jueves, 12 de septiembre de 2013

Con motivo del 15° aniversario de la detención de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos: Cintas amarillas por los 5

Alejandro Perdomo (Desde La Habana, Cuba. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Llenemos de cintas amarillas a los 5 Hermanos
Llenemos de cintas amarillas al mundo entero,
Llenemos de cintas doradas el alma plena,
Llenemos de amor y bondad la Palma Real,
Llenemos de solidaridad la causa hermana,
Llenemos de entusiasmo las calles viejas,
Llenemos de libertad las injustas rejas,
Llenemos de ilusión a las familias que lloran,
Llenemos de vergüenza amarilla a la casa pálida,
Llenemos 15 años de dolor con cintas de amor,
Llenemos de esperanza a la vida humana,
Llenemos de libertad a los 5 hermanos.



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Don Quijote de la Mancha (fragmento)

Miguel de Cervantes Saavedra



Lectura comentada (Agustín Redondo)

CAPÍTULO XX
Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre

Apenas la blanca aurora había dado lugar a que el luciente Febo con el ardor de sus calientes rayos las líquidas perlas de sus cabellos de oro enjugase, cuando don Quijote, sacudiendo la pereza de sus miembros, se puso en pie y llamó a su escudero Sancho, que aún todavía roncaba; lo cual visto por don Quijote, antes que le despertase, le dijo:

-¡Oh tú, bienaventurado sobre cuántos viven sobre la haz de la tierra, pues sin tener invidia ni ser invidiado duermes con sosegado espíritu, ni te persiguen encantadores ni sobresaltan encantamentos! Duermes, digo otra vez, y lo diré otras ciento, sin que te tengan en continua vigilia celos de tu dama, ni te desvelen pensamientos de pagar deudas que debas, ni de lo que has de hacer para comer otro día tú y tu pequeña y angustiada familia. Ni la ambición te inquieta, ni la pompa vana del mundo te fatiga, pues los límites de tus deseos no se estienden a más que a pensar tu jumento, que el de tu persona sobre mis hombros le tienes puesto, contrapeso y carga que puso la naturaleza y la costumbre a los señores. Duerme el criado, y está velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hacer mercedes. La congoja de ver que el cielo se hace de bronce sin acudir a la tierra con el conveniente rocío no aflige al criado, sino al señor, que ha de sustentar en la esterilidad y hambre al que le sirvió en la fertilidad y abundancia.

A todo esto no respondió Sancho, porque dormía, ni despertara tan presto si don Quijote con el cuento de la lanza no le hiciere volver en sí. Despertó, en fin, soñoliento y perezoso, y volviendo el rostro a todas partes dijo:

-De la parte desta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas.

-Acaba, glotón -dijo don Quijote-: ven, iremos a ver estos desposorios, por ver lo que hace el desdeñado Basilio.

-Mas que haga lo que quisiere -respondió Sancho-: no fuera él pobre, y casárase con Quiteria. ¿No hay más sino no tener un cuarto y querer casarse por las nubes? A la fe, señor, yo soy de parecer que el pobre debe de contentarse con lo que hallare y no pedir cotufas en el golfo. Yo apostaré un brazo que puede Camacho envolver en reales a Basilio; y si esto es así, como debe de ser, bien boba fuera Quiteria en desechar las galas y las joyas que le debe de haber dado y le puede dar Camacho, por escoger el tirar de la barra y el jugar de la negra de Basilio. Sobre un buen tiro de barra o sobre una gentil treta de espada no dan un cuartillo de vino en la taberna. Habilidades y gracias que no son vendibles, mas que las tenga el conde Dirlos; pero cuando las tales gracias caen sobre quien tiene buen dinero, tal sea mi vida como ellas parecen. Sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero.

-Por quien Dios es, Sancho -dijo a esta sazón don Quijote-, que concluyas con tu arenga, que tengo para mí que si te dejasen seguir en las que a cada paso comienzas, no te quedaría tiempo para comer ni para dormir, que todo le gastarías en hablar.

-Si vuestra merced tuviera buena memoria -replicó Sancho-, debiérase acordar de los capítulos de nuestro concierto antes que esta última vez saliésemos de casa: uno dellos fue que me había de dejar hablar todo aquello que quisiese, con que no fuese contra el prójimo ni contra la autoridad de vuesa merced; y hasta agora me parece que no he contravenido contra el tal capítulo.

-Yo no me acuerdo, Sancho -respondió don Quijote-, del tal capítulo; y, puesto que sea así, quiero que calles y vengas, que ya los instrumentos que anoche oímos vuelven a alegrar los valles, y sin duda los desposorios se celebrarán en el frescor de la mañana, y no en el calor de la tarde.

Hizo Sancho lo que su señor le mandaba, y poniendo la silla a Rocinante y la albarda al rucio, subieron los dos, y paso ante paso se fueron entrando por la enramada.

Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un asador de un olmo entero, un entero novillo; y en el fuego donde se había de asar ardía un mediano monte de leña, y seis ollas que alrededor de la hoguera estaban no se habían hecho en la común turquesa de las demás ollas, porque eran seis medias tinajas, que cada una cabía un rastro de carne: así embebían y encerraban en sí carneros enteros, sin echarse de ver, como si fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que el aire los enfriase.

Contó Sancho más de sesenta zaques de más de a dos arrobas cada uno, y todos llenos, según después pareció, de generosos vinos; así había rimeros de pan blanquísimo como los suele haber de montones de trigo en las eras; los quesos, puestos como ladrillos enrejados, formaban una muralla, y dos calderas de aceite mayores que las de un tinte servían de freír cosas de masa, que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zabullían en otra caldera de preparada miel que allí junto estaba.

Los cocineros y cocineras pasaban de cincuenta, todos limpios, todos diligentes y todos contentos. En el dilatado vientre del novillo estaban doce tiernos y pequeños lechones que, cosidos por encima, servían de darle sabor y enternecerle. Las especias de diversas suertes no parecía haberlas comprado por libras, sino por arrobas, y todas estaban de manifiesto en una grande arca. Finalmente, el aparato de la boda era rústico, pero tan abundante, que podía sustentar a un ejército.

Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba y de todo se aficionaba. Primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quien él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad los zaques, y últimamente las frutas de sartén, si es que se podían llamar sartenes las tan orondas calderas; y así, sin poderlo sufrir ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos cocineros, y con corteses y hambrientas razones le rogó le dejase mojar un mendrugo de pan en una de aquellas ollas. A lo que el cocinero respondió:

-Hermano, este día no es de aquellos sobre quien tiene juridición la hambre, merced al rico Camacho. Apeaos y mirad si hay por ahí un cucharón, y espumad una gallina o dos, y buen provecho os hagan.

-No veo ninguno -respondió Sancho.

-Esperad -dijo el cocinero-. ¡Pecador de mí, y qué melindroso y para poco debéis de ser!

Y diciendo esto asió de un caldero y, encajándole en una de las medias tinajas, sacó en él tres gallinas y dos gansos, y dijo a Sancho:

-Comed, amigo, y desayunaos con esta espuma, en tanto que se llega la hora del yantar.

-No tengo en qué echarla -respondió Sancho.

-Pues llevaos -dijo el cocinero- la cuchara y todo, que la riqueza y el contento de Camacho todo lo suple.

En tanto, pues, que esto pasaba Sancho, estaba don Quijote mirando como por una parte de la enramada entraban hasta doce labradores sobre doce hermosísimas yeguas, con ricos y vistosos jaeces de campo y con muchos cascabeles en los petrales, y todos vestidos de regocijo y fiestas, los cuales en concertado tropel corrieron no una, sino muchas carreras por el prado, con regocijada algazara y grita, diciendo:

-¡Vivan Camacho y Quiteria, él tan rico como ella hermosa, y ella la más hermosa del mundo!

Oyendo lo cual don Quijote, dijo entre sí:

-Bien parece que estos no han visto a mi Dulcinea del Toboso, que si la hubieran visto, ellos se fueran a la mano en las alabanzas desta su Quiteria.

