miércoles, 21 de agosto de 2013

Uchuraccay, 30 años después

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Tres décadas después, la masacre de ocho periodistas en los Andes de Ayacucho sigue planteando una serie de interrogantes y polémicas sobre la función de la prensa en una sociedad invadida por la violencia política y la represión.

José María Salcedo La Torre, uno de los periodistas más representativos de América Latina, acaba de publicar una versión ampliada de Las Tumbas de Uchuruccay, que reconstruye el itinerario seguido por los ocho periodistas que fueron asesinados en 1983 en una comunidad de Ayacucho, cuando el Perú era azotado por la violencia de Sendero Luminoso, el MRTA y la represión de las fuerzas policiales y militares del Estado.



El libro que recoge las versiones de 40 testigos, describe la ruta de los periodistas masacrados, tres de ellos que laboraban en "El Diario de Marka", dirigido en esos años por José María Salcedo. Para que el lector pueda tener una mayor aproximación a la vida y obra de este autor; Jorge Zavaleta Balarezo, uno de sus discípulos más cercanos nos envía las siguientes líneas de un testimonio personal:

Soy amigo de José María “Chema” Salcedo (Bilbao, 1946) hace casi veinte años y nunca me han quedado dudas de su integridad a la hora de escribir, como gran periodista que es, o de generar debates o entrevistar a personajes que van desde los más desconocidos hasta alguna figura ya sea política, del arte, o del espectáculo.

A José María me une una pasión peculiar por el cine, hemos pasado horas y horas charlando sobre películas que nos disfrutamos, coincidiendo o discrepando, o haciéndonos mutuas recomendaciones sobre filmes que tenemos pendientes.

Al respecto, hay que recordar que José María, con su eterno buen humor y esa ironía que socava las bases “oficiales” de este Perú, no es solo un consumado cinéfilo sino que, con mucho éxito, ha dirigido más de un proyecto cinematográfico. Prueba de ello son “Asháninka” y “Amazónico soy”, en los cuales, como él mismo me ha confesado, ha bebido de fuentes diversas, hasta del neorrealismo italiano, para dar cuenta de circunstancias que la prensa de cada día así como los medios audiovisuales ignoran sin la mayor vergüenza.

A José María lo conocí en 1996, cuando me invitó a colaborar en su empresa Viceversa, dedicada a la prensa y la publicidad, y que codirige con Alfredo Filomeno, otro buen amigo y líder político que hace poco celebró su militancia de setenta años.

Pero no solo el cine ha marcado el norte de las conversaciones con este amigo que muy pequeño llegó de España al Perú. La literatura, en sus diversas manifestaciones, ha sido, igualmente, fuente provechosa de diálogos, en los que encontrábamos, por ejemplo, un interés común por Álvaro Mutis o Ítalo Calvino. Poco tiempo después de que lo conocí, José María comenzó a trabajar como conductor de espacios en Radioprogramas del Perú, la más importante emisora del país, y donde permanece hasta ahora.



He tenido el honor de ser entrevistado en dos programas distintos, en 2006 y 2012, por este gran colega y por logros definitivos en mi vida: cuando la revista Butaca me otorgó el premio a la mejor crítica por mi ensayo sobre “Dogville”, descarnada obra del siempre provocador Lars Von Trier, y más adelante, cuando volví al Perú después de culminar mi doctorado en Pittsburgh (Estados Unidos) y graduarme con una tesis en la que propongo el concepto de “Cuarto Cine Latinoamericano”, un tema que, lo reconozco, merece madurar.

Así como la pasión que reconocemos los amigos del Chema ante o detrás de las cámaras, o ante los micrófonos, o en una charla en un café, cabe incidir en su rol de actor en obras teatrales como “Ubú Presidente” y películas como “Ojos de Perro” y “Malabrigo”, tenemos que poner atención a su obra periodística, no simplemente la de la nota fugaz, sino aquella que ha plasmado en textos como “El vuelo de la bala”, “El libro de las sospechas”, “Ruidos y Silencios” y ahora mismo, con la reedición de su libro sobre la tragedia de Uchuraccay, a la que agrega una profusa introducción sobre un crimen contra ocho hombres de prensa en 1983, hecho sobre el cual se siguen manejando una serie de conjeturas y persisten las interrogantes.

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