jueves, 14 de febrero de 2013

“Camilo 100 FUEGOS ES…”


Alejandro L. Perdomo Aguilera (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Camilo es el héroe natural,
Es la expresión concentrada de la cubanía verdaderamente revolucionaria,
De la autoctonía contestataria en su más criolla expresión,
Es la imagen del coraje, la humildad y el arrojo del sueño de mármol de Martí.
Es la figura galante que tiene el poder de continuar avivando nuestros corazones,
Es de esos hombres que su vida y obra reclama ser socializada,
Camilo 100 Fuegos es de esos héroes no solamente legítimos sino necesarios,
Es de esos próceres que su vigencia no es forzada sino pertinente,
Es de esos cubanos que nos pone la piel de gallina al adentrarnos en sus hazañas,
 Que nos hace sentirnos únicos de ser cubanos,
De esos patriotas que inspiran batallas y protestas,
Que alientan el pensamiento crítico y la voluntad de acero,
Pues es Camilo, con sombrero o sin él:
El SEÑOR DE LA VANGUARDIA


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Confesiones en una cornisa

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sucedió alrededor de las 10 de una fría mañana de día miércoles. Se podrán hacer todas las interpretaciones que se deseen del hecho, pero lo más importante no es su desenlace sino lo que allí se dijo.

Toda la escena no duró más de media hora, pero tuvo tal intensidad emotiva que podría parecer de horas, o de un día entero. Como siempre, lo más importante es el contenido y no la cáscara, aunque tantas veces nos quedemos fascinados sólo con la presentación, con lo externo.



David fue militante del Partido Comunista prácticamente toda su vida, desde los 17 años. Ahora, con sus 71 cumplidos, seguía siendo un activista comprometido; ya no del partido, sino de la causa, de la vida. Decepcionado por muchas de las cosas que fue viendo, se salió de la organización ya de grande, después de los 60, pero nunca abandonó sus convicciones. Seguramente por esas mismas convicciones y no por otra cosa –así lo creo yo al menos– es que sucedió lo que sucedió.

Era psiquiatra, como tantos médicos de origen judío de Argentina. Su paso por la Unión Soviética años atrás no le reportó mucho para su profesión, pero sí para su formación política. Pero donde más le influyó fue en su ética, en su visión de las cosas. De hecho, sus abuelos paternos eran rusos. Al igual que su padre, él hablaba la lengua rusa con bastante fluidez. No se sentía ruso precisamente, pero el contacto con ese pueblo por casi un año –el tiempo que duró su formación política– y dos breves regresos que hizo posteriormente, lo sensibilizaron mucho, haciéndolo sentir casi uno más de ellos. Por eso ahora, caído el bloque socialista, se resentía tanto, sintiendo así en carne propia, casi como un ruso común, lo que esa caída había significado.

Lo cierto es que aquella mañana David no aguantó más y lo hizo. Como yo su era vecino y nuestros balcones se tocaban, contraviniendo lo que pidió –tengo que confesarlo: lo hice porque no quería perderme ni un detalle de lo que sucedía–escuché toda la conversación.

La cuestión empezó cuando algunos transeúntes lo vieron encaramado en la cornisa. Era un edificio viejo, de los años 30, muy bonito, con un estilo neoclásico europeo con el que hoy día ya no se construye. Vivíamos en el sexto y último piso, altura suficiente para matarse si uno caía desde ahí. Había ascensor, pero David, con sus 71 años a cuesta, prefería las escaleras. Siempre había sido un tipo muy atlético, con un esmerado cuidado físico. De hecho, todas las mañanas practicaba media hora con una bicicleta estacionaria en la sala de su casa. Fue por eso, por estar en muy buenas condiciones, que pudo salir del balcón y comenzar a caminar por la cornisa.

La verdad que no sé si tenía pensado arrojarse realmente; yo me quedé con la idea que era una estrategia para llamar la atención. Tal vez la de su nieto, no sé… O quizá de la opinión pública. No puede decirse que David fuera un histriónico; pero sí que sabía concitar la atención, que le salía con mucha facilidad ser centro de las reuniones. Era muy buen orador, por cierto. Podía hablar horas sin papel, improvisando. Su formación era erudita. Además de medicina y psiquiatría, había estudiado mucha filosofía e historia del arte. Y tocaba el violín como los dioses.

Cuando estaba en la cornisa, no demoraron ni cinco minutos en aparecer ambulancias, la policía, los bomberos, y por supuesto los medios de comunicación. De todo se puede hacer negocio, por supuesto. Y un suicidio es algo perfecto para ello. Más aún si se trata de alguien más o menos conocido como era David Ulianowsky, ¡el doctor Ulianowsky!, conocido y reputado médico comunista, destacado columnista en uno de los periódicos más importantes del país.

Estando en la cornisa, cuando se acercaron los bomberos tratando de convencerlo que no lo hiciera, que la vida es hermosa y estupideces de ese tipo (la vida ¿es hermosa?), pidió que se retiraran todos, y que sólo hablaría con la psicóloga de la policía. Fue él, David, quien pidió que fuera la psicóloga. No cualquier psicólogo, sino ella; él la conocía desde hacía un buen tiempo, porque había sido su alumna en la cátedra de Psicopatología. Le parecía una mujer especialmente inteligente.

En no más de 15 minutos María Inés estaba ahí. Preparada para ese tipo de eventos, no temió en salirse del balcón y acercarse caminando por la cornisa. Eso estaba fuera de todos los protocolos de seguridad que los empleados policiales cumplían a la perfección, pero ella no era como todos. Por esa irreverencia, esa rebeldía siempre presente en su actuar es que David la tenía como su mejor alumna, la más inquieta, la más crítica. Ella lo siguió tratando de usted, como quince años atrás lo había hecho en la Facultad; él continuó con el tuteo. La conversación es una verdadera pieza de antología.

Doctor, ¿qué está por hacer?

¿Qué te parece?

Pero ¡piénselo! No cometa una locura.

¿Y quién dijo que es una locura?

Bueno, seamos racionales. ¿No recuerda cuando usted nos daba esas clases sobre la depresión y el suicidio? Siempre decía que el suicidio tiene que ver con el deseo de matar a otro; que en realidad uno no se mata a sí mismo sino que está matando a otro. ¿A quién quiere matar, doctor?

Uy… ¡A tantos! Si te contara, María Inés…

A eso vine, a que me cuente. No tengo ningún apuro.

Bueno, conseguime un cigarrillo y te cuento.

En un santiamén la psicóloga-policía ya tenía un cigarrillo encendido que ofreció al potencial suicida. La escena se desarrolló en la cornisa, a más de 20 metros de altura.
Dale, fumate uno vos también, pidió el médico a su ex alumna.

En horas de servicio no fumo, gracias.

¡Pero qué bien portadita esta chica! Bueno, pero un cigarrito aquí, en estas alturas, no creo que sea mucha contravención de ninguna norma. Digamos que te lo pido como condición paro no tirarme, ¿dale?

Dubitativa, María Inés encendió uno. No fumaba habitualmente, por lo que las primeras aspiraciones la ahogaron un poco. Lo tomó como un acto de servicio.

Entonces, doctor: ¿por qué se quiere arrojar?

Uy, María Inés… ¡Es tan largo de contar!

Por algún lado hay que empezar, ¿no? Dele, lo escucho.

¿Vos alguna vez te sentiste defraudada?

Sí, claro.

Bueno, así me siento yo. Profunda, honda, radicalmente defraudado. Siento que me jodieron, que me estafaron.

¿Quién le hizo eso, David?, dijo María Inés, tratándolo por su nombre por vez primera en su relación.

¡La vida!

¿Cómo que la vida? ¿Qué significa eso?

Creo que vos lo podés entender, María Inés. No es nadie en particular; es… todo, las circunstancias, lo que a uno le toca vivir…

Hasta donde yo sé, David, a usted no le fue tan mal en la vida.

¿Y a qué te referís con eso? ¿A que no paso hambre? ¿A que tengo una casa y un auto a mi nombre? Bueno, sí: es cierto. No me puedo quejar en ese sentido, porque no tengo penurias económicas. O, al menos, puedo comer todos los días. Un médico psiquiatra judío nunca la masa mal, che… Bueno, en Argentina por lo menos. Pero ¿quién dijo que a uno no le va mal porque tiene un mediano ingreso?

Yo no me refería sólo a eso, David. Creo que usted es un tipo bien reputado, conocido, apreciado por mucha gente. No es sólo el nivel económico: es todo lo que pudo cosechar en su vida. ¿Le parece poco lo que logró?
¡No me hagas reír, María Inés!…, explotó en una espontánea carcajada el doctor. Decime, a ver: ¿qué conseguí?, inquirió provocativo.

Pues…, muchas cosas. ¿O acaso no tiene un lugar destacado en la profesión médica? ¿O acaso no tiene el respeto, la admiración diría, de muchos alumnos y colegas? Incluso hasta quienes lo adversan políticamente lo respetan. ¿Le parece poco todo eso?

Sos muy chica todavía, María Inés. Te falta mucho recorrido para entender ciertas cosas. ¿A vos te parece que por haber publicado un par de estupideces a uno le va bien en la vida? ¿Te pusiste a pensar quién se va a acordar de esas boludeces dentro de un tiempo, cuando yo me muera? ¡Nadie, absolutamente!

Pero, ¿cómo es la cosa, David? ¿Se siente defraudado porque no es famoso? ¿Porque no va a quedar en la historia como un grande, como Borges, como Cervantes, como Lenin?

¡No, piba! No te olvides que soy comunista, y que tengo ética de comunista… Nunca pensé sólo en primera persona. No es la gloria, el honor y las luminarias lo que persigo, che. Si te digo que me siento defraudado, no es porque no me gané el Premio Nobel.

¿Y qué lo defraudó entonces?, preguntó con una sonrisa benevolente la psicóloga-policía.

Te repito: la vida… Sé que es difícil de entender. Pero más difícil aún es explicarlo. ¿Cómo que la vida me defraudó?, te estarás preguntando. Bueno, sí… Lo que me fue pasando, las expectativas que nunca se cumplieron, los sueños esfumados…

¡Uy!, suena medio trágico todo eso. ¿Pero de verdad que le fue tan mal? Yo no lo creo, David…

Te repito, María Inés, y te lo digo casi como un padre hablándole a su hija (aunque, tengo que reconocerlo, cuando eras mi alumna te miraba no como hija precisamente…, sino como la más guapa de mis estudiantes).

¿De verdad, doctor? ¡Nunca me hubiera imaginado esto que me dice!

Bueno, sí… Pero eso no viene a cuento ahora. Lo que te quería decir, casi como padre, o como viejo que le habla a una joven, es que tenemos mucha distancia generacional, mucha, quizá demasiada, y vemos la vida de modo muy distinto. Además, no te olvides de esto María Inés, yo soy un militante comunista, y tengo principios que no voy a dejar hasta que me muera. Y eso hace que vea la vida de un modo muy particular.

¿Es eso lo que lo hace sentir defraudado?

Bueno, en cierta forma… sí. Me pongo a pensar a veces en lo que fue el esfuerzo de toda mi vida, en mis anhelos, en mis proyectos más importantes –que, por supuesto, no son comprarme la casa, el auto o la licuadora de último modelo– y me dan ganas de llorar, María Inés, ¡ganas de llorar!

Creo que ahora es más que ganas de llorar… Se trata de quitar la vida.

Es que… hay algo más todavía, quizá lo peor.

¿De qué se trata?

Como te darás cuenta, mi querida María Inés, lo que más me mueve no es la preocupación material, el vehículo de lujo o todas esas cosas que para mí, de verdad, son banales. Ni tampoco la sensación de fracaso personal que pueda tener. Me hubiera gustado, creo que como a cualquiera, no ser un tipo torpe, con pocas luces. Y sé que, aunque vos me digas lo contrario, soy un mediocre, uno más del montón, más bien tirando a tonto.