De allí a poco comenzaron a entrar por diversas partes de la enramada muchas y diferentes danzas, entre las cuales venía una de espadas, de hasta veinte y cuatro zagales de gallardo parecer y brío, todos vestidos de delgado y blanquísimo lienzo, con sus paños de tocar, labrados de varias colores de fina seda; y al que los guiaba, que era un ligero mancebo, preguntó uno de los de las yeguas si se había herido alguno de los danzantes.

-Por ahora, bendito sea Dios, no se ha herido nadie: todos vamos sanos.

Y luego comenzó a enredarse con los demás compañeros, con tantas vueltas y con tanta destreza, que aunque don Quijote estaba hecho a ver semejantes danzas, ninguna le había parecido tan bien como aquella.

También le pareció bien otra que entró de doncellas hermosísimas, tan mozas, que al parecer ninguna bajaba de catorce ni llegaba a diez y ocho años, vestidas todas de palmilla verde, los cabellos parte tranzados y parte sueltos, pero todos tan rubios, que con los del sol podían tener competencia; sobre los cuales traían guirnaldas de jazmines, rosas, amaranto y madreselva compuestas. Guiábalas un venerable viejo y una anciana matrona, pero más ligeros y sueltos que sus años prometían. Hacíales el son una gaita zamorana, y ellas, llevando en los rostros y en los ojos a la honestidad y en los pies a la ligereza, se mostraban las mejores bailadoras del mundo.

Tras esta entró otra danza de artificio y de las que llaman habladas. Era de ocho ninfas, repartidas en dos hileras: de la una hilera era guía el dios Cupido, y de la otra, el Interés; aquel, adornado de alas, arco, aljaba y saetas; este, vestido de ricas y diversas colores de oro y seda. Las ninfas que al Amor seguían traían a las espaldas en pargamino blanco y letras grandes escritos sus nombres. Poesía era el título de la primera; el de la segunda, Discreción; el de la tercera, Buen linaje; el de la cuarta, Valentía. Del modo mesmo venían señaladas las que al Interés seguían: decía Liberalidadel título de la primera; Dádiva el de la segunda; Tesoro el de la tercera, y el de la cuarta Posesión pacífica. Delante de todos venía un castillo de madera, a quien tiraban cuatro salvajes, todos vestidos de yedra y de cáñamo teñido de verde, tan al natural, que por poco espantaran a Sancho. En la frontera del castillo y en todas cuatro partes de sus cuadros traía escrito: Castillo del buen recato. Hacíanles el son cuatro diestros tañedores de tamboril y flauta.

Comenzaba la danza Cupido, y, habiendo hecho dos mudanzas, alzaba los ojos y flechaba el arco contra una doncella que se ponía entre las almenas del castillo, a la cual desta suerte dijo:

-Yo soy el dios poderoso
en el aire y en la tierra
y en el ancho mar undoso
y en cuanto el abismo encierra
en su báratro espantoso.
Nunca conocí qué es miedo;
todo cuanto quiero puedo,
aunque quiera lo imposible,
y en todo lo que es posible
mando, quito, pongo y vedo.

Acabó la copla, disparó una flecha por lo alto del castillo y retiróse a su puesto. Salió luego el Interés y hizo otras dos mudanzas; callaron los tamborinos y él dijo:

-Soy quien puede más que Amor,
y es Amor el que me guía;
soy de la estirpe mejor
que el cielo en la tierra cría,
más conocida y mayor.
Soy el Interés, en quien
pocos suelen obrar bien,
y obrar sin mí es gran milagro;
y cual soy te me consagro,
por siempre jamás, amén.

Retiróse el Interés y hízose adelante la Poesía, la cual, después de haber hecho sus mudanzas como los demás, puestos los ojos en la doncella del castillo, dijo:

-En dulcísimos concetos,
la dulcísima Poesía,
altos, graves y discretos,
señora, el alma te envía
envuelta entre mil sonetos.
Si acaso no te importuna
mi porfía, tu fortuna,
de otras muchas invidiada,
será por mí levantada
sobre el cerco de la luna.

Desvióse la Poesía, y de la parte del Interés salió la Liberalidad y, después de hechas sus mudanzas, dijo:

-Llaman Liberalidad
al dar que el estremo huye
de la prodigalidad
y del contrario, que arguye
tibia y floja voluntad.
Mas yo, por te engrandecer,
de hoy más pródiga he de ser:
que aunque es vicio, es vicio honrado
y de pecho enamorado,
que en el dar se echa de ver.

Deste modo salieron y se retiraron todas las figuras de las dos escuadras, y cada uno hizo sus mudanzas y dijo sus versos, algunos elegantes y algunos ridículos, y solo tomó de memoria don Quijote, que la tenía grande, los ya referidos; y luego se mezclaron todos, haciendo y deshaciendo lazos con gentil donaire y desenvoltura, y cuando pasaba el Amor por delante del castillo, disparaba por alto sus flechas, pero el Interés quebraba en él alcancías doradas.

Finalmente, después de haber bailado un buen espacio, el Interés sacó un bolsón, que le formaba el pellejo de un gran gato romano, que parecía estar lleno de dineros, y arrojándole al castillo, con el golpe se desencajaron las tablas y se cayeron, dejando a la doncella descubierta y sin defensa alguna.

Llegó el Interés con las figuras de su valía, y echándola una gran cadena de oro al cuello, mostraron prenderla, rendirla y cautivarla; lo cual visto por el Amor y sus valedores, hicieron ademán de quitársela; y todas las demostraciones que hacían eran al son de los tamborinos, bailando y danzando concertadamente. Pusiéronlos en paz los salvajes, los cuales con mucha presteza volvieron a armar y a encajar las tablas del castillo, y la doncella se encerró en él como de nuevo, y con esto se acabó la danza, con gran contento de los que la miraban.

Preguntó don Quijote a una de las ninfas que quién la había compuesto y ordenado. Respondióle que un beneficiado de aquel pueblo, que tenía gentil caletre para semejantes invenciones.

-Yo apostaré -dijo don Quijote- que debe de ser más amigo de Camacho que de Basilio el tal bachiller o beneficiado, y que debe de tener más de satírico que de vísperas: ¡bien ha encajado en la danza las habilidades de Basilio y las riquezas de Camacho!

Sancho Panza, que lo escuchaba todo, dijo:

-El rey es mi gallo: a Camacho me atengo.

-En fin -dijo don Quijote-, bien se parece, Sancho, que eres villano y de aquellos que dicen: «¡Viva quien vence!».

-No sé de los que soy -respondió Sancho-, pero bien sé que nunca de ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es esta que he sacado de las de Camacho.

Y enseñóle el caldero lleno de gansos y de gallinas, y, asiendo de una, comenzó a comer con mucho donaire y gana, y dijo:

-¡A la barba de las habilidades de Basilio!, que tanto vales cuanto tienes, y tanto tienes cuanto vales. Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener, aunque ella al del tener se atenía; y el día de hoy, mi señor don Quijote, antes se toma el pulso al haber que al saber: un asno cubierto de oro parece mejor que un caballo enalbardado. Así que vuelvo a decir que a Camacho me atengo, de cuyas ollas son abundantes espumas gansos y gallinas, liebres y conejos; y de las de Basilio serán, si viene a mano, y aunque no venga sino al pie, aguachirle.

-¿Has acabado tu arenga, Sancho? -dijo don Quijote.

-Habréla acabado -respondió Sancho-, porque veo que vuestra merced recibe pesadumbre con ella; que si esto no se pusiera de por medio, obra había cortada para tres días.

-Plega a Dios, Sancho -replicó don Quijote-, que yo te vea mudo antes que me muera.

-Al paso que llevamos -respondió Sancho-, antes que vuestra merced se muera estaré yo mascando barro, y entonces podrá ser que esté tan mudo, que no hable palabra hasta la fin del mundo, o por lo menos hasta el día del juicio.

-Aunque eso así suceda, ¡oh Sancho! -respondió don Quijote-, nunca llegará tu silencio a do ha llegado lo que has hablado, hablas y tienes de hablar en tu vida; y más, que está muy puesto en razón natural que primero llegue el día de mi muerte que el de la tuya, y, así, jamás pienso verte mudo, ni aun cuando estés bebiendo o durmiendo, que es lo que puedo encarecer.

