jueves, 15 de agosto de 2013

La aventura de un automovilista

Italo Calvino

Apenas salgo de la ciudad me doy cuenta de que ha oscurecido. Enciendo los faros. Estoy yendo en coche de A a B por una autovía de tres carriles, de ésas con un carril central para pasar a los otros coches en las dos direcciones. Para conducir de noche incluso los ojos deben desconectar un dispositivo que tienen dentro y encender otro, porque ya no necesitan esforzarse para distinguir entre las sombras y los colores atenuados del paisaje vespertino la mancha pequeña de los coches lejanos que vienen de frente o que preceden, pero deben controlar una especie de pizarrón negro que requiere una lectura diferente, más precisa pero simplificada, dado que la oscuridad borra todos los detalles del cuadro que podrían distraer y pone en evidencia sólo los elementos indispensables, rayas blancas sobre el asfalto, luces amarillas de los faros y puntitos rojos. Es un proceso que se produce automáticamente, y si yo esta noche me detengo a reflexionar sobre él es porque ahora que las posibilidades exteriores de distracción disminuyen, las internas toman en mí la delantera, mis pensamientos corren por cuenta propia en un circuito de alternativas y de dudas que no consigo desenchufar, en suma, debo hacer un esfuerzo particular para concentrarme en el volante.

He subido al coche inmediatamente después de pelearme por teléfono con Y. Yo vivo en A, Y vive en B. No tenía previsto ir a verla esta noche. Pero en nuestra cotidiana charla telefónica nos dijimos cosas muy graves; al final, llevado por el resentimiento, dije a Y que quería romper nuestra relación; Y respondió que no le importaba, que telefonearía en seguida a Z, mi rival. En ese momento uno de nosotros -no recuerdo si ella o yo mismo- cortó la comunicación. No había pasado un minuto y yo ya había comprendido que el motivo de nuestra disputa era poca cosa comparado con las consecuencias que estaba provocando. Volver a telefonear a Y hubiera sido un error; el único modo de resolver la cuestión era dar un salto a B, explicarnos con Y cara a cara. Aquí estoy pues en esta autovía que he recorrido centenares de veces a todas horas y en todas las estaciones, pero que jamás me había parecido tan larga.
Mejor dicho, creo que he perdido el sentido del espacio y del tiempo: los conos de luz proyectados por los faros sumen en lo indistinto el perfil de los lugares; los números de los kilómetros en los carteles y los que saltan en el cuentakilómetros son datos que no me dicen nada, que no responden a la urgencia de mis preguntas sobre qué estará haciendo Y en este momento, qué estará pensando. ¿Tenía intención realmente de llamar a Z o era sólo una amenaza lanzada así, por despecho? Si hablaba en serio, ¿lo habrá hecho inmediatamente después de nuestra conversación, o habrá querido pensarlo un momento, dejar que se calmara la rabia antes de tomar una decisión? Z vive en A, como yo; está enamorado de Y desde hace años, sin éxito; si ella lo ha telefoneado invitándolo, seguro que él se ha precipitado en el coche a B; por lo tanto también él corre por esta autovía; cada coche que me adelanta podría ser el suyo, y suyo cada coche que adelanto yo. Me es difícil estar seguro: los coches que van en mi misma dirección son dos luces rojas cuando me preceden y dos ojos amarillos cuando los veo seguirme en el retrovisor. En el momento en que me pasan puedo distinguir cuando mucho qué tipo de coche es y cuántas personas van a bordo, pero los automóviles en los que el conductor va solo son la gran mayoría y, en cuanto al modelo, no me consta que el coche de Z sea particularmente reconocible.
Como si no bastara, se echa a llover. El campo visual se reduce al semicírculo de vidrio barrido por el limpiaparabrisas, todo el resto es oscuridad estriada y opaca, las noticias que me llegan de fuera son sólo resplandores amarillos y rojos deformados por un torbellino de gotas. Todo lo que puedo hacer con Z es tratar de pasarlo, no dejar que me pase, cualquiera que sea su coche, pero no conseguiré saber si su coche está y cuál es. Siento igualmente enemigos todos los coches que van hacia A; todo coche más veloz que el mío que me señala afanosamente en el retrovisor con los faros intermitentes su voluntad de pasarme provoca en mí una punzada de celos; cada vez que veo delante de mí disminuir la distancia que me separa de las luces traseras de mi rival me lanzo al carril central con un impulso de triunfo para llegar a casa de Y antes que él.
Me bastarían pocos minutos de ventaja: al ver con qué prontitud he corrido a su casa, Y olvidará en seguida los motivos de la pelea; entre nosotros todo volverá a ser como antes; al llegar, Z comprenderá que ha sido convocado a la cita sólo por una especie de juego entre nosotros dos; se sentirá como un intruso. Más aún, quizás en este momento Y se ha arrepentido de todo lo que me dijo, ha tratado de llamarme por teléfono, o bien ha pensado como yo que lo mejor era acudir en persona, se ha sentado al volante y en este momento corre en dirección opuesta a la mía por esta autovía.
Ahora he dejado de atender a los coches que van en mi misma dirección y miro los que vienen a mi encuentro, que para mí sólo consisten en la doble estrella de los faros que se dilata hasta barrer la oscuridad de mi campo visual para desaparecer después de golpe a mis espaldas arrastrando consigo una especie de luminiscencia submarina. El coche de Y es de un modelo muy corriente; como el mío, por lo demás. Cada una de esas apariciones luminosas podría ser ella que corre hacia mí, con cada una siento algo que se mueve en mi sangre impulsado por una intimidad destinada a permanecer secreta; el mensaje amoroso dirigido exclusivamente a mí se confunde con todos los otros mensajes que corren por el hilo de la autovía; sin embargo, no podría desear de ella un mensaje diferente de éste.
Me doy cuenta de que al correr hacia Y lo que más deseo no es encontrar a Y al término de mi carrera: quiero que sea Y la que corra hacia mí, ésta es la respuesta que necesito, es decir, necesito que sepa que corro hacia ella pero al mismo tiempo necesito saber que ella corre hacia mí. La única idea que me reconforta es, sin embargo, la que más me atormenta: la idea de que si en este momento Y corre hacia A, también ella cada vez que vea los faros de un coche que va hacia B se preguntará si soy yo el que corre hacia ella, deseará que sea yo y no podrá jamás estar segura. Ahora dos coches que van en direcciones opuestas se han encontrado por un segundo uno junto al otro, un resplandor ha iluminado las gotas de lluvia y el rumor de los motores se ha fundido como en un brusco soplo de viento: quizás éramos nosotros, es decir, es seguro que yo era yo, si eso significa algo, y la otra podría ser ella, es decir, la que yo quiero que ella sea, el signo de ella en el que quiero reconocerla, aunque sea justamente el signo mismo que me la vuelve irreconocible. Correr por la autovía es el único modo que nos queda, a ella y a mí, de expresar lo que tenemos que decirnos, pero no podemos comunicarlo ni recibirlo mientras sigamos corriendo.
Es cierto que me he sentado al volante para llegar a su casa lo antes posible, pero cuanto más avanzo más cuenta me doy de que el momento de la llegada no es el verdadero fin de mi carrera. Nuestro encuentro, con todos los detalles accidentales que la escena de un encuentro supone, la menuda red de sensaciones, significados, recuerdos que se desplegaría ante mí -la habitación con el filodendro, la lámpara de opalina, los pendientes-, las cosas que yo diría, algunas seguramente erradas o equivocas, las cosas que diría ella, en cierta medida seguramente fuera de lugar o en todo caso no las que espero, todo el ovillo de consecuencias imprevisibles que cada gesto y cada palabra comportan, levantaría en torno a las cosas que tenemos que decirnos, o mejor, que queremos oírnos decir, una nube de ruidos parásitos tal que la comunicación ya difícil por teléfono resultaría aún más perturbada, sofocada, sepultada como bajo un alud de arena. Por eso he sentido la necesidad, antes que de seguir hablando, de transformar las cosas por decir en un cono de luz lanzado a ciento cuarenta por hora, de transformarme yo mismo en ese cono de luz que se mueve por la autovía, porque es cierto que una señal así puede ser recibida y comprendida por ella sin perderse en el desorden equívoco de las vibraciones secundarias, así como yo para recibir y comprender las cosas que ella tiene que decirme quisiera que sólo fuesen (más aún, quisiera que ella misma sólo fuese) ese cono de luz que veo avanzar por la autovía a una velocidad (digo así, a simple vista) de ciento diez o ciento veinte. Lo que cuenta es comunicar lo indispensable dejando caer todo lo superfluo, reducirnos nosotros mismos a comunicación esencial, a señal luminosa que se mueve en una dirección dada, aboliendo la complejidad de nuestras personas, situaciones, expresiones faciales, dejándolas en la caja de sombra que los faros llevan detrás y esconden. La Y que yo amo en realidad es ese haz de rayos luminosos en movimiento, todo el resto de ella puede permanecer implícito, mi yo que ella, mi yo que tiene el poder de entrar en ese circuito de exaltación que es su vida afectiva, es el parpadeo del intermitente al pasar otro coche que, por amor a ella y no sin cierto riesgo, estoy intentando.
También con Z (no me he olvidado para nada de Z) la relación justa puedo establecerla únicamente si él es para mí sólo parpadeo intermitente y deslumbramiento que me sigue, o luces de posición que yo sigo; porque si empiezo a tomar en cuenta su persona con ese algo -digamos- de patético pero también de innegablemente desagradable, aunque sin embargo -debo reconocerlo-, justificable, con toda su aburrida historia de enamoramiento desdichado, su comportamiento siempre un poco esquivo... bueno, no se sabe ya adónde va uno a parar. En cambio, mientras todo sigue así, está muy bien: Z que trata de pasarme se deja pasar por mi (pero no sé si es él), Y que acelera hacia mí (pero no sé si es ella) arrepentida y de nuevo enamorada, yo que acudo a su casa celoso y ansioso (pero no puedo hacérselo saber, ni a ella ni a nadie).
Si en la autovía estuviera absolutamente solo, si no viera correr otros coches ni en un sentido ni en el otro, todo sería sin duda mucho más claro, tendría la certidumbre de que ni Z se ha movido para suplantarme, ni Y se ha movido para reconciliarse conmigo, datos que podría consignar en el activo o en el pasivo de mi balance, pero que no dejarían lugar a dudas. Y sin embargo, si me fuera dado sustituir mi presente estado de incertidumbre por semejante certeza negativa, rechazaría sin más el cambio. La condición ideal para excluir cualquier duda sería que en toda esta parte del mundo existieran sólo tres automóviles: el mío, el de Y, el de Z; entonces ningún otro coche podría avanzar en mi dirección sino el de Z, el único coche que fuera en dirección opuesta sería con toda seguridad el de Y. En cambio, entre los centenares de coches que la noche y la lluvia reducen a anónimos resplandores, sólo un observador inmóvil e instalado en una posición favorable podría distinguir un coche de otro, reconocer quizá quién va a bordo. Esta es la contradicción en que me encuentro: si quiero recibir un mensaje tendré que renunciar a ser mensaje yo mismo, pero el mensaje que quisiera recibir de Y -es decir, el mensaje en que se ha convertido la propia Y- tiene valor sólo si yo a mi vez soy mensaje; por otra parte el mensaje en que me he convertido sólo tiene sentido si Y no se limita a recibirlo como una receptora cualquiera de mensajes, sino si es el mensaje que espero recibir de ella.
Ahora llegar a B, subir a la casa de Y, encontrar que se ha quedado allí con su dolor de cabeza rumiando los motivos de la disputa, no me daría ya ninguna satisfacción; si entonces llegara de improviso también Z se produciría una escena detestable; y en cambio si yo supiera que Z se ha guardado bien de ir, o que Y no ha llevado a la práctica su amenaza de telefonearle, sentiría que he hecho el papel de un imbécil. Por otra parte, si yo me hubiera quedado en A e Y hubiera venido a pedirme disculpas, me encontraría en una situación embarazosa: vería a Y con otros ojos, como a una mujer débil que se aferra a mí, algo entre nosotros cambiaría. No consigo aceptar ya otra situación que no seaesta transformación de nosotros mismos en el mensaje de nosotros mismos. ¿Pero y Z? Tampoco Z debe escapar a nuestra suerte, tiene que transformarse también en mensaje de sí mismo, cuidado si yo corro a casa de Y celoso de Z, si Y corre a mi casa arrepentida para huir de Z, mientras que Z no ha soñado siquiera con moverse de su casa...
A medio camino en la autovía hay una estación de servicio. Me detengo, corro al bar, compro un puñado de fichas, marco el afijo telefónico de B, el número de Y. Nadie responde. Dejo caer la lluvia de fichas con alegría: es evidente que Y no ha podido dominar su impaciencia, ha subido al coche, ha corrido hacia A. Ahora vuelvo a la autovía al otro lado, corro hacia A yo también. Todos los coches que paso, o todos los coches que me pasan, podrían ser Y. En el carril opuesto todos los coches que avanzan en sentido contrario podrían ser Z, el iluso. O bien: también Y se ha detenido en una estación de servicio, ha telefoneado a mi casa en A, al no encontrarme ha comprendido que yo estaba yendo a B, ha invertido la dirección. Ahora corremos en direcciones opuestas, alejándonos, el coche que paso, que me pasa, es el de Z que a medio camino también ha tratado de telefonear a Y...
Todo es aún más incierto pero siento que he alcanzado un estado de tranquilidad interior: mientras podamos controlar nuestros números telefónicos y no haya nadie que responda, seguiremos los tres corriendo hacia adelante y hacia atrás por estas líneas blancas, sin puntos de partida o de llegada inminentes, atestados de sensaciones y significados sobre la univocidad de nuestro recorrido, liberados por fin del espesor molesto de nuestras personas y voces y estados de ánimo, reducidos a señales luminosas, único modo de ser apropiado para quien quiere identificarse con lo que dice sin el zumbido deformante que la presencia nuestra o ajena transmite a lo que decimos.
El precio es sin duda alto pero debemos aceptarlo: no podemos distinguirnos de las muchas señales que pasan por esta carretera, cada una con un significado propio que permanece oculto e indescifrable porque fuera de aquí no hay nadie capaz de recibirnos y entendernos.
Tomado de “Los amores difíciles”, 1970.

