfrentar el choque de opiniones sobre el tema. Si tiene esos temores, se derrumbaante el más insignificante ataque llevado a cabo contra sus instituciones por parte de los posiblesdictadores en potencia. Tal es lo que aconteció en Europa.

La "libertad de cultos" es una dictadura mientras no exista "libertad para la ciencia", y consiguientemente, libre competencia en la interpretación del proceso vital. Debemos de una vez por todas decidir si "Dios" es una figura todopoderosa, barbuda, en los cielos, o la ley cósmica de la naturaleza que nos gobierna. Únicamente cuando Dios y la ley natural son idénticos pueden reconciliarse la ciencia y la religión. Hay sólo un paso de la dictadura de quienes representan a Dios en la tierra, a la de quienes desean reemplazarlo en ella.

La moralidad también es una dictadura si su resultado final es considerar que todas las personas queposeen un sentimiento natural por la vida, están en el mismo nivel que la pornografía. Quiérase o no,así se prolonga la existencia de la obscenidad y se lleva a la ruina la felicidad natural en el amor. Esnecesario sentar una protesta contundente cuando se califica de inmoral al hombre que basa suconducta social en leyes internas y no en formas compulsivas externas. Las personas son marido ymujer no porque hayan recibido los sacramentos sino porque se sienten marido y mujer. Es la leyinterna y no la externa la medida de la libertad auténtica. La hipocresía moralizadora es el enemigomás peligroso de la moralidad natural. La hipocresía moralizadora no puede combatirse con otro tipode moralidad compulsiva, sino con el conocimiento de la ley natural de los procesos sexuales. Laconducta moral natural presupone la libertad de los procesos sexuales naturales.

Recíprocamente, la moralidad compulsiva y la sexualidad patológica corren parejas.

Es más fácil insistir en las manifestaciones de respeto y amor legalmente determinadas, que conquistar la amistad mediante una conducta auténtica y decente. Es más fácilvender la propia independencia a cambio de una seguridad económica, que llevar una existenciaindependiente responsable, y ser su propio dueño. Es más fácil ordenar a los subordinados lo quedeben hacer, que guiarlos respetando al mismo tiempo su individualidad. Esta es la razón por la cual ladictadura es siempre más fácil que la democracia verdadera. He aquí por qué el indolente líder democrático envidia al dictador y trata de imitarlo con sus medios inadecuados. Es más fácil representar lo vulgar y más difícil representar la verdad.Quien no tiene confianza en lo viviente, o la ha perdido, es presa fácil del miedo subterráneo a la vida, procreador de dictadores. Lo que vive es en sí mismo razonable. Se convierte en una caricatura cuando no se le permite vivir. Si es una caricatura, la vida únicamente puede crear pánico. Por eso, sólo el conocimiento de lo que está vivo puede expulsar el terror.

Sea cual sea el resultado, para las generaciones venideras, de las luchas sangrientas de nuestro mundo dislocado, la ciencia de la vida es más poderosa que todas las fuerzas negativas y todas lastiranías. Fue Galileo y no Nerón, Pasteur y no Napoleón, Freud y no Schicklgruber, quienes sentaron las bases de la técnica moderna, combatieron las epidemias, quienes exploraron la mente; quienes, enotras palabras, dieron un fundamento sólido a nuestra existencia. Los otros nunca hirieron otra cosaque abusar de las realizaciones de los grandes hombres para destruir la vida. Puede reconfortarnos elhecho de que las raíces de la ciencia llegan a profundidades infinitamente mayores que la confusiónfascista de hoy.

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