miércoles, 22 de mayo de 2013

Flia. Videla:

Vanesa Jiménez (Desde Buenos Aires, Argentina. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Ahí está el cuerpo. Sin habeas corpus, ahí tienen el cuerpo. Unos papeles y
es suyo, llévense el envase de su pariente. Cuentan ustedes con un cuerpo.
Que les conste que lo reciben sin quemaduras ni moretones. Podríamos haberlo
golpeado al menos, que ya hubiera estado pago. Pero nosotros preferimos no
hacerlo, eso que sí hizo este cuerpo que ustedes van a enterrar.
No lo tiramos desde un avión, no lo animamos a cantar con descargas de
picana. Que cante, por ejemplo, dónde están nuestros cuerpos, los de
nuestros compañeros.
No fue violado.
No tuvo un hijo acostado en el pecho mientras le daban máquina.
No lo fusilamos para decir que murió en un enfrentamiento.
No lo mezclamos con cemento.
No lo enterramos en cualquier parte como NN.
No le robamos a sus nietos. Acá tienen el cuerpo.




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A la muerte de un asesino: Jorge Rafael Videla


Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Yo, que nunca celebré la muerte.
Que respeto el dolor de los que quedan
cuando alguien se aleja para siempre.
¡Hoy celebro y siento!

Celebro la partida para siempre
de un monstruo de mi historia.
de un cultor de la muerte
y del espanto.
De las noches con sangre,
de las mañanas vacías,
de la espera constante,
de la angustia perpetua.
De la lágrima que dejó surcos
de sal y sangre, en cada rostro
sobreviviente del odio.

Por respeto al dolor de mis hermanos torturados,
Asesinados, vejados.
Al dolor de los hijos sin padres
y de los padres sin hijos.
¡Hoy celebro y siento!

Celebro la partida.
Siento el odio que quema
ante el cadáver bestial de la alimaña
que parte de la tierra
que no debió pisar jamás.

¡Maldito seas aún muerto!
¡Maldito seas más allá de la vida,
¡Maldito seas entre las penumbras de la muerte!

¡Maldito seas por siempre,
Genocida!
(Por enseñarme a celebrar,
como nunca,
una partida…)


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Hasta la victoria


Ricardo Plaul (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una rosa negra se deshoja en la desesperanza de un frío calabozo

Un alma negra se pudre en el olvido del horror.

No estaba muerto aún, estaba desaparecido en la Memoria de los justos.

Conmovieron los fuegos infernales los gritos del pasado

que llovían ausencias en los pozos del alma.

Las manos unidas van construyendo el mundo que temías,

que pretendías destruir cuando en el mármol frio paría la esperanza.

El siniestro emprende un viaje sin destino,

Contamina la tierra y los cielos, la nada se corrompe con

su ausencia, con la condena de su fracaso que florece

en los rostros jóvenes, en cada alegría militante.

Hay bailes, hay abrazos, hay besos, hay verdad, hay libros,

Hay compañeras y compañeros, hay encuentros, hay sueños…

Estoy seguro: ¡has muerto para siempre!


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Golpes de tristeza y derrames de alegría

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sus padres eran dioses.

Su divinidad era notoria y fuerte en ciertos momentos.

Su madre era una diosa cuando se le acercaba sonriente y le decía: “¡Tomá esta florcita!”

Y le daba una flor del jardín. Rosa o jazmín. Y él la olía y flotaba en felicidad que se derramaba en su cuerpo.



Su padre cuando lo subía sonriente y lo llevaba en brazos. Llevado por un dios.

Desde los cinco años lo esperaba todos los días en la puerta de entrada de su casa, cuando volvía del consultorio. Abría la puerta y al ver a su hijo lo levantaba upa.

Era la felicidad, también derramada en él.

Hasta que una vez le pidió: ¡Papi, upa! El padre lo subió, pero de pronto dijo: “-Ya estás grande”, y lo puso en el suelo.

Sintió entonces un golpe de tristeza. “¿Entonces upa nunca más?”, pensó. Y se le llenaron los ojos de lágrimas.

Su madre, siempre un día por semana –que él esperaba ansioso– le traía sonriente las flores. Era la felicidad derramándose en su cuerpo.

Hasta que llegó un día en que, como siempre, él esperaba. Pero ella no vino. Entonces le preguntó: -¿Mami, por qué no me traés más flores?

-“Pero nene, ¿no ves que no hay más jardín?, le respondió su madre.

Entonces también se le llenaron los ojos de lágrimas.

Otro golpe de tristeza.

O cuando creía, no dudaba, que existían los Reyes Magos. Una vez por año ponía sus zapatitos cerca de la ventana de su dormitorio, y al día siguiente siempre le aparecían regalos. Eran los Reyes Magos. Se sentía feliz.

Hasta que una vez sus padres le dijeron, como si fuese algo banal, que los Reyes Magos no existían. Que eran ellos.

Ahí fue otro golpe de tristeza. Se escondió y lloró en silencio.

Otra vez, a los ocho años, estaba en el asiento del auto junto a su padre, que iba dirigiendo.

De pronto le vio pelos blancos.

-Papi, ¿por qué tenés pelos blancos?, le preguntó.

-Porque me estoy quedando viejo.

- Entonces, ¿te vas a morir?

- Sí, claro. Le respondió con esfuerzo.

Ahí, otro golpe de tristeza. Se encogió, se llenaron sus ojos de lágrimas, y le dijo:

-Si vos te morís, voy a una farmacia, me compro un veneno y lo tomo.

-¡..No…como decís eso…!!!!!, respondió el padre casi desesperado.

La alegría, para él, era muy diferente. No eran golpes que hacían llorar. Era sentir en su cuerpo el derrame de algo lindo y tintineante. No eran golpes secos, como los de la tristeza. Era un mar suave y colorido que lo llenaba de campanitas y colores.

Como la alegría que sentía cuando su padre llegaba y lo levantaba upa o cuando su madre, sonriente, le traía una florcita.

Y con el tiempo la alegría no fue solamente por la llegada de su papá.

Era también por otro tipo de padres y madres que iban apareciendo en los gobiernos de América Latina.

Otras formas de recordar su historia.


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Cine: De "Casablanca" al patrioterismo del cine norteamericano

Sergio Berrocal (PL)

Es la historia del cine que nos gobierna. La historia de una parte del cine norteamericano que desde que terminó la Segunda Guerra Mundial (1945) y las producciones norteamericanas tuvieron paso libre en Europa, punto importantísima en su política de penetración, se ha empeñado siempre en propagar sus ideas, por malas que fueran, y sus ideales, por partidarios que resultaran.

Esa guerra, en la que Estados Unidos tardó dos años en llegar, hasta que los japoneses abrieron las hostilidades humillando a la Marina de Estados Unidos en Pearl Harbour, tuvo desde el primer momento una retaguardia propagandística cuyo cuartel general fue Hollywood. Cada paso en "pos de la paz" que los ejércitos estadounidenses daban fuera de la patria eran acompañados por apabullantes bodrios cinematográficos que vendían de la forma más descarada la cruzada de Estados Unidos para satisfacer las necesidades en democracia de los demás.



Aunque siempre hubo directores de cine que vendieron por su cuenta otras versiones, especialmente con la guerra de Vietnam, el Pentágono procuró en todo momento que sus supuestas hazañas militares fueran plasmadas en las pantallas del mundo entero a su manera bastante maniquea. A veces echando mano de guionistas que eran enormes escritores, maestros en el arte de la intriga, los films de Hollywood fueron en todo momento la "explicación" magnificada que Washington difundía por cada capital, cada pueblo del mundo. Europa aprendió a mascar chicle cuando por fin, tras la entrada en guerra de Japón, comprendieron que había que dar también el callo en Europa para vencer al Eje, del que formaban parte los nipones.

Desde la guerra de Corea a Vietnam, pasando sobre todo por la II Guerra Mundial, los técnicos de Hollywood constituyeron el cuerpo propagandístico más eficaz y mejor dotado para que el espectador viese en las acciones bélicas de Estados Unidos un preponderante deseo de paz y de pacificación. Se destruían países, se quemaban bosques enteros con NAPALM en nombre de la concordia que, desgraciadamente parecían decir los mensajes cinematográficos, tenían que pasar por la represión para que fuesen conocidos (la letra con sangre entra) para que resultasen eficaces.