Italo Calvino nació en Santiago de las Vegas, Cuba, 1923, pero posteriormente se trasladó a Italia, de donde eran oriundos sus padres, y donde pasó toda su vida, falleciendo en 1985. Durante la Segunda Guerra Mundial luchó como partisano contra el fascismo. En 1944 se afilió al Partido Comunista Italiano. Fue prolífico escritor. Entre sus libros más importantes pueden mencionarse: Los jóvenes del Po, La nube de smog, El caballero inexistente, Las ciudades invisibles, Si una noche de invierno un viajero.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La vida sexual humana

Sigmund Freud

Descargar documento completo desde aquí.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Plástica: Desde Chile, Roberto Matta

Roberto Antonio Sebastián Matta Echaurren nació el 11 de Noviembre de 1911 en Santiago, Chile. Estudió en el Colegio de Los Sagrados Corazones en Santiago y realizó sus estudios superiores en la escuela de arquitectura de la Universidad Católica de Chile, entre 1929 y 1931, titulándose en 1933.



En 1933 se hizo marino mercante, lo que le permitió salir de Santiago y viajar a Europa, instalándose en París. Trabajó con el arquitecto Le Corbusier. A finales de 1934 Matta visitó España, conociendo a los poetas Rafael Alberti y Federico García Lorca. Este último le presentaría a Dalí, quien animó a Matta que mostrara algunos de sus dibujos a André Bretón.

La relación de Matta con Dali y Bretón influenció fuertemente su formación artística y lo conectó posteriormente con el movimiento surrealista, que él ensambló oficialmente en 1937.

En 1936 viajó a Londres, donde trabajó con Walter Gropius y László Moholy-Nagy. Además conoció y se relacionó con artistas e intelectuales británicos como Henry Moore. En 1937 Matta asistió al Museo del Prado a la exposición de Guernica de Picasso, lo cual le impresionó grandemente e influenció en su trabajo. En este tiempo, artistas de la talla de Marcel Duchamp tendrían influencia en la obra de Matta .Un tiempo después viajó a Escandinavia en donde conoció al arquitecto Alvar Aalto. El verano de 1938 marca la evolución del trabajo de Matta del dibujo a la pintura. Roberto terminó sus primeras pinturas en óleo surrealistas, a los que primero llamó "Morfologías Sicológicas" y que más tarde denominó "Inscape". Hacia 1939 vivió un período con Pablo Neruda en París.

Forzado a salir de Europa con la tensión previa a la Segunda Guerra Mundial, Matta llegó a Nueva York a comienzos de 1939. En un artículo de Kathy Zimmerer acerca de los maestros de la pintura latinoamericana, ella describe "crucifixión" como "envolventes formas biofórmicas que se transforman en un flujo que cruza toda la tela de Matta. La luminosidad de su paleta, el rojo carmesí, los amarillos, el azul y el negro definen contornos de formas orgánicas que producen una metamorfosis". Crucifixión es representativo del período no figurativo de Matta, donde el artista desarrolló su gama de colores y el uso del color logra crear espacios y formas enérgicas. Matta; a estas alturas comenzaría el trabajo del paisaje visionario del subconsciente. Matta tomaba fuerza y aprendía de su mentor Yves Tanguy, con trabajos que recuerdan a pintores del siglo XV y XVI, Bosch o Bruguel.

Roberto Matta primero exhibe en la Galería Julian Levy en Nueva York en 1940. Los años 40 significan el ingreso de la figura humana a la composición artística de Matta. En 1947 se aleja del mundo surrealista. En los 50 y el 60 Matta deambula entre Roma, París y Londres. Roberto visitó Cuba en los años 60 para trabajar con estudiantes de arte. En 1962 le concedieron el premio Marzotto por la obra "La Question Djamilla", una protesta contra la guerra Franco-Argelina.

Su trabajo de los años 60 tuvo un acento político y espiritual. Mucho de su trabajo consistió en tratar temas relacionados con los acontecimientos que ocurrían los lugares tales como Vietnam, Santo Domingo, y Alabama. En una exposición en 1968 en la galería de Iolas en Nueva York exhibió parte de este trabajo.

Los años 60 marcaron no sólo un cambio en sus temas, sino en su estilo. Él encontró influencia en la cultura contemporánea, combinado con sus raíces surrealistas. Su trabajo se puede dividir principalmente en dos áreas: pinturas cósmicas y apocalípticas. "Elle Gare s'y", es un ejemplo de la arena cósmica. André Bretón lo llamó "automatismo absoluto". La idea del automatismo era un elemento dominante del movimiento surrealista, que acentuó la supresión del control consciente sobre uno dominado por la composición libre de las imágenes y de las asociaciones inconscientes. Matta utilizó automatismo de una manera que permitió que una forma diera lugar a otra hasta que la unificación fuera alcanzada o hasta que la elaboración adicional destruyera la composición.

Matta salió de Chile siendo joven y no tuvo la ocasión de ser conceptuado en como artista "latinoamericanista". Él era ciertamente uno de los pocos artistas surrealistas que representara temas políticos, sociales, y espirituales directamente.

En 1969 Adquiere la nacionalidad francesa. En 1990 Recibe el Premio Nacional de Arte y se realiza una retrospectiva de su obra en el Museo de Bellas Artes. En los siguientes años se realizan variadas exposiciones de la obra de Matta en diversas partes del mundo y el artista participa en innumerables eventos artísticos.

Vive sus últimos años en Italia, donde muere el año 2002.

Roberto Matta Echaurren es considerado el pintor y escultor chileno más importante en el mundo, debido a su gran influencia pictórica en diferentes países.

Puede verse su obra aquí:

Fuente: http://www.wallpapers.cl/pintores/biografia_roberto_matta.php

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

El vestido made in Bangladesh

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El vestido estaba ahí, todavía no lo habían vendido; flameaba suavemente al compás del aliento fresco de la brisa que parecía convertirlo en bandera de la mano de obra barata.



Ingrid lo miraba como hacía todos los domingos cuando salía de la monotonía de su casa tratando de empaparse de rayos de sol y cielo abierto. El primer o último día de la semana, según la fuente que se consulte, lo vivía distinto entre tantos iguales.

El paseo que realizaba con su amiga comenzaba por la feria artesanal, allí caminaban sorteando puestitos ubicados en hileras desparejas, serpenteantes, donde la policromía de los toldos resaltaba por entre las hamacas, toboganes y calesitas de hierro, también multicolores.

Feria que de tal solo guardaba un recuerdo agonizante; hace rato que esos espacios dejaron de ser exposiciones de artesanía para convertirse en pequeños negocios pintorescos en los que se ofrecen artículos importados. El arte y los artesanos quedaron sepultados entre las raíces de los árboles añosos cuyas copas trataban, infructuosamente, de agitar la memoria de un ayer que tal vez no fuera mejor, pero seguramente, fue mucho menos comercial.

Transitaban entre aroma a sahumerios, globos de aluminio, adornos de vidrio, instrumentos musicales de madera y mucha ropa entrada al país en inmensos buques, que arañando olas encrespadas tras larguísimas travesías,al tocar puerto habrían de triturar migas de pan en las mesas de los trabajadores obligados a colgar sus mamelucos antes de tiempo.

La influencia “made in” logró troncharle los talones al futuro cuando descerebrados del mundo contemporáneo decidieron que era más redituable importar que producir. De allí que el mundo fuera lanzado por un precipicio hasta quedar inmerso en una brutal crisis económica y ejércitos de desocupados impulsados barranca abajo comenzaron a pulular por las grandes orbes, ataviados con frágiles armaduras de miseria.

A ella le encantaban los amontonamientos de tonos estridentes chocándose entre sí sobre las telas: amarillo, violeta, naranja, verde brillante, turquesa, rojo fuego, negro.

Como el vestido de colores “made in Bangladesh” que resaltaba entre los otros, atrayendo su mirada.

-Me pregunto por qué no te lo comprás, comentó Haydee. Siempre te gustó esa ropa y sobre todo ese escándalo explosivo de pigmentos alocados. Convengamos que no sería la primera vez que te apartás de la discreción, agregó, y siguió diciendo:

-Además reconozcamos quees tu estilo histórico. Te recuerdo jovencita, descalza, con el pelo lacio, llovido, cayendo sobre tu espalda cubierta por telas coloridas como ésa. Hablabas de la guerra de Vietnam queriendo ir hacia allápara cuidar a los niños huérfanos; recordaba la mujer como tratando de empujar la decisión de su amiga de tantos años que ese domingo se reprimía frente al puesto mirando pensativa el bailoteo de la prenda.

-Gringos hijos de puta, decías con un odio que parecía nacer en tu estómago. ¿Te acordás? Preguntó Haydeesonriendo al evocar ese pasado inolvidable del que ambas fueron parte.

-Si, me acuerdo y lo seguimos diciendo, ¡gringos hijos de tres mil putas! no te despegues de la consigna que también fue y es tuya, enfatizó Ingrid sonriendo y antes de explicar el motivo de su inminente negativa.

-No, no lo compro. Hay algo que siento como escondido en esos pliegues. Intuyo que cada puntada atraviesa el llanto de niños sin madre. Como todo lo que se ofrece hoy está empapado de ninguneo a la vida, trasciende el límite del espanto en medio de esta guerra actual, sin balas a veces, pero guerra al fin.

-Mirá ese rojo, parecen brasas encendidas sobre el ocre oscuro de aquellos cuerpos doblados sobre las máquinas de coser. Siento escalofríos, quisiera meterme en la trama de ese tejido, entrar por cada agujerito, acabar con aquella vergüenza. Aparecer lejos de aquí, trasladarme hacia donde los ayes son ignorados y se convierten en agujas punzantes.

