viernes, 20 de septiembre de 2013

Allende, el sueño existe

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Eran las once y cincuenta y dos minutos, del 11 de septiembre de 1973, cuando estalló la primera bomba sobre La Moneda, pero él resistió. Estaba allí, esperando que su vida fuera una voz para decir y decirnos el futuro necesario. Por eso no pudieron asesinarlo, no pudieron, ni podrán.

Salvador Allende (Valparaíso, 26 de junio de 1908), el compañero presidente, está vivo porque el sueño existe, porque respira en cada fábrica, en cada escuela, en cada hospital, y vibra su voz clara en el tacto de las manos obreras y en las del niño que aprende a sumar. Todo en él fue dignidad del pueblo, todo en él fue esperanza y lucha, todo en él fue caricia y combate por la vida.



Allende, voz del sur infinito, voz de los sin voz del mundo, voz necesaria, como bandera henchida de libertades, voz nuestra para siempre.

“Nuestra responsabilidad se acrecienta, sobre todo en momentos en que sólo se descubren horas caracterizadas por amenazas reaccionarias o dictatoriales que, de concretarse significarán violencia y represión contra la juventud y los trabajadores. Personalmente, sólo aliento un anhelo íntimo: que vaya donde vaya, esté donde estuviere, seguiré siendo para el pueblo el “compañero Allende”, anunció ante el senado chileno, en enero de 1970.

Médico revolucionario, Allende fue el presidente del pueblo chileno, de la unidad popular, desde 1970 hasta 1973, cuando un Golpe de Estado, uno de los más cruentos del sur del continente hizo estallar la esperanza de Chile y la de los pueblos latinoamericanos. El primer presidente socialista que llegó al poder a través de los votos fue y seguirá siendo un incendio de conciencia. Por eso su palabra, comprometida y honda, es un estandarte henchido de sueños y su memoria un espejo donde el futuro, urgente e imprescindible, se refleja.

“Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. (Fragmento de su última intervención por Radio Magallanes, el 11 de septiembre de 1973, a las 9:10 AM)

Y la historia lo lleva a él prendido de sus alforjas, convencida de que las páginas que faltan ser escritas, que aún no son contadas, tendrán su nombre y su figura como una ofrenda. Tiempo, tiempo que viene sin pausa, tiempo que se edifica en los andares del mundo y sus gentes, en los pasos victoriosos de los pueblos que hacen nacer las libertades, le dirán presente una y otra vez, al compañero presidente.

“Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. (Fragmento de su última intervención por Radio Magallanes, el 11 de septiembre de 1973)

Y porque él vive y viven los pueblos, el sueño de un mundo libre, solidario y justo, sigue siendo posible y sobre todo, imprescindible.

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Libros

ARGENPRESS CULTURAL

Hoy presentamos al público la novela “El Chalet de los Quintana”, de la autora argentina Beatriz Paganini.

¡Feliz lectura!

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El oro de la aldea, motor de integración social

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Desde Paita, principal puerto del norte peruano hasta Manos en Brasil, siguiendo el cauce del Amazonas, centenas de aldeas ribereñas construyen la integración del Sur y Centro América con la economía global, señala el libro El Oro de la Aldea, una acuciosa investigación de dos académicos peruanos: Julio Rojas Julca y Julio Kuroiwa, avalados por el buen trabajo de las Naciones Unidas en zonas de desastres naturales.

El Oro de la Aldea no es la materia inerte. Es su población, sus mujeres, sus hombres, sus niñas y niños, su cultura. Esta es la tesis central. “Con esta premisa, multipliquemos las ideas de propugnar un nuevo modelo cultural de producción muy cerca de nuestro entorno, diferente al modelo depredador occidental de los últimos años”.



El proyecto de integración latino americano tiene sus orígenes en la propia naturaleza, marca el sendero a través de las cuencas bañadas por muchos ríos, como el Puyango - Tumbes que se pierde en el Pacífico; el Napo, Pastaza, Negro, Putumayo y otros que surcan Manaos en Brasil para desembocar en el Atlántico.

En el siglo XXI, las comunidades nativas cuestionan la extracción irracional de los recursos naturales. Esta concepción coincide con los mensajes de la reciente conferencia del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) que recomienda la preparación para el fin del “gran ciclo económico” favorable, mediante la inversión en mejorar la productividad y la importancia de la influencia global de América Latina.

Este mensaje de los voceros oficiales del FMI, CEPAL y BID respecto a la sobrestimación del potencial de crecimiento de la región, explica que la expansión económica de los últimos años ha estado impulsada por los "vientos favorables" del exterior y un futuro inmediato que será "más complicado".

Se advierte que las "oportunidades" que presentan para América Latina son a los jóvenes europeos que enfrentan altos niveles de desempleo y que pueden ser aprovechados como una nueva "ola de inmigración altamente cualificada" para la región, tal y como ocurrió a mediados del siglo pasado.

La investigación de Rojas y Kuroiwa, presentada en la Universidad de Piura, por el abogado y filósofo Luis Castillo Córdova, ingeniero José Benavente y Luz María Elguero, presidenta de Transparencia Perú y directora de El Tiempo, el diario más antiguo de la Región Norte, refuerza la importancia de la Vía Piura – Manos, uno de los principales corredores del grupo de integración de la Costa sudamericana con el Brasil.

El Corredor Norperuano está en plena marcha. Frecuentemente se realizan en ciudades peruanas y ecuatorianas encuentros de centenares de empresarios que comparten rondas negocios por montos nunca antes registrados, y con productos de mayor valor agregado. Los intercambios inciden en derivados hidrobiológicos, artesanías de paja toquilla, de cuero, cerámica de Chulucanas y joyas de filigrana de Catacaos, entre otros siguiendo en lo posible normas de la Fiscalía del Ambiente.

Pro Ecuador, indica que ya no hay dificultades en las barreras arancelarias, salvo contadas excepciones para los productos de ambos países. Los empresarios se reconocen como hermanos separados por una frontera, pero con mucha similitud en cultura, historia, lengua…



La Confederación de Trabajadores del Perú consciente de este nuevo contexto, remarca la conveniencia de mayor unidad por una misma causa y respaldar el derecho de agremiación. Hay que advertir que la recomposición de la propiedad agraria, debe respetar a las comunidades campesinas, en particular a sus unidades de producción, que diseñaron hace décadas, según tesis sobre la Comunidad de Catacaos, de un grupo de sociólogas, liderado por Teresa Lara, de la Universidad de San Marcos.

Piura experimenta una expansión urbana que preocupa porque está ocupando zonas consideradas vulnerables frente a fenómenos naturales, como El Niño de 1983. Se recomienda el uso de los mapas de riesgos para ciudades saludables que están manos del Instituto Nacional de Defensa Civil y evitar que Piura crezca en las zonas inundables. Estudios auspiciados por PNUD, considera que la primera ciudad planificada y segura será Olmos en Lambayeque, con el respaldo del gobierno local y el proyecto Olmos - Tinajones. El gobierno ha dado carta blanca a los urbanistas y a quienes conocen la gestión de riesgo.

Ecuatorianos, colombianos y brasileños visitan y se reencuentran en las playas de Máncora, Cabo Blanco, Punta Balcones, Las Peñitas, Lobitos, Los Órganos, el Bosque de Pariñas y los Cerros de Amotape con su zona eco zoo geográfica del Bosque Seco Ecuatorial.

Están en marcha proyectos para mejorar carreteras y cuencas. En salud y seguridad social. Tumbes Accesible, que nació con el respaldo técnico del Ecuador, es un modelo de gestión para atender a las personas con discapacidad, que se extiende a otras regiones del Perú como el populoso distrito de Ventanilla en el Callao y la Cuenca Amazónica. Su metodología y dimensión ha sido reconocido por la ONU y la OEA como una buena experiencia social con base científica.

La Ruta del Spondylus (nombre de una hermosa concha abundante en esta parte del Pacífico e insumo para la producción de variada artesanía), se extiende desde las costas ecuatorianas de Cuenca, Machala, parte de Loja hasta las regiones peruanas. Tal ruta involucra la puesta en valor de los bienes culturales. Además, el reconocimiento del Golfo de Guayaquil como bahía histórica y la insistencia de la población en el desminado en las zonas remanentes.

La Embajada del Ecuador en el Perú, al cumplirse dos décadas de la firma del Acuerdo de Paz, tuvo la iniciativa de concentrar esfuerzos en la producción y difusión cultural como Antologías Binacionales de Cuento Infantil y Poesía que reúne a cerca de 100 escritores de los dos países, dando continuidad a otros esfuerzos editoriales.

Hace una década la alianza estratégica Perú Brasil fue impulsada por el presidente Lula Da Silva y Alejandro Toledo del Perú. Las relaciones con Brasil, atraviesan por una etapa histórica que no tiene similar en los 190 años de vida republicana. En los 15 últimos años hubo más encuentros presidenciales, empresariales y políticos que los 180 años anteriores juntos.



Hay un acercamiento con una red vial en la parte sur. Ahora hay que terminarla en el norte. Si logramos crear tres ejes: el amazónico, el central conectando a Pucallpa, Cruzeiro Do Sul y la Interoceánica del sur, da pie para un desarrollo energético integrador sudamericano.

Un reciente paso que enriquece el Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza, es el Encuentro Eje Social Cultural, realizado en Guayaquil, en agosto del 2013 siguiendo los acuerdos presidenciales del 2012. Los ministros de Trabajo, Salud, Educación, Mujer y Desarrollo e Inclusión Social coinciden en dar prioridad a la atención de la primera infancia, en cuanto a metas, estrategias de intervención, presupuestos, con una visión integradora que antes no se tenía.