En esa vorágine de producciones guerreras surgieron algunas joyitas, como la tan cacareada "Casablanca", película de difícil producción que a la postre consiguió su objetivo, hacer que la guerra pareciese bella.

En una ciudad de Marruecos, país que por entonces andaba entre el neutralismo y el amor por Francia, se situó la acción de esta película que debería de haberse titulado "Tánger" ya que los guionistas querían una ciudad donde fuese fácil la intriga.

En los años cuarenta, Tánger, ciudad internacional por la voluntad de una serie de países que probablemente consideraron una buena operación disponer de un punto del globo donde pudiese pasar todo y donde no pudiese ocurrir nada. El contrabando, primero el tabaco y luego la droga, el espionaje, la lucha entre refugiados de otros países y de otras situaciones políticas corrían por las calles y se refugiaban en los grandes hoteles, mientras que los bancos se mostraban extremadamente discretos con los grandes o pequeños capitales que pudiesen aterrizar en sus cajas.

En uno hotel tenían su sede los espías alemanes, en otro los españoles, más allá los ingleses, los norteamericanos, quizá también los soviéticos. Tánger era la ciudad aventurera que deseaban los productores para plasmar una viril y romántica aventura metida en la guerra que sacudía al mundo. Los ingredientes fueron acertados: Humphrey Bogart en su papel de héroe centroeuropeo metido hasta los codos en una lucha a muerte para salvar a la humanidad frente a los terribles nazis que pululaban por Tánger a la caza y captura de enemigos del III Reich. A Ingrid Bergman la convirtieron en particular monja de la paz y de la guerra. La receta estaba complementada con un negro pianista -ojo al odio de los nazis por la gente que no fuera escrupulosamente “aria” y una serie de perdedores de distintas naciones, para mayor júbilo de los cazadores nazis.

Yo estaba convencido, aunque a veces alguna película de los novena y dos mil me diera repelucos, que el cine propagandístico norteamericano era ya una broma del pasado. Pero medio siglo después, un colaborador de Noticine.com,, Emiliano Basile, me ha destrozado mis pacíficas y adorables ilusiones, señalando que por lo menos tres películas recientes, de cuño yanqui, desde luego, "Objetivo la Casa Blanca", "Ataque a la Casa Blanca" y "Olimpo bajo fuego" rompen la tregua de la memez y el patriotismo barato que durante años Estados Unidos justificó como un complemento necesario para que sus guerras maravillosas que ponían y quitaban regímenes a ritmo de cañonazo, y hasta con bombas atómicas (Hiroshima, Nagasaki, dos ciudades mártires) se convencía a Japón de que la guerra que no hiciera Estados Unidos era una infamia con la que había que acabar, aunque fuese dejando secuelas en cientos de miles de personas para toda una vida de agonía y de hospitales.

También es verdad que los japoneses se lo habían buscado. ¿Cómo se les ocurrió desafiar a la Potencia Máxima atacando su querida base de Pearl Harbour? La primera bomba atómica, jamás utilizada hasta entonces, llevaba el bonito nombre de Little Boy y la dejaron caer sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, un lunes en el que ciento de miles de japoneses se dirigían a sus trabajos. Pero no fue bastante. El 9 de agosto, jueves, otra bomba del mismo calibre bautizada Fat Man cayó sobre Nagasaki.

Me pregunto con qué ojos verán los japoneses esos gritos de patriotismo machacón que los norteamericanos siguen lanzado en sus películas de masas. Espero que alguien haya tenido la idea de presentarlas en las escuelas, algo que debería de hacerse también en nuestro primer mundo, donde ya todo es posible.

Lo malo es que el público del mundo entero convierte la mayoría de las películas estadounidenses, sobre todas esas que pecan de patrioterismo barato, en taquillazos casi seguros. La culpa es que un gran porcentaje de los cines, sea en el país que fuere, son copadas regularmente por las producciones de Estados Unidos. El número de films y los medios enormes de que disponen los productores hacen que este fenómeno no sea casual. En cine, como en información, Norteamérica domina en todas partes. Y, de rebote, los espectadores menos atentos llegan a meterse en la mollera que no hay salvación sin Estados Unidos, sin los héroes norteamericanos. Que les debemos vasallaje.

Esta manipulación, tanto más grave cuando se trata de informaciones vitales afecta principalmente a los países más pobres. En 1978 se produjo una gran batalla, que quedó en agua de borraja, para impedir ese desequilibrio. La plantearon los pobres en el marco de la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para Educación, la Ciencia y la Cultura).

En un informe de la UNESCO de diciembre de 1982, se explicaba que "de acuerdo con ciertas fuentes, 80 por ciento de las noticias difundidas en el mundo entero proceden de los países industrializados y de ellas entre el 10 y 20 por ciento se refieren al Tercer Mundo".

Un dato que tiene todo el valor de una acusación que se agrava con esta otra valoración: en 1978 los países en desarrollo, con 70 por ciento de la población mundial, sólo disponían de una fracción de los medios de comunicación: 22 por ciento de los títulos de libros publicados en el mundo, 17 por ciento de la distribución total de los periódicos, 9 por ciento del consumo de papel periódico, 27 por ciento de las emisoras de radio, 18 por ciento de receptores de radio, 5 por ciento de las emisoras de televisión y 12 por ciento de televisores.

Por cierto que en aquel entonces nadie se atrevió a plantear de frente el desequilibrio de intercambios en el cine entre el norte y el sur. Y la manipulación del cine norteamericano pudo continuar.


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Mañana es Hoy


Isabel María Fagundez Gedler (Desde Caracas, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Somos…Seremos mañana en parte los sueños
Postergados de un hombre, de una mujer,
De la humanidad
Aplastada
Herida
Oprimida
Por las garras
Del poder
De la ambición
Y
De la guerra.
Somos…Seremos mañana cuando la vida
Anuncie despertares
La alegría de los rostros humillados
La esperanza de la nieblahumo
De las madrugadas tristes
De los abandonados
De los saberes olvidados
Somos…Seremos mañana
Lo que siempre hemos sido
La conciencia del que olvidó el deber de la lucha
Del que se vendió
Del que cambió
 Para demostrarle
Con la alegría de vida
La que se siente
La que no da el dinero
Que el amor y la paz
No son anuncios
No se discuten.
Somos…Seremos mañana
La rabia por el compañero asesinado
El recuerdo de los que siempre están,
Aunque no estén
La satisfacción
De apreciar un manantial
Que nos pertenece a todos
De hablar para que las palabras
No sean lo que otros quieren que escuches
Las palabras
También
Pueden ser nuestras
Y sólo son mágicas
Cuando la realidad
Las hace vida cotidiana
Llena de nosotros
De lo que somos.
…y seremos.


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La inmortalidad del cangrejo

Marcos Winocur (Desde Puebla, México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Les traigo una buena noticia. Pedro, con la ayuda de El Pajarito, ha derrotado a El Lobo. En cuanto a El Pato, a quien El Lobo había secuestrado para comérselo, fue liberado y El Lobo conducido a prisión. Es el triunfo del Bien sobre el Mal, tal como lo escribió el compositor ruso Prokofiev pensando en los niños y también en sus padres, en su pieza musical titulada “Pedro y el Lobo”. Y fue el happy end corriente hasta que los lectores se preguntaron: ¿por qué no podría triunfar el Mal sobre el Bien? Entonces la buena noticia que les traigo no es ninguna novedad ¿Por qué no podía triunfar el Mal? Y este reclamo de originalidad ha ido ocupando lugares no sólo en la literatura sino también en los medios y lo que es peor, en la realidad misma.

Todo esto es bien conocido e incluye la mirada de los agentes masivos del siglo XX: las drogas, que han venido a darse la mano con el alcohol y el tabaquismo.

Desde esa posición, el hombre pretende dos interlocutores: uno es él mismo como si tuviera un espejo frente suyo; y un segundo interlocutor es el universo. Hasta hoy, que se sepa, el segundo ha guardado silencio y el hombre acaba por comprender que no se puede trabar contacto con un ser que es infinito. Esto es, el universo.

