viernes, 3 de enero de 2014

Mahmud Darwish, el poeta palestino

Erasmo Magoulas

“Se puede amar o no a una patria, pero a una patria libre.
Si está ocupada siempre la amarás”

Mahmud Darwish

La Colección Sur tuvo el acierto de editar La Patria de las Palabras, del poeta palestino Mahamud Darwish. La edición de fines de 2012, estuvo auspiciada por el Festival Internacional de Poesía de La Habana, el Movimiento Poético Mundial y el Instituto Cubano del Libro. La Colección Sur está dirigida por el poeta cubano Alex Pausides. La traducción de la poesía de Darwish,del Arabe al Castellano, estuvo a cargo de Pedro Martínez Montávez, Mahamud Sobh, Abdellatif Laâbi y Luis Gómez. Como ha dicho – escribe Pausides en el prólogo de La Patria de las Palabras – el destacado intelectual marroquí Abdellatif Laâbi, refiriéndose a los poetas palestinos de la resistencia, el poeta es el hijo dejado atrás, custodio de la madre, guardián de la casa, depositario y defensor de la tierra, mientras el padre sale en busca de un mejor destino, Ulises cuyo sueño es la tierra, patrimonio irreductible y definitivo de sus padres. El poeta es el joven Telémaco que se erige en el sostén de la madre, ante los designios de los que la codician, en una lucha sustentada en la preservación de las raíces y la memoria y en donde permanece intacta la antigua dignidad. La dignidad de los desterrados dentro de su propia tierra, los privados de sus árboles milenarios, los expropiados de sus casas y de sus tradiciones culturales, los silenciados a toda costa, porque bien se sabe que la palabra puede ser una herramienta para cimentar no solo la identidad amenazada, sino levantar la vida y reparar la alegría perdida en el despojo diario del oxígeno, cuando el ocupante entra a la casa como un dueño.

El mismísimo General sionista Moshe Dayan, tras la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, dijo de la poesía de la poeta palestina Fadwa Touqan, “sus poemas son más subversivos que diez atentados”.

Mahmud Darwish nació en una aldea arrasada en 1948 por la violencia sionista, cuando solo contaba con siete años de edad. Darwish padeció desde temprana edad la condición del exilio, dentro y fuera de su patria, dice Pausides en el prólogo del libro. Por ello, no es extraño que las condiciones en que vivieron y viven los palestinos bajo la ocupación resultara un elemento vital de la germinación de sus convicciones, sus ideales y sobre todo, en la prodigiosa floración de su poesía.

Privado de la patria –continúa Alex Pausides–, de los espacios de su infancia y los sitios de labor de sus antepasados, ha edificado con sangre y privaciones una patria que es inmune a la barbarie y la codicia de los ocupantes; una patria en la poesía y en la seguridad de su credo: Sostenerse por encima de la catástrofe y la ruina, más allá de la duda y la incertidumbre.

La Patria de la Palabras incluye poemas de Darwish aparecidos en dos de sus libros fundamentales: Hojas de olivo de 1964 y El fénix mortal de 1995.



Carné de identidad

Escribe
Queso y árabe,
Y el número de mi carné es el cincuenta mil;
que tengo ya ocho hijos,
y llegará el noveno al final del verano.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
Que soy árabe,
Y con mis camaradas de infortunio
trabajo en la cantera.
Para mis ocho hijos
arranco, de las rocas,
el mendrugo de pan,
el vestido y los libros.
No mendigo limosnas a tu puerta,
ni me rebajo
ante tus escalones.
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe;
soy nombre sin apodo.
Espero paciente, en un país
en el que todo lo que hay
existe airadamente.

Mis raíces,
se hundieron antes del nacimiento
de los tiempos,
antes de la apertura de las eras,
del ciprés y el olivo,
antes de la primicia de la yerba.
Mi padre…
de la familia del arado,
no de nobles señores.
Mi abuelo era un labriego,
Sin títulos ni nombres.
Mi casa es una choza campesina
de cañas y maderos,
¿te complace…?
Soy nombre sin apodo.

Escribe que soy árabe,
que tengo el pelo negro
y los ojos castaños;
que, para más detalles,
me cubro la cabeza con un velo;
que son mis palmas duras como la roca
y pinchan al tocarlas.
Y me gusta el aceite y el tomillo.
Que vivo
en una aldea perdida, abandonada,
sin nombres en las calles.
Y cuyos hombres todos
están en la cantera o en el campo…
¿Te enfadarás por ello?

