jueves, 14 de noviembre de 2013

Arriba del ring, ¡no es fácil!

Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Magda Resik



Suena el despertador. Lo habitual. El primer round del día. Ganchos, uper-cuts, directos al mentón. Mi reloj despertador es grande y negro. Yo me imagino que le estoy dando duro a Teófilo Stevenson o a Cassius...perdón Mohamed Ali. Un día lo voy a noquear a ese negro engreído, me digo.

Hoy sí, hoy es el día. “Amgonameikadiferens”, pienso en Inglés.

Hoy estoy para escribir el mejor reportaje, el cinturón negro de los reportajes. Cojones,...el Pulitzer.

Tiro un poco de aceite en la sartén, con maestría de Ph.D. en Huevos Fritos por la Universidad de Yale. Preparo el café como el colombiano Juan Valdez, el del burrito. Me siento un caballo, pero pienso, soy argentino, entonces rectifico, me siento un cabayo. Es más, lo soy.

Abro las ventanas, entra ese sol abrazador de Cuba y tres metros cúbicos de petróleo convertidos en una nube de humo negro y pringoso, gracias a la combustión del precioso combustible por esos inyectores soviéticos, de ese camión soviético. Segundo round y le sigo dando duro.

En mi balcón, inhalo profundo, mirando desconfiado a derecha e izquierda, por si llegaran a venir otros tres metros cúbicos de petroleo. Comenzó el día, no hay duda, me digo, luego de escuchar a decenas de frustrados Arturos Sandoval, Gatos Barbieri, y Ornettes Coleman, tomando las calles como escenarios para ejecutar sus cláxones.

Esto es Cuba, me recuerdo, y termino el tercer round victorioso.

Necesito unos datos para mi reportaje. Tengo que llamar a un organismo oficial. El organismo es una especie híbrida de sindicato y asociación. Reflexiono sobre esto sin el menor ánimo peyorativo, muchas veces las hibridaciones dan como resultado productos mejorados, me digo a mí mismo.

Tengo que enviarle un mensaje por vía electrónica a uno de los directivos de la institución.

Busco el organismo en la guía telefónica. Lo encuentro. Cuarto round, sin discusión, a mi favor.

Diferentes dependencias. Una de ellas dice, Pizarra.

Marco. Suenan unos rings desafinados y desacompasados.

-¡¿Dígame?!

-Buenos días compañera, la llamaba para saber la dirección electrónica del organismo.

-¿¿¿¿Eheee????

-Le decía, que la llamo para saber el correo electrónico de la institución, pues deseo enviar un mensaje por vía electrónica a uno de sus directivos.

-¡¡¡Ahaaaa!!! Oiga, mire, yo no se nada de eso. Espere un momento que le averiguo.

La “compañera” apoyó el tubo con fastidio sobre un escritorio de “antes de Nuestra Era”, es más, con polvillo del Machadato. El Carbono 14 no miente. La compañera se levantó de su asiento, el bureau cimbró, la compañera impuso su anatomía, hubo un atasco entre los que entraban y los que salían. Algún solidario empellón, un elegante codazo, un muy culto empujón, un revolucionario roce. Los entre-dientes “cabaiero” y “alabao” afloraron de la rica variante del Castellano de la Mayor de las Antillas.

La “compañera” comenzó a preguntar por Yuli. Sus compañeras le hicieron gestos de absoluto desconocimiento. Se quedaron sentadas en sus asientos, firmes y consecuentes en sus puestos de trabajo, que es nada menos que el de la mesa de entradas, la pizarra. Las compañeras de la “compañera” se comentaban que el nietito no se sabe si dijo primero mamá o papá o papa o boniato, por que es muy comilón, y la otra le replicó que el papel de baño está malísimo, “pero peor sigue estando el Granma”, una tercera terminado el tema del boniato del nietito –de la papa ni mencionarla, se la da por una solanácea extinguida, después de la caída del bloque soviético– , argumentó que el aguacate está a 8 pesos por unidad y que “nos alcanza para dos docenas de aguacates al mes”, otra descomprimió: “el derrí a fulanita le queda espantoso”, pero otra volvió a la carga con la vida y milagro de la mujer del sub-director.

Pasaban los minutos, tal vez cinco, tal vez diez. Todos sabemos que cuando uno está en esa situación, el tiempo pareciera sufrir un ataque de holgazanería.

-¡¿Siiiii?! ¿Qué desea?

-El correo electrónico.

-¿Qué correo electrónico? ¿De qué me habla?

-¿No se acuerda que le pedí hace unos momentos el correo electrónico de la institución, pues necesito enviarle un mensaje vía electrónica a uno de los directivos del organismo?

Quinto round, sigo ahí, optimista.

-¡¡¡Usted a mi no me pidió nada... SEÑOOORRRRRR!!!!

Aunque me había percatado, que esta empleada no era la misma que me atendió en la primera oportunidad, quise entrar en el jueguito de la confusión y el mal entendido.

No encontraba motivo en mi lógica cartesiana, del porqué alguien que ve en una oficina el teléfono descolgado, en obvia situación de estar ocupado, lo coge sin más ni más, para meterse en un tema que no le incumbe.

-Mire, disculpe, me pareció que usted era la misma persona que me atendió cuando levantaron el teléfono por primera vez.

Mentí descaradamente.

-¡¡¡Ahaaaa!!! Satisfecha con mi disculpa. ¡¿Si, dígame?!

-Como le decía, quiero saber el correo electrónico de la institución. Es ese el motivo por el cual estoy llamando.