Todo depende de quién es el interrogado si la humanidad, fragmentaciones ordenadas, llámese lucha de clases, montescos y capuletos, ciudad versus campo, capitán y marineros, Batman y Guasón, sin olvidar a Robin. Y este desarrollarse a través de contradicciones hace imposible una respuesta unívoca. El hombre se interroga a sí mismo y no tiene un eco sino múltiples respuestas. En cuanto al universo no sólo guarda silencio sino que lo guardará por toda la eternidad, un ser finito como lo es el hombre no puede aspirar a contactar al ser infinito.

Puede argumentarse que un infinito puede oponerse a otro infinito, pero esto ocurre sólo en el dominio de las Matemáticas, según los desarrollos de Cantor. Pero nuestro mundo es el de la Física auxiliada por la Lógica. Y allí “no caben” dos infinitos. Una vez que el infinito es aceptado como tal, todo le pertenece, carece de límites, de nacimiento o de muerte.

Quisiéramos ser como él pero ya es tarde. Y tal vez sea mejor dedicarnos a estudiar la inmortalidad del cangrejo.


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Pacto amazónico y desarrollo social

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La comunidad económica internacional mantiene un marcado interés de controlar la Amazonía, aduciendo la escasez de agua, recurso aún abundante en esta parte del mundo y cuyos ríos forman parte de la cuenca del Atlántico y no de la costa desértica del Pacífico.

En este contexto la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OCTA) ve con simpatía el Plan Nacional del Perú por la Niñez y la Adolescencia – PNAIA 2021, y de manera particular la “Estrategia de Acción Social con Sostenibilidad en las Cuencas de la Amazonía Peruana”, que rescata la esencia del desarrollo local, como el camino para el desarrollo sostenible, descentralizado y democrático.

Esta opinión se desprende de la reciente exposición en Iquitos, capital de Loreto, del primer viceministro de Poblaciones del Perú, Julio Andrés Rojas, ante numerosa concurrencia y los principales directivos de la OCTA, como el secretario general, embajador de Surinam Robby D. Ramlakhan y Mauricio Dorfker, director ejecutivo de nacionalidad ecuatoriana.



El PNAIA busca, tiene un efecto vinculante con los servicios y programas que brinda el Estado. Es la primera estrategia focalizada en zonas indígenas amazónicas, como mecanismo catalizador del desarrollo local.

La Estrategia de Acción Social con Sostenibilidad se sustenta en tres ejes o plataformas: de gestión local, de soporte de telecomunicaciones y una plataforma itinerante, que involucran al Gobierno Nacional, a través de la Comisión Multisectorial Permanente, el Gobierno Regional Loreto y los Gobiernos Locales en zonas fronterizas con Colombia y Ecuador: distritos Torres Causana, Mazán, Putumayo, y Napo, cuyo proceso de organización está concluyendo.

Dichas Plataformas acercan al Estado en forma itinerante a la población rural de cada Cuenca. La solidez del programa está en la participación de los municipios, a través de su respectivo comité multisectorial.

Hace pocas semanas, Putumayo fue el tercer distrito cuyo Alcalde expidió la respectiva resolución que crea su respectivo Comité Multisectorial y asume la responsabilidad de Presidente y otros 25 miembros que representan a las instituciones locales públicas y privadas, y a las diferentes calles y barrios del distrito.

En esa misma resolución, se designa como miembros, por primera vez en su historia, a todos los Caciques de la Jurisdicción del Distrito de Putumayo, Región Loreto, autoridades con profundo respaldo comunal. Son cuarenta y seis (46) representantes, que de conformidad a la Ley 27972 – Ley Orgánica de Municipalidades, se otorga autonomía administrativa a los gobiernos locales.



Mazán, un ejemplo de inclusión regional

El alcalde de Mazán, Edward Reátegui Salas, un joven odontólogo loretano, nos muestra la visión del municipio en el desarrollo descentralizado, en la Amazonía. Mazán es uno de los 13 distritos de la provincia de Maynas, con 13 mil habitantes, en 73 comunidades, a lo largo de los ríos Mazán y Napo, en los límites con Colombia y Ecuador.

Para la autoridad distrital, el PNAIA es una oportunidad para que la población se integre con sus comunidades nativas de Salvador y Buen Paso, donde atracan los buques de la Marina, y con el resto de comunidades cercanas.

Las metas principales son reducir la desnutrición crónica, acceder a una educación inicial de calidad y el logro de aprendizaje en comprensión de lectura y razonamiento matemático, reducir el embarazo adolescente, brindar educación secundaria para las y los adolescentes y disminuir la violencia familiar.

En Mazán ya está funcionando el Instituto Nacional de Investigación de la Amazonía. Se está instalando infraestructura para el cultivo de orquídeas. Se cuenta con 47 escuelas primarias y 11 colegios secundarios. El Instituto de Tecnología, creado por la Iglesia católica hace 15 años, ofrece las carreras de enfermería técnica y agropecuaria. El proyecto de mayor alcance es la hidroeléctrica de Mazán.

Algunos logros

Acción Social con Sostenibilidad ya tiene logros tangibles. Se ha creado la Red Educativa Pantoja - Angoteros. Están incorporados los servicios Banco de la Nación, RENIEC, Servicio Satelital de Telemedicina y Teleasistencia. La Plataforma del Programa Juntos, Pensión 65 y Qall Warma. Los medios de trasporte fluvial serán operados por expertos del Ministerio de Defensa. De esta manera se acerca los servicios y programas del Estado, en forma modular, a la población rural amazónica. En suma, el gobierno local cobra la dimensión soñada por sus habitantes.

Se percibe una estrecha relación del PNAIA y la Organización del Tratado Amazónico. La OCTA está conformada por los ocho países amazónicos - Surinam, Guyana, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia y Venezuela – y una de sus preocupaciones es seguir de muy de cerca la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES)

La Región Amazónica posee una alta diversidad biológica que se sustenta en varias actividades productivas de la población, en tanto el comercio ilegal y la extracción excesiva de especies afectan a la región, empezando por la subsistencia de las comunidades tradicionales.

El Tratado de Cooperación Amazónica (TCA), suscrito en 1978, es el instrumento jurídico que reconoce la naturaleza transfronteriza de la Amazonía. La preservación del medio ambiente hasta la década de 1970 no pasaba de ser un mero compromiso político a la luz de la Declaración de Estocolmo de 1972 como una de las futuras prioridades de la humanidad.



En la actualidad el objetivo central de la Organización Subregional es la promoción del desarrollo armónico de la Amazonía, con la incorporación de sus territorios a las respectivas economías nacionales. La OTCA tiene una amplia visión del proceso de cooperación Sur - Sur, que fomenta la Coordinación de Asuntos Indígenas, garantiza la inclusión y participación en el la gestión de sus recursos.

Sus actividades para 2013 incluyen sentar las bases y el desarrollo de propuestas para abordar las cuestiones emergentes en las áreas de salud, seguridad alimentaria, y la tecnología en colaboración con las coordinaciones pertinentes dentro de la OTCA.

Para el educador y sociólogo Julio Rojas, el Plan Nacional por la Infancia y la Adolescencia con el Programa de Acción Social juega un rol muy importante, porque “la visión, la misión del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, busca crear y reforzar las condiciones para que los peruanos menores de 18 años de edad accedan a servicios de calidad, contando con la participación de la familia y de las instituciones en general.

El 2021 el Perú cumplirá dos siglos de vida republicana año que los peruanos esperan estar en el camino de un desarrollo humano sostenible, entendiéndose como tal un conjunto de variables, que según el PNUD, muestran la situación económica, nivel educativo y ejercicio de derechos de una determinada población con óptimas tasas, en especial, en salud y educación.


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Córdoba en primavera. Patios 2013

El Ave Fénix

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Foto 1


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Puerto Maldonado - Lima, último tránsito de Javier Heraud

Alfredo Herrera Flores (Desde Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

He mantenido por algunos años este testimonio en silencio. Las hermanas y el hermano de Javier Heraud me pidieron en su oportunidad discreción y prudencia, y he cumplido. Al recordarse este año el cincuenta aniversario del asesinato del poeta, creo pertinente repasar aquellos momentos inmediatamente anteriores al traslado de los restos del joven Heraud desde la ciudad de Puerto Maldonado, en Madre de Dios, donde estuvo sepultado por 45 años, a Lima, donde ahora descansa, como sabemos, en un cementerio de La Molina.



