miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ontología de la seguridad

Daniel Papalardo (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La cuestión ontológica, esto es, la pregunta por el ser, el problema por la determinación de lo existente, es constitutiva del hombre mismo, y sin duda desde este ámbito de la filosofía, las respuestas han sido en la historia, múltiples y variadas. Sin embargo, la prevalencia de una u otra alternativa sobre la cuestión adquiere relevancia a poco que nos preguntemos por aquello, que hoy se introduce en todo discurso político, como lo es, el tema de la seguridad, aunque más precisamente el contenido del relato pasa por su aparente negación , esto es, la inseguridad.

Abordando el problema desde esta perspectiva, hay que introducir, una necesaria aclaración, pues todo aquello que indica la negación de algo, en realidad constituye ese algo, máxime si como en el caso, eso de aquello a que nos referimos es una idea,esto es, algo de lo que no puede predicarse materialidad o corporeidad-En todo caso, cuando hablamos de seguridad-inseguridad, lo palpable o registrable, son acontecimientos sociales objetivos respecto de los cuales se dice, que acrecientan la inseguridad o construyen la posibilidad de seguridad, en este último caso , todos ellos ligados a otro fenómeno, como lo es, la punición y el consecuente castigo.

De esta forma, cuando intentamos encontrar en el mundo de las ideas algo que nos permita aproximarnos a la exterioridad social de lo que llamamos seguridad, en la misma medida nos estamos involucrando en aquello que implica su negación, la inseguridad y esto es tan así, que en la actualidad la primera se pronuncia mas por exclusión de la segunda que por afirmación. En otras palabras, todo parece indicar que, lo que adquiere entidad por percepción, es la negación, esto es, a la inseguridad, y no la seguridad misma, que se aprecia socialmente como todo aquello distinto a la inseguridad existente.

No se nos escapa que lo dicho, contraría el principio lógico de identidad, en tanto el ser es, y el no ser no es. Sin embargo, la historia social ha dado suficiente cuenta, que el plano del razonamiento lógico en la complejidad de lo humano y los sistemas sociales de convivencia, naufraga por definición, debiendo apelarse a otra lógica que controvierte las premisas de aquella, como lo es la dialéctica, y desde la misma asignar entidad a la negación aparece como lo ontológicamente posible..

En ese ámbito, debe decirse que configura una estrategia de dominación cultural que una clase impone sobre el resto del contexto social, construir un concepto, esto es , una idea, sin que la misma tenga reflejo real y material en alguna estructura objetiva de la que dé cuenta. Aparece así la noción de seguridad, bosquejada desde el plano de una ética social, compartida por todos y sin definición de clase, entendida como un valor en sí mismo y constituida por la premisa básica del rechazo a la violencia y la posibilidad de orden, en tanto ámbito natural para generar el progreso de todo, que siguiendo una construcción platónica, pertenece al mundo de las ideas, y no adquiere reflejo en la sociedad concreta. .

Ese discurso ideológico oculta decir, que la manifestación negativa del fenómeno, esto es, su contrario, la inseguridad, no reconoce otro vínculo causal que los epifenómenos que son propio de la lógica de desarrollo del modelo capitalista de producción y de las relaciones sociales que este engendra, de manera tal que pensar la seguridad como valor abstracto y objetivo alcanzable en con orden, paz y progreso social , implica en todos los casos la necesidad de reprimir las manifestaciones negadoras de ese fenómeno, que en lo cotidiano lo controvierten , por vía de la represión punitiva. Esto no es otra cosa que dar realidad a lo que no lo tiene, ni lo ha tenido en el desarrollo histórico, en tanto la conflictividad es de la esencia del devenir, que es en sí , lo único sobre lo que puede predicarse el ser.Pensar en una sociedad de orden y paz, es imaginar, la imposibilidad del cambio. Repudiar el conflicto, sin avanzar sobre su génesis y desarrollo, apelando a una noción metafísica, vacía de contenido material, como lo es apelar a la seguridad, no es otra cosa que un artificio cultural, destinado a la justificación del castigo y a la reproducción de las relaciones sociales capitalistas, por vía de la necesariedad del estado y su violencia legitimada.

