martes, 4 de marzo de 2014

Pirañas Segurosas te protege…

Nechi Dorado (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La sociedad se hallaba encapsulada, resultó fácil para los poderes enquistados en su médula, mantenerla ordenada, sin pensamiento propio, casi como sodomizada.



Fue en esos momentos cuando grupos supuestamente protectores de la vida, apoyados en hipotéticos intentos de preservar la tranquilidad que realmente no estaba tan alterada como pretendían hacer creer, harían su irrupción, tallando la subjetividad de los pobladores que parecían haber entrado en situación de pánico viral, que por ser tal, amenazaba con convertirse en pandemia.

El terror iba creciendo poco a poco instigado desde los grandes medios pseudo informativos a fuerza de repetición constante de hechos delictivos, más alineados con el amarillismo que con la realidad. Todo invitaba a pensar que la ciudad estaba a punto de ser desmantelada, lo cual era muy bueno para que el proyecto digitado desde altos poderes económicos, pudiera desarrollarse con la total aceptación de cada uno de los habitantes de la zona.

Así fue como aparecieron en escena grupos extraños, entre éstos, unas llamadas Pirañas Segurosas, alimañas con un extraordinario poder de convicción lo que les permitía asentarse en grupos coordinados en diferentes conglomerados humanos.

Cientos de Pirañas Segurosas se agruparon y fueron logrando sus días de gloria a la vez que un excelentísimo rédito económico facilitaba el engrosamiento de sus arcas. Ellas nada harían gratis, gérmenes de un capitalismo descarnado, parasitario, que se nutría del dolor y la tragedia.

Cuando aparecieron en el escenario convulsionado, paradójicamente, nadie sabía de dónde emergía esa especie vampiro-canibalesca que gozaba de semejante poder de expansión. Tampoco sabían en manos de quiénes dejarían encargada la seguridad de sus familias.

El concepto inseguridad fue circunscripto meramente a hechos delictivos cotidianos, la sociedad raramente se detenía a pensar en la otra realidad pese a que era una mole imposible de perder de vista dado su tamaño y presencia cotidiana.

Eso posibilitó que los eternos inundados del sistema imperante continuaran tan sumergidos como siempre, que frente a la caída de algunas gotas de lluvia, el agua se desbordara causando cientos de víctimas jamás contabilizadas y que aún habiendo responsables por error u omisión, estos quedaran envueltos en la niebla de la impunidad más escandalosa.

(El verdadero problema radicaba en que “te roben y te maten por un peso” haciendo pensar a más de uno que si “te roban y te matan” por mil pesos ya no sería tan grave el hecho…)

La inseguridad tenía presencia en todos los ámbitos sociales, nada aseguraba que uno pudiera mantener su fuente de trabajo, tampoco podía afirmarse que con lo que se alimentaba la población no fuera sino condimento diario de altas dosis de peligrosidad introducido al organismo debido a las fumigaciones cada vez más agresivas.

Ríos contaminados, otros por contaminar a partir de la llegada inminente de capitales extranjeros que arribarían para concluir la tarea macabra. Devastación, sustitución del respeto a la vida por la acumulación de divisas en manos de una minoría inescrupulosa enviadas en “custodia” a paraísos fiscales.

Oxígeno en riesgo a partir de la deforestación indiscriminada de impresionantes bosques. Atención médica gratuita absolutamente devastada.

Extrañamente a pocos interesaban esos detalles no menores, la cuestión era estar protegidos solamente de los robos. Por supuesto, era común escuchar cuando muchos haciendo gala de un pensamiento patológicamente individualista, aseguraban que no les interesaba la política.

Tampoco era importante, creían, analizar el problema de fondo, tanto como para descubrir que si hay acto delictivo es porque existen cómplices directos capaces de avalar lo imperdonable, cuando no hasta capaces de colaborar con los delitos.

En medio del astigmatismo casi generalizado, la historia seguía desarrollándose entre ojos con déficit visual, entre silencios y la presencia sugestiva de hermosas damas cuyos cuerpos parecían tallados en silicona. Entre prostitución VIP e invitación silenciosa a la alienación.

Pirañas Segurosas, felices y en expansión, continuaba su andar por las rutas del miedo, esperando que nada modificara su trayecto en momentos óptimos para que el negocio siguiera prosperando. Seguían ofreciendo botones de pánico, cámaras de seguridad, focos de luz, garitas en las esquinas, cercos alambrados, y la presencia de distintos actores con la misma orientación represiva, en general mano de obra ocupada en épocas de sangre y luto y que luego se rebuscaran la vida protegiendo lo que ayer asesinaran a mansalva.

Dicen que entrada la noche, cuando el barrio duerme y el silencio copula con la estupidez amparado por las sombras, aguzando los sentidos puede escucharse el ruidito de aletas frotadas sobre las escamas. Dicen que en esos momentos, Pirañas Segurosas hace conjuros invocando a Fobos (1) implorándole mantener el estatus quo por mucho tiempo. El suficiente hasta seguir encontrando nuevas víctimas a las que enredar en la telaraña del terror, que impactaría en el centro de la in conciencia de aquellos que solo ven la vida a partir de su propio ombligo.

Esto pasa en una sociedad cuyo tejido social fue entrando en estado de descomposición, siendo muchas veces incapaz de condolerse frente a la imagen de un niño hambriento, de un anciano abandonado, de un padre sin trabajo. Una sociedad que de tanto miedo a morir, muchas veces termina muriendo de miedo. Miedo capaz de hacerte aceptar que asesinos de antaño hoy protejan a tus hijos de los “negros de mierda” que salen a cometer fechorías

Miedo de que te roben y te maten por un peso.

Nota:
1) Personificación griega del terror

Ilustración: “Pirañas”, obra de la artista plástica argentina Beatriz Palmieri

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