En abril de 2008 ejercía como presidente del Gobierno Regional de Madre de Dios Santos Kaway Komori, hombre sencillo y tranquilo, hijo de inmigrantes japoneses instalados en la selva madrediocense desde las primeras décadas del siglo veinte; contador público de profesión y viejo político por vocación que lo llevó a ocupar la alcaldía de Puerto Maldonado en más de una oportunidad; fumador y buen bebedor de café. Paciente y confiado, viajero y observador; pero a pesar de la experiencia, ingenuo en los círculos políticos, lo que finalmente hizo que fuera traicionado en su última fase de autoridad. Tuve la oportunidad de trabajar con él, con mucha confianza, en una de las gerencias del gobierno regional. La mañana del 30 de abril me llamó muy temprano para encargarme que recibiera a los hermanos de Javier Heraud, que ese día llegaban a Puerto Maldonado, y los apoyase en todo lo que necesitaran, con mucha prudencia.

Fue un encargo especial. Como todos los lectores contemporáneos, leí a Javier Heraud muy joven, aún en el colegio, y luego admiré su obra y esa breve vida marcada por la imagen del buen hijo y el ímpetu revolucionario, por el ansia de hacer algo por su país y la tragedia de la muerte temprana. Este acercamiento a Heraud se tradujo en mi primer libro, “Etapas del viento y de las mieses”, titulado así precisamente desde un verso suyo, “ah poesía de la flor y la palabra, poesía del viento y de las mieses”. En el acto de presentación del poemario, en Arequipa, el poeta José Ruiz Rosas hizo notar que yo publicaba mi primer libro a la edad en que Javier Heraud había sido asesinado. Guardaba, hasta perderlo en algún traslado, el libro azul de la colección de literatura peruana que se había publicado durante el gobierno militar con la poesía completa de Heraud y unos textos de valoración y crítica, en ese libro descubrí al poeta guerrillero. La imagen de Heraud era como la de un icono flotando en el recuerdo, para mis mayores, y en una suerte de utopía literaria y revolucionaria para mí y los de mi generación. Entonces, conocer de pronto a las hermanas -Cecilia, Victoria, Marcela- y al hermano, Jorge, del poeta era un privilegio especial, y en ese momento no supuse la sorpresa mayor que este encuentro me deparaba.

Los saludé en el aeropuerto, a media mañana, y los acompañé a que se instalaran en el hotel Don Carlos, el viejo hotel de turistas, a orillas del río Tambopata, cuidando no solo de estar en un lugar algo alejado del centro de la ciudad, sino también de no “caer” en algún hotel o restaurante de uno de los hombres que participó en el acribillamiento de Javier y que ahora es dueño precisamente de uno de los mejores hoteles de la ciudad. Junto con ellos estaba Pablo Baraybar, conocido antropólogo forense y un ayudante; con ellos, más el encargado de la Beneficencia Pública de Puerto Maldonado, nos reunimos para elaborar una agenda de trabajo. La primera acción sería ir a visitar la tumba de Javier.

Puerto Maldonado es una ciudad que no ha crecido al ritmo de otras capitales de departamento. Con solo cien años de existencia, lo que fue una pequeña aldea donde se asentaros buscadores de caucho y oro, madereros, colonizadores, aventureros y religiosos misioneros, en medio de una tupida selva tropical habitada por pequeños grupos de nativos nómades, y en el punto donde se une el río Tambopata al mítico Madre de Dios, llamado por los incas Amarumayo y por los nativos Eori, la ciudad ha crecido con sus anchas calles de tierra y sus casas de madera, enfrentándose a un calor implacable, la falta de agua potable, la hierba feroz, las alimañas, los depredadores de madera y al abandono de los gobiernos que la han mantenido aislada por ochenta de sus cien años. Hoy hay una excelente carretera asfaltada y varios vuelos diarios, una prometedora industria turística y un ambiente festivo propio de las ciudades de la selva. Hay también un creciente movimiento comercial impulsado por migrantes puneños y cusqueños y un desarrollo profesional sostenido por especialistas de todo el país. El viejo pueblo tenía un cementerio, llamado Los Pioneros, que ha quedado ahora en el centro de la ciudad y que de vez en cuando hay que limpiarlo para que la hierba y la maleza no lo devore.

Fuimos al cementerio. En el camino el hermano me recordó que se había cuidado que nadie sepa sobre este viaje, nos fijamos si por la calle venía o no algún periodista. Él sabía que un reportero gráfico de la revista Caretas podría venir, pero no hubo necesidad de establecer un mecanismo de vigilancia, salvo un trabajador de la Beneficencia ubicado en la puerta evitaría que alguien más ingrese a ese camposanto que casi nadie visitaba. Algunas veces, dirigentes políticos y estudiantes organizaban actividades y visitas a la tumba de Javier, recordando su nacimiento o muerte, o algún poeta llegaba para tomarse una foto cerca de la sencilla lápida. Avanzamos por un sendero, entre hierba crecida, con tranquilidad, aunque las hermanas no podían disimular nerviosismo e iban tomadas de la mano. Fue emocionante, la tumba de Javier está en el suelo, cubierta por una losa de cemento, con hierba y flores a su alrededor y sobre ella se ha construido un cobertizo de madera. Sobre la tumba, junto a la lápida, había una hoja de papel donde alguien había escrito “gracias hermanitas, por visitarme”. Unas niñas que habían caminado con nosotros sin que nos diéramos cuenta leyeron el papel en voz alta, con esa voz infantil aparecida de sorpresa, y fue como si las flores hablaran.

Las niñas se fueron corriendo y el silencio cubrió ese pedazo de tierra donde yacía el poeta desde hace 45 años, donde había soportado calor extremo y fría humedad, lluvia y soledad. Ninguna de las hermanas hablaba, una de ellas tomó agua y se sentó en una tumba vecina. Yo estaba paralizado por la emoción, la voz de esas niñas había sonado en mi corazón, o en mi estómago, o en la fibra más íntima de mis huesos, y tampoco podía decir algo. ¿Qué se podría decir? Baraybar comenzó a caminar alrededor de la losa, viendo cómo se podría retirarla para cavar. El hermano me explicó en ese momento que habían venido a llevarse los restos de Javier a Lima, porque su madre así lo quería. Baraybar dijo que tal vez no había mucho que llevar.

La segunda etapa era hacer todo el papeleo necesario para abrir la tumba, conseguir los permisos de la Dirección de Salud para la exhumación y traslado y coordinar con la línea aérea para reservar un espacio para los restos. Habían preparado una pequeña urna para llevarse lo que quedaba de Javier. Acompañé al hermano a la Dirección de Salud y nos atendió el director, el Dr. Salvador Quispe, quien amablemente nos explicó el procedimiento. Si esa misma tarde podía oficializarse el pedido con los requisitos que se necesitaban, al día siguiente él firmaría el permiso. No hubo dificultades en la Beneficencia Pública ni en otra oficina, no recuerdo si fue necesario coordinar con la policía. Fuimos a almorzar y por la tarde se empezaría la tarea de abrir la tumba, a cargo de Baraybar y su ayudante. Esta es tierra muy húmeda, explicaba entre otras cosas, y tal vez ya no se conserve nada del cuerpo de Javier, advirtió.

La tarde no alcanzó para cavar los más de dos metros que se necesitaban para llegar al cuerpo de Javier, que había sido enterrado en un precario cajón y con muy poca ropa. Una ligera lluvia y la oscuridad hicieron que se postergue la labor hasta el día siguiente. No hay mucha información que detalle el entierro de Javier Heraud en el cementerio de Puerto Maldonado. Los testimonios de su padre y de otras personas que vieron el cadáver luego de ser rescatado del río Madre de Dios, dan cuenta del tipo de armas que se usaron para atacar las balsas en las que se desplazaba el poeta con sus compañeros guerrilleros, y luego se confirmó que no fue precisamente la policía la que lideró el ataque, sino aquellos “empresarios” que pensaron que estarían en riesgo sus propiedades o su vida ante la presencia de los revolucionarios. Sin ningún nivel de entendimiento, azuzaron a los vecinos y obligaron a la policía a que los acompañe y entre todos dispararon a las balsas en las que los jóvenes cruzaban el río Madre de Dios. Dispararon a matar con armas de cacería y no respetaron la rendición de los heridos. Luego la policía exhibió su cuerpo acribillado, hubo fotos y todo. Cuando llegó el padre de Javier y comprobó la masacre, se evidenció que la policía poco hizo en este episodio vergonzoso y estuvo, todo el tiempo, al servicio de aquellos empresarios insensatos, asustados y enardecidos. Lo sepultaron en silencio, con lo poco que se pudo conseguir en ese momento en una ciudad que aún no había salido de su condición de poblado.