Se ha convenido extender la acción en las cuencas comunes de Ecuador y Perú, siguiendo las experiencias de Acción Social con Sostenibilidad en las Cuencas de la Amazonía Peruana, con participación de plataformas itinerantes, siguiendo la Ruta de Magallanes, que partió de la Cuenca del Napo, en el Ecuador, para descubrir el Amazonas, según registran las crónicas del siglo XVI.

¿Cómo aprovechar adecuadamente los recursos de la Amazonía para el desarrollo del país sin acciones depredadoras irreversibles?

Las respuestas podemos encontrarlas en la palabra de sus ciudadanos vigilantes y en la rica producción de autores sudamericanos como Castro Pozo, López Albújar, Icaza, Guimarães Rosa, l García Márquez, Vargas Llosa, Horacio Quiroga, entre otros, que nos sumerge en el fascinante mundo del Desierto y la Amazonía, con sus maravillas, riesgos y problemas.

El espacio local -según El Oro de la Aldea- constituye el eslabón estratégico clave, donde es posible promover el desarrollo local sostenible, forjar ciudadanía y construir la democracia municipal, como base de cualquier sistema democrático nacional. Atender la problemática local es empezar en el mundo rural, trasmitir y poner en valor el saber popular, tradicional. Los recursos naturales han provocado el sueño de los hombres, las semillas de las colonias y el germen de los imperios, e involucra a pobres y ricos.

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Plástica. Desde Perú: Macedonio de la Torre Collard (1893-1981)

Argenpress Cultural

Pintor, escultor, compositor y violinista. Nació en la hacienda Chuquisongo, Otuzco-La Libertad-Trujillo y falleció en Lima. Pintó desde los doce años de edad.

Estudió pintura, en Argentina, con el maestro Orlando Stagnaro (Buenos Aires, 1895-1917). Retornó al Perú en 1917 y realizó su primera muestra junto con Camilo Blas, en Trujillo.



Al año siguiente, en Lima, presentó primera exposición individual de pinturas y esculturas con obras que había exhibido en Arica en 1917, y otras pintadas en Trujillo. Viajó a Europa, para formarse artísticamente, gracias a una pensión que le proporcionó el gobierno del Presidente Augusto B. Leguía. Estudió en Dresden-Alemania, Bélgica, Italia y Francia entre 1924-1930.

Permaneció en París entre 1927 y 1930. En la Ciudad Luz estudió en la Academia de la Grande Cháumiere con el escultor Émile Antoine Bourdelle (Francia 1861-1929) uno de los más destacados de la Belle Époque y pintura en Alemania. Se presentó en el Salón de Otoño de París en 1928 y en el Salón de los Independientes en 1929, donde es un mérito ser aceptado como expositor.

Volvió a Lima en 1930, expuso individualmente en muchas oportunidades.

Fue, en Lima, una novedad del todo insólita la primera muestra pictórica vanguardista en ese medio, pues había de todo en materia de innovaciones: cubismo larvado en las estilizaciones y síntesis de las imágenes urbanas...“fierismo” (fauvismo)...con algunas contorsiones de expresionismo, que seguramente eran rememoración de sus contactos en Alemania...”

Sus bodegones, de clara influencia europea, son delicados y con oficio, tanto en flores como en frutas; son notables sus paisajes costeños, andinos y europeos.

Participó en el Primer Salón de los Independientes, 1937, en el Palacio de la Exposición de Lima, con siete pinturas totalmente figurativas entre ellas: Calle del Cusco, Paisaje de Puno y Paisaje Colonial.

Expuso en: Perú, Argentina, Chile, París y diez veces en Nueva York-USA. Destaca la retrospectiva en el Museo de Arte de Lima en 1968. En el catálogo apareció una cita de César Vallejo Mendoza (1892 -1938), quien escribió, en 1929, un artículo desde París para la revista limeña Mundial Nº 466 de mayo “...Macedonio de La Torre es dueño soberano de una estética realmente original y grande...".



En Arequipa expuso como invitado de honor en la Universidad San Agustín. Obtuvo el Primer Premio en el Salón de Acuarelistas de Lima 1941 y participó en la exposición Semana del Perú en Viña del Mar-Chile, 1946 con cuatro obras: Baño en mi campiña, Esquema de mi paisaje, Vegetales (paisaje) y la Selva.

Macedonio de la Torre fue uno de los primeros en llevar al Perú manifestaciones del vanguardismo: fauve y abstracto. Ha dejado numerosas obras en casi todos las técnicas y estilos.

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Música: Desde Chile, la canción revolucionaria con Víctor Jara

ARGENPRESS CULTURAL

Víctor Jara Martínez (Chile: La Quiriquina, Chillán Viejo, 1932 - Santiago, 1973) fue un cantautor, símbolo de la lucha revolucionaria de algunas décadas atrás. Fue también director teatral, investigador del folclore y de los instrumentos indígenas, actor, dramaturgo y libretista, pero alcanzó la mayor trascendencia como compositor y cantante popular.

De origen campesino, heredó de su madre la afición por la música. Al ser abandonados por el padre, la familia se trasladó a Santiago, a una cité en la población Los Nogales. A los 15 años quedó huérfano e ingresó en el Seminario Redentorista de San Bernardo. Allí permaneció dos años. En 1957 entró en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. En esa época conoció a Violeta Parra, que lo acogió como discípulo.

En 1960 recibió el título de director teatral y pasó a formar parte del directorio del Instituto del Teatro de dicha casa de estudios. Dirigió varias obras de teatro y obtuvo el Premio Laurel de Oro como mejor director del año. En 1967 fue invitado a Gran Bretaña, donde recibió otro premio por su dirección teatral. Estando allí compuso una de sus canciones más conocidas, Te recuerdo Amanda, dedicada a sus padres Amanda y Manuel.

En 1968 pasó a ser el director artístico del conjunto de música popular Quilapayún. En 1967 publicó su primer álbum musical, titulado Víctor Jara. Su segundo álbum, Pongo en tus manos abiertas (1969), coincidió con el respaldo que prestó a la candidatura de la Unidad Popular de Salvador Allende como militante de las Juventudes Comunistas. En 1970 publicó Canto libre, El derecho de vivir en paz y La población, creaciones de gran belleza y fuerza poética que lo convirtieron en uno de los máximos exponentes del resurgimiento y la innovación de la canción popular en Latinoamérica.

Sus canciones trataban sobre su pueblo y sus problemas, en la línea de los cantautores de la época; con todo, su éxito internacional las llevó más allá de su Chile natal para ser cantadas en cualquier manifestación progresista o concentración universitaria de otros tantos países, particularmente en la España de la transición.

Durante el período de gobierno de Allende fue nombrado embajador cultural del gobierno, en cuyo cargo desarrolló una amplia labor hasta la fecha de su muerte. Estaba casado con la bailarina inglesa Joan Turner, quien había sido su profesora de expresión corporal en la Universidad de Chile.

Fuertemente comprometido con su entorno político, su compromiso acabó costándole la vida. Tras el golpe de estado del general Augusto Pinochet, acaecido el 11 de septiembre de 1973, se encerró con otros universitarios en la Universidad Técnica del Estado, en Santiago, para mostrar su repudio y voluntad de resistir; sin embargo, el ejército tomó pronto las instalaciones y llevó prisionero a Jara al Estadio Nacional de Santiago de Chile, donde fue brutalmente torturado y asesinado el 16 de septiembre.

En septiembre de 2003, al cumplirse treinta años del golpe militar, el gobierno chileno rebautizó al estadio con el nombre de Estadio Nacional Víctor Jara. A mediados de 2008 se reabrió la investigación judicial sobre su asesinato; el teniente coronel Mario Manríquez fue acusado del homicidio.

Presentamos aquí tres de sus más conocidas canciones, devenidas hoy íconos imperecederos de la canción popular y revolucionaria latinoamericana.

1. Plegaria a un labrador


2. A desalambrar


3. Te recuerdo Amanda


Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/jara_victor.htm

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Las personas son importantes

Cecilia Ferreiroa (Desde Buenos Aires, Argentina. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El teléfono había estado sonando toda la mañana. No tenía ganas de atender. Lo dejaba sonar hasta que colgaran. En un momento pensé que podía ser algo importante pero aun así no atendí. Me había quedado sentada en el sillón de la sala como si estuviera pegada. Cuando por fin me levanté vi que en mi celular tenía un mensajito de texto de mi hermana Marcela. Me preguntaba si iba a estar a la tarde para dejar unas cosas de pasada a un lugar al que tenía que ir. No me decía de qué cosas se trataba ni a qué lugar iba. A pesar de haber planeado salir a comprarme unas botas de lluvia, acepté su pedido. Siempre terminaba diciéndole que sí a todo. Después me daba bronca porque ella no era igual conmigo. Muchas veces le había pedido algo y ella me había dicho sin ningún problema que no podía. Una vez me dijo que estaba muy enganchada leyendo una novela y que quería terminarla. No buscaba explicaciones muy elaboradas. De chicas empezábamos con el juego que ella quería, con la promesa de que después jugaríamos al mío. Pero cuando llegaba mi turno, Marcela decía que ya no tenía ganas de seguir jugando. Siempre hacía lo mismo y yo siempre volvía a jugar con ella. Repetirme tan dócilmente me hacía sentir un poco estúpida.

Llegó a las 3. Me dejó una mochila y me dijo que la pasaba a buscar más tarde. Definitivamente debería quedarme en casa el resto del día. Antes de que se fuera le pregunté:

-¿A dónde vas?

-A hacer unas cosas que tengo que hacer por acá cerca.

