miércoles, 2 de octubre de 2013

Chita

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La selva de Tarzán era un lugar muy ameno y delicioso. Estaba situada en Edetania, región antigua de la España Tarraconense cuyas ciudades principales eran las llamadas hoy Zaragoza, Liria, Segorbe y Valencia.

Tarzán criaba, enseñaba, adoctrinaba a los monos. Desarrollaba o perfeccionaba las facultades intelectuales y morales de todos los animales pequeños, articulados, de respiración traqueal, con el cuerpo dividido en cabeza, tórax y abdomen; en especial el Tecol, cierto gusano del maguey, heniquén, pita; y la “Glossina Palpalis”, mosca Tse-Tse, antes y después de la succión.

Un día que saltaba de árbol en árbol, de rama en rama, dobló una rama sobre sí mismo, que se rompió, cayendo como una soga de esparto sobre la mona Chita, la primera hembra o mujer progenitora de todo el linaje humano. Conocida como “la Eduvugis”, cuyo nombre lo han llevado muchas soberanas y hasta santas, quien con la boca abierta le miraba, viéndole venir y, por instinto, sin sujeción a preceptos, leyes o imposiciones dictadas por agentes externos, se abrió de piernas esperando el orujo de la uva para sacar el aguapié, Tarzán penetrando.

Tarzán, sin querer queriéndolo, embudó a la mona Chita, poniendo el embudo en la boca de la vasija, haciendo entrar la caza en paraje cercado.

El Leviatán cocodrilo les identificó como dos animales practicando sexo.

Feliz, la mona Chita cantaba con donaire o jocosidad urbana e inofensiva:

“Morcilla, salchicha, salchichón
Butifarra, longaniza, pollón.
Tarzán. Me has atragantado.”

A lo que Tarzán respondió:

-Más vale antes que después, Chita. No vaya a ser que venga un Tonto de Capirote y nos joda a los dos.

Prosiguiendo:

-Escucha a Quevedo en la décima Al Mosquito Del Vino, mona:

Mota borracha, golosa
De sorbos ave luquete
Mosco irlandés del sorbete
Y del vino mariposa
De cuba rana vinosa
Liendre del tufo más fino
Y de la miel del tocino
Abeja, zupia mosquito
Lo que me bebes de vino.

De esta efémera, fiebre que dura un día natural y desaparece por algún fenómeno crítico espontáneo, nació Jane, quien a los cuatro vientos, y nada más nacer, abriendo los labios de la Vulva, gritó como un libro o comentario en que se refieren los hechos de cada día, anunciando: “la mona Chita es la primera hembra o mujer progenitora de todo el linaje humano; que Eva no fue más que un lirio hediondo”.

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