jueves, 28 de noviembre de 2013

De los mitos y las leyendas; la que nunca se contó

Paula Orellana (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ana vivía en un mundo de muchos colores, colores tan fuertes que impactaban. En un mundo de muchas formas; geométricas, abstractas, curvas y rectas. Con muchas plantas y animales. Era un mundo con alas y éste era tan hermoso que vivir allí era un privilegio. Sólo podían habitar en él las almas bondadosas y alegres.

Ana nació de una lechuga. Por haber nacido de la tierra, estaba muy apegada a ella. Es más, nunca se había alejado mucho del campo de las lechugas. Esa era su casa, su hogar. Sus mejores amistades también nacieron de la tierra; uno nació de una zanahoria, otro de una papa y otro más de un tomate. También tenía amigos de otras especies; un perro, un caballo y un elefante. Todos nacidos de la tierra.

Un día Ana jugaba con su amigo el perro. Corrían por los campos de lechuga de un lugar a otro. Cuando de repente ¡BUM! De la nada, cayó desde arriba un chico que no se parecía a las personas que Ana conocía. Su cara era verde y su cuerpo morado. –“¿Estás bien?” Le preguntó Ana un poco asustada. –“No, ¡creo que me quebré mi pierna!”. Le contestó gritando el chico con mucho dolor. –“¡hay que curarlo!” Dijo el perro también asustado. De prisa lo levantaron y lo ayudaron a caminar hasta la casa de Ana. El perro preparó los utensilios para que Ana le enyesara la pierna. Luego de una media hora había terminado. El chico se quedó dormido luego de que el perro le prepara un té para aliviarle el dolor. –“¿quién crees que sea este chico tan raro?” Le preguntó Ana al perro. –“No lo sé”, dijo el perro, “pero lo que más me interesa saber es ¿de dónde cayó?”

El chico durmió toda la tarde. Ana lo observaba. Notaba que él se parecía a ella; tenía dos brazos, dos piernas; sólo que una quebrada, dos ojos, una nariz, una boca. Pero sus colores eran distintos. Verde y morado. “Verde y morado”, pensó Ana, “mis colores favoritos”. Ana lo observaba muy de cerca y sin notarlo el chico abrió sus ojos. Tan sólo se quedó mirando cómo Ana lo observaba tan curiosamente. –“Si, yo también me di cuenta que somos diferentes”, le dijo el chico a Ana con un tono bromista. Ana se sonrojó pues él la había descubierto observándolo. -“Si, eso era lo que miraba; perdón”. Dijo Ana. –“No me pidás perdón, yo también te hubiera visto igual”. Empezaron a platicar y a conocerse mejor. Pasaron las horas y la noche se hizo notoria porque las estrellas empezaron a cantar la canción de las 10 de la noche; la hora de retomar fuerzas. –“ya es hora de retomar fuerzas”, le dijo Ana al chico. –“¿Tenés dónde dormir?”. –“Sí, pero no creo que pueda ir con la pierna rota”, respondió el chico. –“Podés quedarte en mi casa si querés, mañana estarás mejor”, le dijo Ana emocionada porque de alguna forma, estaba sintiendo algo que nunca había sentido por otra persona; amor. No era que Ana no amara, es más, parecía que Ana vivía enamorada de la vida. Pero este amor era distinto y le gustaba, por lo que estaba emocionada que el chico se quedara en su casa. –“Sos muy amable”, le dijo el chico. –“te veo por la mañana entonces”. Ana estaba a punto de darse la vuelta para irse a su hamaca cuando se le ocurrió: –“antes de irme a dormir, quisiera preguntarte dos cosas, la primera, ¿cómo te llamás? Y la segunda ¡¿en dónde estabas metido como para caerte desde el cielo?!”. Con mucho sueño el chico le contestó: -“Me llamo Azul y me caí de mi nube”. Ana pensó que las historias eran ciertas ¡si había gente que vivía en los cielos! Pronto apagó la luz y cerró la cortina de donde se iba a quedar Azul.-“Azul”, pensó. –“que bonito nombre”.

A la mañana siguiente lo primero que Ana hizo fue pensar en Azul. Así que se arregló de prisa y fue a verlo, pero Azul ya no estaba y en la hamaca donde se había quedado se encontraba una notita que decía –“Ana, gracias por tu ayuda ya me siento mucho mejor. Los de mi especie sanamos muy rápido así que me vine a mi casa porque seguramente estaban preocupados por mí. Tengo que solucionar unos problemas bastante serios por aquí arriba, pero espero volverte a ver una y otra vez.” Ana se entristeció porque Azul no se pudo despedir de ella, pero eso no impidió que sintiera lo que estaba sintiendo; ese amor distinto.

