miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cuadro de Honor de la escuela es una mala costumbre que debe ser eliminada porque daña la integridad de los niños

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Topé con “Rubén” y “Resiliencia: Un concepto discutible”, ambos cuento y ensayo de Britto García y de Marcelo Colussi; sin ninguna duda dos colosos de la literatura contemporánea en cierne pero firme.



Estas opiniones no comprometen en nada a los escritores aludidos, son por lo contrario exclusivamente mías, no vaya a ser que se me interprete mal ya que de ninguna manera el coloso Colussi ni el coloso Britto García refieren ni expresamente ni de soslayo, en sus respectivas obras, que el “Cuadro de Honor” tan de moda en las escuelas, actualmente, sea una aberración.

Lo de aberración lo digo yo independientemente de que ande equivocado o en lo cierto pero es lo que deduzco, es lo que puedo apreciar, e intentaré sustanciar mi apreciación, pero antes, veamos lo que a mi modo de ver es el tuétano de las respectivas consideraciones de los dos aludidos colosos.

Extracto de un párrafo de “Rubén” (1980), dice:

“…estudia Rubén traga Rubén no brinques Rubén no corras Rubén no rayes las paredes Rubén saluda a tu tía Paulina Rubén no te enamores Rubén no le respondas a tu madre Rubén córtate el pelo Rubén no pelees Rubén reza Rubén no cantes Rubén no ensucies la camisa Rubén no corras Rubén quita esos afiches del Ché Guevara Rubén no digas yanquis go jome Rubén no te soples los mocos como Ismael García Rubén no rompas los juguetes Rubén no te metas con la muchacha de servicio Rubén no faltes a catecismo Rubén no juegues trompo Rubén no te metas el dedo en la nariz Rubén no dejes que te metan en la lista negra Rubén no me mortifiques Rubén no le saques la lengua a la maestra Rubén no quemes cauchos Rubén no protestes a la maestra Rubén…” (Más o menos Sic).

Extracto de párrafos de “Resiliencia: un concepto discutible” (2013), dicen:

“…Resiliencia es un término controversial, discutible…que puede entrampar puesto que hace un planteamiento adaptacionista ante el sufrimiento, que deviene de una maquinaria trituradora (el aparato ideológico imperialista), que busca adaptarnos a una “normalidad peligrosa”, que silencia las voces discordantes… es un concepto problemático traído desde un campo extraño a la reflexión de las ciencias sociales, proviene de las ciencias de la conducta estadounidense, ingeniería humana funcional a los poderes constituidos y es en consecuencia una anestesia que sirve para domesticar en vez de ser instancia emancipadora y niega todo intento transformador de la sociedad y el individuo…” (Casi Sic).

Entre muchas otras importantes consideraciones el coloso Colussi destaca ejemplos elocuentes, he aquí el siguiente:

En medio de la dictadura que azotó Argentina entre 1976 y 1982 y en la que fueron desaparecidas 30 000 personas que disentían de esa atroz dictadura, que buscaban un mundo distinto, el gobierno de los militares presentó por todos los medios de comunicación una propaganda donde se veían distintas escenas con ruido enloquecedor (un taladro taladrando, un bebé llorando y etc. demás ruidos) sobre las que aparecía una enfermera indicando que “¡el silencio es salud!”.

Y, se pregunta el escritor, ¿el silencio es salud, qué significa en ese contexto ser resiliente? ¿callarse la boca y aguantar esa flagrante inequidad o luchar contra ella?

El escritor pide abrir una crítica contra el concepto, dice que Resiliencia es un lastre ideológico; que parafraseando la tesis XI de Feuerbach, de Marx, podría decirse entonces que no se trata de saber soportar resignadamente la esclavitud sino de transformar el mundo hacia un estado de bienestar para todos.

El coloso Britto García da a entender -desde mi modesto punto de vista-que a Rubén, de niño, trataron de despersonalizarlo.

Resta saber lo que ocurrió con Rubén, ya de adulto, lo que es otro tema no ajeno a éste pero, otro tema.

Los niños rebeldes no figuran en el cuadro de honor de la escuela, ahí sólo figuran los dóciles, el cuadro de honor de la escuela es la “lista blanca” a la que alude por moraleja Britto García cuando expresa “…no te dejes meter en la lista negra Rubén…”.

De lo que señala Colussi -cuando ironiza que “…el patito feo también puede llegar a ser el patito bonito si se torna obediente y, en consecuencia sube al cuadro de honor…”- yo infiero que él hace alusión a la despersonalización del niño, también.

Yo pienso que brindarle ternura, libertad y esmerado cuido a un niños, es como darle alas a un pajarito para que vuele por encima de las más altas montañas y, de alguna manera, las referencias aquí citadas, son una grande contribución a la defensa de los pequeñitos, no sólo de los errores de la escuela sino también de los errores de muchos padres autoritarios.

