miércoles, 2 de octubre de 2013

El secreto que nos une

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Con 62 años, ya hacía dos que Alejandro estaba jubilado.

Su carrera como profesor universitario había sido buena. No destacaba por nada en especial; no había sido lo que se dice “un tipo brillante”, pero entre sus alumnos había una generalizada opinión: que era “buena gente”. Cariñosamente lo habían apodado “Osito de peluche”.

“Claro que… “ser buena gente” es una manera elegante de decir que uno es un estúpido, un flojo. Que no se atreve a ser osado… En definitiva, ¡que uno es un pusilánime!”, reflexionaba amargamente. Su viudez, sus largos años de celibato autoimpuesto, su soledad (sus dos hijos vivían en el extranjero y casi no tenían relación con él), lo habían ido transformando en un viejo amargado. En casi quince años de obligada soltería una sola vez había tenido un contacto sexual, muy malo por cierto. Muy ocasionalmente se había masturbado, siempre con un tremendo sentimiento de culpa. Alguna vez que le sucedió eso, llegó a pedir una consulta con un psicólogo, pero al momento de tener que ir, la canceló.



Sofía era hija de madre soltera. Tal vez por eso, por la forma en que había sido criada, por la libertad que siempre se le había concedido, era una joven infinitamente abierta. “Muy liberal”, podría llamársele, no sin cierto dejo de velada recriminación moralista. Pese a eso, que para muchos podía ser sinónimo de liviandad, incluso de lascivia, sabía cuidarse muy bien. Con sus recién cumplidos 22 años elegía cuidadosamente con quién mantenía relaciones sexuales. Era especialmente intuitiva y no se equivocaba en sus apreciaciones sobre la gente. Por la desenvoltura con que se movía, jamás nadie podría verla una “jovencita inexperta” sino, en todo caso, una “consumada mujer”. Era muy atractiva. E igualmente: muy inteligente. Sin dudas, la más apetecida por los varones de su Facultad.

Algunos alumnos, sabiendo de su formación marxista, habían pedido que Alejandro regresara y diera algunas clases especiales, fuera de programa, por supuesto pagado por la universidad. “Unos centavitos nunca vienen mal”, fue su justificación. Además, la docencia le encantaba; y más aún, temas como el que le proponían. Sofía, un poco a regañadientes, asistió –más que nada porque su novio casi la obligó, haciéndola sentir mal y “acorralándola” con argumentos malintencionados: “una tipa alternativa tiene que saber marxismo; si no, es una burguesita de mierda”. En parte por la culpa que eso le provocaba, en parte para no complicar más las cosas –la relación estaba pendiendo de un hilo desde hacía un tiempo–, comenzó a ir al ciclo de charlas.

Fue escucharlo y quedar fascinada. Por supuesto, no se lo dijo a su novio (le daba mucha vergüenza reconocer algo así, y eso hubiera podido ser el final de la relación, cosa que Sofía no quería. La relación iba mal, pero ella deseaba salvarla a toda costa). Más aún: no lo quería reconocer siquiera para sí misma, pues le parecía tremendamente desagradable pensar que la podía seducir un viejo más viejo que su propio padre biológico, a quien sólo de vista conocía. Pero algo había en él que, sin dudas, la atraía. Terminada la primera charla –“Vigencia del marxismo hoy”–, buscó cómo acercarse al catedrático e intercambiaron algunas palabras.

Alejandro también quedó fascinado con la joven. Sin dudas, más aún que ella con él. “¡Si todas las jóvenes fueran así…!”, quedó pensando con cierta amargura. Ninguno de sus dos hijos había heredado una posición crítica. Ambos habían marchado al extranjero con expectativas de hacer mucha plata, lo que lo tenía muy decepcionado. “Esta niñita sí que la tiene claro”, fue su primera apreciación. Entre una cosa y otra, se dieron sus respectivos números de teléfono. Con cualquier excusa –obviamente vinculada al tema del curso– quedaron en hablarse durante la semana. Fue el profesor quien tomó la iniciativa.

Ambos se sintieron atraídos, pero ninguno quería darse por enterado. Era obvio que se había establecido algo, una empatía, un vínculo que no era sólo lo esperable en un ámbito académico. “Pero, ¿qué es esto?”, se preguntó Alejandro, sorprendido, turbado.

A Sofía también le llamó la atención eso. No podía saber con exactitud qué era. Nunca antes había sentido algo igual por un docente; esto era algo nuevo. Extraño, sin dudas, pero atractivo. “¿Por qué me estará pasando esto?”, se atrevió a preguntar. Rápidamente desechó la pregunta. “¡Qué estupidez, por favor!...”, fue su reacción ante esa cosquillita que empezaba a invadirle. Salvar la relación con su novio era lo más importante ahora.

En un principio ninguno de los dos quiso prestar atención con seriedad a ese sentimiento que comenzaba a incubarse. Sofía tenía demasiadas preocupaciones: trabajaba como secretaria, estudiaba tercer año de Psicología, estaba pendiente del resultado de un examen de embarazo tras un inusual atraso de algunas semanas justo en el momento en que la relación con su pareja se tensionaba. Además, tanto por su belleza como por su inteligencia, debía andar cuidándose continuamente “de la jauría de perros hambrientos que la acosaba”, según decía sarcástica. Sarcástica, pero al mismo tiempo gozosa. Saberse la más apetecida de la Facultad la hacía sentir viva, tremendamente viva.

Vivo también, tremendamente vivo comenzó a sentirse Alejandro. Cuando quiso explicárselo a sí mismo, no pudo hacerlo. El hecho ya estaba consumado: había enviado un ramo de flores a la oficina donde trabajaba Sofía, anónimo.

La joven quedó atormentada. ¿Las mandaba su novio… o este nuevo pretendiente? Lo que menos quería en el mundo era tener problemas sentimentales. Liberal como era, tenía una ética monogámica sumamente estricta. Ella elegía con quién se metía, pero siempre respetaba fielmente a su pareja. Había tenido varios novios así como bastantes encuentros ocasionales (sólo una vez lo hizo con una mujer, y no le gustó). Siempre, de todos modos, fue estrictamente fiel a su pareja de turno cuando había tomado ese compromiso. Ahora algo se le movía. Y, por supuesto, la asustaba.

Con su pareja estaba enamorada; él era un joven bioquímico, militante de un grupo de izquierda y músico (tocaba la guitarra en una banda rockera). La idea de estar embarazada de él no le caía bien en este momento, con 22 años y una carrera a medio hacer. Pero tampoco la desesperaba. La aparición de esa cosquillita que le provocaba Alejandro sí la incomodaba. No quería eso…, pero al mismo tiempo le producía una sensación agradable, difícil de explicar. “Maripositas en el estómago”, se le antojaba. “Pero… al fin y al cabo, ¿por qué habría que explicarlo, no?”.

No podía decir que estuviera enamorada de ese viejo de sucia barba (Alejandro era muy descuidado en su aspecto físico); pero sí había algo que la atraía. Quizá la imagen intelectual que el profesor transmitía, su aplomo, su seguridad. No era enamoramiento, claro. Sólo pensar la posibilidad de darle un beso –¡y ni que se diga hacer el amor!– a alguien que le evocaba su padre siempre ausente, la transtornaba. Lo suyo era platónico: le agradaba escuchar hablar, dejarse seducir por alguien a quien consideraba “sumamente inteligente”.

Al recibir las flores, Sofía se enojó mucho. “Yo no soy chica de flores, ni de chocolates ni de ositos de peluche. ¡Eso no va conmigo!”, espetó molesta.

Molesta también, pero más aún temerosa de lo que podría disparar la pregunta, consultó a su pareja si era él quien le había enviado ese presente, y el porqué. Efectivamente, la pregunta ocasionó una explosión. Sin quererlo, tuvo que reconocer ante su novio que tenía un admirador. La risotada que lanzó el joven al saber que el viejo profesor estaba cortejando a Sofía fue estruendosa. “¡Ya ni se le debe parar al pobre viejito…!”, se burló con estrépito.

Quizá a causa del enamoramiento platónico que sintió por Alejandro, quizá por la reacción despectiva de su novio ante la confesión, o por una combinación de ambas cosas, Sofía comenzó a desarrollar un sentimiento cada vez más profundo hacia el maestro, silencioso, absolutamente privado. Nunca se atrevió a confesárselo a él.

Éste, sin poder entender qué le estaba pasando, también comenzó a experimentar una catarata de sentimientos hacia Sofía que lo ponían al borde de la desesperación. Hacía años –“¡siglos!”, según su propia apreciación – que no le pasaba algo así. Más aún: sintió que nunca en su vida, ni con su fallecida esposa ni con ninguna otra mujer, había experimentado algo similar. Se sabía un hombre maduro, obviamente; pero todo esto lo hizo sentir inmediatamente un adolescente enamorado.

Sofía, quien desde el primer día lo había tuteado y se sentía –no sabía por qué– con derecho a tratarlo con la mayor naturalidad, o incluso intimidad, lo abordó con sumo cariño, pero firme a la vez: “por favor, Ale, no lo tomes a mal, pero no querría que me vuelvas a mandar flores”.

Ante eso, que lo dejó bastante sorprendido, cambió la estrategia. A la mañana siguiente, la joven tenía en su oficina un paquete con ocho libros, con la dedicatoria: “Para una chica que no es de flores” (coincidencias de la vida: su novio se apellidaba Flores. ¿Coincidencia?). Y firmaba “Osito de peluche”. Llegar a estampar esa rúbrica le costó dos horas de cavilación. Y algo más todavía: después de más de quince años de abstinencia, que comenzó coincidiendo con la enfermedad terminal de su esposa, se encontró que mientras decidía si ponía esa firma… volvió a fumar. Desde allí, ya no pudo parar.

No pudo parar muchas cosas, las que se le fueron precipitando de un modo que lo dejaban cada vez más estupefacto. Pero en realidad eso, más que atemorizarlo, lo hacía sentir más vivo, más feliz, eufórico. Volvió a fumar, y comenzó a sentir por Sofía lo que nunca había sentido en su vida. Era una pasión desbordante. Los regalos comenzaron a sucederse casi a diario.

Sofía dejaba hacer. Casi nunca respondía a cada presente que le llegaba. Pero rápidamente se sintió abrumada. En un correo electrónico (uno de tantos, pues correos, mensajitos de texto y llamadas telefónicas se habían vuelto regulares, cosa de varias veces por día) afirmó: “No sé qué esperes a cambio. Yo no estoy en condiciones de darte nada, Alejandro. Soy más bien distante, y por favor no te ofendas por esto”.

