jueves, 7 de noviembre de 2013

Ayer San Juan de Luz, hoy La Junquera: Sexo en movimiento

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ayer, bajo un régimen tijereta (cortapichas), que veía la paja en el ojo ajeno, y no el pajón en el propio, el macho hispano al que se le puede aplicar infinidad de calificativos relativos a su rumbo, con viento fresco, y las más de las veces huracanado, marchaba a San Juan de Luz, tras el olor que dejan como rastro las piezas de caza, a ver la película El último tango en París, pieza franco italiana de 1972, dirigida por Bernardo Bertolucci, y protagonizada por Marlon Brando y María Schneider, dando vida a ese cierto hueso que tienen los perros entre las orejas y los machos entre las piernas, que nos habita y nos contiene, en cavidad grande e interior de una cosa hueca, aplicada más a la yegua, vaca o hembra que se destina a la reproducción o goce, sacando una y uno el vientre de buen año, aprovechando la coyuntura u ocasión favorable para sentir mejor que de costumbre un macho educastrado en seminarios y conventos, o para hacer ellas su agosto en cualquier terreno referido al sexo aparecido al sur de Francia.



Si preguntabas al españolito que volvía a casa ¿qué tal la película?, respondía: “De vicio”. Apostillando otro: “tras el vicio viene el fornicio”.Y ja ja ja.

La película fue como huelgo de la bala en el ánima del arma de fuego. Vanidad y jactancia de Amor amarrado por un extremo a una estaca hincada en carne como palo enhiesto, cabria, en una posición fija e inestable.

Hoy, La Junquera, al sur de Francia y al norte de Cataluña, con viento de la prosperidad, la crisis es un cuento chino, el viento de la victoria, viento, en popa, en pompas, con fortuna, prósperamente, arrostrando toda suerte de dificultades e inconvenientes, nos ofrece sus vinos y sus carnes de burdel solicitadas con mucho ahínco y diligencia por los jefe y súbditos de la camándula, personas de mucha trastienda, disimulada e hipócrita, marca hispana choricera, seguidores de la doctrina de las acémilas en acemilería u oficio antiguo de la Casa Real relativo al cuidado de las acémilas, marchando los unos, jefes, a la caza y muerte del elefante o elefanta, y los otros, los súbditos, a la caza del conejo de mancebía, cual manceros, hijos de prostituta, y cantando, rebuznando:” No hay tal cama como la de la enjalma, albarda”.El hispano que baja a Barcelona va diciendo: ¿Queréis cola, alcaldesa buena? Comed de La Junquera. Que no en Junqueras, localidad de la provincia de Barcelona, donde en su monasterio, hoy medio derruido, notable por su arquitectura, comieron cola de carnero Jimena Gómez, hermana del rey de Asturias Alfonso el Casto, madre de Bernardo del Carpio, primera mujer del Cid, por la que se peleó en desafío con l conde de Gormaz; y Jimena Díaz, segunda mujer del mismo Cid, hija de un conde Don Diego de Asturias y sobrina del rey Alfonso VI, de quien cuentan muchas mentiras y valentías falsas.

Entre San Juan de Luz y la Junquera hay una diferencia como la de entre la anomalía media y la verdadera de un astro o una estrella, un empleado subalterno o una hija concubina. Que en la inscripción cuneiforme de Asiria, muy anterior al Kama Sutra, vemos cómo se introduce más o menos profundamente un órgano entre las partes de otro o se adhiere a su superficie, dando a entender una cosa, indicándola someramente y no tan someramente, haciendo la manifestación de un instrumento, introduciéndole mañosamente en la cópula copernicana, como así nos afirmaron, por un lado, Vigilancio, heresiarca natural de la Galia, sacerdote en Barcelona, viajero por Palestina, que era contrario a la veneración de las reliquias, a la vida monástica, y a los ayunos y vigilias, y negaba los milagros; que fue combatido por Jerónimo por no dejarse sodomizar en La Junquera.

Igual, Protágoras, filósofo sofista discípulo de Demócrito, que viajó mucho y sostenía que el hombre es la medida de todas las cosas; que todo, verdadero o falso, puede igualmente demostrarse; que ley, virtud, verdad, todo absolutamente es arbitrario y dependiente del modo de apreciarlo; que lo mismo puede haber dioses que no haberlos; que lo mismo podemos ser todos hijos de la gran puta o no serlo, lo que ya es más difícil, como dijo en San Juan de Luz, formando el aire en su ropa fuelle hueco o ahuecamiento. No valiendo un pito los dos, pues no tocaron pito en La Junquera, no tocando en ella pito ni flauta.

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