miércoles, 8 de mayo de 2013

Sueña el rey que es rey

Pedro Calderón de la Barca

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
 Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
 Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Fragmento de La vida es sueño

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), uno de los más insignes poetas españoles barrocos del Siglo de Oro, autor de innumerables obras de poesía y de teatro. Hoy día es un clásico de la literatura universal.



Imagen: La tentación de San Antonio, de Salvador Dalí


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

“Campesino”

Juan Gaudenzi (Desde Durango, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ninguna manifestación artística con pretensiones de serlo debería necesitar del auxilio de una explicación o justificación.

Pero hay algo engañoso o perverso en este retrato que acabo de terminar.

Un latifundista y hasta un pequeñoburgués, observándolo, podría sentirse menos culpable. Nada más alejado de mi intención.

Lo que simplemente intenté compartir es la idea de que no necesitamos de toda la parafernalia científico-tecnológica que nos rodea -ni de la sociedad de consumo como sistema de dominación- para poder sonreír.

La alegría, por mas tímida y momentánea que sea, no proviene del exterior. Es tranquilidad de espíritu o encomiable fuerza interior contra la adversidad.




Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Violencia

Edgar Borges (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La daga o el golpe son formas directas del estallido de alguna existencia quebrada. Esa es la violencia obvia que se sataniza y se juzga, pero, ¿qué será la sistematización del no tiempo en el diario desvivir? ¿La estructura del sistema que día a día (ciclo tras ciclo) acorrala a lo humano en parcelas de soledad?; ¿los horarios cómo cárcel sin barrotes?; ¿el estudio como norma de adoctrinamiento y el trabajo como sentencia? ¿Existirá alguien en la llamada vida moderna que no se haya preguntado si su vida diaria no es un ensayo de violencia? Violencia es matar, pero violencia también es no dejar vivir. Violencia es imponer una opción con bombas, pero violencia también es imponer una opción con tratados a puertas cerradas y sonrisas. Violencia podría ser un sinónimo de hipocresía.



En la historia anterior a la actual imposición de un pensamiento único (la rentabilización del todo) la violencia era llamada por su nombre: violencia. Violencia: agresión; disparo; insurrección; asalto, etc; “no te portes mal que la violencia no es cosa de tontos”. Tonto es quien cae en la trampa de la violencia que le tiende el sistema. Óyelo bien: hay unos menos tontos que también utilizan otras formas más sutiles de violencia. Eso se llama administración legal de la violencia.

Siempre el poder administró con cinismo el monopolio del uso de la violencia; no obstante, en el siglo XXI va siendo hora de que ampliemos el uso del término. Violencia son muchas más cosas de lo que parece; violencia, por ejemplo, también es imponer la injusticia en nombre de la ley y el orden. Violencia es sellar todas las salidas; congelar ilusiones; propagar el cinismo; enfermar voluntades; disfrazar de trabajo lo que antes mercadeaban como esclavitud; violencia es restar los panes para que los pueblos siempre malvivan defendiendo el mínimo que a las minorías les proporciona el máximo. Violencia es automatizar el pensamiento, las emociones, la compleja lentitud del ser. Violencia es relativizar el fin y los medios. Violencia es ese susurro que me dice y me dice “resbala y cae que no hay camino”. Violencia es la voz bajita que aparece y desaparece; violencia es la media sonrisa de asesino que se asoma en la cara de un hombre con reputación. Violencia es la marca que llevan por siglos los miserables de la tierra. Violencia es adoctrinar al niño para que jamás pueda ganar su propia carrera. Violencia que surca el vientre; violencia en la conciencia del adolescente; violencia para el adulto; violencia que acompaña al viejo. Violencia es decir vida cuando vendemos muerte. Violencia individual; violencia colectiva. Violencias. Violencia es expandir un simulacro de vida para las mayorías. Violencia es decir democracia cuando en realidad queremos decir secuestro. Violencia es condenar a quien se declara insubordinado al uso multiplicado de las trampas legales. Violencia: háganse visibles todas tus formas de control con las que nos acorralan la existencia.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Elliot Jaques, José Bleger y el malestar en las empresas

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Vigo, 13 de marzo del 2013 (miércoles; 6:12 p.m.)

Recordado colega:

Continúo con lo prometido, con lo de lo Elliot Jaques, con respecto a los ejemplos de mecanismos de defensa socialmente estructurados.

Primero tratará de aquellas contra las ansiedades paranoides, que aparecen cuando el sujeto pone sus malos impulsos y su objetos internos en miembros particulares de una institución, cualquiera sea su función en ella, los cuales son seleccionados desde lo inconsciente; aunque, a su vez, se procure reintroyectarlos para absorberlos y desviarlos, lo cual puede ser fundamental en el análisis de las relaciones dentro del grupo y pone el ejemplo de un primer oficial de un barco, quien fuera de sus compromisos cotidianos, era juzgado responsable de muchas cosas que marchaban mal en su navío, sin que lo fuera realmente, de esa forma se lo consideraba la fuente de todos los problemas de la tripulación, de tal modo que, sus subalternos hallaban un alivio inconsciente al ubicar los males en ese primer oficial mientras el capitán era idealizado como figura buena y protectora.

Así las cosas, desde lo anal, toda la mierda recaía sobre el oficial, de quien se esperaba entonces que se comportara como una mierda, en el caso de que el hombre asumiera, de una forma masoquista, el rol esperado por el sadismo de la triupulación.

Ese proceso de desplazamiento puede verse en la red compleja que se establece entre países enemigos, que protagonizan un conflicto bélico, en los que el propio ejército es aplaudido por los miembros de cada comunidad en guerra.

De esa forma, los objetos malos y sádicos son puestos en el enemigo externo, de tal modo, que se liberan impulsos hostiles y destructivos al proyectarlos en los ejércitos contrarios y igualmente el sádico enemigo malo es combatido no en la soledad del mundo interno, intrasubjetivo, sino en la vida real, con la solidaridad de los camaradas, mientras se niega el sadismo del propio ejército, que se excusa como cumplimiento de una noble misión y el ejercicio de una obediencia debida.

Para explicarlo vuelve a la Paula Heimmann y su tesis de la introyección de objetos malos proyectados y de los impulsos correlativos a ellos, mientras el yo se disocia; de ahí que la identificación proyectiva e introyectiva resulten ser los mecanismos que se ponen en juego, para dar nuevas dimensiones al análisis freudiano de esas masas artificiales que son la Iglesia y el Ejército.

Mientras las defensas contra las ansiedades depresivas pueden jugar un papel en las dificultades de discriminación en grupos minoritarios, cuando una mayoría se considera a sí misma buena y condena a las minorías al espacio de la otredad, de lo deleznable, de lo que mucho tiempo después nos hablaría Rodolfo Moguillansky en sus obras, debido a la escisión del yo y del objeto, de las que nos hablara Melanie Klein, en su día.

Elliot Jaques nos advierte que sólo si nos ocupamos de los grupos minoritarios podemos preguntarnos por qué sólo ciertas minorías son elegidas como chivos expiatorios y otras no.

El psicoanalista canadiense piensa que los miembros de esas minorías perseguidas, esos chivos emisarios, no son ningunas flores de violeta, ni ningunas peras en dulce, sino que, a su vez, ellas albergan un odio particular hacia las mayorías, lo que corre parejas con el autodesprecio y la agresión retroflejada de sus ellos mismos, lo que tiene que ver con núcleos masoquistas y depresivos, de los que también las minorías pueden protegerse con defensas maníacas, del tipo de la negación, lo que puede constatarse en ciertas ceremonias de duelo, cuando se hacen grandes elogios del muerto, de tal suerte que se cumpla aquello de que no hay novia fea ni muerto malo.

Puede haber un sentimiento de culpa compartido, que se expresa en la idealización del difunto con la acentuación de los defectos de los deudos, lo que, a su vez sirve para aplacar los aspectos demoníacos que pueden ubicarse en el alma del fallecido; así hay la sensación colectiva de que los aspectos buenos del fenecido no han desaparecido con su muerte y que sus buenas obras perdurarán entre los sobrevivientes para, también así, liberarse de la persecución de espectros, generadores de culpa.

No sé si algo de todo esto ocurra con la muerte reciente de Hugo Chávez, de tal forma que las honras fúnebres apuntalen la disociación entre las partes malas y destruidas del objeto amado, para protegerlo y mantener un recuerdo eterno, para protegerse del caos interno, a causa del impacto de la muerte del ser querido, como defensas maníacas legítimas, mientras se va instaurando la elaboración del duelo y la reparación auténtica del objeto perdido, en un pasaje más lento por la posición depresiva, mientras se va dando una mayor tolerancia de la ambivalencia, mientras se fortifican los vínculos entre los miembros de la comunidad, sin que huyan despepitados como la soldadesca tras el decapitación de Holofernes.

Entonces, Elliot Jaques pasa a hablarnos de un caso, que se dio y fue estudiado en una empresa de metalurgia liviana, entre 1948 y 1951, a través de una labor, considerada por el autor como terapéutica, tras la demanda de ayuda por parte de algunos sujetos y grupos de la misma empresa, ya que había grandes tensiones en el interior de ella, lo que dificultaba el enfrentamiento de problemas administrativos.

La solicitud la hicieron a un consultor social, el cual funcionaría como terapeuta institucional.

Jaques nos hablaría del trabajo realizado en un departamento de dicha fábrica.

La empresa se llama Glacier Metal Company, la cual había empezado en el norte de Londres en 1899, como productor de metal blanco pero, para 1935, ya se había desarrollado dentro de ella un departamento de ingeniería, relativamente grande.

En 1942 se había traslado a Kilmarnock, en Escocia.

Jaques había sido contratado para ayudarles a mejorar la fuerza de trabajo y la gestión de realizaciones y dicho trabajo se prolongó catorce años más después de la publicación del trabajo de Jaques del que te hablo y, hay que tener en cuenta que Glacier Metal Company es el mayor fabricante de balineras en Europa, que emplea a unas cuatro mil quinientas personas en seis fábricas.

El proyecto se inició bajo el auspicio del Instituto Tavistock de Relaciones Humanas con el fin de comprender por qué los trabajadores, una vez conseguían un trabajo allí, empezaban a perder interés en él y a ponerse en contra de las figuras de autoridad, lo que mejoró con el cambio de estructura empresarial hacia una más democrática, con la toma de conciencia de que cuando las relaciones grupales se hacen más satisfactorias, hay menos estancamiento, cuando los miembros de la empresa se hacen más flexibles y se permiten modificar sus puntos de vista.

Jaques trabajaría con el gerente de dicho departamento, quien era el líder grupal, de quien dependía un superintendente, a su vez responsable de cuatro capataces, cada uno de los cuales tenía un grupo de trabajo de diez a dieciséis obreros, quienes, a su vez tenían cinco representantes y dos delegados para hablar con el gerente sobre aspectos que afectaban al departamento; v.gr: el cambio de métodos en las formas de pagos por salario, ya que los operarios recibían un sueldo básico más un beneficio dependiente de su capacidad de producción, manera de pago que les resultaba poco satisfactoria, ya que llenaba a los trabajadores de incertidumbres en relación a cuánto recibirían de salario semanal y para la gerencia significaba un complicado cálculo de porcentajes y arreglos administrativos; se proyectaba entonces un cambio a salarios fijos, que era anhelados por todos pero era un deseo que no se podía instrumentar, por alguna razón.