La figura de Javier Heraud ha marcado mucho la historia y la vida del Perú contemporáneo. Su nombre se repite en plazas, calles, colegios, institutos, mercados, parques infantiles, negocios y asociaciones de todo tipo, en todas las ciudades del Perú, junto con los de héroes como Grau o Bolognesi. Una de las hermanas de Javier había revisado la guía telefónica de Lima e intentado hacer una lista de todo lo que llevara el nombre del poeta, lo que encontró rebasó sus expectativas y abandonó el proyecto. A la imagen de poeta y guerrillero, se ha sumado en los últimos años la de “buen hijo”; las cartas que escribió a su madre desde Cuba, por ejemplo, es leída por profesores y estudiantes como un modelo de responsabilidad y respeto a los padres, de ternura juvenil y madurez intelectual; felizmente su nombre no ha sido manoseado ni usado políticamente, y esperamos que no lo sea. Su obra poética y su tránsito hacia Europa y Cuba, y de allí a la selva peruana, ha sido ya bastante estudiada. Aquella mañana del 30 de abril del 2008 Javier Heraud estaba a punto de cumplir su último tránsito.

Muy temprano volvimos al cementerio. Baraybar y su ayudante ya habían avanzado en el trabajo, con entusiasmo pero sin la esperanza de encontrar algo. Las hermanas estaban pendientes, dando vueltas por el hoyo, empujando un poco de tierra, sirviendo agua, recordando a Javier. “Era un muchacho alto y fuerte, buen mozo, muy tranquilo y juguetón”, dijo una de ellas, otra añadió: “escribió poemas desde muy niño”. Tal vez no decían ninguna novedad, pero la emoción y ternura con que lo recordaban hacían que todo fuera nuevo y especial. No podía ser de otro modo, estaban hablando de su hermanito menor. La mañana iba avanzando, se empezó a cuidar el retiro de la tierra, efectivamente húmeda y apelmazada, con raíces entrecruzadas. Parecía una tarea de arqueólogos. Se había dejado a un lado el pico y la pala y ahora se usaban badilejos y brochas. Todos esperábamos en silencio. Aparecieron, entonces, unos trozos de metal retorcido, a los costados de lo que sería el cuerpo, y unos jirones de tela a la altura de los pies, que se limpiaron con cuidado. La emoción subía por dentro, podía escucharse el palpitar de nuestros corazones. Pedí permiso para tomar unas fotos, me dijeron que mejor no, ellos tampoco lo harían.

El trozo de metal era un clavo y la tela una parte de un atado de ropa que se había enterrado con el cuerpo. De pronto comenzaron a aparecer los huesos, largos y fuertes, como si emergieran impulsados desde el centro de la tierra por una fuerza delicada. Fue una visión indescriptible. El esqueleto completo estaba ahí, descansando, esperando, cuan largo era. Su cabeza estaba inclinada y la cavidad de sus ojos parecía saludarnos. Una raíz se había abierto camino por su boca y salía por un costado del cráneo, tal vez por debajo del parietal, para luego recorrer la tierra hacia la superficie. Mientras Baraybar limpiaba esa zona Cecilia recordó un verso de su hermano, uno que decía algo así como “de mi cuerpo se formará la vida”. Unos minutos después podíamos ver el hermoso esqueleto de Javier, conservado por esa tierra apelmazada, compactada por el paso de los años, generosa con el guerrillero caído, con el poeta joven. Sus clavículas anchas seguían firmes, sus amplias costillas albergaban tierra clara, sus fémures parecían estar a punto de moverse. No eran huesos blancos, grandes y fuertes lo que veía, era la delicada materia de un héroe, de un hombre sano. Baraybar estaba sorprendido, nosotros emocionados. Fue una visión indecible y hermosa, “como una espada en el aire”.

Contemplamos la osamenta por varios minutos. Las hermanas hablaban entre ellas y recordaban al muchachón que abrazaron a los veinte años al despedirse para ir a Cuba. Desde allí escribiría a su madre este retazo de carta ya conocido: “Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tú me criaste honrado y justo, amante de la verdad, de la justicia". Yo pensaba en el privilegio que me tocaba. A esas alturas, a 45 años de la muerte del poeta, que era casi mi edad, ¿cómo es que me reencontraba con el poeta? Son cosas que nadie las piensa y de pronto toca vivirlas. Quienes solamente habíamos leído su poesía y visto sus viejas fotografías, nunca nos imaginamos estar tan cerca de su cuerpo, sus huesos, de esa parte material que aún se conserva a pesar del tiempo, y dan ganas hasta de hablarle, de abrazarle.

Jorge dijo que la urna que habían traído no serviría para llevar el esqueleto de Javier y lo acompañé a buscar un carpintero, ninguna funeraria nos vendería un féretro sin certificado de defunción ni en la medida que se requería. Luego fuimos a la Dirección de Salud a recoger los últimos documentos para organizar el traslado final. En su oficina, el doctor Salvador Quispe, de hablar pausado y modales respetuosos, hizo un preámbulo antes de entregarle a Jorge los documentos, fue como si no quisiera hacerlo. Cuando puso en manos de Jorge esos papeles, sencillos pero necesarios, preguntó: “¿y ahora, a quién le iremos a leer nuestros poemas, a quién le contaremos nuestros sueños?”. Jorge no supo qué contestar. Él, también amable, atinó a repetir que era un pedido expreso de su madre. El doctor Quispe contó brevemente que algunos jóvenes de Puerto Maldonado iban a la tumba de Javier a leer poesía, o como él, a conversarle. Noté que Jorge estaba tan emocionado como yo, pero se despidió. Aun en la puerta el médico dijo: “Lo vamos a extrañar”.

Aunque no parecía, Javier Heraud estaba muy presente en la memoria cotidiana de los habitantes de Puerto Maldonado. Había un pequeño parque con su nombre y un busto, todos sabían que tenían en su ciudad un muerto ilustre. En los escritorios y paredes de muchas oficinas y locales públicos se puede leer el famoso poema de Javier, “Yo no me río de la muerte…” Los guías de turismo nunca dejaban de mencionar la presencia del poeta en su ciudad y hasta en las tiendas de artesanía habían polos con su rostro o cuadritos con sus versos.

Por la tarde se completó la tarea de recuperar el cuerpo de Javier Heraud, se encontraron además algunos clavos y ropa, una camisa y un pantalón, muy maltratados por la humedad. Efectivamente había un fotógrafo de la revista Caretas, que intentó hacer tomas desde fuera del cementerio, y algunos políticos se fueron enterando del traslado, protestaron en una radio local, pero no hubo ningún impedimento para que Javier Heraud emprendiera su último viaje, esta vez acompañado de sus hermanas y su hermano, a reencontrarse con su padre.

La última parte es ya historia más conocida. Los familiares de Heraud velaron una noche sus restos y el día 2 de mayo los sepultaron en privado, no en secreto, en el cementerio Los jardines de la paz, en La Molina.

Han pasado cinco años desde entonces. Es cierto que hay muchos más detalles que recordar, pero ya no es necesario, ya el viaje se ha cumplido, ya el tiempo ha dado la vuelta necesaria, ya se ha comenzado de nuevo. Han pasado 50 años desde el incomprensible asesinato del poeta, nunca se sancionó a los verdaderos asesinos, algunos de ellos aún andan por las calurosas calles de Puerto Maldonado, abanicándose, pero el tiempo hará su parte con ellos. Han pasado 71 años de su nacimiento, tal vez hoy sería un viejo tranquilo y amigable, recibiría en su casa a los jóvenes poetas, quién sabe. Algunos de sus contemporáneos como César Calvo y Antonio Cisneros ya le han dado alcance. Yo me quedaré con el recuerdo de su imagen en mi retina, porque siempre hay cosas que se ven y no se pueden decir con palabras.