-Vos sabés de qué te estoy hablando, lo comentamos cuando sucedió, recordó y sin esperar respuesta siguió diciendo:

-Miralo bien, decime si las manchas no parecen las siluetas deesas mujeres. El verde se ve comoun charco de lágrimas y el amarillo es como que explotara. ¡El vestido estoy segura que salió de aquella maquila, Haydee! ¡De ese lugar donde las grietas de las paredes se invisibilizaron escondiendo la tragedia tan anunciada como evitable!

-¡Ay no! No, Ingrid! definitivamente hoy estás muy angustiada, vamos hacia otros puestitos, olvidate de ese vestido, casi ordenó Haydee contagiada por la congoja de su amiga. Ambas mantenían los mismos conceptos desde siempre.

A metros de la percha donde seguía danzando su ritmo de aire y matices el vestido “made in Bangladesh”, un grupo de jóvenes seguidores de algún gurú al que unapseudosacralización premiara con fortuna impresionante, movía sus pies al compás de un ritmo pegadizo. Ataviados con túnicas livianas, casi transparentes, en las que predominaba el color naranja, hacían sonar sus mridangas y kártalos mientras repetían su mantra krisnaísta con la mirada como ausente, perdida en su propia incógnita.

Metida vaya a saberse en qué extraño laberinto inexpugnable, en tanto agitaban sus cabezas rapadas. Mutiladas por dentro, desnudas por fuera, sobrevivientes de un permanente funeral de neuronas al que fueron introducidos y del que no podrán salir con facilidad.

A pocos metros de ahí, casi chocándose como los colores del vestido, un grupo de personas escuchaba atentamente a un señor que disparaba culpas sobre los oyentes, a la vez que aseguraba que de algún cielo rencoroso, impúdico, de celeste más claro que el estampado en la tela del vestido, llegaría la salvación eterna. Siempre y cuando se cumplieran órdenes y no se cuestionara nada. Siempre y cuando se mirara hacia las propias tripas. Falsos profetas del apocalipsis con ínfulas de “elegidos”.

Sectas aquí, sectas más allá y esa contaminación purulenta que se extiende y actúa como telaraña donde quedará atrapada la voluntad y la autonomía de las víctimas.

Ingrid apuró el paso hacia la salida del predio, una oleada de indignación se sumó a la angustia formando ese cóctel explosivo que suele arruinar jornadas, aunque el sol acaricie tibiamente y la tarde se acurruque en el tapiz matizado de verdes, donde los niños revuelcan su infancia y los adultos ven correr los días iguales, casi pegajosos.

-Vamos Haydee, es demasiado por hoy. Este hermoso domingo de otoño se juntaron muchas víctimas en este espacio. ¡Y ya estoy harta de víctimas y harta de estupidez!

El vestido siguió danzando su ritmo mientras los colores parecían ir empalideciendo la tarde que agonizaba. Como la de Bangladesh.

Ilustración, obra gentileza de la artista visual argentina Beatriz Palmieri: “Vestido”

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Alzheimer

Erasmo Magoulas (Desde Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la penumbra de su noche
Mi madre me pregunta por la suya
Por sus hermanos y por el tío Casimiro
¿Nos hemos quedado solos?



Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Chorrada cultural con cabeza de chorlitos

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Dicen que se juntaron en un convite “en la mi choza, cabaña rústica de techo pajizo”, Ermesinda, hija o hermana de cama del rey Pelayo de Asturias y mujer de Alfonso I, y la hija de Roger, conde de Carcasona, y mujer de Ramón Borrell, conde soberano de Barcelona, la cual regenteó el condado después de la muerte de su marido y se señaló no menos que por su ánimo varonil y sus talentos, por su ambición desmedida, esta hija del gran puto.



Ermesinda decía que “los bobos de Pelayo y Alfonso nacieron juntos”, y Ermesinda de Roger le respondía que “no asamos y ya empringamos”.

Ermesinda de Pelayo tenía una revista cultural patrocinada por una caja de ahorros, y Ermesinda de Roger una gaceta informativa de actos institucionalizados.

Oigamos a la de Pelayo:

-Estas revistas están hechas para gastar chufletas, revistas chofetas, cual braserillos o copillas manual para recalentar la ignorancia de las masas; antes, cuando se permitía fumar, encender un cigarrillo. Seguía:

-El pueblo borreguil se mantiene de chofes, alimento cultural barato, y al poder establecido le interesa que así sea, para que no recuerde los problemas diarios de la vida, y se estén atados y entumecidos.

La de Roger le dio a la de Pelayo una chola, golpe con la mano de canto en la nuca, diciéndole, preguntando:

-¿Sabes que todos somos cholos, mestizos de blanco e india o viceversa, como me dijo un amigo de Ramón que era azteca de la Puebla de Los Ángeles, antigua Cholula?

- ¿Sí?, respondió la de Pelayo. Prosiguiendo: mas que cholos somos putas y putos, hijos e hijas de can en tiempo de uva bagujada de hacer de vientre.

En este instante, vieron pasar un niño corriendo y arrastrando con una cuerda en el aire un chonchón, cometa pequeña.

Vieron, también, admiradas, cómo un chopi, tordo argentino, ponía espinos o zarzos en un tejado de Repsol, para hacer su nido.

-¿Sabes, pregunta la de Pelayo, que los choriceros del gobierno rellenos de tripa de carne de cerdo están, mientras cargan con el chopo los soldados de la patria, eructando al tomar crema catalana?

-El gobierno catalán tiene la cabeza a pájaros, le responde la de Roger.

Han echado un perro en la olla, y quieren darles caldo a los hispanos en chorrada nacionalista que se echa de propósito sobre la medida constitucional después de colmada.

La de Pelayo le dice:

-Cuando hablas parece que estás batiendo la barrilla con la chueca, o palo con el que se choquean las cenizas que dan sosa.

-Tú sí que eres sosa, como la de Mollete, moflete, responde la de Roger.

Pasó un caballo bardado, cubierto de bardo, y montado por un bardaje, sodomita que andaba de acá para allá.

Ellas dos rieron al verle, pues se parecía a Chintila, el rey godo de España, que llevaba rodajas de papel untadas de sebo en la sien como remedio casero para los dolores de cabeza.

La de Roger exclamó:

-Más vale que se pusiera esas rodajas de carey en el chiribico.

- ¡Chis, chis’, dijo la de Pelayo. Escucha.

Hacía lluvia con sol, y partículas en sus ojos ofuscaron la vista. Unos indios del interior de Cochabamba tocaban la chirimía.

Pasó un carro que chirriaba mucho guiado por un hombrecillo entremetido, bullicioso y de poca importancia, que hizo silenciar a los indios, gritando a las damas cual un chota, delator, soplón:

-El fútbol y el chorreo catalán no sirven más que para despistar a un pueblo en su miseria llevada pendiente de la venera de alguna orden miliar, Que España huele a chotuno; despide ese tufo característico de marca como el del ganado cabrío.

El polvo del carro se iba a las hermosas.

La de Pelayo preguntó a la de Roger:

-¿Qué es amar la Naturaleza, amiga?

-Ver a Gerineldo mear en el chortal, fuentecilla o manantial a flor de tierra, respondió la de Roger.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Homosexuales eran los de antes

Marcos Winocur (Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



I. Sintética periodización

Para una referencia sobre la evolución de la mentalidad colectiva frente al gay en las últimas décadas:

Años cuarenta: igual a “degenerado”.
Luego, había que castigar.

Años cincuenta: igual a “enfermo”.
Luego, había que curar.

Años sesenta y setenta: igual a “singular”.
Luego, había que respetar la diferencia.

De los años ochenta en adelante: igual a “cualquiera”.
Luego, no hay que hacer nada.

Nota. La evolución de la mentalidad colectiva frente al homosexual no ha sido uniforme; así, hay gente que ha quedado anclada en alguno de los ayeres señalados.

II. “Pan con pan, comida de sonso”

Allá por los años cuarenta, se decía que había sociedades secretas de gays que, desde el clóset, manejaban una porción de poder, “y te caerías de espaldas si supieras quiénes están”. Por lo demás, ni hablar: el gay era una figura emblemática para las burlas, véase el filme “El último tren a Brooklyn”. Ahora bien, dejando el clóset por la “marcha del orgullo”, y de ésta pasando a ser alcalde de Berlín o París, la condición de homosexual es aceptada dentro y fuera del poder.

Pero en aquellos años... un refrán que estaba en boga era por demás elocuente: “pan con pan, comida de sonso”. Quería decir que la diversión aparecía cuando se juntaban hombres con mujeres, no hombres solos, no mujeres solas. Y con eso estaba todo dicho, a nadie se le ocurría preguntar más.

III. Homosexualidad y comunismo

Recuerdo que en una ocasión platicaba con mi compañero de partido (Comunista Argentino) gerente de la editorial “Lautaro” de Buenos Aires. Él, siempre en función de “cuadro del partido” (léase: funcionario) que habla con intelectual, es decir “ampliamente comprensivo a la vez que bajando línea”, pasó a relatarme esta anécdota. En una ocasión, allá por los años cincuenta, su querido dirigente Benito Marianetti hacía el elogio de Federico García Lorca cuando fue interrumpido por un compañero:

-¡Pero ése era homosexual!

-¡Él podía...! -fue la rápida respuesta del dirigente comunista.

No encuentro más clara pintura de época y a la vez reconocimiento de la imposibilidad de encontrar una lógica antihomosexual. Por un lado, uno de esos afiliados más papistas que el Papa, condenaba al poeta en nombre de la convención moral por entonces dominante. Por otro lado, el dirigente del partido absolvía al homosexual… si habías logrado la fama, si te llamabas Lorca, Proust u Oscar Wilde, estabas disculpado.

Esto acarreaba curiosas consecuencias. ¿Un camarada quería ser gay? Muy bien, “no problem”: a condición de antes alcanzar la fama. Y no en cualquier ámbito, sino en literatura, arte, tal vez un arquitecto de renombre o una estrella del cine, en suma, áreas de la estética. Imagínense, en aquel entonces un gay en política o dentro de las fuerzas armadas... recuerden los problemas que tuvo Clinton, cuando fue Presidente, con ese paquetazo.

La conclusión cae de su propio peso. La homosexualidad era un privilegio perdonable en ciertos genios y digna de reprobación en los demás mortales. O sobresalías y entonces era tu derecho, o bien te sumabas al coro de los machistas. Curiosamente, lo mismo ocurría con la condición de comunista. Si te llamabas Pablo Picasso o Pablo Neruda, la fama te protegía dentro y fuera del Partido. Si te llamabas Juan Pérez y eras comunista, te mandaban al bote. Y allí no era difícil toparte con el gay. E inflexible, no te fuera a contaminar, dabas un paso al costado. Si te hablaba, no le contestabas. ¿Era Lorca, Proust, Oscar Wilde? No. Entonces… Ni te hablo.

Eran otros tiempos. Homosexuales, los de antes. Asfixiados dentro del clóset, objeto de las más crueles burlas al ser descubiertos, y finalmente lanzados a la calle a contraatacar desde las marchas del orgullo, esos eran homosexuales. En tanto que hoy te declaras gay, y te ofrecen cuanto menos la gerencia de una empresa.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Dos poemas

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Poema 1



Ella no gusta de la historia, “afición pueril de ancianos
que temen todavía morir.” Yo le confería relatos claudianos
o, mejor, le ubicaba la ubicuidad de sus súbditos.
Como púlpitos que no son púlpitos,
donde se amonesta al amonestador,
donde se afana al afanador,
erigía sus ojos para mirar con los míos.
Pero no pude incendiar astillitas de ascuas en sus fríos
propósitos,
depósitos
de viejos y reiterados ardores juveniles.
Entendí como si ella quisiese liberarme en los rediles
de las frescas manos sin límites del porvenir que toda vía
lo es; y me habría
sus prietos labios circun-dando los míos in-decisos.
Si no quiso
precisar mi su misión,
si prefirió sus hábitos favoritos danzar y danzar, su don
aire de todo ritmo,
su istmo
de agradable franqueza, no reprocho. Sólo la veo cuando ella me re-cuerda
y viene a esculcar cuál cuerda
floja peligra
en mis confusas marionetas. No denigra
de mí. Me espera.
Ignoro si comprende que aún no soy el que era.