Vino entonces un período de negociación, a partir de 1949, lo que empezó con un tono amistoso; los trabajadores estaban totalmente a favor del cambio pero no sabían si podían confiar en la justicia de la gerencia; no sabían si ésta maquinaba algo y, entre los mismos obreros, se daba una ambivalencia con respecto a sus representantes; parecían confiar en ellos y los urgían a la negociación pero sospechaban que pudiesen ser manipulados por la gerencia, sin tener en cuenta las necesidades de la mayoría de los trabajadores, a pesar de que el clima laboral era bastante bueno, animoso y se pensaba que los representantes hacían lo que podían por sus compañeros, que llevaban cerca de cinco años de estar trabajando en la empresa o quizás un poco más, lo que había dado lugar a un compañerismo bastante bueno.

Jaques plantea que hubo muchos factores de importancia en el análisis de la situación, sin que pretenda que haya sido completo.

Esos factores fueron los cambios de la organización ejecutiva del taller, en las relaciones interpersonales, en el personal y variaciones tanto en la situación económica como en la producción, cosas que se fueron dando en la medida que se iban dando transformaciones dentro de la empresa.

Los obreros habían disociado a los directores en buenos y malos; eran buenos, aquellos con los que trabajaban cotidianamente pero, se convertían en malos cuando se trataba de negociar con ellos. De una forma inconsciente habían proyectado sus impulsos hostiles y destructivos en sus representantes, al considerarlos débiles frente a la supuesta manipulación de los mandos empresariales, con quienes los operarios mantenían una buena relación cotidiana, que les permitía reintroyectar aspectos buenos de la dirección y preservar un objeto bueno intacto y aliviar así las ansiedades depresivas pero atacaban a sus propios representantes, lo que traía consigo una gran desesperanza, ya que se suponía que nada bueno podría salir de aquellas negociaciones y se identificaban con los compañeros más críticos, de tal manera que el grupo oscilaba entre las posiciones esquizoparanoide y depresiva, lo que se manifestaba en cierta rigidez en el mantenimiento de la sospecha y la hostilidad, así pudieran pensar que esta actitud no se justificaba plenamente.

Ante las ansiedades paranoides de los representantes, la dirección defendía su confianza en el conjunto de los trabajadores, lo cual también aparecía como una idealización de la clase obrera con el fin de aplacar a los representantes hostiles; tal vez, la idealización era una forma de lidiar con sentimientos de culpa, por el miedo a dañar a sus obreros a través del ejercicio de la autoridad, vivida como potencialmente omnipotente y descontrolada.

Los propios directores sentían que su potestad era mala y temían la retaliación por parte de los trabajadores, lo que reforzaba cada vez más la idealización y maniobras de aplacamiento en los encuentros con los representantes y mientras los operarios se pusieran más hostiles se ponían con sus jefes, éstos más los idealizaban y trataban de aplacarlos, en un permanente círculo vicioso, que los conducía a un impasse, a una sin salida.

Bueno, hasta aquí llegó mi cuento hoy, porque debo irme a la escuela milleriana de Vigo, pero mañana te seguiré contando sobre la descripción y el análisis de la fase posterior a la negociación.

Continúo con la fase posterior a la negociación en Glacier Metal Company; yo repaso y te transmito lo aprendido, que quizás te pueda ser útil para tu práctica sobre los malestares en las empresas.

Seis meses después de comenzadas las conversaciones entre obreros y ejecutivos de esa empresa, que, según entiendo, aún existe, ellas mismas, más que el problema salarial, fueron puestas en consideración; ahí fue posible observar los fenómenos transferenciales que se dieron y cómo fueron manejados en el grupo.

Allí se demostró que las actitudes de los obreros ante el cambio de sistema, no cambió sus metas personales ni sus índices de trabajo pues se sentían culpables cada vez que disminuían la producción proyectada, porque no pagaban más por la diferencia; con el objeto de disminuir ese sentimiento de culpa, los obreros se aplicaron una fuerte presión para mantener los tiempos estimados de trabajo tan altos como fuera posible y obtener una revaloración de los tiempos justos, que eran más difíciles de alcanzar aunque había fuertes resistencias a los métodos de evaluación del trabajo y los obreros sospechaban que podrían imponérseles metas muy difíciles.

Pero pudo observarse que era improbable que los miembros de una institución pudieran producir cambios sociales, que sirvieran perfectamente a las necesidades individuales y que, una vez emprendido el cambio, los sujetos tenían que adaptarse y cambiar ellos mismos para alcanzar los cambios que habían promovido.

El cambio social era algo resistido por los efectos sobre los sistemas inconscientes de defensa individuales contra las ansiedades psicóticas; una cosa era reajustarse a los cambios individuales que ellos mismos habían ayudado a promover, cosa bien distinta a las adaptaciones de los sistemas interiores de defensa para conformarse a cambios producidos por un agente exterior.

Entonces, Jaques concluye con Freud que dos procesos fundamentales operan en la constitución de las masas artificiales, el Ejército y la Iglesia, la identificación introyectiva y el reemplazo del yo ideal por un objeto, sobre el que, de acuerdo con Klein, se da un fenómeno de identificación proyectiva, de donde ahí se juegan y reproducen las relaciones más tempranas del infans con los objetos

Jaques expone entonces que, de acuerdo, con Freud y Klein, una de las fuerzas dinámicas más primarias, que empujan a los sujetos a la agremiación humana institucionalizada, como defensa contra las ansiedades persecutorias y depresivas y que, de una manera recíproca, todas las instituciones son utilizadas de manera inconsciente por sus miembros como defensa contra esas ansiedades psicóticas.

Así, las sociedades, proveen de roles institucionales, cuyos ocupantes son requeridos o llevados a aceptar los objetos o los impulsos proyectados en otros miembros.

Entonces, el cambio social se produce cuando las relaciones sociales se fantasean dentro de la institución y dejan de servir de refuerzo a las defensas individuales contra las ansiedades psicóticas; de esa manera, la institución puede reestructurarse, tanto en lo manifiesto como en el ámbito de lo imaginario, de tal modo que la estructura manifiesta puede conservarse mientras se va modificando la fantasmática, lo cual resulta ser todo un campo de investigación, con una gran lente de aumento, para ver la forma de operar las ansiedades persecutorias y depresivas y las defensas erigidas contra ellas.

Te cuento un poco quién fue Elliot Jaques; era un psicoanalista y psicólogo organizacional, nacido en 1917 y muerto en el año 2003, a los ochenta y seis años, quien desarrollo el concepto de organización requerida en contra de otras teorías en el campo del desarrollo organizacional y el trabajo que acabo de presentarte fue muy importante para observar la estrecha relación entre la tarea organizacional, sea esta la producción o la cura, con el inconsciente grupal, que tanto trabajaría René Käes, y como pueden actuar sinérgicamente o ayudar a distorsiones del juicio de realidad, de tal manera, que Jaques se convierte en uno de los adalides del estudio psicoanalítico de las organizaciones.

Para él, el equilibrio social se logra cuando el salario guarda relación con el tiempo discrecional del asalariado, como tiempo que el sujeto tiene para soportar la ansiedad por la incertidumbre frente a los resultados, lo que tiene que ver con la responsabilidad subjetiva y la capacidad de adelantar un proyecto sin conocer el resultado final, es decir, como diría W. R. Bion, en la capacidad para navegar por un archipiélago de incertidumbres.

Jaques había nacido en Toronto, Canadá, donde se educó y estudió medicina en la Universidad Johns Hopkins en los Estados Unidos de América, antes de recibir un Ph. D en relaciones sociales en la Universidad de Harvard; pero, durante la Segunda Guerra Mundial viajó a Inglaterra, donde permaneció durante el conflicto bélico con Melanie Klein. Fue uno de los fundadores del Tavistock Institute of Human Relations.

Y mira toda la bibliografía que tiene:

• The Changing Culture of a Factory: A Study of Authority and Participation in an Industrial Setting (London: Tavistock, 1951)
• Measurement Of Responsibility: A study of work, payment, and individual capacity (Tavistock, 1956)
• Equitable Payment: A General Theory of Work, Differential Payment, and Individual Progress (London: Heinemann, 1961)
• Equitable Payment (London: Heinemann, 1963)
• Time-Span Handbook: the Use of Time-Span of Discretion to Measure the Level of Work in Employment Roles and to Arrange an Equitable Payment Structure (London, Heinemann, 1964)
• Product Analysis Pricing: A method for setting policies for the delegation of pricing decisions and the control of expense and profitability (Carbondale, Southern Illinois University Press, 1964) [con Wilfred Brown ]
• Glacier Project Papers (London: Heinemann Educational, 1965) [con Wilfred Brown ]
• Death and the Midlife Crisis, International Journal of Psychoanalysis, 1965. (Artículo en el que me basé para la presentación de la película Habla Mudita en Alicante)
• Work, creativity, and social justice (London: Heinemann Educational, 1970)
• A General Theory of Bureaucracy (London: Heinemann Educational, 1976)
• Health Services (London: Heinemann Educational, 1978)
• Levels of Abstraction in Logic and Human Action: A theory of discontinuity in the structure of mathematical logic, psychological behaviour, and social organisation. (London: Heinemann Educational, 1978) with R.O. Gibson and D.J. Isaac [Editors]
• Executive Leadership: A Practical Guide to Managing Complexity (Oxford: Blackwell Publishing, 1994) [with Stephen D. Clement and Ronnie Lessem]
• Human Capability: Study of Individual Potential and Its Application (London: Gower, 1994) [with Kathryn Cason]
• Requisite Organization: Total System for Effective Managerial Organization and Managerial Leadership for the 21st Century (London: Gower, 1997), el cual está traducido como:
• La Organización Requerida: Un Sistema Integrado Para Crear Organizaciones Eficaces y Aplicar el Liderazgo Gerencial en el Siglo XXI (Ediciones Granica, S.A., 2000)
• Social Power and the CEO: Leadership and Trust in a Sustainable Free Enterprise System (Greenwood, 2002)
• The Life and Behavior of Living Organisms: A General Theory (Greenwood, 2002)

Puede ser interesante seguir el estudio de su obra en el sentido del psicoanálisis organizacional. Algún crítico dice que ésta no tiene parangón para explicar el funcionamiento real de las organizaciones y que da bases firmes para el logro de cambios y mejoras, según lo revelaría su experiencia, de una forma relativamente económica y con plazos relativamente breves.

Su teoría de la organización requerida comenzó a desarrollarse a mediados del siglo XX en Inglaterra, durante más de veinte años, cuando se realizó la labor en Glacier Metal Company, con el auspicio de su presidente Wilfred Brown, pionero en la introducción del método científico en la administración.

Para Jaques, las organizaciones laborales son entidades reales, con unas leyes propias, que influyen de una manera determinante en el comportamiento humano dentro de ellas, ya que los sistemas inducen conductas, de tal forma que si se quieren cambios dentro de ella no hay que actuar sobre los individuos sino trabajar sobre los sistemas en los que están inscritos los sujetos singulares, con lo cual se obtendrán cambios en las actuación características más fuertes e inmediatas.