-A buena fe, señor -respondió Sancho-, que no hay que fiar en la descarnada, digo, en la muerte, la cual tan bien come cordero como carnero; y a nuestro cura he oído decir que con igual pie pisaba las altas torres de los reyes como las humildes chozas de los pobres. Tiene esta señora más de poder que de melindre; no es nada asquerosa: de todo come y a todo hace, y de toda suerte de gentes, edades y preeminencias hinche sus alforjas. No es segador que duerme las siestas, que a todas horas siega, y corta así la seca como la verde yerba; y no parece que masca, sino que engulle y traga cuanto se le pone delante, porque tiene hambre canina, que nunca se harta; y aunque no tiene barriga, da a entender que está hidrópica y sedienta de beber solas las vidas de cuantos viven, como quien se bebe un jarro de agua fría.

-No más, Sancho -dijo a este punto don Quijote-. Tente en buenas, y no te dejes caer, que en verdad que lo que has dicho de la muerte por tus rústicos términos es lo que pudiera decir un buen predicador. Dígote, Sancho, que si como tienes buen natural y discreción, pudieras tomar un púlpito en la mano y irte por ese mundo predicando lindezas.

-Bien predica quien bien vive -respondió Sancho-, y yo no sé otras tologías.

-Ni las has menester -dijo don Quijote-. Pero yo no acabo de entender ni alcanzar cómo siendo el principio de la sabiduría el temor de Dios, tú, que temes más a un lagarto que a Él, sabes tanto.

-Juzgue vuesa merced, señor, de sus caballerías -respondió Sancho-, y no se meta en juzgar de los temores o valentías ajenas, que tan gentil temeroso soy yo de Dios como cada hijo de vecino. Y déjeme vuestra merced despabilar esta espuma, que lo demás todas son palabras ociosas, de que nos han de pedir cuenta en la otra vida.

Y diciendo esto comenzó de nuevo a dar asalto a su caldero, con tan buenos alientos, que despertó los de don Quijote, y sin duda le ayudara, si no lo impidiera lo que es fuerza se diga adelante.

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Música. Desde Viet Nam: El canto ca trù

ARGENPRESS CULTURAL

El ca trù es una forma compleja de poesía cantada del norte del Viet Nam cuya letra está escrita con arreglo a las reglas poéticas vietnamitas tradicionales.



Es un género musical que se interpreta en trío: una cantante crea sonidos vocales con adornos únicos en su género, recurriendo al vibrato y a técnicas respiratorias, y toca al mismo tiempo castañuelas o percute una caja de madera; y dos instrumentistas la acompañan con la sonoridad profunda de un laúd de tres cuerdas y el enérgico repique de un “tambor de alabanza”.

Algunas interpretaciones de ca trù van acompañadas también de danzas.

El ca trù reviste diversas formas con funciones sociales diferenciadas: cantos de devoción, cantos de esparcimiento, cantos para ceremonias palaciegas y cantos para certámenes artísticos.

Este género musical cuenta con cincuenta y seis formas o melodías diferentes denominadas thể cách.

La música y las poesías del ca trù se han venido transmitiendo oral y técnicamente por artistas populares.

Antaño efectuaban esta transmisión en el seno de sus propias familias, pero hoy en día acogen a cualquier persona que desee aprender su arte.

Debido a las guerras continuas y a una insuficiente sensibilización a su importancia, el ca trù ha ido cayendo en desuso a lo largo del siglo XX.

Aunque los artistas han hecho grandes esfuerzos por transmitir el repertorio antiguo a las generaciones más jóvenes, el ca trù corre el riesgo de desaparecer debido a la disminución del número de sus intérpretes y a la edad avanzada de éstos.

Escuchemos algunos ejemplos de esta bella forma musical.









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Poema

Guillermo Henao (Desde Medellín, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Por tus voces minu ociosas,
hermano,
per diste tu herradura
en la herrumbre
del derrumbe
final.

Con tu elongada estatura en cara amada
osaste combatir tantas osambres
cuando cunde un día untuoso
y los jóvenes atizan su jolgorio.

Mas el pasó entre pensamientos, bibliotecas,
postulando abstracciones,
agostado.
Quiso penetrar en lo real, preparándose
con una sentencia más sobre una pequeña
verdad: vivir se vive viviendo.

Ni en la vía
a morir
se auto extra-
vía.
A-caso en el o-caso.
Si éste llega temprano,
aporreado como pre-monición sin munición,
su neblina
borra las crestas de las montañas distantes,
más allá del vallecito.
Con su túmulo
hurgamos doquiera en colectivo ramillete de despedida.

Cuando mueres, la gloria y el olvido son lo mismo.

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11 de septiembre de 1973: Comentando el libro “Rompiendo el silencio. Yo te acuso Pinochet”, de Martha Montoya

Jesús Dapena Botero (Desde Vilagarcía de Arousa, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Querida Martha Helena:

¡Con el regalo de tu libro “Rompiendo el silencio. Yo te acuso Pinochet”, me dejaste con el corazón en la mano!

Acababa de leer otra obra de literatura testimonial, Sin destino de Imre Kertész; ese relato novelesco del premio Nobel húngaro, sobre el holocausto judío, es, sin lugar a dudas, bastante interesante pero producía ese distanciamiento emocional, que pretende el realismo crítico, muy distinto de esa búsqueda de transmisión afectiva que tú buscas.

Y sí… era preciso que rompieras el silencio, para como un Zola femenino, levantar tu propio y tremendo: Yo acuso a un hombre que representaría a la violencia social y el terrorismo de Estado.

Lo que me resultaría más atrapante es que tu versión de esa violencia, es transmitida desde la subjetividad de una mujer singular.

Tu relato más que un alegato, hace parte de una ceremonia catártica, en la que, a la manera que lo señalara Aristóteles, dimensionas toda la angustia, provocada por las violentas manos del totalitarismo de Estado, que retorna triunfante, mientras siembra la muerte por todos lados.

Toda esa historia, nos mueve al terror y la piedad, que es lo que se convierte en curativo tu exorcismo de tantas y tantas situaciones traumáticas, como las que nos describes, que quedaban acalladas por un la ley del silencio, impuesta por el terrorismo mismo y de otro lado por nuestro psiquismo que trata de defenderse de un dolor y un terror tan inmensos.

Como bien lo señalaran psicoanalistas comprometidos con su tiempo como Diana Kordon, Lucila Edelman y colaboradores, en su libro Efectos psicológicos de la represión política, el silencio es uno de los imperativos que imponen los opresores, junto con otro tan terrible como el que buscan con la inducción del sentimiento de culpa.



Los profesionales de las ciencias “psi” podemos hacer a la manera de los escritores realistas, una descripción tan objetiva, como la ciencia pueda serlo, pero tu relato nace de tus propias entrañas, de tus vivencias más íntimas, del propio drama interior que generaron los acontecimientos, con toda una resonancia subjetiva, que es tan válida, como la objetividad que nos demandan los positivistas.

Bien vale la pena que más que una fría estadística, nos hables desde el alma, para permitir vislumbrar esos matices, que el número aniquila en su afán cuantitativo, que ignora la calidad y calidez de lo cualitativo.

Uno agradece que hayas sobrevivido para que puedas darnos tu propio testimonio, sin correr la desventurada suerte de muchos que sucumbieron a esa horrorosa fatalidad, cuyas vidas fueron tronchadas por pensar distinto, por tener otros ideales, a los de esos cóndores, aliados con el águila de los Estados Unidos, en su furor anticomunista, que pretendía imponer un Orden, a contrapelo con la voluntad popular, con un nuevo pacto social, como si Hobbes triunfara sobre Rousseau, para impedir el desarrollo de un contrato más amoroso, basado más en la solidaridad entre los seres humanos, que en el temor y la desconfianza de los unos y los otros.

Y al leerte, bien podría yo haber jugado a la rayuela, con tu texto y leerlo desordenadamente, pero preferí ingresar en tu obra, de acuerdo al derrotero lineal con que lo presentaste, para seguir cierta cronología histórica, como sucesión de hechos, con la esperanza de que haya tiempo de hacer otras lecturas, y saltar de cajón en cajón, de capítulo en capítulo como en la obra del amable Julio Cortázar.