Para el profesor fue enigmático el mensaje. Y al mismo tiempo, disparador de la locura que prosiguió a partir de ahí. Su pasión por la joven se volvió más profunda, frenética podría decirse. Llegó a pensar en teñirse el cabello para ocultar sus canas. No lo hizo finalmente, pero el sólo hecho de planteárselo lo descubrió como alguien a quien él mismo desconocía. “¿Por qué me pasa todo esto?”. Muy tímidamente se lo comenzó a preguntar, pero casi inmediatamente desechó la pregunta.

“¿Qué importa el porqué? Me pasa, y punto. Quizá es una locura una relación con alguien a quien le llevo cuarenta años… pero ¿por qué no? ¡Nada grande puede hacerse sin una gran pasión!”, cerraba su reflexión citando a Hegel. Sabía que se engañaba, que algo no encajaba, pero no podía –ni quería– detener lo que se había iniciado. Lo alentaba a seguir adelante el hecho que Sofía nunca le dijo claramente que no. Ella, al mismo tiempo, quizá sin proponérselo, lo estimulaba a seguir, pues en forma velada, más con sus silencios y su misteriosa sonrisa –“parece la Mona Lisa, decía Alejandro”– le hacía saber que esa comunicación y su misma presencia le agradaban, la alagaban, la hacían sentir bien.

La relación pasó por un par de semanas en esta situación de tensa calma, en esta peculiar dinámica de sí y no, de regalos y mensajes con breves respuestas o sin ellas, de silencios que daban para pensar cualquier cosa. El “soy más bien distante” hacía que el profesor se afanara más aún en su búsqueda.

“Si me dijera claramente que no, todo estaría más claro. Pero esta ambigüedad me está volviendo loco. ¿Querrá o no querrá?”, pensaba Alejandro entre cigarrillo y cigarrillo.

En esos días se confirmó que Sofía no estaba embarazada. Nunca hubo un contacto físico entre ellos, un beso, una caricia. Alejandro, en los escasos dos cafés que compartieron a la carrera en algún bar de zona céntrica, derramó lágrimas ante ella. Ella lo hizo muy en privado. Él llegó incluso a escribirle un poema –muy ocasionalmente había escrito poesía en su vida, y nunca se había atrevido a publicarla–. Tampoco esta vez se atrevió a compartirla. Sabiendo que la situación tenía más de imposible que de cosa real, Sofía planteó en algún momento “que sea una relación secreta, que este sea el secreto que nos une”.

Esa simple frase trastocó a Alejandro, le cambió la vida. Mantener una relación secreta con alguien como esta muchacha lo alteró para siempre. El retomar el cigarrillo fue la expresión visible de los cambios que se le precipitaban.

Se habían citado para almorzar un miércoles; ir a cenar implicaba ya algo que ninguno de los dos se animaba, y si habían jugado a hacerlo –“cena… ¿con desayuno incluido?”, se permitió bromear Alejandro, expresión de la que luego se moría de vergüenza al recordarla, y por la que pidió reiteradas veces perdón–, inmediatamente se lo prohibieron.

Alejandro esperó ese encuentro como el día más especial de su vida. Tenía preparado un regalo especial que quería entregarle en las manos a Sofía, y no como había hecho hasta ese entonces, como misteriosos envíos. Le había comprado un libro de poemas de amor de Pablo Neruda, y le había escrito una sentida dedicatoria. Una hora antes de la cita, Sofía la canceló.

La explicación fue totalmente comprensible: dado que había resultado negativo el embarazo, quería por esos días afianzar la relación con su pareja, y salir con otro tipo, así sea su profesor, un viejo del que nadie podría sospechar esos ocultos –y tremendamente volcánicos– sentimientos hacia la joven, no se lo quería permitir en este momento. Con el mayor cariño posible, Sofía pidió que no se enojara ni se ofendiera, que no era nada personal contra Alejandro, que le encantaba mantener esa relación secreta, platónica, pero que se dieran unos días.

Alejandro, lloriqueando como un niño, preguntó si le podía seguir escribiendo esos mensajitos de amor que ya se le habían hecho naturales, y haciéndole llegar regalos (libros y discos básicamente). Sofía, más con bonhomía que con pasión, dijo que sí. “¿Ternura? ¿Compasión? ¿O querrá algo de verdad?”, se devanaba el cerebro el profesor.

Para Alejandro eso fue una línea divisoria total. Por supuesto la esperaría, pero entendió rápidamente que el sueño vivido esas pocas semanas era eso: solamente un sueño, una ilusión. “Seamos realistas. ¡Pidamos lo imposible!”, trataba de estimularse recordando esa célebre pintada del mayo francés. Pero muy hondamente se daba cuenta que, como siempre, las mujeres tienen los pies sobre la tierra mucho más firmes que los hombres. Y que él, pese a su supuesta solvencia intelectual, se había dejado llevar por una fantasía loca. “¿Y dónde queda el secreto que nos une?...”, se preguntó amargamente.

Primer final

La sensación de fracaso, de derrota, fue absoluta. Lo vivió como una catástrofe sin salida.

Pudo darse cuenta que se había enloquecido con la situación, que era una quimera sin la más mínima perspectiva de posibilidad. Ilusión muy linda, sin dudas, apasionante. Si se dejaba llevar por la frase de Hegel, era hasta incluso loable. La pasión que le había puesto a todo esto era desbordante, monumental (volver a fumar tenía que ver con esos cambios enormes que se habían producido en estas dos o tres semanas). Pero ello no quitaba que fuera una ilusión bastante enfermiza. Pudo reconocer que años de abstinencia sexual, de encerramiento en sí mismo, la lejanía de sus hijos y el saberse un mediocre y deslucido catedrático que había pasado sin pena ni gloria, todo eso se le había movido de pronto ante esta catarata de sentimientos que le provocaba una inteligente y hermosa jovencita que bien podía ser su nieta.

Y pudo entender también que todo esto, más allá de la quizá buena intención de Sofía de intentar mantener la relación con ese “secreto compartido”, era producto de una locura de su parte. No era Sofía la causante de la situación; ella, en todo caso, quizá sin saberlo, sin proponérselo en sentido estricto, era el objeto de sus cavilaciones, de sus desenfrenadas pasiones. Pero más bien era la excusa. Nunca llegaron a tocarse una mano, a darse un beso en la boca. Si Alejandro se masturbó varias veces pensando en ella, eso corría por su cuenta, era su fantasía, su loco apasionamiento por inalcanzables molinos de viento. Sofía desde su lejanía, pero siempre guardando una cuota de seducción que lo había llevado a ese estado de enamoramiento a él, no buscaba nada en especial. Al menos, no lo buscaba racionalmente. Si como oscuro y prohibido objeto de deseo le movía las fibras más íntimas al profesor, no era un plan calculado por parte de la bella joven. Ella se dejaba seducir sin responder, o respondiendo con medias frases que daban para todo. “Que esto sea el secreto que nos une”, dicho con picardía, seguramente sin la menor malicia, preservando la fidelidad con su novio pero sin querer ser hiriente con Alejandro, habían disparado en éste lo que hacía años estaba esperando. Sofía fue eso para el viejo profesor: una excusa.

Una semana después de la cita cancelada, Alejandro amaneció desangrado en su habitación. Se cortó las venas un miércoles a la noche. La señora de la limpieza lo descubrió al día siguiente en un charco de sangre. Junto a él yacía también el libro de poemas nunca entregado, y entre sus páginas había un manuscrito –así lo confirmó luego la policía– donde le proponía a Sofía irse a vivir juntos.

Segundo final

La decepción que sintió el profesor fue mayúscula. Lo turbó. Lo hizo llorar amargamente y le nubló la vista, pero más aún, le turbó la razón.

Vagamente se daba cuenta que todo el sueño era una locura, que era ante todo una fiebre suya y no de Sofía. La joven, tal vez para no herirlo, o porque sí, efectivamente, en algún nivel también gozaba de la platónica relación y de la presencia de Alejandro como figura ideal, como mito no corpóreo, como evocación de quién sabe qué fantasías, no lo había despreciado explícitamente. Era por demás de obvio que ella no quería absolutamente más nada por fuera de una cierta galantería que terminaba en algún libro obsequiado. Sin necesidad que se dijera, el viejo catedrático sabía que si había alguien que soñaba y podía masturbarse con esos sueños, era él. Ella seguía su vida con otras preocupaciones. Alejandro quizá importaba algo, pero estaba muy por debajo en la lista de sus prioridades.

Aquel “no sé qué esperes a cambio” proferido por la muchacha había sido lapidario, definitorio. Lo movió por algunas semanas a los más desesperados –y locos– esfuerzos. Se sentía un adolescente tras su presa juvenil, un cazador armado de un arma afilada, ansioso, a la espera. Ya se le había vuelto obsesión: ya no era amor, era desesperada búsqueda frenética de un botín.

Lo sabía, lo intuía, se daba cuenta que Sofía, con la mayor cuota de racionalidad, lo ponía en su lugar, sin ofenderlo en ningún momento, pero situándolo correctamente. Sabía –sin permitir decírselo en voz alta– que, como siempre, son las mujeres las que entienden y manejan mejor estas cosas; que las construcciones machistas de “histéricas insufribles que no saben lo que quieren” es una pura edificación de los varones. Se daba cuenta que la decepción sufrida ante la negativa de la muchacha lo estaba transtornando de un modo peligroso. Pero no quería hacer nada al respecto. La obsesión se le había vuelto enfermiza: “o ella o yo”.

Sin permitir decírselo tampoco, asoció la juventud de Sofía con la juventud en general –para él: sinónimo de estupidez, de irresponsabilidad y superficialidad–. Aunque en realidad no se lo quería decir a sí mismo, sabía que estaba hablando de sus hijos, que no habían seguido sus pasos y se dedicaron justamente a lo contrario de lo que fue su proyecto de vida. La sana distancia puesta por la joven la vivió como una afrenta intolerable.

Fueron necesarios varios whiskies para tomar valor. Sabía que era una locura, pero no podía –ni quería– evitarlo. Una semana después de la cita cancelada, por la noche, la siguió sigilosamente desde la universidad hasta su casa. Amparado en el silencio y las sombras, no dudó en darle una docena de puñaladas. Lloró desconsoladamente ante el cadáver ensangrentado, y pensó en quitarse la vida. Pero no lo hizo.

Al día de hoy la policía aún no ha podido dar con él. Según algunas pistas, habría marchado al extranjero, tal vez a París, donde vive su hijo mayor. El novio de Sofía no pudo soportar el inconmensurable dolor y se suicidó.