Poema 2



Estuve, pues, entre éstas mis seis paredes,
con mis hechos familiares y mis aparatos,
el tintero, los caleidoscópicos vidrios de colores
en el prisma que me hizo mi hermano,
los zapatos vacíos, el secante de qué,
el teléfono plástico, el caballito-escoba,
el maromero de madera que me compró mi madre,
la cámara de cine de cartón.

Atareado ahora cuando re-cién despierto
con estos viejos obstáculos.
Hasta el pedacito de paño deshilachado
que empaña mi empeño,
o quizás revivo otros tantos nuevos problemas y me siento culpable;
pero llaman a la mesa y sigo pre-ocupado.

Estás delante de mí, me aprisiono en tus miradas y en esta silla incómoda,
y saltas sobre madera hasta en la puerta de tu re-trato,
o en el tablero, sobre la caja de la que salgo somnoliento
y en este avión de mil alas con el que en mis libros me separo de tu olvido.

Pensándolo bien, estas seis paredes familiares me son tan extrañas como mí mismo.
O como tú, con todos tus semblantes y actitudes
cuando eres labios o manos apretantes,
cuando eres nariz, una mirada más por qué,
un muerto ramo de hierba resecada.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Fotografías

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde la adolescencia siempre tuvo una relación muy fuerte con las fotografías. Tal vez porque el padre era director de cine.

A veces quería fotografiar todo lo que veía. Otras veces buscaba ser fotografiado por un amigo. Ser fotografiado para quedar siempre igual, aunque más tarde sea viejito. O después, para otros.



Estaba seguro de una cosa: quería inmovilizar un instante del tiempo.

Inmovilizar recuerdos, aunque sean mínimos. Un gesto. Una posición. Un pajarito. Una flor. Todo ahí, en la foto. Para siempre.

Por eso, con el tiempo se fue dando cuenta de la diferencia entre recordar y revivir.

Recordar era ver lo recordado desde afuera. Como se ve una fotografía.

Revivir era no solo eso. Era también volver a estar en ese momento. Sentir lo que entonces sintió.

Por eso a veces cuando veía por la Internet o en algunas fotografías nenitos palestinos descuartizados por bombas israelíes, pensaba que, por suerte, no estaba ahí. Veía eso desde afuera. Como a veces lo recordaba.

Pero revivir era distinto. Era más que solamente ver una foto. Era entrar en ella. Volver a sentir lo que en ese momento sintió.

Como una vez que le tocaron el timbre por el interfone que estaba en la pared, junto a su cama, a las dos de la mañana donde, excepcionalmente solo, dormía profundamente.

Así que de pronto se encontró de pié, el corazón latiendo fuerte, la boca seca, transpirando. No sabía si atender o no. ¿Lo vendrían a buscar?

Atendió y preguntaron por otro nombre, no el de él: -“Ah, disculpe, le respondieron. Apreté errado.”

Es que años atrás había formado parte de un grupo de izquierda del que en la dictadura mataron a todos (después de previa tortura) pero él se salvó porque en el diario de ese grupo publicaban artículos suyos con un pseudónimo. Nunca con su nombre. Pero aun así vivía con miedo.

Así fue que aquel momento intenso, más que recordarlo, verlo desde afuera como si fuese una fotografía, a veces lo revivía. Volvía a sentir el miedo intenso que en aquel momento sintió.

Momento síntesis, que representaba en un segundo todo lo que era para él vivir en esa época.

Lo que también le hizo descubrir que, también otras veces, eso pasaba en su vida. Vivir momentos, a veces situaciones mínimas, que representaban toda una época. Saludos, encuentros, despedidas.

Etapas de su vida que podían ser fotografiadas.

Pero que, a veces, también eran revividas.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

América, alianzas que dividen

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

América Latina y el Caribe viven dos procesos de integración regional, con objetivos diametralmente diferentes. Por un lado, la Alianza del Pacífico que busca consolidar la mayor dependencia externa. Y la otra, la Alianza Bolivariana, más cercana de los anhelos populares.

Una explicación de este desencuentro lo encontramos en nuestros mejores escritores de renombra como el pensamiento del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Nobel de Literatura de 1967, quien hizo de su obra “una especie de tribunal de apelaciones, refugio de los humildes con sus penas anónimas, templo de piedad y justicia donde claman las voces de los desposeídos”.



La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio entre los Pueblos (ALBA-TCP), en su XII Cumbre (31 de julio 2013) reitera una visión integral y una alternativa de desarrollo por nuevos relacionamientos a nivel internacional, para lo cual presentará una propuesta al grupo denominado “BRICS” (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).

La Alianza del Pacífico es un área de integración hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, sin estar ubicado, necesariamente, frente a las costas del Pacífico. Nació en el 2011 y está conformada por Chile, Perú, Colombia y México. Cuenta con 20 países observadores, entre ellos China, Corea del Sur, Estados Unidos y Turquía. Anuncia su incorporación Costa Rica y Panamá. Los observadores son Canadá, Uruguay, Australia, Nueva Zelanda, España, Guatemala, Japón, Francia, Portugal, Honduras, República Dominicana, El Salvador, Ecuador y Paraguay.

La Alianza del Pacífico es una plataforma que busca conformar un proceso de integración abierto y no excluyente, constituido por países con visiones afines de desarrollo y promotores del libre comercio como impulsor del crecimiento. Es una iniciativa dinámica y con alto potencial y proyección de negocios, cuyas economías en su conjunto ocupan el octavo sitio a nivel mundial. Ofrece ventajas competitivas para los negocios internacionales, con una clara orientación a la región Asia-Pacífico. Busca la integración profunda de servicios, capitales, inversiones y movimiento de personas.

La Alianza Bolivariana

La XII Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América, realizada en Guayaquil (julio 2013), formalizó el ingreso de Santa Lucía, compartiendo el proyecto de “convertir a nuestros países, no ya en zonas de libre comercio, sino en zonas libres de hambre, analfabetismo, miseria y marginación”.

Otros acuerdos de ALBA: Conformación de una comisión para crear una Zona Económica Complementaria entre países del Alba, del Mercosur y de Petrocaribe. La Declaración puntualiza que “deben privilegiarse la complementariedad y la solidaridad, antes que la competencia entre nuestros países y asegurar la continuidad y el reimpulso de los exitosos programas sociales que caracterizan la Alianza”.

ALBA es “una visión integral y alternativa de desarrollo”, enfocada hacia ámbitos como la energía, comercio intrarregional, producción de alimentos, industrias intermedias, inversiones y financiamiento. Demandará a EEUU en las NNUU, por haber implantado un sistema de espionaje masivo a nivel mundial, violatorio de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (como reveló el ex agente Edward Snowden, ahora asilado en Moscú).

Movimientos sociales

En Guayaquil, junto a la cumbre del ALBA, se realizó la Cumbre de Movimientos Sociales de la Alba, cuyo mensaje principal respalda la visión de “un nuevo orden mundial multipolar y pluricéntrico, con relaciones horizontales, respetuosas de los equilibrios entre humanos y naturaleza”.

Rechaza cualquier intento de retorno al gobierno directo del sector privado empresarial (neoliberalismo) y “los intentos de remozar la hegemonía imperialista en el hemisferio que se expresa, entre otros, en la Alianza del Pacífico”, ya que implica beneficiar a “intereses elitistas y privados, lejanos del bien común”.

Para el presidente boliviano, Evo Morales, “por primera vez los presidentes y Gobiernos antiimperialistas se organizan para acompañar a nuestros pueblos organizados en movimientos sociales para enfrentar las políticas de hambre, de saqueo y de invasión”.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, respalda la Declaración de Guayaquil de los Movimientos Sociales, porque resalta el desafío de profundizar la participación protagónica de los movimientos sociales para fortalecer el Poder Popular en la región. ALBA respalda la defensa y proyección de los pueblos ancestrales y afro descendientes y sus visiones de Buen Vivir / Vivir Bien, que constituyen “el mejor aporte de los pueblos y movimientos”.

Los movimientos sociales y la Declaración de ALBA expresan preocupación frente a los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) y las instancias internacionales de arbitraje como el CIADI, que han permitido a empresas transnacionales presentar demandas multimillonarias contra Estados, por supuesto daños y perjuicios, como es el caso de las petroleras Chevron y Oxy contra Ecuador.

Se aclara que “no implica el rechazo taxativo de la Inversión Extranjera Directa, sino más bien un relacionamiento inteligente con ella”. El presidente Rafael Correa, en su discurso inaugural fue muy claro, al denunciar la actitud de diversas ONG que proclaman el cuidado de la naturaleza, convirtiendo al hombre en una aislada abstracción cuando es la esencia de la naturaleza.

La Declaración de Guayaquil apoya los movimientos sociales que incluyen la revolución agraria, con el impulso de esquemas de agroecología y comercio justo; la despatriarcalización del Estado; y la lucha contra el racismo.

ALBA con nuevos mecanismos, ha derrotado el Área de Libre Comercio para las América (ALCA). En la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, los participantes dejaron sin respaldo la propuesta del ALCA y los países del Mercosur terminaron vetando la iniciativa surgida a instancias estadounidenses. Plantea el uso generalizado y la ampliación del Sistema Unitario de Compensación Regional (Sucre), el Fondo Común de Reservas y el incremento de los programas y misiones sociales. Considera que el Sistema Interamericano de Derechos Humanos SIADH tenga su sede en América Latina y no en un país que promueve el bloqueo criminal contra el pueblo de Cuba.

El petróleo

Venezuela ha ratificado la alianza entre Petroecuador y Pdvsa, para seguir trabajando en la exploración y en la explotación de petróleo y gas. Es primordial acelerar y profundizar el proyecto de la participación de la estatal ecuatoriana en la Faja Petrolífera del Orinoco.

Venezuela propone también la construcción de la zona económica Alba-Mercosur-Petrocaribe, e incide en el fortalecimiento de la educación pública, del Sistema Unitario de Compensación Regional (Sucre), y de los mecanismos de integración como Mercosur, Unasur y la Celac. Además el relanzamiento del Banco del Alba y el impulso de los planes de alfabetización.

Otro paso es crear una moneda regional, porque en los intercambios de los países los hace vulnerables. Ecuador explica que el Sucre es un sistema de compensación para minimizar el uso de una moneda extranjera, cuya utilización entre los países conforman este bloque regional los haría menos dependientes de una moneda extranjera y potenciaría el comercio entre las naciones. “El sistema ha sido un éxito, se ha multiplicado 4 o 5 veces el nivel de intercambio a través del Sucre y obviamente tienen que integrarse los demás países del ALBA”.

Obstáculos comunes, enfoques diferentes

ALBA fue creada el 14 de diciembre de 2004. En la III Cumbre de las Américas, en Québec / Canadá, del 20 al 22 de abril de 2001, el presidente Hugo Chávez, firmó la declaración final dejando constancia que Venezuela se opuso a la propuesta del ALCA (Área de libre comercio de las Américas). Después el presidente cubano Fidel Castro y Chávez, protagonizaron la creación de las bases de lo que hoy es ALBA.

La Región percibe que los obstáculos a la integración están en La pobreza de la mayoría de la población. Las profundas desigualdades y asimetrías entre países. Intercambio desigual y condiciones inequitativas de las relaciones internacionales. El peso de una deuda impagable. La imposición de las políticas de ajuste estructural del FMI y el BM y de las rígidas reglas de la OMC que socavan las bases de apoyo social y político.

Otros obstáculos tienen que ver con el conocimiento y la tecnología que se derivan de los actuales acuerdos de propiedad intelectual y cómo enfrentar la llamada Reforma del Estado con brutales procesos de desregulación, privatización y desmontaje de las capacidades de gestión pública.