Pero también habría que agradecerle mucho a Rafael Méndez Buelna, por el hecho de con su escucha, casi con un tercer oído de psicoanalista, como un Sócrates, haya servido de partero las palabras silenciadas, sin importarle que tu llanto botara a raudales, para que lágrimas y palabras brotaran agua curativa, que impide la putrefacción de los recuerdos estancados.

De alguna manera, él sabía que una escucha empática convocaba a nuevos relatos, así tu cuerpo se sacudiera de dolor y de espanto, porque de lo que se trata es de volver al pasado, para a pensar lo impensado y, quizás, lo impensable, que es lo único que puede permitir dar nuevos sentidos a hechos y experiencias tan amargas, que no pueden quedarse retenidos en el fondo de nosotros, sin hacernos un inmenso daño, tanto individual como colectivo.

De seguro, Rafael se dijo, como, quizás leí alguna vez en Thomas Mann:

¡Silencio, vamos a entrar en la intimidad de un alma!

Pero hay que estar preparado para cuando el terror emerja, pueda dársele la dimensión subjetiva más verdadera.

Es importante que el interlocutor, con su tenacidad, obligue a continuar con la palabra, a pesar de los desmayos y resistencias, para que - ¡por fin! –las palabras, que nombran el recuerdo, germinen y nombren lo innombrable, la decepción sangrante de un país tercermundista, donde la construcción de la ilusión del socialismo como consolación, fuera derrumbada a sangre, terror y fuego, cuando se trataba de una propuesta democrática, pacífica y, para nada violenta.

Debió ser desgarrador ver que toda aquella fiesta, a la que llegaban gentes de todas partes del planeta, fuera desbaratada de golpe y porrazo, como si la terrible bota de un gigante, aplastara las flores de un jardín naciente, como si hubiera llegado la hora del juicio final, para convertir todo aquel paisaje floreciente en el panorama apocalíptico de un Chile ensangrentado, precisamente, cuando tanta gente como tú, venían de otros lados, con el propósito de ofrecer su corazón, a la manera de un Fito Páez, tarea que se sabía que no era, para nada fácil, si había alguna consciencia de que en la Historia, con mayúscula, hay fuerzas que se oponen al desarrollo de los cambios, sin importarles lo más mínimo, el sufrimiento de infinidad de historias con minúscula, de miles y miles de personas.

Lo que interesaba al Poder en pro del Orden, que querían imponer, era crear el caos, la confusión y el desconcierto, lo que hacía más dificultoso avanzar en medio de la calamidad y la catástrofe social, que pretendían crear. ¡Siquiera el juez Garzón sancionara a Pinochet y, si bien, no logró encarcelarlo, su labor hizo que Videla si pudiera morir entre rejas, tal como ambos se lo merecían, ya que son como esos cóndores, que no se entierran todos los días!

Esos chafarotes estaban empeñados en crear el invierno de su descontento, como si fuesen seguidores de Ricardo III, en un contexto social, donde como en el nazismo, en el que se sacrificaba a los resistentes, hasta quemar sus libros y sus idearios, en un supuesto final, tan apocalíptico el del Frarenheit 451 de François Truffaut, donde los sobrevivientes, quizás, tendrían que aprenderse de memoria los grandes textos, para que los ideales sobrevivieran a las brasas, en medio de un ámbito enloquecedor, en el que las ansiedades persecutorias, que todos llevamos dentro, pasaran del registro de lo imaginario, al espacio de la realidad material, en la que se prohíbe pensar de una manera distinta a quien se impone como soberano, en un mundo orwelliano, donde el enemigo es de signo contrario al del Padrecito Stalin.

Pero, afortunadamente, la escucha de Rafael, tu partero, al rescatar tu palabra, también recuperaría su función poética, con los versos que incluyes en tu desgarradora y lírica narración, que a su vez salpicas de increíbles personajes como la generosa abuela comunista del estadio, infamada como el personaje de La letra escarlata, consciente de que una de las formas de escapar a la locura, inducida por la violencia social, es la creación de lazos entre los oprimidos, que trata de disolver un Poder aterrorizante, que convierte a los disidentes, en condenados de la tierra, al precio de su ignominia, como tan bien, lo mostrara nuestro querido Frantz Fanon.

Me parece que nunca deberemos de cansaremos de gritar con Ernesto Sábato, un nunca más, frente a la desaparición y la tortura, al submarino en la mierda misma, a la picana, que pretenden conducir a los seres humanos a la muerte o la demolición, como nos lo mostrara el Pedro, cuyo caso, Marcelo Viñar describiera en la revista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, dedicada a nuestro malestar en la cultura, que puedes leer aquí:

http://www.trilce.com.uy/pdf/fracturas_de_memoria.pdf

Y tenemos que gritar también ese nunca más, frente al secuestro, la deprivación sensorial y el encarcelamiento, que se convierten en un ataque a la percepción y a la razón, en la medida que se procura borrar las categorías kantianas, como defensa contra el caos del mundo, con el fin de alterar el juicio de realidad, al devenir enloquecedores, en medio del pánico individual y colectivo.

Es, por ello, preciso recuperar la memoria, para que, como tú dices, la amnesia no se vuelva en el único pasaporte a la sobrevivencia, mientras en la peor de las adversidades también se pueda volar en el Pegaso de nuestras ilusiones, como lo era el soldado viejito, de piel morena, delgado y de poca estatura, que se convertía en mensajero del amor, porque otra sensibilidad le poseía, bien distinta a la de los esbirros del sistema, un personaje, para mí, tan bello, como la abuela comunista.

Ante un empuje tan bestial del Tánatos de la dictadura, es preciso que vuele Eros, que se aventure por la vida, en una jugada, como la que hacen Eladia Blázquez y tú, al honrar y apostar por la vida, cuando con palabras y actos entonan:

En este aliento
Que es mi luz y mi alimento,
Apuesto por la vida...

Pues

Merecer la vida no es callar y consentir
Tantas injusticias repetidas…

Y, para preservar la identidad, como bien lo señalas en el caso de Pablo, se precisa, si es posible, ir más allá de la tortura, para que ésta no diezme a las gentes, ni nos obliguen a caminar sobre el cuerpo de los otros.

De ahí, que sean necesarias acusaciones como la que haces, para recuperar la libertad, la supervivencia y la vida, como formas de asumir el absurdo de la existencia, en particular, en medio del sufrimiento, la tristeza y la soledad, que ha tenido que padecer nuestra América Latina.

Me alegra que hayas quedado con la vida suficiente para denunciar esos aparatos represivos del Estado, a esos monstruosos carabineros, que funcionaban como la guardia civil caminera, que cometiera en la Granada, donde fuera el crimen del siempre entrañable Federico García Lorca.

Aquello no fue un sueño, ni siquiera una pesadilla sino una realidad pura y dura.

Y es preciso recordar que la violencia social penetra en las capas más profundas de nuestros inconscientes, como bien lo señalara Janine Puget, en su artículo Violencia social y psicoanálisis. Lo impensado y lo impensable. (1)

Es de ahí, la importancia del papel de Rafael como interlocutor, ya que te permitió recordar, para poder elaborar tanta situación traumática, que viviste bajo la mano ominosa de Pinochet, lo que prueba que, a pesar de sus nefastas intenciones, ni haces parte de una generación perdida, ni pudieron robarte el alma, que al ir en busca de ese tiempo, que trataste de silenciar, no pudieron arrancarte el corazón, aunque con tu narración nos dejes el nuestro en nuestras manos, cuarenta años después de ese holocausto chileno.

Y si has elegido, como Edipo, el camino de Colono, haz encontrado patrias más amplias, que las signadas por puntos y rayas de los mapas políticos pues hay viajes al infierno, que permiten la resurrección y dan una carta de ciudadanía universal, la de ese humanismo que quisiéramos rescatar en un mundo, en el que parece que lo esencial se ha hecho invisible para los ojos.