Usted es un tipo brillante, David. Y lo sabe. Publicó mucho, lo respetan.

¡Boludeces, mi querida! ¡Puras boludeces! Pasé toda mi vida simulando, haciéndome pasar por lo que no era… Quiero decir: vendí siempre la imagen de un intelectual profundo, sesudo, analítico. Y la verdad que no paso de un activista que siempre hizo, bastante irreflexivamente, lo que el Partido decía. Claro que, tenés razón, haciéndome pasar por un tipo brillante…

¿Por qué dice eso, David?

Porque es así, María Inés. Lo digo con amargura, más bien con resignación. Soy lo que soy, y no me da para más. Por ejemplo: creo que sabías que toco un poco el violín, ¿no?

Una vez nos lo contó en clase, sí.

Sí, como muchos judíos de mi generación de ascendencia europea, tocar el violín era algo común. Bueno, lo cierto es que nunca pasé de mediocre alumno. Siempre envidié a un primo mío que vive –o vivía, creo que murió– en Rusia, y llegó a ser un destacado concertista. Quizá lo escuchaste mencionar alguna vez: Boris Godúnov. Yo siempre fui un chapucero. Pero me resigné. No podía ser concertista y médico. Así que me dediqué a estudiar muy en serio la carrera de medicina, y el violín quedó como algo totalmente secundario. Bueno, con eso no tengo mayores problemas: nunca me consideré un violinista. ¿Me seguís?

Sí, claro. ¿Quiere otro cigarrillo?, ofreció inesperadamente María Inés. Ambos encendieron uno nuevo, con alguna dificultad por el viento que corría a esa altura. Mientras, la gente ya se había comenzado a agolpar abajo, y dos canales de televisión se aprestaban a registrar el hecho con varias cámaras y toda la parafernalia técnica de una transmisión de exteriores.

No es que estoy amargado porque no pude ser un virtuoso violinista. No, no, para nada, porque ni siquiera me lo planteé. Pero por el lado intelectual, ¡ahí sí que sufro!

El doctor Ulianowsky dio una profunda pitada a su cigarrillo, tomó aliento y continuó hablando, desatendiendo los gritos que desde la calle le comenzaban a dar los bomberos, alentándolo a arrojarse sobre una cama elástica que habían improvisado.

¿Cómo es eso, David?, preguntó con cortesía profesional María Inés, que a esta altura no sabía si estaba tratando con un paciente, con su ex profesor, con un adulto a quien le gustaba y de quien hubiera deseado ser cortejada más explícitamente, o con alguien a quien veía que admiraba cada vez más aunque no pudiera explicar por qué.

Es que…, es difícil decirlo, pero yo siempre fui un cero a la izquierda en términos intelectuales.

¡Pero si ha escrito mucho! Es conocido, tanto como psiquiatra como por sus escritos de análisis político. ¿No fue director del diario del Partido Comunista por muchos años?

Sí, sí…, es cierto. Pero nada de lo que escribí es trascendente, María Inés. Eran, en general, consignas bastante panfletarias. ¿Qué quedará de todo eso dentro de un tiempo? Nada de nada. Como mucho de lo que se escribe por ahí, mi querida: mucho, muchísimo de eso es pura cáscara. Yo no escapo a las generales de la ley.

Yo no diría lo mismo, David.

Bueno, será que todavía estás fascinada con tu profesor. O lo decís por puro cumplido. O –me inclino por esto último– es parte de tu buena intervención como psicóloga con un suicida en una situación bastante límite. Pero, ¡hablemos en serio María Inés!, y desde ya te digo que hacés muy bien tu trabajo: ¿de verdad vos podrías decir que todo lo que escribí por ahí vale? No, no…. ¡seamos sinceros! Quizá no es un desastre, pero no aporta nada nuevo, no pasa de hacer un poco más de ruido y acompañar lo que ya otros dijeron. ¿Qué cosa nueva aporté?

Bueno…, no todo lo que se escribe tiene que ser novedoso, original. Los análisis políticos suyos que leí por ahí siempre me parecieron muy buenos.

No mientas, m’hija. Vos nunca fuiste de izquierda, aunque eras muy inteligente y bien podrías haberlo sido. Por eso mismo, dudo que hayas leído alguna vez el diario del Partido. Y si leíste algo que te pareció de calidad –no lo niego categóricamente– eso no quiere decir que efectivamente fuera algo importante. Estaba bien presentado, bien maquillado me atrevería a decir, pero no más.

Me parece que es demasiado malo con usted mismo. Muy terminante.

Mirá, María Inés. Si querés tuteame, che. Para mí sería muy lindo que lo hicieras, aunque sea en una cornisa y a punto de tirarme al vacío... Bueno, te decía que más allá de cómo puedas verme vos, muchachita aún, yo soy un mediocre que pasó su vida disfrazado de intelectual profundo. ¿Por qué lo hice así? No te lo sabría explicar bien…. No sé. Por temor a mostrarme en mi mediocridad. Prefería presentarme como sesudo, profundo, seguramente para que nadie se diera cuenta que era un torpe.

Pero si usted… quiero decir: ¡pero si vos no sos ningún torpe! ¿De dónde sacaste eso?

Ay, María Inés… ¡Si te contara! Pero, la verdad que no quiero hablar de eso. A esta altura de mi vida ya no me vas a venir a convencer que no soy un boludo. De todos modos, lo que me frustra, lo que me quita las ganas de vivir, lo que me llevó a tomar esta decisión por la que ahora ambos estamos hablando en una cornisa a 25 metros de altura, es otra cosa.

¿Qué es, David?

Esa es la verdadera frustración, el tremendo dolor profundo que llevo adentro y que no sale, que me retuerce el alma cada día… Es lo que ya me tiene muerto en vida.

Pero, ¿a qué te referís, David?, y ambos encendieron su tercer cigarrillo, mientras las cámaras de televisión ya comenzaban a transmitir en vivo los incidentes de ese “gran espectáculo”, y los policías compañeros de trabajo de la psicóloga trazaban planes de contingencia, calculando, entre otras, la posibilidad de caer de sorpresa sobre el suicida, inmovilizándolo y reduciéndolo en la cornisa misma para evitar que saltara.

Después de décadas y décadas de militancia, de absoluta convicción en ciertos ideales, después de haber estado de hecho en la Unión Soviética viendo por dentro cómo era todo, hablando en ruso por cierto, años después, ya terminada la experiencia socialista, volví ahí, país ahora llamado Rusia, como turista. Eso fue hace poco, unos años atrás. Fui con mi esposa.

Aha….

¡Vos no te imaginás lo que fue eso! ¡El golpe terrible que me significó!

¿Qué pasó, David? Fue en ese momento que se escuchó sobrevolar el helicóptero, muy cerca de la cornisa donde se encontraban. Después se supo que no era tanto para desarrollar alguna tarea de salvamento o intervención humanitaria sino, fundamentalmente… ¡para filmar la escena desde lo más cerca posible! Una cadena internacional, incluso, estaba transmitiendo en vivo.

En Moscú visité viejos conocidos. Muchos de mis contactos de años atrás ya habían muerto. Creéme que no sólo de viejos, sino de tristeza. Y yo también casi muero de lo mismo. Si no me morí en ese momento, me quiero morir ahora.

Pero, en concreto, ¿qué pasó? ¿Qué viste?

¡Lo peor de lo peor! La decadencia. Vi de lo que somos capaces los seres humanos.

¿Con qué te encontraste? Dale, contá sin problemas…

¡No te imaginás! Muchos de los que antes eran dirigentes del Partido Comunista, gente que conocí personalmente y con quienes compartimos algún vodka en otro momento, ahora eran empresarios exitosos, deslumbrados por un reloj Rolex, por un Mercedes Benz lujoso, ¡por una hamburguesa Mc Donald’s! Sí, sí: así como lo oís, María Inés: ¡por una hamburguesa Mc Donald’s!
Debe haber sido un golpe muy fuerte, ¿verdad?

Terrible, realmente terrible… No te digo que todos los camaradas terminaron así, no. Por supuesto que no. Muchos, me consta, el día de hoy siguen luchando desde el llano, siguen firmes en sus convicciones, y están tan desesperados como yo, tan desesperanzados, agobiados...

….

La psicóloga-policía no tenía palabras. Secretamente, también se sentía acongojada. Tuvo que reprimir lágrimas que le afloraban y amenazaban con convertirse en torrente.

No termino de entender cómo se les esfumaron los principios tan rápidamente a muchos camaradas. O lo anterior era todo mentira, y de verdad no creo que haya sido, o lo que vi me obliga –¡nos obliga a todos!– a replantearnos cómo es eso de cambiar la historia, de hacer algo nuevo, de transformar la sociedad. ¡Puta que es difícil eso, che!

¿Acaso alguien había dicho alguna vez que era fácil?

No, claro que no. Pero lo que uno va viendo es lo terriblemente difícil que es remar contra la corriente. Se suponía que los camaradas de un partido que se llenaban la boca hablando de igualdad, de justicia y de fervor popular estaban ya vacunados contra estas cosas. ¡Y vemos que no es tan así!

¿Será que esto de creerse superior es algo natural, genético? No sé. Por supuesto que es difícil cambiar las cosas, ¡vaya novedad! ¿O no lo sabías?

Bueno, sí. Aunque nunca me imaginé que lo fuera tanto. Como te darás cuenta, todas estas cosas te tocan muy dentro, más aún cuando toda tu vida la destinaste a creer en ciertos principios. Todo esto te desarma las convicciones. O más que desarmarte, te obliga a replantearte muchas cosas. Creo que todos los que nos decimos de izquierda nos lo deberíamos replantear. ¿Qué antídotos efectivos hay contra esas vanidades, che? ¿Por qué pasó en la Unión Soviética, después en la China, y de pronto puede pasar también en Cuba? ¿Por qué fascinan el Rolex o el Mc Donald’s? ¿Me lo podés explicar, María Inés?

Yo no lo sé. Es más: nunca me lo planteé. Pero sos vos el especialista en estas cosas.

Aquí no hay especialistas que valga, querida mía. Si alguien lo supiera con exactitud, ya lo habría dicho. ¿Cómo nos vacunamos contra las veleidades? ¿Por qué nos fascinan tanto las frivolidades? ¿O será que estamos condenados a ser así de boludos? ¿Por qué nos sale con tanta facilidad ser tan pero tan superficiales?

No lo sé… ¿Será que es agradable la comodidad? ¿Vos qué pensás?

Yo apuesto con todas mis fuerzas a que eso no es una condena. Si no, no habría posibilidades de cambio, seguiríamos eternamente en la época de las cavernas. Porque, te lo digo convencido, no todos nos desvivimos por esas vanidades. A mí eso me pasa de costado, y como decís vos, soy un tipo “inteligente”. ¿O es de tontos no desvivirse por un reloj de oro? ¿No te parece demasiada pobre la vida si nos quedamos en esas banalidades?

Bien pensado, sí. Tenés toda la razón. Para muchos el mundo así debe ser, medido por esas cosas, el reloj de oro, el yate, etc., etc. Pero por supuesto podría ser de otro modo, y podría valer –o ¡debería valer!– más una charla como esta que estamos teniendo ahora, honesta y profunda, incluso en una cornisa con gente que nos mira desde abajo, que todo el oro del mundo. Claro que sí, te entiendo y comparto.

Pero hay algo más todavía, mi querida María Inés. Algo que fue la gota que hizo derramar el vaso.

¿Qué pasó?

En Moscú, circunstancialmente me topé con una película pornográfica, cosa impensable años atrás. Y era actor principal allí… ¡uno de mis nietos!