Tercer final

El pedido de espera hecho por Sofía aumentó la pasión. En nombre del secreto –“sacrosanto secreto”, llegó a decir Alejandro– comenzó una agónica espera. Supo mantenerse en silencio y sin acosar a la joven por espacio de varias semanas. Pudo darse cuenta que la persecución con la muchacha era eso: persecución, acoso intolerable. Sofía nunca se lo dijo, pero eso pudo intuir él. Prefirió hacerse un poco a un lado y no seguir insistiendo.

“El amor y la locura tienen mucho en común. Lo difícil es saber dónde está el límite”, pudo escribir finalmente en algún mensaje que envió a la joven justo un mes después del almuerzo cancelado. El libro de Neruda siguió esperando dentro de su envoltorio. Pensó arrojarlo a la basura, pero prefirió esperar. Sofía no fue a sus clases de marxismo en dos oportunidades. Un jueves por la tarde, día de mucha lluvia, ella tomó la iniciativa y lo llamó. Se acababa de separar del bioquímico Flores y buscaba a Alejandro para llorar un poco.

Ella nunca pudo explicarse por qué prefirió llamar al profesor en esas circunstancias. Sabía que la atraía, más intelectualmente que como varón, por supuesto. Se sorprendió grandemente cuando vio que, con lágrimas en los ojos, marcaba el número de Alejandro y no el de ninguna de sus amigas cercanas para contar la decisión de la separación.

El amor del profesor había crecido ese tiempo de un modo exponencial. Sus ausencias en las clases que ahora impartía lo habían entristecido mucho, pero resignadamente lo había aceptado. Entendía que esa relación era un absurdo, un imposible. Esperar algo era tonto. Además, lo que menos quería él era una aventura pasajera con una niña cuarenta años menor. Esa idea incluso le repugnaba.

Pero no fue una aventura. Por un tiempo –unos tres meses– fue un secreto celosamente guardado por ambos. El secreto los unía, los fundía en un solo ser. Cuando Sofía recibió la confirmación del embarazo, decidieron hacerlo público. Hoy viven juntos, y Alejandro volvió a la universidad como profesor extraordinario. La niña que viene en camino se llamará Esperanza. Y a pedido de Sofía, Alejandro ya no fuma más.

Moraleja

La vida, sin pasión, es anodina, intrascendente. Puede pasársela, o más bien, soportársela. La vida plena, aquella que reclamaban las pintadas del Mayo francés de 1968 (“Seamos realistas, ¡pidamos lo imposible!”, “La imaginación al poder”, “Desabrochemos el cerebro tan a menudo como la bragueta”), no puede vivirse sin la más absoluta y desenfrenada pasión. Nada grande en el mundo se ha hecho sin una gran pasión.

Tomado del libro “Cuentos filosóficos”, de pronta aparición.

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Me lo contaron ayer...

Rafael de León



Me lo contaron ayer
las lenguas de doble filo,
que te casaste hace un mes...
y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera, en mi caso,
se hubiera echado a llorar...
Yo, cruzándome de brazos,
dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro
ni de enredarme a maldiciones
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casado? ¡Buena suerte!
¡Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte...
Dios no te lo tenga en cuenta!
Que si al pié de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre
que no te guardo rencor;
porque, sin ser tu marido
ni tu novio, ni tu amante,
yo soy... quien más te ha querido...
¡Con eso tengo bastante!

Rafael de León y Arias de Saavedra, VIII marqués del Valle de la Reina, VII marqués del Moscoso y IX conde de Gómara (Sevilla, 6 de febrero de 1908 - Madrid, 9 de diciembre de 1982), fue un poeta español de la Generación del 27 y autor de letras para copla, faceta esta última en la que se hizo famoso por haber formando parte del trío Quintero, León y Quiroga. Fue el letrista de algunas de las más célebres canciones populares españolas del siglo XX, como Tatuaje, Ojos verdes, A ciegas, A la lima y al limón ¡Ay pena, penita, pena!, María de la O, Con divisa verde y oro.

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Los indignados de América Latina

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En las principales capitales del mundo, la juventud protagonizó en el año 2012 grandes movilizaciones de ciudadanos para plantear cambios sustanciales que permitan superar los efectos devastadores de la crisis económicamente internacional. Esos movimientos proclamaban argumentos, incluso pesimistas, del sin futuro.

En América Latina, las demandas tienen matices más específicos, como la educación pública gratuita y de alta calidad, empleos dignos y lucha implacable contra la corrupción bajo la bandera del radicalismo ético.



Desde esta perspectiva, es interesante la reciente movilización de la juventud. Semanas atrás, el Cusco, ha sido sede de tres encuentros articulados y promovidos por la Secretaria Nacional de la Juventud - SENAJU: Una reunión con ejecutivos auspiciada por el Gobierno Regional y la empresa privada. El foro convocado por la Organización Iberoamericana de Juventudes y el III Congreso Nacional de Juventudes. El IV Congreso Nacional será en Ayacucho.

La población joven involucra a quienes tienen entre 15 y 29 años de edad. En el Perú, esta población suma ocho millones de personas, segmento que se configura en las décadas de los ochenta y noventa, en un contexto de intensa crisis y escepticismo respecto de la política y la gobernabilidad del país, tendencia que ahora comienza a cambiar en amplios sectores sociales.

“Este panorama demanda postular y alentar un movimiento programático, ético, orgánico y unificador de las nuevas generaciones, que deberá luchar por hacer vigente la democracia en las escuelas y universidades, en la familia y en los gremios, en la administración pública y centros de trabajo alternativos. Los radicalismos ambientalistas, feministas, ecologistas y múltiples movimientos en esta tendencia no han logrado un movimiento unificador”, afirma el doctor Julio Andrés Rojas, Viceministro de Poblaciones Vulnerables, quien aprecia la propuesta al Congreso de la República que la Secretaria Nacional de Juventudes, se integre como parte de esta instancia del Estado.

Recordando que en el jardín de la vida, las flores son de distinto color, y por eso es hermoso, Julio Rojas señala que la realidad nos enseña que la Democracia debe convertirse en realidad, reconociendo del otro su diversidad, defendiendo la vida, las libertades individuales y la solidaridad, impulsando el radicalismo ético, es decir que no haya cabida para la corrupción dentro y fuera de las instituciones.

Se trata de una nueva e intensa dinámica de un organismo público - Senaju - creado en la década del ochenta. En el foro internacional se aprecia la presencia de ministros y representantes de la Juventud de todos los países de América Latina, además de España y Portugal. Igualmente, de organizaciones juveniles, educativas, de partidos políticos, asociaciones religiosas, ambientalistas, de género, redes sociales, comunidades indígenas, de trabajadores, de artistas, deportistas…

En la organización de estos y otros foros se puede apreciar avances en la gestión del Estado, especialmente de los Gobiernos Regionales y Locales a través de sus Consejos Regionales y Municipales de Juventudes, que están conformados por delegados de la sociedad civil de su jurisdicción, sin limitación alguna.

La Juventud, percibe que los problemas centrales de hoy, son la violencia, la falta y precariedad del empleo, las drogas, diagnóstico que es corroborado por diversas encuestas. Creemos en la elocuencia del lema del Senaju: “Juventud, reduciendo brechas y generando desarrollo”.



En su anterior congreso nacional, validó sus planes de acción, una herramienta de gestión del Estado para los jóvenes, donde están incluidas las metas del Milenio de la ONU, del Acuerdo Nacional, Plan del Bicentenario de la República y planes descentralizados con participación de partidos políticos, espacios donde se han recogido diferentes experiencias para democratizar la acción gubernamental recogiendo demandas.

La Secretaria Nacional de la Juventud es un ambiente abierto a todos, salvo para los violentistas, reiteran sus promotores y dirigentes. Reconoce a los espacios locales como los principales lugares de realización de la vida social, cultural, política y económica y por paradójico que parezca, del resurgimiento de las entidades particulares y de la importancia local en la era global y reivindicar el radicalismo de la ética, como base de un nuevo accionar de la política.

A manera de epílogo, sugerimos la lectura de “Movimientos Juveniles en América Latina y El Caribe: entre la tradición y la innovación”, investigación propiciada por Unesco, el Centro Latinoamericano de Juventudes y la Secretaria Nacional en Perú, en la cual se advierte que en varios países de la región se van imponiendo nuevos temas en las agendas políticas de Argentina, México, Colombia y Chile.

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La paz

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

I

Cuando Jorge empezó a construir parques, antes, mucho antes de que estuvieran listos, aparecieron sin aviso, niños de todos los colores. Con pelotas, bicis y patinetas, y también con trenzas, patines y muñecas. Algunas se animaron a tomar por asalto los columpios para poder tocar el cielo con la punta de los zapatos. Otros demostraron sus destrezas en los sube y baja. Corriendo y dando gritos, de los alegres y entusiastas, se adueñaron sin permiso de cada rincón. No les importó que aún no se hubieran cortado cintas y llegado la televisión para mostrarlos. Con los niños llegaron también los padres, que en los parques y en las plazas siempre parecen menos viejos y gritones, porque se acuerdan, cómo no acordarse, de sus trompos, gurrufíos, escondidas y tanto juego con que la niñez se gana la vida. Allí, justo allí, donde cantan pájaros de trópico y montaña, se convirtieron pronto, los parques, en espacios habitados por correrías y brincos donde no caben más que las ganas de crecer.



II

Scherezada ha pasado más de mil y una noches contando y cantando anécdotas y hazañas. Claro, narraba para ganarse la indulgencia de cierto monarca, pero sobre todo por el mero placer de deleitar con palabras. Ella sabía hace más de mil años, que la memoria de los pueblos se guarda a grandes voces y se cuida entre todos. Por eso, sus cuentos eran los cuentos que había escuchado o que había leído, y que tenían entre pliegues y velos, toda la memoria de esas tierras que hoy nos lega aunque se encuentra amenazada. En Las mil y una noches toda la riqueza cultural de Siria, la delicadeza de Egipto, la belleza de Irak y los matices de Irán, se encuentran, se dan la mano y caminan juntitos como enamorados para mostrarnos, lo que siempre o casi siempre ha estado opacado por los grandes medios, las industrias del miedo, que nos han querido alejar siempre de ese mundo de magia y de saberes, que vivió antes que nosotros, que estaba desde antes y que atesora la primera palabra escrita del hombre.

III

Septiembre es un mes memorioso. Habita en él, el ejemplo irreductible de Salvador Allende, de su entrega amorosa, de su vida que vive a cuatro vientos y en la memoria de los Pueblos. Tiene también la dimensión exacta de los versos de Neruda y la textura de los de Benedetti. Estos días son tiempo propicio para acordarnos que la intolerancia, reina y hermana de la prepotencia y el olvido, invade países y cercena sueños, destruye parques y quema libros. A lo mejor es buen tiempo para sacudir desde las ventanas pañuelos blancos que canten las canciones de nuestros abuelos y se agiten con ellos la promesa de futuro que le hemos hecho a nuestros hijos. Porque como dijo el Pepe Mujica, ese guerrillero de ojos chicos que sabe mirar el mundo, la vida humana es un milagro que bien vale la pena preservar.