La organización requerida se da por la propia naturaleza de las empresas, que se fundamentan en la naturaleza humana, donde ha de procurarse una confianza mutua, para que no cundan recelos recíprocos, ni actitudes defensivas y egoístas, que atenten contra la productividad y la calidad de vida en el ámbito laboral.

La organización requerida tiene un desarrollo propio y debe basarse en un conocimiento objetivo, que apunte a la subjetividad con todas sus variaciones, con el propósito de alcanzar un clima de confianza.

Yo no tenía idea de esta nueva teorización de Jaques pero de oído, hicimos algo que pareciera ser basado en ella, cuando trabajaba con Mario Sánchez Rengifo, Luz Marina Escobar Gallo, Ruth Ospina Salazar, mi esposa y Luz Mary Restrepo de Bernal en Odres/Aleph, cuando desde una organización estatal nos solicitaron ayuda para un departamento en el que había una pésima relación entre la jefe y sus subalternos, situación que evaluamos, después de que el doctor Sánchez diera una charla sobre la desnaturalización del sufrimiento en las instituciones.

Evaluamos la situación y la sometimos a un análisis diagnóstico en nuestro equipo, con lo que concluimos que debían hacerse dos grupos pequeños, de ocho miembros, de hora y media, con una frecuencia semanal y cada mes hacer un grupo grande.

Luz Marina Escobar, coordinaba uno de los grupos, con la colaboración de Luz Mary Restrepo y yo, otro, con la colaboración de Ruth Ospina y el grupo grande lo coordinaba Mario Sánchez.

Trabajamos de febrero a noviembre, con un lapso de un mes de vacaciones.

Se nos había dicho que había una amenaza contra la vida de la jefa, que se sospechaba que provenía del sindicato de la empresa, ya que la acusaban de generar un mal clima laboral.

Al principio tuvimos que soportar las ansiedades paranoides del grupo, que nos veía como representantes de la política neoliberal, imperante en el momento pero, poco a poco, tales ansiedades fueron cediendo al trabajar el fantasma de la mujer fálica, puesto en el grupo en cabeza de la líder, a quien veían como una bruja, de la que eran completamente dependientes, con toda la ambivalencia del caso, asunto que también se trabajó.

La jefe asistía a mi grupo y, en algún momento, propuso que dentro de la sesión hiciésemos una dinámica, que ella había aprendido, no recuerdo donde, y yo autoricé esa actividad lúdica propuesta por ella, en la que todos nos entrelazábamos e íbamos formando nudos que acercaban nuestros cuerpos, lo que terminó convirtiéndose en todo un juego, bastante divertido, que aminoró las tensiones. Lo autoricé, porque como psicoanalista de niños no me asustaba lo lúdico, que podía ser interpretable o no, pero que pensé que podía funcionar como un fenómeno transicional, como los descritos por Donald Winnicott en Realidad y Juego.

Eso hizo que se fueran estableciendo lazos más vitales que tanáticos entre los empleados y su jefe.

Al final del año, la señora trajo emocionadísima, una carta del sindicato en la que la felicitaban por todo lo que se había hecho en ese departamento, en el que se había mejorado, substancialmente, el clima laboral, lo cual a nosotros nos trajo también una gran satisfacción, aunque nuestra investigación fue puramente cualitativa, sin poder medir el alcance temporal de la intervención con una objetividad matemática ni estadística, pero teníamos una prueba de la calidad de nuestro recurso por la capacidad de generar confianza recíproca, en la medida que también la señora hizo el cambios, al hacer el pasaje de una personalidad autoritaria a un gerente real, con un mayor grado de comprensión de sus subalternos y éstos se volvieron más autónomos. Así pasaba de ser una gerente formal a una gerente real, respetuosa de la creatividad y capacidad de resolver problemas de sus subordinados, sin dañarse mutuamente, de tal forma que cada sujeto pudiera desarrollar sus capacidades de una manera más plena y productiva.

Ahí pudimos comprobar, a la manera de Jaques, que cada sujeto tiene procesos mentales de altísima complejidad para resolver problemas que le genera el entorno, los cuales pueden ser potenciados, gracias al análisis del discurso grupal.

Es de tener en cuenta que después del trabajo de Jaques que te relaté, el hombre recibió patrocinios para fundar la School of Social Sciences en Londres, institución pionera en la formación de administradores de su tiempo, gracias a sus conocimientos en psicoanálisis, psicología, sociología, antropología social, economía y derecho.

Su influencia en Argentina fue grandísima y Jaques visitó ese país en reiteradas oportunidades, en proyectos de consultoría, formación de directivos organizacionales y en la capacitación de profesionales.

Su pensamiento sigue teniendo representación en varias universidades argentinas, gracias al reconocimiento de que su obra tiene bases científicas, para la descripción de los sistemas organizacionales y su influencia en el comportamiento humano, con la demostración que el incremento de la confianza recíproca conduce a una mayor productividad, con intervenciones cortas y relativamente económicas.

Y otro antecesor que tienes es un psicoanalista argentino, José Bleger.

Era un psiquiatra y psicoanalista nacido en la provincia de Santa Fe, en Argentina en 1923, quien muriera, demasiado joven, a los cuarenta y nueve años, en 1972.

Bleger había sido militante en el Partido Comunista, del que fue expulsado cuando publicó su libro Psicoanálisis y dialéctica materialista en 1958, y en 1966 escribiría un libro que se llama Psicohigiene y psicología individual, donde habla de la empresa como institución en la que pueden plantearse problemas muy serios en cuanto a la elucidación de sus objetivos y la aceptación de las tareas, a la par que tiene como objetivo fundamental un incremento en la productividad, que redunda en utilidades, de tal manera que pudiera servirse de un profesional de las ciencias Ψ, para trabajar en el campo de las relaciones humanas.

Tal profesional no debería ubicarse como agente o promotor de la productividad, ya que esa no sería su función profesional sino ocuparse de la salud y el bienestar humanos, en la creación de vínculos saludables y dignificantes, lo que, finalmente, redunda en la productividad y en los beneficios económicos, sin que por éstos se mida la eficacia de su tarea.

En ella, los psicólogos pueden hacer la labor de hacer procesos de selección sin convertirse en spychologues, para realmente contribuir a la psicohigiene, de la que hablaba Bleger, en el campo de la salud mental, donde el profesional de las ciencias Ψ pueda funcionar como agente social que promocione un mejor estado de bienestar, sin buscar el ideal utópico con el que la Organización Mundial de la Salud, define a ésta, que bien sabemos que se convierte en un imposible.

Bleger fue un aventajado teórico y hombre práctico, que de alguna manera hay que tomar como referente.
Bleger fue un gran docente, cuya obra alcanzó una amplia difusión en América Latina.

Su “nueva” psicología requería de toda una formación, en la que el psicoanálisis ocupaba un importante renglón, tomado desde una mirada dialéctica y materialista, en busca de la resolución de contradicciones.

Así podría surgir un psicólogo con un nuevo perfil, con un rol y un espacio definidos en el campo de la salud pública.

De ese modo, el psicólogo en la comunidad podía constituirse en agente de cambios sociales, de una manera armónica y progresiva, con su saber específico, lo que apuntaba a lo que Racamier llamaría psicoanalistas sin diván, abiertos a la salud mental comunitaria, en un momento en el que el problema de la salud y la enfermedad mental requerían una mayor elaboración puesto que se trataba de:

1. Mejorar la asistencia de los enfermos mentales.
2. Hacer programas de prevención y rehabilitación.
3. Accionar sobre la mayor cantidad de situaciones patógenas posibles.
4. Comprender la compleja constelación psicosocial que incide en la patogénesis.

Y estos asuntos los asumía desde una perspectiva freudiana tanto en lo clínico, como en el campo de lo aplicado, de una forma operativa, que analizaba las situaciones humanas de la vida corriente, que indagaba sobre los psicodinamismos y motivaciones inconscientes puestos en juego en las empresas, para mejorar su comprensión, a través de múltiples procedimientos, con una dialéctica de observación-intervención-observación, de pronto, una investigación-acción, en el sentido de Orlando Fals Borda, para lo cual podría ser benéfico el psicoanálisis de grupo y salir fuera del consultorio a la calle, donde ocurre la vida, pues como bien le decía Emilio Rodrigué a su analizante Tato Pavlovsky en la película Heroína, la vida ocurre más allá del diván, en el mundo real, en la wirlichheit freudiana, en el ámbito de lo cotidiano, en el mundo de la vida de los fenomenólogos.

Con ello, que Bleger soñaba con disminuir las probabilidades de entrar en el círculo infernal de los procesos del enfermar y en la caída de la prevalencia de enfermos mentales en la comunidad, con base en la búsqueda de un estado de bienestar, a la manera del propuesto por Keynes, con el fin de combatir el malestar social g,enerado por la Segunda Guerra Mundial, cuando se soñaba con un empleo pleno.

Otra cosa será lo que tengamos que hacer en un mundo donde ese sueño se deshace como un castillo de cartas, para poder hacer una adecuada promoción de la salud.

Pero volviendo a lo que Bleger habla sobre la empresa, cuenta un caso de un psicólogo que fue llamado para intervenir en una situación caótica que había parado en una huelga, sin que fueran claros sus motivos ni propósitos, puesto que la empresa pagaba salarios muy por encima de los convenios sindicales.

En primera instancia, el hombre trabajó con el cuerpo directivo de la empresa, donde se pudo detectar la estructura paternalista de la gerencia, como forma de seducir y aplacar a los obreros, lo que generaba una gran insatisfacción y malestar, por falta de identidad de los obreros mismos, quienes se sentían sometidos y dependientes; pero el cambio de esa estructura permitió el desarrollo autónomo del sindicato, con lo que se les daba un estatus definido a los operarios.

Bleger considera que, en la empresa, una estrategia fundamental es considerar al consultante no sólo como cliente sino como sujeto institucional, sobre el que hay que intervenir, lo que no hace que el profesional no se enfrente, muchas veces, con dilemas éticos, que deben manejarse, a pesar de todas las resistencias que se opongan y de los prejuicios establecidos.

Pero no se trata de ir contra la clase obrera pues pudieran darse deslizamientos en esa dirección, motivo, por el cual, siempre hay que tener en cuenta que nuestro papel en la empresa es con el factor humano de los sujetos que la integran, de ahí que Bleger haga todo un elogio de la actitud ética de Elliot Jaques, quien contaba con la aceptación de la clase obrera para trabajar como psicólogo institucional en fábricas y empresas, sin que los operarios tuvieran la obligación de devenir objetos de estudio, ya que se requiere de su aceptación explícita, que es indefectible.

Pero todo avance en la psicología no deja de ser mirado con una gran desconfianza; de ahí que convenga postergar el trabajo hasta que el psicólogo tenga la suficiente experiencia en el manejo de conflictos, de tal forma que pueda operar con seguridad, hacer buenos encuadres y contar con adecuados instrumentos técnicos. No se trata, pues, de improvisar.