-Eheeemmmm... Espere un momento.

Apoya el tubo sobre el escritorio. Unas nubecitas de billones de partículas se arremolinan frenéticamente alrededor del parlante y del auricular, como infinitesimales huracanes.
Conciliábulo de las dos. Las voces se cuelan por el tubo.

-Hay un pezao ahí que quiere saber el correo eléctrico.

-Electrónico Carmita, electrónico.

-Eléctrico o electrónico o lo que pinga sea. Pero a quien coño se lo pregunto, Yuli. El correo ese, es el que tiene la “a” esa con la colita para atrás.... ¿nooooo?

-Si. ¿Dónde está Lázaro?

-En la merienda, no se lo puede molestar.

-¿Y el Presidente...?

-Está en una reunión de trabajo con unos chinos o japoneses.

-¡¿Aún está con los vietnamitas?! Y ¡El vice está en comisión!

-¡Ah no sé! ¡Yo no sé nada!

-No te estoy preguntando nada. Te estoy diciendo que está en comisión, Carmita.

-¡¿Si le decimos que eso no funciona?!

-No, mejor le decimos que llame en 15 minutos, para cuando Lázaro haya terminado su merienda.

-¡¿Si, señor?! Mire, llame en unos 15 minutos, que el compañero que lo sabe, se lo va a resolver.

-Bueno, muchísimas gracias, en 15 minutos vuelvo a llamar.

Sexto round y ahí, ya tú sabes, dando lucha.

Marco. Llama. Levanta el tubo la primera voz.

-¡¿Dígame?!

-¿Carmita?

-¡¡¡¿¿¿Siiii!!!???

-¿No se acuerda de mi? El del correo electrónico.

-Ahaaa...sííí.....sííí. ¡¿Entonces ...ya resolvió?!

-No, no se acuerda que me dijo......

-Eheee... ¿cómo sabe mi nombre?

-¿No se acuerda que usted me lo dijo?

-¿¿¿Siiii???

-Y no se acuerda que usted me dijo que llamara en 15 minutos, que Lázaro, después de su merienda me resolvía. ¿Se acuerda?

Ahaaa, sí, sí, yo ya hablé con Lazarito. Espere un momento que lo voy a buscar.

-¡¿Dígame?!

Segunda voz femenina.

-¿Yuli?

-¡¡¡¿¿¿Siiii!!!??? ¿Quién habla?

-El del correo electrónico.

-Ahaaa sí... ¿cómo le va?... ¿resolvió?

Bueno, no, pero no se haga problema que ya me atendió Carmita. Gracias por preguntarme cómo me va. Ahí vio, peleándola. A veces la vida es un ring.

-Ahaa...bueeeeno, y... ¿cómo supo mi nombre?

-¿No se acuerda que usted me lo dijo?

-¿¿¿Siiiiiii???

-A no ser que usted crea que soy un adivino. ¿Es el diminutivo de qué nombre?

-¿Qué?

-Yuli es el diminutivo ¿de qué nombre?

-De Yolanda, pero a mi Yolanda no me gusta, es nombre de vieja. Bueno, lo dejo porque tengo que coger mi merienda. No cuelgue...¡eheee!

-No se preocupe, que no voy a colgar.

-¡¿Dígame?!

Voz masculina.

-¡¿Usted es Lázaro?!

-¡Sí, dígame!

-¡¡¡¿¿¿Usted habló con Carmita???!!! Supongo que ella le contó todo.

-Sí, me acaba de decir algo de un correo electrónico.

-Ah que bueno, mire, yo soy la persona que necesita el correo electrónico de la institución.

-Ah si, pero mire, yo sé que es....la sigla de la institución....luego...la a comercial...pero el resto, eso sí que no lo sé. Pero espere, espere, yo conozco una persona que seguro lo sabe.
Dejó el teléfono sobre el escritorio. Pasaron los minutos.

-¡¿Si?! ¡¡¡¿¿¿Señor???!!! La voz de Lázaro.

-¡Sí, aquí estoy!

-Mire, la compañera está cogiendo su merienda, llame en 15 minutos. Séptimo round y estoy entre las cuerdas.

-¿Es Yuli?

Pregunté, cruzando los dedos y pidiéndole al Olimpo (completico) Yoruba que Lázaro me diera un no rotundo.

-¡¡¡Sí!!! ¡¡¡¿¿¿Ahaa???!!! ¡¡¡Pero ustedes ya se conocen!!! Hubiera empezado por ahí ¡¡¡cabaaaieeeeroooo!!! ¿Usted no se da cuenta el tiempo que me ha hecho perder? ¿Como van a andar bien las instituciones si la gente no sabe lo que quiere? Nosotros no somos magos, ni tenemos la bola de cristal, ¡¡¡cabaaieeroo!!!

Y me colgó el teléfono.

Primeros 10 segundos del octavo round y knock-out.

Era cerca del mediodía. Cerré las ventanas del escritorio. El cuarto se oscureció de repente. Apagué la computadora y la desconecté, por si alguna descarga eléctrica, esas cosas imprevisibles de la naturaleza.

El cielo estaba cubierto de densos nubarrones de un gris oscuro.

Volví a la cama, total, me dije, el día está perdido. Mañana me vuelvo a subir al ring y ahí sí, mañana sí. Cogí el despertador y le ajusté la alarma para las 7.

Mañana, negro, te aplico un uno-dos, y me quedé dormido, como si me hubieran noqueado.

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