viernes, 6 de septiembre de 2013

Arte y literatura “populares”

Odiseo Runa (Desde Ecuador. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El arte y la literatura “populares” como concepto y praxis se enfrentan a un mundo caótico. ¿Qué es “lo popular” en el arte en un planeta donde la proliferación de las guerras imperialistas es un fenómeno cotidiano, cuasi “normal”, que se embisagra con los noviazgos y divorcios de las parejas heterosexuales y de idénticos problemas entre las parejas lesbias y homos; con el recalentamiento global, con las marchas, paralizaciones y huelgas que empiezan a dejar de ser patrimonio de Grecia, España, Portugal, de Turquía -las multitudinarias marchas contra la privatización del parque Yatsim-; con la agudización de la lucha de clases en Egipto; movilidad social que se extiende a América Latina con la lucha de la juventud y los pueblos contra el alza de los pasajes en Brasil que se extendió a los derechos a la salud, a la educación, temporalmente apagados sus fuegos por la maniobra al estilo del fenecido Papa candidato a “santo”, Karol Wojtyla, lideradas por el actual Papa argentino Francisco; que se convierten en un formidable fenómeno económico, político, social y militar con el Paro Nacional Agrario apoyado por la juventud, los maestros y otros sectores sociales en Colombia mientras se desarrollan las conversaciones por “la paz” en La Habana entre el gobierno de Santos y la dirección de las FARC donde el tema agrario opuesto al TLC es un tema candente.



Luchas que vuelven a encenderse en pastos que empiezan a secarse y dejar la humedad creada por los espumarajos salivales convertidos en garúa ácida esputada por la lengua oficial de la “revolución ciudadana” en el Ecuador.

¿Cómo se reflejan y/o deben reflejarse estos fenómenos a través del arte?

¿Qué es lo popular en el arte bajo estas circunstancias en que algunos de estos fenómenos son llevados al cine por los monopolios del arte de masificación presentándolos de modo deformado –a excepción de una que otra respuesta del cine alternativo que no puede contrarrestar aquella avalancha--, como justificadas “acciones del mundo libre contra el terrorismo” que ocultan las medidas de “salvataje” del capital financiero que ahogan en el desempleo y en paupérrimas condiciones de vida a los trabajadores?

¿Que es “lo popular” ahora cuando algunos gobiernos “progresistas” manipulan las diversas expresiones artísticas étnicas, de nacionalidades, de nación, locales y regionales, para presentarse ellos mismos como “gobiernos populares” mientras sentencian a 8, 12 años de prisión a los luchadores que defienden el agua, el medio ambiente, la biodiversidad, los derechos y libertades democráticas como ocurre con el gobierno “correísta” en las Tierras de la Mitad del Mundo que acaba de resolver explotar el subsuelo del Yasuní, decisión execrable de destruir uno de los lugares más biodiversos del planeta donde perviven culturas indígenas en aislamiento voluntario frente al cual se alzan a la pelea la juventud y los pueblos.

LA MANIPULACION DE “LO POPULAR” EN LAS ARTES

El término “pueblo” fue resultado de la “democracia” ateniense y romana de cuyos parlamentos estaban excluidos los esclavos, los vasallos y las mujeres, mientras estos parlamentos “democráticos y populares” eran dominados por los representantes de los propietarios de la tierra, de las manufacturas, de los instrumentos de producción, y las castas militares donde aquellos voceros de los potentados constituían siempre una mayoría sobre los representantes de los agricultores y artesanos.

Desde aquella época esclavista el término “pueblo” fue y sigue siendo manipulado por la democracia liberal y por la socialdemocracia que se presenta como portaestandarte de la “democracia representativa y protagónica” por algunos gobiernos tildados de progresistas que empujan la modernización del capitalismo mientras ejercen la represión contra los trabajadores y los pueblos que se alzan en contra de la depredación de las naciones por parte de los monopolios norteamericanos, chinos, canadienses, que van tras el petróleo, el cobre, el oro, la plata, el uranio de los subsuelos de los países dependientes.