Las llamadas empresas "Gran-nacionales" en contraposición a las transnacionales, son otra característica de este grupo. Existen en sectores como pesca (Transalba), minería, transporte, telecomunicaciones (Albatel) y agricultura. También la creación de empresas como Puertos del ALBA S.A, empresa para la construcción de puertos en Cuba y Venezuela. Otra es Alba de Nicaragua S.A. (Albanisa), petrolera mixta entre Nicaragua y Venezuela.

El Banco ALBA se encarga de financiar los proyectos multinacionales de los países miembros, otorga créditos blandos y soluciona litigios de índole económica. Contó con un capital inicial de más de 1000 millones de dólares aportados por todos los participantes según su capacidad financiera. Los mayores aportes fueron hechos por Venezuela y Cuba. Su sede principal está en Caracas, aunque contará con sucursales en todos los estados miembros, la sucursal en La Habana fue inaugurada en 2008.

En enero del 2010 comenzó a ser utilizada la moneda virtual SUCRE. La primera transacción mediante el SUCRE fue la exportación de arroz venezolano a Cuba. En la XI Cumbre, se acordó que los países miembros aportarían el 1% de sus reservas internacionales para la financiación de esta entidad.

ALBA creará circuitos turísticos en torno a sus próceres y libertadores. La ruta principal o "Ruta del Libertador". ALBA-TCP en el ámbito educativo ha logrado la eliminación del analfabetismo en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, con el método de alfabetización cubano "Yo, sí puedo".

La tasa de alfabetización de Nicaragua promedio entre 2007 - 2011 fue del 78% en adultos. Mediante las "Misiones milagro" del ALBA, han recuperado la vista más de dos millones de personas de bajos recursos.

Los Juegos del ALBA es una organización de eventos deportivos, inspirados en los Juegos Olímpicos, Juegos Bolivarianos, Juegos Mediterráneos, Juegos Asiáticos, Juegos Panamericanos y entre otros, conocido también como los juegos de la amistad.

En el 2012, la XI Cumbre de los países del ALBA, se creó ECOALBA como un espacio económico común para el desarrollo. Debido a que el ALBA cuenta con más de 80 millones de habitantes y con amplios recursos naturales pasaría a convertirse en la tercera economía de América Latina.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Pequeños corazones (Cuando Lucio pregunta)

Liliana Perusini

Una lluvia dorada
de aromático polen,
derrama inocencias
en el antiguo patio
poblado de juegos.

Y bendicen los duendes,
las fantasías a escondidas,
de mi nietito Lucio
y su amiguita, Sofía.

Persiguiendo con gracia…
sus pasitos inquietos,
vuelan geniecillos traviesos,
entrelazando piruetas.

Entre rencillas y encantos,
a la imaginación acuden…
fantasmas, dinosaurios,
piratas, hadas y superhéroes.

Y las coloridas brisas
tintinean campanitas
de burbujeantes preguntas
con graciosas risitas.
¡Esas cosquillitas…
jugando en su cuerpo!.
¿Y por qué…
 le encantan los besos?
¿Y esos apretaditos abrazos
que despiertan…
el arrorró de sus sueños
en sus ojos de almendros?

Y yo…entre azoros y delicias,
voy enhebrando palabras
que colmen su corazoncito
con amorosas respuestas.

Cuando Lucio pregunta…
lo humano,
inexorable y profundo,
como un mágico espejo renace,
en sus precoces asombros.

Cuando mi nietito pregunta,
la infinita savia de la vida,
corre y corre…
simiente inacabada,
en su tierno retoño.



Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

“El Olimpo”, pero sin los dioses y otros torturadores

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Camino de Cintura y Olimpo, justo enfrene del “elo”, pero como para puente Doce. De allí, diez cuadras a la derecha. “Si las tenés bien puestas”, podés entrar a la feria del Olimpo. Veinte cuadras de todo o nada por… lo que quieras.



Allí la “onda” es llegar cerca del mediodía, porque como tienen que cerrar, antes de la una, nadie se quiere llevar la “merca” de oferta, para no quedar “pegado”.

El horario habilitado por los “servidores del desorden”, que viajan en lanchas blancas, arranca a las seis y media de la mañana de un día asignado en aquel 2001 “inolvidable” por la casualidad.. Es para madrugadores o para quienes están volviendo, como nosotros, que siempre regresamos.

Los puesteros han pagado su cuota de seguridad y cuando se van “olvidan aquello que no pudieron colocar”, por ejemplo el motor de un auto. Pero la oferta es diversa, allí Babilonia ha vuelto del pasado.

Pilchas, electrodomésticos, sanitarios, electrónica, cibernética, no te preocupes por la banda ancha o la banda elástica, las bandas allí trabajan libres. Nada de caos, porque esto no es una ciudad, se parece más a “Mad Max”, pero los volvemos a avivar para que descubran “con permiso”, lo que de otra forma no pueden mostrar.

¿Qué venimos a hacer aquí?, pensé en preguntarle al vasco, temerario si los hay, en eso de “estacionar” el Alfa gris en la villa. Menos mal que no lo hice. De la nada, un flaco de pelo corto y Rayban oscuros, con una cicatriz que lo obligaba a sonreír, lo rozó y siguió su camino.

Yo, que lo único que aprendí es a mirar con cuidado, vi pasar otro sobre marrón, “como al descuido” Me hice el “boludo”, lo que me sale bastante bien y me quedé esperando. Yon miraba “las ofertas” y balanceaba la cabeza. Nunca sabré si era impotencia, lo cierto es que la esperanza “productiva” del Olimpo, era conmovedora a la hora de pensar el futuro.

¡Ah!, si tenés problemas para llevarte una compra “los muchachos” te llevan la “merca” a domicilio. Claro que después te la tenés que aguantar, cosas del “dateo”, más rápido que un correo electrónico. ¿Hace falta agregar que todo lo que se vende viene del “achaco nacional”? “Mate y venga” dijo “robersalcorta”, musitó el vasco, exhumando un código de los ´60. Todo lo anterior me lo contó antes de bajarnos. Nos fuimos sin la sangre en el ojo. La teníamos helada.

--

El salón de la confitería del Club Temperley también es una paradoja. El histórico “Cele” tiene su espacio público pintado de rosa. Tanto para estar a tono con la incoherencia. Mucha gente, para estos tiempos, estaba estacionada en distintas mesas.

En una de ellas “el nene” cenaba o amagaba hacerlo, porque anda de dieta con el “boga” y el “ayatollah”, quien está subastando el gorro kármico al mejor postor, porque se pasó al otro bando.

Una orquesta de jazz, Temperley tiene esas delicias, ensayaba con entusiasmos dignos del Carnegie Hall. “El nene” parecía hipnotizado y encomendaba notas, deslumbrado por los sonidos.

La carne asada había logrado lo imposible, que se pusieran de acuerdo. No hay nada más conmovedor que el silencio, cuando un duelo de mandíbulas batientes, mecaniza la perfección de un Oratorio de Bach.

El guiño del “nene” fue suficiente hechizo para el vasco. Yon pasó raudo y se llevó el penúltimo sobre, como siempre oficio marrón y, además, impermeable por si las moscas. Yo, en la penumbra contraria, estaba seguro que las banderitas “rojoazulesestrelladas”, serían un nuevo dato. Pero me armé de paciencia, en tiempos donde la gente se arma de otra manera.

Yon me tocó el hombro para salir a 9 de Julio y subir al Alfa gris, sobre el que ya no pregunto nada. Una lágrima se me escapó, cuando pensé en el bife de chorizo jugoso, que dejaba a mis espaldas, pero imaginé una revancha inmediata, porque el vasco nunca da tregua.

--

“Tito” detuvo el remís 505 gris oscuro en Grigera y Vetere, Banfield. Miró pesaroso a Yon. “Tito” es un tipo “ocupado y preocupado”, pero no por las mismas razones que esgrime el ex presidente.

-¿Sabías que mataron a otros dos remiseros en Lomas?-, se peguntó más que preguntar. El vasco levantó y giró la cabeza, para que las ventanillas quedaran a nivel. “Chaco chico” ya es recuerdo.

-¿Hicieron balance?-, ironizó con la crueldad que solo se inhala en los pueblos de montaña. Los vascos suelen ser acerados e invasores, pero esa es una explicación geodemográfica.

-A uno lo “limpiaron” atrás de Tribunales (¿hacían justicia?). Estaba acompañado, “por seguridad” Lo habían llamado desde el Barrio, para hacer un viaje. El acompañante quedó herido-, Yon, impávido, se lo confirmó

-El que lo llamó trabaja en la empresa de “Emergencias”, me lo contó Ana- y la rubia con sabor a lágrima, en inglés, se me cruzó como un relámpago.

-El tipo tiene que ocultar las guardias de 24 horas, porque lo tienen vigilado y por el momento zafó-, trató de tranquilizar a “Tito”, no sé para qué, el otro seguía su propio inventario.

- Al otro le pegaron un tiro en el centro de Lomas, en la puerta de un banco. ¿Porqué los remiseros?-, seguía preguntándose. Nosotros no teníamos respuesta. Además por cada uno que muere, aparecen “nuevos voluntarios de la necesidad”. El hombre puso primera y antes de salir “arando”, añadió.

-¿Qué se puede hacer por la inseguridad?-, La incredulidad debe haber sido una buena fotocopia en nuestras caras.

--

Me fui a pensar. Caminé por la vereda despareja del espigón. El río seguía murmurando, por lo bajo. Cuatro pescadores hacían guardia al lado de la garrafa donde calentaban agua para el mate. Una caña tiritando, daba señales de muerte. Era la vida que se iba. Bagre más, bagre menos.

La voz del vasco desde la vereda opuesta, casi en la puerta de “Solanas”, me llamaba. El servicio que los hermanos “yoruguas” habían dispuesto, era alentador. Riñoncitos al jerez, mucho tabasco, con “frontera” y todo un puré de manzanas deslumbrante, en tono verde, rociado con pepermint y rodajas de lomo grillé, parecían convincentes argumentos. El “chateau vieux”, estaba a punto.

Los aviones que emergían daban un concierto apropiado. Los dos sobres oficios, impermeables, eran tentadoras incógnitas, que no me atrevía a reclamar, aunque el vasco usó la sorna, para recordarme que en las últimas semanas, “los medios” habían difundido algunos de los informes que tratamos hace meses.

El anonimato tiene precios y castigos. Las cosas se solucionaron solas. Yon me avisó que tenía que llamar a la dueña del Alfa gris, seguro que para renovar el permiso de portación de autos. Yo pensé en la mujer dorada, mientras él se alejaba y leí sólo dos “papers”.

--

“Ha comenzado la ejecución del plan final de la desaparición del primer Estado Nacional de América del Sur: ARGENTINA”-, anoté el título. Esta película ya la vi. Pensé, pero espiar puede servir.

“Plan B: “Golpe de ablande”. Si el Plan A (intervención directa de la ONU, por violencias varias) no prospera, entonces la ayuda financiera será parcial y se seguirá asfixiando la economía local, hasta provocar una segunda intervención.

En definitiva para la Argentina el plan prevé su desmembramiento en varias regiones que al principio funcionarían como Protectorados: NOA, Cuyo, Mesopotamia, Patagonia y Región Pampeana”.

Hipótesis II. Defendida por algunos funcionarios de la Casa Blanca. Hacer todo el plan desde la presión sobre el actual gobierno, el cual es lo suficientemente débil.

Internacionalmente, la oposición más firme es la de Cardozo (pero se va dentro de poco). “El gobierno de Brasil, sabe que si cae la Argentina, arrastra inmediatamente a Uruguay. Uno de los grandes objetivos de EE.UU., es el control total sobre la Amazonia, dado que si logra el control, podrá asegurarse la energía y su pulmón ecológico, sin la urgencia de disminuir su propia actividad industrial contaminante.”

¿Esto explica la morosidad del Fondo y la histeria de la historia electoral? No sé para qué me pregunto si tengo el otro sobre a mi alcance. Me parece conocido pero vamos a chusmear.