Es de tener en cuenta que las mayores resistencias las encontraremos con las fuerzas sociales más conservadoras, para quienes los avances científicos, siempre resultan sospechosos, como ideas nuevas que pueden ocasionar, según W. R. Bion, cambios catastróficos, fantaseados por el establishment, el cual trata de fagocitarlas y destruirlas, para que no se tornen peligrosas; sin embargo, la izquierda del tiempo de Bleger, dentro de la cual, él mismo había militado, se hacía bastante refractarias a la intervención de psicólogos, considerados como verdaderos spychologues y valga el neologismo.

Bueno, con esto, me despido por hoy para continuar luego con otros comentarios.

Un abrazo,

Jesús


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Páginas de nuestra historia: El pintor mulato cubano, Vicente Escobar

Isabel Cristina Batista (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"Porque nuestros países latinoamericanos son fronteras culturales"
"El Arte es huir de lo mezquino e identificarse en lo grande"
José Martí

Al recorrer nuestra historia nos encontramos con hombres que en su tiempo hicieron y constituyeron con sus aportes y dones la génesis de la identidad nacional de nuestros pueblos.



En esta ocasión nos referimos a un pintor mulato cubano (1757-1854) y que en nuestra época colonial española fue considerado uno de los primeros pintores talentosos quien gana notoriedad por su don de pintor e inmortalidad por una de nuestras grandes novelas Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, del gran escritor cubano de aquellos tiempos Cirilo Villaverde, aunque más de algunos respetuosos escritores dudan e investigan* , pero lo cierto es que nos llega así , no podemos omitir lo que de ella nos deja : una silueta del pintor. . Hechos ciertos o todavía no plenamente comprobados, con todo respeto, nos atrevemos a asumirlo. Cuentan que así, a través de la novela, y por la silueta dibujada por Escobar, sale a la luz. Este pintor mulato a quien se le atribuye además el hecho de retratar pictóricamente a los padres de Leonardo Gamboa, personaje fundamental de la novela, y que ciertos hechos reales inspiran el gran escritor Villaverde.

Los retratos pictóricos eran muy comunes en la época colonial cubana. Al principio sobre temas religiosos. Después fueron muchos los realizados a Capitanes Generales españoles.

Los retratos pictóricos eran muy de moda también para la clase más adinerada y para los nuevos y emprendedores comerciantes que con ostentoso donaire trataban de imitar ese” sinónimo” , si pudiéramos llamarlo así de acervo cultural en sus casas.

Aunque los "vistazos" históricos destacan que esta familia y ciertos hechos, inspiran al escritor. Aprovechamos y haceos referencia a que la madre del personaje Leonardo Gamboa, era la que poseía un poco de cultura a diferencia del padre.

Lo cierto, es que siendo mitad historia, y mitad imaginación, la novela y la silueta, nadie duda del talento y existencia del joven pintor mulato Vicente Escobar, al que se le atribuyó, incluso, por sus más fehacientes críticos de la época y ulterior a ella, el “don" de dibujar retratos, que en su caso lograba solamente al observar una sola vez a la persona.

También en alguna que otra fuente, se le atribuye el primer taller de pintura donde estudió Plácido, el gran poeta, quien fuera arrestado en la famosa Conspiración de La Escalera, en sus afanes de independencia española.

De la familia de los Flores y Escobar

En estudios realizados encontramos que en aquellas épocas, los africanos traídos a nuestras tierras era muy frecuentes después de la viudez contraer otras nupcias para no perder algunos de los bienes adquiridos,** , a pesar del amor que se evidencia entre muchas de las parejas, también hubo muchas uniones consensuales, algo muy frecuente entre nuestros criollos, donde además aparecen muchos hijos naturales, indistintamente interraciales e intrarraciales, esto nunca provoco el que mermara el prestigio de las mujeres de esta zaga. Una de ellas imbricó a los Flores mulatos, y negros que estuvieron vinculados a las milicias voluntarias desde el siglo XVII, Una de ellas se emparentó a los morenos Escobar que estaban bien representados en los Batallones de Morenos y Cabildos de la nación. El pintor Vicente Escobar y Flores fue entonces un representante de esa familia que por su talento como artista indudablemente logró sacar por concesión real su inscripción como blanco, Sin embargo, nunca olvidó a su bisabuela materna, Magdalena de Flores, al dejar plasmada su imagen en uno de sus famosos retratos, hecho que sin duda destaca que la misma fue un notable personaje en la memoria familiar.**

Los críticos planteaban que Escobar era muy perseverante y que sin maestro y sin modelos , y por tanto Escuela que lo guiase desde temprana edad, y teniendo por modelos las imágenes de santos heredadas de sus orígenes maternos, al lograr por su ingenio y don penetrar en la alta sociedad de aquella época por sus retratos que ofrecían la peculiaridad de reflejar el rostro de una manera sorprendente, mientras que , sus figuras del cuerpo eran bien desproporcionadas argumentándose las mismas posturas , ángulos e igual distribución de colores, con ostentación de ropajes y pintorescos uniformes a la clase señorial. Pero nadie objetaba el rostro.

Sin dudas precursor de la pintura en Cuba y el primer retratista que con imprimía y sinceridad a sus obras que destacaban una gran frescura y vitalidad.

En aquella época, se funda La Academia de Pintura de San Alejandro por la Sociedad Patriótica y posteriormente nombrada Sociedad de Amigos del País de nuestra naciente y floreciente intelectualidad y hacendados criollos, en la que se iba gestando la identidad nacional se enseñaba gratuitamente pintura.

La Academia que aún existe y es escuela de grandes pintores cubanos, de antaño y épocas contemporáneas, fue creada por Juan Bautista Vermay y abrió sus puertas en 1812. A ella asistieron muchos, otrora y posteriormente, pero recordemos que Vicente Escobar era mulato. Y por supuesto, el color de la piel era algo que detenía la posibilidad de este talentoso hombre. Hubo quien lo llamó el “humilde curioso” de las clases más adineradas, las que con sus retratos ganaba su sustento.

No obstante, a este hombre la suerte lo ayuda, su talento, y la necesidad, siendo el primero que logra estudiar su arte en Europa, pues el arte del retrato logró en convertirse en uno de los más lucrativos de nuestro país, entonces colonia española.

Estudia arte en España, y estudia con buenos profesores. En la Habana colonial florecían y trabajaban excelentes profesores de pintura y muchos de ellos prosperaban por las ganancias que estas pinturas reportaban. Sin embargo, influían extraordinariamente los pintores extranjeros radicados en Cuba.

Críticos como Serafín Fernández, de la prensa como “La Habana Artística” de aquella época destacarían:

"No creemos realmente que Escobar haya sido ningún maestro digno de pasar a la posteridad por sus obras de arte, pero no comparto las opiniones sobre que fue un simple aficionado"...

La historia demostró que Escobar, fue un hombre de su tiempo, que vivió las vicisitudes de su época, fue un excelente fisionomista, y las expresiones de" ¡las caras hechas por el pintor en sus retratos son admirables!, donde a través de las mismas s se puede estudiar el carácter de las personas.

No hay dudas de que pasó a la posteridad, se impuso en su época aun siendo mulato, tenía un talento natural innegable. Hasta nuestros días se sigue estudiando al pintor mulato.

La obra más conocida de nuestro pintor fue el Retrato de Justa de Alto y Bermúdez

Notas:

* La silueta del pintor, en la novela de Villaverde y el hecho de retratar pictóricamente a los padres de Leonardo Gamboa, personaje novela Ceclia Váldes.

** Dimensiones del diálogo americano contemporáneo sobre la familia en la época

Vicente Escobar: www.galeriacubarte.cult.cu/g_artista.php?item=160&lang=sp‎
www.ecured.cu/index.php/Vicente_Escobar_y_Flores‎

Vicente Escobar y Flores. www.galeriacubarte.cult.cu/g_artista.php?item=160&lang=sp‎
http://www.ecured.cu/index.php/Pintura_colonial_en_Cuba‎

Escuela de Artes Plásticas
San Alejandro EcuRedww.ecured.cu/index.php/Escuela_de_Artes_Plásticas_San_Alejandro‎

Cirilo villaverde-www.ecured.cu/index.php/Cirilo_Villaverde‎.

Cecilia Valdés. Una de las principales obras del escritor cubano Cirilo Villaverde. Según los expertos es la novela de amor más importante del Siglo XIX, y también llevada a la musica Cecilia Valdés al proyectarla como una zarzuela , compuesta por Gonzalo Roig, convertida en símbolo de cubanía gwww.ecured.cu/index.php/Cecilia_Valdés‎

Gonzalo Roig: Sólidas razones existen para que Gonzalo Roig (La Habana, 1890-1970) sea reconocido como uno de los músicos cubanos más destacados del siglo XX
www.lajiribilla.co.cu/2009/n420_05/memoria.html‎

Gabriel de la Concepción Valdés, o “Plácido” (seudónimo con el cual firmó. En el siglo XIX Plácido fue el poeta de mayor aceptación y divulgación en Cuba)
www.ecured.cu/index.php/Gabriel_de_la_Concepción_Valdés‎.

Humberto Solás. Borrego (1941 - 2008). Figura emblemática del cine cubano y de la cinematografía de habla hispana. Director de cine. Fundador Fundador del movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano. En 1968 dirige su primer largometraje, Lucía, considerada por la crítica mundial como una de las diez películas más importantes de la Historia del Cine Iberoamericano. Fue el gestor, fundador y presidente del Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara, nombrado hoy, luego de su desaparición física y como póstumo homenaje a su fundador Festival Internacional de Cine Pobre "Humberto Soládel Cine Pobre, con cita en Gíbara, en la provincia oriental de Holguín de www.ecured.cu/index.php/Humberto_Solás_

30 años de la película Cecilia. (22 de septiembre al 28 de septiembre de 2012). A Cirilo Villaverde le debemos la Cecilia Valdés novela, un monumento literario.

A diferencia de otras novelas de su época, cala en los problemas esenciales de la sociedad que describe, la cubana, en su devenir histórico y en sus contradicciones clasistas, en la mezcla de razas y culturas.http://www.ecured.cu/index.php/Cecilia_Vald%C3%A9s

Gibara; Gibara es una pequeña ciudad ubicada en la costa norte del oriente de la República de Cuba. La Villa Blanca como también se le conoce, es cabecera del municipio del mismo nombre, perteneciente a la Provincia de Holguín.

Fuentes:
- Sala de Arte Biblioteca Nacional de Cuba. (Materiales)agradecimiento especial a la profesora de Artes plásticas referencista.
- La pintura en Cuba.
- Cuadernos de Historia Habanera. Vicente Escobar: uno de los precursores de la pintura en Cuba de Emilio Gorvantes Conferencia leida el dos de mayo de 1937. Palacio Municipal.
- Diccionario Biográfico Cubano.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El mar y el paraíso

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Enrique era un porteño que, como casi todos los porteños que vivían frente al Río de la Plata, adoraba el mar. Cuando era chico, todos los veranos iba a Mar del Plata en auto con sus padres, donde tenían un departamento frente al mar.

Pero ahí, al entrar en el mar, el frío era fuerte. Se esforzaba para aguantar hasta acostumbrarse y entonces conseguía nadar y hacer la plancha flotando feliz.

Lo que parecía un paraíso azul al principio era un infierno frío.

