miércoles, 4 de diciembre de 2013

Música: El canto a capela

ARGENPRESS CULTURAL

La música a cappella -también llamada a capela- es música vocal sin acompañamiento instrumental. El término a capela viene del italiano “como en la capilla” o “al estilo de la capilla”. El mismo se debe a las restricciones en el uso de instrumentos musicales en iglesias cristianas desde la introducción del canto gregoriano hasta bien entrado en medioevo.

La música a capela es utilizada a menudo en música sacra. El canto gregoriano es el ejemplo más claro de música a capela, al igual que la mayoría de la música vocal sagrada del renacimiento. El madrigal, fue también una forma de canto a cappella, hasta que a comienzos del barroco se le añadieron diferentes instrumentos. Los Amish, las iglesias de Cristo, congregaciones bautistas "primitivas", la mayoría de las congregaciones de la iglesia católica y los cristianos ortodoxos del este (especialmente rusos y otros grupos eslavos) son cuerpos religiosos conocidos por realizar los oficios sin acompañamiento musical. El arpa sagrada, un tipo de música "popular" religiosa, es también un estilo de canto a capela. Durante los años 80, ha tenido mayor auge entre los grupos religiosos el uso de agrupaciones vocales como entretenimiento. Entre los grupos restauracionistas de Estados Unidos, Keith Lancaster formó un grupo llamado por antonomasia.

Desde el descubrimiento de los primeros aparatos para grabar sonido las grabaciones de música a capela son infinitas. El descubrimiento del magnetófono en la década de los cuarenta llegó acompañado de la época dorada de los grupos vocales estadounidenses con un gran número de estilos desarrollados desde los campos de algodón de los esclavos con sus "Gospel". Blues, scat, jazz, beeboop, rock and roll, doo wop, surf y un largo etc son estilos de las eras de los años 40,50 y 60. Desde los años 80, incitado por el éxito de canciones de artistas como Bobby McFerrin, Boyz II Men, Flying Pickets, Take Six Neri Per Caso, Vocal Siete, Rockapella (abajo va un ejemplo), etc esta forma de música está en auge.

Los arreglos de la música popular para los pequeños conjuntos a capela incluyen generalmente una voz que canta la melodía principal, llamada vocal o Lead, una que canta sobre una línea de bajo, y que marca el ritmo, llamada bajo, y las voces restantes que contribuyen al acompañamiento en forma de armonía acorde, llamado coro. Sin embargo, muchos grupos a cappella contemporáneos han adoptado otros métodos, incluyendo polifonía y el beatbox o percusión vocal, que consiste en una caja de ritmos producida con la boca o la imitación de una batería, percusión menor, platillos, etc.

También han surgido bandas de música a capela en géneros de música más populares, como Van Canto (abajo va un ejemplo), que combina sus propios temas con versiones a capela de clásicos de la música metal.

En 2009 surgió el grupo The Voca People (es quien abre esta nota con un video, y abajo va otro ejemplo de su obra), originario de Israel, que combina el canto a capela con beatboxing.

Para disfrutar de este hermoso género, dejamos varios ejemplos, que van desde el canto gregoriano medieval hasta las más atrevidas formaciones corales actuales:



1) Canto gregoriano


2) Fragmento de una misa de Luigi da Palestrina


3) The Voca People


4) Van Canto


5) Rockapella


6) A capella tango


7) Antonino fue por vino


8) Villancico popular


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Murió José

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

-¿Viste que murió José?

-¿Cuál José?

-El de acá a la vuelta, el que tiene 8 hijos y la mujer es esa negra flaquísima, la que anda con los pibes caminando detrás de sí como una mamá-pata, mamá-gallina.



-Ah, sí. Esa mamá de ojos tristes como los días de verano cuando el sol hace un paro sorpresivo impidiendo que los turistas gocen de la playa. El albañil.

-Era de todo. Albañil, jardinero, hacía algo de plomería, lo que venga, decía. Todo me sirve.

-¡Cómo que no! Recuerdo que trabajaba mucho, fue uno de los que levantó el edificio de la calle 2, ese que de pronto quedó abandonado y hace que se yo cuántos años es como un esqueleto erguido frente al mar, bañado por la bruma, recalentado por el sol del verano, azotado por los vientos que te calan hasta los huesos. ¡Qué cosa esa obra! ¡Como quedó abandonada en el tiempo!

-José también trabajó en la construcción de dúplex, casitas de veraneo con el techo a dos aguas. Contaba que no paró desde que llegó de un Chaco donde los capangas expulsaron la alegría, pensando que por otros confines la vida sería más fácil.

-Es que la crisis pegó fuerte, dejó un tendal de hombres y mujeres a la deriva como el barco hundido de la otra playa.

-¡Sí, pobre tipo! Y era joven, dicen que tenía cuarenta y dos años.

-¿De qué murió?

-De empacho.

-¿Qué?

-Sí. Murió empachado de ganas. Atragantado de sueños irresueltos, de ganas compulsivas de alcanzar unas monedas como para poder parar la olla.

Ganas de poder mandar a sus hijos a la escuela. Sobre todo a los mayorcitos que dejaron la primaria para ayudar al padre en las tareas.

Murió atorado de ganas de poder comprarle zapatillas nuevas, esas que no tienen agujeros. Tenía ansias de no ver más cómo asoman los deditos de los niños por la lona rasgada.

Murió empachado de tantas ganas irresueltas.

Empachado de impotencia, de pobreza; empachado de bronca contenida.

-Deja como herencia ocho pequeños, una mujer y un par de perros famélicos con los que compartían migajas. Nadie hablará de él dentro de un rato.

-Tampoco nadie reclamará esa herencia.

Murió José, un hombre como tantos. No hay obituarios que relaten recuerdos, murió sin club de fans, sin lágrimas ajenas. Fue apenas un fantasma en vida y a partir de hoy ya será nada.

-Ah, hablando de fans ¿viste que murió también el empresario devenido en actor sin arte, en hombre del espectáculo que muestra el colapso televisivo en un medio que se convirtió en alienante?

-Sí, lo escuché hoy por la radio. ¡Pobre José!

Ilustración: Obra de la artista visual argentina Beatriz Palmieri "Albañil"

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Ciprés de Cementerio

Paula Orellana (Desde Guatemala. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cortada, podada, sometida
sólo para adornar
para expresar calma, silencio y tranquilidad
entre tanto muerto sembrado a sus pies.

Cortada, podada, sometida
al gusto pero no a su gana
sin dejar sus ramas crecer voluptuosas
porque un peligro puede ser
a la simbología de muerte que puede preceder.

A sus décadas sembrada,
como ciprés de cementerio
está condenada a ser.

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Caras o palabras

Gustavo E. Etkin (Desde Bahía de San Salvador, Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

En la época de la dictadura militar Andrés vivía con miedo. Como -por diferentes razones- casi todos los argentinos. Es que antes había escrito en un diario de izquierda del que mataron a casi todos los que en él escribieron. Él se salvó porque firmaba sus artículos con otro nombre. Así que, cuando pudo, se exiló en Brasil.



Y fue ahí que empezó a conocer ese nuevo universo digital. El mundo de la internet. Y fue por la internet que se reencontró con un antiguo amigo con el que se intercambiaba e-mails continuamente, con noticias o comentarios sobre política y cosas personales.

Después de la dictadura Andrés volvió varias veces a Buenos Aires. A participar de encuentros, congresos. Recorrer lugares, que era como recorrer su historia.

Pero le fue pasando una cosa extraña con su amigo. Cada vez que iba a Buenos Aires le daba cualquier pretexto para no encontrarse. Que estaba enfermo, que tenía un compromiso de trabajo. Siempre alguna razón por la que no podían encontrarse. Verse.

Lo que, con el tiempo, fue siendo un enigma para Andrés. ¿Por qué ese que creía su amigo de tanto tiempo no quería encontrarse con él? ¿Verlo?