El helicóptero pasaba cada vez más cerca. En esos acercamientos, el ruido se hacía infernal y suicida y psicóloga tenían que dejar de hablar por unos momentos. Era allí cuando el camarógrafo hacía sus mejores primeros planos. Descubriendo eso, el doctor Ulianowsky no dudó un instante en sacarle la lengua a la cámara poniendo cara de ogro y haciendo señas con su mano derecha que iba a cortarles la cabeza.

¿Estás seguro?

¡Absolutamente! La sangre de la sangre es inconfundible. No sé si tendrás hijos, y si los tuvieras, seguro que vas a experimentar la misma sensación que te digo yo ahora: con un hijo, o con un nieto, uno siente lo que les pasa a ellos como si le sucediera a uno mismo. Era mi nieto menor, Daniel, de 19 años. Mi preferido. Como su madre, mi hija, era madre soltera y había muerto en ese accidente del avión hace muchos años, prácticamente lo criamos nosotros, mi esposa y yo.

Pero… ¿cómo está eso de actor porno?, preguntó sorprendida María Inés.

Bueno, ya te habrás dado cuenta que no soy un viejo moralista precisamente.

No, por supuesto. Hace un ratito me estaba enterando que te gustaba cuando eras mi profesor. Además, tengo que confesártelo, todo el mundo siempre supo que eras medio mujeriego. Y yo, más de alguna vez fantaseé que me ibas a mirar con ganas, y algo más…

¡¡Y recién ahora me lo decís!!... Bueno, pero eso es harina de otro costal, mi querida. Cuando uno está por suicidarse te aseguro que no piensa en esas cosas. En lo que pienso ahora, lo que me ronda la cabeza, lo único que me importa, y al mismo tiempo me conmueve hasta los huesos, es esto de mi nieto.

Pero ¿por qué te toca tanto?

¿Es que no lo entendés? ¡Eso es todo un símbolo! No soy un moralista, un viejo santulón del Opus Dei. Bueno, tampoco soy judío, nunca practiqué ninguna religión. Lo que quiero decir, María Inés, es que el tema del negocio de la pornografía es una de las más asquerosas expresiones del capitalismo. ¿Cómo llegar a hacer negocio del sexo? ¿Cómo puede mercantilizarse eso?

Bueno…, en el mundo capitalista todo es negocio. Todo, absolutamente. ¿Por qué no lo sería también el sexo?

Sí, claro. ¡Lamentablemente es así! Pero hay cosas que superan los límites. ¿Te parece que se puede vender la intimidad?

No sé…., ya es natural eso, ¿no? Cualquier pibe lo ve, lo compra… La industria porno es una de las que más crece, tengo entendido.

¡Y ahí está el problema! Todo se nos hace natural, todo termina aguándose… Es natural que alguien se muera trabajando 18 horas por día, o que un negro sea esclavo, o que una mina con minifalda y tacones sea puta. Es natural que en un jueguito de esos que usan ahora los pibes se vea cómo le cortás la cabeza a otro con total naturalidad y vuelen las tripas por el aire sin que nadie mueva un dedo… Es natural que se vendan órganos, se lancen bombas sobre los pobres cuando protestan, se invadan países… Y así también con la industria porno. ¡Pero no, che! ¿No te parece que es para reaccionar todo esto?

Sí, quizá sí…

No te veo muy convencida. Quizá soy un viejo loco que se quedó cincuenta años atrás. Así me lo han dicho muchas veces… ¡Pero creo que no es así, María Inés! Hay que reaccionar ante toda esta mierda. No es cuestión de viejos o de jóvenes: ¡esto no puede ser!

¿Y te parece que la mejor manera de hacerlo es tirándose desde un sexto piso?

No, por supuesto que no. Pero por lo menos esto puede ser una forma de protestar. Mirá, ahí están esas mierdas de los canales de televisión vendiendo la muerte, la sangre, el circo. ¿No te parece que se podría usar este momento para decir cuatro verdades, para decir por qué me quiero suicidar, y cambiarles un poco el guión?

Sí, claro. Pero… ¿cómo lo hacemos?

No sé. Conseguime vos una entrevista con ellos, dado que sos la policía encargada de venirme a rescatar. Deciles que es la condición que pongo para no tirarme.

¡Estás loco! Me matan primero. O dejan que te tires y lo filman con lujo de detalles. Eso no dejaría de ser un muy buen negocio.

Sí, es posible….

El silencio se hizo tenso, pesado, pese a la gritería de la gente que se había reunido abajo, a los gritos de los bomberos, de los otros policías, del público que pedía cualquier cosa (que se lanzara, o que no se lanzara), pese al helicóptero que seguía sobrevolando, a las sirenas de más vehículos que seguían llegando a la escena, a la algarabía de más de alguno que veía una fiesta en la situación … En medio de todo ese circo ensordecedor, el silencio que se había producido en el diálogo entre el doctor Ulianowsky y María Inés remedaba más bien el de un cementerio.

Che, ¿no querés otro cigarro?, fue todo lo que se le ocurrió decir a la psicóloga. Su papel de especialista en emergencias límites ya hacía tiempo que se había desdibujado, o desaparecido.

¿Y qué mierda hago ahora?, preguntó angustiado David. Yo no pensaba que esto iba a terminar de esta manera, con un helicóptero que me toma primeros planos como actor de Hollywood. ¿Me tendré que suicidar entonces?

¿Qué ganaríamos con eso?, agregó casi espantada María Inés.

¿Ganar? Bueno….., no sé. ¿Pero será que se trata de ganar? Tal vez, no sé… lograríamos que vos cuentes todo esto que te estoy diciendo. Que digas claramente por qué me quería suicidar. Quizá esa sería una forma de contar una historia no oficial, ¿no? Podríamos hacer un poco de ruido, mostrar que no todos se venden por una hamburguesa… ¡Mostrar que sigue habiendo ética!

Querido David, digo lloriqueando la policía-psicóloga. Me parece que te voy a decepcionar. Todo esto quedó grabado. Y si vos hablabas de mediocridad, la que en realidad fue una mediocre fui yo.

David se sintió golpeado. Fue como despertar violentamente de un sueño. No podía dar crédito a lo que escuchaba.

¿Y qué significa entonces que “quedó grabado”?

Bueno…, que tengo puesto un micrófono inalámbrico de alta fidelidad, y que todo lo que estamos hablando lo están escuchando ahora mis compañeros en el departamento vecino. ¡Incluso en el helicóptero! Seguramente, ¡está saliendo al aire!

¿Y? Total…, no dijimos nada inconveniente, ¿no?

No sé… Yo no hice mi trabajo como debía. Incumplí mi misión.

Yo no diría eso, María Inés. Lo hiciste muy bien. Creo que lograste lo que tenías que hacer. Creéme que ya no me quiero tirar.

Vos no, pero yo sí.

Dicho eso, sin dudas ganada por la culpa que le había generado la situación, se lanzó al vacío, y no hacia donde estaba la cama elástica precisamente.

Las cámaras captaron cada detalle de la caída. David, por un momento, quedó estupefacto, mudo, aterrorizado. Lentamente, ahora con pánico por la altura en que se encontraba y de la que recién en ese momento parecía tomar conciencia, arrastrando los pies y con toda la precaución del mundo, enfiló hacia la ventana por la que había salido. Dentro de la habitación lo esperaban varios policías y enfermeros.

Fue una desgracia. Cuando ya parecía que llegaba hasta los brazos de quienes lo esperaban, la punta de su pie izquierdo tropezó en el borde de la cornisa y cayó.

Según pude informarme, Daniel, el nieto, al saber del accidente, entró en una impotencia de origen psicológico de la que aún no se recupera. Por supuesto, no abandonó su carrera de actor porno. Ahora hace papeles de travesti.


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“Volver”, de Toni Morrison

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“A mis ochenta y un años, me siento atenta, vital, yo diría espléndida... cuan do escribo”
Toni Morrison

“A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos” Inicio esta crónica de la novela “Volver” con estos versos de Lope, porque la historia que nos cuenta la Premio Nobel de Literatura 1993, Toni Morrison, es todo un poema en prosa. Y es que tan humana escritora muestra en su prosa el sentimiento lírico de una narración con contenido poético solidario del vivir diario tierno y conmovedor sabor literario, representa esa voz de calidad humana en la defensa y lucha constante con vehemencia y ternura por las mujeres de raza negra, color y dolor. Ese sufrimiento y a la vez clamor en la disputa por de derechos humanos que no se resisten a reconocer fronteras y privilegios constituidos según el color de la piel, que en la actualidad, cada día que transcurre se palpan más marginados del mundo.



“Volver”, su más reciente obra editada en español por Lumen en una buena traducción de Amada Diéguez, la autora con ochenta años de vida palpitante cumplidos y con espíritu de denuncia no decaído. Muestra es esta reciente narración el logro y equilibrio de mantener lo que a lo largo de toda su obra ha venido creando solidariamente como se halla patente y vivo en sus novelas “Sula”, “Ojos Azules”, “Beloved” o “La Canción de Salomón”.

La historia transcurre allá por los años cincuenta del pasado siglo. Han transcurrido unos sesenta años y en la Casa Blanca el presidente de los Estados Unidos actualmente es negro, algo que para muchos puede, pese a su segunda reelección, les resulta insólito, pero es una realidad indiscutible, pues socialmente las cosas van cambiado y el negro ya no es un perseguido, aunque en ciertas clases sociales en poder del blanco mantenga su pulso de raza superior y la manifieste cuando cualquier oportunidad, que no falta, en manifestarlo. Pero una realidad imparable continúa su andadura. Esta no es otra que la suma de hispanos y negros resulta ser el factor principal a tener en cuenta por los dos poderosos partidos: Republicanos y demócratas.

“Volver” cuenta con el principal protagonista Frank, un joven negro castigado en su propia persona por la segregación racial, la miseria y la explotación hasta la más indignante y crudeza social. Frank regresa licenciado de la Guerra de Corea donde incluso ha ganado una medalla por una acción valiente, de nuevo se encuentra con la realidad del país donde, como ciudadano, ha expuesto su vida en una guerra más que discutible. Algo que lo conducirá por el camino de alcoholismo hundiéndolo al fracaso en su matrimonio una desgracia de aquello que podía significar una esperanza de estabilidad. A la que se suma la vuelta a casa traumatizado por los horrores de la guerra, cuestión de perenne actualidad en la narrativa norteamericana. Que por su propia y dolorosa realidad se encuentra en literatura de la América profunda.

Frank es el hombre marcado con el peso de la derrota personal que desea poder salir del círculo vicioso y atormentado donde se debate esperanzado por lograr encontrarlo en el hogar que compartió con los suyos, una familia más cargada de humillaciones y sumida en la marginación. Y pese a sus propios fracasos, asume el compromiso de ayudar a su querida y pequeña hermana, casada con un chulo que la abandonó a los pocos días de la boda. Se coloca de asistenta con un extraño y demoníaco médico que experimenta con ella especiales experimentos exploratorios que terminan por destrozarle el organismo. Y este negro derrotado asume salvar a esa frágil hermana víctima con él de la perseguida desgracia. Y con ella lucha y sueña, por eliminar todo lo vívido, volver a la humilde y sencilla vida de marginados en su lugar querido donde soñaron con caballos en su niñez.


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Cuca y el nido alborotado

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una tarde serena, de esas que hacen pensar que el mundo se detiene ante tanta calma, el nido también se alborotó.

Aunque en realidad el que estaba como detenido era el mundo humano, o lo más parecido a ése. Pero el nido también formaba parte del orbe. Era un submundo del cual emergían insectos con acceso a las altas esferas gracias a esa persistencia que tienen algunos bichos capaces de trepar, volar, confundir, alterar, hasta alcanzar sus propósitos por más repugnantes que parezcan.



Esos “parásitos” de la orden de los dictiópteros, nocturnos y corredores, que muchas veces también salen de día, vale asegurar que nunca están quietos. Contradiciendo las teorías del hombre que cree haber alcanzado todo el conocimiento, toda la sabiduría, pero que en realidad no ha logrado la capacidad necesaria como para introducirse por agujeros minúsculos, tan abocado como está a los grandes descubrimientos.