--

“Debe tenerse en cuenta, entre otras cosas, que entre los principales asesores de las empresas norteamericanas que pujan contra sus colegas rusas y de la Unión Europea, por los gasoductos de Afganistán y los recursos petroleros de Irak, figuran George Bush padre y Henry Kissinger.

Este es uno de los principales teóricos de la nueva doctrina militar de los Estados Unidos, para la cual el enfrenamiento entre Occidente y el Islam, es la principal hipótesis de conflicto bélico para las primeras décadas de este siglo”.

¿Será el aviso previo antes de las elecciones de noviembre en EE.UU., la mejor forma de ganar el Congreso y legalizar la impunidad?

“Sucedió que el establishment mundial reaccionó con las herramientas del pasado inmediato en el que los contenciosos políticos y militares, funcionaban a partir de naciones-estados, sin darse cuenta que el enemigo estaba en casa, que el enemigo es el mismo poder económico y financiero que lo sustenta, que le paga y que, hasta ahora, lo necesita para vivir.

Todo indica que el corporativismo financiero global decidió hacerse cargo de la situación, sin la intermediación de instituciones políticas del pasado.

La consigna de estos tiempos de principios de siglo, parece ser todo el poder a los bancos, aunque al viejo establishment le resultó más fácil no pensar y gracias a la CNN, crear nuevas brujas y nuevas inquisiciones.

Resulta más fácil echarle la culpa al mundo islámico, al nuevo Satán, que pensar hacia donde ha derivado este orden internacional injusto y todo porque si se animan a pensar en ello, no verán otra alternativa que modificarlo y eso no les conviene. Los que braman contra el terrorismo, son los que viven de los verdaderos terroristas”.

--

Cartón lleno, el panorama era demasiado “flu”. Hay que dar vuelta la página o mirar televisión, total es lo mismo. Esta historia-cuento es del 2001 y se aceptan las casualidades.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Cine clásico: Tiempos modernos, de Charles Chaplin

Tiempos modernos es un largometraje de 1936 dirigido, escrito y protagonizado por el célebre actor Charles Chaplin. La película constituye un retrato de las condiciones desesperadas de un empleado que en la clase obrera tuvo que soportar en la época de la Gran depresión, condiciones promovidas, en la visión dada por la película, por la eficiencia de la industrialización y la producción en cadena. En la película también intervienen Paulette Goddard, Henry Bergman, Stanley Sandford y Chester Conklin. La película muestra escenas de corte futurista de la factoría en la que trabaja Charlot que podrían haber sido influenciadas por el film Metrópolis de Fritz Lang.



Descripción

Tiempos modernos fue un filme a caballo entre el cine mudo y sonoro, a veces considerado como la última película muda de la historia. Se incluyeron algunos efectos sonoros en la película, como música, cantantes y voces provenientes de radios y altavoces así como la sonorización de la actividad de las máquinas. Al final del film puede escucharse brevemente la voz de Charles Chaplin, que canta una versión de la canción de Léo Daniderff, Je cherche après Titine, pero con una letra sin sentido, conocida como "Charabia", cuyos sonidos tratan de asemejarse a una mezcla de francés e italiano, con alguna palabra reconocible en inglés.

Considerado como un ejemplo de filme de crítica social, el mismo Chaplin negó la relevancia que muchos han querido darle a su trabajo en este largometraje. Es un filme que mezcla la realidad para tomarla con un poco de humor.

Argumento

Extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje, un obrero metalúrgico que trabaja apretando tuercas acaba perdiendo la razón. Después de recuperarse en un hospital, sale y es encarcelado por participar en una manifestación en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín, gracias a lo cual queda en libertad. Una vez fuera, reemprende la lucha por la supervivencia en compañía de una joven huérfana a la que conoce en la calle.

Ver la película completa aquí:


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Dos cuentos cortos

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

1. Cuento de Hadas: “La araña peluda, una bicha bien buena”

Érase una vez un muchachito pescador, un poquito maleducado pero a él le gustaba mucho trabajar y, aunque muy flacuchento, era osado y embustero llegado el caso que se justificara.



A la sazón entonces en su remota infancia él se puso a jugar encima del tren y bajo la borda del bote, con una arañita peluda bien buena, a la que había embaucado y llevado ahí, hasta que ella lo picó sin remedio; mas, ¿para qué remedio si era un veneno inocuo?

Él siempre esperaba lo oscurito para ir a jugar al escondido con la arañita tan bonita, en el lugar secreto, hasta que una bruja chismosa de esas que merecen cortarle el pescuezo y después enseñárselo, dio el pitazo y, más vale que no, se levantó un zafarrancho de mil diablos rayos y truenos hasta que la arañita desapareció por siempre, ya que su irresponsable y malvada familia la envió a otro planeta, donde según supe, que de todas todas le fue muy bien y para siempre.

El otrora muchachito -ahora anciano y medio atarantado- no lloraba nunca (en público) pero de vez en cuando jipeaba cuando el recuerdo lo asaltaba y para disipar, él iba a la rokola de Bejarano a poner discos de Pedro Infante hasta que entendió que un clavo sacaba otro clavo; desde entonces mucha agua ha pasado bajo el puente del río del tiempo y todo florece para unos y para otros, en sana alegría y felicidad.

A ese carajito le dieron una buena paliza entre varios alacranes, gusanos y demás alimañas del bosque pero con el tiempo ellos se hicieron panadería y hasta se reían del asunto.

Bueno, antes de decir ¡colorín colorao!, es de advertir que más vale una araña con pelo pero hay excepciones de la historia, y es que el Generalísimo Francisco de Miranda, gustaba de jugar con arañas peludas y hasta les ponía nombres, pero, a cada una les quitaba un pelito y lo guardaba en un cofre donde según las malas lenguas tuvo una enorme colección; a muchas les puso el nombre de catalina e inclusive grande o pequeña, a una que era grandota le quitó un crespo bien bueno y lo perfumó antes de guardarlo.

¡Colorín colorao, este cuento se ha acabao!

Bueno, ahora al grano:

A propósito de la invasión de las arañas, “más vale araña en mano que cien volando” (porque de que vuelan, vuelan, vuelan como una mariposa y pican como una avispa; aunque inocuas, son poderosas).
___________

2. Ricky Martin, no digas que me amas siendo embuste, pero sí eso es verdad, viceversa, ya que amor con amor se paga

Hubo un deliberado impase comunicacional más -para variar- orquestado y tuireado (de tuirear, aunque argunos mar ablados dicen tuitear -[ twitter]-) por la recontra ultramontana camarilla de sinvergüenzas escuálidos, tal que trascendió allende fronteras y engañó a muchos, entre ellos al famoso actor del canto Ricky Martín, de Puerto Rico.

Éste al parecer confundido dijo algunas necedades que, al saberlas, Maduro retrucó, valga que le leyó la cartilla al destacado artista y cuya respuesta no se hizo esperar, de manera favorable: Subsanado el impase.

“Te amo, Venezuela” -dijo al parecer, y tanto pudo ser así que Maduro, al unísono, le correspondió con que “Te amo, Puerto Rico”-; y, puesto que yo también soy parte de Venezuela, algo me corresponde decir tanto a quien ofenda a mi patria como al que le tribute una sencilla expresión de cariño porque soy corresponsable, por dictamen constitucional, de la defensa patria.

Bueno, pero al grano:

Ese muchacho, el tal Ricky Martin es a mi modo de ver, valiente, lo que no es Capriles, que aquí nació; mientras Ricky Martín dice al menos de palabra, amar a Venezuela, Capriles la odia de hecho, lo que es contrastable.

Comparando a Ricky Capriles con Ricky Martín, respecto al caso que ocupa, tú puedes ver de anteojitos, al menos, un valor sobresaliente característico de las personas muy inteligentes: capacidad y determinación de rectificar, algo que no se compra en la botica, en ese muchacho puertorriqueño.

Ignoro si el Martin es escuálido o patriota puertorriqueño, eso no viene al caso, lo importante es que es capaz de rectificar una percepción errónea y eso basta para admirarlo; en cambio, Capriles, tamaño irresponsable, no es capaz de hacerlo y ni siquiera es capaz de salir a la esquina sin careta, ¡bah!

Ricky Martin, ¡ok!, no digas que me quieres siendo embuste, pero si eso es verdad, yo también te quiero, porque amor con amor se paga.

Sí dices que amas a Venezuela me amas a mí también, y como Venezuela ama a Puerto Rico, tiene que amarte a ti.

[Ojalá Ricky -el bueno- saque una cancioncita bien chévere dedicada a la integración latinoamericana, como hacen los muchachos de “Calle Doce (más uno)”].

Otan: Ah, soy malhablado pero no malpensado.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La hija

Cecilia Ferreiroa (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En el asiento de al lado se sentó una mujer. Me preguntó si estaba ocupado y después se dejó caer pesadamente. Casi se tiró. Me había hecho a la idea de viajar sola y tener alguien sentado al lado me molestó. Tenía la sensación de que su presencia interferiría en mis pensamientos. La mujer me sonrió y me dijo que nos esperaba un viaje largo. Me di cuenta de que buscaba entablar una conversación y le dije que no era tan largo, que siempre pasa más rápido de lo que uno piensa. Buscaba disuadirla pero eso produjo el efecto contrario. Me contó que tenía dos hijos. Un hijo y una hija.



Su hija tenía mucho carácter, mucha personalidad. Por su tono de voz parecía tener la parte mala de la personalidad, el mal humor pero no la sonrisa, el empacamiento pero no el reconocimiento. Dijo que era muy testaruda, que buscaba obtener siempre lo que quería. Su hijo, en cambio, era una dulzura. No traía tantos problemas.

Hacía unos días la hija le había dicho que había perdido la remera del colegio. Pero ella sabía que no era verdad. Movió la cabeza para los lados y se quedó moviéndola un rato. Después, bajando la voz, me dijo: yo sé que lo hizo a propósito, la perdió a propósito. No me imaginaba cómo alguien podía perder algo a propósito. El problema era que la remera era bastante suelta. Pero no era suelta, me aclaró, era su talle, lo que pasaba es que su hija quería usarla muy ajustada al cuerpo. Y mi hija tiene…, dijo, y puso las manos delante de sus pechos. No pude evitar mirarla a ella y a sus pechos enormes. La hija tenía a quién salir. En seguida me contó que todas las compañeritas de la escuela iban igual, mostrando el cuerpo, con ropas dos talles más chica. Por lo visto era una cuestión generacional. La nena estaba desesperada por que la madre le comprara la remera para ir a la escuela, pero ella se resistía a comprarle el talle que la hija le pedía. En un momento sacó de su cartera un papelito y me lo dio. Lo leí:

Mamá acordate de la remera, la necesito URGENTE!
Talle 12 (doce), color azul marino.
Te amo

Cuando terminé de leer me dijo: para esas cosas me ama. Y sonrió. Me quedé pensando en el cuidado con el que la chica había puesto el número del talle, como si su madre fuera tarada. Le devolví el papel. Se veía que su hija cuando quería algo luchaba hasta conseguirlo.

El problema es que es muy parecida a mí. Yo soy igual. En cambio, Líam no se parece en nada a mí, por suerte tampoco se parece a su padre. Largó una carcajada suave. Me pareció que algo de razón tenía. A veces el parecido era un problema en las relaciones. Algo así me había pasado una vez. Tenía una amiga que era muy parecida a mí. El problema es que nos enojaban las mismas cosas, nos empacábamos de la misma manera. Y por momentos parecía no haber salida a los embrollos estúpidos en los que caíamos. Éramos como un eco de la otra. Cuando discutíamos parecíamos esos muñequitos que caminan y que cuando se topan con un obstáculo se echan para atrás y vuelven a ir hacia adelante para chocar otra vez, y otra. Terminamos cansándonos una de la otra. Lo espantoso era cómo me hacía verme a mí misma, con todas mis imposibilidades, que eran también las de ella.