Hasta que una vez, mirándose al espejo, tuvo la respuesta: se vio casi pelado, con el poco pelo que le quedaba blanco, y su cara arrugada. Ahí se dio cuenta de que su amigo no solamente no lo quería ver así sino que tampoco quería que le vea la cara de viejo que debía tener.

Era mejor, entonces, ver palabras y no caras.

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Plástica: El arte románico

El Ave Fénix

Por fina cortesía de José Antonio llega este bello Power Point Slide Show (PPS) con vistas exteriores e interiores de las más hermosas Catedrales europeas, acompañadas de explicaciones, información arquitectónica y datos históricos, todo ello mega-interesante. Veremos las máximas expresiones de la espiritualidad cristiana.



Nosotros -los ateos- procuramos la racionalización y la secularización de la sociedad; por ello pensamos que estas bellísimas construcciones podrían servir mejor si se utilizaran como Museos de Arte o como sedes para Universidades y altos centros de estudio que promuevan la Ciencia, la Filosofía y el Arte.

Si nuestros pueblos -por ejemplo en América Latina- dejaran de gastar millones y millones de dólares en construir templos para arrodillarse ante supersticiones y fantasías impuestas a sangre y fuego hace quinientos años por los conquistadores y genocidas españoles y dedicaran esos cuantiosísimos recursos a la construcción de Universidades, Escuelas, Viviendas y Hospitales, nuestros pueblos vivirían mejor y más racionalmente.

Descargar presentación completa desde aquí (formato pps)

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Un beso en la bóveda orbitaria

Daniel de Cullá (Desde Burgos, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Abrazados, y solos
Junto a la iglesia de San Martín en Fromista, Palencia
Nuestras cabezas sobre una pieza de piel
Hecha a modo de almohadilla puesta en la testuz
Cual a bueyes uncidos para que no se nos lastime
La coyuntura en frontalera de cabezada
Manoseo a mi amada como cuando manoseaba
Cada una de las fajas que se ponen en el serón
O será grande a lomo de bestia por la parte de abajo
Para mayor firmeza
Besando la línea media de su cabeza
Y poniendo la lengua
En la excavación en que se aloja la glándula lagrimal
De sus grandes ojos azules
Haciendo polea del músculo oblicuo mayor
Con el piquito de la lengua
En el agujero supra orbitario de los dos ojos
Terminando el roce de la lengua
A los lados de las carrilleras
Mientras mis manos cual fajas y adornos como goteras
Guarnecen por lo alto y por lo bajo
Serpenteantes
Dando vueltas y tornos como la serpiente
Alcanzan los bajos de su altar en derrame seroso
Aguardando el caudillo “Serpa” erecto
Que rompa sus labiadas fronteras
Y entierre el sarmiento largo de la vid
Para que forme otra nueva cepa
Como aquel Alejandro de Serpa Pinto
Explorador portugués del África
En la segunda mitad del siglo diecinueve
Provocando a lujuria
Con su cantárida.

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El niño y el derecho al juego

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El derecho al deporte, juego y recreación constituye un estímulo para el desarrollo afectivo, físico, intelectual y social de la niñez y la adolescencia, además de ser un factor de equilibrio y autorrealización, coinciden los trabajos de UNICEF y el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables del Perú – MIMP, especialmente, a través del Programa Yachay.

El Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, Bernt Aasen, durante su reciente visita a Lima destacó la importancia de promover el derecho al juego y el acceso al deporte como una herramienta esencial en el desarrollo de un niño, niña o adolescente.



Con estudios de historia, literatura y lengua española en la Universidad de Oslo y en la UNAM de Méjico, seguido de un postgrado en Pedagogía Social en la Universidad de Oslo, Bernt Aasen, analiza los Objetivos de Desarrollo del Milenio y menciona seis temas prioritarios que amenazan el bienestar y el desarrollo integral de la infancia:

Las disparidades económicas, que van más allá de los promedios nacionales. La exclusión, que viven millones de indígenas, afro descendientes y otros grupos, como los discapacitados. La violencia, desde la intrafamiliar, básicamente invisible, hasta la juvenil y las respuestas legales. El VIH/SIDA y la desnutrición crónica.

Nacido en Noruega, Aasen fue coordinador adjunto de la operación humanitaria en el Sudan entre 2002 y 2004 donde integró el equipo de negociación entre el gobierno de Sudan y el Movimiento de Liberación Popular de Sudan. Con UNICEF ha laborado en Afganistán, Nueva York y en Méjico donde inicio programas de asistencia para niños y niñas indígenas en áreas controladas por guerrillas en el sur del país.

En Nicaragua trabajó en la elaboración de legislación sobre temas de infancia. En Panamá, desarrolló la primera red de programas de rehabilitación para niños y niñas de la calle. Y 1987 en Honduras, participó sobre un proyecto comunitario para proveer de agua a áreas peri-urbanas.

Dos tipos de infancia

En América Latina, se habla de «dos tipos de infancia»: aquellos niños englobados en el concepto de «menores en circunstancias especialmente difíciles» y los que no lo están.

Este concepto desarrollado por UNICEF define a los niños que viven en situación de riesgo e incluye los menores con necesidades específicas de atención preventiva. Menores trabajadores y de la calle, en conflicto armado, refugiados y desplazados por discriminación religiosa, social o política. Menores institucionalizados. Víctimas de maltrato y abandono. Menores esclavizados, maltratados, prostituidos o explotados; Y menores en desastres naturales y ecológicos.



El retraso en el crecimiento refleja una deficiencia alimenticia crónica, agravada por la enfermedad. Comparado con otras formas de desnutrición, éste es un problema de proporciones mayores.

Entre los niños con edad inferior a los 5 años del mundo en vías de desarrollo, aproximadamente una tercera parte –195 millones de niños– sufren de retraso en el crecimiento, mientras que 129 millones tienen un peso insuficiente.

Un total de 24 países soportan el 80% del lastre de la desnutrición en el mundo en vías de desarrollo, expresado a través del retraso en el crecimiento.

Educación y desarrollo infantil

En relación con la educación, se sabe que el 27% del total de la población en edad escolar está fuera de la escuela. La educación no se adapta a las heterogéneas realidades culturales del país y a las realidades específicas de estas poblaciones. Un alto porcentaje de docentes no tienen estudios especializados.

El concepto niño de la calle tendría una carga estigmatizante, de desvalorización, en tanto que lo define exclusivamente por lo negativo, al no tener casa, que no va a la escuela, que no tiene familia, etc.

“El juego, el deporte y en concreto los programas de deporte para el desarrollo son una buena plataforma para fomentar estas habilidades en niños y adolescentes.

Desde el Brasil, ‘Vamos a Jugar’ es una iniciativa de movilización y de compromiso ciudadano y político impulsada por UNICEF y la Alcaldía de Rio de Janeiro. Alienta el derecho al juego, la recreación y el deporte seguro e inclusivo para todos los niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe.

Unicef, remarca que la trilogía “Deporte, Recreación y Juego”, fortalece el organismo y evita las enfermedades, prepara a los niños y niñas desde temprana edad para su futuro aprendizaje, reduce los síntomas del estrés y la depresión. Mejora la autoestima, previene el tabaquismo y el consumo de drogas ilícitas y reduce la delincuencia.

Yachay

Yachay es un programa nacional que desde un enfoque de derechos, trabaja y se conecta de manera lúdica con los niños y adolescentes, fomentando la convivencia y el desarrollo de habilidades sociales entre ellos.

La experiencia “Deporte para el Desarrollo, deporte de mediación”, se realiza en el marco de una alianza entre UNICEF, Yachay (MIMP) y la ONG nacional CEDEC.



Desde pequeños, los niños entienden que la responsabilidad en el hogar es colectiva y que la escasez obliga a compartir sus escasos bienes. El juego no es valorado por los padres, que lo consideran algo intrascendente.

La participación de niños y niñas con discapacidad en actividades deportivas fomenta la inclusión y ayuda a evitar la estigmatización.

Yachay busca conseguir el compromiso de los alcaldes en sus municipios y permitir la universalidad del derecho al juego, la recreación y el deporte seguro e inclusivo para todas las niñas, niños y adolescentes de la región.