 Otra vez evadía la respuesta. En eso Marcela era una maestra. Sólo respondía a lo que ella quería. Aunque para negarse a mis pedidos era muy directa. No se me ocurría qué podía tener que hacer por el barrio. Era un barrio de lo más muerto. No había nada para hacer. No había restaurantes, excepto alguna que otra pizzería berreta, no había bares, no había negocios de nada, sólo bazares. Todo el barrio estaba lleno de bazares. Uno al lado del otro. Con uno o dos habría sido suficiente pero había miles. Una vez vino a casa una compañera de un taller de cocina. La había invitado a tomar el té para no tener que cocinar nada. Cuando le abrí la puerta me dijo: “En este barrio no vive nadie”. Había venido caminando unas cuadras y había visto un poco de los alrededores. Esa era la impresión que daba el barrio, parecía que no podía ser habitado por nadie.

La mochila de Marcela no pesaba mucho. No entendía por qué no podía llevarla con ella. No pude resistir y la abrí. En la mochila tenía unos libros, su agenda, las pinturas, un cuadernito y una hebilla. Después vi que tenía plata en una cartucherita y su cámara. Quizás por eso no quería llevarla. Como Marcela era muy reservada conmigo, siempre terminaba revisándole las cosas. Lo hacía desde que tenía memoria. Una vez, cuando éramos adolescentes, me descubrió abriéndole la cartera. Casi me muero del susto. La miré con una cara de pánico tremenda. Me pareció que si no le decía algo me iba a acogotar, y le dije la cosa más evidentemente falsa que se me pudo ocurrir: “Pensé que era mi cartera”. Ella ni se molestó en responderme, me miró con desconfianza y se la llevó.

Volvió a buscar su mochila a las 6.30. Yo me había quedado toda la tarde sin hacer nada porque tenía miedo de no escuchar el timbre. El portero funcionaba mal y a veces no sonaba. Cada dos por tres levantaba el tubo y decía: “hola, hola”. Cuando Marcela tocó, pegué un salto. Había sonado fuerte y claro. No quiso quedarse ni un segundo para charlar. Dijo que tenía que irse. Buscó sus cosas y se fue. Yo sólo había sido un depósito para su mochila.

Di el asunto por terminado. Si Marcela no quería contarme adónde iba, era asunto suyo. Por lo demás, podría ser cualquier cosa sin importancia. Creo que me intrigaba más por el barrio, por saber qué podía hacer alguien en un barrio como este.

La semana siguiente Marcela me volvió a pedir si podía dejar la mochila. Como tantas otras veces, acepté sin chistar. Me la dejó y se fue. Subí corriendo las escaleras y cuando llegué arriba me asomé por la ventana para ver si la veía. La vi cruzando la calle por la vereda de enfrente. Caminó hasta mitad de cuadra y se metió por una puerta. Que yo supiera, en la otra cuadra había bazares, una farmacia y nada más. No me imaginaba dónde podía haberse metido.

Cuando vino a llevarse su mochila, salí yo también a la calle. A mitad de la otra cuadra, al lado de un bazar, había una vidriera con un afiche que tenía dibujado un feto dentro de una panza en la que se introducía una jeringa. Arriba había una inscripción: “Así se mata a un inocente. El grito silencioso”. Parecía ser el lugar en el que había entrado Marcela. En la pared estaba escrito el siguiente mensaje:

“El mundo es lindo…

Las personas son importantes…

Vale la pena vivir.”

¿De qué se trataba todo eso? ¿Qué hacía ella ahí? Decidí llamarla y preguntarle.

-¿Qué es ese lugar al que entraste con un feto en la puerta?

-¿Qué feto? –me dijo Marcela

- En la otra cuadra de casa. ¿Qué vas a hacer ahí?

-Ah, ¿los evangelistas decís? No vi que había un feto en la puerta.

- ¿Y qué hacés vos con los evangelistas?

- En realidad, voy a ver a un chico que conocí.

Lo dijo con tono serio y monocorde, como cuando mentía. Cada vez que mentía ponía cara y expresión de nada. Buscaba parecerse a un árbol o a una pared para que no notaran que estaba mintiendo. Yo conocía bien la técnica porque nuestra madre nos había enseñado a mentir de esa manera. Nos decía que debíamos poner cara de póker y en seguida nos mostraba cómo hacerlo. Cuando éramos chicas poníamos esa cara cada vez que le mentíamos a alguien. Yo la ponía cuando tenía que decir que me gustaba una comida. Y Marcela todavía la seguía poniendo cada vez que me mentía a mí.

Me preocupó pensar que Marcela estuviera yendo a las reuniones de los evangelistas. De adolescentes huíamos de ellos cuando nos querían dar unos folletos. Huíamos porque nos daban miedo, y en el fondo pensábamos que si uno entraba en su mundo no podía salir fácilmente de él. A veces tocaban el portero de casa para traernos el mensaje del Señor y nos hacíamos pasar por una empleada. Hay cosas de mi infancia que permanecen en mi vida como un mecanismo. Todavía sigo haciéndome pasar por una empleada y respondo “la señora no está en la casa en este momento” ante cada llamado que no quiero atender. Estaba tan acostumbrada a hacerlo que una vez, sin pensarlo, lo hice con una amiga. Había llamado a casa y como yo no tenía ganas de hablar con ella en ese momento, le dije la frase con mi mismo tono de voz. Ella me contestó: boluda, ¿qué te pasa?

La semana siguiente Marcela no vino a casa. Quizás ahora que yo sabía, no quería exponerse a mis cuestionamientos o preguntas. A Marcela le gustaba hacer las cosas a escondidas, no quería que le dijeran lo que debía hacer y lo que no. Cubría su vida con un halo de misterio. Daba la sensación de que su verdadera vida transcurría en otro lado y que uno sólo podía acceder a lo que no era importante.

Llamé a Marcela.

-¿No venís más por el barrio?

-No, ya no voy más.

-¿Te peleaste con el chico?

-¿Qué chico?

-El chico con el que salías.

-Ah, ese. Sí, bueno, más o menos.

Me molestaba hablar con Marcela de cosas que consideraba falsas sólo por seguirle la corriente y ver si se decidía a dejar de mentirme. Me pasaba que empezaba a dudar si era mentira o no y quedaba enredada en mis propias redes. Por más que buscara la forma, Marcela me resultaba inaccesible. Quizás ella no tenía interés en relacionarse de una manera verdadera y natural conmigo, y se comportaba como un laberinto.

No noté un cambio importante en su comportamiento. Algo que me mostrara que se había convertido en evangelista, como que anduviera diciendo que el mundo era lindo y que las personas eran importantes, así que dejé de preocuparme. Más bien parecía que a Marcela las personas no le importaban demasiado. Quizás fuera verdad que había estado saliendo con un chico evangelista. En todo caso, ya parecía haberse peleado.

Al cabo de un tiempo me pidió si podía dejarme la mochila otra vez. Sentí frustración. Me había hecho a la idea de que ya no iba más con los evangelistas pero parecía que la cosa seguía. Le dije con tono triste que podía dejarla en casa. Debió sospechar algo porque me aclaró:

-No voy a la otra cuadra de tu casa, sino a San Juan.

-¿Qué vas a hacer?

-Es un curso al que me anoté.

¿Curso de qué? Preferí evitarme una respuesta evasiva, así que no le pregunté. Me conformé con saber que no iba con los evangelistas. Después de todo, el barrio parecía tener muchas cosas para hacer.

Me pareció que la mochila que me dejaba era una manera de tenerme pendiente, una especie de pista, que yo estaba muy lejos de poder comprender. Relacionarse con Marcela era volverse un poco detective. Ningún objeto valía por sí mismo. Esa estrategia suya me estaba cansando. Toda la vida me la había pasado deduciendo, atando cabos.

La vez siguiente al recibir su mochila, le di un juego de llaves de casa.

-Para cuando vengas a buscar tu mochila, porque yo no voy a estar.

-¿Cómo que no vas a estar? Yo pensaba quedarme a tomar unos mates.

Si había algo que Marcela no soportaba era que no estuvieran a su disposición. Era capaz de inventar intenciones que no tenía, ganas falsas. Me di cuenta de que esta situación la descolocaba y la disfruté un poco.

Unas semanas después llegué a casa y vi que estaba su mochila. Estaba usando las llaves. A pesar de que yo se las había dado, no puede evitar sentir una ligera molestia por que las usara cuando yo no estaba. Tuve que volver a salir y no pude verla cuando la vino a buscar.
Pasó un tiempo en el que casi no nos vimos. Yo había empezado un curso de repostería el mismo día en que Marcela tenía el suyo y llegaba a casa muy tarde. No sabía si estaba dejando su mochila y tampoco traté de averiguarlo. Había decidido mantenerme en la superficie de las cosas con ella y no ahondar ni intentar deducir más. Marcela sería lo que quería ser para mí, lo que me dejaba ver, lo que compartía conmigo. Eso no era mucho porque más que nada ella ocultaba.

Una noche cuando llegué de mi clase de repostería vi un arbolito en miniatura en la mesa de la sala. Había una nota al lado. La leí:

Este Acer es para vos. Es un bonsái. La profesora dice que representa la vida y crea un puente entre lo divino y lo humano. Te estoy haciendo un Ginkgo yo misma para que no te olvides de tu hermana. Porque vos mucho ir y venir y nada de estar para tomar unos mates con tu hermana. ¿Ya no te importa?

¿Qué le había dado por los bonsái? Nunca le había notado un interés por ellos. Dejé el papel en la mesa. Por primera vez me decía algo que planeaba hacer pero no estaba segura si era la estrategia de siempre cuando yo me alejaba o si se trataba de algo distinto, algo nuevo. No tenía ánimos de averiguarlo. Puse el bonsái en el balcón para que lo humano y lo divino se entrelazaran serenamente.

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A ver, estoy salado, no pego una contimás dos, ojalá que el dios de las aguas profundas, como hasta hoy, rehúse de mí

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Será porque vivo con un plato de comida en la cabeza que pienso mucho en los que pasan hambre.

