miércoles, 4 de diciembre de 2013

Una crónica, un cuento y el ministro Fidel

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El titular del Ministerio del Poder Popular para la Cultura visitó Guayana en el marco del Gobierno de Eficiencia en la Calle. En San Félix, Municipio Caroní, constató el avance y fortalezas del Sistema Nacional de Culturas Populares.

Sistema Nacional de Culturas Populares

Cuando llegó lo esperaban con tambores y charrascas niños y niñas que no pasaban los once años de edad, pero que tenían en los ojitos todo el brillo que se guarda entre esperanzas y sueños. Pieles morenas las de esta tierra cruzada por dos ríos inmensos. El Roble estaba de fiesta, engalanada de música y diablos coloridos típicos de El Callao. Como una nube multicolor, de mariposas y otros vuelos, los niños regaban con música las calles.



Algunas paredes rescatadas del abandono y de la propaganda electoral que se suma una sobre la otra, mostraban paisajes de esta Venezuela tan llenita de futuro. Y es que además de músicos nuestros niños también agarraron los pinceles y abrieron en las paredes, ventanas inmensas donde si uno pasa desprevenido se puede asomar a un atardecer en el mar, a una mañanita recién nacida de Los Llanos o al frío de Los Andes, todo el país cabe en los muros que ahora hacen de esa comunidad un museo a cielo abierto.

Pero el asombró no terminó allí. Sino que al frente de casa de Delia, mujer chiquita que anda siempre dando brincos y organizando cuanto evento cultural pueda, dos toldos esperaban con muestras de dulce de lechoza casero, máscaras de diablos danzantes, café coladito y unos niños que también están aprendiendo a componer décimas. Porque Guayana que sabe de calipso, también es experta en galerones y otros bailes.

Fidel, el ministro, no dejaba de sonreír. Claro, no era para menos. Si los niños revoloteaban queriendo cantarle y tomarle fotos. Hasta agarró un cuatro y se puso a tocar. No había más cámaras que las de los teléfonos móviles de todos nosotros que queríamos congelar el momento para que no se nos olvide la voz de Benjamín Jin Jin y su aprendiz el Cristofué. A José Lugo le debemos la alegría de los tambores, y a Oscar Presilla, Darvis Paraguacuto, Héctor Filgueira y Miguel Salas los murales que adornan esa comunidad de San Félix, donde además el Padre Matías Camuña siembra solidaridades. El Sistema Nacional de Culturas Populares está barrio adentro, corazón adentro, haciendo nacer el futuro.

Luis, constructor de instrumentos

Como buen músico, el ministro Barbarito, quiso visitar a un constructor de instrumentos. Y allá nos fuimos sin aviso a casa de Luis Pérez, en Chirica Vieja. Apenas llegamos nos recibió un patio inmenso, perfecto para correrías, para una hamaca a la sombra y una buena lectura. Árboles frondosos, además de matas de lechoza, un níspero cargadito y un fragante limonero. Dos perros se echaron a la sombra mientras nos veían de lejos pero sin asombro, conmovernos al tantear la madera que de tan noble se convierte en la manos de Luis, en guitarras, cuatros y bandolas. Ahora, al pasar estos días, sigo pensando en la magia de las cuerdas, en la Viajera del Río y Manuel Yánez, en Antonio Lauro... y constato que esta Guayana inmensa es un caleidoscopio colorido.

Luis nos permitió darle dimensión a su oficio, que no es otro que el de hechicero, porque hay que saber encantar los materiales para que con ellos puedan hablarnos todas las pasiones humanas. ¿Acaso la música no sabe de nosotros en todas las formas?

Luis y Fidel soñaron juntos. Y nosotros los veíamos soñar tomando un café que diligente el hijo y ayudante del constructor de sonidos nos alcanzó a cada uno. Una proveeduría de materiales para la construcción de instrumentos, un taller para que los pequeños que se inician en la música sepan de dónde vienen esos frágiles compañeros y una canción entre todas las voces. Y todo esto ya empezó a ser presente nuestro.

Del Orinoco a Caracas

La Sala de Arte Sidor fue el último punto del recorrido que Ciudad Guayana le tenía preparado a Fidel Barbarito. Es una sala de exposiciones con una larga historia. Por esas paredes han pasado artistas como Oswaldo Vigas, han dado recitales poetas como Juan Calzadilla, y además se han presentado corales, pequeñas obras de teatro, conciertos y un sinfín de actividades. Pero sobre todo es un punto de encuentro para los cultores de esta ciudad y la gente que la habita. El profesor José Lanz, artista plástico que llegó hace años a Guayana, a trabajar en los hornos de Sidor, la primera siderúrgica del país es quien con tesón y amor infinito por la creación humana, se encarga ahora de que la Sala siempre tenga algo que ofrecer. Está en un punto especial de la ciudad y quienes vivimos aquí queremos verla siempre luminosa, siempre de puertas abiertas para recibirnos.

Fidel pudo ver, antes de la inauguración, una muestra plástica de Ramón Moreles Rossi. Un artista de Ciudad Bolívar con un trabajo que habla de nosotros, del río Padre, de ese Orinoco que vio a Bolívar pronunciar la que tal vez sea su pieza oratoria más importante, el Discurso ante el Congreso del Angostura.

De Fidel nos quedamos con su humildad, con su promesa de seguir trabajando para garantizar el acceso del pueblo a la cultura, a los bienes culturales. Con él compartimos la preocupación por hacer de ella un eje transversal de acción del Gobierno Bolivariano, para ser cada vez más pueblo comprometido con el porvenir. Con él queremos seguir contribuyendo a difundir los logros hermosos que hemos conquistado en esta década de Revolución, estos primeros catorce años en los que conseguimos juntos ser un territorio libre de analfabetismo, un país cada vez más lector y sobre todo un pueblo que ahora es visible, que por fin tiene voz. Lo que el presidente Chávez empezó tiene continuidad en Nicolás Maduro, vemos su entusiasmo por el teatro y la música, por crear una televisión más crítica y liberadora del pensamiento. Y Fidel, como antes Pedro Calzadilla, son hacedores de la magia que nace siempre de las manifestaciones con que los seres humanos cuentan la vida, y es que hay tanta vida que contar.

Foto de Felipe Siva Bayola / Gabinete de Cultura Estado Bolívar

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