El derecho al juego, consagrado en el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño, universaliza su derecho a ser escuchado en todas las decisiones que afecten a su futuro. Por lo tanto, el deporte y el juego no son sólo mecanismos para el desarrollo y el aprendizaje de habilidades para su vida, sino también para su empoderamiento y participación.

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Cortázar para desintoxicar el parque

Reinaldo Spitaletta (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Hubo un tiempo en que Cortázar estaba en todas las mochilas de los universitarios y de una que otra colegiala. Se leía en los buses, con el peligro que, por la movención, se desprendiera la retina; en las cafeterías de la U; en un prado bajo los árboles, y resulta que casi todos eran (¿éramos?) cortazarianos: había derivados de cronopios y de famas, no faltaba el que imitara a Oliveira y quisiera irse a París a tirar finuras, y alguna muchacha sentía ser la Maga, la uruguayita Lucía, que ni en el tango. Cortázar por aquí y por allá, su poema y cuento al Che, sus propagandas de la revolución cubana, su posición a favor de los sandinistas, sus versos de la gota de agua o los dedicados a Alejandra Pizarnik, su perseguidor, los parques, sus casas tomadas, que todavía Buenos Aires no intuía lo que le esperaba, el jazz, Schönberg, Brahms, y, claro, sus letras de tango, que siempre ponían en la emisora de la Universidad de Antioquia; todos leían a Julio, al que queríamos tanto, al hombre a quien las manos nunca dejaron de crecerle, y hasta hablaba con ellas.



Y digo que entonces lo leía la “pequeña burguesía”, porque quién más. Los obreros solo tenían tiempo para la plusvalía, para sudar y “camellar” y viceversa, y de pronto para estar en el bar; y la burguesía, qué va, andaba muy ocupada explotando obreros, pensando en ampliar la panza y la banca, y de ese modo solo quedaba ese sector “privilegiado” que dedicaba lo mejor de sus años mozos a la lectura y, claro, a una que otra tirada de piedra y bombas molotov contra las visitas de indeseables yanquis; a reuniones con trabajadores vanguardistas; al cineclub. Y ahí, en medios de libros de Marx, Engels, Bakunin, Althusser, Mao, de alguno de Malraux y otros de Kafka, sin faltar un Sartre o un Camus, estaba Cortázar que despertaba un sentimiento unánime: el de quererlo más a él que a sus libros. Leyéndolo, uno se metía en el cine, en la música, en la metafísica, en la felina suavidad del gato, en la patafísica, en la cotidianidad con revelaciones extraordinarias. Y bueno, había que leer su teoría del cuento, su nocaut y su metáfora de que la novela gana por puntos, sus discusiones sobre América Latina, vea “usted que uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida…”.

Y le cuento que leer a Cortázar en aquellos días de conmociones sociales, no solo causaba placer y daba aires de “intelectualidad” y tales, sino que era un arma secreta para conquistar peladas. Era sino hablarles de esa historia de amor que es Rayuela y listo; vos eras el cielo y la tierra, el pintor y el escritor, la piedra y la tiza, y entonces retabas a su lectura, porque no hay que ser “lector hembra”, sino uno muy activo, un lector-cómplice, uno que desbaratara la novela que ejercía (ejerce todavía) una fascinación sin resistencia y provocaba admiraciones y gritos, ¡cómo!, y este man cómo hizo para armar una estructura así, y propusiera otros caminos para estar o en París o en Buenos Aires, o en las dos al mismo tiempo. ¡Oh!, “tantas palabras para un mismo desconcierto”. Bueno, digamos, para resumir, que con las muchachas y las lecturas de Cortázar, uno ganaba por decisión unánime. Era una tarea más fácil, porque no requería tener carro, bastaba un modelo para armar. Ni tampoco era condición necesaria el billete ni la pinta de galán; simplemente, leías historias cortazarianas y eso era suficiente. También podías contar que, gracias a tales lecturas, derivaste en otras aguas, como en las de Roberto Arlt, Felisberto Hernández, o empezaste a escuchar el saxo de Parker, el violín-trompeta de Julio De Caro o la voz de Billie Holyday.

Había cortazarianos de verdad. No se perdían palabra suya. Y a veces parecían una creación del escritor al que amaban. Sabían todo de él: sus obras, sus gustos, sus noviazgos, sus matrimonios, su posible homosexualidad, sus viajes, lo que estaba en una página, lo que quedaba en otra. Admirables admiradores. Supe de uno, al que poco conocí, que pudo haber sido el mayor cronopio de los días de la universidad. Estudiaba periodismo y escribía notas en el periódico El Mundo, de Medellín. Se llamaba Diego Medina, una auténtica promesa, según hablaban, de la crónica y, por qué no, de la literatura. Murió en un accidente y en su entierro sus amigos depositaron en la tumba en vez de flores todos los libros de Cortázar. Sin embargo, había otro personaje, no tan cortazariano, pero sí muy parecido al escritor, no solo por sus manos grandes y su estatura, sino porque, como el argentino, padecía el síndrome de Marfán, que afecta los huesos, los tejidos, el corazón y otros órganos, y tiene la particularidad de hacer crecer hasta su muerte a quien lo sufre. Se llamaba John Ospina, un revolucionario que combinaba las lecturas marxistas con las de escritores norteamericanos y un día decidió abandonar la ingeniería para dedicar todo su tiempo a la literatura y el periodismo. En esas descubrió Rayuela y ya no hubo manera de detener su pasión por las obras de Cortázar. El síndrome se lo llevó prematuramente en el mismo año en que murió el “cronopio mayor”.

Ospina, además, la facilidad de hablar de los records de Cochise o de Eddy Merckx como de El dieciocho brumario de Luis Bonaparte o de las alineaciones más célebres del Atlético Nacional. Y en cualquier café podía sentar cátedra sobre Jack London, Pelé o las coperas de viejos bares de Medellín. Cuando descubrió, después de los treinta años, que lo suyo eran la literatura y el periodismo, se encerró a leer novelas, cuentos, manuales de comunicación, enciclopedias de cine, a realizar programas radiales de difusión literaria, y, claro, a seguir proclamando donde hubiese audiencia las causas de los males del país, sin dejar de lamentar por qué tanta gente se tenía que perder las lecturas de obras como Rayuela. Ospina se distinguía no solo por su más de 1,90 de estatura sino porque no era de los que aprietan el dentífrico desde abajo. Era un tipo en permanente estado de sitio.

Ahora, mucho tiempo después de la muerte de Cortázar (12 de febrero de 1984), es el momento de pararse en los puentes, de dejarse mojar por la lluvia, de darle una despedida digna a un paraguas destrozado por el viento, de buscar lectores de parque, como los de aquellos días de refriegas callejeras. Con Cortázar sucede que la ficción se vuelve realidad, o al revés, y por eso torno a ver la muchachada con sus mochilas gordas de libros, como un modo de conservar los recuerdos, que a veces hay que envolverlos en sábanas negras, como cualquier cronopio. Volvemos a la excursión cortazariana, sin instrucciones ni manuales, porque él, precisamente, nos enseñó otra manera de ser libres. Ahora sí me iré a envolver acelgas en las hojas de este diario, aunque la tinta es tóxica y ciertas historias, también.

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Una crónica, un cuento y el ministro Fidel

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

El titular del Ministerio del Poder Popular para la Cultura visitó Guayana en el marco del Gobierno de Eficiencia en la Calle. En San Félix, Municipio Caroní, constató el avance y fortalezas del Sistema Nacional de Culturas Populares.

Sistema Nacional de Culturas Populares

Cuando llegó lo esperaban con tambores y charrascas niños y niñas que no pasaban los once años de edad, pero que tenían en los ojitos todo el brillo que se guarda entre esperanzas y sueños. Pieles morenas las de esta tierra cruzada por dos ríos inmensos. El Roble estaba de fiesta, engalanada de música y diablos coloridos típicos de El Callao. Como una nube multicolor, de mariposas y otros vuelos, los niños regaban con música las calles.