Los niños que acceden al cuadro de honor son por lo general muy egoístas, creídos; y los que no acceden, se acomplejan muchas veces a tal punto que pueden perder el rumbo; no es nada sano separar a los niños en clases de buenos y de malos.

Además de engendrar egoísmos, esa vieja nodriza de disociación psicótica que es la escuela vieja y por derribar a martillazos, se encargada de difundir miedos entre los cuales el miedo a la cultura autóctona es el peor de todos; la broca de diamante que gira en punta del enorme taladro que trepana la cabeza del pueblo trabajador es la prensa capitalista, por medio de ésta se dispone la transfusión de miedos directamente a la cabeza del trabajador; se nota que el peor colonialismo es el colonialismo cultural, el enemigo lo sabe y va al grano pero nosotros también lo sabemos, sólo que todavía no hemos podido derribar ese aparato de tortura, esa máquina de guerra que es la prensa sedicente, pero podremos.

La prensa al servicio del imperialismo -esto es periódicos televisoras cines radios comic McDonalds- se comporta(n) como bestias sueltas pero con bridas, éstas para meter la coba.

Los más vulnerables al ataque inclemente de esas bestias son los niños, e inclusive sutilmente son atacados inadvertidamente por vías de sus propios padres, a su vez víctimas del veneno inoculado.

A tal punto hemos llegado que tanto la escuela como McDonald conforman un binomio que casi es parte de la prensa mortal: Luego de subir al Cuadro de Honor los niños son llevados a McDonald a comer basura para terminar de intoxicar.

Estoy seguro que haciendo un estudio retrospectivo de personajes funestos encontraremos que muchos de ellos figuraron por exceso o por defecto en el cuadro de honor; dicho de otra manera, que propiamente estuvieron o no en ese bicho pero que es su referencia del éxito personal.

Para estos tiempos es imprescindible diseñar otras maneras de exaltar -¡sí, cómo no!- las virtudes de los niños pero no para fomentar el individualismo sino el holismo social.

La Resiliencia, en acepción que predica resignación como puntilla ideológica, es algo de lo que se vale el academicismo norteamericano como elemento de colonización cultural, dicho término proviene de la metalurgia y significa en esa disciplina la capacidad que tienen los metales para deformarse sin llegar a quebrarse y retomar su estado original, en tal caso, la servidumbre; de ahí que el escritor haga mención -reitero- a lo de la llamada “ingeniería humana”.

Yo pienso que nada, o casi nada, para no ser tan radical, después de cierto haber transcurrido, vuelve a ser como originalmente era; evoco a Heráclito de Éfeso: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”.

No es que para el filósofo el agua cambiaba a cada instante sino que hasta el cauce también cambia de instante en instante; lo que desde ese punto de vista, aplicable también a las personas, determina que nadie vuelve a ser el mismo luego de haber estado sometido al sutil condicionamiento de la conciencia.

De modo que aunque sea un miligramo de culillo va a quedarte luego y eso frena a cualquiera luego de bañarse en el río de la resignación, la mente es muy compleja, a veces no nos damos cuenta de que somos muñequitos con hilos, monigotes, monifatos, peleles, bolsas.

Fomentar el concepto de Resiliencia y peor aceptarlo mansamente es como desviar la atención de la causa de la dominación y centrarse en la capacidad de soportarla: ¡Voy a portarme bien, voy a portarme bien, voy…!

El escritor lo ilustra con letra de canciones, particularmente tangos: ¡…qué el hombre macho / no debe llorar…! (¡yo te aviso, chirulí!).

¡Sea feliz, no se queje, y etc.! -predica la Resiliencia- en tanto el escritor se pregunta ¿es beneficioso criticarme menos?

Lo anterior parece como el que barre la casa y echa la basura debajo de la alfombra o debajo de la cama; todo lo que a diario tú dejas sin resolver, es seguro que se te va a convertir en conflictos, más tarde.

Colussi da a entender que el conflicto social y psicológico del hombre está siempre ahí, tangible, que el sujeto escindido, alienado, jodido, representa el “fuego eterno” del que habló Heráclito hace más de 2000 años y que es retomado por Hegel en el siglo XIX y para quien la realidad misma no es ni menos ni más que la lucha perpetua, es decir, que toda realidad está calada por el conflicto, eso es en algo la dialéctica.

Digo yo entonces, ¿debemos apoyarnos en esa conflictividad para avanzar?, acá en mi ignorancia pienso que sí, que el mal es parte del bien, tú nadas en el agua empujando tus manos hacia atrás para avanzar, tú caminas porque las suelas de tus zapatos rozan con el piso y si las suelas están gastadas caes porque resbalas, diría mejor que la armonía de la contradicción constituye un acicate para avanzar, se trata de procesos dialécticos en que armonizan razonamientos contradictorios para resultar una verdad unívoca.

