miércoles, 25 de septiembre de 2013

Estética, arte, literatura y política populares

Odiseo Runa (Desde Ecuador. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Los valores estéticos predominantes en el mundo capitalista e imperialista corresponden a este sistema por ahora dominante.

La actividad fundamental, que, en el plano artístico y/o literario se realiza en el mundo capitalista es valorada con la visión de la estética burguesa cuyo arquetipo es el individualismo que predomina sobre cualquier otro valor estético y que responde a la concepción según la cual, “el mundo” gira en torno del ejecutivo, del trust, del monopolio, lleve el nombre de Bill Gates, de Rockefeller, de un jeque de Arabia Saudita, o de cualquier otro multimillonario de Japón, Alemania, China imperialista u otra de las grandes potencias imperialistas cuyos rostros representan al capital financiero internacional.



Con este arquetipo estético burgués se reproduce en forma inconmensurable los prototipos y estereotipos en las diversas formas del arte espectáculo de masas o del arte de elite: música, teatro, escultura, pintura, cine, televisión, modas, etcétera.

Artísticamente envuelto en la arquitectura del rascacielos de acero y vidrio que flota esplendoroso sobre las brumas de Londres, New York, Paris o cualquier otra ciudad de los grandes países imperialistas; las “Catedrales de Luz” se enlazan con las antiguas arquitecturas del período feudal: el barroco, el gótico u otras de sus formas artísticas arquitectónicas predominando la arquitectura moderna y postmoderna sobre las del período feudal.

Estas arquitecturas, imbricadas a la monumental arquitectura antigua del período esclavista: Las Pirámides de Egipto, la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla en China, muestran la fusión del esplendor progresista de los diversos períodos históricos que ha recorrido la humanidad, caracterizados, sin embargo del papel jugado por los extraordinarios arquitectos, ingenieros, artistas de cada época y de cada cultura, por haber sido levantados en base del esfuerzo de los pulmones, la sangre y el cerebro de los pueblos, de los de abajo, de los oprimidos.

El arte moderno y postmoderno burgués e imperialista, que se asienta en ese pasado progresista y a la vez inhumano, se extiende a todas las formas del arte: pintura, música, literatura, teatro, cine, televisión, Internet, etcétera, e inclusive, aquellas formas y contenidos democráticos, progresistas y hasta los populares como el jazz y el blue, como la pintura realista y el cine crítico, como la literatura cuestionadora del sistema capitalista las absorbe en “demostración” de su “amplitud democrática”, siempre y cuando no afecte sus intereses como clase dominante opresora y explotadora.

Las “Catedrales de Luz” son llamadas así por los apologistas de esta forma arquitectónica del arte imperialista bajo cuyos destellos, durante el día; y bajo cuyos descollantes perfiles se destacan, durante las noches, el mundo de las mercancías que flota iridiscente, mágico, subyugante ante los ojos de quienes pasan ante sus lujosas vitrinas; el mundo de las mercaderías iluminado por el proliferar de gigantescos, luminosos letreros de neón hiperbolizados por la “belleza” de “l@s tops models” que las exhiben en mallas, gigantografías a través de las cuales se promueve la venta de aquella interminable gama de productos del mundo capitalista, muestra el desorbitante esplendor que este irradia y se introduce en todos los poros de ésta, creando la cultura, la inconsciencia de la sociedad mercantilista que pregona exultante, abiertamente, que vive para acumular riqueza en las manos de una minoría: los dueños de los medios de producción, los capitalistas.

Tras ese espectáculo que aflora en las avenidas de las grandes ciudades capitalistas que se encumbran con sus edificios y rascan los cielos, se oculta el mundo de quienes las fabrican; de quienes construyen con sus manos las mercaderías: desde un automóvil “Rolls Royce” o “Mercedes Benz” hasta un reloj “Pathek Philipe”: los obreros especializados y no especializados: la talentosa y esforzada clase obrera que deja lustrosas y sobre todo útiles las mercaderías que salen a exhibirse en la interminable cadena de promoción y venta de aquellas.

