martes, 4 de marzo de 2014

La familia replantea el futuro

Jorge Zavaleta Alegre (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La familia recupera con lentitud su espacio en el debate político y en las decisiones de Estados más desarrollados, en tanto no se caiga en el dogmatismo de la economía frente a lo social que pospone el tema de fondo. No se puede disminuir la frustración familiar sin políticas públicas sólidas para la Familia, empezando por las aldeas más alejadas de un continente de geografía agreste y rebelde, poblada por niños y ancianos huérfanos de apoyo y en condiciones de extrema pobreza, cuyas cifras no siempre expresan objetivamente la dimensión del drama humano.



Reaparecen “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, como principios de la sociedad moderna, después de la caída del Muro de Berlín que cambia el rol hegemónico del Estado.

“La visión económica del desarrollo es una visión suicida a largo plazo”, argumenta Javier Iguíñiz, investigador latinoamericano, ahora secretario técnico del Acuerdo Nacional del Perú, con la misión de alentar el cumplimiento de los planes y leyes contra la pobreza y su trágica incidencia en el presente y futuro de LAC.

“Si se insiste en que lo económico es lo principal del desarrollo, que es la vía para lograr todo lo demás, mientras la desigualdad sigue creciendo, estamos ante una bomba de tiempo fenomenal”.

Esta advertencia, corroborada por diversidad de indicadores y estudios, concentra su atención en el camino al desarrollo económico, en particular en el de la agricultura, sobre todo la andina, está en grave riesgo. Las alusiones a la gran capacidad de emprendimiento del poblador andino, sin el respaldo orgánico del Estado, se diluyen en frustración y en algunos casos se traducen en la ponderación de testimonios de éxito, sin el menor análisis, por los medios de comunicación.

El riesgo en la Región consiste en avanzarla desindustrialización y a la vez la “desagrarización”, confiando, una vez más en los recursos naturales explotados a gran escala, incluido el gas y el petróleo en las profundidades de la Cuenca Amazónica.

Los ajustes estructurales de principios de los 90 no han quedado totalmente en el pasado como tampoco los cambios institucionales necesarios en el Estado y en el agro. Tres son los grandes obstáculos: Empleo, centralismo y el desamparo en el que viven, de manera irremediable grandes sectores.

Estamos en la época del “crecimiento sin empleo”. El reto de la descentralización constituye un desperdicio de recursos naturales, un gran desarraigo personal, una expropiación del derecho a participar en igualdad de condiciones en la economía, política y cultura en general. Las tendencias principales del proceso centralista, son además de la concentración en las principales urbes.

El Acuerdo Nacional del Perú señala que el impacto de la crisis sobre el desarrollo campesino supone darle un peso mayor a las relaciones económicas entre productores que compiten entre sí diversos contextos de mercado. Quizá la mejor opción es la de transformar recursos naturales in situ antes de trasportarlos. Los empresarios quieren situar sus fábricas ahí donde exista el mercado más grande.

El problema más difícil de resolver, incluso a largo plazo, es el de la economía agraria en la sierra. El aspecto tecnológico, es el que más estudios económicos ha motivado recientemente. La costa necesita prácticamente de leyes, por ello esta región es fuente de optimismo para muchos. La sierra, por el contrario, es para muy pocos. La selva, rica pero frágil, misterio evasión.

La agricultura de la sierra peruana es estacionario desde la reforma agraria del 1969, que aplicó el gobierno militar, anulando los proyectos de todos los movimientos insurgentes, después de Cuba.

En los últimos años en el Perú se ha logrado una reducción de la pobreza entre 10 a 15 puntos porcentuales, reducción que se refiere solo a la pobreza monetaria. La demanda real es por una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.

“La pobreza de ingreso baja, pero la pobreza vista más ampliamente aumenta en otras esferas de la vida, que quedan desatendidas por el enorme esfuerzo que hay que hacer para obtener ese ingreso”.

Se debe mejorar la situación laboral de los trabajadores, desde un incremento salarial hasta la facilidad para que éstos puedan mantener las obligaciones que tienen con su familia.