Una vez viajó a Salvador, en Bahía, Brasil, ciudad que está frente al mar.

Le habían dicho que ahí el mar era casi tibio. Ni comparación con el agua helada de Mar del Plata.



Y fue y vio un hermoso mar azul, a veces verde, casi sin olas, como una inmensa pileta. Pero en algunas de esas hermosas playas rodeadas de palmeras casi nadie entraba en el agua.

Averiguó que era porque en esas paradisíacas playas se descargaban desagües con el agua de la ciudad, mezclada con orina y caca. Entrar en esa hermosa agua era entrar en un mar de pis y mierda.

Para entrar en el mar había que viajar varios kilómetros hacia alguna playa distante.

Se dio cuenta entonces, admitió, tuvo que reconocer que el paraíso siempre está en otro lado. Cuando se llega no es eso.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La rebelión de los lápices

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La Biblioteca Nacional del Perú ha publicado La rebelión de los lápices, un catálogo del siglo XIX en caricaturas, resultado de una acuciosa investigación de Ramón Mujica, actual director de esta institución fundada en 1821, por José de San Martín, definiéndola como «una de las obras emprendidas que prometen más ventajas a la causa americana».

El libro aborda un tópico poco estudiado por la comunidad académica peruana y resulta medular para rastrear la transformación la cultura visual en su tránsito del Virreinato a la República. La Rebelión de los lápices, cuenta con la colaboración de Ricardo Kusunoki y es dedicada al destacado politólogo Sinesio López, profesor universitario de Ramón Mujica y antecesor en la dirección de la BNP.



La investigación es una cronología en cuatro capítulos, de 1818 a 1900. Se conocen pocas estampas satíricas tempranas de los próceres de la Emancipación. Estas circularon clandestinamente entre Buenos Aires, Lima y Santiago de Chile.

En una de ellas figura el general San Martín con orejas de burro, sentado sobre O`Higgins, otro burro uniformado, arreando a los “a los pueblos de Chile, tipificados como un rebaño de ovejas”.

En este período de transición entre Virreinato y la República se satiriza la ambigüedad política y el doble discurso de cierta aristocracia criolla.

El poder político siempre se ha expresado como un lenguaje visual que ostenta los símbolos y emblemas del poder, el orden y la autoridad. El problema, agrega el autor, era que una caricatura podía desestabilizar a un gobierno.

Durante el virreinato peruano el potencial subversivo de la caricatura fue bien conocido por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, tal como se desprende de La Gaceta de Lima del 6 de setiembre de 1761.

El segundo eje temático de este Catálogo lleva el título del libro. “Desafortunadamente, las colecciones de las BNP no están completas”. Se trata de publicaciones marginales que en su día tuvieron una corta y agitada vida. Sus propios editores les cambiaban de nombre cuando corrían el riesgo de ser suspendidas o clausuradas por el Estado.

Por temor a represalias, los caricaturistas mantenían su total anonimato, bajo seudónimos. Una estampa muestra los latigazos que recibió el periodista chileno Rafael Vial, por ejercer su profesión libremente. Castilla, José Balta, Piérola y Cáceres, clausuraron imprentas y diarios, intimidaron a los caricaturistas y encarcelaron a sus directores.

En otra caricatura, en sus Aletazos de Murciélago (1866), Atanasio Fuentes visualiza al estado político del Perú como un gigantesco campo santo.

A lo largo del siglo XIX la función del periodismo no era exclusivamente la del diario noticioso. Este operaba como una “prensa doctrinal” que buscaba difundir su ideario teórico con pasquines políticos e imágenes contestarías.



Los diarios o semanarios humorísticos se presentaban como los portavoces de la “opinión pública”, el máximo censor social del orden republicano, aunque en la práctica no era la opinión pública la que influía sobre la prensa, sino esta sobre aquella.

En la década de 1930, existían en las alamedas de Acho y Callao, representaciones pictóricas del “mundo al revés”. En estas se mostraba a una res degollando a un carnicero, a un reo ahorcando a un juez, a un usurero haciendo obras de caridad y a un moribundo bendiciendo al médico.

El periódico pierolista El Leguito Fray José (1898) muestra al pensador anarquista peruano Manuel González Prada (1844-1918) como una mula que con sus extremidades traseras, patea la efigie de Cristo crucificado por encabeza a la “Liga de libre pensadores” que sostienen una bandera con el lema: “Abajo la religión, Abajo el gobierno, Abajo los obreros, Viva el Diablo”.

En el cuarto y último eje temático del Catálogo: El lugar de la memoria. La caricatura republicana ofrece un testimonio “visual” de la violencia política en el temprano Perú republicano. Esta registra “ejecuciones extrajudiciales, violaciones a los derechos más elementales de la ciudadanía, masacres en pequeña y gran escala, fusilamientos, tensiones, desigualdades, procesos electorales truncos o fraudulentos.

Una caricatura alude a las polémicas ambivalentes decimonónicas sobre el libre ejercicio de la ciudadanía del indígena que antes de los sufragios es mostrado siendo sobornado por políticos inescrupulosos.

En El artista y su época, José Carlos Mariátegui, alude al arte de la caricatura como si esta fuera la reacción aleccionada de los artistas populares que se resistían a ingresar a un mercado de arte burgués, controlado por “peritos” y “tasadores”. Estuviese o no Mariátegui en lo correcto –afirma Mujica- en el siglo XIX o inicios del XX la caricatura era lo más cercano a un “arte proletario” concebido como trinchera ideológica.

Una biblioteca cada siglo

Este detalle resulta interesante para el lector. En América Latina se construye una biblioteca nacional cada siglo. La nueva sede de la BNP, en el distrito limeño de San Borja, fue inaugurada en el 2006. Su vetusto local en el Centro Histórico, fue tomado por las fuerzas realistas, saqueado durante la Guerra del Pacífico e incendiado en 1943. Este no podía garantizar, como aludió premonitoriamente San Martin, «a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia». La Biblioteca peruana era, junto con las de México y Río de Janeiro, una de las más ilustres de América.



Buenos es recordar que gracias a la presión de los medios de comunicación locales e internacionales, que acompañaron la Campaña del Sol, el presidente Alejandro Toledo, economista egresado de Harvard y Stanford, decidió facilitar los fondos para concluir las obras que gobiernos anteriores no le prestaron interés. Fue la gestión del académico Sinesio López, entonces director de la BNP, que con el respaldo de la Asociación de Amigos de la BNP .- AABNP, llegó a terminar la nueva infraestructura, menos vulnerable, para la delicada labor de los investigadores. Contra todas las críticas que abundan respecto al escaso apoyo del Estado a la cultura, los visitantes a las bibliotecas, empezando por la antigua sede en el Centro Histórico de Lima, va en aumento.

Un ansiado retorno. Después de diversas gestiones de la Cancillería Peruana y la propia BNP, el gobierno chileno en el 2007, devolvió oficialmente 3 mil 788 libros que salieron del país durante la Guerra del Pacífico, a fines del siglo XIX.

Si La Rebelión de los lápices, es un indispensable documento para conocer la misma intolerancia política que dominó el siglo XIX y que continuó en el siglo siguiente, La Noche de los Lápices, utiliza el cine y se basa en el libro y obra teatral de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez, en 1986, para señalar los primeros meses de la última dictadura cívico-militar argentina.

Esa película denuncia la desaparición de siete adolescentes de la ciudad de La Plata que fueron secuestrados, torturados y asesinados por reclamar el boleto estudiantil para estudiantes. El film se centra más en la experiencia física y psicológica de los personajes que en el contexto político y social imperante en la dictadura. La película fue seleccionada en el Festival Internacional de Cine de Moscú de 1987. Todos los estudiantes asesinados y sus cadáveres desaparecieron. Pablo Díaz es liberado en 1980, luego trasladado al Poder Ejecutivo Nacional. Él fue uno de los sobrevivientes de la tragedia, y gracias a su testimonio dado en el Juicio de las Juntas en 1985, el guión de esta película pudo ser escrito y contada esta historia. El resto de sus 6 compañeros secuestrados el 16 de septiembre de 1976 continúan desaparecidos.

La rebelión de los lápices, publicado por el Fondo Editorial de la BNP, es un serio aporte a la literatura política del Perú, iniciativa que debiera proyectarse con más trabajos de esta misma envergadura del siglo XX y de la actualidad. Si bien la libertad de prensa es mayor que en el pasado, la dependencia económica de todos los medios de comunicación y el acceso relativo a la revolución tecnológica, limitan, deforman la realidad y al igual como en el siglo XIX, como lo sostiene Ramón Mujica, no recogen el sentir de la opinión pública sino que estos son la opinión pública.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Fue en algún abril o septiembre


Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Jesús María Aguinagalde

Para nosotros el Gordo Aguinagalde era el Severino di Giovanni de ese pueblo donde no había humillados porque estaban escondidos en los rincones oscuros de nuestra frivolidad.

Donde no había contradicciones porque en ese mundo de amnesias que produce la adolescencia fugaz las dudas hubieran sido un estorbo.

Donde las calles y los parques de abril se repetían idénticos en septiembre con esa rutina somnolienta que desprenden los plátanos vestidos de camuflaje alineados en formación y que nos hacían ver postales repetidas.

El era la figura mítica de un Cronos casero y vecinal que podía ver el pasado y arrastrarlo de los pelos para conmocionar nuestro presente abúlico.

De quien se hablaba que podía hacer volar el mundo en cien mil pedazos como un Zeus vernáculo y volverlo a ordenar con justicia como un Odiseo cercano y nuestro.

El estuvo cerca de alguno de nosotros cuando el fuego del horror aún no nos había alcanzado.

Después no supe nada más de él hasta el día de hoy en la página de necrológicas del periódico de ese pueblo de abriles o septiembres.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El diablo y el buen dios


Rafael Plaza (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Para Jean-Paul Sartre (autor de una obra teatral inolvidable titulada El diablo y el buen Dios), el infierno eran «los otros». Para la Iglesia católica romana, desde la desafortunada época del emperador Constantino (siglo IV), el mal está en los demás. Primero en los ateos, después en los judíos, más tarde en los mahometanos, luego en los protestantes, ya en el siglo pasado en los comunistas y hoy día, incluso, en los propios cristianos más comprometidos, los que han llevado a la práctica la revolucionaria máxima de Cristo de que el prójimo es el más pobre, y que lo que se hiciera por el pobre se haría por el propio Jesús.

Hoy, el mal rodea a la Iglesia, y la invade por doquier.

Desde los ateos hasta los cristianos por la liberación -ya no sólo los teólogos de la misma-, todo el inmenso bloque de hombres y mujeres agrupados en el párrafo anterior, y otros que en este mismo instante se me escapan, representan para Roma un mal presunto -ya que siempre queda la coartada del perdón- y un «tufo de Satanás», frase que acuñó, para triste memoria, el papa Montini -Pablo VI- en los últimos años de su vida, cuando aquella enfermedad que le llevó a la muerte se expresaba, según los psiquiatras y médicos más conspicuos, en un horrible miedo a la vida, el miedo al vacío que le dominó cuando el Concilio Vaticano II empezaba a resultar efectivo.

