miércoles, 2 de octubre de 2013

El Sol y La Luna

Paula Orellana (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El: Conmigo los mortales se desviven, caminan, corren, hablan, ¡aman!
Curioso que vengan de ti para cumplir sus sueños conmigo.
Contigo no lo pueden hacer. ¿No te da pena? ¡¿No te dan ganas?!
Conmigo sienten el calor, la energía, ¡las ganas!
Me da pena contigo, pero no lo puedo evitar; así he sido siempre.



Ella: ¿Curioso? Curioso es que conmigo descansen de todo lo que hacen contigo.
¿Qué tanto los cansas? ¿Qué tanto los quemas?
Pero si no logras cansarlos, yo soy testigo de cómo se aman, de como se sienten.
Yo escucho cómo lloran, yo escucho cómo rezan, yo... si yo, escucho sus penas.
Conmigo nacen sus sueños... los crean. Yo soy el principio de todo eso que crees que envidio.
¿Qué no te da pena? ¡¿No te dan ganas?!

El: Mi grandeza no es digna de copiar y tu ¡no digna de insultar!
Tu luz es mi espejo aún estando tan lejos.
El tamaño. JA. Del tamaño no digamos, para comparar no estamos.

Ella: No me comparo. Tu en la soledad de lo celeste y yo acompañada de las estrellas.
Soy el monumento al amor. Tengo el nombre de mil y un mujeres y testigo de tantas serenatas.

A mi me ven directo. Eso a ti... ¿No te dan ganas?

Eso, eso si dan ganas.
No te culpo... ya naciste así. Pero no me culpes, que no nací por ti.

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