Celedonia siempre me decía cada vez que yo me tornaba taciturno: “usté” lo que tiene en la cabeza es un plato´e comida, váyase a pescar pero no me llegue de noche, un día de estos te vas a hogar como un pendejo y la que va a sufrir soy yo.

Y entonces me inundaba la más inmensa alegría y empezaba el diálogo y las bromas, ¿pero, cómo es que vas a sufrir si el que se ahoga soy yo? Más o menos en esos términos giraba la cuestión, tan lejano yo no puedo recordar con precisión ese tipo de cosas, ciertamente.

Años después pude calar el conocimiento suficiente para separar el grano de la piedra, es decir, distinguir lo concreto de lo abstracto para no enredar; creo haber sabido alguna vez, que Jorge Luis Borges pudo haber dicho algo así como que le era improbable distinguir las fronteras entre las tinieblas y las luces, no puedo afirmar que hubiese sido así pero más o menos todavía conservo la idea de lo referido, pienso que pudo ser por la ceguera física que entonces acosó al escritor en sus últimos años.

Siempre me inquietó saber qué cosa separa a una realidad de otra, pero en verdad no fue ni ha sido posible; por ejemplo, quiero saber lo que separaría al socialismo del capitalismo, entre otras cosas. Eso está pendiente.

Hace algún tiempo fui al basurero por una casualidad; encontré a un amigo por cierto escuálido pero que trabaja para el municipio, y cuyo camión se había accidentado allá y él sostenía en sus manos los repuestos, me pidió que lo llevara y yo lo llevé.

No era sorpresa alguna para mí ver tanto zamuro revoloteando pero sí que hubiese tanta gente arremolinada de manera extraña en un mismo punto y era que minutos antes, una mujer joven, como de unos treinta años, había sido aplastada por una máquina compactadora de basura y eso me afectó.

La mujer estaba buscando comida de entre el basurero y no se percató del peligro que la acechaba, esa es una situación todavía difícil pero en vías de resolverse, pienso que el capitalismo interpuso tantas barreras entre la esclavitud y la libertad, tantas que sortearlas de buenas a primeras no es posible, no olvidemos que quinientos años de Cristóbal Colón más cuarenta de adecos y copeyanos medrando sobre nuestras riquezas no se borran de un plumazo en quince años pero estamos avanzando hacia la liberación de todos, plenamente; en cambio, en Europa y en USA sucede lo contrario.

La carencia educativa y la falta de salud, entre otras miserias, son barreras que marcan secuelas mucha veces irreversibles, por lo que superarlas se torna en muchos casos, de extrema complejidad, no obstante, nosotros no debemos cruzar los brazos nunca frente a esa problemática.

Mientras nosotros avanzamos desterrando la esclavitud, en Europa y en USA la miseria popular aumenta, y esas dos variables son referencias que hoy nos definen como modelos sociales no sólo distintos sino además diametralmente contrapuestos.

De modo que debemos apuntar hacia el futuro para poner de relieve lo que podríamos considerar como una frontera entre socialismo y capitalismo.

Entre las tinieblas del capitalismo y las luces del socialismo hay fronteras algunas de las cuales son visibles pero otras son invisibles, unas son más aparentemente concretas que otras, yo pienso que esas fronteras se pueden otear desde la memoria consciente; en cambio, las fronteras más abstractas se tornan de alta complejidad para ser percibidas pero, con esfuerzo y determinación, se puede.

Bueno, me vine del basurero, cavilando como suspendido en el aire, durante un largo trecho del camino de regreso, tanto fue así que cuando me percaté de estar fuera de mí, estaba yo en medio del tráfico, no supe cómo no choqué y ni siquiera si alguien me mentó la madre, pienso que los automatismos inconscientes operaron de alguna manera, era la segunda vez que en mi vida, me ocurría algo parecido; la vez anterior había sido una ocasión en la que tuve que enviar un mensaje urgente y me tocó apelar a un “eso que llaman ciber” cercano al sitio donde me encontraba, resulta que me tocó una máquina cuyo teclado tenía varias teclas borradas y no obstante así yo pude escribir con pasmosa naturalidad y precisión, ignoro cómo pude hacerlo, pienso que también operaron automatismos asombrosos, conscientes o inconscientes, no lo sé.

Yo también he tomado agua en el hueco de la palma de mi mano en un manantial y he dormido a la sombra de un frondoso jabillo, he visto el mar en calma y lo he visto rugiente como un lestrigón y hasta me he cagado los pantalones pensando que un tiburón haga de mi su almuerzo y me he encomendado al dios de las aguas profundas, un dios que sólo ha estado en mi propia cabeza y que lo he inventado para darme ánimos.

He visto lo feo y he visto lo hermoso, lo bonito; y puedo distinguir una cosa de otra, nadie me va a echar el cuento al respecto.

Hay pobres tan pobres que parecieran vivir como en un hueco profundo del que no podrían salir por sí mismos e inclusive si les lanzáramos una escalera ellos no tendrían fuerza ni voluntad para liberarse, entonces tendríamos que ir hasta allí a tratar de sacarlos de cualquier manera. Y esa voluntad de ir hasta donde sea posible, para liberar a los más pobres, es a mi modo de ver un rasgo definitorio de lo que es ser socialista.

¿Por qué un ser humano debe infravivir en extrema miseria? Sencillamente porque el capitalista chupasangre lo arrojó a su suerte. Entonces se plantea una batalla crucial entre socialismo y capitalismo, salvar o matar.

Mmes Angela Merkel y Christine Lagarde, Canciller alemana y Jefa del FMI respectivamente, aplican un plan de hambre y miseria contra la eurozona y eso puede ser bonito o feo según el cristal con que se mire.

Algo sucede en USA, por primera vez postulan un presidente negro y por primera vez postulan a una mujer para presidenta, en este caso a Hillary Clinton, quien por cierto celebró ruidosamente el asesinato del Presidente Muamar el Gadafi, ¿y, cómo se le puede decir a eso, acaso bonito?

¿Y, la Reina Isabel II no hundió al “Belgrano” que estaba fuera de la zona de combate cuando la guerra por Malvinas? ¿Cómo se llama eso?

¿Quiénes son peores que esas criaturas infernales?

En cuanto a que yo estoy salado se debe a que no pego una contimás dos. Es que cada quien tiene su manera de matar piojos, de muchas partes me han echado pero nunca le echo la culpa a los demás sino a mí mismo, y es que la gota horada la piedra no por la fuerza sino por la constancia, mejor es perder el combate peleando que por forfeit.

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Cuatro poemas

Francisco Vélez Nieto (Desde España. Espacial para ARGENPRESS CULTURAL)

1. Sólo andaluz

Retrato

En recuerdo de Luis Cernuda

Nunca me vistieron de luto
gracia de padre
jamás disfraz de nazareno
ciencia de padre
ni flamenco ni torero
¡qué andaluz mi padre!

2. Tormenta de Santa Bárbara

Eran como día de fiesta clandestina
aquellas tardes de gris, rayo y pólvora.
Imaginabas que todos los carboneros
manchados del humo de la encina,
tiraban los tizones hacia el cielo
provocando la huida de los ángeles
imbuidos en rezos y no me beses,
mientras ella aspaventada se sonaba
entre la gran jornada de las nubes.
Y tú saltando de piedra en piedra
bajo los truenos y el agua de la lluvia.

3. El sí y el no de pobres y ricos

Para calmar la conciencia de ambos status

Si los ricos optaran por ser pobres de dinero
y los pobres aceptaran el papel de ser ricos
tan pajolero mundo podría alborotarse
al ser más los pobres ricos, que los ricos pobres.

Tal vez por eso, los ricos, se oponen a ser pobres
y los pobres se apañan con suspiros
y el rosario de plegarias gratuitas.
Por eso siempre habrá ricos y pobres
bancos de piedra y bancos de mármol.
Un pobre a todas horas en cada esquina
y un rico que vigila las monedas que recauda.

De manera que cada uno aguanta como puede
y a rezar todos que seguro algo se consigue.
Los ricos calmarán su oscura conciencia,
los pobres esperarán la llegada divina,
mientras los obispos sudan sus verdades
emanando extraño olor y escasa gloria.

4. El corazón y la cabeza

A su memoria y recuerdo de Cántico.

Camino de la vida,
¿dónde llevas mi alma
a través de los álamos
por la orilla del agua?

Ricardo Molina

Mi corazón y mi cabeza han llegado a un acuerdo
a la antigua; aquellos del apretón de manos y
“Esto va a misa”, amistad con ritmo y solera.

Después de tanto años entre el amor y la polémica, aunque
siempre unidos, creen que la vida ya no es como era antes.
Puede que lleven razón, el tiempo y los desencantos crean

espeso bosque en la cabeza y dolores en el corazón;
también será cosa de la edad, porque la razón no les falta.
Como decía Vallejo, “Hay golpes en la vida que yo no sé”.

Son golpes que crean cicatrices, desilusión o tristeza
y hasta el cuerpo se niega a meter más el hombro;
pues allá cada loco con su tema y menos cuentos de camino.]

Y aquí me tienen, tan triste como un penitente
deshojando pasiones y recuerdos, tras la ventana.
¡Si al menos golpeara la lluvia en los cristales!

Tomado del libro: Poesía Unida

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Culturas milenarias: Bolivianos continúan tradición milenaria para conservar la papa

PRENSA LATINA

El invierno se aleja del sur del mundo, y con su fin, concluye también en Bolivia el tiempo de preparación del chuño, una especie de papa deshidratada que forma parte de la cultura y la alimentación de los pueblos andinos desde tiempos milenarios.

Sara Choque tiene 63 años y vive en la provincia de Omasuyo, en una comunidad perdida al norte de La Paz, y dice que su vida, hasta donde le llegan los recuerdos, está ligada a esas papas trastocadas en piedras oscuras, que han sido, durante los años duros, el plato que ha salvado del hambre a miles de pobres.

