jueves, 19 de diciembre de 2013

Psicoanálisis y catástrofes sociales

Jesús Dapena Botero (Desde Barcelona, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Considero que el psicoanálisis tiene muchísimo que aportar en situaciones de desastres naturales como las sucedidas recientemente en Filipinas:

http://www.abc.es/internacional/20131111/alminuto-abci-directo-filipinas-lucha-hacer-201311110818.html

http://es.euronews.com/2013/11/28/filipinas-20-dias-despues-del-tifon-haiyan/

El psicoanalista tendría la potencia que un dron mecánico no tiene, ya que éste sólo llega a captar la realidad material (Wirlichheit) mientras el analista penetra en la (realität), la realidad interna de cada sujeto.



El psicoanálisis tiene un instrumento particular, para este tipo de circunstancias, que es la intervención psicoanalítica en la crisis, que es bien distinta del psicoanálisis clásico, como un instrumento diseñado para dar contención a multitudes en tiempos de catástrofes naturales como terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, incendios o actos terroristas.

La clínica de la urgencia subjetiva ha sido objeto de investigación por los lacanianos, seguidores de Freud y Lacan.

Pero, desde las distintas escuelas del psicoanálisis, podría hacerse uso de la intervención en crisis individual y grupal con dispositivos de intervención ante fenómenos, cuya fuerza azotaría a una gran parte de la población, en la medida que afectan la singularidad del sujeto al introducirse como elementos que rompen radicalmente la continuidad de su vida.

Es preciso, ir más allá de las necesidades básicas de los damnificados, sino también preocuparse por la salud mental de ellos, mediante planteamientos no solo comunitarios, sino también de intervención clínica, al lado de la cama del paciente, que atienda los aspectos psicosociales de los sujetos, cuya cotidianidad y sus vínculos han sido alterados de forma tan drástica, de un momento a otro de sus vidas, con un enfoque que no sólo atienda lo biológico, sino al ser humano en su condición integral biopsicosocial, dado que los desastres naturales o sociales dan cabida a grandes crisis en la realidad interna (Realität), en el interior de cada sujeto, sin que podamos mirar la situación interna del sujeto como un simple trauma, ya que las realidades, bien lo ha demostrado Edgar Morin, no son tan lineales sino que hacen parte de todo un universo de complejidades. Y lo que es traumático para un sujeto, ante una horrorosa experiencia, puede ser traumatizante de distinta manera para el otro, pues no se trataría de una intervención que homogenizara a todos los sujetos, ya que no pueden darse tratamientos estándares.

Recuerdo, con nostalgia, la labor que realizamos una serie de psicoanalistas y psiquiatras en Montenegro (Quindío), cuando el terremoto del Eje Cafetero Colombiano, donde pudimos trabajar en atención a sujetos individuales y a sujetos en grupos pequeños y grandes, para recordar a S. H. Foulkes, mientras el trabajo fue voluntario y no hubo el cortapisas de una empresa que nos pagara por el trabajo realizado, lo que limitó demasiado las posibilidades de acción, para que llegaran a la singularidad del sujeto, al solicitarnos tratamientos estándares, momento en el cual me retiré de dicha actividad. Los psicoanalistas fuera de ciertas líneas encuadrales, no podemos trabajar bajo la presión de protocolos.

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