La cucaracha mayor a la que todos llamaban Cuca cariñosamente, dijo que era llegaba su tiempo de descanso y que habría de cumplir con eso. Sugirió que otra debería tomar su lugar y esta situación exigía rapidez de acción. En ese momento y luego de esas palabras, comenzó la agitación.

Su actitud despertó la conmoción, mucho más la incentivaron los argumentos que utilizara el insecto para detener ese camino tantas veces recorrido, atravesando los albañales, basurales y todo lugar donde hubiera comida o desperdicios.

Cuca no se esforzó por crear argumentos válidos, simplemente se despidió parafraseando aquel aire popular mexicano que decía “la cucaracha ya no puede caminar”.

La originalidad no era la característica del insecto o insecta, no se, porque las cucas son seres asexuados, me contaron.

Todos los bichos del nido sabían que era una mentira, sus patitas, aunque más lentas, bien podían seguir trasladándose. Además, ella era la Cuca reina, no era importante que se moviera sino que dirigiera y eso, hasta aquella tarde, lo venía haciendo muy bien. De hecho cuando fue elegida reina del nido, alcanzó ese sitial por su impecable trayectoria. (Uno muchas veces minimiza a esos insectos y ese es un error tremendo, porque piensan demasiado aunque la ciencia no avale esta teoría)

Ahí fue cuando todos comenzaron a preguntarse:

-¿Qué le pasa a Cuca?

Algo le molestó a ella o a las cucas que nunca se ven, pero que están y dirigen con más fuerzas desde el silencio.

-¿Acaso se convirtió en un trasto inservible? Se preguntaban todas.

(No olvidemos que ellas son de hábito asociado lo cual no quiere decir que mantengan lazos de amistad sincera siquiera entre ellas)

Presurosas, cucas y cuquitas comenzaron a dialogar sobre cuál sería la afortunada que fuera capaz de dirigir a todo el nidal. Era una tarea analítica muy severa, casi ciclópea, nada podía librarse al azar.

Por supuesto, decían, los agrotóxicos que utilizan los humanos, cada día son más fuertes, ellos alcanzaron grados superlativos de organización y fueron capaces de exterminar todo tipo de vida.

-¡Nosotras también alcanzamos esos grados!, agregó una muy competitiva.

-Hay que buscar, para el reemplazo, a una cucaracha que ya haya aprobado el examen de mutación, que resista los embates y sea capaz de permanecer inmutable a las nubes tóxicas, dijo la más audaz pero en voz baja.

Tengamos en cuenta que las cucarachas nunca hablan a viva voz para que sus planes conspirativos continúen enroscados dentro del hermetismo ancestral.

-Hay que buscar, incluso, una que resista las más altas dosis de radiación, por las dudas. Hay que cubrirse, pensaban, el hombre está demasiado agresivo y no se puede confiar en él, seguían murmurando dentro del agujero adonde sesionaban.

-Cuca nos arruinó la vida, dijo la cucaracha con mayor desarrollo de espíritu crítico a la que llamaban Critis.

-¿Por qué tanta seguridad? Preguntó un coro de antenas convulsionadas.

-Muy simple, respondió Critis, somos más de cuatro mil quinientas especies, cada una tiene su propia trayectoria. ¿Cómo habremos de ponernos de acuerdo? Hay que conciliar costumbres, tradiciones, conductas socioculturales, agregó. ¿Creen que es tarea fácil?

-¡Esto es absurdo! Dijo otra, exaltada. ¿Vamos a olvidar que nuestro propósito, estemos donde estemos, siempre es el mismo? ¡Chicas, tampoco es el momento de elucubrar fantasías! Agregó mientras se exasperaba más, levantando su dedo índice y apuntando a la masa allí reunida.

Siguió diciendo: -Hagamos una lista de prioridades, ¡abortemos las ideas que no nos unan porque perjudican nuestro mañana!

Las cucarachas se miraron asombradas.

-¡Qué has dicho! Preguntaron todas espantadas casi como si un demonio hubiera penetrado por el agujero de entrada.

-¡Ohhhhhhh! Repitió el eco durante varios minutos.

-¡Esto ya se desmadró, así es imposible dialogar! respondieron otras.

Se dio por terminada la sesión esa tarde serena en la que parecía que el mundo se había detenido. En el horizonte avanzaba un escuadrón de nubes de tormenta, pero que no habrían de ser más que el anuncio de chaparrones aislados propios de la época del año. Y de las circunstancias.

-Mañana será otro día, agregó Critis, pensemos que algo, como siempre, se nos va a ocurrir.

-Afuera la noche está llegando, fíjense como las estrellas comienzan a marchar y cada día su brillo parece encandilar mucho más. Hay que seguir trabajando y con mucho cuidado, están en juego nuestras costumbres y debemos crear nuevas fuentes de engaño.

-El hombre, ya lo vimos, está cada día más agresivo, genera pobreza a pasos acelerados y ya saben ustedes, a los pobres no se les cae ni una miguita ¿De qué vamos a vivir nosotras?

Cuca quedó pensativa mientras su población se encaminaba hacia las cloacas del barrio.


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Música: desde Cuba, Pablo Milanés

Pablo Milanés nació el 24 de febrero de 1943 en Bayamo, Cuba.

Después de cursar estudios en el conservatorio municipal de La Habana se dedica a perfeccionar la interpretación a guitarra y en 1959, con 16 años, inicia su carrera profesional. Antes de lo que más tarde sería la Nueva Trova, formó parte de las agrupaciones Cuarteto del Rey y Los Bucaneros, también trabajó como solista. Algunas de sus primeras interpretaciones lo acercan a la corriente de la canción cubana que recibió el nombre genérico de feeling.



Su canción 'Mis 22 años' es para muchos, el punto mas claro de contacto entre esta corriente y la nueva trova. Como compositor recorrió diversos géneros de la música popular cubana, sobre todo el son. Perteneció en 1968 al centro de la Canción Protesta de la Casa de las Américas. Integró desde su fundación y hasta sus últimas presentaciones el GES (Grupo de Experimentación Sonora).

Realizó estudios de composición, armonía, contrapunto y orquestación con importante maestros. Paralelamente, a lo largo de estos años, compuso música para 7 largometrajes y más de treinta documentales y series de televisión. El catálogo discográfico de PABLO MILANES lo conforman decenas de álbumes y constituye uno de los tesoros musicales más ricos de Latinoamérica. Realizó actuaciones en numerosos países de Europa, África y América.

Numerosos artistas han grabado sus canciones o cantado con el en concierto o discos incluyendo Silvio Rodríguez (Cuba), Joaquín Sabina (España), Soledad Bravo (Venezuela), Simone (Brasil), Tania Libertad (Perú), Manuel Mijares (México), Amaya Uranga (España), Ana Belén (España), Lilia Vera (Venezuela), Caco Senante (España), Joan Manuel Serrat (España), Víctor Manuel (España), Miguel Ríos (España), Raúl Torres (Cuba), Xiomara Laugart (Cuba) y Anabel Rodríguez (Cuba).

A Pablo Milanés se le tiene por una de las voces del régimen cubano, pese a que se muestra crítico con lo que ocurre en la isla. "Sí, porque soy un abanderado de la revolución, no del Gobierno. Si la revolución se traba, se vuelve ortodoxa, reaccionaria, contraria a las ideas que la originaron; uno tiene que luchar".

Discografía como solista

1973: Versos sencillos de José Martí
1975: Canta a Nicolás Guillén
1976: La vida no vale nada
1977: No me pidas
1979: El guerrero
1979: Aniversarios
1982: Filin 1
1982: Yo me quedo
1983: El pregón de las flores, con Lilia Vera
1983: Años 1, con Luis Peña
1984: Ao vivo no Brasil
1985: Querido Pablo
1985: Comienzo y final de una verde mañana
1986: Años 2, con Luis Peña y Cotán
1987: Buenos días, América
1987: Trovadores
1988: Proposiciones
1989: Filin 2
1989: Filin 3
1990: Identidad
1991: Canto de la abuela
1991: Filin 4
1991: Filin 5
1992: Años 3
1994: Canta boleros en Tropicana
1994: Evolución
1994: Igual que ayer
1994: Orígenes
1994: Plegaria
1995: Si yo volviera a nacer
1995: En blanco y negro
1997: Despertar
1998: Vengo naciendo
2000: Días de gloria
2000: Live from New York City
2002: Pablo Querido
2005: Como un campo de maíz
2005: Líneas paralelas
2008: Regalo

Para ejemplificar algo de su cuantiosa producción, dejamos aquí tres de algunos de sus numerosos éxitos:

1. Para mi corazón basta tu pecho


2. Para vivir


3. Te quiero porque te quiero


Fuente: http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/2061/Pablo%20Milanes


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El canto de barrio en barrio


Daniel Vilá (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La tarde se ha desvanecido y es perceptible cierta agitación en el clima del barrio. En el Defensor Sporting ya prendieron las bombitas del frente y el viejo pizarrón anuncia con impecable caligrafía a los diversos grupos carnavalescos que animarán la velada. En tanto, las decenas de personas que ya iniciaron una prolija fila ante la boletería, analizan con detenimiento el nombre de las murgas y parodistas que esta noche se llevarán como trofeo el aplauso de un público que se pondrá de pie para saludar a aquellos que por pocas horas serán sus voceros pero también sus críticos más feroces.



Adentro, el botijerío se adueña del escenario ante la desesperación de algunos padres y la indiferencia de otros, mientras la tribuna popular de la cancha de básquet va poblándose lentamente de jóvenes y las plateas -en verdad, rudimentarias sillas de plástico- comienzan a recibir a familias enteras munidas del infaltable termo y los paquetes de bizcochos. Ya se llevan vendidas varias series de rifas y la densa neblina provocada por el humo de la parrilla donde se doran los chorizos, lo ha invadido todo. De pronto, un rumor crece desde el pie: ha llegado el micro que transporta a los integrantes de Falta y Resto, Araca la Cana, Contrafarsa, La Reina de la Teja o Los Diablos Verdes -tales los nombres de las agrupaciones más populares- seguido de cerca por otros vehículos que transportan a la hinchada. Falta muy poco para que un colorido aluvión de caras pintadas seduzca a una concurrencia dispuesta a ejercer la complicidad.

Quienes durante cuarenta días recorren centenares de tablados y levantan las banderas de estas agrupaciones hondamente enraizadas en la cultura popular uruguaya son guardas de ómnibus, canillitas, obreros del vidrio, textiles, de los frigoríficos o desocupados, viven en La Teja, La Unión, el Cerro, y como por arte de magia se transforman durante el reinado de Momo en músicos, coreutas, actores, coreógrafos, mimos, parodistas.

Según Pepe Alanís -murguero y murgólogo- la cosa viene de lejos, de la andalucísima Cádiz para ser más precisos, un lugar donde el Carnaval también convocaba multitudes. El primer grupo de esas características que se constituyó en Montevideo, data de 1909 y se llamaba precisamente La Gaditana. Avanzada la década del 30 del siglo pasado, a puro bombo redoblante y coro desafinado, comenzaron a brillar, entre otras, A la Gran Muñeca, Patos Cabreros, Asaltantes con Patente y La Milonga Nacional. Sus líderes, aunque no siempre las dirigían, eran personajes legendarios como Pepino, Cachela, Pianito, Tito Bermejo, Tito Pastrana, Canario Luna, y la estructura habitual del espectáculo que ofrecían, que se repite hoy con pocas variantes, comenzaba con la presentación, continuaba con los cuplés -piezas costumbristas cargadas de humor ingenuo y alusiones autorreferenciales, proseguía con la crítica o salpicón -sátira acerca de situaciones o personajes vinculados con la actualidad política y social- y culminaba con la retirada, verdadero manifiesto donde se ponía toda la carne en el asador.