Este último tiempo está terrible conmigo, continuó, me está dando un trabajo enorme. El otro día dijo que se iba a ir de la casa y que no nos iba a decir adónde, que solamente recibiría comida. Líam, que le tiene mucha paciencia, le dijo tranquilamente que iba a tener que decirnos dónde estaba si quería que le mandásemos comida. Por suerte Líam no la toma en serio. Pero ella es el doble de grande que él y es muy fuerte. Cuando se pelean ella lo destroza. Además pelea con una furia que él no tiene. Líam es muy pequeño al lado de ella, a pesar de que es dos años mayor. Todo el mundo piensa que es el hermano menor y eso es terrible para él. Le da mucha vergüenza. En cambio, para su hija era un triunfo. La veía disfrutar cuando alguien caía en esa confusión; sonreía, se burlaba de él. A veces pienso que ella aprovecha su superioridad física para atormentarlo y para obtener cosas de él. Después de decir eso se quedó en silencio. Su silencio no era ameno. Era más que una simple pausa en el hilo de la conversación, más que una interrupción para recordar o pensar algo. Estaba en silencio como ante un árbol que sale volando. Como alguien que vio más de lo recomendable. Quise decir algo para sacarle gravedad al asunto, pero no se me ocurrió nada. La actitud de su hija le parecía especialmente dolorosa. Parecía que veía ahí algo irreversible en relación con lo que era y lo que sería en la vida.

Ella no se había permitido tanto con su madre, no le llevaba tanto la contra, ni le hacía escenas horribles. Su hija le gritaba como una loca, con una furia insaciable. No entendía por qué, si su hija se parecía tanto a ella, no se comportaba como ella se había comportado con su madre. En ese punto le molestaba que el reflejo distorsionara su imagen.

Lo que más la asombraba de su hija era la transformación que se producía en ella, en su cara, cuando se enojaba. Se ponía toda colorada, la cara se le hinchaba o parecía hinchársele. Esa furia monstruosa, pensaba, estaba en ella en todo momento, contenida. En su cuerpo relajado, en su sonrisa, siempre estaba esa transformación como una posibilidad. Y ella no podía dejar de verla. Su hija no era mala en el fondo, me dijo con voz triste, era una buena chica pero tenía un carácter terrible. No sé de dónde le viene tanta furia, dijo con una sonrisa tensa. Líam no era así en ningún momento, incluso cuando se enojaba lo hacía dulcemente. En él nada de esa furia era posible.

Giré mi cabeza hacia la ventanilla. Me puse a mirar el paisaje. Por un rato la mujer se calló. El paisaje era monótono pero tenía algo suave. Se extendía francamente en todas direcciones mostrando el horizonte. Eso contrastaba con lo enrevesado de los árboles. Las ramas crecían tortuosas, como si ese suelo tan llano y simple contuviera algo terrible.

La mujer volvió a hablarme. Tenía que hacer un viaje al extranjero por unos días y la hija iba a quedarse con una amiga. Estaba segura de que se portaría bien, que no le haría las escenas que le hacía a ella. Me dio curiosidad saber dónde quedaría su hijo, pero preferí no preguntar.

Estábamos por llegar. Me di cuenta de que estaba impaciente. Tenía muchas cosas que hacer y quería ponerme a hacerlas. De pronto, quería sumergirme de lleno en las obligaciones, en los trámites.

Líam no iba a ir con su amiga, se iba a quedar solo en la casa. Ya tenía 15 años y era suficientemente responsable. Además una vecina iba a estar atenta esos días que ella no estuviera. Se encargaría de despertarlo. Él no podía despertarse a la mañana. Dormía con absoluta entrega. Quizás eso también le parecía un rasgo adorable de su hijo.

Él le había preguntado por qué lo dejaba quedarse en la casa y a su hermana no. Ella le dijo que sabía que su hermana no iba a hacerle caso, que se pelearían y que sería ingobernable. También le dijo que confiaba en él. Líam estaba muy orgulloso por eso. En un momento le dijo: gracias, mamá, por confiar en mí.

La noche anterior no había dormido bien. Durante la cena la hija había estado fatal. Lo que había desencadenado su furia era que no podría ir a una fiesta. La fiesta era el viernes y ella iba a viajar el jueves a la noche. El viernes ya no estaría acá y no quería que su amiga se ocupara de eso. La hija estaba desesperada. Había estado tratando de convencerla toda la semana de que la dejara ir, pero ella había permanecido firme. No podía ir a esa fiesta. Esa noche se lo dijo bien clarito. La hija había empezado a gritar, a decir que se iría de la casa, que no quería verla nunca más. Estaba toda colorada y al hablar escupía saliva. Tenía los ojos inyectados en sangre. Se había levantado con furia de su asiento y le dijo que no quería vivir con ella, que se iba a vivir con su papá, que no quería ser su hija, que su papá sí la quería. Le dijo a los gritos que la odiaba, que la odiaba con toda su alma. La mujer se quedó en silencio otra vez. Después me dijo: yo sentí mucha rabia y sentí muchas ganas de poder decirle lo mismo, que yo también la odiaba.

Las casas empezaban a aparecer. La ciudad comenzaba. Me levanté de mi asiento abruptamente y le dije que tenía que bajarme. Se levantó para dejarme pasar. Nos saludamos amablemente y le deseé suerte. Ella me respondió con una sonrisa ausente.

Este cuento fue premiado en el Concurso Itaú de cuento digital, Argentina, 2012, y publicado en una antología digital.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Música: De la década del 70, los grandes del rock pesado, Led Zeppelin

Led Zeppelin fue un grupo británico de rock, considerado uno de los mejores grupos musicales de la historia. Fue fundado en 1968 por el guitarrista Jimmy Page, quien había pertenecido a The Yardbirds, al incluir en su formación a John Paul Jones como bajista y teclista (al que Page conocía de trabajos anteriores con The Yardbirds), al vocalista Robert Plant y a John Bonham a la batería (que había coincidido con Plant en The Band of Joy).



Led Zeppelin presentó elementos de un amplio espectro de influencias, como el blues, el rock and roll, el soul, la música celta, la música india, el folk, e incluso el country.

Más de treinta años después de la disgregación de la banda en 1980, la música de Led Zeppelin continúa vendiéndose, disfruta de una amplia difusión radiofónica, y ha demostrado ser una de las bandas más influyentes en la música rock. Hasta la fecha, ha vendido más de 300 millones de álbumes en el mundo, incluidos 111 millones sólo en los Estados Unidos, y es la segunda banda con más discos de diamante (otorgados cada diez millones de ventas en EE. UU.) de la historia de la música, solo por debajo de The Beatles. Los discos con esta certificación son: Led Zeppelin IV (23 millones), Physical Graffiti (15 millones), Led Zeppelin II (12 millones), Houses of the Holy (11 millones) y Box Set (10 millones). En 2004, la revista Rolling Stone los clasificó en el número catorce en su lista de los «100 artistas más grandes de todos los tiempos».

Led Zeppelin y el ocultismo

Muchos de los mitos de la banda que se mantienen hasta la actualidad son los rumores acerca de que practicaba magia negra y que en los temas "Dazed & Confused", "Whole Lotta Love", "The Battle of Evermore", "Stairway to Heaven", "Four Sticks", "No Quarter" y "Kashmir" aparecían mensajes satánicos ya que por entonces los alucinógenos y movimientos eran del todo psicodélicos e innovadores.

La controversia más famosa está relacionada con "Stairway to Heaven", ya que han sido bastantes personas quienes aseguran haber percibido mensajes satánicos («Here's to my sweet satan» / «Aquí está mi dulce Satanás») reproduciendo la canción al revés, cosa que siempre ha sido negada por la banda. Otra de las canciones que contienen mensajes de carácter satánico es «Dazed and Confused».

Otra pista obtenida de posible mensaje subliminal remonta al nombre de la banda, dado que si lo modificamos un poco podemos obtener Eddo Zeppelion. Eddo Zeppelion es un ritual practicado por Aleister Crowley y muy popular en la magia negra. Page siempre estuvo interesado en la vida y obra de este atípico personaje, llegando a adquirir la mansión de veraneo de éste, curiosamente en la que murió Bonham. Cabe también destacar que al final del disco Led Zeppelin III puede escucharse una famosa cita de Crowley, que dice: «Haz lo que tú quieras, será toda Ley».

Discografía

Su larga producción comprende los siguientes álbumes:

• Led Zeppelin (1969)
• Led Zeppelin II (1969)
• Led Zeppelin III (1970)
• Led Zeppelin IV (1971)
• Houses of the Holy (1973)
• Physical Graffiti (1975)
• Presence (1976)
• In Through the Out Door (1979)
• Coda (1982)

Dejamos aquí algunos de sus más famosos éxitos, todos en grabaciones en vivo:

1. Black dog

2. Immigrant song

3. Whole lotta love


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

La despedida

Friedrich Hölderlin

Versión de Helena Araújo

¿Queríamos separarnos? ¿Era lo justo y lo sabio?
¿Por qué nos asustaría la decisión como si fuéramos
a cometer un crimen?
¡Ah! poco nos conocemos,
pues un dios manda en nosotros.

¿Traicionar a ese dios? ¿Al que primero nos infundió
el sentido y nos infundió la vida, al animador,
al genio tutelar de nuestro amor?
Eso, eso yo no lo hubiera permitido.

Pero el mundo se inventa otra carencia,
otro deber de honor, otro derecho, y la costumbre
nos va gastando el alma
día tras día disimuladamente.

Bien sabía yo que como el miedo monstruoso y arraigado
separa a los dioses y a los hombres,
el corazón de los amantes, para expiarlo,
debe ofrendar su sangre y perecer.

¡Déjame callar! Y desde ahora, nunca me obligues a
contemplar
este suplicio, así podré marchar en paz
hacia la soledad,
¡y que este adiós aún nos pertenezca!

Ofréceme tú misma el cáliz, beba yo tanto
del sagrado filtro, tanto contigo de la poción letea,
que lo olvidemos todo
¡amor y odio!

Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo
vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá
desangrado
entonces, y apacibles
como bienaventurados

nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro
conversando,
divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del
adiós
rescate nuestras almas del olvido
y dé calor a nuestro corazón.

Entonces volveré a mirarte sorprendido, escuchando
como otrora
el dulce canto, las voces, los acordes del laúd,
y más allá del arroyo la azucena dorada
exhalará hacia nosotros su fragancia.



Friedrich Hölderlin fue poeta, novelista y dramaturgo alemán nacido en Lauffen am Neckar, Württemberg, en 1770. Al terminar estudios primarios en Denkendorf ingresó a la Universidad de Tübingen donde obtuvo el Master en Teología. En 1793 publicó sus primeros poemas con la ayuda de Friedrich von Schiller quien además fue su amigo y protector. Fue traductor de Sófocles y Píndaro y autor de una valiosa obra poética y dramática que lo convirtió en el más grande representante del romanticismo alemán. Después de sostener un romance con la esposa de un rico banquero, Susette Gontard, inspiradora de sus "Poemas a Diotima", se radicó en Hamburgo donde produjo una parte importante de su obra, de la que se destaca su novela "Hyperión" y la colección de poemas "La esperanza". A partir de 1802, aquejado por los primeros síntomas de una grave esquizofrenia, regresó a Tübingen y vivió hasta su muerte protegido en la casa de un carpintero. Falleció en junio de 1843.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

Sangre y arena

Marcelo Colussi (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Comenzaron probando marihuana. Luego pasaron al éxtasis; después buscaron algo más fuerte y terminaron haciéndose cocainómanos. Ya tenían más de dos años de consumir, y la dependencia era cada vez más fuerte. El dinero semanal que les pasaba su padre y la venta de cuanto podían rapiñar de su casa no alcanzaba. Debían buscar otra cosa.

Fue así que les surgió la idea: un secuestro.