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Rengifo y Nazoa, letras de la cotidiana urgencia y la ternura revolucionaria

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Los artistas imprescindibles son las voces que nos sueñan los dolores y las esperanzas.

En el libro de los abrazos, de Eduardo Galeano, las palabras son todas como una bienvenida. En uno de esos textos que son para recordar toda la vida el uruguayo cuenta que el mundo es “un montón de gente, un mar de fueguitos” y que hay algunos que con sólo acercarse pueden encendernos. Sí, hay fueguitos que no se extinguen nunca, que son llama vibrando y se adentran para siempre en la memoria. Así hay gente y también hay libros e imágenes, que se quedan iluminando, que pasan como las hojas de un calendario, brillando día tras día y página tras página.

Se nos quedó por ejemplo en los campos sembrados y en las tablas de los teatros, César Rengifo. Su palabra y sus gentes pintadas sobre las paredes y los sueños son como un estandarte que sirve para abrazarse a todas las luchas. Agujereando la noche con sus estrellas, el incansable Aquiles Nazoa también está con nosotros, vibrando, brillando con voz propia. Mayo tiene sus nombres entre las alforjas... sus fuegos volanderos.



Rengifo

César Rengifo (Caracas, 14 de mayo de 1915 - 2 de noviembre de 1980) fue uno de esos hombres que supo atrapar lo más profundo de nuestra memoria entre sus trazos. En medio de lo que significaba la lucha contra el gomecismo, Rengifo fue miembro de una generación de jóvenes que supo pronto tener conciencia de las injusticias y se sumó a la resistencia larga que vivió Venezuela durante el siglo XX. Él se lanzó entre palabras y colores a dejar de manifiesto los dolores y esperanzas del pueblo. Entre 1930 y 1935 cursó estudios en la Academia de Bellas Artes y en 1936, cuando Rómulo Gallegos era ministro de Educación, consiguió una beca para estudiar en Chile. Luego viajó a Ciudad de México donde conoció de cerca las técnicas del muralismo en las que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros eran maestros.

De vuelta a su país, en 1939, Rengifo realizó su primera exposición individual, en el Museo de Bellas Artes. Era el tiempo también en que su palabra germinaba en los mismos campos en los que pintaba.

Y es que los tonos ocres de las pinturas de Rengifo son los tactos de la tierra, los andares de los niños descalzos, la piel de la vida que tiene hambre de ella. Su palabra sabe también de derrotas y de batallas ganadas a sangre y fuego. Fue él, sin duda alguna, un creador polifacético que utilizó su arte como lenguaje indispensable para la denuncia social. Su legado más prolífico y tal vez el que tiene mayor consistencia se encuentra en sus piezas teatrales. A Rengifo se le considera en nuestro país como el iniciador de la dramaturgia contemporánea venezolana.

Alrededor de cincuenta obras nos dejó este fuego irreverente. Los críticos literarios dividen su obra en cuatro ámbitos. El histórico donde convergen entre otras Lo que dejó la tempestad y Oscéneba; el político, donde viven ¿Por qué canta el pueblo? y Muros en la madrugada; el social con La fiesta de los moribundos, La esquina del miedo o La sonata del alba y finalmente el psicológico donde se enmarcan Yuma o cuando la tierra esté verde o En mayo florecen los apamates. César Rengifo fue galardonado con el Premio Nacional de Teatro en 1980.

Nazoa

Y este otro quijote de nuestra tierra, de fuego encendido y encendedor de hogueras, que fue Aquiles Nazoa (Caracas, 17 de mayo de 1920 – 25 de abril de 1976), también eligió el arte para contarnos las heridas, las alegrías, los sueños y las voces que nos pueblan.

Con palabras retrató el siglo XX venezolano, a esa venezolanidad que transita las urbes con el paso apurado de quien busca y a lo mejor no encuentra.

Él fue amolador de estrellas, fabricante de mágicos cristales, creyente de la cualidad aérea del ser humano y ruiseñor de Catuche. Su palabra tejida al fragor de los cerros y al vaivén de las aguas, al trepidar de las calles y a la lluvia, se quedó para siempre enredada en nuestras miradas.

Nazoa, el poeta, periodista y narrador supo de calles y de plazas. Cuentan que su primer empleo fue el de empaquetador en el diario El Universal, después corrector de pruebas, mientras estudiaba francés e inglés, idiomas que le permitirían oficiar de guía en el Museo de Bellas Artes.

Entre otras cosas, fue corresponsal de El Universal en Puerto Cabello. Y en 1940, acusado de difamación e injuria, por señalar a las autoridades municipales de no trabajar lo suficiente para erradicar la malaria, fue encarcelado.

Trabajó en Radio Tropical, escribió la columna Punta de lanza y fue reportero de Últimas Noticias. También escribió en el semanario El Morrocoy Azul. Fundó los periódicos humoristas La Pava Macha y El Tocador de Señoras. En Colombia escribió para la revista Sábado y durante el año que vivió en Cuba fue director de Zig-Zag.

Asumió la dirección de la revista Fantoches en 1945. Y en 1948 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo, en la categoría escritores humorísticos y costumbristas. La dictadura de Marcos Pérez Jiménez lo expulsó del país en 1956, pero volvió dos años después.

Desprovisto de las todas las solemnidades, supo adentrarse en las miradas que este pueblo vislumbra tras los cristales de los amares, llantos, prejuicios y sueños. Aquiles Nazoa es referencia obligada del humor y la humana profundidad sin cortapisas.

A través de sus versos es posible dibujar a la sociedad venezolana, porque sus palabras ácidas y dulces, saben volar nuestros adentros para enfrentarlos a los espejos.

Poesía, teatro y breves narraciones componen el imaginario colectivo de Aquiles Nazoa. Los textos reunidos en Humor y Amor, uno de sus libros más conocidos, publicado en 1970, deja al descubierto cada uno de los pliegues del sentipensar de estas tierras. Justo por esos años llevó en Venezolana de Televisión un programa que con el nombre de Las cosas más sencillas nos enseñó a valorar lo frágil, lo mínimo, lo dulce del nosotros.

Él, poeta y periodista, y Rengifo pintor y dramaturgo siguen presentes uno en la estridencia y la música de los autobuses, el otro en los campos labrados de esperanzas, ambos en los rostros de los ninguneados, en la cadencia de los tambores y sobre todo en la alegría del mañana.


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Música: La música navideña

ARGENPRESS CULTURAL

Como lo dice su nombre, la música de navidad es representativa de aquella fecha y de lo que significa para el mundo cristiano lo acontecido un lejano 24 de diciembre en Belén. Es clara la alusión de esta música al nacimiento de Cristo, y todo lo que rodea aquel acontecimiento y su profundo significado para la cristiandad. En la música navideña existen canciones sobre Jesús, la Virgen, San José, los pastorcitos, los animales, los Reyes Magos y demás simbología de esta religión.



La expresión tal vez más representativa de la música de navidad son los villancicos. Estos nacieron en Europa, pero principalmente en las villas españolas. En ellas se empleaban estas melodías, con lírica incluida, para poder expresar lo que acontecía con la vida diaria de aquellos poblados. Posteriormente surge la música de navidad propiamente tal; las melodías fueron tomando un sentido cristiano, con alabanzas al nacimiento de Cristo, la vida misma de la Virgen, y la llegada de los Reyes Magos al establo donde nació el Redentor.

En la actualidad, la música de navidad se ha popularizado en todo el mundo, y no tardó mucho en llegar incluso a Latinoamérica, gracias a la colonización realizada por los españoles en estas latitudes. De la misma manera, esta tradición musical de navidad, por medio del comercio, se fue propagando por otras zonas de Europa. Hoy en día países como Austria y Alemania son fuente de alguno de los más hermosos villancicos y tonadas navideñas.

Con la hiper comercialización de esta fiesta, el desarrollo de la música navideña ha dado paso a grandes estrategias de mercadeo que usan esa música como gancho publicitario durante los meses anteriores a la celebración misma de la navidad. En todo caso, esto también ha servido para la difusión de esta variante musical y para la composición de populares temas que ya forman parte de las tradiciones de buena parte del mundo.