Un personaje central fue y sigue siendo el letrista, capaz de combinar en sus temas -montados sobre remedos de las canciones más populares de cada época- la nostalgia por el pasado, cierta sensiblería, los avatares del amor romántico, el respeto por los valores familiares, el fútbol omnipresente y la esperanza en una sociedad mejor.

Por entonces ya se manifestaba la fortaleza del mensaje contestatario, como lo demuestra esta cuarteta de Los Saltimbanquis que data de 1940: “Que bonito es ser soldado de la patria/y que linda es la instrucción militar/más bonito son escuelas, no cuarteles/elevando la cultura nacional”. Pero los cambios más trascendentes en esa temática repleta de pierrots y colombinas comenzaron a evidenciarse en la década del 60 del pasado siglo, cuando Raúl Sendic, símbolo de la lucha de los trabajadores azucareros del departamento de Artigas, encabezaba masivas marchas campesinas, se extendía la rebelión obrera y estudiantil y el derrumbe del “estado de bienestar” batllista, que se extendiera durante más de 50 años, daba por tierra con el mito de “la Suiza de América”.

El “paisito” se lamía las heridas y la nueva camada de poetas y músicos (Rubén Lena, Pepe Guerra, José Carbajal “El Sabalero”) encontró en la murga una herramienta a la medida de sus utopías transformadoras. El punto de inflexión lo marcó la entronización de la dictadura militar en 1973. Las viejas agrupaciones se reconvirtieron con el fin de asumir el nuevo desafío: enfrentar al despotismo sin abandonar el espíritu original ni tirarle carne a los leones. El ingenio gambeteaba la imbecilidad de una censura que procuraba sin éxito sepultar la gestualidad, el grotesco, la crítica despiadada de esa expresión cabal de la uruguayez. Un tema, “A redoblar” -música y letra originales- se constituyó en emblemático himno de la rebeldía: “Volverá la alegría a enredarse con tu voz/a medirse en tus manos/y a enredarse en tu sudor. /Borrará duras muecas pintadas/sobre un frágil cartón de silencio/y al aliento de murgas saldrá. /A redoblar, a redoblar, muchachos esta noche/cada cual sobre su sombra/cada cual sobre su asombro/desterrando la falsa emoción/el la la la/el beso fugaz/la mascarita de la fe. /A redoblar, muchachos que la noche/nos presta sus camiones/y en su espalda de balcones y zaguán nos esperan otros redoblantes, otra voz/cansados de sentir la mordedura del dolor/porque el corazón no quiere entonar más retiradas”.

Araca la Cana, fundada en 1935 por un grupo de canillitas, repetía en el tablado sin abusar de la sutileza: “Araca es la murga compañera/de un pueblo que construye su senda verdadera. /Pueblo, tu arrogancia es una flor/que aún marchita vive en su aromar/nunca vivirás como un mendigo/porque tu mismo encuentras/para el traidor castigo”. Falta y Resto, conducida hasta hoy por Raúl “Tinta Brava” Castro, no se quedaba atrás y en 1983 presentaba un cuplé titulado “Murga la…”, donde trazaba un desopilante cuadro de la situación que se vivía bajo la dictadura: “Luego de haberlo estudiado y después de meditar/allá en mi barrio formamos una murga sin cantar/una murga que no tiene presentación ni cuplé/y que no tiene siquiera director que diga “tres”/que no se pinta la cara, que no tiene batería/que no aleja las tristezas trayéndonos alegría/que no baila, que no ríe/que no tiene despedida/que no sale por los barrios para no ser aplaudida./Era un lujo el escuchar aquella murga callada/único caso en la historia, ninguno desafinaba. /Tuvo mucha aceptación, porque todita la audiencia/imaginaba la murga de acuerdo con su conciencia”.

Los uniformados se debatían en la desesperación, intimidaban, perseguían, prohibían letras, vedaban murgas enteras, encarcelaban a sus directores -tal el caso de Antonio Iglesias de Los Diablos Verdes- pero no lograban detener el vendaval carnavalero. Las agrupaciones participaban de las movilizaciones, recorrían los barrios y extendían su auditorio a todo el territorio nacional. También modernizaron su estructura musical incorporando instrumentos como la guitarra eléctrica o el bajo y el coro desafinado de otrora se transmutó casi en un polifónico que incluía voces femeninas. El discurso de barricada comenzaba claramente a primar por sobre el humor y la frescura de la crítica de costumbres.

Después de la pesadilla dictatorial, la democracia formal y condicionada liberó las compuertas expresivas y comenzó un debate del que dieron cuenta los periodistas Milita Alfaro y Carlos Bais, en una extensa nota publicada por el semanario “Brecha” en febrero de 1986. El centro de la polémica: una presunta antinomia entre la “murga-murga” y la “murga-mensaje”. Para el extinto Tito Pastrana, numen de La Nueva Milonga, “el pueblo está amargado, muerto de hambre, ¿va a venir al tablado a que le digan lo mismo?”. En las antípodas, Pepe Morgade, de La Reina de La Teja, replicaba: “Mayoritariamente le cantamos a un público de extracción proletaria y nuestra preocupación es que comprenda por qué estamos sumergidos. La Reina conforma un comité de base frenteamplista con compañeros de todos los sectores. Más que una murga es un grupo político que tiende a la consolidación de un movimiento popular de vasto alcance”. Catusa, un mito del Carnaval, terció en la discusión con una afirmación tajante: “No existen la ‘murga-murga’ ni la ‘murga mensaje’, existen las murgas con coraje y las murgas sin coraje”.

Como sea, en estos días las bombitas del Defensor Sporting y la de decenas de tablados volverán a encenderse y miles de montevideanos sentirán que, como dice una letra de Contrafarsa, “volvió la murga a seducirlos otra vez/sin que se dieran cuenta, cayeron en la red”.


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Plástica: “La coronación de Napoleón”, de Jacques-Louis David


El Ave Fénix

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Isaías, una vida de ideas renovadoras


Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Poeta, escritor, matemático, periodista, educador de juventudes, con sus 96 años cumplidos, Isaías Elías Zavaleta Figueroa, es un activo ministro cuasi fundador de las Asambleas de Dios del Perú, avivamiento espiritual que en el siglo XX se extiende entre los cristianos del mundo que se dieron a la tarea de predicar el evangelio, desde la visión del Nuevo Testamento o renacimiento Pentecostal.

Isaías se acerca a un siglo de vida, reeditando su novela El final de una vida (180 pp), novela publicada en 1974, en la Editorial Parón, pequeña empresa que creó en su tierra natal y le siguió acompañando en Trujillo, calle Bolognesi 656, del Centro Histórico de esta ciudad del norte peruano.



El autor, en el prólogo de su obra, considera que hay tantísimas manifestaciones del hombre que quedan ahogadas a diario en el fondo del ser, por falta de un lenguaje oral o escrito que dé curso a las ideas engendradas por la mente.

Y esas manifestaciones que a cada persona le toca sentir en grado variable a su actividad, están aquellas que impresionan a nuestro ser, y son específicamente las experiencias externas que timbran las cuerdas de nuestra sensibilidad, haciendo surgir en nosotros amor u odio, alegría o sentimiento, gozo o desilusión, adhesión o protesta contra todo aquello que es injusto del hombre contra el hombre.

EL FINAL DE UNA VIDA, precisamente, describe al personaje central como a los demás que conforman el elenco de esta obra, los que simbolizan la trama real del mundo actual en que vivimos hoy, con su odio, desengaño, vanidad, lucro, farsa, vicio, venganza, deslealtad, conductas que luchan contra el amor y el perdón, únicos patrimonios que el hombre debe defender a todo costo.

Por eso, Zavaleta Figueroa, sostiene que si peca demasiado es por no saber presentar a mis hijas virtuales (las ideas) carentes de ropaje literario y exentos de colorido artístico en sus formas; en cambio sí, las dejo salir tal como han sido concebidas en parvadas, cual avecillas que se deleitan en la libertad de sus alas, porque sé que dejándolas libres con la sinceridad que se las envía, llegarán al oído de los ricos y de los pobres, de los que engañan y de los desengañados, de los que gustan disfrutar del poder a expensas del hombre ajeno y de los que sufren el abuso de aquellos.

El autor, nació el 16 de Febrero de 1917 en Caraz, en el Callejón de Huaylas, Ancash, un valle de clima templado, a 400 kms. al Nor Este de Lima, protegido por dos cadenas de montañas - Blanca y Negra-, lagunas, lagunillas, manantiales, aguas termales y riachuelos que alimentan el Santa, uno de los pocos ríos de cauce regular, que desemboca al Pacifico, y que durante las cuatro estaciones del año mantiene una variada agricultura, incluyendo diversidad de flores, frutas, alimentos de panllevar. La elaboración de los refrescos y los helados con el hielo de las faldas del Huandoy y el Huascarán, se truncó con el terremoto del 70.



Isaías Zavaleta, durante su juventud estuvo muy cerca de los adolescentes dando las primeras lecciones de la política al servicio de la vida, de la comarca que los cobija. Creyó en el gobierno local, como la institución que ensambla los sueños y las esperanzas de las antiguas comunidades, tan vigentes para construir el desarrollo sustentable, teoría tan de moda en el presente siglo, y que rescata el valor del conocimiento trans disciplinario, división o fraccionamiento que nunca debió separarse en la formación del niño.

En Caraz, junto con el poeta Hernán Osorio Herrera, hizo periodismo y veladas literarias en Radio Claridad, una sonora muy apreciada por la ciudadanía, un modelo de comunicación sustentada en la ética, las buenas costumbres y la solidaridad puesta a prueba.

La reciente publicación de EL FINAL DE UNA VIDA, tiene ingredientes sui géneris, que demuestran el valor permanente de la tecnología. Siguiendo la lección de Vallejo – “aquello que se inventa no se puede desinventar”, la edición que hoy tenemos en nuestras manos - 16 de febrero 2013- conserva las características originarias.

Los nuevos instrumentos de la industria digital y de internet han permitido confirmar que las ideas no tienen fronteras, y se convierten de locales en globales.

EL FINAL DE UNA VIDA ha sido reeditada tomando la primera matriz, escrita en una antigua maquina Remington o Royal, en aquellas teclas metálicas y sonoras, trasladadas en “esténcils” y reproducidas en mimeógrafo, máquinas aún valiosas en nuestras aldeas de oro.

Esta edición tampoco es fruto de la casualidad. Han concurrido: July Balarezo, con su alegórico lienzo que ilustra la carátula. July y Jorge Zavaleta Balarezo, desde Frederick y Jonesburgo, con su recuerdo diario de los abuelos Elena y Eva, Juan e Isaías, que colmaron sus sueños y alimentaron sus primeros pasos.

Principales obras

ANTES Y DESPUES DEL TERREMOTO, III Tomos. Es un conjunto de relatos del Callejón de Huaylas, antes y después del terremoto del 31 de Mayo de 1970, la más grande tragedia del siglo XX en el planeta, que produjo la muerte de 70 mil personas.

Sus crónicas han formado parte de importantes investigaciones de sismólogos internacionales y nacionales y han contribuido a la creciente toma de conciencia sobre la necesidad de la prevención para disminuir el impacto de los desastres naturalesm que siempre afecta a los más vulnerables.

Parte de estas publicaciones forman parte de una colección de libros sobre sismología publicados en Moscú, 1980.

FRAGMENTOS. IV Volúmenes. Publicados en los años 1971, 72 y 73. Constituyen una serie de comentarios y análisis sobre la organización y desorganización de las entidades públicas encargadas de la reconstrucción de los pueblos destruidos por el sismo del 70.



LA MADRE Y EL HIJO ACUSADO, 1963. Un drama corto que revela las dudas e incertidumbres de los grupos sociales para criar a sus hijos dentro o alejados de los esquemas de la sociedad tradicional de los años sesenta, década de los grandes acontecimientos que vivió el mundo. Imprenta Atun Huaylas, Jirón Luzuriaga 114, Caraz.