Cine clásico: “Los puentes de Madison”, de Clint Eastwood (Estados Unidos, 1995)

ARGENPRESS CULTURAL

Duración; 135 minutos
Director: Clint Eastwood
Guión: Richard La Gravenese (Novela: Robert James Waller)
Música: Lennie Niehaus
Fotografía: Jack N. Green
Reparto: Meryl Streep, Clint Eastwood, Annie Corley, Jim Haynie, Victor Slezak
Productora: Warner Bros / Malpaso / Amblin
Género: drama



Sinopsis

La apacible pero anodina vida de Francesca Johnson (Meryl Streep), un ama de casa que vive en una granja con su familia, se ve alterada con la llegada de Robert Kincaid (Clint Eastwood), un veterano fotógrafo de la revista National Geographic, que visita el condado de Madison (Iowa) para fotografiar sus viejos puentes. Cuando Francesca invita a Robert a cenar, un amor verdadero y una pasión desconocida nacerán entre ellos.

Premios

1995: Nominada al Oscar: Mejor actriz (Meryl Streep)
1995: 2 nominaciones al Globo de Oro: Película drama, actriz drama (Meryl Streep)
1995: Premios Cesar: Nominada a mejor película extranjera

Críticas

Meryl Streep es un ama de casa que abandonó sus sueños por cuidar de su marido y criar a sus hijos en una pequeña granja del perdido condado de Madison. La llegada de un fotógrafo del National Geographic (Clint Eastwood), un fin de semana que su familia está fuera, le abrirá los ojos y el corazón a un mundo enterrado en años de rutina, y le hará aflorar sentimientos escondidos que entrarán en conflicto con la persona que ha sido hasta ese momento. Curiosamente, el mejor melodrama romántico de las últimas décadas no está protagonizado por guapos adolescentes, sino por dos maduros actores que nos regalan una historia de amor conmovedora, real y de una sutileza mérito del clasicismo del mejor Eastwood-director. La ceguera de Hollywood la nominó a sólo un Oscar -mejor actriz-, pero tras su visión uno se pregunta si realmente en todo el metraje de "Braveheart" más "Babe" más "Apolo XIII" -las 3 principales películas nominadas ese mismo año- hay un atisbo de tanta sutil intensidad como en esa escena en la que el duro Clint llora de amor bajo la lluvia mientras la mano de Streep duda entre abrir la puerta a una nueva vida...

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El Sol y La Luna

Paula Orellana (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El: Conmigo los mortales se desviven, caminan, corren, hablan, ¡aman!
Curioso que vengan de ti para cumplir sus sueños conmigo.
Contigo no lo pueden hacer. ¿No te da pena? ¡¿No te dan ganas?!
Conmigo sienten el calor, la energía, ¡las ganas!
Me da pena contigo, pero no lo puedo evitar; así he sido siempre.



Ella: ¿Curioso? Curioso es que conmigo descansen de todo lo que hacen contigo.
¿Qué tanto los cansas? ¿Qué tanto los quemas?
Pero si no logras cansarlos, yo soy testigo de cómo se aman, de como se sienten.
Yo escucho cómo lloran, yo escucho cómo rezan, yo... si yo, escucho sus penas.
Conmigo nacen sus sueños... los crean. Yo soy el principio de todo eso que crees que envidio.
¿Qué no te da pena? ¡¿No te dan ganas?!

El: Mi grandeza no es digna de copiar y tu ¡no digna de insultar!
Tu luz es mi espejo aún estando tan lejos.
El tamaño. JA. Del tamaño no digamos, para comparar no estamos.

Ella: No me comparo. Tu en la soledad de lo celeste y yo acompañada de las estrellas.
Soy el monumento al amor. Tengo el nombre de mil y un mujeres y testigo de tantas serenatas.

A mi me ven directo. Eso a ti... ¿No te dan ganas?

Eso, eso si dan ganas.
No te culpo... ya naciste así. Pero no me culpes, que no nací por ti.

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Cuento de agosto

Carlos Alberto Parodíz Márquez (Desde Alejandro Korn, Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No hace falta el silencio cuando la gente piensa, me dije una mañana elegida para vivir, porque no me quedaba otra elección disponible. El cielo no terminaba de decidirse, en Alejandro Korn, por lo menos y una ráfaga helada separaba nubes que marchaban desde el sur. Una caravana celeste, rauda, parecía barrer el espacio. Las palmeras de mi casa murmuraban, oteando desde lo alto, el fenómeno que circulaba, indetenible.

Hice la inspección ocular diaria, con la displicencia de siempre, acompañado por el trío perruno que gusta acompañarme, sobre todo porque luego tienen su desayuno de trabajo a consumar. La superficie es grande, para los recursos que cuento y por eso hay parches de todo tipo, para evitar sus fugas, sobre todo de Román y de Enriqueta que, uno por curioso y la otra por pequeña, se escurren en el alambrado provocando zozobra, la mía y la de Olivia, Dogo de Bruselas y madre de Román, cuyo tamaño y peso clausuran sus mejores deseos de seguirlos.



Alguien decretó, arriba, que tendríamos lágrimas del cielo por doce días. La noticia sonaba en las radios y los informativos, como el descubrimiento de la comunicación más relevante. Para agregar curiosidades, hay cronistas meteorológicos que lucen estoicos, uniformes amarillos para protegerse de la lluvia, apareciendo en lugares insólitos, inclementes, como si estuvieran castigados. Más curioso aún la mayoría de esos informes los emite el servicio meteorológico nacional, o sea que son anunciadores de lo que no promueven y algunos se cuidan de decirlo, suponen que la gente, por esa omisión, les puede transferir los aciertos que el clima devuelve. Lo cierto es –redundancia mediante-, que antes que nunca, el tiempo suma tristezas a la crisis que se expande como mancha en el agua.

Esa crisis, que abarca al planeta, también muestra cosas que en otro momento parecerían inaceptables. Nadie creería, hasta no hace mucho tiempo atrás, en los tráficos necrófilos que hoy ingresan a la luz, por la deprimente consecuencia que amortigua el futbol, los Juegos Olímpicos y toda actividad deportiva que anestesie sobre las realidades que nos negamos a aceptar. Así pensaba mientras, morosamente, la lluvia se desliza silenciosa, cubriendo el futuro. Parece que Dios, si existe, está llorando.

Yon, esa húmeda mañana me lo anunció crípticamente, -nos encontramos porque quiero que tengas hoy un material que parece anticipo de la frase, mañana será peor. Nadie mejor que Eduardo el virtual, quien me la acaba de entregar y por eso espero nos reunamos, para almorzar en Bernada, en cuanto me avises de tu llegada-. Así fue de caudaloso el informe del vasco. No saber que tenía disponible no me inquietaba. Si, el menú y el lugar dispuesto.

Llegar no es lo mismo que disfrutar y la calle está dura, como siempre, me dije luego de nueve días sin subte, que me hubieran servido como excusa para excusarme. Arribar a Uriarte, en la ciudad autónoma por los autos, pienso, no fue tarea sencilla para un forastero, que nuevamente debía hacerlo desmontado. Me prometí que sería la penúltima vez.

La carta propone platos que pueden pedirse como tal, para compartir o en tapa. Lo ideal es elegir varios platos y compartirlos. Hay tapas clásicas como pantumaca con anchoas, rabas que no son rabas y llegan en pinchos y con alioli o unas riquísimas croquetas de jamón y tinta de calamar. Uno de los mejores platos es el puré con huevo y aceite de trufa, que sirven dentro de un frasco, tortilla de patatas, huevo roto de Madrid (con papas y jamón crudo) Para terminar bien, la cazuela de mar y el estofado de ternera. Cabernet, Shirah y Blanc, adornaron, la llegada del almuerzo, pantagruélico, que siempre sobra y nadie paga, que yo sepa.

Revisar el documento me pareció imprescindible, sobre todo por un legítimo aire de sospecha. Sobre todo en tiempos donde los límites de la conducta humana, son más que difusos. Por otra parte hace que funcione una suerte de recordatorio.

-El organismo es una muestra de atrocidades. También confirma el aserto de que nada se pierde. Ese detalle transforma, por ejemplo, a personas, organismos, instituciones, en oscuros depredadores del otro, que también, porque no, podemos ser nosotros-, anunció en tono pomposo Eduardo, el virtual, hombre serio si los hay, casi riguroso con la vida, en esos inicios de un 2013 casi irrepetible.

Nadie escribiría, si tuviera el valor de vivir lo que cree. Pensé casi convencido. Una certeza. Tomamos asiento, como para ponernos en marcha, en una barra espejada, toda blanca casi un quirófano y antes de nada, los jugos de naranja, a los que se sumó el visitante orador. Yon, sin decir palabra, desenfundó el informe y me lo entregó. Bebí el primer sorbo y comencé a leer.

“Tráfico de tejidos humanos: cadáveres son el botín en una búsqueda global de ganancias

Por Kate Willson, Vlad Lavrov, Martina Keller, Thomas Maier y Gerard Ryle

"Reportajes de Investigación" Del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación

(II)- Tráfico de T.H.: (Tejidos Humanos)

Su uso va desde implantes dentales hasta tratamientos para arrugas. Una rigurosa investigación del Consorcio de Periodistas de Investigación de Estados Unidos (ICIJ) dio cuenta de una extensa red de tráfico internacional de tejidos humanos que alimenta el negocio de productos médicos.

Todos los días sacrificamos las mejores pasiones. La muerte, entonces, deja de ser un tránsito ineludible y conmovedor para convertirse en corrupta generación de acciones que dan al ser humano la ilimitud de sus decisiones.

El punto de partida de una investigación de las autoridades ucranianas es cuando descubren huesos y otros tejidos humanos en unas heladeras colocadas en un viejo ómnibus. La pista sugería que restos de ucranianos eran enviados a RTI Biologics, una fábrica situada en Alemania subsidiaria de otra de productos médicos asentada en Florida (EE.UU.).

No tengo dinero, recursos ni esperanzas. Soy un hombre feliz. Parece que la muerte tiene premio consuelo, pero para otros, los que van a apropiarse de tu cuerpo.
RTI es parte de una industria creciente que obtiene ganancias convirtiendo restos mortales en implantes dentales, cintas uretrales o tratamientos para arrugas. Esta investigación en 11 países del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) revela una impactante arista de la industria del tejido humano.

