viernes, 20 de septiembre de 2013

Van Gogh, un loco de visión privilegiada

Ibis Frade Brito (Desde La Habana, Cuba. Prensa Latina. Colaboración para ARGENPRESS
CULTURAL)

La certeza de que “Atardecer en Montmajour” fue pintado por el holandés Vincent Van Gogh revive la locura que siempre suscita ese genial artista de visión privilegiada.

De hecho, desde Ámsterdam, el Museo Van Gogh ha proclamado a los cuatro vientos el hallazgo de esta nueva obra del gran pintor post-impresionista, loco para unos, genio para todos.

Este artista, que murió en la miseria y cuyos cuadros valen millones ahora, vuelve a ser noticia con un cuadro salido de una colección privada, de dueño aún sin identificar. Tras dos años de investigación de la técnica, el estilo del trazo, los materiales y las referencias encontradas en cartas y notas personales, los peritos holandeses Louis van Tilborgh y Teio Meedendorp concluyeron que, definitivamente, se trataba de un Van Gogh.

El director del museo en Ámsterdam, Axel Rüger, proyecta exponer el lienzo de 93.3 centímetros de largo por 73.3 de ancho a fines de año, como todo un acontecimiento mundial.

Esta pieza es similar en su composición a otras realizadas por el genio holandés durante el verano de 1888 en Arles, al sur de Francia.

Allí Van Gogh quería abrir una escuela de pintura con el respaldo financiero de su hermano Theo y la ayuda del artista galo Paul Gauguin, pero el proyecto culminó en desastre.

Las historias al respecto están sazonadas con el misterio y la especulación, y hasta se dice que en verdad Van Gogh se lesionó la oreja persiguiendo a Gauguin cuchillo en mano.

Lo que no cabe duda es que su estancia en Arles fue intensa y polémica, pero prolífica y creativa.

Los especialistas, en su afán clasificatorio, ya catalogan el nuevo cuadro como exponente del período de transición entre aquellas primeras obras de estilo sombrío y tono lúgubre, y un segundo momento lleno de colores vivos.

La paleta oscura del maestro holandés cambió bajo la influencia de impresionistas como Pisarro, Monet y Gaugin, hasta llegar a la explosión de los amarillos y los brochazos apasionados.

Pero algunos se empeñan en atribuir la genialidad de su pincel a la locura de sus últimos años.

Van Gogh pasó por varios sanatorios mentales y recibió numerosos diagnósticos: manía aguda, demencia, psicopatía, epilepsia, encefalitis e, incluso, tumor cerebral.

No faltan teorías que achacan su particular uso de la luz, el color y plasmación de las formas a enfermedades oculares como glaucoma, distrofia corneal y catarata nuclear.

Además, se sospecha que el holandés sufría anisocordia, o sea, un desigual tamaño en sus pupilas.

La intoxicación con sustancias utilizadas en enfermedades mentales pudo a su vez podía ocasionar manchas oscuras y opacas en la visión, así como halos de luces concéntricas semejantes a las que dibujó en su cuadro La noche estrellada.

De cualquier forma, quien resulta hoy uno de los artistas mejores cotizados en el mundo, durante toda su vida solo vendió un cuadro, El viñedo rojo, en apenas 400 francos.

Aunque creó unas 900 pinturas y más de mil dibujos, jamás supo de éxitos y reconocimientos: su obra alcanzó notoriedad muchos años después de su trágico suicidio a los 37 años.

Solo Theo estaba convencido de la grandeza de su hermano, por eso guardó celosamente entre tantas otras, Atardecer en Montmajour, la cual formaba parte de su colección en 1890 y fue vendida en 1901, según indican investigaciones recientes.

Theo lo consideraba "un pintor del futuro" pues a su juicio, la obra de Van Gogh sería apreciada en su justa medida únicamente con el paso del tiempo. Y no se equivocó.

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