miércoles, 30 de octubre de 2013

Amigo asiduo

Andrés Eloy Hernández (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Saber fértil, infértil.

La polinización significa el estadio de vida en expansión. Cósmico porque en él se genesifican las estructuras, formas y capacidades constructoras. Pero fueron logicidad de dimensiones y diversidad que al poseer la gramática de la abarcación, es garantía de dominio de los puntos, direcciones y orientaciones para la laboriosidad, creatividad y riqueza de vida. Ningún poder emerge del caos, de transgresiones del equilibro con la naturaleza.

Tal vez, el saber arquitectónico no es hoy otra cosa que ruptura con la naturaleza, en tanto lo urbano es sustitución y aplastamiento de la vida bajo la premisa del alojamiento, el confort y la mejor utilización de los medios que maneja.

En educación, principios y premisas marcan una lucha que desproporciona los saberes hacia magnitudes y ensanches en dirección al vértigo de la posesión de sus medios. En especial los tecnológicos, en procura de recursos ilimitados hacia cada campo y especialización, sin las consideraciones de regeneración del propio planeta, en cuanto proyección espacial y recuperación de medios para el sostenimiento de la propia vida.

No es casual que la sabiduría esté asociada a la fertilidad, aun a lo sagrado en las antiguas civilizaciones. La observancia del simbolismo que representan en las antiguas culturas, la araña, el escarabajo, el gusano, la hormiga, el caracol, etc., nos informan de mitologías, leyendas y expresiones orales milenarias, en relación con cada uno de los elementos, aun muchos más, inclusive acuáticos, donde el dolor y la alegría, diligencia, lealtad y aun de buena suerte, expresionan una hermandad no menor en acción colaborativa con el éxito de las estaciones y cosechas. La hormiga es quizás el más diminuto y universal de los símbolos de un trabajo individual y colectivo hacia el asociacionismo con la previsión natural.

No afirmamos desvanecimiento en la esperanza humana. Hablamos, sí, de un saber que al ser mutado en direcciones opuestas a la naturaleza y al hombre mismo, anulación y muerte voluntaria de la especie, por las tremendas tensiones ejercidas sobre el globo y sus elementos vitales, están en conducción ilimitada e inexorable hacia crisis de agua, oxígeno, hacia una extinción observada bajo los auspicios de una celebración de ritual y mito en un consumismo donde todo es obnubilación bajo estrellas de oro.

El saber es así convertido en danza mágica y ceremonial de desaparición en espirales de ruptura de espacio y tiempo, de degeneración cognitiva en los falsos augurios de crecimientos económicos y devorada en danza en llamas extintoras de la vida, del más extraordinario proyecto de la creación.

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