Cuenta que todo empieza con el anuncio de las primeras heladas, que los pueblos aimaras saben leer en el cielo con la aparición de las Pléyades, llamadas por ellos Lliphi lliphis, que en español equivale a brillo, centelleo, fulgor.

Un sabio o yatiri es el encargado de anunciar la helada de la noche, que pueden avisar también las direcciones del viento; o algunas arañas, cuando tejen sus telas hacia oriente, al caer la tarde; o en el vuelo de unos pájaros, los Liqi liqis, cuando se precipitan en bandadas sobre el lago Titicaca o persiguen al búho, al buitre o al cernícalo.

Cuando se dan esas señales, el yatiri convoca a los dioses andinos, principalmente a los Uta illas y a los Apus (grandes señores), y les cantan coplas antiguas y les ofrecen bebidas de chicha y hojas de coca para que los favorezcan en la gran ceremonia de la noche.

"Papa mamata, apill mamata... jutjakita... (Oh preciada papita, preciada oquita... ven a mí)" , rezan al inicio de sus cantos, que no se han escrito en ningún lugar y que todos conocen desde los tiempos de los primeros pobladores.

Sara Choque asegura que cuando están dadas las señales, se apuran a llevar las papas escogidas para hacer chuño a la planicie, al anochecer, sobre el lomo de decenas de llamas, para que cuando las temperaturas desciendan sobre la tierra con sus grados bajo cero, el tubérculo se entumezca y el agua en su interior se congele.

Allí estarán por cuatro a cinco semanas, colocadas una al lado de otra, en esas especies de pampas a orillas de los ríos o lagos, para que en la noche, los campesinos las rocíen con agua y el frío actúe en la madrugada.

Dos o tres jornadas después llega el momento más esperado: las papas están congeladas por las heladas de la madrugada y deshidratadas por el sol del día, y deben ser pisadas para extraerles los últimos reductos de agua.

"En ese día participa toda la comunidad, se hace con los pies descalzos y se baila sobre las papas hasta aplastarlas", explica Choque.

Luego viene el proceso de apilamiento, en el que los chuños son elegidos, uno por uno, en dependencia de su grado de congelación, y luego son vueltos a pisar, tras otras dos noches de frío intenso.

Es entonces cuando comienza el tiempo del estragamiento, en el que los tubérculos secos son restregados con las manos para quitarle los últimos restos de cáscara que no cayeron con las pisadas.

Pero no termina ahí: viene después la ceremonia del aventamiento, en la que tras brindar con chicha y hacer ofrendas a la Pachamama, los campesinos mantean los chuños, como paso previo al llenado de los costales, en el que según la tradición, solo deben participar los hombres.

Tras este largo ajetreo, los sacos se juntan y son transportados a las casas, donde esperan las mujeres con la comida y la bebida para iniciar las fiestas hasta la noche.

Deben celebrar, porque han alcanzado su cometido: lograr conservar la papa de la podredumbre, garantizar un alimento básico para los tiempos de seca y para las noches de frío, permitir la comida a la comunidad cuando todo falte.

Vistas después, una vez terminado el proceso, es casi imposible pensar que esas papas disecadas como piedras recogen en sí tantas noches de esfuerzos y sabiduría, como si constituyeran en sí mismas un resumen o un símbolo de las luchas del pueblo andino por su supervivencia.

Dice la leyenda que el proceso fue inventado por los tiwanakotas, antecesores de los incas, hace más de mil 500 años, pero sus enseñanzas perduran hoy en el imaginario del hombre aimara como una manifestación de ritos, como una celebración de la vida contra el frío, la pobreza y el hambre.

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Cine clásico: “Manhattan”, de Woody Allen (1979, Estados Unidos)

ALOHACRITICON

Director: Woody Allen

Intérpretes: Woody Allen, Diane Keaton, Michael Murphy, Mariel Hemingway.

Con guión de Woody Allen ("El Dormilón", "Annie Hall") y Marshall Brickman ("El Dormilón", "Annie Hall").

Isaac Davis (Allen) es un escritor de gags para televisión que ha pasado la cuarentena y que tras conocer dos fracasos matrimoniales mantiene una relación con una joven de diecisiete años llamada Tracy (Mariel Hemingway). Su última esposa (Meryl Streep) se ha fugado con una lesbiana y está a punto de publicar un libro con todo tipo de detalles sobre su vida sexual. Su mejor amigo Yale (Michael Murphy) mantiene una relación extramatrimonial con una interesante mujer de nombre Mary Wilke (Diane Keaton).

Historia sarcástica sobre las relaciones sentimentales mantenidas entre la clase intelectualoide neoyorquina.

La irónica perspectiva de la intelectualidad y la falta de madurez emocional en sus caracteres se significa en el tratamiento que Woody Allen otorga al personaje de Mariel Hemingway, al que siempre cita como "es una chiquilla...", "es muy joven.", cuando realmente es la única persona del film que mantiene posiciones maduras en todas sus actitudes en contraste con las supuestas personalidades avezadas, cultivadas y expertas que le rodean.

El texto escrito por Woody Allen y Marshall Brickman es ácido, ingenioso, vivaz, con reflexiones vitales y constantes referencias culturales.

La realización a base de largos planos secuencia y el empleo magistral del fuera de campo es probablemente la mejor de su carrera.

La fotografía en blanco y negro de Gordon Willis atrapa con belleza ambientes taciturnos teñidos de romanticismo y la música jazz de George Gershwin proporciona un idóneo fondo musical para este magistral homenaje que Woody realiza a la Gran Manzana.

Comentario de J. C. F.

Pocas películas han sabido plasmar en poco más de una hora el ámbito de las relaciones personales como es Manhattan.

Bajo la eterna mirada de la ciudad de Nueva York, Allen desarrolla de una manera ciertamente crítica las relaciones de pareja basándose en personajes de muy diferente calado: Isaac, cómico que odia a la intelectualidad pedante; Una joven, Tracy, que en principio encarna la viveza, el descaro y la inmadurez, y Mary, paradigma de aquella intelectualidad recargada.

Asimismo, en todo el desarrollo de la película están presentes personajes como el mejor amigo de Isaac, el cual mantiene una relación con Tracy engañando a su mujer, y la ex – esposa de aquél la cual le abandonó por irse con una mujer.

En el desarrollo de la cinta, estos personajes y sus historias se van intercalando con gran maestría y fluidez, mostrando con una sutil ironía la hipocresía del ser humano en su búsqueda del amor y la felicidad, los golpes de la vida, el paso de las oportunidades y el arrepentimiento. Allen consigue aislar del entorno de la gran ciudad a una serie de personajes para, a continuación dejarles en soledad, en una búsqueda amarga de su propia felicidad.

Al mismo tiempo Allen nos enseña una muestra de aquella sociedad intelectual neoyorquina, convirtiéndose al mismo tiempo la cinta, en una parodia de la intelectualidad absurda en donde las más grandes excentricidades son las más grandes virtudes y donde la hipocresía y la vanidad son el centro de las relaciones sociales.

Ambos temas centrales de la película se desarrollan bajo la omnipresente ciudad de Nueva York, en donde se recogen planos de una solemnidad exquisita, planos cuya belleza visual roza la perfección. Fotografía espléndida y tratamiento de la luz asombroso.

El guión es fluido y une a la perfección las historias de todos los personajes, personajes que se mezclan, se intercalan y se superponen con maestría excelente.



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Burgos ciudad

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Primera en la hipocresía, el embuste y lo obsceno
Y que su bien le funda en el engaño de una religión
Y su pedófilo alucine del pueblo
Un gran Rebuzno a dar se apresura
En gavilla de hipócritas dentro de tiempo
Salvado por gansos que en manjar exquisito
La morcilla de Cardeña del Cid y el lechazo ribereño
En claustrillos del monasterio de las Huelgas
Hacen las delicias de aquel Asno tan duro como su pezuña
Que adoró a Borak la Burra de Mahoma por un tiempo
Por gracia de aquel lance asombroso de una canilla de animal
En que Abel mató a Caín con quijada de Burro
En vista general desde su catedral a la cartuja de Miraflores
Hasta los sagrados suelos del pueblo
Donde hace buen papel el famoso Asno capuchino
Que hizo héroes y santos a Jumentas y Jumentos
Elogiado por los maliciosos garañones de Madrid y de Toledo
Donde en Metensicosis gregoriana se canta:
“Los hombre siempre han querido
Y ni por pienso Rebuznar en los templos”.

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Van Gogh, un loco de visión privilegiada

Ibis Frade Brito (Desde La Habana, Cuba. Prensa Latina. Colaboración para ARGENPRESS
CULTURAL)

La certeza de que “Atardecer en Montmajour” fue pintado por el holandés Vincent Van Gogh revive la locura que siempre suscita ese genial artista de visión privilegiada.

De hecho, desde Ámsterdam, el Museo Van Gogh ha proclamado a los cuatro vientos el hallazgo de esta nueva obra del gran pintor post-impresionista, loco para unos, genio para todos.

Este artista, que murió en la miseria y cuyos cuadros valen millones ahora, vuelve a ser noticia con un cuadro salido de una colección privada, de dueño aún sin identificar. Tras dos años de investigación de la técnica, el estilo del trazo, los materiales y las referencias encontradas en cartas y notas personales, los peritos holandeses Louis van Tilborgh y Teio Meedendorp concluyeron que, definitivamente, se trataba de un Van Gogh.

El director del museo en Ámsterdam, Axel Rüger, proyecta exponer el lienzo de 93.3 centímetros de largo por 73.3 de ancho a fines de año, como todo un acontecimiento mundial.

Esta pieza es similar en su composición a otras realizadas por el genio holandés durante el verano de 1888 en Arles, al sur de Francia.

