jueves, 21 de noviembre de 2013

En algún lugar…La cultura del deseo

Laura M. López Murillo (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"Debemos cambiar América desde una cultura basada en las necesidades a una cultura basada en el deseo. La gente debe ser entrenada para desear, para querer nuevas cosas, incluso antes de que las cosas viejas hayan sido consumidas totalmente. Los deseos del hombre deben eclipsar sus necesidades".

Paul Mazer

En algún lugar alejado de las multitudes y en un complejo industrial se fabrican los artificios de la ingeniería del consentimiento; en una línea incesante de producción se manufacturan los deseos que habrán de convertirse en una necesidad existencial…

En las coordenadas occidentales del planeta, desde la perspectiva del mundo libre y civilizado, suele condenarse la radicalización de los dogmas orientales satanizando el exceso del rigor y el fanatismo.Una de las críticas recurrentes al régimen socialista fue el despojo paulatino de la voluntad a los ciudadanos, quienes moldeaban su actitud y su conducta a los mandatos de un régimen represivo. Y ante la emergencia del terrorismo como secuela exacerbada de un sacramento distorsionado, toda la indignación del planeta se dirigió contra el fanatismo musulmán que enaltece a los que ofrendan su vida en una lucha sin cuartel contra los invasores.



Pero en cuestión de fanatismos, todo depende de la perspectiva. Busqué las diferencias en las democracias occidentalizadas que exhibieran la perversidad de la idiotización colectiva en el socialismo y en el islam, y debo confesar, que no encontré ninguna. La única diferencia entre los regímenes capitalista, socialista y musulmán es el objeto de la veneración: los socialistas anteponían la supremacía del estado, los musulmanes buscan el paraíso por la vía del auto sacrificio y los capitalistas responden automáticamente a los mandatos del mercado.

Hoy por hoy, en la cultura del deseo, la realidad supera con creces las proyecciones realizadas a principios del siglo XX, cuando los ciudadanos se transformaron en consumidores vulnerables a las presiones mediáticas que inciden en la percepción de la felicidad como equivalente a la adquisición y acumulación de bienes. Los objetos de culto en el capitalismo industrial siempre son novedosos pero el efecto placebo es efímero porque deberá adquirirse el modelo más reciente para satisfacer una necesidad ficticia, surgida de un deseo irracional y glorificada como sinónimo del éxito en una pequeña inmensidad de mensajes publicitarios. Así, en Norteamérica, y en todo el ámbito de su influencia, la celebración del Día de Gracias se distorsiona en una vulgar estrategia comercial. El “viernes negro”, el día de las megaofertas y las compras compulsivas se extiende a México como el “buen fin”. Hordas de consumidores alienados recorren las tiendas y los almacenes buscado la los precios más bajos porque su felicidad consiste en aprovechar la mejor oferta y adquirir el producto aunque no sea indispensable.

¡¡Y todos tan contentos!! Por unos días la felicidad es un objeto a mitad de precio, disponible en todas las sucursales de los consorcios comerciales. Y el fervor consumista impulsa los engranes de la cultura del deseo que condiciona la actitud de las multitudes por los artificios de la ingeniería del consentimiento; y el círculo vicioso se reinicia en una línea incesante de producción donde se manufacturan los deseos que habrán de convertirse en una necesidad existencial…

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