Escribo hoy, pocos días después de que los obispos españoles se hayan reunido en Asamblea Episcopal, sobre la tremenda inseguridad de la Iglesia, y más particularmente sobre los miedos y quebrantos de la Iglesia española, cuyos obispos llevan decenas de años viendo por todas partes un cúmulo de males, de relativismo, de paganismo y de pecado… y otros tantos recelosos de una democracia que nos había hecho creer que había finiquitado en nuestro país el totalitario confesionalismo católico del Estado.

Cuando se les invita a pensar en alto, los obispos españoles sacan siempre su hacha de guerra, que es casi siempre un hacha contra los gobernantes socialistas o contra las leyes que consideran “permisivas” acerca del aborto, el matrimonio o la educación de la infancia y la juventud de nuestra “católica España”.

A los obispos españoles les traicionan constantemente sus miedos, en lugar de sus esperanzas; sus fobias, en lugar de sus amores; sus hambres de dinero y poder, en lugar de la fe en la Providencia que predican a los más pobres; sus doctrinas más salvajes y egoístas sobre el tener, en lugar del Verbo hecho Carne que quiso enseñar al hombre a ser, y en el cual siempre han parecido creer. Esto es lo terrible: que unos obispos tan preocupados por la fe de los españoles a veces dan la rotunda impresión de que no creen en nada, salvo en lo palpable, lo tangente, lo contingente y lo banal.

Para los obispos españoles, el mal está en los otros; el infierno son los otros. Es la gran paradoja de una Iglesia que nació en la humildad y en la verdad. La humildad-humanidad, para reconocerse humana y débil; la verdad, que no consistió en otra cosa sino en acercarse al más pobre, al más desvalido, al más marginado, al más oprimido.

Ese era, ése fue, el único y formidable bagaje original de esta Iglesia que, caso de volver, no reconocería ni el propio Cristo.

La Iglesia busca desesperadamente una seguridad detestable, infame, anticristiana. Una seguridad basada en el poder y el dinero. Contrata vigilantes jurados del alma armados hasta los dientes para destripar los cuerpos de los que osen moverse. Mercadea con puertas de seguridad a prueba de bombas. Viaja en papamóviles blindados para evitar que curas desesperados o agentes secretos zarandeen impunemente a sus caudillos.

Quiere dinero contante y sonante, y bancos propios gobernados por hombres de traje talar y corbatas de seda que puedan ahorcarse en una noche siniestra bajo un puente cuando las cuentas no están claras en el Vaticano.

Quiere hombres que no busquen interrogantes a sus dogmas, mujeres que no intenten subir a sus estrados, jóvenes que no ofrezcan dudas sobre la justicia de las guerras, niños que sepan antes de los castigos del pecado que de la belleza del amor y la utopía, y ancianos que se inyecten dulcemente el miedo a la condenación eterna.

Rafael Plaza es periodista y escritor, analista de la Iglesia católica.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Traiciones

Isabel Maria Fagundez Gedler (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Traiciones 1

…a la Palabra.

Traicionó la palabra
Lo descubrí
Con su lenguaespada
Hiriendo los sueños
Las ilusiones
La justicia
Disfrazdiscurso
Habló al vacío
Y el eco
Se hizo cargo
De repetir
Mentiras
Mentiraaas
Mentiraaaaaas.
En mascaradiscurso
Usurpadora
De ideas
Escapó
Con su escudo
Falsodecir.

Traiciones 2

…a la Patria

El color del mar
Todo verdeazul
Regado por el mundo
Arropasueños
Y libre el cielo
No puso condiciones
Le pertenece
A los poetas
A los mendigos
A los perros
A los abandonados
Igual la lluvia
No selecciona el verde
Que se hace más verde
por las caricias que gota a gota
Le profesa.
La tierra
No se queja
Trozos de papel
Le ponen nombres, dueños
Limites
Que desconocen
Mil significados
De milenarias vidas
En ella
Que alberga
Al Hombre de maíz
Al Autana
Nuestra cuna
Y a las huellas que nos unen
En sangre
Libertaria.

Traiciones 3

…a las Ideas.

Una razón
Requiero con urgencia
Para soñar
Los nuevos unicornios.
Transformo
En mágica alquimia
Una derrota que engaña
A los asesinos
¿no lo ven?
¿no lo sienten?
Hoy
No comparten la esperanza
Ni los sueños
De los muertos
Que renacen
Del asalto al sol
¿Cómo?
¿Quiénes son ahora que he perdido sus rostros?




Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Música: Desde los salones de la nobleza europea, el minué

El minué es una danza barroca en compás de 3/4, que se introdujo en la corte de Luis XIV, durante el siglo XVII, obteniendo mayor popularidad en el siglo XVIII. Se supone que su origen es campesino de Poitou, y que fue introducido en las cortes por el compositor real ítalo-francés, Jean Baptiste Lully, quien la incluyó en sus óperas. Su gracia rítmica se extendió por toda Europa con rapidez.



Cuando la popularidad de este baile disminuyó, su forma musical se desarrolló como un movimiento estilizado, incluido en la sinfonía y la sonata, pero con un compás más rápido, que podía tomar un carácter humorístico. Es la única danza de la suite que se conservó en la sonata y en la sinfonía.

El minué se extiende por Europa, donde compusieron minués en el barroco músicos como Arcangelo Corelli (1653-1713), Johann Sebastián Bach (1685-1750), y George Friedrich Haendel (1685-1759).

En el período clásico, compusieron minués compositores como Joseph Haydn (1732-1809). Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) y Ludwig van Beethoven (1770-1827), pero éstos lo hicieron como parte de una obra mayor (sinfonía, sonata).

Características del minué:

Esta danza muestra orden y detalle dentro de su estructura, fruto de su naturaleza cortesana francesa. El baile se realizaba con cambios de pareja, siguiendo un orden jerárquico preestablecido, en tanto, los demás danzantes, permanecían observando, hasta que llegase su turno. La pareja de turno, representaba figuras alusivas al coqueteo, con la mirada fija.

El minué se compone de dos secciones, con repetición de cada una. Es una de las danzas constitutivas de la suite, viene después de la zarabanda, y antes de la giga, por lo general.

En su forma clásica, consta de: exposición con, tema con repetición, vuelta al tema con repetición; trío, luego del segundo minueto; re-exposición de la primera parte, sin repetición, pero con coda.

La manera de bailarlo, era con una rosa roja en la boca, además, las mujeres debían calzar tacones. Esta danza se apoderó de los salones de palacio, y se poseen documentos de 1664, que lo reseñan, pero la primera descripción precisa de la rutina de la danza, data de 1706, que los profesores de danza, pretendían mantener con sus reglas puras, a salvo de popularizaciones o simplificaciones. Sin embargo, cada profesor podía imprimirle un estilo propio.

Como baile cortesano, también llegó a América. Durante los siglos XVIII y XIX las aristocracias criollas, siempre mirando Europa, racistas y discriminadoras de lo nacional, lo adoptaron. Hacia fines del siglo XIX fue cayendo en el olvido.

Presentamos algunos ejemplos exquisitos de minué, hoy devenidos ya clásicos:

1: Minué de Luigi Boccherini

2 y 3: Minué I y II de F. Haendel de los “Reales fuegos de artificio”


4: Minué vienés


Fuente: http://www.swingalia.com/danza/el-origen-del-minue.php


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La oferta de la semana… nada por dos pesos…


Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para
ARGENPRESS CULTURAL)

Postales de la realidad. El Gandulfo batalla y extiende su lucha por sobrevivir, en momentos en que los hospitales “encogen” y los pacientes “crecen”.

Un domingo “negro”, casi homenaje a Frankenheimer, quien cerró los ojos para olvidar. El Gandulfo fue, por un rato, rehén de dos bandas que disputaban territorios y se facturaban, con vidas soberbiamente regaladas, una media tarde de esas que las callecitas de Lomas, no frecuentan a menudo, aunque la oferta crece y la demanda resigna. La ignorancia es supina, ignoraban que invadían “los pagos” de Mario Paolucci. Que se le va a hacer, no hay respeto para el arte ni en la marginalidad.

Resulta que las dos bandas, n precisamente de rock and roll, debatían, a tiros por las calles y los techos de Piedras, Sarandí, Balcarce y adyacencias, digo esto a riesgo de celos artísticos de los vecinos excluidos, con el ardor propio de intereses encontrados.

Las zonas, cuando no están claras, provocan litigios fronterizos. Naturalmente, estos son tutelados –no concedidos- por “los buenos muchachos” de uniforme.

Todo sea por la convivencia pacífica, aunque algunas veces la diferencias, como en ese caso, se resuelvan sin recurso de amparo, para los vecinos, claro, porque estos protagonistas de civil y de uniforme, sólo los tienen en cuenta como piezas propias de caza, afincadas en un coto cerrado que se disputan con mayor o menor ferocidad , pero se disputan.

Lo cierto es que el rusito uno de “los ejecutores” del bando uno, tanto como para identificarlos, pasó a “cobrarle” una cuenta pendiente a Marcelito, lo hizo bien, Dos tiros que necesitan cierta certeza. El rusito es muy cuidadoso y no se quería ir sin asegurarse. Diría algo obsesivo, pero son cosas de “la profesión”. La demora suele ser mala consejera, sus socios se impacientaron, los “compañeros” de Marcelito, se alarmaron y la “taquería” también.

Lo cierto es que los vecinos del apacible y bucólico barrio, cambiaron sobremesas y siestas presumibles, algún avance erótico a favor de la tarde desapacible de domingo, por el disonante desfile que tenía lugar sobre sus techos y sus calles. Un nuevo concierto –no coral sin atisbos de Bach-, donde las explosiones no las producía AC DC y las corridas tampoco eran de Mick Jaegger. Azorados, los valientes que se asomaron contó Jorge vecino del lugar, pudieron ver la retirada militar ordenada hacia el hospital, objetivo donde la gente de Marcelito lo quería dejar para atender, por si “las moscas”, mientras que los de la banda uno, sitiaban el Gandulfo.

Hubo evacuaciones, cordones oficiales y de los otros, lo cierto es que los pacientes, familiares y vecinos, se sintieron inquietos protagonistas de “un thriller” negro del tercer milenio, que nada tiene que ver con la era de Acuario de un tercer milenio, donde el ser humano crecería espiritualmente. Salvo que, siempre es posible, ese diagnóstico sea para los que sobrevivan.

-¿Te enteraste de algo, sobre esto? -, nos interrogó Jorge, incrédulo, con su melena leonina al viento.

-No-, confesé avergonzado, resistiendo la mirada socarrona de Yon.

-Bueno, tampoco es para calentarse, lo que no aparece en “la tele”, no ocurre-, cerró filosófico Jorge, consultando su reloj, porque los servicios de terapia sobreviven con horario.

El arbolado de Piedras saludó majestuosamente la retirada de “la turba”, como repite Mactas. El empedrado de Sarandí permite al Alfa gris y lustroso deslizarse haciendo surf sobre adoquines silenciosos, son testigos pacientes del paso de quienes, ni siquiera, serán recuerdo.

--

Yon tuvo un ataque de reflexiones en forma de bombas de racimo, que me arrojó sin aviso, ojalá puedan tolerarse.

“Nuestras quejas nunca son, del todo, de buena fe, por eso resignamos.