La composición de la música de navidad es bastante sencilla. Nunca ha sido rebuscada. Es alegre y en ella se mezclan estribillos con estrofas de distintas formas. En la actualidad estos mismos villancicos han sido transformados en canciones navideñas. Pero la esencia misma de ellos sigue intacta. La música de navidad es cantar con alegría para celebrar esa fecha tan importante, la más importante en la religión cristiana.

El villancico es una forma musical y poética originalmente en castellano y portugués, tradicional de España, Portugal y luego Latinoamérica. Estas piezas fueron populares entre los siglos XV y XVIII. Los villancicos eran originariamente canciones profanas con estribillo, de origen popular, y armonizadas a varias voces. Posteriormente comenzaron a cantarse en las iglesias y a asociarse específicamente con la Navidad. Compositores notables de villancicos fueron, entre otros, Juan del Enzina, Pedro de Escobar, Francisco Guerrero, Gaspar Fernandes y Juan Gutiérrez de Padilla.

Actualmente, tras el declive de la antigua forma del villancico, el término pasó a denominar simplemente un género de canción cuya letra hace referencia a la Navidad y que se canta tradicionalmente en esas fechas.

Las composiciones basadas en la Navidad tienen un origen muy antiguo. Una de las más antiguos que se conservan es “Veni redentor gens”, himno atribuido a San Ambrosio de Milán (340-397). Del siglo siguiente es Corde natus ex Parentis, basado en textos del poeta hispanolatino Prudencio. Puer Natus Est Nobis es un canto gregoriano del siglo VI que se cantaba como introito de la tercera misa de la liturgia navideña. La composición la utilizó posteriormente el compositor inglés Thomas Tallis como parte de su misa de Navidad, en el siglo XVI. En los siglos IX y X, la secuencia de Navidad se populariza en la liturgia de los monasterios cistercienses. La primera adaptación de música profana popular a cantos religiosos se debe a Adán de San Víctor, monje francés del siglo XII, con la creación de un género mixto que posteriormente favorecería el uso de melodías populares como cantos navideños.

En la actualidad en los países de habla hispana se llama villancico a un amplio conjunto muy heterogéneo de composiciones musicales populares de muy diverso origen, época y estilo.

En el siglo XVIII, la última época en la que el villancico se cantaba todavía en las celebraciones religiosas, este se fue quedando relegado a la celebración de festividades navideñas. Por este motivo el villancico quedó en la memoria popular como un género de canción específica de la Navidad, pasando a denominar por extensión a toda canción de temática navideña.

Gran Bretaña y países de habla inglesa; Christmas carol

En la Inglaterra del siglo XV se comenzó a desarrollar un género musical llamado carol (del francés carole y este del latín coralus) que tenía su origen en bailes populares de los siglos XII al XIV que, de forma similar a los villancicos ibéricos, se interpretaban fuera de la liturgia religiosa en celebraciones tales como la época de la cosecha y también la Navidad. Originariamente se cantaban de puerta en puerta a cambio de una pequeña donación, de forma similar a la tradición española del aguinaldo, y también se cantaban en los campos de cultivo para propiciar una buena cosecha. Posteriormente se incorporaron a las celebraciones religiosas, y pasaron de este modo, en la cultura inglesa, a denominar a toda canción navideña. En su forma original el carol alterna una parte coral con un estribillo bailable y era cantado. Estas composiciones tienen su origen en ocasiones en composiciones medievales muy antiguas, lo que les confiere una cadencia y musicalidad particular que se asocia en el mundo anglosajón con la Navidad.

Dada la primacía de la cultura anglosajona en el mundo occidental, buena parte de las canciones navideñas que se cantan hoy día, aún en áreas de cultura latina, tienen su origen en estos carols; de ahí que hoy los centros comerciales y los medios de comunicación estén inundados de canciones en idioma inglés para la época navideña.

Dejamos aquí un breve selección de algunas de las más populares canciones de navidad, sin dudas ampliamente conocidas por cualquier lector.












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Crítica literaria: “En tiempos menguantes”, de Eugen Ruge


Francisco Vélez Nieto (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Eugen Ruge
En tiempos menguantes
Traducción de Richard Gross
Anagrama

“Ocurrieron tantas cosas absurdas, situaciones grotescas, que creo que el único modo sobrevivir a ello es el humor”

Uwe Tellkamp

La cita que encabeza esta crónica la he tomado de la novela La torre de Uwe Tellkamp (Anagrama 2011), sólida obra, magistral, que incluso hay quienes la equiparán a La montaña mágica de Thomas Mann. También se pueden sumar a ambas otros autores, sin llegar a este extremo de comparaciones, por ejemplo algunos títulos de Christa Wolf ya fallecida. Tan emblemática narración como es La torre que trata sobre ese triste, doloroso espectáculo degenerativo y esperpéntico, que significó ese espantapájaros de la dictadura del proletariado durante cuarenta años en la ya desaparecida RDA (República Democrática Alemana), “Socialismo real”, efectivamente en cierta medida el modo de sobrevivirlo y soportarlo fue el humor. Qué se puede hacer después tras la retirada de la escena real de ese enorme y doloroso drama tras su derrumbamiento sin no tratarlo con ironía.

Ahora, en este año, no menos esperpéntico que vivimos y padecemos en España con este liberalismo brutal y nostálgico con tufo fascista. Nos llega En tiempos de luz menguante de Eugen Rugue (Sosva, Urales 1954). Rigor y riqueza de contenido esta novela que protagoniza una saga familiar que se inicia en la década de los cincuenta hasta el comienzo del nuevo milenio pasando antes por la celebrada caída del Muro de Berlín. Los diversos protagonistas componen tres generaciones de una misma familia, que se inicia con los abuelos, comunistas acérrimos regresando del exilio mexicano para instalarse con toda su dosis doctrinaria a flor d piel en la joven y esperanzadora República Democrática Alemana para participar en la construcción de la nueva nación. El hijo joven, huido de Moscú y más tarde transportado a un campo de trabajo siberiano, que, una vez liberado, opta junto con su mujer rusa hacer el camino contrario por el extremo opuesto, aunque sigue creyendo en ese ideario de la creación del hombre nuevo. Pero ya el nieto, tercera generación, se siente cada día más desencantado y se desvive en un total desacuerdo, su generación ha iniciado los Tiempo de luz menguante volviendo la espalda a un fracaso.

Comprender y entender la historia de la Alemania del siglo XX es para haberla vivido, especialmente los años de dictadura Hitler y a continuación la estalinista, que juntas suman más de medio siglos de crímenes, sangre, sudor y desgarro. En segundo lugar, ya en menor grado conocer su mundo social, el significado de la filosofía del trabajo y su cultura. Visto este panorama social y cultural, objetivamente se puede llegar a comprender y entender, pero desde mi punto de vista no resulta nada fácil. El ejemplo se puede encontrar diariamente en los muchos juicios y comentarios de los medios de comunicación españoles por los denominados politólogos y no menos por los ladridos de muchos tertulianos ibéricos capaces de dar opiniones y hacer juicios sobre todo lo habido y por haber.
 En Alemania todo libro que se edita sobre lo antigua DDR despierta el interés por conocer su contenido, expectación y coloquios, algo que visto desde fuera puede resultar raro o extraño, pero el sufrimiento y desgarro vivido por tres generaciones no es fácil imaginarlo en su totalidad desde fuera. De aquí que esa gran novela que es La torre tal vez no sea entendida en todos sus valores por el lector español aunque la edición que señalo sea correcta y clara, solamente pueden valorarla en su justa medida, quienes han sido víctima de las consecuencias y delirios que en ella se exponen, los dolorosos costes intelectuales, magistralmente expuestos por un rico leguaje épico, sin desbordamiento o rencor sobre el espacio histórico y conmovedor, donde muchas secuencias se convierten en cóncavos espejos humorísticos y paradójicos en el transcurso de la narración

Sin embargo, En tiempos de luz menguante, su lectura puede resultar menos densa y por tanto más cotidiana, precisamente por el transcurrir de estas tres generaciones de una misma familia en la que la mezcla de la narración resulta más amena, menos tupida, aunque ambas novelas abordan con conocimientos de causas el ambiente, las circunstancias político-sociales en las que se desenvuelven y como dentro del mismo sistema represivo, jamás, la población aceptó el dominio ideológico impuesto por la Unión Soviética, opresora ave de rapiña culpable en gran parte de la descomposición de una sociedad inspirada en las ideas de Marx y Engel. Eugen Ruge aporta con su novela un capítulo esclarecedor de lo que significó la realidad de una dictadura que detuvo el tiempo y desarrollo de la mitad de una nación, cuyo alto coste económico y humano tardará en pagar su alto coste en la historia de Alemania.