Me resisto a crear que seamos una generación perdida; más bien, considero que somos un eslabón de una cadena, que tiende al infinito; nos pertenecemos a nosotros mismos, en medio de la inciertumbre que nos comananda; en un mundo, ancho y ajeno, ahí vamos cada uno con su semilla, que vamos transportando, en busca de una buena tierra, así el Poder lo tengan los otros y no precisamente los que deseáramos.

Y ya ves, tus palabras, escritas en México y publicadas por esa buena editorial colombiana que es Hombre Nuevo, emprenden un viaje a España, por intermedio de una compatriota colombiana, y me convierten en testigo de tu adiós al silencio y al olvido, a la espera que atrocidades, como aquellas cometidas en Chile y Argentina, no se repitan y queden páginas en blanco para ser llenadas ulteriormente, porque como decía otra gran psicoanalista: El silencio es el auténtico crimen (2), cuando olvidamos que estamos obligados a ser testigos de nuestro tiempo, para denunciar, explicar y prevenir las guerras, cosa que nos compete ahora, cuando ese jinete de la apocalipsis se cierne sobre el planeta, aupado por un supuesto un premio Nobel de Paz, quien debería avergonzarse de haberlo de recibirlo, sin haber hecho nada, y que ahora pretende meternos en una guerra con Siria, que quien sabe si sea como la Polonia que un día invadiera Hitler, que lance a la humanidad a una nueva Guerra Mundial, que puede convertirse en la catástrofe final.

Un abrazote y mil gracias por tu bello libro.

Jesús

Notas:
1) Puget, J. Violencia social y psicoanálisis: lo impensable y lo impensado. Psicoanálisis, 8(2/3), 307­366, 1986.
2) Segal, H. El silencio es el auténtico crimen. Revista de Psicoanálisis, 42, N (6): 1323-1335, 1987.

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“El Yasuní seguirá viviendo”, un mensaje desde el meridiano ecuatorial

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La iniciativa Yasuní-ITT es un fracaso en el campo financiero y al mismo tiempo un éxito rotundo en muchas otras dimensiones.

Esta es la conclusión que nos ofrece la propuesta visionaria del Presidente Rafael Correa para hacer de Yasuní, una reserva intangible que permita conservar la naturaleza y evitar la extracción del petróleo, como una lección innovadora, que ayudó a despertar la conciencia ecológica en las generaciones de los jóvenes del Ecuador y del mundo.



Durante seis años el Gobierno Ecuatoriano hizo todo cuanto pudo para mantener indefinidamente inexplotadas las reservas petroleras del bloque Ishpingo, Tambocochoa, Tiputini, estimadas en 920 millones de barriles, que corresponden al 20% de reservas comprobadas del país.

El 15 de agosto del 2013, el gobierno nacional emitió un Decreto Ejecutivo que ratifica la afectación de la extracción petrolera al uno por mil del Parque Nacional Yasuní. No será al uno por ciento como constaba en el anterior decreto que puso fin a la Iniciativa Yasuní-ITT.

El referido decreto sustituye el artículo 5 del Decreto Ejecutivo número 74 por el siguiente: “En el caso de que la Asamblea Nacional autorice la actividad extractiva ésta no podrá desarrollarse en un área superior al uno por mil del territorio del Parque Nacional Yasuní”.

La decisión también ordena la elaboración de informes técnicos económicos y jurídicos para, de acuerdo con el artículo 407 de la Constitución, solicitar a la Asamblea Nacional la declaratoria de Interés Nacional al aprovechamiento del petróleo en el Yasuní.

Considerando la tecnología disponible para la recuperación petrolera y sobre la base de los precios del petróleo, el aprovechamiento de las reservas del ITT arrojaría un valor de 18. 292 millones de dólares, más de 11.000 millones a lo que originalmente se estimó.

Pues ahora el verdadero dilema es: 100% del Yasuní y nada de recursos para satisfacer las necesidades urgentes de nuestra gente, o 99% del Yasuní y más de 18.000 millones para vencer la miseria, especialmente en la Amazonia, la región con mayor pobreza.

“El Yasuní seguirá viviendo, pero la pobreza disminuirá y con suerte y adecuadas decisiones la venceremos definitivamente”, argumenta el gobernante ecuatoriano, al mismo tiempo que asevera que esta decisión “nos desilusiona a todos, pero era necesaria. Ya no podemos hacer más, sin graves perjuicios al bienestar de la población”.

“La historia nos juzgará”



“Podemos tener la conciencia tranquila: Yasuní-ITT ha sido la propuesta más seria y concreta en la lucha contra el cambio climático, pero tenemos que velar por nuestro pueblo, nuestra gente, sobre todo los más pobres”, remarca Correa, un economista que cuestiona el neoliberalismo como arma de enrique a pocos y conserva la marginalidad de muchos.

De los recursos que genera la explotación petrolera del Yasuní, los Gobiernos Autónomos Descentralizados Amazónicos por la Ley 010 recibirían cerca de 258 millones de dólares, y por la repartición del 12% de excedentes petroleros, alrededor de 1.882 millones de dólares. Con ello, la Amazonía podrá con holgura salir de su retraso histórico. Todo esto en adición a cerca de 1568 millones que recibirían todos los gobiernos autónomos descentralizados del país por su participación en la renta petrolera.

“Vendrán los charlatanes de siempre a decir que esta decisión es fruto del excesivo gasto público, como si fuera un delito invertir en salud, educación, bienestar de nuestro pueblo”, comentó. “La verdad –agregó Correa- es que estos recursos ni siquiera son para nuestro gobierno, sino para el futuro”.

Era una idea construida desde la sociedad civil que se concretó en 2007, durante el primer gobierno de Rafael Correa, enfocándola en proteger el Parque Nacional Yasuní, y sus áreas adyacentes (conocidas por la abreviatura ITT).

En etapas siguientes, el gobierno mantuvo la moratoria petrolera pero comenzó a buscar opciones alternativas para lograr una compensación económica. En aquel tiempo se razonó que Ecuador perdería un estimado de más de 7 mil millones de dólares por no extraer los barriles de crudo que estaban debajo del Yasuní-ITT. La propuesta consideraba que si se lograba un fondo de compensación de al menos la mitad de esas ganancias perdidas, se mantendría la suspensión a petrolera. La condición para la protección del área pasó a recolectar 3 600 millones de dólares.

Pero con el paso del tiempo, el andamiaje conceptual gubernamental comenzó a crujir. Comenzó a quedar en segundo plano la fundamentación basada en los derechos de la Naturaleza, para priorizar argumentos sobre cómo detener el cambio climático global.

Se sostenía que se debía mantener el petróleo bajo tierra para evitar que una vez extraído fuera quemado en algún sitio, y los gases producidos alimentaran el calentamiento global. La propuesta buscaba una compensación económica para evitar un aumento en el cambio ambiental planetario.

La iniciativa Yasuní-ITT despertaba muchas ilusiones entre varios movimientos sociales, al ser un ejemplo de una transición postpetrolera. Pero falta de apoyo de la comunidad internacional, puede ser

La moratoria petrolera cayó en una contradicción insalvable, porque el mandato constitucional ecuatoriano obliga a la protección de ese tipo de áreas, tanto por proteger los derechos de indígenas como los de la Naturaleza.

Entonces, pedir a otros gobiernos una compensación económica por cumplir con una obligación constitucional propia no podría producir una analogía a otras compensaciones económicas por sus gastos en atender, por ejemplo, la salud de sus niños.



Sí se puede hacer una explotación petrolea en la Amazonia minimizando los impactos, es un argumento muy común en varios gobiernos, pero en Ecuador se da la paradoja que los duros impactos de extraer petróleo en la Amazonia se ponen en evidencia en el proceso contra Texaco-Chevrón, y los graves impactos de las petroleras en ambientes tropicales.

Al liberar a las petroleras, se pone en riesgo inmediato un ecosistema de alta biodiversidad, y a los pueblos indígenas que lo habitan (incluyendo aquellos que viven en aislamiento). Se desploma el intento de aplicar una alternativa postpetrolera, y la capacidad de servir como ejemplo entre los demás países desaparece.