Allí Van Gogh quería abrir una escuela de pintura con el respaldo financiero de su hermano Theo y la ayuda del artista galo Paul Gauguin, pero el proyecto culminó en desastre.

Las historias al respecto están sazonadas con el misterio y la especulación, y hasta se dice que en verdad Van Gogh se lesionó la oreja persiguiendo a Gauguin cuchillo en mano.

Lo que no cabe duda es que su estancia en Arles fue intensa y polémica, pero prolífica y creativa.

Los especialistas, en su afán clasificatorio, ya catalogan el nuevo cuadro como exponente del período de transición entre aquellas primeras obras de estilo sombrío y tono lúgubre, y un segundo momento lleno de colores vivos.

La paleta oscura del maestro holandés cambió bajo la influencia de impresionistas como Pisarro, Monet y Gaugin, hasta llegar a la explosión de los amarillos y los brochazos apasionados.

Pero algunos se empeñan en atribuir la genialidad de su pincel a la locura de sus últimos años.

Van Gogh pasó por varios sanatorios mentales y recibió numerosos diagnósticos: manía aguda, demencia, psicopatía, epilepsia, encefalitis e, incluso, tumor cerebral.

No faltan teorías que achacan su particular uso de la luz, el color y plasmación de las formas a enfermedades oculares como glaucoma, distrofia corneal y catarata nuclear.

Además, se sospecha que el holandés sufría anisocordia, o sea, un desigual tamaño en sus pupilas.

La intoxicación con sustancias utilizadas en enfermedades mentales pudo a su vez podía ocasionar manchas oscuras y opacas en la visión, así como halos de luces concéntricas semejantes a las que dibujó en su cuadro La noche estrellada.

De cualquier forma, quien resulta hoy uno de los artistas mejores cotizados en el mundo, durante toda su vida solo vendió un cuadro, El viñedo rojo, en apenas 400 francos.

Aunque creó unas 900 pinturas y más de mil dibujos, jamás supo de éxitos y reconocimientos: su obra alcanzó notoriedad muchos años después de su trágico suicidio a los 37 años.

Solo Theo estaba convencido de la grandeza de su hermano, por eso guardó celosamente entre tantas otras, Atardecer en Montmajour, la cual formaba parte de su colección en 1890 y fue vendida en 1901, según indican investigaciones recientes.

Theo lo consideraba "un pintor del futuro" pues a su juicio, la obra de Van Gogh sería apreciada en su justa medida únicamente con el paso del tiempo. Y no se equivocó.

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Novedades editoriales: “Las encrucijadas actuales del psicoanálisis. Subjetividad y vida cotidiana”, de Luis Hornstein

Argenpress Cultural

La editorial Fondo de Cultura Económica acaba de publicar el libro “Las encrucijadas actuales del psicoanálisis. Subjetividad y vida cotidiana”, del autor argentino Luis Hornstein.

Presentamos aquí la Introducción de dicha obra.

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Música: Ópera en un mercado de Montreal, Canadá

Argenpress Cultural



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Un poco de humor plástico…

Argenpress Cultural

“Las segadoras” de Millet en una versión… muy especial.



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La librería más linda del mundo… Oporto, Portugal

El Ave Fénix

Descargar presentación completa desde aquí (formato pps)

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Cartas nunca enviadas

Marcelo Colussi

Mboto Kumbawa, de Tanzania, 38 años, separado, sabía que iba a morirse. Eso no lo tenía particularmente preocupado; lo aceptaba como una más de las tantas cosas de la vida. Lo que más le preocupaba era qué sucedería con su obra literaria nunca publicada. Aunque en realidad era un tanto exagerado decir "obra literaria". Verdaderamente nunca había publicado, salvo un cuento –uno sólo– que alguna vez se atrevió a enviar a la ahora desaparecida revista cultural "Adelante", editada años atrás en Dar es Salam.

Le gustaba jugar a repetir la historia de Kafka, y solía decir que igual que el célebre checo pediría a su albacea destruir todos sus materiales a su muerte. Pequeño detalle: no había un Max Brod en su vida, y sus escritos eran un misterio. Siempre hablaba de ellos, pero jamás los enseñaba. Nadie lo tomaba muy en serio.
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Funcionario menor en el Ministerio de Educación, cuando murió de cáncer de garganta lo lloraron su ex esposa y sus cuatro hijos, pero no hubo grandes pompas funerarias ni discursos de despedida. Nadie lo homenajeó como "escritor"; en todo caso sería recordado como maestro, el trabajo de casi toda su vida.

Quiso el destino que unos pocos meses luego de su deceso, encontraran en la oficina del Ministerio unos papeles que se veía no eran informes de trabajo. Alguien se tomó el trabajo de desempolvarlos y darles una ojeada. Era una colección de cartas, de las más variadas que se pudiera pensar –por supuesto, nunca enviadas. Aquí presentamos sólo algunas, las más significativas.

Carta para exigir compensación al Fondo Monetario Internacional

Sres. Fondo Monetario Internacional:

Es para mí una obligación moral hacerles llegar esta carta. Se preguntarán ustedes quién soy. Pues nada más y nada menos que un ciudadano, uno más de los tantos que nos vemos perjudicados por su accionar.

El motivo de la presente es un pedido; me atrevería a decir que más que un pedido: si ustedes quieren, también una súplica, pero fundamentalmente una exigencia. Señores funcionarios: ¡dejen ya de presionarnos con sus requerimientos! ¡No les pagaremos ni un centavo!

No sólo levanto la voz para hacerles saber de este reclamo; les presento también los motivos que me llevan a ello, que no son en modo alguno caprichosos ni desubicados.

Cada africano nace con una deuda de dos mil trescientos setenta y siete dólares. ¿Cómo es eso? ¿Quién contrajo esa deuda? Es absolutamente inmoral, indigno, injustificable, que una persona nazca y ya tenga hipotecado su porvenir. ¿En nombre de qué esa deuda, señores? ¿Qué beneficio recibimos cada uno de nosotros, los deudores, por esta deuda? ¡Ninguno!

Siendo así, entonces, ¿pueden explicarme por qué esa prepotencia, esa arrogancia de parte de ustedes para con nosotros? Quiero aclararles que esto no es nada personal, por supuesto; yo no les conozco siquiera. Para mí son sólo un nombre, una etiqueta de un impreciso ente que tiene su oficina muy lejos de mi tierra, donde viven hermanos de sangre que siglos atrás fueron arrancados del Africa para ser llevados como esclavos. Pero fuera de saber que ustedes están por allá, sé –porque lo experimento en carne propia– que por su intervención nosotros estamos en la ruina, y sus créditos, más que ayudarnos, contribuyen a seguir hundiéndonos.

Díganme con toda honestidad: ¿nosotros le pedimos acaso un centavo de su dinero? Yo jamás les solicité algo; ni siquiera los conozco. Jamás de los jamases los llamé para pedirle dinero. ¿Por qué ahora les debo dos mil trescientos setenta y siete dólares? Y ustedes quieren cobrar esa suma. Ese es su trabajo, sin dudas. ¿Entienden entonces lo que quiero transmitirles? Todo esto es un engaño, señores.

Esperando que la explicación haya sido lo suficientemente clara como para no dejar ningún lugar a malentendidos, les ruego recapaciten sobre lo que les acabo de decir.

No tengo nada que agregar sino repetir una vez más que no me siento deudor de nada, por lo que les solicito encarecidamente dejen de reclamar algo que no corresponde. En nombre de mi pueblo –del que me siento en la obligación de representar– y del mío propio les solicitamos dejen de chantajearnos. Si así no lo hicieren, me veo precisado a decirles que deberemos pasar entonces a medidas de fuerza, lo cual –imagino– no habrá de ser de su agrado. Evitemos el uso de la violencia. Por favor absténganse de seguir reclamando.

Esperando que a partir de esta misiva se clarifiquen –y faciliten– los términos de la relación entre nosotros establecida, no diré que tengo el gusto de saludarles sino que ¡basta ya, por favor!

Mboto Kumbawa


Carta a mi ex esposa

Querida Patricia:

¿Qué nos pasó? ¿Qué fue lo que deterioró de ese modo la relación?

Te digo "querida" porque, pese a todo lo transcurrido, no tengo motivo para odiarte. No te quiero pasionalmente, por supuesto; ya no. Te quise locamente en otro momento, y lo sabes. Estuve dispuesto a dar todo por ti, pero lamentablemente las cosas luego cambiaron. Pero de todos modos no podría dejar de decirte "querida Patricia" porque sigues siendo alguien muy importante para mí.

Contigo mi vida cambió. En realidad, si bien no fuiste mi primera mujer, fuiste la persona con quien más llegué a unirme, y eso tú lo sabes bien. Te quise, nos quisimos, juntos hicimos cosas hermosas, crecimos. ¿Por qué tuvo que terminarse?

Algún tiempo atrás me hacía esta pregunta, y no encontrándole respuesta, me desconsolaba. Tampoco ahora encuentro respuesta, pero al menos lo tomo con más tranquilidad. "Son cosas de la vida", me digo; y con eso me reconforto. O al menos no me deprimo como antes. Sí, Patricia: son cosas de la vida. La vida está hecha de una suma infinita de retazos; la alegría, el bienestar, la satisfacción son parte…a veces. Pero también hacen parte de esta difícil aventura de vivir los problemas, las insatisfacciones, los tropiezos. Haciendo el balance, creo que hay más espinas que rosas.

Tú eres una buena persona, de verdad. No tengo nada que reprocharte. Si quisiera ver por qué llegamos a separarnos creo –lo digo con toda sinceridad– que tengo yo más responsabilidad que tú. Siempre trataste de moderar las cosas; aguantabas mis gritos, mis ataques de irascibilidad. Me doy cuenta que, para ti, vivir en esas condiciones debe haber sido un infierno.