Algunas paredes rescatadas del abandono y de la propaganda electoral que se suma una sobre la otra, mostraban paisajes de esta Venezuela tan llenita de futuro. Y es que además de músicos nuestros niños también agarraron los pinceles y abrieron en las paredes, ventanas inmensas donde si uno pasa desprevenido se puede asomar a un atardecer en el mar, a una mañanita recién nacida de Los Llanos o al frío de Los Andes, todo el país cabe en los muros que ahora hacen de esa comunidad un museo a cielo abierto.

Pero el asombró no terminó allí. Sino que al frente de casa de Delia, mujer chiquita que anda siempre dando brincos y organizando cuanto evento cultural pueda, dos toldos esperaban con muestras de dulce de lechoza casero, máscaras de diablos danzantes, café coladito y unos niños que también están aprendiendo a componer décimas. Porque Guayana que sabe de calipso, también es experta en galerones y otros bailes.

Fidel, el ministro, no dejaba de sonreír. Claro, no era para menos. Si los niños revoloteaban queriendo cantarle y tomarle fotos. Hasta agarró un cuatro y se puso a tocar. No había más cámaras que las de los teléfonos móviles de todos nosotros que queríamos congelar el momento para que no se nos olvide la voz de Benjamín Jin Jin y su aprendiz el Cristofué. A José Lugo le debemos la alegría de los tambores, y a Oscar Presilla, Darvis Paraguacuto, Héctor Filgueira y Miguel Salas los murales que adornan esa comunidad de San Félix, donde además el Padre Matías Camuña siembra solidaridades. El Sistema Nacional de Culturas Populares está barrio adentro, corazón adentro, haciendo nacer el futuro.

Luis, constructor de instrumentos

Como buen músico, el ministro Barbarito, quiso visitar a un constructor de instrumentos. Y allá nos fuimos sin aviso a casa de Luis Pérez, en Chirica Vieja. Apenas llegamos nos recibió un patio inmenso, perfecto para correrías, para una hamaca a la sombra y una buena lectura. Árboles frondosos, además de matas de lechoza, un níspero cargadito y un fragante limonero. Dos perros se echaron a la sombra mientras nos veían de lejos pero sin asombro, conmovernos al tantear la madera que de tan noble se convierte en la manos de Luis, en guitarras, cuatros y bandolas. Ahora, al pasar estos días, sigo pensando en la magia de las cuerdas, en la Viajera del Río y Manuel Yánez, en Antonio Lauro... y constato que esta Guayana inmensa es un caleidoscopio colorido.

Luis nos permitió darle dimensión a su oficio, que no es otro que el de hechicero, porque hay que saber encantar los materiales para que con ellos puedan hablarnos todas las pasiones humanas. ¿Acaso la música no sabe de nosotros en todas las formas?

Luis y Fidel soñaron juntos. Y nosotros los veíamos soñar tomando un café que diligente el hijo y ayudante del constructor de sonidos nos alcanzó a cada uno. Una proveeduría de materiales para la construcción de instrumentos, un taller para que los pequeños que se inician en la música sepan de dónde vienen esos frágiles compañeros y una canción entre todas las voces. Y todo esto ya empezó a ser presente nuestro.

Del Orinoco a Caracas

La Sala de Arte Sidor fue el último punto del recorrido que Ciudad Guayana le tenía preparado a Fidel Barbarito. Es una sala de exposiciones con una larga historia. Por esas paredes han pasado artistas como Oswaldo Vigas, han dado recitales poetas como Juan Calzadilla, y además se han presentado corales, pequeñas obras de teatro, conciertos y un sinfín de actividades. Pero sobre todo es un punto de encuentro para los cultores de esta ciudad y la gente que la habita. El profesor José Lanz, artista plástico que llegó hace años a Guayana, a trabajar en los hornos de Sidor, la primera siderúrgica del país es quien con tesón y amor infinito por la creación humana, se encarga ahora de que la Sala siempre tenga algo que ofrecer. Está en un punto especial de la ciudad y quienes vivimos aquí queremos verla siempre luminosa, siempre de puertas abiertas para recibirnos.

Fidel pudo ver, antes de la inauguración, una muestra plástica de Ramón Moreles Rossi. Un artista de Ciudad Bolívar con un trabajo que habla de nosotros, del río Padre, de ese Orinoco que vio a Bolívar pronunciar la que tal vez sea su pieza oratoria más importante, el Discurso ante el Congreso del Angostura.

De Fidel nos quedamos con su humildad, con su promesa de seguir trabajando para garantizar el acceso del pueblo a la cultura, a los bienes culturales. Con él compartimos la preocupación por hacer de ella un eje transversal de acción del Gobierno Bolivariano, para ser cada vez más pueblo comprometido con el porvenir. Con él queremos seguir contribuyendo a difundir los logros hermosos que hemos conquistado en esta década de Revolución, estos primeros catorce años en los que conseguimos juntos ser un territorio libre de analfabetismo, un país cada vez más lector y sobre todo un pueblo que ahora es visible, que por fin tiene voz. Lo que el presidente Chávez empezó tiene continuidad en Nicolás Maduro, vemos su entusiasmo por el teatro y la música, por crear una televisión más crítica y liberadora del pensamiento. Y Fidel, como antes Pedro Calzadilla, son hacedores de la magia que nace siempre de las manifestaciones con que los seres humanos cuentan la vida, y es que hay tanta vida que contar.

Foto de Felipe Siva Bayola / Gabinete de Cultura Estado Bolívar

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Lo negro es un color… ¡lo afrodescendiente es una identidad…!

Brunilde Isabel Palacios y Antonio José Guevara (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

No podemos darle un premio a quienes convirtieron el vientre de la mujer africana en un medio de producción para favorecer el sistema implantado por el europeo, por ello decimos que somos venezolanos creadores de la cultura negra y no es posible que quienes se autodeterminan como “Afrodescendientes” no se consideren venezolanos y quieran dividir la venezolanidad sin ver sus consecuencias, con el propósito de gozar de una doble nacionalidad (sin tenerla), lo cual corrobora…, que inmediatamente que se le reconozcan tal vinculo, se les está reconociendo que son africanos, valiéndose de un discurso con miras hacerse invisible para cubrirse de una postura discriminatoria que hecha a un lado, la importancia que tienen las dinámicas histórica, con la intención de restarle importancia al aporte que han hecho las poblaciones negras en nuestro país (Venezuela), aludiendo que dicho término fue impuesto por el colonizador (como el de África, Afro, Cimarrón, descendientes, ascendientes, negros, etc.) y no por sus originarios, en el que se le olvida que el que hace la historia, es el que posee el mayor poder de fuego simbólicos, lo cual les permitía imponer la mayor cantidad de elementos culturales, a partir de un constructo ideológico (en el sentido de falsa conciencia), que enmascaró la realidad, borrando las aristas que sirvieron de pistas para desentrañar las contradicciones estructurales de explotación, dominación y agresión simbólica (AEGO. -1992-. Ensayo sobre la cultura urbana caraqueña.), cuyos constructos ideológicos formulan una idea falseada de lo que fue nuestro proceso de conformación, como tipo ideal, la cual se transforma en versión oficial, los cuales fueron utilizados para crear una falsa, basada en la desculturización, discriminación racial y en la creación de constructo logo centrista, que los conllevó a negar su estética, con el argumento de quienes se consideran cimarrón (termino impuesto por el español y que hoy quienes se auto determinan como “Afrovenezolano”, lo han tomado como su bandera, olvidándosele, que se le imponía a quienes se escapaban de la haciendas, a los cuales consideraban que volvían a su estado animal, porque la civilización la representaban los europeos) y no les importa echar a un lado su venezolanidad producto de la pena que sienten por su melanina negra (Véase el caso del Diputado de la Asamblea Nacional Modesto Ruiz, quien en una entrevista como Vanessa Davíes en su Programa Contragolpe por Venezolana de Televisión VTV, prefirió que lo llamaran afrito que negrito y quien dejo ver su actitud racista y xenofóbica en contra de los negros y negras, algo que fue público y notorio). Quienes inconscientemente y en un vocabulario cerril, justifican el discurso colonial que ve a los nuevos pueblos recubiertos de una mentalidad pre lógica que les imposibilitaban llegar a la abstracción acerca de lo que acontece en la vida cotidiana, considerándolos inferiores, sin capacidad de poder construir un sistema lógico o pensar lógicamente, sin comprender que la pérdida de su trazo colectivo, se debe a su disgregación e imposibilidad de ceder a las características grupales conservadas en su comunidad de origen, para darle paso a una nueva estructura social que trasformó el pensamiento predominante en el mundo.