Escribe
que soy árabe;
que robaste las viñas de mi abuelo
y la tierra que araba,
yo, con todos mis hijos.
Que solo nos dejaste
estas rocas…
¿No va a quitármelas tu gobierno también,
como se dice…?

Escribe, pues…
Escribe
enel comienzo de la primera página,
que no aborrezco a nadie,
ni a nadie robo nada.
Mas, que si tengo hambre,
devoraré la carne de quien a mí me robe.
¡Cuidado, pues…!
¡Cuidado con mi hambre,
y con mi ira!

A mi madre

Añoro el pan de mi madre,
el café de mi madre, el tocar de mi madre.
La infancia crece en mí día tras día,
y amo la vida, porque si muriera
me avergonzarían las lágrimas de mi madre.

Si un día vuelvo,
úsame como lazo de tus pestañas,
y mis huesos oculta bajo esa yerba
bautizada con la pureza de tu pie.

Átame fuertemente con un mechón de pelo,
con el hilo que brilla en la cola de tu vestido,
ypodré ser un dios.

Me haría dios si tocara el fondo de tu alma.
Cuando vuelva,
enciende conmigo el horno de tu casa,
hazme ser la cuerda de tu azotea
para tender la ropa.
No puedo levantarme sin la oración
de tu mañana.
Me he hecho viejo.

Vuélveme las estrellas infantiles.
Para que, en el camino de la vuelta
al nido de tu espera,
acompañe a las crías de los pájaros.


El gorrión, tal cual

Paradojas de la rutina: este crepúsculo que
se derrama
tras el cristal iluminado, me ayuda
a mitigarla. No he soñado mucho contigo,
gorrión. Hace tiempo que un ala no sueña
con la otra…
Los dos estamos inquietos.

Posees lo que yo no tengo: el azul por
hembra
y un remolino de viento por morada.
Vuela tan alto como la sed del espíritu;
que me da el espíritu; aplaude a los días,
que tejen
tus plumas; renuncia a mí si así lo deseas,
pues mi casa, como mi palabra, es exigua.

Es un huésped siempre alegre que frecuenta
el tejado
y el tiesto de albahaca absorto, como la abuela,
en la ventana… Sabe donde hay pan, agua,
y donde está el cepo de los ratones…
Agita las alas como se agita el chal de una
mujer que se nos escabulle.
Y emprende el vuelo azul…

Impulsiva como yo, es esta celebración
impulsiva.
Él araña el corazón y lo arroja a la paja.
¿Durará lo que el simple temblor de un día
en bandeja de plata?
A mi correo le faltan distracciones:
vendrás, oh gorrión, por mucho que
la tierra encoja y se desborde el horizonte.

¿Qué aprenderán tus alas de mí?
Estírate, y evapórate como un día
cualquiera.
Las plumas necesitan un grano de trigo
para ser libres. ¿Qué aprenderán de ti
mis espejos? Mi estro necesita
un firmamento para que el absoluto lo vea.

Tú eres libre y yo soy libre. Nos anhelamos
mutuamente. Pósate para que yo me eleve.
Elévate
para que yo me pose. ¡Oh gorrión! Regálame
la campana
de la luz, y yo te ofreceré una casa habitada
por el ahora.
Y así cada uno se completará en el otro,
entre cielo y cielo,
al separarnos.

La periodista Muriel Steinmetz del periódico L’Humanité, realizó una entrevista al poeta en mayo de 2004. La misma fue traducida por el escritor y periodista español Manuel Talens (1). Al comienzo de la entrevista, Steinmetz hace referencia a un título de una nota realizada sobre Darwish con anterioridad: Palestina como metáfora. Darwish contesta: “Para mí, Palestina no es sólo un espacio geográfico delimitado. Remite a la búsqueda de la justicia, de la libertad, de la independencia, pero también a un lugar de la pluralidad cultural y de coexistencia. La diferencia entre lo que yo defiendo y la mentalidad oficial israelí –incluso diría la mentalidad dominante hoy en Israel- es que esta última conduce a una concepción exclusivista de Palestina, mientras que, para nosotros, se trata de un lugar plural, ya que aceptamos la idea de una pluralidad cultural, histórica y religiosa en Palestina. Este país la heredó. Nunca fue unidimensional, ni perteneció a un solo pueblo. En mi escritura, me confieso hijo de varias culturas sucesivas. Hay lugar para las voces judía, griega, cristiana y musulmana. La visión opuesta concentra toda la historia de Palestina en su período judío. No tengo derecho alguno a criticar la concepción que ellos tienen de si mismos. Pueden definir su identidad como deseen. El problema es que esa concepción de la identidad significa la negación de la del otro.”