El 24 de febrero, las autoridades ucranianas hicieron un descubrimiento alarmante: huesos y otros tejidos humanos metidos en heladeras en un sucio minibús blanco. Los investigadores se intrigaron más cuando hallaron entre las partes humanas sobres llenos de dinero en efectivo y resultados de autopsias escritos en inglés.

Lo que el servicio de seguridad había interceptado no era la obra de un asesino en serie, sino parte de una ruta internacional de ingredientes para productos medicinales y dentales que son aplicados diariamente a gente de todo el mundo. Los documentos incautados sugerían que restos de ucranianos eran enviados a una fábrica en Alemania que pertenecía a la subsidiaria de una compañía norteamericana de productos médicos con sede en Florida: RTI Biologics.

Sólo en los Estados Unidos, el mayor proveedor y el mayor mercado, se estima que se venden cada año dos millones de productos derivados de tejido humano, una cantidad que se ha duplicado en la última década. Es una industria que promueve tratamientos y productos que literalmente permite ver a los ciegos (mediante trasplantes de córneas) y caminar a los discapacitados motrices (reciclando tendones y ligamentos para utilizarlos en la reparación de rodillas). Es también una industria movida por un poderoso apetito de ganancias y cadáveres frescos.

Representantes de la industria argumentan que tales supuestos abusos son raros y que esta opera en forma segura y responsable. Por su parte, RTI no respondió a repetidos pedidos de comentarios, ni a una detallada lista de preguntas que le fue enviada un mes antes de esta publicación.

En una declaración pública, la compañía dijo que “honra el don de la donación de tejidos tratándolo con respeto, encontrando nuevos modos de utilizarlos para ayudar a los pacientes y ayudando a tantos pacientes como resulta posible con cada donación”.

Pese a su crecimiento, la industria del tejido humano ha escapado largamente al escrutinio público. Esto se debe, en parte, a una supervisión oficial menos que agresiva -y a lo atractivo de la idea de permitir a los muertos ayudar a los vivos a sobrevivir y prosperar.

Hay salvaguardas inadecuadas para garantizar que todo el tejido utilizado por la industria sea obtenido legal y éticamente, descubrió ICIJ en cientos de entrevistas y miles de páginas de documentos públicos obtenidos gracias a solicitudes presentadas en seis países.

Pese a la preocupación de los médicos de que un negocio regulado en forma ligera pudiera dar pie a infectar a receptores de trasplantes con hepatitis, VIH y otros patógenos, las autoridades han hecho poco para enfrentar esos riesgos.

En contraste con sistemas estrechamente monitoreados para rastrear órganos como corazones y pulmones en buen estado, las autoridades de los Estados Unidos y muchos otros países no tienen forma de rastrear con precisión de dónde vienen la piel y otros tejidos reciclados y adónde van.

Al mismo tiempo, dicen los críticos, el sistema de donación de tejidos puede agravar la pena de las familias en duelo, manteniéndolas en la ignorancia o confundiéndolas respecto de qué ocurrirá con los cuerpos de sus seres queridos.

Ellos, como los padres del joven ucraniano Sergei Malish, quien cometió suicidio en 2008, a los 19 años, quedan por su cuenta para lidiar con una lúgubre realidad. En el funeral de Sergei, sus padres descubrieron cortes profundos en sus muñecas. Sin embargo, sabían que se había ahorcado. Más tarde, supieron que partes de su cuerpo habían sido recicladas y despachadas como “material anatómico”. “Hicieron plata con nuestra desgracia”, dijo el padre de Sergei.

Durante la travesía de transformación que el tejido atraviesa -de cadáver a artefacto médico-, algunos pacientes ni siquiera saben que son el destino final. Los médicos no siempre les dicen a los pacientes que los productos utilizados en sus reconstrucciones de pechos, implantes de pene y otros procedimientos fueron retirados de fallecidos recientes.

Ni las autoridades están siempre conscientes respecto de dónde vienen o adónde van los tejidos. La falta de un rastreo apropiado significa que para cuando se descubren problemas, algunas de las manufacturas ya no pueden ser halladas. Cuando el Center for Disease Control and Prevention (CDC, Centro para el Control y Prevención de Enfermedades) de los Estados Unidos asiste en el retiro de productos hechos con tejidos potencialmente contaminados, con frecuencia los médicos de trasplantes no son de mucha ayuda.

Dicen: ‘No sabemos adónde fueron’”, dijo el Dr. Matt Kuehnert, director de sangre y biología del CDC. “Tenemos códigos de barras para nuestros cereales (de desayuno), pero no los tenemos para nuestros tejidos humanos”, observó Kuehnert. “Todo paciente que tiene tejido implantado debería saber. Es tan obvio. Debería ser un derecho básico del paciente. No lo es. Es ridículo”.

Desde 2002, la U.S. Food and Drug Administration (FDA, Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos) ha documentado al menos 1.352 infecciones en los Estados Unidos posteriores a trasplantes de tejido humano, de acuerdo con un análisis de los datos de la FDA hecho por ICIJ. Esas infecciones fueron ligadas a las muertes de 40 personas, indican los datos.

Una de las debilidades del sistema de monitoreo de tejidos es el secreto y la complejidad que supone cruzar la frontera con partes humanas. Los eslovacos exportan partes de cadáveres a los alemanes; los alemanes a Corea del Sur y los Estados Unidos; los coreanos del sur a México; los Estados Unidos, a más de 30 países.

Distribuidores de productos manufacturados pueden hallarse en la Unión Europea, China, Canadá, Tailiandia, India, África del Sur, Brasil, Australia y Nueva Zelandia. Algunos son subsidiarios de corporaciones médicas multinacionales.

La naturaleza internacional de la industria, afirman los críticos, hace fácil mover productos de un lugar a otro sin demasiado escrutinio. “Si compro algo en Ruanda y después le pongo una etiqueta belga, puedo importarlo a los Estados Unidos. Cuando uno entra en el sistema oficial, todo el mundo se vuelve tan confiado”, apuntó el Dr. Martin Zizi, profesor de neurofisiología en la Universidad Libre de Bruselas.

Una vez que un producto está en la Unión Europea, puede ser embarcado a los Estados Unidos sin muchas preguntas. “Asumen que uno ha hecho el control de calidad”, dijo Zizi. “Somos más cuidadosos con las frutas y los vegetales que con las partes humanas”.

En el interior del mercado de tejido humano, las oportunidades de obtener ganancias son inmensas. Un solo cuerpo libre de enfermedades puede girar retornos de 80.000 a 200.000 dólares a los varios intervinientes -sin y con fines de lucro- involucrados en extraer los tejidos y utilizarlos para manufacturar productos médicos y dentales, de acuerdo con documentos y expertos del rubro Es ilegal en los Estados Unidos, como en la mayoría de los países, comprar o vender tejido humano. Sin embargo, es admisible pagar honorarios que ostensiblemente cubren los costos de hallar, almacenar y procesar tejidos humanos.

¿Y las multinacionales de productos médicos como RTI? Les va muy bien, también. El año 2011, RTI ganó 11,6 millones de dólares en ganancias previas al pago de impuestos, de un total de ingresos de 169 millones. Phillip Guyett, que maneja una compañía de extracción de tejido en varios Estados norteamericanos antes de ser condenado por falsificar certificados de defunción, dijo que los ejecutivos de las compañías que le compraban tejidos lo invitaban a comidas de 400 dólares y a lujosas estadías en hoteles. Prometían: “Podemos convertirte en un hombre rico”. Llegó al punto, dijo, que comenzó a mirar a los muertos “con signos de dólar pegados a sus partes”. Guyett jamás trabajó directamente para RTI.

La piel humana toma el color del salmón ahumado cuando es extraída profesionalmente de un cadáver, en formas rectangulares. Un buen rendimiento es de unos seis pies cuadrados (1,82 metros).

Después de ser machacada para extraer la humedad, una parte es destinada a proteger a víctimas de quemaduras de infecciones bacterianas mortales o, después de ser más refinada, para reconstrucciones de pecho después de un cáncer.

El uso de tejido humano “ha revolucionado realmente lo que podemos hacer en cirugía de reconstrucción de pecho”, explica el Dr. Ron Israeli, un cirujano plástico de Great Neck, N.Y. “Desde que comenzamos a usarla, alrededor de 2005, se ha convertido, realmente, en una técnica estándar”. Un número significativo de tejido recuperado es transformado en productos cuyos nombres en los anaqueles dan pocas pistas sobre su auténtico origen. Es utilizado en las industrias dentales y de belleza en todo: desde aumentar el volumen de los labios hasta para alisar arrugas.

Los huesos cadavéricos -extraídos de los muertos y reemplazados con cañerías de PVC para el entierro, son esculpidos como tallas de madera para hacer tornillos y pernos en decenas de aplicaciones ortopédicas y dentales. O son molidos y mezclados con químicos para componer pegamentos fuertes que se promueven como mejores que los artificiales.

“A nivel básico, lo que estamos haciendo al cuerpo es una cosa muy física -e imagino que algunos dirían muy grotesca”, dijo Chris Truitt, un ex empleado de RTI en Wisconsin.

“Extraemos huesos del brazo. Extraemos huesos de la pierna. Abrimos el pecho para sacar el corazón y obtener las válvulas. Arrancamos las venas del interior de la piel”. Tendones enteros, limpiados a cepillo y convertidos en seguros para el trasplante, son utilizados para devolver a atletas lesionados al campo de juego.

Compañías con fines de lucro montan derivadas sin fines de lucro que recolectan el tejido -de modo muy parecido a aquel con que la Cruz Roja recolecta sangre que es más tarde convertida en productos por entidades comerciales. Nadie cobra por el tejido mismo, que, bajo circunstancias normales, es donado libremente por el difunto (vía los registros de donación) o por sus familias. En su lugar, los bancos de tejidos y otras organizaciones involucradas en el proceso reciben unos mal definidos “pagos razonables” para compensarlos por obtener y manejar los tejidos.

“La jerga usual es hablar de la obtención de los donadores como ‘cosechar’ y de la subsiguiente transferencia vía el banco de hueso como ‘comprar’ y ‘vender’”, escribió Klaus Høyer, del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Copenhague, quién habló con representantes de la industria, donantes y receptores para un artículo publicado en BioSocieties. “Esas expresiones eran usadas libremente en entrevistas; sin embargo, no escuché que usaran esa terminología enfrente de los pacientes”.

Un estudio financiado por los Estados Unidos sobre las familias de los donantes de tejidos en ese país, publicado en 2010, indica que muchas pueden no entender el rol que las compañías con fines de lucro juegan en el sistema de donación de tejidos.