Son el precio que pagamos. Sin pensarlo, por ser del mundo.

Mi libertad y mi universalidad no podrían admitir eclipse alguno.

Por eso, luego de haber enunciado a un proyecto, experimento con frecuencia una liberación, -después de todo lno me apasionaba tanto”, me digo.

Sólo había debate para salvar las formas, la deliberación era una parodia, yo había decidido en contra. Es como discutir con argumento, contra la libertad, la impotencia de la voluntad.

Estoy a merced del desempleo y la prosperidad.

Es poco probable que en un instante destruya el complejo de inferioridad en el que me he complacido durante años. Eso quiere decir que me he empeñado en la inferioridad, que me he domiciliado en ella.

Un argumento contra la libertad es la impotencia de la voluntad.

La acción libre está en todas y en ninguna parte.

Nada hay que pueda limitar la libertad sino lo que ha determinado ella misma.

Esta libertad resbala sobre si misma y es el equivalente de un destino”.

--

Inspiré profundamente y pude digerir la puteada que parecía indetenible.

Decidí pensar, algo conmovedor y casi ajeno en estos tiempos.

“No te olvides que el sueño excluye a la libertad

--

En aquel lado del rio, el sol parecía golpear más feroz e indiscriminadamente.

El color era despojado, contraído en gama de grises y amarillos desteñidos.

La mujer llevaba una flor escarlata en la trenza y a falta de un verde complementario que la moderase, se diluía en un marrón insípido, aunque a lo lejos la toca blanca y almidonada, la convertía en un pájaro milagroso que se alzaba para flotar, balanceándose desde lejos.

Más allá del templo, la calle se bifurca en dos más estrechas. En el vértice, un árbol cobija el altar puede ser de Rodrigo, Gilda o Jesús, total a alguien le puede servir a la hora de implorar clemencia. Hay vacas que rumian, ancianos y mujeres que despejan las ventanillas de la nariz. Periferia del horror. Pero estamos en la vida y eso es caro.

-El cementerio de Lomas ha pasado a ser un sitio mucho más visitado-, empezó anunciando Yon una nueva calamidad. Lo hizo detrás de un escocés helado y para peor, legítimo.

-No se trata del crecimiento del índice de mortalidad, que desde ya sube por demanda de violencia-, agregó mordisqueando una galleta salada untada con salsa tártara.

-Ahora y desde hace un tiempo, estas nuevas atracciones tienen que ver con los metales-, precisó mientras cazaba una aceituna escurridiza.

-Resulta que los vándalos saquean con impunidad, toda la broncería para empezar y seguir con vajillas y aquello que los familiares guardan como homenaje-, se lamentó, concentrando su atención en las piernas bien torneadas de la azafata de servicio en ese bar… “sucho”, buena copia de un símil del siglo XIX, situado en el centro de un country casi exclusivo.

-La gente aquí también resulta profanada-, anotó por el segundo sorbo del escocés mágicamente helado.

-La seguridad del cementerio, bien gracias-, abundó el vasco hablando por la comisura de los labios.

-Los depósitos de parabienes y los fundidores más-, a esta altura parecía enojado.

-Los patoteros están a la orden del día y nadie los enfrenta-, enumeró mientras contaba las anchoas alineadas en formación sobre un plato de porcelana turquesa de los que ya no se ven.

-No pregunten por la autoridad. La autoridad está ausente, no sólo del cementerio. Tal vez allí esté sepultada en una tumba sin nombre, por las dudas que alguien la encuentre. La reactivación está en marcha pese a los agoreros que dicen que todo está mal y sin futuro. El futuro está “en los carritos” que los trasladan. Por eso la gente saquea a gusto y placer, total a nadie le importa-, cerró ácido.

Yo, en tanto, sin cuestionarlo, pensaba en el servicio desolador de los tiempos de crisis, pero no lo refuté, no era necesario, para eso estaba la realidad.

--

El río marrón se desliza lánguido y susurrante. Desde la terraza del parador la brisa huele casi salobre, una lengua marina, abrió la boca del Plata. El servicio, demente como siempre que Yon invita, llegó ordenado y en formación bávara. Me conmueve esa espartana diligencia. La blanca sombrilla amparaba las confesiones, por lo menos las techaba. El narangello helado que había elegido para acompañar la inconfesable variedad de quesos fuertes que descansaban en la tabla, producía una mezcla agridulce. Bueno, a él le gusta, ya estábamos a la puerta de la noche.

Lo curioso fue la medida, breve, de las cosas. Eso requirió cierta laboriosidad que conspiró contra el número que procuré llevar. El segundo plato, todo verde, según el ataque estético del vasco, era una pradera de espinacas gratinadas y espolvoreadas con pimienta blanca, por todo condimento.

Naturalmente requirió una decisión fuerte, como todas, y eligió un blanco seco, helado y de finca. Lo dejé hacer, otra cosa no podía hacer. El filet de pejerrey, naturalmente de río, flameó sobre la porcelana blanca y el limón doró la superficie. El blanco seco llegó para quedarse hasta las cerezas a la crema, el café servido en jarras y el cognac caliente dulzón y sabor real. Después llegó, para mal, el informe externo. Lo hizo como siempre en un sobre engomado e impermeable, vacilé antes de hacerme de él, pero lo consideré un exceso y un fuerte motivo para otra historia que ojalá prospere.

-No te olvides que el sueño excluye a la libertad-, me dijo antes de marcharse.

--

PD con afecto a los que sobrevivieron desde septiembre del 2002.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Sharaya


Álvaro Mutis

Sharaya, el Santón de Jandripur, permanecía desde tiempos muy lejanos sentado a la orilla de la carretera, a la salida de la aldea. Allí recibía las escasas limosnas y las cada vez más raras oraciones de los aldeanos. Su cuerpo se había cubierto de una costra gris y su pelo colgaba en grasientas greñas por las que caminaban los insectos. Sus huesos, forrados por la piel, formaban ángulos oscuros e imposibles que daban a la inmóvil figura un aire pétreo y estatuario que en mucho contribuyera al olvido en que lo tenían las gentes del lugar. Sólo los viejos recordaban aún, entre la niebla de sus mocedades, la llegada del esbelto Santón, entonces con cierto aire mundano y dueño de una locuacidad en materias religiosas que fue perdiendo a medida que ganaba mayores y más vastos dominios en su tarea de meditación al pie del camino.

A pesar del poco o ningún caso que le hacían ahora los habitantes de la aldea, y tal vez gracias a ello, Sharaya era un atento observador de la vida circundante y conocía como pocos las intrincadas y mezquinas historias que se tejían y borraban en el pueblo al paso de los años.

Sus ojos adquirieron una dulce fijeza de bestia doméstica que las gentes confundían con la mansedumbre de la imbecilidad y que los prudentes reconocían como reveladora de la luminosa y total percepción de los más hondos secretos del ser.

Tal era Sharaya, el Santón de Jandripur en el Distrito de Lahore.

La noche que antecedió a su último día fue una noche de lluvia y el río bajó de las montañas crecido, bramando como una bestia enferma, pero de inagotable energía.

Gruesas gotas han resbalado toda la noche sobre la piel del parasol que instalaron las mujeres cuando la gran sequía. Golpea la lluvia como un aviso, como una señal preparada en otro mundo. Nunca había sonado así sobre el tenso pellejo de antílope. Algo me dice y algo en mí ha entendido el insistente mensaje. Se ha formado un gran charco, con el agua que escurre por la blanda cúpula que cree protegerme. Muy pronto se secará porque se acerca una jornada de calor. Comienza el vaho a subir de la tierra y las serpientes a esconderse en sus nidos anegados. En lo alto una cometa sube en torpes cabezadas. Amarilla. Un canto de mujer asciende a purificar la mañana como un lienzo de olvido. Uno sostiene el hilo, el otro me mira largamente y con sorpresa. Me descubre, entro en su infancia. Soy un hito y nazco a una nueva vida. En sus ojos miedo, miedo y compasión. No sabe si soy bestia u hombre. Con un pequeño bambú me busca el dolor y no lo encuentra. Corre hacia el otro, que lo aleja sin volver a mirarme. El Santón de Jandripur. Hace mucho tiempo. Ahora otra cosa y muchas cosas: un Santón, entre ellas. La vastedad de mis dominios se ha extendido hasta el curvo horizonte sin principio ni fin. Vuelve. Extiende su mano hasta tocarme, sin el bastoncillo que lo protegía. Lejano como una estrella o tan cerca como algo que sueño. Es igual. Lo llama su compañero. Cae la cometa, lentamente, buscando su muerte, naciendo. Los árboles la ocultan. Cae al río donde la espera un largo viaje hasta cuando se deslía el papel. Entonces, el esqueleto irá hasta el mar y allí bajará a las profundidades. A su alrededor reconstruirán los corales y las ostras la sólida sombra de su antigua forma y en ella dejarán los peces sus huevos y los cangrejos taparán a sus crías con arena. Irán a morir allí las grandes mantas y sobre sus cadáveres los peces fosforescentes cavarán sus madrigueras de blanda materia en transformación. Un pequeño desorden se hará al paso de las corrientes submarinas y muchos siglos después el breve remolino surgirá a la superficie y luego todo volverá a ser como antes. Un tiempo sin cauce como un grito sin voz en el blanco vacío de la nada. Le llaman vida, presos en sus propias fronteras ilusorias. La mañana se anuncia con este camión. Dos más. Anoche pasaron varios. Soldados de las montañas. Cabecean trasnochados, sostenidos en sus fusiles. No pasa. Se atasca en el lodo de la orilla. El motor gira locamente, ruge con furia, se detienen, vuelve a gemir. Cortan ramas. Vienen otros. Tanques; siete. Lo empujan. Pasa. Gritos. Pobres gritos de rabia contra el agua, contra el barro. Ahora cantan. Cantan el desastre, cantan su sangre, sus mujeres, sus hijos, cantan sus vacas esqueléticas. La gran madre paridora. Mueren de muerte de vida de soldado obediente a la tumba. Campesinos, tejedores, herreros, actores, acólitos del templo, estudiantes, letrados, ladrones, hijos de funcionarios, hombres de las máquinas, hombres del arroz, hombres de los caminos. Se llaman igual, sus rostros son iguales, su muerte es la misma. Desde lejos viene el silencio como una gran red de otro mundo. Los insectos comienzan a despertar. Era una serpiente entre las hojas. La misma, tal vez, que pasó anoche por entre mis piernas. Agua y sangre en frías escamas articuladas. La madre de todos recorre sus dominios, y de sus viejos colmillos mana la leche letal de los milenios. Los deudos venían a menudo para preguntarme la razón de su duelo, mientras el humo de la pira alzaba su sucia tienda en el cielo. Pero ya entonces hacía mucho tiempo que la palabra me fuera inútil y nada hubiera podido decirles. De todas maneras ya lo sabían, pero en otra forma, como sabe la sangre su camino, ciegamente, inútilmente. Temen a la muerte y después descansan en ella y se suman a su fecunda tarea y bajan en cenizas por el río, dejando la tufarada agria de nueva vida, alimento y abono de otros mundos. Huyó tras la maleza. Siente los pasos antes que todos. Hombres de la aldea con sus carretas. Todo se lo llevan. El gran lecho matrimonial regalo de los misioneros. Falso oro chillón y oxidado de sus copulaciones. Huyen entonces. El alcalde con su mujer hidrópica. Miente cuando viene a orar. Los sacerdotes del pequeño templo. Ruedas irregulares que se bambolean y patinan en la usada caja del eje. Vidas incompletas, trozos apenas de la gran verdad, como la costra gris que ensucia la piscina después de las abluciones. Nata de mugre, corazón de la miseria, escala del desperdicio. Y tan seguros en su afán mismo de huir. Otra destrucción los empuja, más honda, la única y verdadera catástrofe en la oscuridad agobiadora e inquieta de su instinto. Vuelven a mirarme. Los más viejos. No sé leer sus ojos. Tampoco puedo ya decirles cómo es inútil escapar de lo que está en todas partes. Es como los que rezan para tener fe o los que labran la tierra para dar de comer a los bueyes que tiran del arado. Y toda la impedimenta de sus astrosas pertenencias. Me dejan ofrendas. Lo que no quieren llevar, lo que les es ajeno en su huida. La viuda con sus hijos. Ojosa, flacos pechos muertos. Flores del templo. No se atreve a tirarlas ni tampoco a dejarlas frente a los ídolos que mañana serán destruidos con la misma furia que los hizo nacer. No irá muy lejos, está señalada, apartada, escogida entre todos. Andra, la que bailó desnuda toda una noche ante el Santón. Sus hijos recordarán un día: «...cuando huimos de Jandripur ella murió en el camino, la subimos a la copa de un árbol muy alto y allí descansó, visitada por los vientos y lavada por las aguas del mundo. Vigilándonos por varios días hasta cuando la perdimos de vista...». Y, sin embargo, tampoco será como ellos creen. No exactamente. Otras cosas habrá que se les ocultarán para siempre y que, sin embargo, llevan consigo. Con la muerte de su gran madre paridora de la muerte, la de los saltos de sangre, la que truena levemente los huesos, la que lima la linfa en su lomo. Miran hacia atrás al silencio de sus hogares abandonados donde gritarán por mucho tiempo todavía sus deseos y sus miedos, sus miserias y sus exaltaciones, tratando de alcanzarlos en su camino. Soldados.
Escolta huyendo con banderas de señales. Lo veo. Me ve. Letras y palabras. Me mira. Ir. No sabe. El último. Solo. Tal vez. No sé de qué estoy solo. Vuelve a mirarme, se va tras los otros. Una espada que inventa la cinta azul de su hoja con la palabra de los dioses de la guerra labrada torpemente.