Pero lo que no se puede aceptar es que se siga considerando al hombre negro de la forma como lo segregan quienes se autodeterminan como “Afrodescendiente”, demostrándose que en sus discursos todavía prevalece el criterio de la dominación que los consideraba, como entes pocos conocedores del trabajo intelectual, no propensos a ser depositarios del saber (por ello sostienen “Lo Negro es un color, lo Afrodescendiente una identidad”, olvidándoseles que de África salieron negros y negras y que los africanos le quitaron su identidad a más de 120 millones de personas que eran sus coterráneos y les impusieron el apelativo de negros y negras para no considerarlos y diferenciarlos de los africanos, lo que representa que los africanos han estados en todos los negocios impío e inhumanos que han llevado a cabo los europeos en contra de la humanidad. Véase el caso de Libia y Siria y nos daremos cuenta que la Unión Africana y la Liga Árabe siempre han estado al lado de ellos).

Actitud que tiene una gran connotación, puesto que refleja como se viene construyendo un constructo ideológico, cuya finalidad busca formular una imagen falseada expresada como tipo ideal, la cual buscan que se transforme en la versión oficial (esto es lo que buscan). Lógicamente, como lo sostiene AEGO. (1998.Omissis), esa elasticidad en la utilización de las cargas temporales surte de recursos al imaginario y aumenta la posibilidad del hechizo y camuflaje, puesto que convoca a la defensa de un pasado (tergiversado), en función de un proyecto nacional y para ello, han creado esta gran coartada como referente, para profundizar nuestra dependencia cultura y sostener que no tenemos una propia identidad (por existir demasiados rasgos que nos identifican con África, lo cual es falso, olvidándose de los que tienen que ver con el europeo e indígena. De ello no se habla y se desecha, no comprendiendo que somos el producto de tres culturas), y estas son parte de las fuentes que nos permiten reafirmar nuestra venezolanidad, y como colectivo, desechar la palabra “AFRODESCENDIENTE”, porque se convirtió en una propuesta incoherente que contribuye a quebrantar el espíritu de la poblaciones negras que poseen una melanina negra, en un instrumento para fragmentar la venezolanidad, al intenta borrar la presencia de los negros y las negras de un plumazo ) como la de los indígenas y blancos europeos) , en la construcción de la estructura social venezolana.

Por otro lado, notamos que esa postura refleja una conducta endoculturista muy marcada (colectivizada) y por ello se cobijan con una serie de argumentaciones negativos, no importándoles atribuirles particularidades etnocéntricas y logocéntricas a sus posturas, para no entender y negar su papel como sujeto histórico,, llegándose al extremo de sustentar su oscurantismo sobre el ordenamiento jurídico venezolano (peligroso para un Estado que se hace denominar como democrático y social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, solidaridad, la democracia, responsabilidad social y en general , la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político. Art. 02. CRBV), poniendo en evidencia toda esa atmósfera cargada de negatividad, transformada en estereotipos en contra del negro, por su tono de la piel, la forma de la nariz y el tipo de cabello, convirtiéndose estos elementos, en mecanismos claves que lo sigue descalificando, despreciando que le restan importancia como ser humano, para verlo, sin capacidad para producir innovaciones, con el propósito de invisibilizar su realidad y negar su participación en los diferentes procesos históricos que ha vivido este país (Venezuela), donde su incorporación al combate y su inteligencia para la estrategia militar se hizo sobresaliente, convirtiéndolos en el alma de la gesta libertaria.

En este sentido, reprochamos este tipo de comportamiento de endoculturismo manifiesto que se hace presentes en la conducta de quienes se auto determinan como “afrodescendientes”…, los cuales niegan los espacios que hicieron visibles los aportes que hicieron las poblaciones negras a la venezolanidad, los cuales se hacen sobre salientes, porque Bolívar encarnó ese sentimiento que se hizo transparente, y que se viene a reivindicar en la súplica que se desprende de lo más profundo de su postura, lo cual le permitió que nuestro libertador, se elevara por encima de conducta miserable, lo cual permitió fortalecer nuestra ciudadanía venezolana, robustecer nuestra presencia como sujeto histórico y fortificar nuestra presencia y el derecho a expresar libremente nuestros pensamientos, ideas y opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier forma de comunicación, sin ser censurado por ningún emporio humano que se siente distinto.

Situación que crea un ambiente engorroso producto de quienes buscan utilizar al estado venezolano para Obtener presencia política y eso es sumamente delicado, ya que sentimos que no se han dado cuenta que la Cultura Negra se convirtió en una referencia nacional, ultramarina, y mundializada para el fomento de las transpiraciones humanas que se aleja de quienes se arroparon con el epíteto de “Afro”, sin importarles que este es el momento para construir iniciativas que deben constituirse en opciones para redimensionar a este imaginario que se ha sedimentado y gestado en la conciencia colectiva de los diferentes emporios humanos y que se ha transformado en una cultura de signos y símbolos que han hecho un aporte importante a la humanidad, que han sentido la indiferencia, marginalidad y discriminación de quienes poseen una melanina negra y se auto determinan como “afrodescendientes”, los cuales siguen poniendo el acento en lo individual, en el pensamiento fosilizado y en acentuar la segmentación, (porque se estaría fraccionando el país que le dio cobijo y reconoció la ciudadanía y nacionalidad de nuestra ascendencia, mientras que los africanos estaban demasiados comprometidos y ocupados en los asientos negreros), negándose la unidad, los principios fundamentales en que se sustenta y por otro lado, la riqueza de su Diversidad, Pluralidad y Multiplicidad, por el contrario, se hace necesario internalizar la importancia que tiene el sujeto de transformación, y mucho más, cuando éste se convirtió en un aporte importante para el desarrollo de la Republica que se constituyó a partir de 1811.

Creemos que se debe ampliar el panorama de las conjeturas para darle libertad al desenvolvimiento, con propuestas productivas, que le den a nuestra imaginación, el papel que le corresponde en la construcción de ese nuevo actor histórico, en vista que la historia de este país, no se puede escribir, sin la presencia de la Cultura negra, puesto que éste, no es el momento para fragmentarnos, en vista que no hay tiempo para retroceder, pero sentimos y nos oponemos a que se borre de la historia…, nuestra presencia de forjadores de una patria libre y soberana para darle vida a un actor foráneo que tiene sus incidencias en un continente diferente.

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Fiesta de difuntos en la Calle del Coliseo

Antonio Prada Fortul (Desde Cartagena de Indias, Colombia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cartagena de Indias, siempre ha tenido un halo de misterio y leyendas tejidas desde la truculenta época colonial, que se encuentran dispersas en las callejuelas del sector amurallado en donde se desarrollaron estas historias fantasmales.



En la calle de San Agustín de esa embrujadora ciudad, vivió en los umbrales del siglo XV, un acaudalado español llamado Blas María Ribón y Balmaseda.

Este peninsular nativo de Extremadura, comerciante en esmeraldas y oro, a pesar de lo opulento, no le era desglosable su inclinación a la bribonada y la picardía.

Un día se embarcó en un galeón que zarpaba a las colonias de ultramar rumbo al puerto de tratantes de Cartagena, ciudad nombrada por tripulantes de naos y bergantines, como propicia al alijo por los numerosos atracaderos, esteros y caletas de ese puerto colonial hechizante y cautivador.