Más he aquí, que tanta riqueza, tanta producción, tanta fastuosidad y lujo, de pronto se estanca. De pronto, el mundo capitalista estalla en mil pedazos –en Estados Unidos, en Francia, en España, en Portugal, en Grecia; Y, como algo increíble, que llena de pavor a los dueños de ese mundo ilusorio de las mercancías: también se levantan airados, irrefrenables, los pueblos de Túnez, de Egipto, de Libia, de Yemen, reclamando, como lo hizo aquel profesional egipcio: ¡Gano 70 euros al mes y pago 60 euros de alquiler! ¿Con que dinero doy de comer a mi mujer y a mis hijos?

Tanta mercadería y el dinero no llega a los que las producen ni para comprar el pan ni pagar el arriendo. El clamor de los trabajadores y los pueblos explota.

Ha estallado la crisis de superproducción que Marx señalaba era consecuencia inevitable de la acumulación de riqueza en manos de un puñado de capitalistas, y la acumulación de hambre, de pobreza y miseria en los pulmones y estómagos de la amplia mayoría, precisamente de los aquellos que producen esas mercaderías: Las crisis cíclicas que en el “Manifiesto Comunista”, Marx y Engels destacaban, era el inevitable resultado donde conduce una sociedad injusta e inhumana, refiriéndose al capitalismo como “un mago infernal que no puede controlar sus conjuros”.

Este mundo contemporáneo donde las ciudades modernas y postmodernas se esfuman tras los pincelazos y borrones abstractos pictóricos –que ejercieron un papel dominante tras la Segunda Guerra Mundial a través de pintores abstractos como Dobliev, De Kooning, Pollock- éste comprado por la CIA-, que dieron curso a la “escuela”, o tendencia, del “expresionismo abstracto”, sirve para ocultar detrás de sus borrones anti realistas la fastuosidad y el poderío que ejercen sobre las clases trabajadoras de la ciudad y del campo, los banqueros y empresarios, quienes, fusionados en el capital financiero, controlan la producción capitalista monopólica que es sostenida por las espaldas, músculos, sudor, sangre y cerebro de aquellas.

Esta clase todopoderosa que en el siglo veinte y veintiuno se ha enriquecido y vuelto más fuerte con las megafusiones, controla las manifestaciones del arte y maneja a los grandes monopolios de la industria del espectáculo masivo como la Sony Music, la Wagner y otras que se enlazan con las grandes cadenas televisivas y los medios imponiendo de manera apabullante el modelo, el arquetipo del individualismo.

En estas formas del “arte masificado” desaparecen las oscuras figura dela obrera y el obrero fabriles, de los asalariados agrícolas, el desempleo que genera la pobreza. En este mundo de la concentración de la riqueza en pocas manos, los pueblos son ocultadas por el arte burgués.

Sin embargo aparecen en los canales de la CNN, de la CBS como “noticias objetivas” que “sorprenden al mundo” y que, a través de determinados “organismos humanitarios” asistencialistas que “organiza” el mismo imperialismo -como UNICEF-, se cacarea sobre el hambre y la desnutrición de los niños acusando a la “humanidad” de esta “paradójica situación”, pero ocultando la híper acumulación de capital que llevan a cabo los grandes monopolios.

Los verdaderos productores de la riqueza, los trabajadores, son relativamente invisibles en el sistema capitalista.