Setenta y tres por ciento de las familias que participaron en el estudio dijeron que no era “aceptable que el tejido donado fuera comprado y vendido, sin importar el propósito”. Hay un riesgo inherente en trasplantar tejidos humanos. Entre otras cosas, ha conducido a infecciones bacterianas de riesgo mortal, y a la diseminación del VIH, la hepatitis C y la rabia en receptores de tejidos, de acuerdo con el CDC.

La recolección moderna de sangre y órganos tiene códigos de barras y es sometida a fuertes regulaciones -reformas provocadas por los desastres notorios causados por una pobre revisión de los donantes. Productos hechos de piel y otros tejidos, sin embargo, tienen pocas leyes específicas que se ocupen de ellos.

En los Estados Unidos, la agencia que regula la industria es la Food and Drug Administration, la misma agencia que está encargada de proteger la provisión de alimento, medicinas y cosméticos del país. La FDA, que rechazó repetidos pedidos de entrevistas formales, no tiene autoridad sobre las instalaciones de salud que implantan ese material. Y la agencia no rastrea específicamente las infecciones. Sí sigue a los bancos de tejidos registrados y a veces realiza una inspección. También tiene el poder de cerrarlos.

La FDA descansa en gran parte en estándares que son establecidos por la industria del cuerpo, la American Association of Tissue Banks (Asociación Americana de Bancos de Tejidos). Sin embargo, sólo alrededor de un tercio de los bancos de tejidos de los Estados unidos que recuperan tejidos tradicionales como piel y hueso están acreditados por la AATB.

La asociación dice que la chance de contaminación en pacientes es baja. La mayoría de los productos, dice la AATB, son sometidos a radiación y esterilización, lo que los vuelve más seguros que, por ejemplo, los órganos que son trasplantados de un ser humano a otro. Hay poca información, sin embargo, para respaldar las afirmaciones de la industria.

A diferencia de otros productos biológicos regulados por la FDA, explican funcionarios de la agencia, las compañías que hacen productos médicos con tejidos humanos están obligadas a informar sólo los acontecimientos adversos más serios que descubren. Esto significa que si surgen problemas no hay garantía de que sean informados a las autoridades.

Y dado que los doctores no están obligados a decir a los pacientes que están obteniendo tejidos de un cadáver, muchos pacientes pueden no asociar una infección posterior con el trasplante.

Sobre este punto, la industria dice que es capaz de rastrear los productos de los donantes a los médicos utilizando sus propios sistemas de codificación y que muchos hospitales tienen sistemas en funcionamiento para rastrear los tejidos después de que son implantados. Pero ningún sistema centralizado, regional o global, garantiza que los productos puedan ser seguidos del donante al paciente.

“Probablemente muy poca gente resulta infectada, pero realmente no lo sabemos, porque no tenemos la vigilancia y no tenemos un sistema para detectar acontecimientos adversos”, indicó Kuehnert, de la CDC.

La FDA retiró más de 60.000 productos derivados de tejidos entre 1994 y mediados de 2007. El más famoso retiro ocurrió en 2005. Involucró a una compañía llamada Biomedical Tissue Services, que era manejada por un ex cirujano dental, Michael Mastromarino.

Mastromarino recibía muchos de sus materiales básicos de enterradores de Nueva York y Pennsylvania. Les pagaba hasta 1.000 dólares por cuerpo, indican los registros judiciales. Su compañía despojaba a los cuerpos de sus huesos, piel y otras partes utilizables, y luego los regresaba a sus familias. Las familias, ignorando lo que ocurría, enterraban o cremaban la evidencia.

Uno de los más de 1.000 cuerpos desmembrados fue el del famoso conductor del Masterpiece Theatre y de la BBC, Alistair Cooke. Productos confeccionados con restos humanos robados fueron despachados a Canadá, Turquía, Corea del Sur, Suiza y Australia. Más de 800 de esos productos jamás han sido localizados.

Surgió más tarde en el juicio que algunos de los donantes de tejidos habían muerto de cáncer y que ninguno había sido examinado para detectar patógenos como VIH y hepatitis.

Mastromarino falsificó formularios de donantes, mintiendo sobre causas de muerte y otros detalles. Vendió piel y otros tejidos a varias compañías procesadoras de tejidos de los Estados Unidos, incluyendo a RTI. “Desde el primer día, todo era fraguado: todo, porque podíamos. En tanto el papeleo luciera bien, estaba bien”, dijo Mastromarino, que cumple una sentencia de 25 a 58 años de prisión por conspiración, robo y abuso de un cadáver.

Cada país tiene su propio conjunto de regulaciones sobre el uso de productos confeccionados con tejidos humanos, a menudo basados en leyes que fueron pensadas para lidiar con la sangre o los órganos. En la práctica, sin embargo, dado que los Estados Unidos suple, según estimaciones, dos tercios de las necesidades mundiales de productos derivados de tejidos humanos, la FDA ha sido colocada, en los hechos, en la posición de actuar como el sheriff de buena parte del planeta.

Los establecimientos de tejidos humanos que desean exportar productos a los Estados Unidos están obligados a registrarse ante la FDA. Sin embargo, de los 340 anotados allí, sólo un 7 por ciento tiene un registro de inspección en la base de datos de la FDA, según muestra un análisis de ICIJ. La FDA jamás ha cerrado uno por sospechas de actividades ilícitas.

La información también muestra que un 35 por ciento de los bancos de tejidos activos anotados en los Estados Unidos no tiene un registro de inspección en la base de datos de la FDA. “Cuando la FDA te anota, todo lo que tienes que hacer es llenar un formulario y esperar una inspección”, indicó el Dr. Duke Kasprisin, director médico de siete bancos de tejidos de los Estados Unidos. “Durante el primer año o dos, puedes funcionar sin tener a nadie mirándote”.

Esto es respaldado por información que muestra que el típico banco de tejidos opera por casi dos años antes de su primera inspección de la FDA. “El problema es que no hay supervisión. Todo lo que pide la FDA es que te registres”, dijo Craig Allred, un abogado previamente involucrado en un litigio contra la industria. “Nadie está mirando lo que ocurre”. La FDA y los miembros de la industria “se acusan unos a otros”.

Sin embargo, en Corea del Sur, por ejemplo, el floreciente mercado de cirugía estética utiliza a la FDA como argumento de venta. En el centro de Seúl, la capital del país, Cirugía Plástica Tiara explica que los productos derivados de tejidos humanos “están aprobados por la FDA” y son, por tanto, seguros.

Algunos centros médicos promueven el “AlloDerm aprobado por la FDA” -un injerto de piel hecho con cadáveres norteamericanos donados-para mejorar la nariz. Le Do-han, funcionario a cargo de tejidos humanos para la FDA de Corea del Sur, dijo que el país importa el 90 por ciento de sus necesidades de tejidos humanos.

Tejidos en bruto son despachados desde los Estados Unidos y Alemania. Este tejido, una vez procesado, es a menudo re-exportado a México como mercancía manufacturada. Pese a los complicados movimientos de ida y vuelta, Le Do-han reconoce que no se ha establecido un correcto mecanismo de rastreo. “Es como poner etiquetas en carne de vaca, pero no sé siquiera si eso es posible en los tejidos humanos, porque hay tantos viniendo”.

En sus declaraciones ante la Securities and Exchange Commission norteamericana (NDT: comisión supervisora de las operaciones bursátiles), la RTI, que cotiza en la Bolsa, ofrece un vislumbre del tamaño y alcance global de la compañía. En 2011, la compañía manufacturó entre 500.000 y 600.000 implantes y lanzó 19 nuevos tipos de implantes en medicina deportiva, ortopedia y otras áreas. Noventa por ciento de los implantes de la compañía son confeccionados con tejidos humanos, mientras que el 10 por ciento proviene de vacas y cerdos procesados en una factoría alemana.

La RTI exige a sus proveedores de partes humanas en los Estados Unidos y otros países que cumplan con las regulaciones de la FDA, pero reconoce que no hay garantías. En sus declaraciones de 2011, RTI indicó que “no puede haber seguridad” de que “nuestros proveedores de tejidos cumplirán con regulaciones destinadas a prevenir la transmisión de enfermedades transmisibles”, o de que, “aun si se logra ese cumplimiento, nuestros implantes no hayan estado o estén asociados a la transmisión de enfermedades”.

Como muchas de las compañías de tejidos humanos con fines de lucro que alguna vez no los tuvieron, RTI nació en 1998 como una subsidiaria propiedad del Banco de Tejidos sin fines de lucro de la Universidad de Florida. Documentos internos de la compañía de Tutogen, una firma de productos médicos de Alemania, muestran que RTI trabajó en equipo con Tutogen ya en septiembre de 1999 para contribuir a que ambas satisficieran sus crecientes necesidades de material en bruto mediante la obtención de tejidos humanos en Europa del Este.

Ambas compañías obtuvieron tejidos de la República Checa. En forma separada, Tutogen los obtuvo en Estonia, Hungría, Rusia, Letonia, Ucrania y más tarde Eslovaquia, muestran los documentos. En 2002, surgieron acusaciones en los medios checos de que los proveedores locales de RTI y Tutogen estaban obteniendo algunos tejidos allí en forma impropia. El escándalo público forzó el cierre de la compañía checa, aunque no hay sugerencias de que Tutogen o RTI o sus empleados hicieran nada impropio.

En marzo de 2003, la Policía de Letonia investigó si el proveedor local de Tutogen había extraído tejidos de unos 400 cuerpos en el instituto médico forense del Estado sin consentimiento adecuado. Madera y telas habían sido colocadas en reemplazo de músculos y huesos en los fallecidos para dar la apariencia de que estaban intactos antes del entierro, informaron los medios locales.

La Policía eventualmente acusó a tres empleados del proveedor, pero más tarde desestimó los cargos cuando un tribunal dictaminó que no era necesario el consentimiento de las familias de los donantes. De nuevo, no hubo sugerencia alguna de que Tutogen actuara en forma impropia. En 2005, la Policía ucraniana lanzó la primera de una serie de investigaciones sobre las actividades de los proveedores de Tutogen en ese país. La investigación inicial no llevó a levantar cargos criminales.

La relación entre Tutogen y RTI, mientras tanto, se volvió aún más estrecha a fines de 2007, cuando se anunció una fusión entre las dos compañías. Tutogen se convirtió en subsidiaria de RTI a comienzos de 2008. Representantes de RTI se negaron a responder preguntas de ICIJ acerca de si sabían sobre las investigaciones de la Policía respecto de los proveedores de Tutogen.