Al llegar a la ciudad quedó prendido de ella, de su comercio y la vida social que ahí se desarrollaba. Ese sitio encantador y mágico lo había embrujado.

Contrajo nupcias con una dama peninsular de esa ciudad colonial y tuvieron dos hijas que lucían su belleza en las reuniones y saraos realizados en la casa del acaudalado hombre de negocios acostumbrado a la juerga. En esa lujosa casona, se reunían miembros de la cerrada sociedad cartagenera, en fiestas donde el vino, el champán y los rones del Caribe corrían a raudales.

Un joven criollo llamado José Luis Llorente, se enamoró de una hija de don Blas y se acercó a la familia solicitando permiso para visitar a la bella Catalina, los padres y la joven lo rechazaron abruptamente burlándose del pretendiente que se retiró ofendido, desencantado y humillado, jamás había sido vejado así, el incidente lo llenó de resentimiento y rencor.

Una tarde se dirigió a los dinteles de la ciudad donde Saura, una gitana que resolvía problemas del alma como los del joven rechazado por la familia española. Esta lo escuchó pacientemente, preparó unos conjuros y horas después, salió de la casa de la mujer ron, con un frasco herméticamente sellado en su mano.

Ese sábado se realizaba una fiesta en la mansión de don Blas para anunciar la boda de sus hijas con acaudalados jóvenes peninsulares.

Todo estaba dispuesto en el inmenso salón, las mesas cubiertas con manteles primorosamente bordados, la cristalería adornada con doradas tallas de las hornazas de Bremen que despedían chispas como brillantes de Congotanga.

Mientras los sirvientes de la casona acomodaban las copas sobre las servilletas bordadas en delicada trama áurea, una figura sigilosa se deslizaba hacia el depósito de licores. Era José Luis que entró furtivamente a la casa y se dirigió a la bodega, con toda calma, destapó las damajuanas de moscatel español y los rones de las islas del Caribe; cuidadosamente derramó en cada botella, cinco gotas del veneno entregado por la gitana que vivía en la cabaña de las afueras.

Cuando terminó la última, la cerró herméticamente y salió de la bodega.

En la fiesta, los invitados lucían sus mejores galas, el salón repleto y el vino corría a borbotones, la sidra con su estampido invitaba a los presentes a consumirla con placer, todo era alegría en ese recinto pletórico de entusiasmo.

Los músicos interpretaban melodías de moda en la lejana península.

Los invitados lucían sus mejores galas y joyas, anillos de diamantes, oro sinuano y esmeraldas de la zona altiplanaria emitían fulgores y enceguecedores destellos.

Los invitados estaban elegantes y enjoyados, pero a pesar de la fina lavanda y los perfumes con que rociaban sus cuerpos, el olor tradicional del peninsular de ese entonces, enemigo del baño, afloraba por encima de las fragancias florales y de olores silvestres del pino de los bosques de Escandinavia.

Todo era alegría en esa celebración.

Los sirvientes escanciaban licor en las copas de los invitados, quienes vaciaban una y otra vez sus recipientes de fino cristal bávaro.

A medianoche los invitados sentados en mesones de cedro con bordes en talla primorosa y sillas de brazos leonados, abatieron sus rostros sobre los manteles de bordados preciosistas quedando inmóviles; los músicos caían en el estrado en un sonido agónico de trompetas y huérfanos violines, las parejas que furtivamente se amaban en alcobas y recintos, se desplomaban en medio del erótico acto.

Nadie se salvó de esa terrible mortandad. No se escuchó quejido alguno ni hubo ayes de dolor, fue una muerte silenciosa, sin estridencias, solo el sigilo letal de la muerte anunció la presencia terrible y dolorosa de Ikú.

Cinco días después se descubrió la mortandad en la casona.

El pestilente olor a cadáver y mortecina, obligó a las autoridades a derribar las puertas ese jueves infausto en el que la muerte hizo presencia en esa ciudad.

Desde ese día la casa permaneció abandonada.

La leyenda de horror que precedía la casa, alejaba a cualquier inquilino.

Así permaneció durante siglos hasta que unos extranjeros, desconociendo lo ocurrido en esa vivienda en ruinas la compraron para remodelarla y vivir en ella por temporadas. Mientras tanto, buscaron un celador para cuidarla.

Agustín Orozco Salcedo estaba desempleado, cuando le ofrecieron el cargo de vigilante para cuidar una casa colonial en el centro de la ciudad, se presentó en la dirección indicada y diez minutos después, estaba contratado.

Durante la primera semana de trabajo hacía su turno de vigilancia y al día siguiente entregaba el puesto al administrador, este cuidaba durante el día.

Un lluvioso sábado novembrino, se encontraba Agustín en su trabajo, eran la doce y cuarenta y cinco minutos pasada la media noche, el ruido de la lluvia al caer, lo sumergió en un profundo sopor y se quedó dormido.

Lo despertó el vigilante de una construcción cercana que se percató del sueño de su colega. Le dio las gracias a su amigo y procuró mantenerse despierto durante el tiempo que faltaba para amanecer.

Al levantarse del taburete donde estaba sentado, escuchó el sonido de una alegre y armoniosa música que salía de la casa. Extrañado se acercó a la entrada y observó que debajo del portón salía una luz blanco azulosa y casi sobrenatural.

Escuchaba carcajadas como de tripulante de bergantín, burbujeos de sidra y ruido de cristales al ser chocados en brindis alegres y entusiastas.

Entreabrió la puerta para ver lo que ocurría en ese salón tan bellamente adornado. Jamás había visto mujeres tan hermosas y tan extraños vestidos en una fiesta.

Los escotes generosos mostraban lo suficiente para enardecer al vigilante alelado por tanta elegancia y boato.

Se le acercó una mujer hermosa y sensual con un escote que mostraba casi en su totalidad sus turgentes senos rosados con los que rozaba lúbricamente a Agustín, la dama pegó su cadera ansiosa al cuerpo del vigilante. Un mesero se acercó al alegre galán ofreciéndole una copa de espumosa y burbujeante champaña.

La hermosa mujer lo abrazó apasionadamente y dirigiéndose al centro de la sala, bailaron amacizados. Se sumergió en los olores lúbricos de animal de monte de la ibérica dama que había deslizado su mano enjoyada hacia la bragueta del galán.

Se acariciaban y besaban en medio de toda esa gente que ni siquiera los miraba.

Busquemos un sitio dijo Agustín mientras la conducía al interior de la vivienda ardiendo de amor y deseos por la hermosa hembra peninsular que tenía a su lado.

Esta sin hacerse de rogar abrió la puerta de una habitación cerrando tras ellos.

La mujer se despojó de sus ropas invitando a Agustín a hacer lo mismo, este la atrajo hacia sí, conduciéndola a la cama para hacer el amor con ella.

Una pulsera se desprendió del brazo de la bella española, la cual le dijo que la guardara en sus bolsillos con los aretes y el resto de sus valiosas joyas.

Este acató la solicitud de la dama y guardó las prendas.

Tenía frío el vigilante. Debe ser por la lluvia... pensó.

Cuando abrazaba apasionadamente a la hermosa dama peninsular, un terrible olor a pudrición, a miasmas, a pantanos putrefactos, a cementerio y mortecina, hirió profundamente la pituitaria de Agustín.

Al disponerse a comentar a su compañera, se percata que el cuerpo de esta y su hermoso rostro se van diluyendo, transformándose en una sustancia gelatinosa y pestilente.

Su grito aterrorizado se confundió con la carcajada luciferina del espectro que se levantaba del lecho con sus ojos colgando hasta las mejillas desencarnadas diciéndole con voz de ultratumba: Ven amor mío…Ven.

Lanzando horrorizados gritos, con su cuerpo ensopado de una materia maloliente, agarró sus ropas y salió corriendo del lugar. Sus gritos atrajeron los vigilantes del sector, quienes se acercaran presurosos sacándolo de su terrible pesadilla.

Sintió alivio al despertar cuando le dijeron que había tenido un mal sueño.