La revolución bolivariana avanza y avanza con más butría a medida que la escualidad mete y mete y mete la pata; a medida que esa gente procede bruta y cobarde, nosotros nos hacemos más inteligentes y audaces, tal vez acicateados por inercia de la dialéctica.

Que todo fluye, es una inequívoca verdad axiomática; y más, que el fuego cósmico sea precisamente el origen de todo lo que existe, tal como verdad heraclitana, es a lo que se refiere Colussi con esas vainas del “fuego eterno” al que aludió el tal Heráclito; pues bien, aquí lo que hay es candela que jode y lo digo no en sentido figurado sino concreto, mira tú como el escualidismo antibolivariano y, naturalmente antichavista, le prendió fuego a los centros de salud, abastos de alimentos, escuelas y todo lo que huela a revolución, porque el relambeñema que ellos postularon a presidente perdió hasta los estribos ante Nicolás Maduro.

¿Y, qué culpa tiene la estaca si el sapo brinca y se ensarta, ah?

Este mundo en el que vivo y en el que vivimos todos no es el mismo de hace un minuto; seguramente Obama disparó bombas contra Bombay; tal vez no ahí, pero pudo ser contra Afganistán, o contra Vietnam; o, contra Siria, Irak, Irán, Palestina,…; o, acaso, contra “El Caimán de la Dignidad”, que lo tiene a pata´e mingo.

Ah, olvidaba citar a Hiroshima y Nagasaki, tan lejanas de acá que no vale la pena citar porque de seguro a Estados Unidos no les importa un bledo ni un pepino ni un carajo para echarles bombas, pero, eh, que cuando el río trae piedras, suena.

Obama no es simplemente Obama, Obama es Bush, es Nixon, es Kennedy, es Lyndon Johnson, es Ronald Reagan, es Bill Clinton, es etc. y en definitiva es Washington o James Monroe, todos todos salvo una que otra diferencia de matices entre esa gama de personas.
Pero, de cierto, todo fluye, todo se mueve, y de entre tantas cuestiones que se mueven de vértigo, merece considerar a la opinión pública puesto que ésta es determinante en la manera en que el individuo puede percibir la realidad.

Yo no quiero pensar en el próximo minuto porque tengo la certeza de que el imperio norteamericano habrá matado al menos 20 de los 21 niños que mueren a cada minuto en el mundo, cifras de la UNICEF (Fondo de la ONU para la Infancia).

Nota:

Os adjunto “Narrativa CARTA PARA GABRIELA” (Lectura prohibida para escuálidos mayores de edad, a menos que estén acompañados de sus menores hijos, nietos, tataranietos, chorros y/o bordones. No vaya a ser que les dé un wwwsoponciopuntocom)
Se trata de una madeja contentiva de reflexiones que hice en 2007 y en las que intento condensar lo que pienso de esa “escuela autoritaria y caduca”.


“CARTA PARA GABRIELA”