La medida ecuatoriana sin dudas alentará las presiones sobre áreas protegidas que también se viven, por ejemplo, en Perú y Bolivia.

Nadie en el ambientalismo defiende la miseria, sino que denuncian que bajo los titulares de promover el crecimiento económico no sólo se desemboca en mayores desigualdades sociales sino que se destruye el entorno natural, señala Eduardo Gudynas del equipo de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

La nueva decisión del gobierno ecuatoriano nos recuerda a Chico Mendez (1944-1988): "No quiero flores en mi funeral, porque sé que irán lacrimógenas a los bosques ... ". Méndez, recolector de caucho y sindicalista que luchó contra la extracción de madera y la expansión de los pastizales sobre el Amazonas, fue asesinado frente a su casa. En 2003, el presidente Lula da Silva eligió a Marina Silva, compañera de Chico, Ministra del Medio Ambiente.

El verde paisaje multicolor del bosque amazónico se marchita cada día. Su población supera los 40 millones de personas, de las cuales la gran mayoría vive en ciudades con insuficientes servicios básicos. Solo en la Amazonía peruana han sido registradas 4,200 especies de mariposas.

“Perspectivas del medio ambiente en la Amazonía - Geo Amazonía”, amplio informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente - NUMA y la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica - OTCA, acaba con los mitos y falsedades de este espacio habitado ahora por unos 40 millones de personas, de las cuales más del 60% vive en ciudades y privada de eficientes servicios básicos.

Después de dos años de trabajo, unos 150 científicos y expertos advierten la hecatombe amazónica, desde la perspectiva ecológica, hidrográfica y político administrativa. El ecosistema global que comparten Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Guyana, Suriname y Venezuela está en serio peligro, realidad que se complica cada día porque los Estados se resisten a trabajar realmente juntos, buscando consensos.

La amenaza no solo está presente para la enorme variedad de especies de flora y fauna, sino básicamente para el agua que se genera en la cuenca amazónica y representa alrededor de quinta parte del agua de escorrentía mundial.

El modelo de desarrollo de esta región, si lo hubo, ha variado. En ella se expanden rápidamente los monocultivos, como soya ya caña y ganadería tecnificada, en Bolivia y Brasil. Los megaproyectos viales y energéticos, atraviesan la tupida selva, ríos y pantanos, con millones de toneladas de cemento y fierro. La red vial brasileña en los últimos 30 años, se ha multiplicado 10 veces, habiendo provocado centenas de asentamientos humanos. La producción de biocombustibles es un proceso más reciente, que acelera el cambio de uso del suelo en esa región.

“No tenemos otro mundo para mudarnos”, sostiene Gabriel García Márquez, al condenar el incesante manejo salvaje y despiadado del capital, empezando por la cuenca del Orinoco de su país natal, Colombia.

La gran pregunta es ¿qué nivel de “pérdida – ganancia” entre la degradación ambiental y el desarrollo socioeconómico sería aceptable para los ciudadanos amazónicos? Un proverbio Sioux nos recuerda: “No heredamos la tierra de nuestros antepasados, la tomamos prestada de nuestros hijos…” Los amazónicos utilizan unas 1,600 especies de plantas para curar diversas enfermedades.

La región hoy está condicionada a la dirección que tomen las políticas públicas, el mercado y el desarrollo científico y tecnológico. Yasuní, en el Ecuador, tiene una propuesta para frenar el cambio climático. En el Perú la explotación delictiva del oro en Madre de Dios abre los ojos a los gobernantes que proyectan conservar una zona de la mayor biodiversidad del mundo y cambiar radicalmente la historia global.

El proyecto, presentado a EEUU por varios países europeos y una misión ecuatoriana, plantea que se pague a Ecuador para que deje a perpetuidad, sin explotar, parte de sus reservas petroleras en el campo Ishpingo-Tambococha-Tiputini-ITT. Su aplicación puede ser replicable, como es el caso de Filipinas, Malasia, Indonesia, República Democrática del Congo, Brasil, Bolivia y Venezuela. El Parque Nacional Yasuní, territorio de más de 980 mil hectáreas, está unos 300 kms. al Este de Quito, muy cerca del Napo, aquel rio, de donde partió en el siglo XVI Francisco Orellana para encontrarse en con el Amazonas .

El gobierno ecuatoriano planea emitir los llamados Certificados de Garantía Yasuní (CGY), propuesta que difiere un poco de los bonos de carbono que los países ricos obtienen a cambio de invertir en proyectos verdes en países en desarrollo. Los inversores pueden luego utilizar esos bonos para contrarrestar sus emisiones a la hora de cumplir compromisos internacionales. El dinero que se pague a Ecuador, será invertido en un fondo fiduciario manejado por un organismo internacional.

Los fondos estarán destinados a: Protección de 40 parques nacionales ecuatorianos (Las tierras entregadas a comunidades indígenas son un 38% de la superficie ecuatoriana). Reforestación de 2,5 millones de acres de bosques y cambio de la matriz energética para producir hidroelectricidad o de fuentes geotérmicas, opción atractiva en un país de volcanes, explica el académico Valentín Bartra, de la Universidad Mayor de San Marcos. La iniciativa ecuatoriana de Yasuní inicial fue respaldada por los premios Nobel, Muhamad Yunus, Desmond Tutu, Rigoberta Menchú y Rita Levi-Montalcini.

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Bukowski, el profeta de sí mismo

Daniel Alarcón Osorio (Desde Guatemala. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

No escribas para salvar el mundo,
escribí para salvarte a vos.

Charles Bukowski

Leer a Bukowski puede resultar ser un acta de defunción de las ‘buenas lecturas’ y de las ‘buenas normas de conducta’ y/o generar agruras o anorexia literaria. Depende de los gustos y los criterios con que se lee y se entienda y comprenda la literatura.



Olvidar o ignorar o negarse a aceptar que dentro del mundo decadente que el escritor refleja como sol o luz que encandila los puntos de vista, es no considerar que lleva consigo una propuesta y protesta estética. Propuesta dura, directa, visceral, plausible. Propuesta dicha ‘a lo macho’, ‘a lo crudo’, sin tapujos.

Asimismo, es negar que la literatura sea una fuente de conocimiento de diferentes colores, sabores e historias. Y que como tal, existe y existirá.

Por ello, para entender y comprender la literatura de Charles Bukowski, se requiere observar la propuesta estética, brutal, descarnada, destructiva y absurda porque refleja los delirios del yo en súbito descenso a las cavernas de lo carnal, del alcohol, la droga, la desesperación, la muerte y la risa ironizante, sin credos ni demagogia religiosa.

Estética que presenta el realismo sucio o crítico o literatura basura como le llama la preceptiva literaria, que no es más que la subversión de la moral burguesa de la sociedad de donde surge y se refleja en el lumpen de las sociedades a través de sus protagonistas. Estética presentada también por Robert Arlt (Argentina), Alberto Fuguet (Chile).

Por eso, Bukowski, es un químico disecador y fotógrafo con mezcla de blanco-negro y color, de lo que se niega, de lo que se esconde, porque recuerda y ofende los silencios hirsutos de las personas y sus clases sociales.

En esa línea, la obra de Bukowski, es “también heredera de la novela negra, al exhibir protagonistas ambiguos y ambivalentes y a la vez contradictorios” (como dice un crítico, que conste) que cuales mejores se salen de la ley como las maras venidas e influenciadas del Norte, para contradictoria y curiosamente, impartir justicia a su manera, como dice la canción.

Por ello, es que escandaliza. Por ello, provoca reacciones. Por ello, no se tolera.

Por ello, el que quiera leer o escribir, tiene que leer o escribir para él o ella, según sea el caso, sin olvidar su cercanía o lejanía interior, recordando: No escribas (y no leas, también) para salvar el mundo, escribí para salvarte a vos, como lo hice yo, diría Bukowski.

Ese es Bukowski, con más de 35 libros a cuestas… Un alemán nacionalizado gringo. Gringo fuera de la academia.