Con esta misma visión política el término “popular” la burguesía lo aplica a las artes para engañar a los públicos directos y virtuales.

Las artes de origen popular en todos los géneros han sido secularmente atraídas, mimetizadas, manipuladas por las culturas dominantes particularmente por la capitalista-imperialista como ocurrió con los blues y el jazz, con el rock creado por el extraordinario músico negro Chuck Berry, con la “Capoeira”, baile que durante el período esclavista era utilizado para las prácticas militares de los pueblos negros originarios de África quienes así preparaban sus levantamientos antiesclavistas y en general con todas aquellas expresiones de raíces populares –como el folklore- que puedan ser utilizadas para el entretenimiento, el espectáculo, la diversión, el turismo, etcétera.

LA RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS HA HECHO QUE SE MANTENGAN VIVASLAS ARTES DE RAIGAMBRE POPULAR

Toda expresión artística: bailes, décimas, máscaras, ritmos, imaginarios, ritos, mitos, etcétera, envueltas en sus lenguas originarias, en sus jergas negroides, en las lenguas literarias mestizas que se conservan como patrimonio cultural intangible de los pueblos, existen debido a la resistencia y combates, librados por los pueblos negros en sus “quilombos”; por los pueblos indígenas que lograron merced a su resistencia sobrevivir y no fueron diezmados como ocurrió con algunas culturas indígenas en casi todos los actuales países de América Latina y El Caribe; el caso de Uruguay en cuanto a la devastación y desaparición de culturas indígenas es harto expresivo. Y por la lucha de los pueblos fruto del mestizaje.

Tales expresiones artísticas que sobrevivieron junto a sus pueblos al abominable coloniaje finalmente han sido y son, como hemos destacado, absorbidas, deformadas, manipuladas por las culturas dominantes de cada país como ocurrió con la “Capoeira” declarada durante el gobierno de Joao Goulart “Patrimonio Cultural” de Brasil y ahora es un instrumento más del arte espectáculo capitalista.

Así, las artes de raigambre popular y otras nuevas expresiones artísticas iconoclastas que confrontan los efectos del sistema son trabajadas por las grandes y medianas empresas del espectáculo masivo mercantilista para sus objetivos, en tanto, al presentarlas, se apropian de su origen para presentarlas como “arte popular”.

Desde luego que bajo determinadas circunstancias progresistas tanto el folklore como las diferentes expresiones artísticas de auténtico origen popular pueden y deben ser orientadas hacia la provisión de conciencia de clase de los trabajadores y los pueblos.

Esas circunstancias pueden darse a nivel de gobiernos de corte progresista: locales, regionales e inclusive de un país determinado y más aún bajo las circunstancias de un país auténticamente socialista donde haya desaparecido la explotación del hombre por el hombre.Que nada tienen que ver con los “socialismos del siglo XXI” donde pervive el capital junto a la explotación de los trabajadores.

Hay que tener presente siempre el aserto de que bajo el predominio de las “Industrias Culturales” es un signo la manipulación y deformación de las expresiones artísticas de raigambre popular en función de los intereses del capitalismo.

Bajo estas circunstancias cabe refrescar lo que Bertolt Brecht destacaba al referirse al “arte” o a la “cultura popular” señalando que es aquel que confronta a la cultura dominante, a su política, que sirve para educar, orientar, ideologizar y politizar a las masas trabajadoras en el rumbo, en el camino que, como decía Machado, “haz de cruzar” y que se catapulta solo “haciendo camino al andar”, levantando las banderas de la soberanía, de la defensa de las identidades nacionales, de nacionalidades y etnias pero imprimiéndoles a éstas por medio del arte irreverente, iconoclasta, insurgente, características antiimperialistas, patrióticas, de donde emergen sus auténticos héroes –o prototipos- brotados de la “bronca”, de la huelga, del levantamiento, del combate de “los de abajo”, de los oprimidos y explotados por el capital extranjero y criollo con miras a conquistar su emancipación.

