miércoles, 30 de octubre de 2013

El caño de la discordia

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lomo de ternera al merlot y papines dorados, es la carta de este encuentro.

El master sobre asaltos diversos, en la vía pública, a medios de transporte y algunos intentos de llevarlos a las casas particulares de quienes iban a ejemplificar, suponía una clara letanía y perdón por la cacofonía, cuyo incierto desarrollo me hacía sospechar una necesidad adicional de paciencia. Entendía que nada nuevo iban a aportarme los expositores, y a esa altura de un noviembre casi tórrido, mi reticencia, me parecía atendible aunque a nadie le explicara esta disquisición.



Me parecía, en principio, una tarea insalubre que me encomendara Yon porque, según él, los resultados los iba a portar al país vasco, donde tendría lugar un juicio popular a la ETA, algo que los propios vascos parece, todavía, no pueden reunir coincidencias; nunca termino de entender porque me enredo en esas cosas, y hacer de oidor, no era algo que me sedujera en particular. Mi enumeración para legitimar la renuencia, me parecía excesiva y suficiente, por eso esperaba a Yon, porque Eibar, su apellido, sólo garantizaba la marca de una escopeta y no me amilanaba pese a todo.

La tormenta nocturna en Alejandro Korn, era mi debut en esa clase de fenómenos naturales, en este nuevo sitio de mi peregrinaje vivencial, en finales del 2011 y, sobre todo, de la majestad de ese poder misterioso que ofrece el tiempo, en una infinita variedad casi como el tres de Rachmaninoff que hace retroceder a los pianistas, esa cervalidad que produce el miedo, al no saberse de donde viene, unido a la apabullante presencia, de rayos cruzando la noche, me habían construido una teatralidad casi convincente; como saldo, varias hojas de palmera, con sus agujas temibles parecían despojos arrasados después del viento. El pasto, días antes cortado, se movía ostentando la perla del agua que regocijaba el futuro.

- Postergá todo, nos vamos a Chanquette, para comer, paso a buscarte porque tengo un documento que necesito veas, publicar jamás, menos estas cosas, pero esperame para explicarte - , fue su escueto comentario. Yo me mantuve en silencio, seguro de la dosis superlativa de ese material, el silencio, que dispongo con prodigalidad. Como no sabía de donde me llamaba decidí hacer morosamente las cosas diarias de mantenimiento, vigilado por el trío canino que no me da tregua. En esa árida tarea estaba alternando con la imagen de la mujer dorada que salía de escena, por este repentino compromiso, que me avergoncé frente al espejo porque todavía me tolera. Finalmente me quedé prendado de la idea, poco feliz, de que el vasco Yon Eibar estaba nervioso y eso no ocurre a menudo por lo que decidí esperar.

El puentecito de varas de madera a la entrada de mi casa en Alejandro Korn, se quejó en tono grave, cuando el Alfa gris y reluciente se posó sobre él, crujían las ansiedades, pensé. El vasco con su elegancia fuera de control, me hizo señales de apurar el trámite de la limpieza razón por la que lo dejé que se arregle solo para estacionar provisoriamente bajo las palmeras. Sus anteojos para sol, blindaban accesos y su suave lavanda, inundó el predio haciendo estornudar a Olivia, que él bien sabe es mi debilidad, sin restar afecto a Román y a Enriqueta, que suelen ser concierto, sobre todo al momento de marcharnos, algo que ellos no soportan, protagonismo puro el de este trío. Mi curiosidad rondaba el menos diez, pero el apetito era más cien.

Anduvimos un rato largo, porque Chanquette, no resulta cerca de nada y menos de Alejandro Korn, así que me dispuse a amodorrarme como me gusta, algo que el vasco no acepta, para mostrarme dos sobres necesarios de revisar, por mí, aunque la buena voluntad andaba por otros sitios. El sol no daba tregua cuando escuché – el buen vino es el que se comparte, según Dios, pero para mí que exagera, reservé, redundando, las reservas de Cruel que resulten necesarias, mientras te explico, plato mediante, porque estos motivos me preocupan - , sintetizó el vasco quien en realidad más parece un paréntesis que camina, como suma de recelos.