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Libros: “Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos: Manuales, mentalidad y uso de la antropología”, de Gilberto López y Rivas

ARGENPRESS CULTURAL

Además de la edición electrónica que aquí presentamos, el libro tiene una edición en papel disponible en Editorial Ocean Sur.



Gilberto López y Rivas, su autor, es mexicano. Doctor en Antropología por la Universidad de Utah, Estados Unidos (1976), y Maestro por la Universidad Nacional Autónoma de México y la Escuela Nacional de Antropología e Historia (1969), actualmente es profesor-investigador del Centro Regional Morelos del Instituto Nacional de Antropología e Historia y articulista del periódico La Jornada desde 1994. Director de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (1980-1984), Diputado Federal de las 54 y 57 Legislaturas, Jefe de Gobierno de la delegación Tlalpan, Distrito Federal, (2000-2003), es integrante del Sistema Nacional de Investigadores. López y Rivas es autor de numerosos libros y artículos sobre los mexicanos en Estados Unidos, las autonomías indígenas en América Latina, las fuerzas armadas mexicanas, así como otros temas de la antropología y la ciencia política.

Descargar el libro completo desde aquí (en formato pdf)

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El franco de María (Una visión de los siete pecados capitales) Guión-cuento

Carlos Alberto Parodiz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El jinete ha llegado, vestido de oscuro, con su guitarra al hombro y la opresiva y ominosa sensación, para quienes se le aproximan, que su irradiación no es de este mundo.



Su belleza, extraña, seductora, suave, voluptuosa, se percibe en la ambigüedad, extraña, que produce el confrontar las fronteras de lo indefinible.

El viejo, sentado, a la puerta de la miserable barraca donde funciona el bar - prostíbulo, siempre con el largo sombrero echado sobre los ojos, era una referencia para cada habitante de la ¨serra¨.

- Para lo que hay que ver -, se decía, porque en “la pelada” los mineros, aspirantes a buscadores de fortunas imposibles, tabicaban sus vidas en la prosecución del intento supremo, hallar el oro salvador, del que muy pocos regresaban.

Por lo tanto era, sin dudas, el lugar indicado para el hacinamiento de almas desesperadas, desarboladas, que sólo uno, podía ir a buscar.

El viejo, al verlo descender de su caballo, se sintió obligado a un gesto maquinal, a pleno sol del mediodía tropical, se levantó el cuello del abrigo, por un frío repentino, que su experiencia le obligaba a reconocer, entrecerrar los ojos y persignarse, cuando Franco cruzó la calle, justo frente al viajero, en busca de María, sin sospechar que su vida cambiaría de ahí en más.

Despreocupado, Franco entra al bar sin reparar que el desconocido a sus espaldas, luego de seguirlo, gana anonimato en la penumbra del interior del lugar, disolviéndose entre los asistentes.

Franco, esta urgido de hallar a María, pese a que derrocha indiferencia.

Uno de los dormitorios, se abre y, en la puerta, aparece ella. Rara belleza. Salvaje mezcla. Buscada, pero temida. Una verdadera esmeralda perdida.

Advierte a FRANCO. Se miran. María lee su actitud imperiosa, pero tiene que atender. Cuidar el orden, también allí, significaba conservar el lugar. Las abstinencias, en esos sitios, valen una vida a veces. El se muestra impaciente. Nunca aceptó aquella situación. Ella, para justificar su permanencia, transitó las explicaciones probables y las atendibles. La necesidad terminó por imponerse.

FRANCO almacenó oscuras sensaciones y cada tanto estallaba. Ahora y por eso, continuaba bebiendo.

Cuando MARIA decide ir a su encuentro, alguien se atraviesa en su camino, viste de oscuro y carga sobre su espalda el estuche de una guitarra, suave pero enérgico, se explica...

“... es mi turno... MARIA...."

Ella lo mira confundida, no lo conoce, nunca lo ha visto, sin embargo hay algo que no puede precisar; recorre su larga y esbelta figura, pero no ubica ese inexplicable detalle. Imprecisa, todavía, sostiene la mirada de aquellos ojos de miel...

"... perdón..."

El extraño, gentil, persiste...

"... llámame “MONSIEUR”... he esperado por ti, un largo tiempo... MARIA ...

Ella se sintió turbada y esto sí era extraño, más la pausa expuesta, tuvo costo. FRANCO se interpone. Forcejea. Sin éxito. El hombre lo mira.

Desafío y expectativa. El silencio colectivo se agudiza, como un filo.

MARIA, no se explica su pasividad anhelante. Los hombres se miden. La incertidumbre centellea. Finalmente, FRANCO, cede en silencio.

Hay entre él y MARIA, segundos vitales, percepción de tiempos fracturados, sus miradas procuran sostenerse. El dueño del local, con su severidad sin elocuencias, había influido en el desenlace.

El hombre vestido de oscuro y con la guitarra a la espalda, ha ingresado al dormitorio.

Al fondo de la habitación, una cama, un balde y él, desvistiéndose. Se vuelve y sonríe, enigmático, a FRANCO, quien no apartó su mirada de la puerta abierta de la habitación, desobedeciendo su propia conducta.

MARIA cierra la puerta y apoya en ella su espalda, buscando fortaleza.

No se pregunta.

No sabe por qué.

Teme y desea.

Ella, que había matado la experiencia, pareció temblar.

Quiso enojarse consigo.

Rubor.

Eso, perdido, había vuelto.

¿Quién era ese, que sin tocarla ni hablarle, le provocaba vértigo?

Cerró los ojos y se dejó estar.

Oyó el murmullo de su respiración cadenciosa.

Le pareció una brisa fresca.

No advirtió sonido en sus movimientos.

Las yemas de los dedos, de él, iniciaron una metódica y exhaustiva exploración.

Sus pezones, erizados, viajaban rumbo al estallido.

Una ola de placer, tenue al comienzo, comenzó a crecer dentro suyo irrefrenable.

Su resistencia de ojos cerrados, comenzó a desmoronarse.

Se dejó acariciar disfrutando voluptuosamente. Cada centímetro de su piel era recorrido, gozado, con una combinación perfecta, que el hombre establecía, entre su boca y las manos.

Se sintió arcilla modelada.

Homenajeada.

Algo nunca percibido.

Comprendió que era una fiesta, la suya, hecha por y para él.

Destinataria de un desborde indominable.

Las formas del goce, infinitas, la habían elevado a alturas de placer alucinantes.

La boca de él, era insaciable y no había lugar al que no pudiera llegar, para provocarle un nuevo estremecimiento.

MARIA comenzó a guiar sus respuestas.

Ansiaba recorrerlo con la misma intensidad. Saborearlo, con idéntica ferocidad.

Dejarlo exhausto, antes de fundirse en una sola forma.

Había dejado atrás la última frontera de su control.

Se lanzó feliz, al desenfreno sin límites.

Todo fue una danza total, fuegos de artificio en cada estallido, ella nunca tuvo, nunca supo, nunca vivió algo semejante, no podía privarse, crecía su apetito con cada orgasmo, como si una vitalidad superior, inmanejable, los alimentara.

Sabía que el éxtasis, venía de él, que algo desconocido trituraba sus reservas morales, físicas y espirituales.

Gozaba demencialmente, segura del nunca más, devolvía cada caricia multiplicando sus cuidados y exploraciones ávidas.

No se daba tregua.

Tenía la imperiosa necesidad de eternidad en cada penetración.

Nunca suficiente.

Todos los tiempos, un tiempo.

Había viajado por el cosmos del placer infinito y estaba sedienta.

La eternidad se había detenido.

Quiso aferrarlo en un intento de fusión estelar. El, alimentaba todos sus gestos y los completaba. La perfección de las formas, las figuras, las liturgias del sexo, fueron un libro que ella aprendió, en piel, durante ese galáctico éxtasis. La tregua del final, la encontró asida a él, próxima al desamparo inminente.

No habían cambiado palabra.

Ella sabía que algo irrepetible, había sucedido.

En el bar, FRANCO bebe de más.

MARIA ha estado demasiado tiempo con el hombre de la guitarra.

Se abre la puerta de la habitación.

En el vano, el hombre mira, silencioso pero intensamente, a MARIA.