El arte que forjan los poderosos dueños del capital, de los medios de producción y cambio, es para embellecer su sistema capitalista presentándolo como el sumun de las maravillas que se exhiben en los grandes y lujosos “Malls” y Centros de Venta de las mercaderías: automóviles de lujo, collares y relojes de marca, ropa lujosa que brota entre las escaleras de fantasía enloqueciendo a millones de personas, la mayoría imposibilitadas de comprar laptops, grabadoras, cámaras de filmación, enormes televisores plasmas, celulares “Samsung Galaxy”, etcétera, en fin, un mundo de sueños inalcanzable, alimentados por fotografías gigantes, cuadros, pantallas líquidas, los últimos videos de los artistas del espectáculo en sus diversos ritmos: rap, reagueton, rock metálico, pop, salsa, vallenato, cumbia, donde lucen sus formas eróticas mujeres y hombres jóvenes que alimentan la “belleza” del mundo de las mercaderías donde se oculta sutilmente quienes las fabricaron.

El capitalismo jamás puede reflejar la verdad de quienes son los que trabajan y hacen producir todas las mercaderías existentes: la clase obrera. Los explotadores de la fuerza de trabajo no pueden develar este fenómeno en su verdadera, profunda realidad.

El papel de los forjadores de la riqueza social: los trabajadores y los pueblos no aflora en las esferas del mundo capitalista. Y este fenómeno del ocultamiento de la verdad es el que aflora en las artes y literaturas predominantes de este sistema injusto.

 Este no es un reclamo “owenista”, utópico. Es natural que quienes ejercen el poder político y tienen en sus manos los medios de producción a través de los cuales explotan y someten a la opresión política y espiritual a los trabajadores, oculten y/o mediaticen el papel de los verdaderos productores de la riqueza: los trabajadores de las fábricas, los campesinos y asalariados agrícolas, quienes, por esta visión estética burguesa, son mimetizados y ocultados en todas las esferas del arte por el gran capital y particularmente por las grandes empresas que monopolizan el espectáculo artístico masivo.

II

Esto ocurre, aún a pesar de que, en los momentos presentes, una profunda crisis cíclica azota y da ramalazos al mundo capitalista; crisis cíclica que afloró en los Estados Unidos y se ha extendido a Europa adquiriendo en Grecia, Portugal y España estallidos que muestran las entrañas debilitadas del mundo capitalista.

Son los resultados de esta crisis cíclica que han llevado a la palestra de la vida política a quienes producen la riqueza social: los trabajadores y los pueblos, quienes, enarbolando los puños contra el capital financiero y las medidas ejecutadas por sus gobiernos, que descargan esta crisis sobre sus espaldas, muestran de cuerpo entero la descomposición de este sistema.
Con plena conciencia de que la clase obrera y los pueblos que se levantan no deben de ser mostrados en el ejercicio de su papel protagónico, el imperialismo oculta, en las esferas del arte y la literatura, estos acontecimientos, para impedir que sean reflejados de manera fehaciente, cruda.

III

El mundo de la moda femenina y masculina, por ejemplo, recuerda aquel cuadro pincelado por Jhon Reed durante la Revolución Socialista de Octubre: En algunos salones de la vieja Rusia Zarista, como si no estuviese ocurriendo ese fenómeno que trascendió en la historia mundial, las parejas pequeño burguesas bailaban, tomaban té, o licor, desentendidas del profundo remecer que en Octubre de 1917 estallaba.

En el “mundo de la moda” ocurre algo similar: Los “especialistas de la moda chic” se encargan de vestir a las clases que, a pesar de la crisis, se esfuerzan por mantenerse en ese mundo imaginario donde “la belleza” burguesa supervive y los overoles, los cascos, el trajín que se tizna de hollín en la fábrica y el campo, no aparece en las pasarelas cruzadas eróticamente por las -y los- model@s que muestran los últimos diseños de las prestigiadas casas comerciales de marca: De Gucci, Ives Saint Lorent, etcétera.

Otra de las esferas del arte burgués lo dominan las grandes empresas del espectáculo comercial de masas que explotan las cualidades artísticas con personalidades como Jennifer López, Mark Anthony, Juanes, Beyoncé, Britney Spears, Madonna, Shakira, mostrando, con reluciente erotismo, espectáculos que enardecen a las multitudes de “fans”.