Hoy cumples un año de estar en este mundo lleno de números y letras que te podrán servir de mucho si le das un uso adecuado cuando empieces a apropiarte de tales herramientas, a medida que crezcas.
Gabrielita, preventivamente me adelanto a escribirte, pensando que ¡ojalá! otra niña u otro niño mayor que tú se entere de esta carta, así que ahora, por esta razón, no te echaré bromas, no te diré “Bubita” ni “Cachetona” ni “Desnutrida”.
Pese a que a los niños les tienen sin cuidado las cuestiones serias abstractas y lógicas te hablaré seriamente a riesgo de causar fastidio. Es que a los niños lo que les gusta es jugar y echar bromas pero, por si algún adulto fisgón, de esos que se meten adonde nadie los ha llamado, se pone a leer las consideraciones que yo, hereje impenitente y sempiterno, hago para ti y de ser posible para cualquier otro muchachito, es por lo que no te pido de manera expresa que seas bien desobediente cuando pretendan castigarte pero tú entenderás lo que quiero decirte.
Crecer, Gabrielita, no es solamente aumentar de tamaño y de peso sino, esencialmente es desarrollar las potencialidades del legado genético que tu papá y tu mamá te aportaron desde el momento de tu creación, por supuesto, desde antes de tú nacer.
Además, el medio social en que has de vivir será otro factor fundamental para tu desarrollo. Luego hay que considerar un tercer factor que es el tiempo.
Resumiendo, has de saber que la herencia genética, el medio ambiente y el tiempo son los tres factores básicos más determinantes del desarrollo humano.
Si el ambiente no es apropiado los niños no se desarrollan plenamente. Si queremos que los niños se comporten como adultos, antes de tiempo, eso es equivocado. Imagina que tú tienes una semillita de maíz en excelentes condiciones pero la siembras en una tierra inapropiada y, para colmo, no la riegas con agua, adecuadamente, entonces la planta no se desarrollará.
Bueno, hagamos una comparación: La semillita es tu herencia genética; la tierra donde has sembrado es el ambiente; y, el agua con que has regado es el tiempo.
Sí la tierra es buena y tú riegas la planta apropiadamente, la matica crecerá robusta e igualmente le sucede a los niños que tienen un ambiente bueno y sus padres los ayudan a vivir su tiempo de niños dando por descontado que el legado genético siempre es bueno.
Más adelante la matica puede ser podada; esto quiere decir que cuando los niños se enferman o asumen conductas contrarias a la ética y a la moral hay que curarlos y orientarlos pero nunca castigarlos.
Cada quien interpreta a su antojo la manera de guiar a los niños y es ahí donde debemos ponernos de acuerdo.
La vieja escuela es deficiente y represiva, tiene un sistema de premios y castigos injustos e inútiles, esa escuela vieja premia con altas calificaciones a los niños mansos y sumisos; y castiga con bajas calificaciones a los niños rebeldes; aparte de ello, los niños rebeldes reciben coscorrones físicos y psicológicos.
Lo mejor y más útil de esa vieja escuela es el ratico de recreo pero éste es muy breve, debería invertirse la relación, es decir, que los muchachos tengan cuatro horas de recreo y sólo una de clase, por ejemplo.
Yo abandoné la escuela en el tercer grado de primaria porque mi maestra me llamaba burro, es que yo tenía dificultad para distinguir la “N” de la “M” y entonces me fugué porque los rebeldes no soportan cadenas.
Más tarde, Gabrielita, aprendí a diferenciar por mi mismo pulso esas dos letricas y me percaté de no ser burro sino rebelde; entonces entendí que era la escuela la que estaba equivocada, no yo.
Esa reflexión me hizo perdonar a mi Maestra y, un día la encontré, entonces la abracé y le di unos besitos, la quise mucho porque era muy buena, ella actuaba de buena fe pero a su vez era producto de esa cadena que debe ser rota. Esa vieja escuela no sirve y la culpa es del viejo Estado que se arrodilló al imperialismo y siguió al pie de la letra el dictado de ese modelo perverso destinado a someternos y hacernos dóciles.
En conducta, aplicación y aseo personal tuve siempre las peores notas pero, en cambio, me fugaba para jugar y con ello compensaba las cosas. Me iba al río o al mar con otros niños a lanzar piedras, a pescar, a nadar, a tantas cosas, y entonces yo hacía con barro o con arena las benditas letricas causantes de mi libertad maravillosa.
Labraba con mis propias manos mis trompos, a los que además pintaba con colores llamativos y al lanzarlos a girar sobre su baqueta de clavo, yo me imaginaba a La Tierra girando en el espacio, así aprendí a entender el mundo desde los espacios abiertos, que era mucho mejor que escuchar explicaciones teóricas encerrado en esa especie de cárcel flexible que es la escuela por derogar ahora y que tiene muchísimos años echando a perder muchachos, excepto a los que nos escapamos.
A los niños les gusta ensuciarse pero a los adultos les gusta hacer reproches a favor de la limpieza.
Nada es más lindo que la imagen de un niño cochambroso porque anda jugando; a los niños les fascina rayar las paredes y ¡qué bonitas se ven las paredes con dibujitos de los niños! Pero, muchos padres dan más importancia a la pulcritud de las paredes que a la creación de los niños y, entonces los regañan en vez de felicitarlos.
Para los niños es muy importante jugar, insisto en eso, los niños necesitan pensar sobre algo concreto, no en el vacío; es que el juego le permite al niño avanzar apoyado en sus propias experiencias; el juego es la más estupenda opción para conocer las dimensiones del juguete, la textura de una piedra, los colores de una mariposa, las normas, las trampas, los errores, las rectificaciones, la lejanía , lo cercano y mil y más cosas necesarias que permitan conocer por sí mismo sus capacidades.
Por si fuese poco, cuando los niños juegan se generan solidaridades con los amiguitos y eso facilita la convivencia social tan necesaria en épocas de cambios tales como los que vive Venezuela.
El Consejo Comunal tiene el deber de orientar a los niños para que se incorporen a la vida de la comunidad y eso se traduce en capacidad para vivir en el socialismo.
Si todas estas condiciones se soslayan la convivencia se dificulta porque, entonces el egoísmo inculcado desde la televisión y desde la escuela, prevalece.

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