VALORES QUE NO SE PIERDEN, 1962. Relatos de actualidad para niños, jóvenes y adultos. Impreso en los Talleres Gráficos “Atalaya”, Caraz, de Abel Angeles.

¿QUIENES SON CULPABLES? Drama Protesta, en II Actos. Escrita en Caraz, Mayo de 1970. Impreso en Editorial Parón, Trujillo, 1974.

Estas y otras de sus publicaciones han sido presentadas por el autor, a través de un largo peregrinaje por los pueblos de Ancash y el Perú, fuentes inagotables para su creación poética y sus prédicas dominicales en concurridos auditorios. “A medida que los años pasan/ Si tú amigo que siempre me lees/ Estas experiencias que yo te cuento,/ déjalas que en tu corazón se graven.

Don Isaías Elías reciba el saludo de sus seres más queridos: De Rosa Amelia, Lolo, Lolito y Bruno. De Elida Beatriz y Adolfo, su esposo. De Coco y Montse desde Barcelona. De July y Jorge. De Elena Alegre, Arturo Miguel y Adolfito, desde el Cielo.

“Tu respuesta, siempre ejemplar, la hemos conocido. Por ejemplo, en tu poema "Practica el Bien”: "No dejes dejes de honrar a tus padres,/ Porque largura de años tendrás como premio/ Y te irá bien en todo lo que hagas,/ Porque es un mandamiento con promesa”.

Nota. En Caraz, aún queda en pie la casa del escritor. Isaías, conocedor de la resistencia de materiales y de la energía solar, construyó una cálida vivienda que soportó el infausto terremoto del 70 y que sirvió de breve refugio para los vecinos. Queda también aquel intenso perfume de las enredaderas de Madre Selva, de claveles y jazmines que sembró y cuidó Elena, su compañera eterna. Elena, la mayor de nueve hermanos, fue hija de Porfiria y Víctor Alegre, un juez probo, reconocido por los pobladores de Huaylas, especialmente por los campesinos, por la justa distribución de las aguas, sorteando la presión de gamonales.


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Los lugares no reconocibles


Pedro Luis Ibáñez Lérida (Desde Sevilla, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las más de 7000 cartas que se conservan en el Archivo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores de Méjico, forman la crónica de un tiempo de desarraigo y sufrimiento. La memoria no apuntala el edificio de la realidad que fue. Sostiene la que es hoy para evidenciar el transido y lento paso de los exiliados españoles. Al finalizar la Guerra Civil, en los campos de internamiento franceses se hacinaban los españoles que tuvieron que huir de su país. El escritor húngaro Imre Kertész considera que "Una crisis como la actual dio pie a la llegada de Hitler al poder. Deberían sonar todas las alarmas, pero no suenan". En este sentido la cada vez más acusada presencia de signos de este tipo son evidentes en Grecia. La venta de armas a título personal ha aumentado considerablemente y la significativa presencia y ascensión del partido con tintes nazis, son la boca de un oscuro pasadizo. El autor de Sin destino, acomete en su literatura la trascendencia espiritual del Holocausto. Toda su obra tiene una composición de lugar referencial sobre la dimensión de los acontecimientos del siglo XX en Europa del Este. Completa la frase anterior con la siguiente, "Lo cual quiere decir que el Holocausto no está presente en la conciencia de los políticos europeos".

Lázaro Cárdenas, el presidente mejicano, fue uno de los contados colaboradores reales de la República española. Le vendió armas. Cerca de 20.000 españoles pudieron incorporarse a aquel país, facilitándoles el viaje por el Atlántico. Aquellas cartas, peticionarias de asilo, contraen ese enigmático abundamiento en lo poderosamente oculto. Es la literatura de lo fragmentado y lo compuesto en el silencio. La literatura se articula también desde la ficción para contradecir lo falsamente real. Las cartas que conforman este registro tornan desde el pasado para contradecir el presente en su más amplia condescendencia con los sucesos actuales, al igual que Kertész.

La ficción es la más insurgente de las propuestas literarias. Atendiendo al proceso creador y a los hilos argumentales, la imaginación monta y desmonta el rompecabezas que el lector asume como parte de su activo. Ambos magines -el del autor y el lector- compiten en su acomodo menos gustoso. Interferir en el ánimo del uno en el otro, es un bien y principio literario que nos conduce a ese lugar no reconocible. El escritor Luis Landero afirma que "Los escritores somos un poco como los actores, necesitamos el reconocimiento". Éste, que señala el autor pacense, es el lugar reconocible. Aquél -el no reconocible y del que hablaba- comporta la sinergia del tiempo y el espacio. Estimo que, por ejemplo, para Saramago o Kafka al igual que los autores que le precedieron, este tipo de valoración es un brindis al sol. No es reconocible porque la dimensión real de una obra, es siempre la de los lectores que se aproximan a ella. No hablo de los éxitos en ventas y sí de los lectores que conforman el pulmón de la obra, su existencia y supervivencia. Malograda quizás, no entendida también, pero en el anaquel de los lectores que eligen y deciden. Señalo la trascendencia de la literatura que no sufre el poder de la instantaneidad y el provechoso mundo de la mercadotecnia. Y que no es otra que la de los lectores intemporales que siguen recibiendo el eco de, por ejemplo, La muerte de Virgilio, de Hermann Broch, que cito por ser una obra contemporánea y que, bajo mi punto de vista, adquiere la catalogación de clásico. Un clásico leído y vivo en la mirada de sus lectores.

Los dramáticos sucesos en Egipto, así como los acaecidos en Libia, Turquía y fundamentalmente la guerra en Siria, como desembocadura de la Primavera Árabe, suponen la constatación de un fracaso del que pende la estabilidad de zonas regionales con conflictos larvados.

Tal vez todo se deba a las prisas. No me refiero a la necesidad de abordar ciertas cuestiones, sino a como abordarlas. Emilio González Ferrín, autor de la obra Las bicicletas no son para el Cairo contiene ese lugar no reconocible en el que la literatura experimenta su vasto sentido y extensión de vislumbrarse como un océano en el que hay que navegar. O quizás una bicicleta a la que no basta subir, es necesario pedalear y mantener el equilibrio. Su trayectoria académica y docente -Profesor Titular de Pensamiento Árabe e Islámico en la Universidad de Sevilla- y sus publicaciones ensayísticas, no han restado un ápice a la capacidad de fabular. Las bicicletas no son para El cairo, es su primera novela, fruto de su propia experiencia vital en la capital egipcia. La visión pesimista del autor sobre los "cambios" que se suceden de forma tan vertiginosa, agita la escenografía a la que se ven abocados los protagonistas. Sin embargo, esa sensación de malograda coexistencia, adquiere connotaciones individuales de resistencia y albergan cierto halo optimista. Ferrín toma como metáfora el concepto lingüístico al que alude la bicicleta, que es el mismo que se utiliza para designar las prisas en el dialecto egipcio. Este juego de palabras sentencia la inmovilista situación de la mujer y el contexto nada favorecedor en cuanto a su protagonismo social. De ahí que las decisiones individuales y la articulación de éstas en la trama argumental, sostengan una novela -primera de una trilogía- que nos devuelve ese gusto placentero, y no por ello menos cautivador en el análisis de la realidad humana, por la lectura como lugar no reconocible, salvo en sus lectores. Como las cartas de los exiliados que necesitan lectores que las reconozcan. Unas vidas desposeídas de ficción, pero que contuvieron en sus ideales la imaginación de una sociedad diferenciadora en cuanto a las esperanzas que presagiaba y que fueron cercenadas de raíz.


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Poema para casos de desastre


Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Nadie sabe cuándo
sonará el teléfono
ni cuándo
llamarán a la puerta
ni cuándo
temblará
ni cuándo
un meteorito hecho la raya
nos dará en el coco.
Nadie lo sabe.
Y entonces
si algo pasa ¿qué haremos?
Instrucciones precisas han sido giradas
se ruega tomar debida nota.
Si llaman a la puerta
contesten el teléfono
si suena el teléfono
atiendan a la puerta
si tiembla
o nos cae un meteorito
corran a guarecerse donde puedan.
Y en todo momento manténganse bien informados.


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Minotauroamor: Una mirada desgarradora de la condición humana


Dolly Sales de Nasser

En esta novela, Arias recrea estéticamente un mito helénico. La recreación no sólo tiene mérito artístico sino también una atrapante multiplicidad de significaciones.

La lectura de obras de distintos momentos de la literatura universal pone inmediatamente de manifiesto la vigencia que los mitos helénicos tienen en las letras de todos los tiempos. Sin embargo, no siempre esta recreación de los mitos respeta la historia original. En algunos casos, sólo presentan variaciones del motivo central pero, en otros, las modulaciones llegan a ser tan significativas que terminan invirtiendo la significación primigenia del mito en cuestión. En este último caso, creemos que existen, por lo menos, dos móviles principales: por una parte, desmitificar los contenidos, y por otra, resemantizarlos. En su novela Minotauroamor, Arias retoma el mito helénico y lo recrea estéticamente. No obstante, esta recreación no sólo tiene un mérito de tipo artístico sino que -y en esto nada difiere de los mitos originales- su valor reside en la multiplicidad de significaciones que emanan de esta reconstrucción literaria. Nuevos sentidos que se superponen al original con la intención de encontrar una posible explicación al evidente deterioro que sufren los valores humanos en el momento histórico que le toca transitar a nuestro autor. Abelardo Arias alude a la degradación de los valores humanos desde una visión totalmente inmanentista en la que la esperanza no tiene lugar. De hecho, una mirada detenida en el discurso textual permite al lector acceder a una serie de conceptos acerca del hombre y las realidades que le conciernen: el amor, la amistad, la belleza, el arte, el poder, etc., de las que se desprende una visión fundamentalmente pesimista del hombre moderno muy ligada a la filosofía existencial del escritor y pensador francés Albert Camus. En este sentido, cabe destacar que Minotauroamor es una novela de índole filosófica puesto que lo que interesa no es tanto la acción o los personajes, el espacio o el tiempo como la plasmación de un universo ideológico dentro del cual cada elemento adquiere una dimensión simbólica que hace necesaria su interpretación para descubrir su vigencia y trascendencia.

Breve reseña argumental

Un narrador en tercera persona presenta, como en el mito clásico, al Minotauro encerrado en el laberinto de Creta. Sin embargo, la figura que se va desprendiendo de él a lo largo de toda la novela, lejos de asimilarse a la que nos proporciona el mito helénico, se aleja de él para terminar configurando a un personaje humanizado. El lector asiste, de la mano del narrador, al proceso de humanización y espiritualización que marca la trayectoria vital/textual del personaje. Ahora bien, frente a esta figura ennoblecida del monstruo se nos presenta la figura degradada del héroe mítico: Teseo. Un héroe corrompido por la ambición desmedida y por la debilidad interior, incapaz de cumplir con su destino. El mismo Abelardo Arias confiesa que en la génesis de esta obra literaria se encuentra como motivación un cuestionamiento que lo abrumaba: conocer la identidad de la auténtica condición humana. Intentando responderse, recurre al mito clásico del Minotauro y lo recrea. Al respecto, él mismo declara: “Todo comenzó al preguntarme a lo Montaigne, ¿quién es más monstruoso, el Minotauro que sigue los dictados de su naturaleza o esos padres que enviaban al sacrificio a sus hijos para proteger sus vidas y la libertad del Ática? Sentí al Minotauro, tremendismo a lo Goya, tan de nuestras raíces, aquí y hoy. Imagen de minorías despreciadas o execradas. Parafraseando a Heidegger, es posible decir que toda novela nace de la devoción del recuerdo, y yo agrego, del desgarramiento metafísico de la conciencia”. De este modo surge Minotauroamor, una novela en la que el autor invierte el sentido original del mito para presentar al Minotauro con una interioridad sublimada.