Si vale decirlo ahora: ¡lo siento! Lo siento muy hondamente, porque de no haber sido yo así, ahora seguramente podríamos seguir juntos. Pero no es el caso.

¿Para qué te escribo ahora?, tú te preguntarás. No lo sé con exactitud. Tenía ganas de hacerlo, o quizá necesidad. Yo también me hago la misma pregunta: ¿para qué te escribo? Lo nuestro se terminó, y estamos claro de ello. Se terminó y sería imposible volver a plantearnos algo en común. Fuera de los hijos, con cuya tenencia hemos logrado un buen equilibrio, ya nada nos une. Mejor que así sean las cosas: no nos guardemos rencor.

Es más: deseo que te vaya bien en tu vida, sinceramente te lo digo.

Si intentara concluir algo de toda nuestra relación diría que el amor es difícil, que las relaciones humanas son difíciles, que los seres humanos estamos condenados a sufrir, que el amor eterno no existe. A lo que agregaría además que yo, dicho con la más absoluta objetividad, con mesura y equilibrada ponderación, yo soy un tipo problemático que no sirve para establecer relaciones duraderas.

Te agradezco haberme aguantado tanto tiempo, y que los dioses del bosque te protejan y te hagan feliz.

Mboto


Carta para leer cuando reciba el Nobel de Literatura

Como no sé mucho de formalidades –ni pretendo saberlo– saludo y agradezco por igual a todas y todos los presentes. Es para mí un honor estar hoy aquí, delante de tanta gente distinguida, sabiendo que el mundo entero está viendo esta ceremonia. Espero, por tanto, no defraudar a nadie con estas humildes y breves palabras que, por fuerza, debo pronunciar. Si defraudo, espero que no sea demasiado. Y en el peor de los casos, si defraudo demasiado, espero sepan perdonarme. Por último, el Premio está ya otorgado, y eso demostraría que fue un error concedérmelo, como yo efectivamente pienso.

No sé si en verdad me merezco tan alto galardón. En lo personal, creo que no. Me atrevo a pensar, incluso, que efectivamente fue una equivocación. Yo, como tantas veces lo he dicho, no soy un escritor; muchos menos, un escritor genial que se merezca esta distinción.

Quiero empezar mi discurso excusándome si no puedo expresarme con toda la soltura y belleza que se esperaría lo haga un Premio Nobel de Literatura. Sucede que mi lengua materna no es el inglés, sino el suahili, idioma que hablé toda mi vida con mucha mayor propiedad, desde mi aldea natal en la selva hasta el día de hoy. Si he escrito en la lengua de Shakespeare –con todo el perdón de los clásicos puristas británicos– eso se debe a la herencia que la Reina de los Mares nos legara, a partir de la intromisión que tuvo en nuestro continente. ¿Ustedes se imaginan a la Reina de Inglaterra o al Presidente de la Cámara de los Lores hablando suahili? Yo, realmente, no. ¿Y por qué yo tengo que hablar en inglés? ¿Por qué hoy tengo que llevar este –perdónenme por el epíteto– estúpido traje negro y este –para mi gusto al menos– ridículo moño? ¿Usaría el Primer Ministro británico nuestros trajes típicos para alguna de nuestras ceremonias?

De todos modos, no quiero insistir con esta cuestión de las presentaciones: hablo en inglés, pobremente quizá, y uso un traje que me resulta incómodo. Pero no deseo extenderme en este aspecto sino excusarme, en segundo término, por mi falta de información. No podría, ni remotamente, lucirme con una parafernalia de datos sobre la historia y la situación actual de mi país: Jamhuri ya Muungano wa Tanzania –mi raza, mi continente– como lo hiciera en una ceremonia similar mi –me provoca cierto nerviosismo pronunciar la palabra– "colega", el también galardonado con este premio, el latinoamericano García Márquez. En ocasión de recibir su premio, aquí mismo, hace ya años, asombró a todos con una pieza oratoria tan llena de datos, tan rica en información, que creo le podría valer, ella misma, otro premio. No, yo no dispongo de todo ese saber. Sé que vengo de un lugar pobre, uno de los lugares más pobres del planeta, con más hambre que otra cosa, pero no podría abundar en precisiones al respecto. Ahí están los informes de Naciones Unidas para eso.

Créanme: no soy escritor, no me tengo por tal. Fui en mis años juveniles, igual que otro colega, también ganador del Nobel –Saramago, el vate portugués– cerrajero. Si fuera un lírico, un exquisito maestro de las letras como lo es él, podría decir que ese juvenil oficio me permitió, años después, abrir los cerrojos del espíritu humano. Pero no, los defraudo. Creo que sigo siendo, de alma, más cerrajero –y mecánico de automóviles, y maestro rural, como también lo he sido– que escritor.

Llegué a la literatura casi fortuitamente, nunca me preparé para eso. No estudié formalmente nunca nada ligado a las bellas artes, no asistí a taller literario alguno. Lamento decepcionarlos si esperaban otra cosa. Empecé a escribir casi como una necesidad visceral: no podía quedarme callado ante las calamidades que a diario veía en mi país, la miseria, la injusticia. Era tan horripilante todo eso –y sigue siéndolo, sin dudas– que me pareció necesario dejar constancia ante la historia de tanta monstruosidad. ¿Por qué los negros sufrimos tanto? Como no tenía cámara fotográfica, y mucho menos como no podía plasmarlo en una película, pensé que tenía que escribir sobre esa realidad. De haber tenido habilidades plásticas, se los aseguro, hubiera pintado; de más está decir que no las tengo.

Como ven, entonces, no soy un inspirado por las Musas. ¿Los sigo defraudando? Simplemente me limité a poner en un papel –les aclaro que jamás he usado una computadora para escribir– lo que sentía sobre lo que veía a diario. ¿Ustedes saben lo que es comer cada dos días… con buena suerte, claro? No pretendo en absoluto ser melodramático y contarles las infamias más grandes que se puedan imaginar buscando conmoverlos y hacerles derramar una lágrima. Creo que eso es una inmoral pornografía de la miseria. Si quieren conmoverse, visiten los lugares de donde yo vengo, y que me inspiraron a escribir aquello por lo que hoy me premian.

Insisto: no sé si soy merecedor de esta tan distinguida presea. No soy un escritor bello –no estoy hablando de "mi" belleza; me considero más bien feo, de verdad. No soy un estilista, un sutil y delicado rapsoda, un mago de las palabras. Hay muchísimos que así han entendido la literatura– y yo también, en definitiva, creo que eso es el arte literario. Pero yo no soy de esos. Soy más bien rústico, torpe incluso. No pinto bellezas; hablo, simplemente, de la sufrida vida de mi gente, de mi sufrida vida.

Intuyo que se me confiere ahora este premio con un valor simbólico: un negro –¡un negro!– de uno de los países más pobres que hay. ¿No se trata de una compensación, una forma de resarcimiento? Los que han leído mi obra –que por cierto no son muchos– saben que no soy un elegante maestro del lenguaje. ¿Por qué, entonces, este galardón? Lo agradezco, claro, no dejo de estar contento; creo que es importante aceptarlo, justamente porque soy un negro de un país extremadamente pobre. ¿Pero no es un poco tardío el reconocimiento?

Les aseguro que no soy un resentido contra los blancos. Aunque no les interese saberlo –nadie me lo está preguntando– uno de mis mejores amigos en mi país es un blanco. Ustedes, los aquí presentes, la reina de Suecia, toda esta gente importante y acostumbrada a llevar estos trajes que a mí me parecen camisas de fuerza pero que, para ustedes, son algo de lo más cotidiano, todos ustedes no son los responsables directos de nuestras infinitas penurias, como negros y como pobres. ¿O sí?

¿Quién es el culpable, entonces? En lo que hoy día es Tanzania se sabe que apareció el primer ser humano de la historia, hace varios millones de años. ¿Por qué quedamos tan atrasados? ¿Por qué hemos debido sufrir tantas tropelías? ¿Ustedes se imaginan Europa repartida desde un escritorio, o debajo de un árbol, en una reunión de los jefes africanos? La Conferencia de Berlín no fue un chiste, un invento, una quimera. Ahí repartieron mi continente, mi gente, mis recursos, como niños que reparten un pastel. ¿Lo sabían, verdad? El 26 de febrero de 1885, en Berlín, Alemania, 14 varones representantes de otros tantos países –ninguno africano, valga aclarar–, y presididos por el canciller teutón von Bismarck, sentados frente a un mapa del África jugaron a repartirse el continente.

Ustedes, se los digo con todo corazón, ustedes no son los responsables. Ustedes heredaron esa historia. Ustedes son blancos, ricos, que no saben nada de lo que es el hambre, y que hoy –¡qué bueno que así sea!– pueden tener un poco de conciencia, de vergüenza mejor dicho, y pensar en promover un símbolo como lo que en estos momentos se está consumando en esta sala: reconocer la monstruosidad que sus antepasados cometieron premiando, quizá inmerecidamente, a un negro, con un preciado trofeo internacional.

Yo se los agradezco, muy hondamente, con toda mi alma. Pero vuelvo a decirles lo mismo: quizá no soy merecedor a esto en tanto escritor. Quizá, sí, en tanto negro, en tanto pobre. Hasta ahora he sobrevivido muy magramente, con trabajitos informales o con sueldos del Estado. Ya se imaginan entonces cómo puedo haber sobrevivido. Nunca viví como escritor. Quizá ahora, devenido Premio Nobel, mi suerte cambie. No me atrevería a decir: mi próxima "buena suerte"; simplemente una suerte distinta. Quizá, como dijo otro colega –ya le perdí el miedo a esta palabra, ya empezó a gustarme–, el igualmente laureado con el Nobel, sobreviviente a los campos de concentración, y símbolo también, el húngaro Kertész, una vez obtenido ese galardón conoció la tercera dictadura, luego de la nazi y la bolchevique: la dictadura del dinero –la menos incómoda, se apresuró a aclarar. Tal vez eso me suceda: ahora llegarán los laureles, los reflectores de la prensa, los amigos que son como sombras: aquellos que lo siguen a uno solamente porque hay sol. Tal vez –yo diría que casi con seguridad así sucederá– me atosiguen con conferencias y presentaciones públicas. ¡Yo, un modesto cerrajero y maestro de escuela! ¿No es un poco desproporcionado todo esto? ¿Qué podría transmitirles yo?