Ante la pregunta de si la poesía podría constituirse en una alternativa la religión, el poeta contesta: “William Blake decía que la imaginación es una nueva religión. Todo el movimiento romántico busca sustituir la inspiración poética por la inspiración religiosa y profética. Yo creo que la religión y la poesía nacieron de la misma fuente, pero la poesía no es monoteísta. Tal como dijo Heidegger (Martin), nombra a los dioses. La poesía está en rebelión permanente contra sí misma. No cesa en modificarse. La religión es estable, fija, permanente.” Ante la cuestión del integrismo religioso y la poesía, Darwish contesta: …”el integrismo impide que florezca la poesía. Su maniqueísmo sin apelación no conviene en absoluto a la poesía. El integrismo tiene respuestas totalmente preparadas. Es poeta quien duda y acepta al otro. Para mí, la poesía está ligada a la paz. Está en perpetua adoración ante la belleza de las cosas y, desde luego, ante la belleza femenina. El integrismo aísla a la mujer y la esconde. A la poesía le gusta el vino, el integrismo lo prohíbe. La poesía sacraliza los placeres en la tierra. El integrismo se les opone ferozmente. La poesía libera los sentidos. El integrismo los reprime. La poesía humaniza a los profetas. Por eso la cultura engendrada por el integrismo religioso es anti-poética por excelencia. El integrismo puede llegar a suprimir todo lo que sea contrario a su concepción del mundo.”

“El fundamentalismo musulmán es en sí mismo una reacción al fundamentalismo y al integrismo estadounidense e israelí. El despotismo universal de Estados Unidos, tal como se despliega hoy en día, está legitimando el integrismo musulmán.”

“La lucha actual, que se nos presenta como una lucha entre civilizaciones, no es más que una lucha entre integrismos. No es una guerra de civilizaciones, sino una guerra entre diferentes barbaries.”

En el año 2006 la periodista italiana Geraldina Colotti le realizó, para el periódico Il Manifesto, una entrevista a Darwish. La misma fue traducida, para la página electrónica rebelion.org, por Beatriz Morales Bastos (2). El poeta nos ofrece algunas reflexiones e imágenes sobre el silencioso holocausto palestino, que son al mismo tiempo abrumadoramente claras y estremecedoras: “Los israelíes son como los blancos de Sudáfrica y nosotros como los negros. Hemos aceptado ser los negros, pero no es bastante; para ellos no podemos ser ni blancos ni negros, ¿qué quieren? Mi única conclusión es la siguiente: los israelíes no están preparados para la paz, tienen miedo de la paz.”

“Los israelíes tienen una obsesión por la seguridad, debida a dos tipos de miedo: uno, legítimo, debido a lo que sufrieron a manos de los europeos. Pero en parte, han sido indemnizados por ello a expensas de los palestinos; y apoyándose en el sentimiento de culpabilidad de Europa, viven de un crédito infinito en el plano moral, económico y militar. Hasta tal punto que hoy en día criticar la política israelí equivale a anti-semitismo. Pero hay otro tipo de miedo que, aunque se presentara un nuevo Freud (Sigmund), nosotros no podemos resolver: es el miedo por lo que han cometido contra nosotros”.

“A lo largo de toda la historia, los israelíes han tratado de monopolizar el papel de víctimas y no soportan otros competidores. Incluso Bush (George W.) se dice víctima del terrorismo. Pero, cómo hace una víctima para ocupar Iraq y Afganistán, aterrorizar al mundo entero y tener incluso la hegemonía política sobre Europa, una Europa que ya no es independiente como antes. No me gusta el papel de víctima. Entre el verdugo y la víctima hay una tercera opción: ser un ser humano normal. Los israelíes no quieren ser un Estado normal, porque podrían perder su trato distintivo y su unidad interna, una vida normal podría suscitar preguntas sobre la naturaleza de la sociedad israelí.”

(1) Para mí, la poesía está ligada a la paz
www.manueltalens.com/traductor/activista/59darwish.htm

(2) Israel tiene miedo de la paz
www.rebelion.org/noticia.php?id=40552

Otra lectura recomendada: Se puede amar o no a una patria, pero a una patria libre. Si está ocupada siempre la amarás. www.mundoarabe.org/entrevista_a_mahmud_darwish.htm

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