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Plástica: El museo Rijks, en Amsterdam, Países Bajos

El Ave Fénix

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El casino del puente no se rinde

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El mozo estudió la lista como quien analiza “Palermo rosa”.

- Creo-, dijo- que lo que deben tomar es un Medoc. Se trata de algo suave y fresco -.

Aceptamos luego de confesarle, malévolamente, que le dejábamos la elección y el trabajo de somellier.



Más tarde, para el almuerzo, sugirió otro vino, un Anjou, que resultó celestial.

Cada vez que sucedía, yo le daba una propina estupenda, mentalmente, claro.

De tanto en tanto nos traía otro Burdeos, aterciopelado y con sabor a fruta, vendimia de un castillo remoto, umbrío y centroeuropeo. Los platos que sugería, tenían la armonía de un acorde de Bach.

Yon siempre disponía de curiosas distinciones y estos no son tiempos de desaire. Menos averigua Dios y perdona, pensé, mientras nos levantábamos de la mesa de la estación Borges, ¿en que otro lado podríamos estar? Del “Tten de la Costa”, para irnos a Constitución.

- Tenemos conferencia de prensa en el puente de Temperley -, fue lacónico el parte de Yon, antes de sumergirse en el silencio, que siempre le queda bien.

--

Llegamos a los pagos celestes. Yon me “cabeceó” al primero.

-Ese es “el Lalo”, que viene de Longchamps y gira a la izquierda, para el andén diez, por el puente. Gira a la izquierda de caprichoso nomás, dice que a la derecha nada -, aunque forma parte de la cola resignada y estafada de kelpers bonaerenses. Anda con la Nikkon a cuestas, perjurando que él, ahí, no hace ninguna toma porque “Pepe y los cuatro guachos” son de la pesada y andan “cargados”-, musita el vasco. Yon le hace “ojitos” para ver si lo convence.

-¡Nooo!, estos andan bien con los muchachos de “la guarida” de Sana María de Oro, que los amparan.

Yon piensa, que nadie se enoje, porque los angelitos no tienen espalda, ni siquiera “los culones” de Memphis la Blusera, mirando los lomos de los gorilas de “Pepe”.

Oculta “Lalo” que supo perder lo suyo una vez, en “la escondida” y se quedó con la sangre en el ojo.

- “Pepe y los cuatro guachos”, así se llamaban ellos, “Pirucho”, “Tito”, “el Negro” y “Catinga”, que lo secundan , operan en el puente de Temperley, tirando para el lado del andén diez.

En realidad trabajan con los que trabajan y transitan. Lo hacen en la fronera del “aéreo”, para el lado este de la estación. Los desprevenidos y no tanto, sufridos pasajeros del trasbordo de Vía Varela –nombre que supo tener una potente banda de rock pesado-, a veces paran en el casino portátil de la banda. Como la esperanza es lo último que se pierde, algunos deciden tirarse el lance.

Mejor que no les vaya bien, “Pirucho”, “Tito”, “el Negro” y “Catinga”, “los convencen” de que es mejor volver “para seguir ganando” que irse-, “datea” “Lalo”.

-Si no lo hacen, cosa dudosa, “cobran” pero en otro tipo de ventanilla-, desliza.

Los muchachos del puente y su casino, son emprendedores, cada tanto expanden actividades y se hacen “una caída” por la arcada, pre puente, de la estación de Lomas, para mas exactitud andén cuatro, tanto como para tentar al diablo y a otro tipo de “clientes”, como Rosita, que se enojó y terminó con un balazo en la pierna.

-Ese día casi “pierden” Pepe y los cuatro guachos”, claro que fue accidental, cambiaron el jefe de calle de la “yuta” y ellos no se enteraron a tiempo para notificar “sus derechos adquiridos y a buen precio”, completa “Lalo”.

-El escolazo es sencillo-, anticipa Vicky, la segunda en conferencia.

-Tres vasos y una pelotita con destino incierto, cambian de mano y postulante -, cierra.

--

“Pepe” es un maestro si hasta a veces, fía.

Hay gente para todo.

País generoso diría Claudio, el inventor de la frase y descendiente directo de pensadores toltecas.

Vicky cuenta la suya, caminaba apurada, con Martín David apunado dentro de la bolsa cangural, porque año y cuatro meses de vidaza son un exceso, por lo menos de peso.

Ella va y viene, cada tanto, de Calzada y rinde peaje al andén diez. Una vez creyó que podía sacar ventaja femenina y materna, apostando leve, total salvar el día era una tentación y tuvo “la mala suerte” de ganar”.

-Que lindo nene-, le dijo “Catinga” al oído, mientras retorcía, entusiasmado, un “cachete” de Martín David.

Vicky descubrió, de súbito, que el cuarteto no es una música para pasarla bien, sobre todo mirando “las caripelas” de los “cuatro guachos”. “Pepe” inocente y candoroso, estimulaba las apuestas del resto.

Vicky dejó con cuidado su ganancia y se retiró discreta, aunque eso no le gusta nada, porque siempre va de frente.

La dejamos turbada y con bronca, mientras una radio aullaba “partes” de la guerra invisible.

Yon se acodó en la verja del puente, como en la barra del Pub. Encendimos dos “negros” fragantes. Como siempre y con los ojos entrecerrados, mientras medía a “los guachos”, murmuró para consigo.

- El hombre no está en el centro de la vida. Está mezclado con todas las cosas. Es una partícula del infinito.

-El hombre no sabe si ayer era el instrumento conque obligará a la materia a tomar la forma que él puede tener mañana-.

-Todo es apariencia y bajo la diversidad de la apariencia el espíritu del mundo es unidad-.

-Aunque humillado y castigado, el hombre nunca es aplastado, anulado, borrado o desgarrado -.

- No se lo hace retroceder ante lo sublime. Se lo incorpora La clave es sencilla-, congeló.

Me quedé alelado, pensando que tenía “los soldados fuera de fila”.

El me dio la espalda -no tenía otra cosa para darme-, con desdén y nos fuimos detrás de una acompasada minifalda.

PD.. Sucesos ocurridos el 14 de octubre del 2001


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Poema


Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ella no gusta de la historia, “afición pueril de ancianos
que temen todavía morir.” Yo le confería relatos claudianos
o, mejor, le ubicaba la ubicuidad de sus súbditos.
Como púlpitos que no son púlpitos
donde se amonesta al amonestador,
donde se afana al afanador,
erigía sus ojos para mirar con los míos.
Pero no pude incendiar astillitas de ascuas en sus fríos
propósitos,
depósitos
de viejos y reiterados ardores juveniles.
Entendí como si ella quisiese liberarme en los rediles
de las frescas manos sin límites del porvenir que toda vía
lo es; y me habría
sus prietos labios circun-dando los míos in-decisos.
Si no quiso
precisar mi su misión,
si prefirió sus hábitos favoritos danzar y danzar, su don
aire de todo ritmo,
su istmo
de agradable franqueza, no reprocho. Sólo la veo cuando ella me re-cuerda
y viene a esculcar cuál cuerda
floja peligra
en mis confusas marionetas. No denigra
de mí. Me espera.
Ignoro si comprende que aún no soy el que era.


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Libros imprescindibles


ARGENPRESS CULTURAL

Argenpress Cultural pone a disposición del lector algunos libros cuya lectura consideramos imprescindible dentro del campo amplio de las “humanidades”, o si se prefiere, de las ciencias sociales.

Hay de todo un poco: clásicos de la filosofía, de la política, de la semiótica. Esperamos con esto brindar una biblioteca mínima en el campo social que permita tener instrumentos con los cuales leer nuestra compleja realidad; y no sólo “leerla” sino, como dijo algún clásico hoy algo pretendidamente “pasado de moda”, transformarla.

Hoy dejamos un clásico de la epistemología crítica: del francés Gastón Bachelard: “La formación del espíritu científico”.

¡Feliz lectura!

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