jueves, 19 de diciembre de 2013

Bordón de Halloween

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Lucila y Exuperia; Sinfonio, Olimpio, Tribuno, Ampliado y Eustaquis derramaron la harina, allegaron la ceniza y se disfrazaron para ir por las casas en esta Noche de Brujas o Noche de Difuntos, enseñando un papel con estas letras escritas: “Truco o Trato”.



Mientras se blanqueaban las caras, Lucila decía a sus amigos:

-Haced buena harina y no toquéis bocina.

Todos ellos llevaban un bordón, bastón o palo más alto que ellos, con la punta de hierro y unas caretas parecidas a las del teatro griego como adorno de sus cabezas.

Al acercarse a la primera casa, sintieron como alboroto de gallinas y gallo. Vieron por la ventana de la cocina cómo la mujer estaba haciendo pan cocido al rescoldo, o entre piedras muy calientes. Se pasaron a la ventana del comedor y vieron que una calabaza hueca colocada sobre un viejo armonio iluminaba la sala comedor con luces de vela en su interior, alargando una sombra como la estatura de un enano echado sobre una butaca colgante, suspendida de dos puntos sólidos y firmes, mediante sendos sistemas de cordones llamados hicos o jicos de mal agüero.

Mientras en el gallinero seguía el cacarear de las gallinas y el kikiriki del gallo, en la sala había una sensación de vacuidad y un deseo vivo de recordar a los seres queridos.

El padre era un bebedor, por lo que se resfriaba por beber sudando. La mujer quedó tan estropeada y arrepentida desde la muerte del hijo, un hijo mueso, que nació con las orejas muy pequeñas, parecido a un maléolo, negro bozal todavía en la infancia, que le era forzoso hacer y obrar, y decía esto:

-Tan sólo quiero salir de esta, y escapar al cielo con mi hijo, que a mala o buena muerte no hay cirio duro.

La noche estaba en las bocas del alba. La luna parecía un colador montada en un aro de mango. El matrimonio estaba a los postres. El marido tomaba un harapo, aguardiente flojo. La mujer miraba a la calabaza, y se le parecía esa vasija de barro tosco más ancha por la boca que por el asiento, utilizada para fregar la losa del difunto hijo.

En sombra, vino el hijo a ella. Sintió cierto estremecimiento nervioso acompañado de escalofrío. Ella le dijo al marido:

-Esposo, achaques quiere la muerte.

El le preguntó:

-¿Has hablado con los muertos?

Ella respondió:

-Al muerto dicen: ¿queréis?

Los jóvenes llamaron a la puerta. Abrió la señora. Les miró, leyendo el papel de “Truco o Trato”, y sin mediar palabra, les dijo:

-Vosotros no necesitáis de calabaza para andar.

Y les cerró la puerta.

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