Pasaron los días y Ana no supo nada de Azul. Estaba a punto de convencerse de que ya no iba a volver a ver a Azul cuando de repente lo vio bajando de su nube. Venía muy de prisa y acelerado. –“Ana, ¡qué gusto me da volverte a ver!” dijo Azul. “pero te traigo muy malas noticias”. –“¿qué pasa Azul?” preguntó Ana extrañada que después de haber platicado tanto la otra noche el sólo le iba a dar malas noticias. –“Unas almas malvadas han hecho un agujero en la capa de nuestro mundo y han conseguido entrar. Es cuestión de horas para que logren instalarse a la fuerza con nosotros.” Le dijo Azul con su cara llena de sudor por la preocupación que tenía. –“y estas almas malvadas ¿qué son capaces de hacer?” preguntó Ana. –“Nunca he conocido a alguno, así que no se, pero es lo contrario a lo que somos nosotros acá. Debes venir conmigo a las nubes Ana, allí no nos podrán hacer nada”. Dijo Azul. Lo primero que Ana pensó es que nunca había ido más lejos del campo de lechugas pero luego pensó en sus amigos –“no puedo dejar a mis amigos” dijo Ana con lágrimas en sus ojos. “¡Ellos son mi familia! Y no puedo dejarlos”. –“entiendo” dijo Azul –“creo que los seis pueden venir con nosotros, haremos espacio para ellos también”. Muy contenta fue a decirles a sus amigos la mala y la buena noticia. Pero cuando llegó con cada uno de ellos ya era muy tarde. Las almas malvadas habían arrasado con los campos de zanahorias, papas, tomates entre otros y quedaba muy poco para que llegaran a los campos de lechugas, así que llamó a Azul y entre todo el llanto le dijo que solo iría ella. Camino a las nubes, Ana vio de lejos a su fiel amigo el perro con dos de sus patas lastimadas. –“¡Perro!” gritó Ana con todas sus fuerzas. –“¡tenemos que ir a traer a perro!”. Azul sin pensarlo dos veces regresó a traer a perro y se lo llevaron a las nubes también. Ana limpió y curó las patas de perro. Estaba feliz por tener a uno de sus amigos con ella. –“¿quién te hizo esto perro?” preguntó Ana. –“las almas malvadas lo hicieron y están matando a todos”. Dijo perro llorando como nunca había llorado. Ana se dio cuenta que estar arriba no era mejor que estar abajo. Por arriba podía ver con suma claridad lo que hacían las almas malvadas a ese bello mundo con alas. Azul también se había percatado de eso. –“No puedo quedarme aquí”, le dijo Ana a Azul. De alguna forma Ana podía sentir el dolor de la guerra que se había desatado abajo. Repentinamente Ana vio a Azul y Azul miró a Ana. De prisa empezaron a besarse. Al terminar el beso Ana saltó de la nube y cayó en el suelo con tanta fuerza que perdió la conciencia. Azul trató de sujetarla pero no lo consiguió y cuando bajó tan de prisa como pudo a la tierra se dio cuenta que Ana no reaccionaba. Pasaron los días y Ana seguía en un sueño muy profundo.

En el transcurso de esos días, Azul consiguió hablar con el líder de las almas malvadas y negociaron vivir todos en la tierra sin tanto asesinato. Hubo una reunión masiva en donde se acordaron las normas de convivencia para que pudieran vivir equilibrados.

Ana recuperó la conciencia al paso de los días y descubrió a Azul observándola detenidamente, como sólo un enamorado lo puede hacer. –“Si, yo también ya me di cuenta que somos diferentes” le dijo Ana con un tono bromista. Azul se alegró tanto de ver que Ana había despertado. Curiosamente Ana recordaba a Azul, pero no cómo lo había conocido. No recordaba muchas cosas en realidad. Estaba muy confundida. –“puede que te asombres de cómo son las cosas ahora en el mundo Ana” dijo Azul. –“vamos a dar un paseo”. Salieron agarrados de la mano como dos personas que llevaran años de conocerse. Azul le empezó a explicar a Ana cómo hace unos días había cambiado el curso de la historia. –“tuvimos una reunión con las almas malvadas y acordamos vivir todos juntos aquí, no nos quedó otra opción.” Explicaba Azul a Ana. –“ellos seguirán haciendo cosas malas, pero ya no en gran medida y nosotros, los que ya vivíamos acá, seguiremos haciendo cosas buenas, pero ya no tantas.” A esta reunión todos le llaman el día.

Ana no podía recordar como era el mundo antes de “el día”. Cuando Azul se dio cuenta que Ana no podía recordar nada, dejó de explicarle las cosas. Se recordó de cómo Ana podía sentir el dolor de la gente cuando estaban en la nube y decidió qué era lo mejor para ella; el no recordarse de que alguna vez hubo un mundo sin dolor era mucho mejor que darse cuenta de cómo cambiaron las cosas drásticamente. Incluso pensó que Ana tenía mucha suerte. Ella no tuvo que experimentar tanto dolor, por lo que su esencia seguía allí. Se había convertido en una chica ingenua que pensaba que el mundo no estaba tan mal, pero sólo porque no se recordaba de que alguna vez fue mejor.

Desde ese día Ana y Azul son inseparables. Azul con la dulzura que lo caracteriza, le trata de recordar a Ana muchas cosas, después de todo tiene su capacidad de sanar muy rápido a pesar de todo el dolor que le rodea y Ana, por su falta de memoria, constantemente le recuerda a Azul que el mundo no está tan mal después de todo.

Han pasado varios años desde que el día sucedió. Muchas personas todavía recuerdan el mundo sin dolor, por eso luchan por él. Otras recuerdan que no pertenecen a este lugar y por eso no lo quieren. Asesinan personas y animales. Deforestan bosques enteros y roban las pertenencias de otras personas. También existen otras personas que constantemente están tratando de olvidar todo esto. Ingieren bebidas muy extrañas que los hacen olvidar y toman pastillas de amnesia. Viven en las calles apartados de la guerra que se libera frente a ellos.

Los animales dejaron de hablar. Se aislaron completamente de las personas pues se decepcionaron de cómo los seres humanos dejaron que el mundo se convirtiera en lo que es hoy. Hoy conviven animales y humanos juntos, pero ya no se hablan.

No se sabe si el mundo está equilibrado o no, pero Azul y Ana lograron encontrar la conexión que les da el equilibrio para vivir mejor.

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