En 2008, la Policía ucraniana lanzó una nueva investigación, examinando acusaciones de que de más de 1.000 tejidos al mes estaban siendo extraídos ilegalmente en un instituto médico forense en Krivoy Rog y enviados, vía terceros, a Tutogen. Joseph Düsel, el fiscal general de Bamberg, dijo en 2009 que “lo que la compañía hace tiene la aprobación de la autoridad administrativa que, además, la monitorea. No vemos en este momento ninguna razón para iniciar una investigación”

Nataliya Grishenko, la jueza investigadora del caso, reveló que muchos familiares afirmaron que habían sido engañados para firmar formularios de consentimiento o que sus firmas habían sido fraguadas. Sin embargo, el principal sospechoso del caso -un médico ucraniano-murió antes de que la corte emitiera un veredicto. El caso murió con él.

Tutogen “opera bajo muy estrictas regulaciones de las autoridades alemanas y ucranianas, así como de otras autoridades regulatorias europeas y norteamericanas”, afirmó la compañía en una declaración escrita mientras el caso estaba aún en trámite. “Han sido inspeccionados regularmente por todas esas autoridades a lo largo de muchos años de operaciones y Tutogen sigue teniendo buena reputación ante ellos”. Diecisiete de los proveedores ucranianos de Tutogen han sufrido una inspección de la FDA. Las inspecciones son anunciadas, de acuerdo con el protocolo, con seis a ocho semanas de anticipación.

Sólo una -BioImplant, en Kiev- recibió una devolución negativa. Entre los hallazgos de la inspección de 2009: no todas las morgues tenían agua corriente caliente y no se seguían algunos procedimientos sanitarios. Inspectores de la FDA también identificaron deficiencias en las importaciones ucranianas de la RTI cuando visitaron las instalaciones de la compañía en Florida.

RTI tenía traducciones al inglés, pero no los informes originales de la autopsia de sus donantes ucranianos, descubrieron los inspectores de la FDA durante una auditoria en 2010. Esos fueron, a menudo, los únicos documentos médicos que la compañía utilizó para determinar si el donante era saludable, observaron los inspectores en su informe.

La compañía dijo a los inspectores que era ilegal en Ucrania copiar el informe. Pero, tras la inspección, comenzó a mantener el documento original en ruso junto con su traducción al inglés. En 2010 y 2011, inspectores de la FDA pidieron a RTI que cambiara el modo en que etiquetaba sus importaciones. La compañía estaba obteniendo tejido ucraniano, despachándolo a Tutogen en Alemania y luego exportándolo a los Estados Unidos como producto alemán.

Aunque la compañía acordó cambiar sus políticas, hay algunos indicios de que puede haber continuado etiquetando algo de tejido ucraniano como alemán.

En febrero de (2012), la Policía lanzó un raid mientras funcionarios de un departamento forense regional, en Nikolaev Oblast, cargaban tejido humano extraído en la parte trasera de un mini bus blanco. La filmación del decomiso de la Policía muestra tejido etiquetado “Tutogen. Made in Germany.” En este caso, el servicio de seguridad dijo que los funcionarios forenses habían engañado a parientes de los pacientes fallecidos para que aceptaran la extracción de lo que pensaban era una pequeña cantidad de tejido, jugando con su dolor y su pena.

Los documentos incautados-exámenes de sangre, un informe de autopsia y etiquetas escritas en inglés y obtenidas por ICIJ- sugerían que los restos estaban en camino a Tutogen. Uno de los fragmentos de tejido encontrados en el bus venía de Oleksandr Frolov, de 35 años, que había muerto por un ataque de epilepsia. “En camino al cementerio, cuando estábamos en el cortejo, en uno de sus pies notamos que uno de los zapatos se caía, que parecía estar suelto”, contó su madre, Lubov Frolova, a ICIJ.

Más tarde, la Policía le mostró una lista de lo que había sido sacado del cuerpo de su hijo. “Dos costllas, dos talones de aquiles, dos codos, dos tímpanos, dos dientes, y así siguiendo. No pude leerlo hasta el final, porque me descompuse. No pude leerlo”, dijo.

“Escuché que [los tejidos] eran embarcados a Alemania para ser utilizados en cirugías plásticas y también para donación. No tengo nada contra la donación, pero debería ser realizada de acuerdo con la ley”. La Policía mostró documentos a Kateryna Rahulina, cuya madre de 52 años, Olha Dynnyk, murió en septiembre de 2011. Los documentos destinados a que diera su aprobación para que se tomaran tejidos del cuerpo de su madre.

“Estaba en shock”, dijo Rahulina. Jamás había firmado los papeles, dijo, y era claro para ella que alguien había fraguado su aprobación. El departamento forense de Nikolaev Oblast, donde ocurrieron los incidentes alegados, era, hasta hace poco, uno de los 20 bancos de tejidos ucranianos registrados ante la FDA. En el website de la FDA, el número de teléfono para cada uno de esos bancos de tejidos es el mismo.

Colaboraron en esta investigación: Sandra Bartlett, Joe Shapiro, Mar Cabra, Alexenia Dimitrova y Nari Kim”.

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Nada hay más cierto que la mentira. Aunque no me crean, no pude seguir comiendo. Hice un luto solidario y preventivo. Los tiempos de vida han demostrado una insuficiencia sustancial. Hacía mucho que una noticia con precisiones, más allá de la debilidad de la probatoria, no me sorprendía, fue el lacónico mensaje de Yon para dar por terminado el informe. Eduardo el virtual tragó saliva un par de veces y se me quedó mirando Yo, casi como una sombra en el espejo retrocedí para aceptar que también es cierto aceptar lo que hay.

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Plástica: Amedeo Modigliani

ARGENPRESS CULTURAL

Amedeo Modigliani (Livorno, Italiaa, 1884-París, Francia, 1920) Pintor italiano. La sencillez de líneas y la pureza de los rostros en los retratos del pintor italiano Amedeo Modigliani aportaron a sus creaciones una singular inspiración que hizo de él una de las grandes personalidades de la pintura de principios del siglo XX.

Modigliani nació el 12 de julio de 1884 en Livorno, Italia, en el seno de una familia judía de pequeños comerciantes. A causa de su salud precaria hubo de renunciar a una educación convencional y fue entonces cuando empezó a estudiar pintura en su ciudad natal (en la escuela de Bellas Artes, con Guglielmo Micheli), y posteriormente en las de Florencia y Venecia. En 1906 se trasladó a París, donde frecuentó los círculos artísticos y literarios (fue amigo de Utrillo y de Pablo Picasso) y recibió notables influencias de Henri de Toulouse-Lautrec, Pablo Picasso, Georges Braque y Paul Cézanne. Sus primeras pinturas dejan sentir la influencia de los macchiaioli, pero posteriormente le interesó el movimiento modernista y el de la secesión, además del arte primitivo. En 1908 presentó cinco cuadros en el Salón de los Independientes, entre ellos La judía (colección Alexandre, París).



En 1909 conoció al escultor rumano Constantin Brancusi, cuya obra lo impresionó, y se decidió a seguir el camino de la escultura. Las fuentes en las que se inspiró, aparte de Brancusi, fueron las esculturas griegas arcaicas de los kúroi (jóvenes atletas desnudos) y aquellas máscaras africanas en las que los rasgos se alargan con énfasis (en especial, sus Cariátides). En su escultura, Modigliani esculpía la piedra directamente en un intento de preservar en la forma la unidad plástica del bloque. En 1912 expuso un Conjunto decorativo de ocho cabezas de piedra en el Salón de Otoño.

Pronto retornó a la práctica de la pintura, pero su experiencia como escultor tendría consecuencias fundamentales en su estilo, que se plasmarían en la simplificación de la imagen y en el uso del color. Al reducir o, en ocasiones, eliminar el claroscuro, consiguió una solidez en la imagen plana, similar a la escultórica. Aunque fue uno de los maestros del retrato del siglo XX, Modigliani no era un retratista profesional. Tienen sus obras un aire familiar en su elegancia y alargamiento, pero al mismo tiempo reproducen la personalidad del retratado con gran agudeza. Entre sus retratos cabe mencionar los de Kisling, Paul Guillaume, Zborowsky y el de una de sus amantes, Beatrice Hastings, titulado Madame Pompadour.

En 1917, minada ya su salud por el alcohol y las drogas, comenzó una serie de desnudos femeninos que se encuentran entre sus mejores obras. Ese mismo año comenzó una relación con la pintora Jeanne Hébuterne, con la que tuvo una hija. Fue también un período brillante para su pintura, que se hizo cada vez más refinada de líneas y delicada de color. Modigliani murió tuberculoso en el Hospital de la Caridad de París, el 24 de enero de 1920. Debe matizarse que la vida disipada que se le imputa se debió más a la miseria y a la insatisfacción de su búsqueda artística que al vicio. El poeta Zborowsky decidió ser su marchante y le ayudó cuanto pudo, pero con poco éxito, porque el artista se había sumido ya en un completo abandono físico y moral. Pese a ello, los últimos cinco años de su vida fueron los más productivos.

Desde 1915 hasta 1920, año de su muerte, Modigliani realizó su obra más significativa, constituida mayoritariamente por retratos y desnudos femeninos. Los retratos son a menudo de amigos y personajes conocidos como Max Jacobs (1916) o Jacques Lipchitz y su mujer (1917), pero frecuentemente representan a personajes anónimos como La criadita (1916). Sus múltiples desnudos femeninos, como Desnudo rojo con los brazos abiertos (1917, Kunsthaus, Zurich) rebosan una sensualidad lánguida y complacida; la línea que perfila los cuerpos es sutil, melodiosa y elegante; los ojos almendrados de los rostros dotan a las figuras de una mórbida melancolía que recuerda a Botticelli.

En ocasiones se le cita como un expresionista, pero es difícil dar ese calificativo a la finesse típica de Modigliani. El artista que más veneraba fue Cézanne, aunque nunca se interesó por representar la naturaleza; sólo pintó tres paisajes y no se conoce ninguna naturaleza muerta suya. La influencia de la vanguardia no sería determinante para la creación de su característico estilo. El canon alargado de sus figuras evidencia el gusto por el manierismo y enlaza sus personajes femeninos con las imágenes de los cuadros de Parmigianino. La estilizada geometrización de las formas denota el impacto que sobre él ejerció el descubrimiento del arte africano, que realizó gracias a su amigo Brancusi.

La influencia del arte primitivo se manifiesta especialmente en sus esculturas. Los numerosos esbozos y dibujos preparatorios de las Cariátides se concretaron en una única escultura que realizó entre 1913 y 1914 y que se conserva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Su práctica escultórica fue determinante para la configuración de su pintura. Entendía que el único modo de hacer escultura era tallando directamente la piedra y en muchas ocasiones se sintió más escultor que pintor. Las estatuas que han sobrevivido (unas veinticinco) no se ajustan a ninguna de las dos tendencias predominantes en la época (cubismo y futurismo); en ellas se encuentra un alto grado de sentido plástico, una solidez en las formas y una tendencia hacia el ritmo y la esquematización que también son características de su pintura.

