jueves, 12 de diciembre de 2013

Bandoleros

Daniel de Culla (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Soy jefe de bandoleros
Y al frente de mi partida
Nada mi pecho intimida
Nada me puede arredrar.

Copla popular

Desde la llaga o juntura existente entre dos o más ladrillos o piedras del puente romano sobre el Guadalvin, vemos al andova de turno dando garrote a la anguí, dislocando la anilla del reloj social para robarlo.

Bailitos, ladronzuelos y bailones, ladronazos, marchan de la mano a recoger en su atarazana o casa junto con el producto en preferentes de sus fechorías, en concierto de que si les descubren no devolverán nada.



El tapia o consorte del ladrón ha puesto en banda o en condiciones de que en democracia se roba con facilidad y mejor.

El pueblo de Barbalote, en la Ínsula Barataria, es fácil de robar; victima propicia. Aquí la novedad es que el Euro tiene dos caras y dos cruces, esperando la ballena de corsé untada de pez en uno de sus extremos que extraiga de los bolsos de los imponentes las monedas.

Las historias de ladrones y bandidos vuelven a correr por las calles. Que buen ejemplo para la futura generación.

Quien iba a decir a la gente de ayer del hampa, de los delincuentes habituales llamados maleantes y bandoleros que les iban a superar unos señorones y señoritos, levosas, finos y elegantes, individuos de ciertas profesiones y oficios que han hecho de Ayuntamientos, Diputaciones, Sindicatos y Partidos aduanas o establecimiento de peristas.

Vemos cómo se destornillan de risa Diego Corrientes, el bandido generoso, el de Orejita, el de Palillos, o del de Francisco Esteban, el Guapo, al ver que los alcantarilleros de entonces, escaladores que horadan los pisos para robar, han sido superados por los bancos con sus desahucios.

En partida, Andrés Vázquez de los “Siete hermanos bandoleros”, los Siete Niños de Ecija, en amarre contable de fullería, divide el amarre en sencillo, doble, matemático, astillando el producto del robo.

Capitán Ojitos, Cara de Hereje, José María “Tempranillo”, y algún otro capitán de bandoleros, “del pobre protector, ladrón sensible”, que fueron siempre con el rico inexorables, distribuyendo entre los desgraciados lo que habían robado a los ricos, se llevarían las manos a la cabeza al ver que aquí los bandoleros hoy roban a los pobres para dárselo a los ricos.

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