martes, 7 de enero de 2014

¿De la MUD o del Pueblo, de quién se ríe San Nicolás?

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Un compinche alto pana, Marcelo Colussi, investigador de la conducta humana y no humana, inclusive; metódico, riguroso respecto a esas cuestiones de la investigación científica y, en tanto que científico calificado, me preguntó circunspecto acerca de mi parecer sobre la risa del tal San Nicolás, éste, también conocido en los bajos fondos de las bolsas de valores como Santa Claus.



Para el momento, mi respuesta fue jocosa pero, no obstante, a una repregunta entendí que he debido tomar la cosa en serio desde el principio. Y, es que el ¡jo jo jo! del referido personaje no es al parecer, nada bizantino, todo lo contrario, es obviamente un cliché de marketing y, afirmar esto, es axiomático.

No habría que exprimir mucho la imaginación para percatarse de lo que se trata: un invento del capitalismo anglosajón para vender más que juguetes para los niños, chucherías inútiles para los adultos y, de paso, combatir y arrinconar a un tal Niño Jesús -muy de acá de esta parte del mundo y al que sí queremos porque es un elemento de la imaginería de nuestra cultura-.

La bobalicona risa -¡jo jo jo!- del tal Claus o Santa, hace el mismo papel que el de las fanfarrias de la televisión cuando anuncian necedades que, como instrumentos de tortura bloquean la capacidad de pensar por sí mismos a una audiencia cautiva, tanto como los perros pavlovnianos, y es así como en la puerta de cada tienda el fetiche reluce con su traje rojo y caperuza igual con ribetes blancos, además de con lentes transparentes que contrastan con pobladas cejas blancas y tupida barba no de otro color y que hacen juego Wap con los rosados cachetes del bribón, al tiempo que la televisión machaca y machaca la necesidad de ir a comprar.

Para el capitalismo el afán de lucro no tiene límites pero, es el momento de descolonizar la cabeza de la gente y emprender la construcción de un nuevo sistema ético y la revalidación de la moral de los niños, en primer lugar.

¿Hasta cuando el bolsa de Santa Claus va a andar con su bolsa al hombro y hablando bolserías con su bolsa risa?

Cuando a principios de 2008 los mercados financieros de Wall Streets se estremecieron, las bolsas de todo el mundo tuvieron un “coitus interruptus” en sus ganancias; es que la crisis del petróleo y la de otras fuentes de energías no son vainas de juegos; pero, para entonces, con la llegada de la navidad -ese año 2008- fue cuando empezaron a reiniciar la gozadera, puesto que el tal Santa Claus se dio con furia para alentar los mercados, es decir, que a falta de petróleo, Santa limpia los bolsillos de la gente, con su risita sarcástica, burlona y embaucadora.

Particularmente, durante la reciente Navidad -2013- acá en Venezuela le salió un fantasma al tal verdadero San Nicolás y, por cierto, otro Nicolás nada santo; éste le zampó una patada en el culo al verdadero, e incluso le mandó a rebajar un 70 % el precio de los juguetes infantiles.

Mosca, no olvidemos que San Nicolás el verdadero es una mampara de los chupasangres. Fue de tan relevante agrado la acción del fantasma que hasta Dios, dado el caso, estuvo de acuerdo.

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