“Si se insiste en que lo económico es lo principal del desarrollo, que es la vía para lograr todo lo demás, mientras la desigualdad sigue creciendo, estamos ante una bomba de tiempo fenomenal, porque no podemos decir que lo más importante es aquello donde la desigualdad aumenta más. Estamos fabricando frustración”, coinciden los talleres y estudios del Acuerdo Nacional peruano:

“Una sociedad subdesarrollada ofrece pocas oportunidades (…) Un pobre, en este enfoque, es una persona que está atada a su propio destino”.

La calidad en la educación

Es fatal afirmar que la calidad de la educación dependa del nivel de ingreso económico de cada familia. Es antiético que el progreso está teniendo en la educación esta relación perversa.

Una adecuada ecología seria la toma en cuenta componentes tanto modernos como tradicionales.El problema de la escasez de la tierra es de más difícil solución. Todos juntos configuran un problema de empleo. Los resultados en quienes usan los recursos tecnológicos son impresionantes.



En las chacras más pequeñas, con menos de 100 kg de semillaje, el porcentaje de charcas con pérdidas es significativamente más alto (56%) en el balance monetario y 81% en el balance total, que en las chacras más grandes, alrededor de 40% para maneras de calcular balancees, aunque las pérdidas son de cuantía en las granes.La principal fuente de ingresos del campesino andino y su principal vía de progreso es la actividad agropecuaria.

Datos referentes

Los ingresos de la actividad agropecuaria llegan por lo menos al 70% de los ingresos totales. Cuanto más pobre es la comunidad, más se apoyan las familias en la crianza de animales, evidentemente el impacto de los ajustes y de cualquier otro tipo de causa dependerá en gran medida de la combinación de actividades del campesino.

En aquellos lugares donde la actividad complementario más importante es el trabajo asalariado, el deterioro ha sido mayor que donde esa actividad es artesanía.

En la sierra el 26% de los explotaciones agropecuarias tiene menos de una hectárea, el 52 % posee un superficie menor de dos hectáreas y 78 tiene tierras cuya extensión es menor de 5 has. En estos rangos se encuentra pues la inmensa mayoría de campesinos.En la medida en que dichas disociación urbano-rural progrese, debe tener efectos de largo plazo sobre el desarrollo del agro serrano más alejado de dichas ciudades.

Algunas conclusiones

La crisis financiera internacional afecta de manera directa, aunque diferenciada, a los países de América Latina, a la población rural, y en particular a la pobreza rural, de once países latinoamericanos: México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Colombia, Brasil, Bolivia, República Dominicana, Paraguay y Perú.

La crisis nos llega con más fuerza de lo esperado y es posible que sus efectos duren más de lo originalmente estimado, porque se presenta en un quinquenio en el cual se registró la expansión más acelerada (y probablemente sostenida) de los últimos 30 años en América Latina, con importantes metas logradas en torno a la reducción de la pobreza e indigencia (CEPAL)

Los efectos de esta crisis son: a los hogares de menores recursos a través de al menos tres mecanismos: Menores ingresos por menores oportunidades laborales. Menores ingresos por reducciones en la remesas de migrantes; y reducciones en el gasto público, en particular el gasto social (que puede afectar a los más pobres mediante las disminuciones en sus ingresos o en su consumo).

La frágil institucionalidad pública relacionada con el medio rural y con el sector agropecuario dificulta imaginar que se logre desarrollar políticas complejas que combinen estrategiasde mitigación de corto plazo con acciones de mediano plazo.

En países donde se han desarrollado políticas anticrisis específicas en el sector agricultura, como en el caso peruano o el nicaragüense, estas se reducen a generación de empleo temporal o ayudan a cubrir los costos de producción (insumos) de los productores agropecuarios. A ello hay que agregar una diversidad de programas impregnados de acciones sociales, desde el MIDIS, MIMP, DEFENSA NACIONAL, Gobiernos Regionales, aunque con clara indiferencia de la tecnocracia neoliberal y las grandes empresas monopólicas con raíces en la región.

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