Una muestra de ello es que la canción ícono del reciente Mundial de Futbol en donde participaron una variedad de artistas, pero a cuyo centro se ubicó a esa cantante colombiana del espectáculo artístico de masas, Shakira, aún repiquetea en los oídos de quienes vimos otro escenario del arquetipo del arte individualista: Al jugador multimillonario que hace encandilar el espectáculo que llena estadios y hace pegar las narices y los ojos de los espectadores a las pantallas líquidas de los gigantes televisores “Plasma” en donde somos atrapados por el arte del manejo de la redonda de Messi, Cristiano Ronaldo u otra estrella del capital financiero mundial que maneja la orquesta financiera de la FIFA.

La concepción estética que predomina en el mundo capitalista, es regodeada regularmente con los tradicionales “comics” llevados al cine -Superman y Batman-, y por otros como X-Men, o “Los Fantásticos”, “Iron Man”, surgidos de la imaginación que produce miles de millones de dólares y euros a sus creadores y productores, a través de los cuales predomina el arquetipo del individualismo en base de cuyos estereotipos se deforma la mente de la juventud y los pueblos del mundo.

Para los asiduos al espectáculo que, cargado de colores, rutilante asombra ojos y retinas en las pantallas líquidas, la crisis del mundo capitalista que envuelve a los trabajadores y los pueblos, es –como las guerras de Irak, de Afganistán, de Medio Oriente y Colombia-, un fogonazo que distrae de “la belleza” que les brindan los dueños del omnipotente capital que maneja el espectáculo masivo, multicolor, que aliena a las masas y que enriquece a los grandes monopolios diversivos; que atrae como miel a las moscas de los espectadores; aquí cabe destacar otra de las esferas del masivo arte espectáculo: las modernas pantallas de los centros del espectáculo del cine marketing que concentra a las juventudes y las atrapa en las redes de sus famosas “zagas” del cine comercial alienante como ocurre con “Crepúsculo”, cuyos “héroes” son vampiros -o lobos- y muchachas hermosas dispuestas a darlo “todo” para convertirse, en unos u otros; zaga que ha vuelto millonarios a aquellos actores jóvenes promotores del individualismo, la ausencia de trabajo productivo y la alienación más aberrante de carácter erótico que atrae a la juventud de las capas altas, media y baja; lo propio ha ocurrido con la saga de Harry Potter que ha hecho multimillonarios a la escritora, a los productores y a los niños que se han hecho jóvenes durante los años que han durado aquellas producciones llevadas al cine. Y así por el estilo.

Toda otra visión que se contraponga a este arquetipo y a sus prototipos –los héroes- brotados del mismo, donde se idealiza al individualismo como concepción del mundo, no es considerada “bella”; no entra en el rango de la “estética” predominante del sistema capitalista- imperialista mundial; esta visión estética burguesa- individualista se riega por los países dependientes y adopta sus propias formas y expresiones, como ocurre con la zaga del narcotráfico proveniente de las telenovelas colombianas del estilo de “ Sin Tetas no hay Paraíso”, “Rosario Tijeras”, el “Cartel de los Sapos”, “El Capo”; o en programas que elevan a condición de “arte” el lenguaje y los prototipos del lumpen en el Ecuador como ocurre con el Programa “Vivos” y “La Familia Feliz” donde prototipos como “La Mofle”, “El Panzón” -quien trabaja en una empresa que no produce nada-, y “Rayo Vac” la sirvienta erótica.

La situación alcanza proporciones notorias, cuando, y a nombre de esta concepción estética predominante, se califican de “populares” diversas expresiones artísticas que contribuyen a condimentar esta confusión reinante donde desaparece, o se difumina, cualquier otra expresión estética que no se subordine a estos cánones que impone, en diverso grado, el imperialismo y la burguesía cuyo propósito es ocultar, dentro de este marasmo artístico dominado por los grandes monopolios del espectáculo artístico de masas, las causas y los causantes de la crisis del mundo capitalista.