Probablemente ustedes esperaban un brillante intelectual, un experto en cuestiones literarias, un profundo pensador. Pues no. Déjenme decirles que no soy eso; aunque quisiera, no podría serlo –y sigo decepcionándolos. Por otro lado –aclaración importante– no quiero serlo tampoco. Ahora ocupo un cargo medio en el Ministerio de Educación de Tanzania. No sé si realmente hago bien lo que hago, pero al menos creo mucho en lo que llevo a cabo. En mi país alrededor del 30 por ciento de la población no sabe leer ni escribir –eso se ve mucho más aún en las mujeres. Por eso, les decía, desde el Ministerio tenemos tanto que hacer por delante.

Imagínense: en un país de analfabetos, donde llegar a la escuela secundaria ya es muy difícil, y la Universidad es casi un lujo inaudito, ¿a quién le pueden importar unos cuantos cuentos sobre la miseria diaria? Allí la miseria se vive día a día, hora a hora, no es necesario leerla en un libro.

Por todo eso creo que es algo desmedido estar recibiendo el Premio Nobel hoy aquí. Podría no aceptarlo, como en su momento hizo Sartre. Pero, en realidad, no me parece lo mejor proceder así. Lo acepto, siempre con la idea que no lo merezco, que hay mejores escritores que yo –y lo digo muy sinceramente; yo soy un simple juglar popular que habla de las cosas cotidianas, de la miseria cotidiana. Pero lo acepto justamente por el valor de símbolo que entiendo conlleva. Lo acepto, con una condición: que los aquí presentes tomen todos –yo ya lo tomé– el genuino compromiso de revertir la situación que vive el África.

Sí, así como oyen. ¿Los decepciono? ¿No se esperaban esto? Bueno, perdonen, pero creo que no estoy pidiendo nada fuera de lugar. ¿En nombre de qué derecho mi población, mis hermanos, fueron convertidos en esclavos? ¿Con qué derecho nos han saqueado históricamente como lo han hecho las potencias occidentales? ¿Por qué estamos condenados a ser los vencidos, los olvidados, los marginales, los miserables? ¿Por qué tenemos que vivir de las infames limosnas de la caridad internacional, siempre deficientes, siempre a destiempo? ¿Con qué derecho se nos quiere hacer pagar una inmoral, insoportable y nefasta deuda externa que ningún habitante del África ha contraído directamente? ¿Cómo olvidar los siglos de explotación, de ignominia, de degradación que nos tocó soportar, solo por ser negros?

¿Por qué estamos condenados a soportar una enfermedad como el sida, guerras fratricidas que nos inventan desde fuera de nuestras fronteras, saqueo inmisericorde de nuestros recursos? ¿Y si fuera cierto que pedimos que, a partir de ahora, la monarca del Reino Unido de Gran Bretaña y la Irlanda del Norte –y por qué no también sus súbditos– hablen idioma suahili? ¿Y por qué tenemos que aceptar tomar Coca Cola y comer Mc Donald's? ¿Acaso no tenemos comidas decentes en nuestros pueblos? ¿Con qué derecho se considera que "la cultura" debe tener por símbolo un Partenón griego –como es la representación de la UNESCO– y no, por ejemplo, uno de nuestros bohíos? ¿Quién nos ha hecho creer que los blancos son más "cultos" que los negros? ¿Por qué los negros estamos condenados, si bien nos va, a ser deportistas profesionales? –los gladiadores modernos para el circo contemporáneo. ¿Acaso los negros no podemos ser más que delincuentes cuando habitamos en el mundo de los blancos? ¿Es ese nuestro destino? ¿Inmigrantes ilegales, ladrones, barrios marginales?

Acepto su blanco premio, señoras y señores, sólo a condición que ustedes reconozcan en público, aquí, delante de todas estas cámaras de televisión, que con un Premio Nobel dado a un negrito no se está resarciendo una mierda la infamia histórica, el despojo descomunal y la injusticia infinita que se ha cometido en contra de nuestros pueblos.

Acepto este blanco premio, no diré manchado de sangre, pero sí condicionado por sus asquerosos billetes de bancos occidentales, sólo a condición que quede claro que esto es un inicio –algo payasesco por cierto– de un proceso de reparación que debe llevar años, siglos quizá. ¿Quién nos va a devolver los bosques desaparecidos? ¿Quién, cómo y cuándo va a pedirnos perdón por la esclavitud a que nos forzaron? ¿Creen ustedes, por casualidad, que este premio remedia algo? ¡Ni mierda! Pero lo acepto de todos modos. Muchas gracias.


Carta para ser leída el día después de mi muerte

Yace ante nosotros Mboto Kumbawa. Según él mismo repetía siempre: un hombre más, un común ser humano de a pie, del montón. Uno más de la serie; y justamente ahí, en esa característica, residía su grandeza.

Nunca quiso Mboto sentirse más que nadie; por supuesto, tampoco menos. Su prédica insistente fue siempre cabal, franca, honesta: todos somos iguales. Hizo de ello un lema en toda su vida, una filosofía. Lo creyó, trabajó denodadamente por ello, murió con esa convicción. Su vida podría resumirse muy sintéticamente diciendo que fue una interminable lucha por la igualdad.

Despedimos hoy a un incansable luchador por la justicia. Desde el llano, en forma silenciosa, paso a paso como laboriosa hormiga, fue Mboto un tenaz defensor de los derechos inalienables de su pueblo. Nunca buscó la gloria personal, la figuración, las cámaras de televisión. Muy por el contrario, su vida fue una exaltación de la humildad, del compromiso. Habiendo tenido en reiteradas ocasiones la oportunidad de dejarse arrastrar por el estrellato, por la fama y el proyecto de salvación personal, optó sin embargo por la lucha desde el anonimato. Su ejemplo debe iluminar a generaciones venideras respecto a lo que significa verdaderamente el sacrificio, la opción por la humildad.

Fue Mboto un alma inquieta, curiosa, siempre en búsqueda de novedades. Desde pequeño fue seducido por la pesquisa sin condiciones de la verdad. Actitud, por cierto, que habría de acompañarlo durante toda su vida. Búsqueda –preciso es decirlo– que en más de una oportunidad habría de meterlo en dificultades. Su espíritu investigativo lo llevaba continuamente a escudriñar todo, a no detenerse ante ningún interrogante. De esa cuenta incursionó en los más variados campos, siempre como autodidacta: fue un incansable lector, prolífico escritor, defensor de los derechos sindicales, luchador por causas populares, investigador de las honduras del alma humana, historiador de su país, pensador universal.

Ante nosotros tenemos el fiel ejemplo de lo que significa la dignidad; yace aquí un hombre inquebrantable, incorruptible, que jamás aceptó negociar sus principios. Despedimos hoy a alguien que nos lega una enseñanza inconmensurable: más allá de sus escritos –siempre profundos, pero no por ello menos amenos– Mboto Kumbawa nos deja un espejo donde mirarnos. ¡Si hubiera muchos como él, el mundo sería distinto!

Siempre es difícil dar las palabras finales a un ser que se va; pero en el caso de este noble varón se hace más difícil todavía. ¿Qué decir de un ser tan enorme, tan rico espiritualmente, tan amplio, y al mismo tiempo tan humilde –lo cual refuerza más aún su grandeza– que no se haya dicho con antelación? ¿Cómo despedirnos de una alma tan noble, tan honesta, tan pura?, si sabemos que Mboto, en realidad, no se va. No se va ahora, aunque su cuerpo yazga inmóvil, ni se irá nunca, pues su enseñanza y el camino que nos abrió estarán incólumes por siempre, alumbrándonos, convocándonos a seguirles, a buscar ser cada día mejores.

Mboto: en unos instantes tu cuerpo estará sepultado bajo la tierra que te vio nacer, crecer, volverte viejo y, cerrando el ciclo obligado, también te vio morir. Pero tú no te irás nunca. Tus escritos permanecerán por siempre, no sólo en tu Tanzania natal sino en el planeta todo. Este mundo que, aunque de momento no te rinde todo el homenaje que en realidad tu obra merece, pone en mis palabras el honor de despedirte, y espero que cada vez más te honre como tú verdaderamente te lo mereces.

Mboto: con todo el dolor del alma por saber que ya no vas a estar con nosotros, pero al mismo tiempo reconfortado al saber que los sufrimientos de la horrible enfermedad que te lleva a la tumba han terminado, no puedo ocultar mi emoción en este momento. Por azares del destino he sido yo el elegido para pronunciar estas palabras; no sé si me lo merezca. Sé que nadie podrá nunca decir en un momento como el presente todo lo que la situación significa. Yo solamente quiero decirte que la muerte física nos aleja, pero tu obra no muere. Sé que tu obra crecerá cada día más, que el mundo te debe aún un reconocimiento a la verdadera altura de tu herencia. La historia no te olvidará.

Compañero Mboto Kumbawa: haciendo mías las palabras de otro grande, igualmente luchador incansable, que quiso el destino también hollara suelo africano en su búsqueda de la justicia universal, me permito citarlo y con ello cerrar mi despedida. Como dijera el Comandante Ernesto Guevara, querido Mboto: ¡hasta la victoria siempre!

Tomado del libro “Cuentos para olvidar”, Caracas, 2007.

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