jueves, 17 de octubre de 2013

Nuestro rey Chindasvinto

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Chindasvinto al volver a la Ínsula Barataria, famosa debido a Sancho Panza y don Quijote, hizo elogios del Asno. El vino por el Mare Nostrum en Chinchorro, pequeña embarcación de remos, tocándose su chinesco o instrumento genital a modo de sonajero o chirimbolo en el juego de amar o recapacitar como hacen los cardenales en cónclave o los políticos en la chinchorrería, asamblea de impertinencias, chismes, cuentos, patrañas y burlas al pueblo, que se han hecho cuerpo de la Política, donde chispas salen del pedernal al ser herido por el eslabón, y del hierro ardiente al ser batido.

El chocolatero, viento norte no muy fuerte, empujó la embarcación a una chorrera o paraje por donde chorrea un río; llegando a un aposento de camino, y dando a su azor la levadura o choca, dejándole pasar la noche con la perdiz que voló; mientras él dormitó con la manceba del cura de la parroquia, dejando sobre una mesilla de noche el cuento que siempre no leía “Pinocho" (en italiano "Pinocchio") marioneta de madera protagonista del libro "Las aventuras de Pinocho", escrito por Carlo Collodi y publicado en Italia, abierto en una página con número borrado, y un pequeño escrito en papel mojado que decía: “El Asno es capaz de Educación”



Los cielos hacían el papel de Asno. Sin Asnos no hubiera sido rey, lo sabía. Hijo, como era, de india y zambo, al igual que Chintila, hijo de mulato y negra, se sentía orgulloso de su verga, más o menos bendita. Acariciando unas rodajas de papel untadas en sebo, soñó en la Zahurda, donde se recogen de noche los puercos, mientras unas partículas de esperma en sus ojos le ofuscaban la vista, chillando como ciertas aves no cantoras, saliéndole chisguete o saliva que al hablar o al amar sale de la boca.

Traía, bajo el sobaco, un programa variopinto, que espantaba a las chovas y cornejas, a los chupalámparas, monacillo o sacristanes, para hacer cumplir al pueblo más que bobón: la carne a comer sería la del Asno; el cerdo elogiado; el congreso salvado por los Asnos; las Burras de Balam, de Borak, de Dios, traerían hijos hasta por las orejas, siendo prohibido el aborto y el chubasquero del pito; las fiestas asnífluas serán muchas y famosas; el toro de Osborne montará a las Jumentas de Mallorca, León, Zamora, etcétera, en operación garañónica; será de Focio, el patriarca, la gramática y la religión, que trata de un Asno aficionado a milagros; la Libertad será recitada con flautas de huesos de Asnos; los chupópteros que viven del erario público serán encumbrados; los curas que embaucan por medio de los ardides de las chucherías serán condecorados en el ano.

Cuando despertó de su sueño, en el que se vio metido en un chival, hato de chivos, se sintió como un chispero u hombre apicarado del pueblo bajo de Madrid, sujeto encargado de un chucho del ferrocarril y, quitándose las legañas a dos manos de los ojos, se dijo, parafraseando a Hamlet, príncipe de Dinamarca en la tragedia de William Shakespeare: “aquí huele a chotuno. Hay cierto tufo como el del ganado cabrío”. Y vio, por una especie de tronera, a su Pueblo que chulea y que dormita en higuera chumba. Y vio a los políticos en sus discursos chupinos, en el chupadero de la carrera de san Chumbo, andando en paños calientes, como un papa amargo.

Antes de tomar su cafecito y un tirabuzón de bollo, bebió un vino “sangre de toro” relamiéndose churrupeando, y sintiéndose héroe y guerrero, comenzó a Rebuznar, pues su única fe dependía del Asno, escribiendo en un trozo de papel seco: “69 es el parentesco del hombre con el Asno”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.