jueves, 10 de octubre de 2013

Crítica literaria: “El traductor”, de Salvador Benesdra

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Salvador Benesdra
El traductor
Prólogo de Elvio E.Gandolfo
Editora - Eterna Cadencia

Una narración que quema hasta provocar sonoras inquietudes propias en un escritor maldito y provocador. Lectura propia para lectores que buscan algo más que distraerse con la lectura.

El autor Salvador Brenesda (1952-1996) chileno, personaje atípico propio de estos escritores a los que se les denominan malditos y cuyo número de lectores no se caracteriza por su abundancia, eso si, trajín de gota continua a modo de rayo que no cesa, (boca a boca) transmitiendo el reflejo de los valores que contiene esta novela de El traductor con sus 670 páginas, Una obra que desde 1998 hasta las fechas que corren ha podido vender unos 5000 ejemplares, pero que pausadamente va tomando la altura que le corresponde. Dando fe de vida de este argentino de origen judío sefardí, naturaleza reflejada el su personalidad y contenido literario con manifiesta claridad. Cuenta en el prólogo a la novela Elvio E. Gandolfo como siendo miembro del jurado del Premio Planeta de Argentina, preseleccionó la obra de Benesdra por considerar que “este tipo escribe” Mas sucede que una novela de envolvente contenido tiene pocas posibilidades de ganar un premio comercial “Ya que la literatura a secas es algo que provoca pavor en algunos ámbitos. En especial en el de los premios más o menos grandes” Por lo que esta obra que no pudo tener fortuna comercial. Todo porque en este podrido mundo quienes se niegan a ser cómplice de los poderes establecidos y comer en sus pesebres, tiene que pagar el doloroso coste de ser maldito y raro. Que en estos putos espacios que vivimos resulta tan peligroso como gritar “Viva Trotsky” en los tiempos del padrecito Stalin a las puertas del Kremlin.

El absorbente protagonista de tan larga historia se llama Ricardo Zevi y se gana la vida como traductor en la editorial de izquierda Turba que allá por los años 90 se permitía tener un traductor que desde muy joven ya era un activista con fuertes influencian trotskistas, pero que en la alborotada década de los noventa, ya la caída del Muro de Berlín, se desplomaba para dar paso al desencanto y un proceso de conversión mafioso de amplia gama y arrollador cambio social. Fuente que nutre la narración hasta la desmesura con la unión de dos personajes tan diferentes. Al protagonista Ricardo Zevi que ya lo tenemos se une ella, de nombre Romina y belleza conmovedora, anorgásmica, diez años más joven y adventista, que una tarde en un bar, mientras recorre las mesas repartiendo la palabra del Señor tropieza con Ricardo Zevi. Así dos seres tan antagónicos se funden en pareja apasionada hasta lo inverosímil, Precipicio de locura y sexualidad forman el centro de la historia, todo un desafío, donde no faltan los celos y los últimos destellos revolucionarios. Humillados personajes propios de un Roberto Arlt cuya influencia no oculta el autor en esta historia que resulta ser en lo interno su propia y desbordante personalidad existencial con los cuarenta años cumplidos. Todo en un Buenos Aires donde se debate, desespera hasta la demencia, entre la pasión sentimental y la lucha sindical en la empresa y las contradicciones de un mundo que deshuesa sus viejas formas y esperanzas revolucionarias. Ideología, literatura y pasión amorosa.

"Las condiciones estaban claras. Yo tenía que encontrar la felicidad bajo esas coordenadas: casi casado con una puta frígida, sin más trabajo que un puesto ocioso en una empresa que estaba a punto de estallar por sus conflictos laborales pendientes, y sin la menor idea de lo que podría hacer de mi vida cuando pasara ese caos al que sólo soportaba pensar como transitorio" Esta puede ser la síntesis de la vida real y literaria del personaje, realismo y ficción, para quien la literatura y la revolución fue Ricardo Zevi -nombre tomado de La historia de los judíos de Paul Jhonson-, este autodidacta políglota que dominaba seis lenguas, periodista especializado en política internacional y economía, cuya desbordante cultura no le impedía volcarse sobre el mundo sindical como base de toda acción.

Cansado pero sin darse por vencido, Salvador Benesdra intenta por distintos medios publicar por su cuenta la obra escrita con reflexión y apasionamiento con sus propios medios había sido ganadora, decide alejarse de Buenos Aires, respirar otros aires cerca del mar, unos dicen que para modelar más la novela, otros que para escribir una nueva, Pasado un tiempo y con alto estado depresivo regresa a Buenos Aires, porque presentía que su desequilibrio le creaba inquieto malestar. Tenía miedo de sí mismo. Unos días después, el 2 de enero, optó por quitarse la vida saltando por un balcón desde un décimo piso. Intelectual polémico, analista brillante de la política nacional e internacional por su amplia visión del mundo y la historia. El traductor merece ser leída con calma, sin prisas, para degustar de su alto y provocador contenido.

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