Es claro que adoptar durante este momento caótico del mundo capitalista-imperialista (caos posible de ser aprehendido e interpretado en forma coherente en base de la apreciación de las causas que provocan la crisis general y las crisis cíclicas del capitalismo en la etapa del imperialismo); adoptar decíamos una posición clara, contundente, de trabajar artísticamente para reflejar la vida y combates liberadores de los trabajadores, de los pueblos, de la juventud, de la mujer trabajadora en su proyección liberadora adquiere de manera natural un contenido “popular” que será refrendado por los públicos de raigambre obrera, campesina, juvenil, etcétera, que se distinguirá de la abrumadora decadencia y deformaciones de “lo popular” en las artes que impulsan los grandes, medianos y relativamente “pequeñas” empresas de producción del arte espectáculo mercantilista que están a la caza de cómo aumentar sus ganancias aprovechando las sutiles envolturas de la cultura dominante hacia donde han atraído a la niñez y la juventud durante más de un siglo promoviendo su arquetipo estético individualista.

Cabe un ejemplo de la decadencia en que se envuelven franjas de la juventud: En estos días está en las redes sociales cazado un “debate” que gira en torno de la figura del artista Ben Afleck, reciente ganador de un Oscar como Director de una película, ciertamente bien realizada, pero sujeta a un verdadero cine-foro por su controvertido mensaje respecto de quienes son, en verdad, los “terroristas”: ¿Aquellos pueblos y naciones depositarias de las antiguas culturas de origen árabes son, per se, “terroristas”?¿O quiénes han sido los propulsores del colonialismo y el neocolonialismo en el mundo: Inglaterra, Francia, Estados Unidos, etcétera, artífices del poderío “global” del capital financiero en el planeta y principales promotores hoy de las guerras imperialistas?

El vulgar “debate” en las redes sociales gira en torno de si el mentado Ben Afleck debe ser, o no, el artista que represente a Batman en la próxima zaga anual de este “superhéroe” (¿!?)
Estos son los ambientes extravagantes, decadentes, que crea la cultura alienante burguesa e imperialista en tanto el mundo capitalista está siendo enrumbado por estas potencias a nuevas guerras imperialistas; a mayores devastaciones del medio ambiente de los países dependientes que ha alcanzado, con la demagogia rimbombante de la lengua oficial de Carondelet en las Tierras de la Mitad del Mundo su más alta resonancia devastadora: La explotación de uno de los puntos cardinales de la tierra donde existe una vasta y multicolor riqueza biodiversa en aves, fauna, especies arbóreas y culturas auto protegidas, en aislamiento natural de la “civilización” mercantilista: Los pueblos Tagaeris y Taromenanes.

Bajo estas circunstancias cabe adoptar una clara posición respecto de “lo popular” en el arte. Y no hay equívoco al respecto: Afirmarse junto a los trabajadores y pueblos de la tierra que luchan contra la dominación multilateral del capital tanto en los países imperialistas que se embarcan en la guerra. O sea, levantarse contra la /y las/ guerras imperialistas y por la autodeterminación de los pueblos; marchar unidos, arte popular junto a los pueblos explotados y oprimidos contra la dependencia imperialista, por la soberanía y la emancipación.

Esto demanda, exige desde luego, dejar de lado el cartel y construir, crear arte de verdad, arte que sea el resultado de la aprehensión de los fenómenos artísticos vistos bajo el prima de la Estética Popular en todos los géneros artísticos para confrontar lo que actualmente está ocurriendo en el planeta y crear nuevas, actuales obras de arte que orienten el batallar de los pueblos de la tierra hacia su emancipación de la dominación brutal y genocida del capitalismo y del imperialismo.

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