jueves, 20 de febrero de 2014

El Bolívar de Angostura, es el Bolívar de América

Daniela Saidman (Desde Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La voz de este amoroso quijote aún impregna las paredes de la Casa del Congreso, en la ahora Ciudad Bolívar, justo allí empezó a germinar una Venezuela que hoy es llama encendida, fuego que alumbra el porvenir.

De lejos parecía que la pluma dibujaba garabatos. Vistos de cerca los trazos eran letras y éstas formaban palabras, oraciones, párrafos, textos enteros. La visión de América emergía de esas manos que trastocaban el tintero en sangre, en pulso y pensamiento, en amorosa razón liberadora. Allí estaba él, apenas alumbrado por una vela, que todo a su alrededor convertía en fantasmas y en sombras. En cambio su palabra iluminaba el futuro. Manuela era una presencia que lo acompañaba de lejos y le soplaba al oído las caricias que a distancia lo hacían levantar por un instante los ojos del papel y tal vez, tal vez un suspiro se colaba entre sus labios.

Simón Bolívar (Caracas, 24 de julio de 1783 - Santa Marta, 17 de diciembre de 1830) fue prócer de la Independencia, amoroso Quijote de los sueños todos, supo darse a la vida por la vida misma, haciendo del pasado el futuro necesario, se sembró entero en la memoria de esta América, que con largas piernas y hondo aliento, nos cobija y nos nombra.



Cada uno de sus textos son piezas que nos hablan de su pensamiento emancipador, de su hechura trascendente y divinamente humana.

En sus palabras estamos quienes tomamos sus banderas de sueños para izar utopías y vivirlas hechas realidad en este siglo XXI signado por esperanzas y pueblos.

Discursos como versos

Sus discursos, cartas y proclamas están colmadas de vida. Y leyéndolas tanto tiempo después es imposible no imaginar a ese Simón que se sienta a escribir como soñando, como recordando y multiplicándose en ese niño que hoy juega pelota en cualquier barrio de Caracas o de Quito, porque su impronta vive en la madre que amamanta a su hija cantándole el Gloria al Bravo Pueblo y en la maestra que enseña historia y se sigue conmoviendo después de años de ejercicio docente por el Discurso de Angostura. Ese es nuestro Bolívar el que compra la leche y el pan, el que celebramos en cada fiesta patria, el que sirve de consuelo a las palomas en las plazas, el que ondea en la octava estrella de nuestra bandera y el que nos dice presente en el proyecto de país que respalda la mayoría de las mujeres y hombres de esta Venezuela que también lleva su nombre.

Y es que todo lo humano vive aún en ese hombre que se regó fecundo sobre la tierra, que germinó hecho millones, hecho viento, canto, fuego, himno. Y que está vivo en cada una de las palabras del Discurso Congreso de Angostura, carta fundamental de nuestra Patria y de nuestro tiempo.

El Bolívar de Angostura

En 1819 Venezuela estaba naciendo y traía entre los ruedos del vestido el rumor del Orinoco humedeciendo esa Angostura, que desde entonces es hogar de las palabras que surgieron al fragor de las luchas libertarias. La voz que aún perdura se asomaba en el recinto que se alza frente a la Plaza Bolívar de esa ciudad que representa la octava estrella del tricolor nacional.

Fue un 15 de febrero de 1819 cuando un hombre, joven, apasionado, terriblemente sabio, gigante en su estatura, tronó desde lo más hondo una de las piezas políticas más profundas de ese tiempo y de todos los tiempos.

Bolívar, Simón, pronunció su discurso en el Congreso de Angostura frente a veintiséis diputados. Palabras que después fueron publicadas en el Correo del Orinoco, en las ediciones 19, 20, 21 y 22 del 20 de febrero al 13 de marzo de 1819. Libró su más apasionada batalla por la unidad de la Gran Colombia, esa Patria Grande que debía estar al servicio de los pueblos e iluminada por los más hondos principios. Ese febrero de 1819, Bolívar estaba proponiendo una constitución para las naciones que confluían en su idea integracionista. Por eso, el discurso ante el Congreso de Angostura, aborda en cinco partes todo el ideario de este hombre que con su ejemplo ha trascendido las fronteras del tiempo.

En la introducción del discurso Bolívar mecido por los ires y venires de la construcción de la República, retorna el poder al Congreso. “Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República: en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijen nuestra Libertad”. A la vez que ratifica que su esfuerzo seguirá en los campos de batalla para sostener la independencia de la Patria.

El tiempo

En un segundo espacio de su pieza oratoria, Bolívar expone los hechos que impactan la Nación de esos tiempos. En un análisis crítico reflexiona sobre los aconteceres y peligros que corre la recién nacida Patria. Evalúa la amenaza de la monarquía y lo esencial de fortalecer un sistema democrático que libere tierras y hombres, conciencias y sueños, y sobre todo, que haga realidad las esperanzas. “Amando lo más útil, animada de lo más justo, y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la nación española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una República Democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir”, decía un Simón enamorado del futuro que estaban edificando juntos las mujeres y hombres de la América Nuestra.

Después de esbozar distintas formas de gobierno, Bolívar se adentra en la propuesta de Constitución para la Venezuela que cabalgaba a lomos de su historia y de las utopías que hoy, doscientos años después, empiezan a hacerse realidad.

Y en esta tercera parte de su discurso el Libertador dimensiona el perfil de las mujeres y hombres que habitan la geografía siempre verde de esta Venezuela mineral y contradictoria. Allí delinea los sentires y los tactos, los sabores, los olores, los sonidos de una tierra que es confluencia de ritmos y colores. “Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa”.

El discurso prosigue con una síntesis que narra lo hecho hasta entonces. Abolición de la esclavitud, reparto de tierras, institución de la orden de los libertadores y ratificación del voto comprometido con la decisión del patria a muerte. Así también el funcionamiento del gobierno y sus poderes, que deben necesariamente fortalecerse para sustentar la democracia. Y propone un cuarto poder, el Moral, uno que fuera capaz de darle sentido a las acciones humanas, además de enfatizar la prioridad que debe tener la educación como proyecto emancipador.

El discurso de Bolívar de Angostura es la concreción del pensamiento bolivariano, por eso su lectura es siempre una rendija abierta al tiempo que fue y al que debe ser. De su pluma y de la voz que aún impregna las paredes de la Casa del Congreso germina una Venezuela que hoy es llama encendida, fuego que alumbra el porvenir.

Discurso ante el Congreso de Angostura (fragmento)

Simón Bolívar

“Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. (...) Ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.
Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mi conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad. Señor, empezad vuestras funciones: yo he terminado las mías”.

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