Cuando empiezan los dueños de almacenes a abrir sus puertas, Agustín se acerca al lavamanos para asearse un poco antes de entregar el turno, al inclinar su cuerpo en el aguamanil, de su bolsillo como un flash multicolor, como arco iris luminoso, cae un manojo de joyas de su uniforme cuyos reflejos parecían chispas centelleantes de las minas de diamantes del Zambezi.

Sin poder evitarlo, sus dientes castañearon de terror.

Recordó lo sucedido esa noche de pesadilla y al espectro que estuvo con él en ese sarao fantasmal al que no le encontraba explicaciones de ninguna clase.

Agustín no regresó a su trabajo.

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Libros: “Antes y después de Guernika”, novela de Beatriz Paganini

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De la autora santafesina Beatriz Paganini presentamos aquí su novela “Antes y después de Guernika”.

¡Feliz lectura!



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Cine clásico: “Aguirre: la ira de dios”, de Werner Herzog (Alemania, 1972)

Carlota García Fernández

Ficha técnica

Dirección Werner Herzog
Música Popol Vuh
Sonido Herbert Prasch
Fotografía Thomas Mauch
Montaje Beate Mainka-Jellinghaus
Efectos especiales Juvenal Herrera / Miguel Vázquez
Protagonistas Klaus Kinski, Ruy Guerra, Peter Berling, Helena Rojo

Análisis

“Aguirre, la ira de Dios” (en Latinoamérica) o “Aguirre, la cólera de Dios” (en España) es sin duda una de las obras más controvertidas del séptimo arte, de las que amas u odias y a la que recomiendo enfrentarse con cierto conocimiento previo.

Werner Herzog, director de la misma, es uno de esos personajes que entran a formar parte de la Historia del Cine, digamos casi por casualidad. Vivió una infancia casi eremítica en medio de las montañas de Baviera, de las que descendió para realizar estudios en Munich, lugar en el que conocerá al actor Klaus Kinski. Ambas experiencias, como veremos a posteriori, serán de vital importancia en su obra. Pese haber cursado estudios en teatro y varios seminarios sobre cine, su formación cinematográfica será sin embargo fruto de la experimentación realizada en sus primeros cortometrajes, hasta que en 1972 estrenará esta película que le lanzará a la fama internacional.

En 1561 una expedición liderada por Gonzalo Pizarro, se adentra en la selva amazónica de Perú en busca de El Dorado, la mítica tierra rebosante de oro. La dificultad de avanzar por la selva hace que el grupo envíe una avanzadilla capitaneada por Pedro de Ursúa, en la que se encuentra Lope de Aguirre , pero ésta se verá igualmente incapaz de continuar, tomando Ursúa la decisión de regresar con el resto. Será entonces cuando Aguirre, movido por la sed de conquista, se levantará contra éste, protagonizando una rebelión que les llevará hacia la fatalidad.

Para protagonizar la misma, contará con su antiguo compañero de residencia Klaus Kinski. Ésta será la primera de una lista de colaboraciones y de una relación de amor-odio como pocas. Herzog conocía de antemano el carácter iracundo y violento del actor, motivo por el que ofreció el papel de Aguirre, que éste no dudó en aceptar. Si bien es cierto que la interpretación del personaje, a la que se une su indómito físico, resulta sobrecogedora, en todo momento no podemos evitar preguntarnos si realmente Kinski está interpretando al personaje o dando rienda suelta a su locura. Son muchas las anécdotas que circulan en torno al rodaje, entre ellas se dice que el fuerte temperamento de Herzog y Kinski les conducía a constantes enfrentamientos donde los gritos, insultos, golpes e incluso amenazas pistola en mano formaban parte del día a día del rodaje.

A Kinski le acompañan Helena Rojo como Inez, el también director Ruy Guerra como Don Pedro de Ursúa, Peter Berling como Don Fernando de Guzmán o Del Negro como el hermano Gaspar de Carvajal.

Al inicio de la película podemos ver cómo el cortejo de conquistadores españoles acompañados de indígenas esclavizados desciende por la ladera de una montaña. Cuando la cámara se va acercando vemos que soldados y esclavos portan numerosos enseres entre los que se incluyen una jaula con gallinas. En principio, esto pasaría por una simple anécdota, de no ser porque Herzog siente una curiosa fascinación por las aves y un visceral odio por las gallinas. Su aparición en sus películas es metáfora de la estupidez, según sus propias palabras. Tal vez con esta presencia, ya desde el inicio del film, el director nos esté hablando de lo ridículo de toda la empresa que se dispone a mostrarnos. Y es que el film describe cómo la ambición de seguir los pasos de Hernán Cortés hace que el ser humano sea conducido a la locura y la enajenación al adentrarse en un paraje inhóspito lleno de peligros.

Si dejamos a un lado la veracidad histórica, la epopeya está basada en el testimonio que se constata en el diario del fraile Gaspar de Carvajal en el que se describen las duras condiciones con las que hubieron de lidiar quienes acometieron la conquista del Amazonas.

Un rimo lento pero suficientemente fluido, en el que se mezcla el documental y la teatralidad casi shakespeareiana, hace que durante sus noventa minutos el espectador se sumerja en la angustia y desesperación de estar perdidos en medio de lo desconocido, sin rumbo, sin comida y sin esperanzas.

Con un escaso guión, la película se va abriendo paso a trompicones casi como los personajes en el interior de la selva. La dureza del rodaje en plana selva hizo que el equipo formado por ocho personas, tuviese que hacer frente a numerosas dificultades y percances, lo cual hizo de la improvisación una constante en el arriesgado rodaje. Así, la cámara sigue la aventura de los expedicionarios mostrándonos unas imágenes que hablan por sí mismas. La película irradia una extraña belleza que envuelve según avanza, con cámaras omnipresentes que presenta unos planos y movimientos brillantes dotados además de una magnífica fotografía que nos muestra el entorno selvático.

La hipnótica música original, una curiosa creación a base de melotrón y guitarra eléctrica, es obra de la banda de rock progresivo alemán Popol Vuh y que junto a los naturales sonidos de la selva, contribuye a transmitir la opresión en la que los personajes están sumidos. Además, a esto se une el silencio reinante, dada la falta de diálogo, determinada por la amenaza indígena a la que están sometidos y a la desesperación de la que son presa.

Situaciones surrealistas como en la que la cabeza decapitada continúa hablando o aquella extraña declamación que rezaba “Las lanzas largas están de moda”, incrementan el carácter extraño de esta magnífica obra cuya influencia visual le llegó al propio Coppola al dirigir su obra maestra “Apocalypse now” (1979).

Además la película hace hincapié y se pronuncia sobre otros temas como son la esclavitud de los indígenas y el maltrato que éstos recibían y cómo con el fin de conquistar nuevas tierras para explotar sus riquezas todo era válido, por supuesto, siendo todo ello en nombre de Dios, mostrándonos la permisividad de la Iglesia ante los abusos cometidos.

“Ya sabes que para mayor gloria de nuestro señor, Dios siempre estuvo del lado de los fuertes”.

Una película que en mi opinión, pese a su rareza, ha resistido bien el paso del tiempo. Narrada desde el punto de vista del siglo XVI en 1972, en pleno 2013 nos deja ver claramente que ha sido poco lo que el hombre ha evolucionado desde entonces, estando los temas que retrata de plena actualidad, tan sólo hemos de cambiar oro por coltán o petróleo y “voilá”.



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Ontología de la seguridad

Daniel Papalardo (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La cuestión ontológica, esto es, la pregunta por el ser, el problema por la determinación de lo existente, es constitutiva del hombre mismo, y sin duda desde este ámbito de la filosofía, las respuestas han sido en la historia, múltiples y variadas. Sin embargo, la prevalencia de una u otra alternativa sobre la cuestión adquiere relevancia a poco que nos preguntemos por aquello, que hoy se introduce en todo discurso político, como lo es, el tema de la seguridad, aunque más precisamente el contenido del relato pasa por su aparente negación , esto es, la inseguridad.