Las diversas expresiones artísticas y literarias folclóricas, locales, regionales, provenientes naturalmente de los pueblos resisten la ofensiva del arte burgués e imperialista pero deben enhebrarse con el arte y la literatura que confronta directamente al arte burgués - imperialista.

El imperialismo y la burguesía, la intelectualidad que copula y medra de los enormes recursos que le rinde la praxis de esta visión estética, muy a pesar de sus esfuerzos se confronta en la vida con diversas expresiones artísticas que hacen resistencia a la cultura artística dominante: El folklore y las diversas expresiones locales y regionales de las culturas étnicas practicadas por los pueblos mestizo, indígenas y negro del Pacifico, de El Caribe y del mundo: La belleza natural que dimana de sus ritmos, bailes, vestimentas, imaginarios, mitos, leyendas, cuentos, etcétera, siempre han sido una barrera natural que cierra el paso a la penetración cultural extranjera y criolla dominantes en el mundo capitalista; todo ello, porque y a pesar de las multimillonarias inversiones capitalistas e imperialistas, aquel arte y aquella literatura burguesas, pese a su capacidad de penetración espiritual, chocan con la vida, con las condiciones de desempleo, hambre, desnutrición, miseria y opresión que los trabajadores y pueblos soportan sobre sus espaldas, frente a los cuales se desarrolla el descontento que estalla en una huelga, una toma de tierras, en los alzamientos parciales y generales de los pueblos, entre los cuales descuellan altas expresiones de la lucha del pueblo en armas como ocurre en Colombia, Filipinas, en la Franja de Gaza –Medio Oriente- con Hamas; en Afganistán e Irak, etcétera.

Lo “evidente” ante los ojos del publico, oculta la percepción estética que debe afirmarse en el “ojo” del creador “popular”.

Lo “evidente”, en la actualidad, es aquello que predomina, que satura, que aplasta la concepción estética proletaria debido a su volumen, a la celeridad de su difusión, que ha llegado al extremo de considerar que “la estética es una mierda”; y que “hablar de estética” es “distraer de una justa apreciación política proletaria a los artistas y escritores populares”.

Tal apreciación ligera, superficial, considera que “lo popular” solo proviene de las creaciones “folklóricas”, o de las identidades locales, provinciales o regionales; de las diversas formas del arte que llevan a cabo, que practican en todas las latitudes los pueblos pertenecientes a diversas culturas étnicas, sean éstas indígenas, negra o mestiza.

Esta visión hace loas a algo que, inevitablemente brota de manera espontánea de la vida, de la cultura de los pueblos, de sus entornos sociales, de sus lenguas e imaginarios; y que, por desarrollarse bajo las circunstancias del predominio de las culturas dominantes, en buena parte está trasegado por elementos de aquellas culturas hegemónicas.

De allí que, restringir, subordinar “lo popular” a estas expresiones naturales, espontáneas, de la vida de los pueblos, es reducir lo popular a lo espontaneo en los terrenos del arte y la literatura. A la resistencia natural de los pueblos a la agresión cultural extranjera y criolla.

El arte y la literatura populares son, por concepción, naturaleza y carácter, parte de la ofensiva general de la revolución; y con esta concepción debemos influir en las manifestaciones provenientes de otras clases y capas sociales revolucionarias: Para que construyan expresiones que se sumen a la ofensiva general de las ideas revolucionarias que se imbrican con los combates y batallas liberadoras de los trabajadores y los pueblos.

La Estética popular con su arquetipo basado en la ciencia: “Los pueblos hacen la historia”, del cual emanan los “prototipos” del arte proletario y popular, existe y se fortalece en la vida, durante los combates parciales y generales del proceso revolucionario.

Por ello es que la creación artística basada en la Estética popular es un arma fundamental para la conciencia que los artistas y escritores populares deben tener para resistir, enfrentar y pasar a la ofensiva por medio del arte popular; para que enfrentemos el peso de la concepción Estética burguesa e imperialista predominante en el mundo capitalista.

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