viernes, 20 de septiembre de 2013

Cuatro poemas

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Espacial para ARGENPRESS CULTURAL)

1. Sólo andaluz

Retrato

En recuerdo de Luis Cernuda

Nunca me vistieron de luto
gracia de padre
jamás disfraz de nazareno
ciencia de padre
ni flamenco ni torero
¡qué andaluz mi padre!

2. Tormenta de Santa Bárbara

Eran como día de fiesta clandestina
aquellas tardes de gris, rayo y pólvora.
Imaginabas que todos los carboneros
manchados del humo de la encina,
tiraban los tizones hacia el cielo
provocando la huida de los ángeles
imbuidos en rezos y no me beses,
mientras ella aspaventada se sonaba
entre la gran jornada de las nubes.
Y tú saltando de piedra en piedra
bajo los truenos y el agua de la lluvia.

3. El sí y el no de pobres y ricos

Para calmar la conciencia de ambos status

Si los ricos optaran por ser pobres de dinero
y los pobres aceptaran el papel de ser ricos
tan pajolero mundo podría alborotarse
al ser más los pobres ricos, que los ricos pobres.

Tal vez por eso, los ricos, se oponen a ser pobres
y los pobres se apañan con suspiros
y el rosario de plegarias gratuitas.
Por eso siempre habrá ricos y pobres
bancos de piedra y bancos de mármol.
Un pobre a todas horas en cada esquina
y un rico que vigila las monedas que recauda.

De manera que cada uno aguanta como puede
y a rezar todos que seguro algo se consigue.
Los ricos calmarán su oscura conciencia,
los pobres esperarán la llegada divina,
mientras los obispos sudan sus verdades
emanando extraño olor y escasa gloria.

4. El corazón y la cabeza

A su memoria y recuerdo de Cántico.

Camino de la vida,
¿dónde llevas mi alma
a través de los álamos
por la orilla del agua?

Ricardo Molina

Mi corazón y mi cabeza han llegado a un acuerdo
a la antigua; aquellos del apretón de manos y
“Esto va a misa”, amistad con ritmo y solera.

Después de tanto años entre el amor y la polémica, aunque
siempre unidos, creen que la vida ya no es como era antes.
Puede que lleven razón, el tiempo y los desencantos crean

espeso bosque en la cabeza y dolores en el corazón;
también será cosa de la edad, porque la razón no les falta.
Como decía Vallejo, “Hay golpes en la vida que yo no sé”.

Son golpes que crean cicatrices, desilusión o tristeza
y hasta el cuerpo se niega a meter más el hombro;
pues allá cada loco con su tema y menos cuentos de camino.]

Y aquí me tienen, tan triste como un penitente
deshojando pasiones y recuerdos, tras la ventana.
¡Si al menos golpeara la lluvia en los cristales!

Tomado del libro: Poesía Unida

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.