Al mediodía, Sharaya alargó la mano y tomó la mitad de una naranja medio seca y comenzó a masticar un pedazo de la cáscara tenazmente perfumada. El calor de la siesta expandió el aroma de la fruta entre una danza de insectos enloquecidos y que chocaban contra la vieja piel del privilegiado. El ruido de las aguas se fue debilitando y el río tornaba a su antiguo cauce. Cuando comenzó a caer el sol un leve sopor fue apoderándose de los anquilosados miembros del Santón e infundiéndole la beatitud inefable del que sueña descubriendo las pistas secretas de su destino.

Aguas en desorden, saltando y salpicando la fría espuma de la corriente. Agua de las montañas que baja danzando en remolinos y se remansa en el vientre que gira lento, liso y tibio, protegido por el rotundo cáliz de las caderas. Olor de especies quemadas en la pequeña plaza y el agudo sonar de los instrumentos que narran los incidentes de la danza. Risa en la boca sin dientes de la vieja mendiga, risa de la carne recordando, comparando. Lazo implacable y una gran dulzura en el pecho pesando y doliendo y largas tardes del ir y venir de la sangre en sorpresivas mareas y la vecindad de la dicha, la pequeña dicha del hombre, hermana del terror, la breve dicha de dientes de rata comiendo y mascando. Un vasto palio de ceniza sobre la memoria de la carne. Viaje a la sede de los amos de entonces. Los tímidos pastores dueños de una porción del mundo, convertidos en puntillosos comerciantes, pacientes, tercos, soñadores, desamparados fuera de su isla. Hélices mordiendo las turbias aguas de la desembocadura. Una mancha interminable y amarillenta anticipa la gran ciudad bulliciosa de los funcionarios, donde la sabiduría asciende por escaleras simétricas maculadas por el húmedo hollín de las máquinas. Tierras de la razón. Por la plaza hombres y mujeres se apresuran entre la grasosa niebla del ocaso. Colores saltando, un vaso se llena de luces que desaparecen para dar lugar al trazo azul y verde, tome, tome, tome, tome. Salta la espuma del bautismo, salta en el tránsito sombrío de los inconformes y laboriosos amos. Aguas que chorrean sobre las espaldas bautizadas en la raída sombra de la selva, entre gritos de aves y chirrido de insectos. La piel del más sabio, del más viejo, arrugada bajo las tetillas colgantes, mojándose con el agua de la verdad, la que lava antiguas y nuevas concupiscencias, la que borra los títulos ganados en vastas construcciones de piedra, madres de sutiles argumentos. Mi padrino y mi maestro, segundo padre midiendo la superficie de la tierra, chacal virgen de verdad, un sapo amargo, padre de la verdad.
Y, por fin, la última lucha al lado de ellos, mis hermanos. Las manifestaciones, las prisiones en las montañas, el partido y sus ramificaciones clandestinas trabajando como venas de un cuerpo que despierta. Aquí mismo, cuando todo parecía haber entrado pacíficamente en orden, hubiera podido aún ser el amo, dictar la ley bajo mi parasol, moverlos hacia lo bueno o hacia lo malo, según conviniera a su destino, predicar una doctrina y hacerlos un poco mejores. El comisionado de bigote rojizo y nuca sudorosa, argumentando a la luz de la sucia lámpara del cuartel. Su antiguo y probado camino de razonamiento por el cual transitan tan seguros pero tan lejos de sí mismos, ahogando sus mejores y más ciertos poderes: «Ninguno sabe por qué les hablas. No les interesa, como tampoco saben por qué estoy aquí, como tampoco lo sé yo. El único que tiene ya todas las respuestas eres tú, pero de nada han de servirte. Siempre se llega al mismo sitio. Tú eres el Santón. No todos pueden serlo. Ellos ponen la ira destructora y el fecundo deseo. Tú miras, indiferente hacia el negro sol de tus conquistas interiores y eres tan miserable y tan pobre como ellos, porque el camino que has recorrido es tan pequeño que no cuenta ante la larga jornada que te propones hacer movido por el engañoso orgullo que te amarra. Ponte a su lado y guíalos y ayúdame a imponer autoridad y a entregar las cosas en orden. Después, ya se las arreglarán como puedan; pero tú que has vivido y te has formado entre nosotros, sabes que nuestra razón es la única a la medida de los hombres. Lo demás es locura. Tú lo sabes». Una pálida cobra, piel de la verdad. Sueño mi vuelta al único sueño que está unido por un extremo a la divinidad que no dice su nombre, al padre y a la madre de los dioses, fugaces fantasmas esclavos del hombre. Sueño mi sueño soñando el sueño del que levanta el pie en la posición del elefante, del que te dice “no temas” con el arco de sus dedos, del portador del fuego, del que viaja en el lomo de la tortuga. La hora viene, vino hace muchas horas y no termina de llegar.

Sharaya se quedó dormido, y en la pesada siesta de la abandonada Jandripur comenzaron a entrar las primeras unidades del ejército invasor. Instalaron sus tiendas y ordenaron sus vehículos. Cuando el Santón despertó, la aldea comenzaba a arder y las húmedas maderas de las casas estallaban en el aire tierno del ocaso nublando el cielo con las altas columnas de humo. Eran muchos, y el roncar de los camiones y de los tanques que seguían llegando indicaba que no se trataba ya de una pequeña avanzada sino del grueso del ejército. Un altoparlante comenzó a dar instrucciones en el agudo y destemplado idioma de las montañas, sobre cómo debían conducirse los soldados en la comarca y sobre las precauciones que debían tomar para cuidarse de los que quedaban escondidos para organizar la resistencia. El ajetreo duró hasta muy entrada la noche, cuando un gran silencio se hizo en la aldea y sus alrededores.

Duermen agotados después de la carrera. Piensan seriamente en la redención de los pueblos, en la igualdad, en el fin de la injusticia, en la fraternidad entre los hombres. Ellos mismos traen un nuevo caos que también mata y una nueva injusticia que también convoca la miseria. Es como el que se lava las manos en un arroyo de aguas emponzoñadas. Ahí vienen dos. Alumbran el camino con una linterna de mano. Campesinos también, jóvenes, casi niños. Una mujer con ellos. Prisionera tal vez o ramera que los sigue para comer y guardar algún dinero. La están desnudando. El viejo rito repetido sin fe y sin amor. Les tiemblan las manos y las rodillas. Vieja vergüenza sobre el mundo. Ella ríe y su piel responde y sus miembros responden a la ola que crece en el cuerpo que la oprime contra la tierra. Madre necesaria. Renacen unidos en la sede de todos los orígenes. Gimen y ríen al mismo tiempo. Un solo cuerpo de dos cabezas ebrias y acosadas en el vértigo de su propio renacer, de su larga agonía. El otro sonríe con timidez.
Sonríe de su propia vergüenza y espera. Sembrar hijos en la tierra liberada. Terminaron. Ella se viste. El otro me alumbra con la linterna.

Los soldados y la mujer se quedaron absortos ante el extraño amasijo de trapos mugrientos, alimentos descompuestos y las carnes momificadas del Santón. Evitaron la mirada ardiente y fija de Sharaya, testigo del breve placer que le robaran a sus oscuras vidas perecederas. Bien poco quedaba al Santón de forma humana. La mujer fue la primera en apartar su vista de la hierática figura y comenzó de nuevo a envolverse en sus ropas. Los dos soldados seguían intrigados y se acercaron un poco más. Por fin, el que había esperado, reaccionó bruscamente. «Parece un Santón -dijo-, pero no podemos dejarlo observando el paso de nuestras fuerzas. Ya nos ha visto y ha contado sin duda nuestros camiones y nuestros tanques. Además, nadie vendrá ya a consultarle y a venerarlo. Ha terminado su dominio». El otro se alzó de hombros y, sin volver a mirar, tomó a la mujer por el brazo y se alejó por la blanquecina huella del camino. Antes de alcanzarlos, el que había hablado alzó su ametralladora y apuntó indiferente hacia la ausente figura apergaminada, hacia los ausentes ojos fijos en el perpetuo desastre del tiempo y soltó el seguro del arma.

En cada hoja que se mueve estaba previsto mi tránsito. La escena misma, de tan familiar, me es ajena por entero. Cuando el mochuelo termine su círculo en el alto cielo nocturno, ya se habrá cumplido el deseo de las pobres potencias que nos unen, a él que me mata y a mí que nazco de nuevo en el dintel del mundo que perece brevemente como la flor que se desprende o la marea salina que se escapa incontenible dejando el sabor ferruginoso de la vida en la boca que muere y corre por el piso indiferente del pobre astro muerto viajero en la nada circular del vacío que arde impasible para siempre, para siempre, para siempre.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.