Chanquette está en la loma de una esmeralda verde de césped que deslumbra, después el paisaje es amarillo vivo, entornando una extracción tunecina donde los colores se disuelven en una misma superficie, claro que el único que le daba bola a la observación era yo, pero los vegetales de un verde furibundo, amartelados con pollo y champignoness, navegando salsa guacamole, enviaba mensajes de texto a la selección de Crueles, porque de mirar estaba sediento. La madera oscura recuperaba levedad para la espartana decoración que gráciles azafatas hacían más amable eso de detener y mutar el tiempo. Tomamos asiento mientras un buen jerez, helado, se mecía en una mesa apartada para el vasco, algo que no alcanzo a comprender, todavía. Yo bebí con el mal disimulado apuro que confunde a propios y extraños, pero mi sed suele ser incontrolable. Luego de las cortesías para la gente, Yon me extendió los sobres marrones, como siempre, honrados por las banderitas de los 50 estados más uno, en silencio y escueto – después te explico – no tuve más remedio que abrirlos y leer.

“(“Foto de la "inundación") resultante de la rotura del caño de agua corriente de fundición de 300 m.m. de diámetro ocurrida en la Av. Libertador, de Buenos Aires, Argentina, hace poco tiempo..

“Este caño es similar al que había en la calle Arroyo y que pasaba por la vereda de la embajada de Israel en 1992 y debería haber causado similar "inundación" algo que no ocurrió, si la explosión que destruyó la sede diplomática el martes (17/3) de ese año, hubiera ocurrido realmente en el hoyo del supuesto cráter, aparecido días después de la voladura, en la calle y parte de la vereda, como quedó probado por los ingenieros peritos designación de la Academia Nacional de Ingeniería en la Audiencia Especial de Compatibilización de pericias del 14/5/1997”, resulta sano, no aclarar porque oscurece..

“Un "pequeño detalle": las ocho horas de debates de la Audiencia Especial, por resultar adversas a la "versión oficial", impuesta por los gobiernos de Israel y EE.UU., fueron convertidas en resguardado secreto y sus conclusiones soslayadas por la investigación que le siguió, para culminar, en 1999, con un "fallo", basado en pocas pistas falsas plantadas, testigos truchos y contundente prueba que indicaba lo contrario”.

Esa reivindicación trucha reza:

1. Que el atentado fue cometido por ¡un conductor suicida "argentino"! ("converso" él), lo cual además de falso, es simplemente ridículo y demuestra que el que la truchó nos conoce muy poco a los argentinos. La Corte Suprema buscó y rebuscó por años un "desaparecido" que pudiera ser ese "suicida" y obviamente no lo pudo encontrar.

2. Que el "motivo del atentado" habría sido vengar el asesinato del jefe de Hezbollah entonces, jeque Abbas Mousawi y su familia, perpetrado por un helicóptero artillado del ejército de Israel el 17/2/1992 mientras estos se desplazaban en automóvil.

Pero he ahí que el 24/2/1992, cuando a los Mousawi los estaban velando todavía en Beirut, en la lejana Buenos Aires ya se iniciaba el "atentado", ya que ese día un presunto brasilero con un documento falso compró la pick-up Ford que se usaría como falso coche-bomba.

La decisión de realizar esa alegada venganza en Buenos Aires, les habría insumido varias semanas, si tenemos en cuenta que deberían haber consultado con Irán primero y luego de ésta varias más, para preparar un "atentado" de esa envergadura en un lugar lejano para ellos en todo sentido.

Por lo tanto claramente el asesinato de Moussawi y familia no tuvo nada que ver con el "atentado" a la Embajada, porque fue un hecho muy posterior a la decisión de llevarlo a cabo”.

El cráter

“El tema del cráter fabricado lo desarrolló el ingeniero perito Puppo en la Audiencia Especial del 14/5/97.

A pesar de que luego de ésta las actas fueron convertidas en totalmente secretas, de filtraciones posteriores tenemos que éste argumentó lo siguiente:

Realmente, en el análisis de las fotografías tomadas desde el momento de la explosión hasta el anochecer del mismo día, el 17 de mano de 1992, en todas las fotografías que hemos considerado, que son muchas, yo diría que más de 1.000, no hemos encontrado la presencia del cráter” (folio 68)!