Modulaciones del mito

La historia del Minotauro, tal como queda textualizada en esta novela, se aleja en lo esencial de la tradicional. Básicamente podemos decir que ya el título nos señala una dimensión impensada en el mito clásico: la asociación del Minotauro con el amor. El lector asiste a un camino que in crescendo va señalando la espiritualización del personaje mítico frente a la evidente deshumanización del hombre. De la concepción clásica, el autor toma, por una parte, la idea de que el mito explica la actual condición humana a partir del conocimiento racional del mismo. Ahora bien, este “conocimiento racional” sería, precisamente, el que lleva a Arias a invertir el simbolismo y significación de cada uno de sus elementos, dado que si la clave de la degradación del hombre tiene sus raíces en la mitología, ésta debe ser, necesariamente, diferente de la que nos presenta la tradición literaria. Por lo tanto, y como es el presente lo que da sentido a toda la realidad, es desde este presente, “su” presente, desde el que Arias interpreta el mito y lo recrea con la finalidad de encontrar respuestas a los interrogantes del hombre moderno. Cada elemento del mito se trivializa en el contexto de la novela que nos ocupa y en ella, cada uno de los personajes -el Minotauro, Teseo, Ícaro, Egeo, Minos, Ariadna- muestran, a un mismo nivel, las plurifacéticas caras del ser humano. Por otra parte, toma del mito la figura del monstruo y la identificación de ésta con un aspecto de la interioridad y esencia del ser humano. Pero invierte el sentido, dado que mientras para el mito helénico el Minotauro representa lo monstruoso del hombre que debe ser vencido por el héroe -cuya acción garantizará la victoria del bien sobre el mal, de la razón frente al instinto, de lo espiritual frente a lo puramente carnal-, en esta novela, el Minotauro representa justamente lo opuesto. El lector asiste a un proceso de “evolución” de Asterio, quien se aleja cada vez más de lo instintivo para acercarse a lo racional, en un camino que lo lleva a espiritualizar todas sus acciones.

Visión del hombre

El Minotauro, por su propia condición, es el ser que está entre el hombre y la bestia, es decir entre la razón y el instinto. Abelardo Arias se vale de este hecho y nos ofrece un discurso bivalente que pone de manifiesto una especie de juego en el que las características atribuibles al hombre pasan a ser propias del Minotauro, a la vez que se presenta el deterioro ético y moral del ser humano dominado por sus pasiones y por su faceta más instintiva. Este es el Minotauro que se erige como el verdadero enemigo del hombre, cuando deja de cumplir el papel de monstruo en el que recaían todos los actos miserables del ser humano y, por el contrario, se convierte en una especie de espejo en el que el hombre descubre su verdadera dimensión: “La gente se acercaba para contarle sus miserias, lo que no se atrevían con los demás. El Minotauro siempre era o debía ser más monstruoso que cuanto ellos pudieran ser o contar”. El Minotauro tenía la función de ser monstruoso para que el hombre se viera dignificado, cuando pierde esa condición y en su lugar se convierte en el ser que revela al hombre su verdadera cara: la de la maldad, la avaricia, la envidia, el egocentrismo, la ambición, el poder, la lujuria -las pasiones todas que son las que verdaderamente lo dominan-, el Minotauro pierde su sentido y entonces debe morir. ¿En manos de quién? Ya no del héroe puro, que puede vencer todos los obstáculos para alcanzar el dominio total de sí mismo, sino de un héroe degradado que ha perdido la pureza y el valor, que necesita del metal para matar y de la ayuda vil de Ariadna. Un héroe dispuesto a engañar hasta provocar la muerte de su propio padre con tal de reinar, de acceder al poder. Con la muerte del Minotauro se elimina, en definitiva, la posibilidad del hombre de enfrentarse a sí mismo. Este planteo, en el que la esperanza no tiene lugar, es de índole puramente existencial y pesimista. Se trata del hombre que pierde la fe en el hombre. Es la historia del hombre que camina hacia su propia autodestrucción. En definitiva, la figura del Minotauro le sirve al autor mendocino como un símbolo hiperbólico que le permite establecer los matices que se dan en el ser humano y que lo acercan más al mundo de los dioses o al de las bestias, en tanto sea capaz o no de controlar y dominar sus más viles tendencias.

Conclusiones

El marcado pesimismo que se advierte en la lectura y relectura de las innumerables sentencias y afirmaciones generales acerca del hombre, del arte y del artista se extiende tanto al nivel de la interioridad del hombre -donde son puestos en tela de juicio los sentimientos más profundos como el amor, la amistad, la religión y el patriotismo-, como también a su desempeño en el plano socio-político, donde se resalta la lucha del poder por el poder mismo. Las relaciones humanas quedan supeditadas así a establecer un vínculo de sometimiento, servidumbre y masificación, en donde no hay lugar para el desarrollo creativo e inteligente de la interioridad. Esto asegura el éxito de una sociedad mecanizada, fácilmente manejable bajo estos parámetros y en la que el arte y su valor creativo no tienen lugar. Ante lo expuesto queda claro que Abelardo Arias se hace eco de los cuestionamientos existenciales que marcaran a toda su generación, pero consideramos que modera su impronta. El hecho mismo de que el Minotauro intente superarse continuamente y que acepte morir en pos de un bien mayor que lo trasciende, hacen que su aceptación no sea la mera aceptación de quien, invadido por el tedio, le da lo mismo vivir que morir. A Asterio no le da lo mismo porque ha conocido el amor y el amor le abre un mundo de esperanzas que sólo se consumarán allí, en ese momento ritual que es el de su muerte. Éste es sin duda el mayor logro de Asterio, es su verdadero triunfo. En Minotauroamor, Asterio -mitad animal, mitad hombre- emprende el camino del autoconocimiento y del dominio de sí mismo y de sus impulsos. Un camino de superación que le permitiría acogerse al mundo del “hombre normal”. Pero una vez alcanzado el avance espiritual que suponía su humanización, ese mundo lo rechaza, porque ya en él no hay lugar para seres que sienten, que aman, que crean; su única salida será la muerte. Coincidentemente, dirá Camus: “Lo que queda, es un destino cuya única salida es lo fatal. Este es el destino que encarna Asterio. Pero su tragicidad se ve moderada por el mensaje que deja detrás de sí: que el amor es el que puede dar sentido aun a los actos y acontecimientos que parecen carecer totalmente de él. En definitiva, la lectura de la obra novelística de Abelardo Arias nos lleva a afirmar que los cuestionamientos existenciales, el arte y el papel del artista en la sociedad no son, cada uno, un motivo más que se deslinda de su narrativa, sino que se erigen en temas dominantes, presentes en cada una de sus novelas, si bien con distintos enfoques y gravitación. Esto demuestra el especial interés del autor en estos temas. Como hemos manifestado anteriormente, consideramos que Arias se detiene en los aspectos esenciales del hombre en general y del artista en particular, como un modo de conocerse a sí mismo porque, como afirma el filósofo francés, "el artista, como el pensador, se empeña y se hace en su obra".


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¿Qué hace el “periodista” con la información que esconde? ¡Fanático de las mentiras, nada inútil en un océano oscuro! ¡No se salva, da brazadas al garete, pasajero sin destino es!


Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hace falta mucho amor en el mundo, fíjate en este detalle: Chávez, que es audaz pero no temerario, palabras más palabras menos lo viene diciendo a modo reiterativo desde hace bastante tiempo y, no por casualidad sino por causalidad esa consideración florece entre el pueblo, signo de que radicó en la conciencia popular.

El pueblo venezolano estuvo por mucho tiempo desarticulado, hecho que no es casual sino causal pero esa brizna de paja en el viento -que es Chávez- y que tampoco es nada casual sino causal -valga el reitero-, vino nada más ni nada menos que a tratar de liberar los poderes creadores de un pueblo esclavizado, Venezuela, y si ciertamente no lo ha logrado totalmente, viene dando pasos de siete leguas en ese camino, que es el correcto.

Partir de una causa o acaso de más de una, tal vez cinco u ocho causas, para intentar explicar y más, justificar la esclavitud, la explotación, la miseria y el hambre del pueblo, es erróneo; y esa es la tesis del capitalismo depredador y chupasangre; tesis que, por lo demás, sostiene el periodista comemierda asalariado y envilecido, títere de los grandes centros de poderes políticos y militares internacionales.

Manipular la causa, sea cual fuere, deja de ser causalidad y se transforma en falacia cuando la ética del pueblo no está de por medio. Esto es que las grandes corporaciones difusoras mediáticas se valen de falacias persuasivas para forjar una audiencia cautiva, sujeta al consumismo y a la ideología de la quietud porque el yugo frena la turbulencia social.

Mas, llega un momento en que la fuerza y la potencia del pueblo en busca de redención, se hace incontenible y estalla, tal como cuando el Caracazo en Febrero de 1989, explosión social estremecedora y que se extendió a lo ancho y largo de la entonces proscrita e irredenta Venezuela; y habría que haber presenciado aquella verdadera insurrección popular in situ y en la espeluznante magnitud de su estruendo, para intuir al menos lo que puede ser el infierno de una ingobernabilidad.

¡Eso si fue una brutal ingobernabilidad! Recuerdo que ese día 27 de Febrero pude -junto al camarada “Chemaría” Hernández, de la dirección del todavía confiable Partido Comunista de Venezuela- rescatar de la posible muerte, a un alto jefe adeco y Diputado al Congreso Nacional.

Es muy lamentable llegar a extremos de violencia venga de donde provenga y los líderes de todo bando están en el deber y la obligación de evitarlo en cual fuere la circunstancia de tiempo de forma y de lugar.

Lamentablemente, la oposición venezolana apátrida corrupta y corruptora hace todo lo contrario a lo que debe ser evitar la violencia y, precisamente, se vale de periodistas tarifados y enfurruñados, para incubar la violencia, al esconder verdades.

La prensa tarifada e inescrupulosa esconde las verdades que estimulan las expectativas positivas del pueblo, tal como podría ser la inauguración de un complejo de viviendas o la de un cardiológico infantil; mientras que presta, destaca, a toda mecha, en contrario, las medio verdades que puedan causar desaliento en la población, tal sería la falta de leche o de maíz.

¿Qué hace un “periodista” con la verdad que esconde, donde se la mete?

Nadie va a decirme que, callar un dato, implica no evocarlo; si tú sabes algo que -por ética- debes decir y no lo dices, no puedes guardarlo en una gaveta de escritorio y con ello desentenderte del mismo.

¡A otro perro con ese hueso!

Como es de suponer, un/a “periodista” de mala calaña -valga la hipérbole- ha de tener un enorme basurero en la cabeza y, si por añadidura se atesta, podría desbordarse por los ojos, por la comisura de los labios, por los oídos y hasta por los poros.

Tú observas la mirada, las palabras, el rictus, el gesto de los periodistas de Globovisión y de Venevisión -valga por caso para no personalizar ni mucho más ni menos extenderme- y notarás la más notable expresión de odio.

Con sólo bajar el volumen y ver atentamente la imagen de cualquiera de esos sujetos, se puede apreciar lo que os digo, ¡probad!

¿Qué hace el “periodista” o el “editor” -reitero- con la información que esconde, por donde se la mete sí es imposible no llevarla consigo y en la cabeza pudiese ya no caberle?

¡Misterio de la ciencia! Un caso para el Dr. Lupa.

La capacidad de un molde físico no depende de que éste esté lleno o vacío sino de las dimensiones matemáticas que posea; la capacidad mental es otra dimensión distinta a la material pero es evidente que un “periodista” que únicamente transita en el plano material, que solo piense en su cartera repleta, al precio que sea de su reputa(ción), no pasa de ser una sabandija, helas ahí, por ejemplo, en globovisión, tantas sa-ban-di-jas como piedras hay en un pedregal.