Pero, claro… no cualquier secuestro. Eso era muy peligroso y a tanto no se atrevían. José Francisco del Corazón de Jesús y Juan Antonio de Nuestra Señora de Fátima Palacios Urdaneta de Lucientes Fuenmayor, hijos del barón de Palacios Urdaneta -“último bastión del franquismo”, como gustaba presentarse- optaron por el secuestro… de una perrita.

Los dos hermanos -gemelos univitelinos, por tanto absolutamente idénticos-, de 18 años, criados en la abundancia y prontos a entrar a la universidad, habían conocido el consumo de las drogas más por hastío que por otra cosa, y ahora no sabían cómo salir. Secuestrar esa perrita que veían pasar todos los días por la puerta de su casa en el aristocrático barrio Salamanca de su Madrid natal les pareció una buena idea para obtener recursos frescos.

Casi todas las mañanas Juan Arriola, el más popular y encantador torero a la moda del católico reino de España, siempre con mención de pie, oreja y rabo en los más prestigiosos ruedos, sacaba a pasear su mascota, la perrita “Betty”, por las calles de Salamanca donde tenía su mansión. Estaba en su mejor momento como matador, y su fama se expandía por fuera del territorio nacional. Juan Arriola, “Juanito”, era uno de los toreros que había cosechado más éxito en las corridas españolas de todos los tiempos. En estos momentos su popularidad se había potenciado más aún con la propaganda televisiva en que aparecía: comida para perros.

Vestido con su más lujoso traje, y entre algunas escenas de sus mejores corridas, “Juanito” aparecía con su perrita “Betty” propagandizando una nueva fórmula de alimento canino de origen estadounidense. Quién sabe si por torpeza, por descuido, porque fue realizado por algún técnico norteamericano desconocedor de la cultura española o porque se trataba de un intencionado chiste macabro, el corto finalizaba con un enternecedor “Juanito” con su perrita en brazos llamando a “cuidar los animalitos”.

Las reacciones al comercial fueron tan numerosas como variadas. Desde indignación hasta burla, desde sorpresa hasta incomprensión. Los grupos ecologistas fueron los que elevaron más enérgicamente sus voces de protesta.

Arriola había comenzado su pasión por los toros trabajando en la ganadería del barón don Diego Palacios Urdaneta. Ya a los doce años se le veía su pasta para el oficio. Don Diego, conocedor como pocos del mundo taurino, vio en el jovencito una interesante veta para explotar. Y de hecho, la explotó. Fue el barón quien lo estimuló para que se metiera de lleno en ese mundillo. “Juanito” estuvo a la altura de las circunstancias. Ya a los dieciocho años era un consumado matador.

Se desarrolló entre ellos una especial amistad. Había diferencias, y el barón se encargaba de marcarlas continuamente. El torero siempre trataba al propietario ganadero de “usted”, con respeto ceremonial. Don Diego, por el contrario, seguía tratando a Arriola como su empleado, tuteándolo. De todos modos, se había establecido entre ambos un equilibrio casi imposible de deshacer. “Juanito” sólo lidiaba con toros de la ganadería “La Providencia”, del barón Palacios Urdaneta. Ahora que era ya un consagrado, se daba el lujo de exigir sólo animales de su ex patrón, incluso las veces que se presentaba fuera de Madrid, hasta en México o en Perú. Eso, obviamente, levantaba las ganancias de don Diego. Y éste se encargaba de patrocinar a “su” torero continuamente. De ahí que se necesitaban uno a otro, se estimaban, se buscaban.

Si bien la fortuna que había logrado amasar “Juanito” en pocos años quintuplicaba la del barón Palacios Urdaneta, aún así él seguía sintiendo un hondo respeto por su ex patrón; más que respeto, una mezcla de temor y reverencia eterna. Don Diego lo sabía, y se aprovechaba de la situación. A su modo, lo apreciaba. Veía en él a un joven honesto al que no se le habían subido los humos a la cabeza. Le hubiera gustado que sus hijos menores, los gemelos, fueran así: algo más humildes, menos despreciativos. De todos modos, y salvando las distancias insalvables en términos culturales que había entre uno y otro, el aristócrata trataba con dulzura al torero. Había sido don Diego quien le recomendó comprar esa mansión en el barrio Salamanca, donde eran vecinos. Y ahora estaba pensando seriamente proponerlo como un discípulo más para el Opus Dei, del que era connotado miembro desde hacía años.

Los hermanos José Francisco y Juan Antonio, a quienes no interesaba mayormente la tauromaquia, habían trazado minuciosamente su plan. Una mañana cualquiera -decidieron que fuera el próximo jueves, sabiendo que “Juanito” iba a salir a caminar con seguridad ese día- deberían separarse encargándose cada uno de una tarea. José Francisco saldría a pasear su perro, un pastor alemán enorme, justamente a la misma hora en que lo haría el torero con su mascota. La estrategia consistía en lograr que su perro intentara atacar a “Betty”, o al menos que la provocara mucho ladrándole. Había que buscar que la pobre perra se aterrorizara, lo mismo que su dueño. Y ante el desconcierto, hacer que la soltara. Así, la perrita correría desesperada huyendo del pastor alemán. Ante todo ese desconcierto, “casualmente” pasaría por la escena Juan Antonio con un automóvil conseguido para la ocasión, prestado por otro amigo. Presuroso, debía tomarla casi sin dejar verse él, y huir. De tal manera, si bien quedaba claro que se trataba de un robo -al que luego se podría hacer saber que era un secuestro- los hermanos Palacios Urdaneta de Lucientes Fuenmayor no levantaban la menor sospecha. Al contrario, uno de ellos hasta incluso había tratado de impedir la situación.

La operación se hizo como estaba prevista, y la perrita “Betty” terminó en mano de sus secuestradores. Pedirían 100.000 euros de rescate. Pensaban que esa suma sin dudas la dispondría “Juanito”, y con eso alcanzaba abundantemente para buen tiempo.

Cuando Arriola contó que había recibido una llamada pidiendo un rescate a don Diego, sintió algo de vergüenza. Le parecía algo poco serio. Hasta pensaba que correspondería pedir dinero por un toro de lidia, ¡un verdadero animal! Pero no por una tierna perrita inofensiva. Además, le caía muy mal que fuera su bolsillo el perjudicado.

“Betty”, tal como lo tenían previsto, fue dejada unos días en casa de un amigo común de los gemelos. “Juanito” lo consultó con el barón Palacios Urdaneta. Este le sugirió dar parte a la policía. Le parecía al mismo tiempo truculento y simpático pensar en un secuestro de un tierno animalito. Hasta llegó a ponderar la idea como algo original.

Avisada que fuera, la policía actuó. No sin cierta ingenuidad en el momento de ir a buscar el dinero que se había pactado, ambos hermanos fueron detenidos. A los pocos minutos el padre y el torero sabían ya quiénes eran los captores. Y también los medios de comunicación, que vieron en ese hecho algo de gran impacto que podía vender mucho por lo que, en un santiamén, la noticia se divulgaba por todo el país.

La madre de los gemelos, María Pilar de Lucientes Fuenmayor, baronesa de Palacios Urdaneta, entró en un ataque nervioso al saber la noticia por el que tuvo que ser hospitalizada. El padre, don Diego, lo primero -y casi lo único- que pensó fue en su reputación, en su imagen social. ¡Eso no podía ser, no podía suceder!

Al día siguiente del secuestro, “Juanito” aparecía en varios canales protestando amargamente por esta “violación a los derechos de un inocente animalillo” como su perrita. El, que lo único que hacía era preocuparse por el buen estado de estas mascotas -y recordaba repetidamente su comercial- no se merecía un ataque así. El, según decía, alguien que jamás hubiera pensado en maltratar un animalito hogareño… no podía soportar este ataque.

La opinión pública inmediatamente tomó posición. Hubo todo tipo de comentarios, críticas, sarcasmos, ataques, improperios. Lo cierto es que nadie dejó de mencionar el caso. De un día para otro, la noticia había tomado tal trascendencia que hasta implicancias políticas logró tener. De hecho un grupo medioambientalista amenazó con comenzar una huelga de hambre para pedir que se terminaran las corridas de toros.

Luego de toda una noche de deliberaciones, con mucho café y cigarrillos y muchísima tensión, en la que se encerraron el barón, el torero, el Ministro del Interior, el jefe de policía de Madrid y dos altos personajes de la Obra -uno de ellos, un obispo-, se decidió la estrategia a seguir. Juan Arriola, en realidad, nunca lo aceptó de buen grado. No se sabe con exactitud qué presiones se habrán ejercido para que terminara cediendo. Lo cierto es que lo hizo.

El secuestro fue presentado públicamente como una maniobra de dos jóvenes con preocupaciones ambientalistas que exigían en forma desesperada -de ahí el hecho “irregular”, como se le dio en llamar- se terminara con la práctica de la lidia de toros. La noticia hasta pasó por algo políticamente correcto, bien intencionado, y la imagen de los jóvenes salió bien parada. El comunicado que se hizo circular a la prensa, supuestamente la declaración del grupo ecologista en que militaban los gemelos, parece que fue redactado por el mismo don Diego. Decía así:

“Su Santidad, el santo padre Juan Pablo II, haciendo un exhaustivo estudio de la Biblia nos dice que «el hombre, salido de las manos de Dios, resulta solidario con todos los seres vivientes, como aparece en los salmos 103 y 104, donde no se hace distinción entre los hombres y los animales». Es por eso que, retomando una bula del papa Pío V de 1567 en donde se «condenan estos espectáculos torpes y cruentos», y en el espíritu de lo ratificado en 1920 por el secretario del Estado Vaticano, cardenal Gasparri, en relación a esa antigua bula papal, hizo saber una vez más que «la iglesia continúa condenando en alta voz, tal como lo hiciera el papa Pío V, estos sangrientos y vergonzosos espectáculos» que son las corridas de toros.

En ese espíritu de amor por los animales y de respeto a todo ser vivo, por tanto contrarios al aborto así como a la pena de muerte y a la eutanasia, fieles a la opinión vertida por la UNESCO en el año 1980, donde se considera que «La tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público y según unas reglas. Traumatiza a los niños y a los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la ciencia y la cultura», procedimos a desarrollar este acto de justicia que, si bien sabemos puede estar reñido con las leyes terrenas, pretende llamar la atención sobre una circunstancia poco feliz que aún perdura en nuestro país: las corridas de toros.

De tal modo, aunque sabemos que estamos molestando la serenidad de este santo varón que es el afamado torero don Juan Arriola, más conocido como “Juanito”, nos permitimos este acto que esperamos pueda ser considerado como una «osada travesura con fines superiores» y no más que ello, para hacer tomar conciencia a nuestra población sobre la brutalidad en juego.

¿Quién dijo que los toros no sufren? Como cualquier animal cefalizado y con un sistema nervioso central, sí sienten: si vemos a una mosca posarse sobre el lomo de un toro, apenas la percibe éste trata de espantarla. ¿Cómo no sentirá un toro la puya, las banderillas o la espada? ¿O acaso el toro se orina y defeca en la corrida porque le da pánico escénico?

Por todo lo anterior, entonces, pedimos el cese inmediato de estas prácticas despiadadas y contrarias a los designios del Altísimo.”

Nadie lo creyó abiertamente, pero tampoco nadie se atrevió a desmentir la versión oficial en forma categórica. Lo cierto es que la perrita “Betty” regresó a manos de su dueño sin el pago de ningún rescate. Los gemelos Palacios Urdaneta salieron a estudiar fuera de España (aunque, según se dice por ahí, están en una clínica de recuperación para drogodependientes en Suiza). Y Juan Arriola, a su pesar según comentarios de allegados, dejó los ruedos. Ahora es un defensor a ultranza de los derechos animales. En estos momentos está empeñado en una campaña internacional para la protección del oso panda.

La ganadería de don Diego, olvidábamos decir para terminar, no cerró. Por el contrario, en estos momentos está planificando la apertura de un filial en México, asociada con capitales de cubanos en el exilio.

Este cuento obtuvo mención especial en el Concurso Hemingway, edición 2011, y fue publicado en francés y en español.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.