Abordando el problema desde esta perspectiva, hay que introducir, una necesaria aclaración, pues todo aquello que indica la negación de algo, en realidad constituye ese algo, máxime si como en el caso, eso de aquello a que nos referimos es una idea,esto es, algo de lo que no puede predicarse materialidad o corporeidad-En todo caso, cuando hablamos de seguridad-inseguridad, lo palpable o registrable, son acontecimientos sociales objetivos respecto de los cuales se dice, que acrecientan la inseguridad o construyen la posibilidad de seguridad, en este último caso , todos ellos ligados a otro fenómeno, como lo es, la punición y el consecuente castigo.

De esta forma, cuando intentamos encontrar en el mundo de las ideas algo que nos permita aproximarnos a la exterioridad social de lo que llamamos seguridad, en la misma medida nos estamos involucrando en aquello que implica su negación, la inseguridad y esto es tan así, que en la actualidad la primera se pronuncia mas por exclusión de la segunda que por afirmación. En otras palabras, todo parece indicar que, lo que adquiere entidad por percepción, es la negación, esto es, a la inseguridad, y no la seguridad misma, que se aprecia socialmente como todo aquello distinto a la inseguridad existente.

No se nos escapa que lo dicho, contraría el principio lógico de identidad, en tanto el ser es, y el no ser no es. Sin embargo, la historia social ha dado suficiente cuenta, que el plano del razonamiento lógico en la complejidad de lo humano y los sistemas sociales de convivencia, naufraga por definición, debiendo apelarse a otra lógica que controvierte las premisas de aquella, como lo es la dialéctica, y desde la misma asignar entidad a la negación aparece como lo ontológicamente posible..

En ese ámbito, debe decirse que configura una estrategia de dominación cultural que una clase impone sobre el resto del contexto social, construir un concepto, esto es , una idea, sin que la misma tenga reflejo real y material en alguna estructura objetiva de la que dé cuenta. Aparece así la noción de seguridad, bosquejada desde el plano de una ética social, compartida por todos y sin definición de clase, entendida como un valor en sí mismo y constituida por la premisa básica del rechazo a la violencia y la posibilidad de orden, en tanto ámbito natural para generar el progreso de todo, que siguiendo una construcción platónica, pertenece al mundo de las ideas, y no adquiere reflejo en la sociedad concreta. .

Ese discurso ideológico oculta decir, que la manifestación negativa del fenómeno, esto es, su contrario, la inseguridad, no reconoce otro vínculo causal que los epifenómenos que son propio de la lógica de desarrollo del modelo capitalista de producción y de las relaciones sociales que este engendra, de manera tal que pensar la seguridad como valor abstracto y objetivo alcanzable en con orden, paz y progreso social , implica en todos los casos la necesidad de reprimir las manifestaciones negadoras de ese fenómeno, que en lo cotidiano lo controvierten , por vía de la represión punitiva. Esto no es otra cosa que dar realidad a lo que no lo tiene, ni lo ha tenido en el desarrollo histórico, en tanto la conflictividad es de la esencia del devenir, que es en sí , lo único sobre lo que puede predicarse el ser.Pensar en una sociedad de orden y paz, es imaginar, la imposibilidad del cambio. Repudiar el conflicto, sin avanzar sobre su génesis y desarrollo, apelando a una noción metafísica, vacía de contenido material, como lo es apelar a la seguridad, no es otra cosa que un artificio cultural, destinado a la justificación del castigo y a la reproducción de las relaciones sociales capitalistas, por vía de la necesariedad del estado y su violencia legitimada.

En esto es claro Gunher Jakobs, cuando nos dice que “el derecho tiene la misión de garantizar la identidad de la sociedad. Eso ocurre tomando el hecho punible en su significado, como aporte comunicativo, como expresión de sentido y respondiendo ante él como defraudación de una expectativa normativa - La pena es la declaración de que ello no es así, que, antes bien, la conducta defraudatoria no integra, ni antes ni ahora, aquella configuración social que hay que tener en cuenta….. cuando la sociedad pena , se rehúsa a concebir un cambio en su configuración, …antes bien , se mantiene firme en su status quo, en contra de la propuesta de cambio. Al igual que una persona rechaza una propuesta que no encaja en su forma de ser, ratificando de ese modo su forma de ser, así también la sociedad rechaza la propuesta de abandonar la expectativa defraudada, ratificando así su identidad…” (Problemas capitales del derecho penal moderno, pag. 34.editHamurabi)

La ubicación ontológica de la noción seguridad, en tanto valor social en sí mismo, por sobre las clases sociales , es una falsa construcción de conocimiento, funcional a una visión defensista de la sociedad, desde la que un grupo busca protección o amparo en la estructura del Estado otorgándole y legitimado el uso de la violencia, para que esta se descargue de modo selectivo sobre otro sector social, en el marco de una estrategia de combate, en la que la noción de delito, abandona su estructura puramente jurídica, para transformarse en un elemento funcional justificante de ese proceder represivo.

En ese marco la idea de igualdad ante la ley, emparentada con el principio de legalidad por las que no hay delito, ni pena sin una ley anterior al hecho que así lo defina y un juicio previo que determine su existencia material, dejan de jugar un rol contenedor del poder punitivo de las agencias estatales , para pasar a ser funcionales y reproductivos de esta estructura defensiva inscripta en la lógica del combate contra el otro, visualizado como "individuo peligrosos",

Esta perspectiva, nos permite apreciar, como y de qué manera, tras un uso del concepto “seguridad” de contenido puramente defensista, concebido como totalidad conglobante y valor en sí mismo, que se impone acríticamente al conjunto de la población, reproduce la desigualdad social, mediante la construcción permanente de bandos en pugna, y el señalamiento del enemigo a vencer, en una lógica de combate que toma cuerpo por vía del encierro e impone como resultado el castigo.

En todas las redacciones y medios de comunicación interesados se distribuyen gratuitamente muestras de perfección de este modelo defensista. La base social de esta prédica falsa y ampulosa la constituye la pequeña burguesía, con consenso de los sectores obreros mejor remunerados, que toma como propios intereses y concepciones que son emergentes de la gran burguesía y los sectores concentrados del capital. La base política, encuentra su ámbito en la impotencia y la desesperación, frente a la cual los oportunistas de toda estirpe rinden tributo, perfeccionando el discurso represivo. La base psicológica se halla en el deseo de superar el sentimiento de la propia inconsistencia como sector social y en el recargar todas las expectativas frustradas por la misma lógica reproductiva del sistema, a la responsabilidad de los sectores sociales a los que previamente se los ubicó en los márgenes

El rasgo fundamental de esta construcción ideológica de clase en torno a la ponderación de la seguridad como valor social, lo constituye ignorar completamente la base material del fenómeno y el ocultamiento de sus manifestaciones, que no son sino, en última instancia, un reflejo de la estructura de relaciones sociales de producción en la que la vida social se desenvuelve.

Con la exaltación del conflicto en particular, se oculta y oscurece, como gravitan en el discurso , las diversas tendencias de clase que subyacen al mismo y por igual razón su papel histórico objetivo La elaboración rutinaria y persistente , de falso conocimiento colectivo, que parte de reputar la seguridad como un valor en sí y por encima de las clases sociales, se desenvuelve en gran medida , en forma deliberada desde las usinas mediáticas de la formación de opinión.

Invocando la defensa de la sociedad se benefician con la protección y la represión los grupos dominantes representativos de una exigua minoría de intereses exclusivos y concentrados. En ese artificio, la seguridad no es una noción conceptual que adquiera entidad por sí misma, sino una expresión ideológica de los intereses específicos de clase, que le dan contenido según sea la expresión cultural dominante- Es por vía de la exaltación de su contrario (la inseguridad) que se viabiliza la intensificación de la gestión del aparato punitivo y su consecuencia necesaria, el castigo.

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Tengo miedo

Pablo Neruda

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño
que reflojo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo de una calma agonía
sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde.
Agoniza Saturno como una pena mía,
la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

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