En esto es claro Gunher Jakobs, cuando nos dice que “el derecho tiene la misión de garantizar la identidad de la sociedad. Eso ocurre tomando el hecho punible en su significado, como aporte comunicativo, como expresión de sentido y respondiendo ante él como defraudación de una expectativa normativa - La pena es la declaración de que ello no es así, que, antes bien, la conducta defraudatoria no integra, ni antes ni ahora, aquella configuración social que hay que tener en cuenta….. cuando la sociedad pena , se rehúsa a concebir un cambio en su configuración, …antes bien , se mantiene firme en su status quo, en contra de la propuesta de cambio. Al igual que una persona rechaza una propuesta que no encaja en su forma de ser, ratificando de ese modo su forma de ser, así también la sociedad rechaza la propuesta de abandonar la expectativa defraudada, ratificando así su identidad…” (Problemas capitales del derecho penal moderno, pag. 34.editHamurabi)

La ubicación ontológica de la noción seguridad, en tanto valor social en sí mismo, por sobre las clases sociales , es una falsa construcción de conocimiento, funcional a una visión defensista de la sociedad, desde la que un grupo busca protección o amparo en la estructura del Estado otorgándole y legitimado el uso de la violencia, para que esta se descargue de modo selectivo sobre otro sector social, en el marco de una estrategia de combate, en la que la noción de delito, abandona su estructura puramente jurídica, para transformarse en un elemento funcional justificante de ese proceder represivo.

En ese marco la idea de igualdad ante la ley, emparentada con el principio de legalidad por las que no hay delito, ni pena sin una ley anterior al hecho que así lo defina y un juicio previo que determine su existencia material, dejan de jugar un rol contenedor del poder punitivo de las agencias estatales , para pasar a ser funcionales y reproductivos de esta estructura defensiva inscripta en la lógica del combate contra el otro, visualizado como "individuo peligrosos",

Esta perspectiva, nos permite apreciar, como y de qué manera, tras un uso del concepto “seguridad” de contenido puramente defensista, concebido como totalidad conglobante y valor en sí mismo, que se impone acríticamente al conjunto de la población, reproduce la desigualdad social, mediante la construcción permanente de bandos en pugna, y el señalamiento del enemigo a vencer, en una lógica de combate que toma cuerpo por vía del encierro e impone como resultado el castigo.

En todas las redacciones y medios de comunicación interesados se distribuyen gratuitamente muestras de perfección de este modelo defensista. La base social de esta prédica falsa y ampulosa la constituye la pequeña burguesía, con consenso de los sectores obreros mejor remunerados, que toma como propios intereses y concepciones que son emergentes de la gran burguesía y los sectores concentrados del capital. La base política, encuentra su ámbito en la impotencia y la desesperación, frente a la cual los oportunistas de toda estirpe rinden tributo, perfeccionando el discurso represivo. La base psicológica se halla en el deseo de superar el sentimiento de la propia inconsistencia como sector social y en el recargar todas las expectativas frustradas por la misma lógica reproductiva del sistema, a la responsabilidad de los sectores sociales a los que previamente se los ubicó en los márgenes

El rasgo fundamental de esta construcción ideológica de clase en torno a la ponderación de la seguridad como valor social, lo constituye ignorar completamente la base material del fenómeno y el ocultamiento de sus manifestaciones, que no son sino, en última instancia, un reflejo de la estructura de relaciones sociales de producción en la que la vida social se desenvuelve.

Con la exaltación del conflicto en particular, se oculta y oscurece, como gravitan en el discurso , las diversas tendencias de clase que subyacen al mismo y por igual razón su papel histórico objetivo La elaboración rutinaria y persistente , de falso conocimiento colectivo, que parte de reputar la seguridad como un valor en sí y por encima de las clases sociales, se desenvuelve en gran medida , en forma deliberada desde las usinas mediáticas de la formación de opinión.

Invocando la defensa de la sociedad se benefician con la protección y la represión los grupos dominantes representativos de una exigua minoría de intereses exclusivos y concentrados. En ese artificio, la seguridad no es una noción conceptual que adquiera entidad por sí misma, sino una expresión ideológica de los intereses específicos de clase, que le dan contenido según sea la expresión cultural dominante- Es por vía de la exaltación de su contrario (la inseguridad) que se viabiliza la intensificación de la gestión del aparato punitivo y su consecuencia necesaria, el castigo.

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