Y, no sólo “periodistas”, hay sinvergüenzas de toda laya en todas partes y en todo momento e inclusive pescadores artesanales (lo siento) que no miran más allá de su nariz.

Es de saber que si metes una flor en una letrina, aquella deja de ser flor, así mismo las ideas creadoras también se corroen tal como el hierro, a menos que anden por donde deben andar. Muchos que ayer profesaron la idea de la revolución hoy andan de hinojos ante los enemigos del pueblo trabajador y digno.

Llega un momento en que para que no se le desborde el basurero que tiene en la cabeza, el periodista sedicente apela a secuestrar la verdad inoxidable y, la oxida, porque, atapuzado por arriba y por abajo (¡fo!) de información inconsistente, se convierte en víctima de sí mismo, forma un mazacote de datos y termina siendo candidato para el manicomio, aunque sin saber que lo es.

Dicho de otra manera, los periodistas sedicentes son tan cínicos que hasta una verdad de Perogrullo la convierten en mentira, hacen alquimia al revés, oxidan lo inoxidable, así son ellos, el testimonio de sus perversiones cunde por todas partes.

Hay periodistas que se envenenan a sí mismos con sus propias mentiras; no vayas lejos, todos en globovisión, todos en Venevisión, todos en El Nacional y todos en El Universal, en TalCual, en Últimas Noticias, en El País de España y en etc.

Algunos sólo son guabinosos y a veces arriman una pa´el mingo pero, son los menos, cuantitativamente; son tan dañinos como los echaos pa´lante ya que causan la intriga y después meten la cuchara, el propio tira y encoge, el zigzag impenitente.

Por fortuna, hay periodistas de admirable integridad, ahí está José Vicente (aunque a veces yo echo bromas a su costo) pero, José Vicente es él.

Ahí está Walter Martínez, un internacionalista insuperable, ahí está Britto García.

Hay muchísimos periodistas ejemplares a quienes el pueblo llano, el de acá de la catacumba, admira con el más esmerado respeto pero, por solo citar a esos de quienes los pata en el suelo pensamos que ya no tienen chance de echarse para atrás porque están convictos y confesos de parecer íntegros, no desmerece a muchos a quienes no haga referencia ahora.

Valga aclarar que cuando cito en plural es porque tengo los pelos en las manos, pero me responsabilizo por lo que digo, inclusive en nombre del pueblo.

Pero, al grano:

Difundir informaciones envenenadas deja secuelas obvias en la población; días, semanas, meses, años y más, de ver, leer y escuchar la descripción y la imagen de un mundo ajeno, despoja a mucha gente de un modo propio de pensar y de actuar, de concebir el mundo tal cual es, y eso atrofia el sentido crítico del individuo; la televisión capitalista -por ejemplo- despersonaliza a sus “periodistas”, se apodera de sus cabezas a cambio de un sueldo, de ahí que los referidos periodistas sin cabezas secuestren la verdad y a modo de rehén de sus intereses, pretenden que la realidad se adapte a su perversa descripción y, no, en rigor, describir la realidad tal cual es.

Sería demasiado, ciertamente, llegar a la objetividad, ésta es una condición sine qua non intrínseca del objeto; siempre seremos subjetivos en nuestras definiciones, puesto que somos sujetos; mas, a menudo, la definición de la realidad cabe dentro de un margen apreciativo trivial, es decir, que unos y otros podemos coincidir aproximadamente en que, por ejemplo, los peces viven en el agua, que las ramas nacen del tronco, que no por ocultarse El Sol deja de alumbrar, que Superman se pone primero los pantalones en vez de los interiores y que además él es a Klark Kent lo que Monseñor Lückert es a Marta Colomina (y viceversa, respectivamente).

Modificar la descripción de la realidad verdadera para hacerla coincidir con intereses pervertidos es terrorismo mediático aquí, en Roma y en Atenas y, eso es precisamente lo que hace la mediática venezolana privada: Cobear al imperio, lamberle (lamerle) las botas, la ñema y, hasta el culo sucio.

Mas, aunque la descripción de cualquier realidad siempre será imperfecta, a sabiendas de ello, no obstante, es un deber de elemental ética personal tratar de anteponer la esencia de la verdad a cualquier deliberado embuste.

Siempre va a faltar o acaso sobrar algo respecto al paradigma, y es que la perfección existirá tal vez en un mundo ideal pero, aquí, donde tú no puedes dar un paso sin tropezar con una sabandija, nada es perfecto, la perfección no es más ni menos que una aspiración.

_¿Cuál es el modelo informativo que hace falta?

_¡El que, al menos, no glorifique las mentiras!

Veamos a manera de ejemplo preciso: Globovisión y etcéteras apuestan al desgaste psicológico del pueblo, usan de modo grotesco, la representación visual para amedrentar al indefenso individuo y condicionar su manera de ver las cosas, y en el sibilino tira y encoge psicológico de presentación de imágenes trucadas, obviamente, para un observador entrenado para captar y más o menos descifrar la realidad real tal cual es, aproximadamente, se hace evidente que algo se soslaya y algo se destaca, a objeto de manipular los instrumentos de percepción del pensamiento y, con ello, perturbar de modo deliberado el acto de observación concreta de la realidad.

La reflexión del pensamiento debe acompañar el acto de saber porque la mente opera como un espejo de la realidad y, lógicamente, demanda que cada dato deba confirmarse; la función del conocimiento debe ser abatir la ignorancia, ahora bien, si el conocimiento que tú tienes de la realidad es falso, entonces tienes gato por liebre en la cabeza.

A mayor número y, a la vez, calidad de datos de la realidad, la verdad se afianza -valga aclarar, antes de proseguir con el análisis, que la información debe tener relación no sólo con la verdad, sino, además, con la ética- yo creo que es incorrecto decirle a un paciente desahuciado que no pueda curarse.

Estimo que no se debe ser extremista en la información, antes que nada está de por medio la paz social. Otra cosa es el grotesco manipuleo que de la información hace la generalidad mediática privada.

Quien siempre esconde y siempre muestra informaciones que no deben ser es seguro que al mirarse al espejo debe despreciarse a sí mismo, es por lo que se les ve la cara de amargados, enfermos de noticias les digo yo, y para un científico de la conducta humana, esa debe ser una rama investigativa; para el escuálido debe ser una oscuridad penosa la certeza de tener que esperar hasta el año 3021 DC(hávez) para volver a gobernar a Venezuela y, eso, si acaso.

La globalización informativa pretende que veamos la diversa realidad bajo un solo patrón pero ¿quién maneja la globalización? ¿Quién realmente hace hasta lo imposible para imponer el pensamiento único, acaso no es el fatal modelo capitalista?

¿Qué somos y qué seremos más adelante? ¿Debemos analizar la evolución y el sentido del pensamiento popular? ¿Es la opinión pública una roca dura o acaso maleable como la arcilla? ¿Qué, cómo, cuándo y etc. circunstancias, determinan que el periodismo necesario entrompe exitoso de contrapeso?

No hay causa ni causas que justifiquen la esclavitud ni mucho menos existe casualidad para que haya un solo esclavo sobre la faz de la Tierra; ni aquí ni allá ni acullá debe haber esclavo alguno para que el oligarca chupasangre y alevoso se dé la vidorra pero, en concreto, aquí en Venezuela el socialismo es la alternativa para materializar esa aspiración, así que un periodista que le mienta al pueblo está conspirando a favor de quienes andan chingos por silbar y en contra de la patria de Simón Bolívar.

Si somos -al decir de McLuhan- lo que vemos y además que la verdad nos hace libres, luego, ¿qué son quienes viven viendo globovisión -valga un atenuante para quienes lo hacen con sentido crítico- acaso son libres? ¿Qué son quienes viven embuchados de mentiras, sí asumimos el pensamiento MacLuhaniano? ¿Si la verdad nos hace libres, entonces que nos hace el embuste? ¿Y, si el embuste te hace esclavo, no es acaso porque te ata a una falsa conciencia de la realidad real?

¿Acaso las víctimas de la prensa sedicente no son enfermos de irrealidades?

Para el proceso revolucionario no basta que haya cambios sino, además, es muy importante que sepamos y vigilemos la dirección de esos cambios. En ese sentido es fundamental apoyarse en el conocimiento verdadero mas no en el especulativo y torcido, manipulado; de tal manera que hay que evitar que el enemigo lleve sus noticias envenenadas a la gente.

De ahí lo importante de contar con una vanguardia informativa veraz, valga como una [informaciónverazvenezolana] información que no guabinee, que vaya al grano como tiene que ir, que el trabajador no tenga que hacer un rodeo para comprender.

El pueblo demanda y merece información de calidad, no basta exhibir la información sino explicar lo que representa, así por ejemplo, cada paquete de arroz que se venda en Mercal debe llevar impreso un mensaje eficaz, en cada cola de espera en Barrio Adentro debe aprovecharse la espera para dar una charla, o exhibir videos acerca de la prevención de enfermedades que pudiesen haber llevado al paciente a tal recinto y, así por el estilo, hay trabajo parejo para los comunicadores de calle, de locales, de la radio, de la televisión y del periódico.

Digo de otro modo, la revolución debe llevarle al pueblo información de alta definición, tal que el conocimiento concreto siempre esté de por medio y si la información no nos hace avanzar hacia el conocimiento de la realidad es que estamos jodidos; mire usted que la estrategia enemiga es difundir a todo trance, sedimentos de informaciones sesgadas para atapuzar de miedo al pueblo y luego cogerlo mansito pero, se equivocan; no obstante hay que andar ojo pelao y dispuestos a darles a los sinvergüenzas una buena patada en el culo.

Si para ser eficaz en la comunicación con el pueblo tú tienes que largar una grosería, bienvenida sea, porque la grosería suele conllevar muchas veces un encanto expresivo e inclusive, literario.

Hasta Su Santidad el Papa Benedicto XVI de seguro dice sus groseriítas pero en latín, para que los pendejos no nos demos cuenta, mas, en su caso eso no es pecado sino pecadillo, pecado cometes tú o yo, el Papa es el Papa.

El riesgo de no tender hacia un verdadero equilibrio informativo es desatar una confrontación desoladora, de ahí que pararle los mochos a globovisión sea una imperiosa tarea para la Conatel, porque para esa fábrica de mentir, el objetivo es desatar la guerra entre nosotros, de ahí su continuo reto a la legalidad institucional, sus continuas provocaciones no buscan otra cosa que romper la paz pública y para ello ensucia el ambiente, para evitar que el pueblo asuma una interpretación coherente de los fenómenos sociales y políticos; toda percepción es una selección y una información que restrinja el campo perceptivo, esclaviza, de eso se trata.

Ahora bien, la realidad no es algo estático sino relacional, en constante evolución, ya lo he citado, la realidad no es una roca inconmovible, luego, a su definición debe corresponderle un carácter dinámico, de ahí que la capacidad de dudar debe acicatearnos para tratar de perfeccionar su definición y, sin temblequerías, decir al pueblo, sólo verdades.

A medida que nosotros nos identifiquemos como portadores de verdades, trascenderemos y el pueblo nos brindará la confianza suficiente para que el proceso revolucionario siga consolidándose.

He ahí a Chávez, que aborda al pueblo con la más áspera crudeza, razón por la cual su ejemplar prestigio se constituye en insignia del presente histórico venezolano.

La oposición cuenta con laboratorios de mentiras; nosotros tenemos que contar con laboratorios de sólo verdades.

La prensa sedicente persigue al pueblo para intentar acorralarlo, miente para intentar recluirlo como en una prisión e impedirle ver otras visiones y con ello, debilitar su coherencia frente a la interpretación de la vertiginosa realidad.

¡Hay que conocer el funcionamiento de la mente humana, saber que los procesos intracerebrales operan con estímulos externos!


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