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La terquedad de la gacela: Una historia de libertad

Juan Rosales (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

"No sé si tiene sentido, pero me digo cada vez, contá la historia de la gente como si contaras en medio de un camino. Despojate de toda pretensión y cantá. Simplemente cantá con todo tu corazón. Que nadie recuerde tu nombre sino toda esa vieja y sencilla historia"
Haroldo Conti, escritor desaparecido por la dictadura en 1976

Antonio de Saint Exupery, autor de "El Principito", aviador francés que recorrió con su avión correo una y otra vez la Patagonia y murió batallando contra los nazis en la 2a. Guerra Mundial, cuenta en su libro "Tierra de hombres" que en un tiempo criaba, con otros compañeros, gacelas en Juby, África. Las encerraban en un recinto enrejado, al aire libre. Capturadas muy jóvenes, dice, viven y comen de nuestra mano. Se dejan acariciar y hunden su hocico húmedo en la mano protectora del amo. Se las cree domesticadas, al abrigo de los peligros de afuera, de la selva desde donde llegan los rugidos amenazadores de los chacales y las fieras. Y sin embargo, llega un día en que se las encuentra empujando, tenazmente, con sus cuernecitos contra las vallas, en dirección a la jungla.



Dejan que se las tranquilice, llegan a beber la leche que se les trae, pero apenas se sueltan corren hacia el enrejado y siguen empujando, con sus pequeños cuernos y la cerviz terca, incluso hasta morir en el intento.

Y el lector se pregunta: ¿qué poderoso instinto vital, qué inconmovible sentimiento de libertad, de ser ellas mismas, las empuja a querer derribar los muros levantados por los amos y salir, correr, saltar los obstáculos, afrontar los peligros, prefiriendo el riesgo de las zarpas a una esclavitud tranquila?

Cierto, no basta con el empuje individual, aislado de una gacela para echar abajo las rejas, ni siquiera para sobrevivir solitaria entre las fieras. El animal no se pregunta, no tiene conciencia de su servidumbre, simplemente lucha por su existencia. Los hombres, que comparten el sentimiento de libertad que es atributo de todo ser vivo, pueden aprender de su experiencia que en una sociedad injusta y desigual la libertad del opresor para expoliar al oprimido no es la misma libertad del oprimido que necesita terminar con toda forma de opresión humana, que hace falta en cada persona, en cada comunidad, el coraje terco de la gacela junto a la capacidad humana de unirse y empujar juntos para echar abajo los muros con que los viejos y nuevos esclavistas han pretendido encerrarlos y someterlos a lo largo de la historia.

Decía el sabio historiador Tucídides hablando del secreto de la libertad: "El secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad está en el coraje".

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Mi poesía

Liliana Perusini (Desde Santa Fe, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Guardaba mi poesía,
atrapada entre las sombras
de mi alma.

A oscuras…
en la caverna de mis sueños,
en silencio…
mis versos se agolpaban.

Y llegado el día
los versos liberados…
fueron espejos cristalinos
de mi alma
sobre el ocre profundo
de la vida.

Y mis versos escribieron
realidades…
amores…
y nostalgias…
hilvanando retazos
de mi historia
casi olvidados…

Mi poesía son los versos
que entrelazan
los anhelos de mi alma
con el realismo inexorable
de la vida.

Son los versos
tiernos…
doloridos…
ilusionados…
que desatan mis deseos…
mis tristezas…
mis lamentos…

Mi poesía son los versos
de mi infancia de inocencias
entre glicinas y alelíes
en mi patio de ciruelos…

Son los versos
de románticas quimeras
de mi tierna adolescencia…

Los versos que aún hoy,
habitan en mi alma,
emocionados y sinceros…

Mi poesía son los versos
que consuelan
la finitud de mis tiempos…
volviendo eternos,
a todos mis sueños.

Imagen de Virginia de la Puente.

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Desde el Caribe centroamericano: La punta

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La punta es una forma de danza y música propia de la etnia garífuna en sus celebraciones y festividades. Se encuentra difundido en la costa Caribe de Honduras, Belice y Guatemala.

Es una de las formas de música más importantes de Centroamérica en la actualidad. Se tienen registros que se baila desde finales de la década de 1970 por los habitantes de las regiones de Livingston, Dangriga y las ciudades de Tela, La Ceiba, Trujillo y Roatán en Honduras.



Desde su creación ha llamado la atención en el ambiente musical, incluyendo los Estados Unidos, en especial áreas de Los Ángeles, San Francisco, de California, Nueva York, Chicago y Miami. Su ejecución comprende instrumentos de percusión tales como tambores y caracoles, entre otros.

Origen del término

Se dice que el nombre proviene de la parte del cuerpo que se utiliza como paso básico para bailar, es decir las puntas de los pies. No obstante, la palabra Punta parece ser la latinización de Bunda, un antiguo ritmo de África Occidental.

Variante

Otros tipos de música propios de los garífunas son: hungu-hungu, wanaragua, abaimahani, matamuerte, laremuna wadaguman, gunjai, sambai, charikanari, eremuna egi, paranda, berusu, punta rock, teremuna ligilisi, arumahani, and Mali-amalihani. No obstante, la punta garífuna es la forma más difundida de ellas.

Chumba y hunguhungu son una danza circular con un ritmo de tres tiempos, el cual a menudo se combina con punta. Existen otras ritmos típicos de cada género, Las mujeres tienen el eremwu eu y abaimajani, canciones rítmicas a cappella, y laremuna wadaguman, las canciones de trabajo de los hombres chumba y hunguhungu, un ritmo de tres tiempos, el cual a menudo se combina con punta.

Hay una cantidad de variantes como:

Punta rock o punta beliceña, que incluye ritmos electrónicos.

Punta socka: Fusión de punta, reggae y soca. Incluye una insistente percusión.

Punta hondureña: baile autóctono de los garífunas. Los principales sitios donde se baila son: La Ceiba, Tela, Roatán, Trujillo, La Lima, San Manuel y Palacios. La población identifica este baile como originario de su cultura, proviene del rito de la fecundidad, muy similar al usado por las tribus de África. Se ha dado a notar en el ámbito internacional, como música representativa de Honduras. Y en los carnavales de Honduras siempre están presentes estos bailes. Hay varias bandas semi y profesionales que se dedican a este tipo de ritmo.

Hay ciertas leyendas sobre el nombre de este baile; una de ellas menciona un ritual funerario que los garífunas bailaban de punta a punta de la costa. Ya que los garífunas en su mayoría están en la costa norte de Honduras.

Punta merengue: también de Honduras, es una fusión entre la punta y el merengue en el que se usa piano teclado, batería y otros instrumentos.

Presentamos algunos ejemplos de este rítmico y contagioso baile:







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Chita

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La selva de Tarzán era un lugar muy ameno y delicioso. Estaba situada en Edetania, región antigua de la España Tarraconense cuyas ciudades principales eran las llamadas hoy Zaragoza, Liria, Segorbe y Valencia.

Tarzán criaba, enseñaba, adoctrinaba a los monos. Desarrollaba o perfeccionaba las facultades intelectuales y morales de todos los animales pequeños, articulados, de respiración traqueal, con el cuerpo dividido en cabeza, tórax y abdomen; en especial el Tecol, cierto gusano del maguey, heniquén, pita; y la “Glossina Palpalis”, mosca Tse-Tse, antes y después de la succión.

Un día que saltaba de árbol en árbol, de rama en rama, dobló una rama sobre sí mismo, que se rompió, cayendo como una soga de esparto sobre la mona Chita, la primera hembra o mujer progenitora de todo el linaje humano. Conocida como “la Eduvugis”, cuyo nombre lo han llevado muchas soberanas y hasta santas, quien con la boca abierta le miraba, viéndole venir y, por instinto, sin sujeción a preceptos, leyes o imposiciones dictadas por agentes externos, se abrió de piernas esperando el orujo de la uva para sacar el aguapié, Tarzán penetrando.

Tarzán, sin querer queriéndolo, embudó a la mona Chita, poniendo el embudo en la boca de la vasija, haciendo entrar la caza en paraje cercado.

El Leviatán cocodrilo les identificó como dos animales practicando sexo.

Feliz, la mona Chita cantaba con donaire o jocosidad urbana e inofensiva:

“Morcilla, salchicha, salchichón
Butifarra, longaniza, pollón.
Tarzán. Me has atragantado.”

A lo que Tarzán respondió:

-Más vale antes que después, Chita. No vaya a ser que venga un Tonto de Capirote y nos joda a los dos.

Prosiguiendo:

-Escucha a Quevedo en la décima Al Mosquito Del Vino, mona:

Mota borracha, golosa
De sorbos ave luquete
Mosco irlandés del sorbete
Y del vino mariposa
De cuba rana vinosa
Liendre del tufo más fino
Y de la miel del tocino
Abeja, zupia mosquito
Lo que me bebes de vino.

De esta efémera, fiebre que dura un día natural y desaparece por algún fenómeno crítico espontáneo, nació Jane, quien a los cuatro vientos, y nada más nacer, abriendo los labios de la Vulva, gritó como un libro o comentario en que se refieren los hechos de cada día, anunciando: “la mona Chita es la primera hembra o mujer progenitora de todo el linaje humano; que Eva no fue más que un lirio hediondo”.

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Levedad del sueño

Anónimo

Y bien, hoy he despertado niño,
con mi niñez doliéndome en el alma.
Debe ser el maquinista Pérez
el que rompió el silencio
con su pequeño tren esta mañana.
Ya mi padre no viaja al frigorífico,
tampoco irá el vecino Gumersindo.
Mi madre no anda en la cocina
ni la siento que lave hasta el cansancio
ajena ropa, ni regar sus plantas.
No oigo reír a mis hermanos.
Quizás patinan en la escarcha
y me dejaron solo, con esta angustia,
aquí en la cama.

Campo de Concentración de Chacabuco, 1974.



Enviado por Ciro Oyarzún. Desde Chile.

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Libros: “Una teoría sobre el capitalismo global. Producción, clases y Estado en un mundo transnacional”, de William Robinson

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Siguiendo con nuestra intención de poner a disposición del lector libros de alto nivel barriendo distintos campos (ciencias sociales, literatura, filosofía, etc.), presentamos hoy un imprescindible estudio del capitalismo actual, completamente globalizado, donde la misma idea de Estado-nación limitado a fronteras concretas comienza a hacer crisis.

Dejamos la palabra a William I. Robinson, Profesor de Sociología en la Universidad de California, Santa Bárbara (Estados Unidos), quien presenta interesantes reflexiones sobre la arquitectura íntima del mundo actual transnacionalizado.

¡Feliz lectura!

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