miércoles, 19 de marzo de 2014

No mintió el comisario

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Unas veces por el norte, otras desde el sur, muchísimas por el oeste, las noticias daban cuenta de una fuerte oleada de hechos delictivos que alteraba los ánimos convirtiendo al país en un caldero. Nadie quisiera pensar que salir rumbo al trabajo o regresar al hogar, luego de arduas jornadas, pudiera convertirse en una especie de juego de azar.



El miedo causa estragos, muchos se aprovechan de las situaciones difíciles tratando de obtener réditos de esas, como las agencias de seguridad privadas, las empresas de cámaras, alarmas, iluminación disuasiva. En ese maremágnum de terror tampoco faltan los que prometen tener la solución en sus manos, previo voto de confianza expresado en urnas que terminan emitiendo la misma melodía. Cuando mucho, a veces, modifican tibiamente algún acorde.

La historia electoral suele ser apenas modificada previa utilización de elementos cosméticos que no hacen sino permitir el avance de la putrefacción.

Una tarde convulsionada por el intento de robo que concluyó con el asesinato a mansalva de un joven, el comisario de la zona, gentilmente, se hizo presente a una de las tantas auto-convocatorias de vecinos preocupados que masivamente se lanzaron a la avenida principal. Llevaban pancartas con la foto del muchacho que parecían blasones de luto, mientras las lágrimas contorsionaban dejando surcos de sal sobre rostros jóvenes, maduros y viejos; femeninos o masculinos. Y no era para menos.

El comisario dio la cara y fue muy sincero, de hecho dijo lo que quería decir. Tanto fue así que terminó desnudando su verdadera ideología aunque pasara por alto para más de uno. Con voz que pretendió ser amistosa, sumándose a la preocupación vecinal, el tipo descargó su diatriba con una seguridad que espantó, y que a otros su razonamiento preocupó muchísimo más que la situación caótica que estaban atravesando.

-Desgraciadamente, dijo, estamos como México y en esto no hay vuelta atrás, agregó, haciendo uso de un desconocimiento absoluto de la realidad de casi todos los países de América Latina que están padeciendo el mismo flagelo y no por casualidad.

Pero claro, esto sucedió en Argentina, de la situación en México habla actualmente toda la prensa oficial sin ahondar en aquella realidad. De última y estando tan lejos ¿a quién puede interesarle acá lo que sucede también en Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia? ¿Y por qué sucede?

¿A quién puede ocurrírsele que el mundo está en llamas y que la exclusión todavía existe en este patio trasero que está haciendo esfuerzos sobre humanos para salir de históricos hostigamientos?

¿Y que el narcotráfico sentó bases creando metástasis que van contaminando pueblo por pueblo, región por región y que para que esa metástasis se extienda hubo, primeramente, que inocular el mal para mantener a las sociedades en vilo y a las juventudes hechas pedazos?

-Las fuerzas policiales no podemos hacer nada, no tenemos gente, no alcanzan los patrulleros, no tenemos presupuesto ni para cargar combustible, comentó el comisario frente a la multitud. Y remató (a mi juicio literalmente re mató) con una conclusión categórica: lo único que podría parar todo esto, sería la formación de grupos de seguridad que salgan a cazar a los delincuentes que están haciendo lo que quieren y ya vemos como va todo. Nosotros estamos con las manos atadas, dijo cerrando el discurso causando una preocupación mayor.

-Si ellos no pueden hacer nada, comentaba una señora mayor, esto irá de mal en peor.

Esa conclusión desafortunada, lanzada como escupitajo impactando en el centro del sentido común, provocó cabezazos de aprobación de algunos presentes miopes, penetrados por la reiteración de un discurso que manifiesta la perversidad de un sistema que hace uso de imbéciles capaces de convencerse, para convencer, que el fuego puede ser apagado con combustible. La invitación a futuras acciones pergeñadas para impartir orden, fue lanzada como al descuido, pero no fue una frase descuidada sino demasiado llamativa. Uno escucha hablar de grupos armados actuando ilegalmente por fuera de estructuras legales y siente un escalofrío recorriendo la espalda.

Aunque sepamos que ambas estructuras son parte indivisible de un cerebro bicéfalo.

Fue entonces cuando pensé que no mintió el comisario. Es cierto que están con las manos atadas y no pueden hacer nada. Mucho menos teniendo en cuenta la concomitancia existente entre la delincuencia y las propias fuerzas policiales.

Entre la delincuencia y el poder político.

Entre el delito y la justicia corrupta.

Sin esa coexistencia no existiría la necesidad de auto convocatorias vecinales, ni veríamos la tristísima escena de ojos convertidos en factorías de lágrimas derramadas sobre rostros jóvenes, maduros, viejos; femeninos o masculinos.

No mintió el comisario, simplemente omitió decir que están auto-maniatados. Reconocer que prefirieron formar un nudo gordiano y ahora piensan que la solución radicaría en formar bolas de fuego listas para incendiar nuevamente la historia presente y la futura.

Ilustración: “Comisario”, obra de la artista visual argentina Beatriz Palmieri

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