Ella, con los rescoldos del fuego consumido, en la mirada mezcla arrobamiento, embelezo, temor y desesperanza.

Lo acompaña, a medio vestir, hasta el pasillo. Algunas mujeres, en el bar, sentadas a una mesa ríen y comentan.

MARIA retorna, brevemente, a la habitación y luego desciende al bar. toma de un brazo a FRANCO para decirle ...

“... salgamos...”¨

En la puerta, el viejo ha vuelto a persignarse al verlos salir, luego de comprobar que el jinete, un minuto antes, ha partido, el detalle del frío repentino que acomete al viejo, es que en el camino reseco, el oscuro caballo que conducía a su jinete singular, no dejaba huellas sobre el polvo de la calle.

Por supuesto ni Franco ni María habían reparado en ello, cabizbajos y casi definitivamente separados, marcharon hacia la desolada plaza de la ¨serra¨ buscando que cosas decirse.

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Ayer San Juan de Luz, hoy La Junquera: Sexo en movimiento

Daniel de Cullá (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ayer, bajo un régimen tijereta (cortapichas), que veía la paja en el ojo ajeno, y no el pajón en el propio, el macho hispano al que se le puede aplicar infinidad de calificativos relativos a su rumbo, con viento fresco, y las más de las veces huracanado, marchaba a San Juan de Luz, tras el olor que dejan como rastro las piezas de caza, a ver la película El último tango en París, pieza franco italiana de 1972, dirigida por Bernardo Bertolucci y protagonizada por Marlon Brando y María Schneider, dando vida a ese cierto hueso que tienen los perros entre las orejas y los machos entre las piernas, que nos habita y nos contiene, en cavidad grande e interior de una cosa hueca, aplicada más a la yegua, vaca o hembra que se destina a la reproducción o goce, sacando una y uno el vientre de buen año, aprovechando la coyuntura u ocasión favorable para sentir mejor que de costumbre un macho educastrado en seminarios y conventos, o para hacer ellas su agosto en cualquier terreno referido al sexo aparecido al sur de Francia.



Si preguntabas al españolito que volvía a casa ¿qué tal la película?, respondía: “De vicio”. Apostillando otro: “tras el vicio viene el fornicio”.Y ja ja ja.

La película fue como huelgo de la bala en el ánima del arma de fuego. Vanidad y jactancia de Amor amarrado por un extremo a una estaca hincada en carne como palo enhiesto, cabria, en una posición fija e inestable.

Hoy, La Junquera, al sur de Francia y al norte de Cataluña, con viento de la prosperidad, la crisis es un cuento chino, el viento de la victoria, viento, en popa, en pompas, con fortuna, prósperamente, arrostrando toda suerte de dificultades e inconvenientes, nos ofrece sus vinos y sus carnes de burdel solicitadas con mucho ahínco y diligencia por los jefe y súbditos de la camándula, personas de mucha trastienda, disimulada e hipócrita, marca hispana choricera, seguidores de la doctrina de las acémilas en acemilería u oficio antiguo de la Casa Real relativo al cuidado de las acémilas, marchando los unos, jefes, a la caza y muerte del elefante o elefanta, y los otros, los súbditos, a la caza del conejo de mancebía, cual manceros, hijos de prostituta, y cantando, rebuznando: “No hay tal cama como la de la enjalma, albarda”.El hispano que baja a Barcelona va diciendo: ¿Queréis cola, alcaldesa buena? Comed de La Junquera. Que no en Junqueras, localidad de la provincia de Barcelona, donde en su monasterio, hoy medio derruido, notable por su arquitectura, comieron cola de carnero Jimena Gómez, hermana del rey de Asturias Alfonso el Casto, madre de Bernardo del Carpio, primera mujer del Cid, por la que se peleó en desafío con l conde de Gormaz; y Jimena Díaz, segunda mujer del mismo Cid, hija de un conde Don Diego de Asturias y sobrina del rey Alfonso VI, de quien cuentan muchas mentiras y valentías falsas.

Entre San Juan de Luz y la Junquera hay una diferencia como la de entre la anomalía media y la verdadera de un astro o una estrella, un empleado subalterno o una hija concubina. Que en la inscripción cuneiforme de Asiria, muy anterior al Kama Sutra, vemos cómo se introduce más o menos profundamente un órgano entre las partes de otro o se adhiere a su superficie, dando a entender una cosa, indicándola someramente y no tan someramente, haciendo la manifestación de un instrumento, introduciéndole mañosamente en la cópula copernicana, como así nos afirmaron, por un lado, Vigilancio, heresiarca natural de la Galia, sacerdote en Barcelona, viajero por Palestina, que era contrario a la veneración de las reliquias, a la vida monástica, y a los ayunos y vigilias, y negaba los milagros; que fue combatido por Jerónimo por no dejarse sodomizar en La Junquera.

Igual, Protágoras, filósofo sofista discípulo de Demócrito, que viajó mucho y sostenía que el hombre es la medida de todas las cosas; que todo, verdadero o falso, puede igualmente demostrarse; que ley, virtud, verdad, todo absolutamente es arbitrario y dependiente del modo de apreciarlo; que lo mismo puede haber dioses que no haberlos; que lo mismo podemos ser todos hijos de la gran puta o no serlo, lo que ya es más difícil, como dijo en San Juan de Luz, formando el aire en su ropa fuelle hueco o ahuecamiento. No valiendo un pito los dos, pues no tocaron pito en La Junquera, no tocando en ella pito ni flauta.

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Cine clásico: “El chacal de Nahueltoro”, de Miguel Littin (Chile, 1969)

Título original: El chacal de Nahueltoro

Año: 1969

Duración: 88 min.

País: Chile

Director: Miguel Littin

Guión: Miguel Littin

Música: Sergio Ortega

Fotografía: Hector Rios (B&W)

Reparto

Nelson Villagra, Shenda Román, Luis Melo, Ruben Sotoconil, Armando Fenoglio, Marcelo Romo

Productora: Cine Experimental de la Universidad de Chile / Cinematográfica Tercer Mundo

Género: Drama | Drama social. Basado en hechos reales

Sinopsis

Basado en un suceso real acaecido en la región sureña de Chillán en 1960, relata la historia de un campesino analfabeto que, en estado de embriaguez, asesinó a la mujer con quien mantenía relaciones y a sus cinco hijas.

Título completo: En cuanto a la infancia, andar, regeneración y muerte de Jorge del Carmen Valenzuela Torres, quien se hace llamar también José del Carmen Valenzuela Torres, Jorge Sandoval Espinoza, José Jorge Castillo Torres, alias El Campano, El Trucha, El Canaca, El Chacal de Nahueltoro. (FILMAFFINITY)

Premios

1970: Festival de Berlín: Premio OCIC (Recomendación)



Fuente: FILMAFFINITY

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La Antigua Guatemala: patrimonio cultural de la Humanidad

El Ave Fénix

Santiago de los Caballeros de la Antigua Guatemala, que fuera capital de la Capitanía General de Guatemala (lo que hoy día es toda Centroamérica) durante los siglos de colonia española, ha pasado a ser en la actualidad Patrimonio Cultural de la Humanidad, declarada por la UNESCO.



Como pocas ciudades del continente americano conserva casi intactos muchos de los edificios de siglos atrás, guardando un aire colonial único. Centro turístico internacional, con el marco de imponentes volcanes que la rodean, pese al paso del tiempo sigue conservando un estilo que parece llevarnos 300 atrás en la historia.

Descargar presentación completa desde aquí (formato pps)

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Declaración de la A.U.A.HU - Asociación para el uso de armas humanitarias

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)



Siempre las guerras se libraron con armas convencionales. Se mataba humanamente y con respeto al adversario.

Sin embargo ahora hay países, como Siria, que usan armas inhumanas, como el gas sarín.

Se debe matar humanamente, con tiros de fusil, ametralladoras, bombas y cañones. Hasta con bombas atómicas, si es necesario, como en Hiroshima y Nagasaki.

Pero jamás de forma inhumana.

Así es que debemos siempre matar humanamente. Con amor al prójimo.

Jamás con el inhumano gas sarín.



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