“Yo he mostrado acá dos fotografías donde aparece una grúa que entró en el lugar al anochecer de ese primer día. Allí vemos que en la posición que da para el cráter el informe de Gendarmería Nacional tenemos ubicada una grúa, con un peso de muchas toneladas, sobre un pavimento que está totalmente liso...” (folio 68).

Además, tenemos otra cosa más. Nosotros hemos pedido un informe a Aguas Argentinas, mejor dicho: lo pidió la Corte por solicitud nuestra. Y nos han informado que con 80 centímetros de tapada y 80 centímetros hacia afuera de la línea municipal, la tapada es del plano de la vereda hacia abajo, tenemos ubicado un caño de un material frágil, de hierro fundido. Entonces, de acuerdo con la posición del cráter, no es admisible que ese caño no se haya destruido completamente en el momento de la explosión...” (folio 68)

Además, el perito de la Gendarmería dice que la carga explosiva estaba guiada en una dirección, apuntando hacía el frente de la ¡Embajada. Sin embargo, el cráter es al revés. El cráter que aparece allí es uno que tiene el diámetro mayor de la elipse en la dirección longitudinal de la calle Arroyo. Eso es otra cosa que llama la atención. (folio 69)!

También tenemos, con respecto a esto del cráter, otra cosa que es sugestiva. Quisiera hacer un comentario particular sobre una apreciación del señor perito de la Gendarmería, que dice que no se puede hacer un cráter si no es con una explosión. La ciudad de Buenos Aires está llena de cráteres y no hay explosiones todos los días. Entonces, eso desvirtúa totalmente esa hipótesis. Con un pico es perfectamente posible hacer un cráter en unos minutos... Por otra parte, esto está avalado por la muy baja resistencia que tiene el hormigón en esa zona, de acuerdo con los mismos ensayos que presentaron. (folio 69)

Estos son los elementos que nosotros encontramos para pensar que en los primeros momentos, es decir esa tarde, el "cráter" no estaba allí. (folio 69)”.

Crónica de una mentira

“La falacia "cráter" fue corroborada también por las crónicas periodísticas de la época, ya que en la misma madrugada del miércoles 18M el Ministro de Interior Manzano le había anunciado a los periodistas que estaban en la Casa de Gobierno: "que había aparecido el cráter de la explosión en la calle frente a la puerta de la embajada".

Ese mismo día miércoles cientos de periodistas salieron a buscar ese "cráter anunciado", sin poderlo encontrar por ningún lado. El sábado 21/3 La Nación publicó un pequeño art.: "¿Cráter?" en donde decía que éste no aparecía por ningún lado y el domingo 22 otro: "Muchas dudas y pocas certezas en la pesquisa", en donde, entre otras cosas dice: "...que ninguno de los periodistas del diario destacados en el lugar, unos 12, habían podido hallar el cráter anunciado...".

Obviamente los miembros de la Corte Suprema dieron por verdadero el tal falso "cráter" en su "fallo" y a las actas de la Audiencia Especial las hicieron "desaparecer".”

Me quedé pensando y reclamando al sedimento de neurona que me queda operativo, un esfuerzo adicional sugestivo. No obstante de ese documento, bastante más extenso, recogió –con perdón de la palabra -, que la firma al pie del informe no era una casualidad, pero no se debe averiguar lo que no quieren contarte y el abuelo Miguel decía, el mejor secreto es el que no se cuenta. Lo miré al vasco quien entrecerró los ojos, cautamente, bebió un sorbo de otro Cruel, tipo Merlot, y le dije - ¿esto es de José?, Yon dejó deslizar pestañas y no respondió. Quedé sumido en cierta reflexión inconclusa, pero si encontré más razones, para fundar el asco que produce la realidad porque el murmullo de la tarde me decía, estás en los cierto Chapu, estás en lo cierto, apuré el penúltimo sorbo, para pensar en la mujer dorada, pero esa ya es otra historia, casi sin histeria.

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